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05 septiembre, 2018

Soledad y rebeldía - Jesús Lizano














La soledad y la rebeldía
han sido mis compañeras.
Ellas han vivido mis días,
de ellas son mis versos,
de sus mundos nacieron mis poemas.
                          ●
Quien es místico por dentro
y no es libertario por fuera
aprisiona el alma,
se agota el sentimiento
antes de alcanzar otros mundos,
pronto sólo se contempla
a sí mismo,
es una tierra estéril,
una voz perdida,
una luz en una caverna,
toda su palpitación
se diluye en las sombras,
no habla su silencio,
no engendra,
no canta,
le bloquean todos los espejos.

Quien es libertario por fuera
y no es místico por dentro
se pierde entre los molinos,
sale al campo y no siembra,
da palos de ciego,
conquistaría el mundo
perdiendo su esencia,
vacío es su cántico,
sin lágrimas, sin músicos
en sus manos,
sin praderas
verdes en sus ojos
no alcanza el abrazo,
ara pero no siembra.

Para qué nació
el ser humano,
su aventura
a dónde le lleva.
¿Será lo que pudo ser
y se perdió en sus fronteras?
Qué puede conquistar
si sólo contempla,
qué frutos tendrá en sus manos
si sólo se rebela.

Sin mundo interior qué mundo
pretenden sus gestas,
qué plenitud será suya
si no libera su naturaleza.
A dónde los libertarios
irán sin el alma herida
y los místicos
si sólo sueñan.

Sin sentir todo el universo
cómo liberar la tierra
de su escarnio.
Si vive en ti
y no lo despliegas,
no lo enfrentas
a los envenenadores,
a los carceleros,
cuándo podrá alcanzar
el hombre su ser entero.
Si no se ve la tragedia
cómo alcanzar la alegría.

Sin mundo interior puesto en pie
todos los días
cómo encontrar la belleza,
cómo vencer al dominio
sin que dominio se vuelva.

No basta contemplar,
no es suficiente el grito
frente a tanta sentencia
anuladora de los sueños.
Todos los mundos se abrazan
cuando contemplas y te rebelas,
vano todo vivir
si no habitas dos mundos,
el interior y el de la selva
de todos los procesos,
si tus ojos no navegan
por los océanos del alma,
por los mares de la tierra.

Místico por dentro
y libertario por fuera.
¿Vamos, iremos
a la conquista de la inocencia?
No deseemos
ni la paz ni la guerra,
vivamos para que sueñe
y se libere la esencia,
ay, que con tanta
facilidad nos deja...

               ●


                   Soleá - Antonio Rey



11 marzo, 2018

Lo que aconteció cuando murió Bakunin




Mijail Bakunin, el viejo revolucionario ruso, finalmente había muerto para tranquilidad de reyes, presidentes, burgueses y explotadores. Con su extenso currículum bajo el brazo, aquella alma impenitente fue derechita al Infierno. Al llegar, fue recibida por el mismísimo Príncipe de las Tinieblas, que pasando la vista por su vasto expediente dijo entusiasmado:
–¡Excelente currículum, amigo Bakunin! Décadas de lucha contra la Iglesia, participación en innumerables insurrecciones, expulsado de varios países, condenas y prisiones, algaradas en cantidad... En honor a todo eso, voy a mandarlo al Sector VIP del Infierno, que es el más tranquilo y de tormentos más suaves. Es lo apropiado para una celebridad como usted. 
Dicho y hecho, Bakunin fue a parar al Sector VIP.

Tres días después, estaba Satanás batiendo distraídamente su caldero lleno de condenados, cuando de repente fue interrumpido por un despavorido demonio auxiliar, que atropelladamente le relató:
–Su Malignidad, ¡hay un enorme alboroto en el Sector VIP!... El Bakunin ese organizó a las almas en un sindicato y aprobaron un paro general por la disminución de la jornada de penitencias, por la eliminación de la contaminación con azufre y por otro paquete de demandas...
Cabreado, Lucifer arrojó con violencia su tridente y profirió:
–¡Pero ese canalla es un desagradecido! ¡Si se cree que va a joder en mis dominios como hacia allá en la Tierra, está muy equivocado! Agárrenlo y se lo llevan al Sector Turista, que ahí sí que va a saber lo que es bueno...
Y al Sector Turista fue a parar el viejo Mijail.

Tres días más tarde, cuando el Diablo disfrutaba de la tortura de algunas ánimas recién llegadas, de nuevo apareció el ayudante que, con el susto a flor de piel, relató las malas nuevas:
–Su Bajeza, ¡en el Sector Turista estalló una huelga de calderos caídos y la Comisión de Condenados, que encabeza Bakunin, exige audiencia inmediata con usted para presentarle un kilométrico pliego conflictivo. Quieren equiparación de condiciones con el Sector VIP, inspección sanitaria de los calderos, 6 semanas de vacaciones pagadas en el Purgatorio...
–¡Coooño! –interrumpe el Gran Satán– Ese barbudo está queriendo anarquizarme el Infierno. Pero ya mismo voy a acabar con esa insubordinación. ¡Qué se ha creído!... Pésquenme a ese ácrata y lo encierran en un celda del Sector Económico, que lo quiero ver organizando vainas allí...

Sólo la masiva intervención de los "Cuernos Colorados", fuerzas especiales del Averno, permitió la captura de Bakunin en el Sector Turista, que ofreció feroz resistencia con barricadas defendidas a punta de baldes de agua y molotovs de hielo seco.

A la mañana siguiente, cuando Belcebú creía haber dejado atrás los contratiempos de la víspera, el pobre diablo asistente –ya a punto del colapso nervioso– hizo saber su nefasto informe:
–Su Ruindad, al amanecer comenzó una huelga general del Infierno en solidaridad con Bakunin. Todos exigen su inmediata liberación...
–¡Basta! –aulló el Maligno– Voy a mandar inmediatamente a ese alborotador al Cielo (lo que debí haber hecho hace tiempo). Imagínense el despelote que va a armar por allá; ¡seguro que jode todo aquello en una semana! ¡No sé cómo no lo pensé antes!...

Así fue como Bakunin (¡quién lo diría!) llegó al Paraíso, donde fue recibido por San Pedro, quien exclamó después de ver su currículum:
–¡Señor Bakunin...! ¡Qué es esto! Anticlericalismo, revueltas, prisiones, parrandas... Pero bueno, como la piedad de Dios es infinita y a usted no lo dejan entrar al Infierno, puede pasar.
Y de este modo, Mijail Alexandrovich entró a Los Cielos.

Mientras tanto, el Maligno estaba en la mayor expectativa con lo que pudiera pasar Arriba. Cada día navegaba por el Home–Page celestial y veía todos los noticieros de HNN ("Heaven News Network"), aguardando las novedades de una sublevación general en el Reino del Señor. Pasan dos días, tres, cuatro, cinco, y nada, ningún informe de anormalidad por aquellos lares. Cuando transcurrió la semana, Mefistófeles no aguantó más y tomó el ascensor para constatar personalmente qué ocurría. Silbando distraídamente y como quien no quiere la cosa, se fue aproximando a la Portería del Cielo, donde San Pedro trabajaba como de costumbre. Le saludó, como viejos conocidos que eran, y luego preguntó:
–...Y entonces Pedrito, ¿todo bien por aquí?
–Tranquilo, como siempre– respondió el santo.
–Óyeme, y qué ha pasado con un fulano que yo mande para acá, un tal Mijail...
–Bakunin– atajó San Pedro. –Él está bien. ¿Por qué preguntas?
–Por nada en especial. Tan sólo por saber si ha tenido que ver con algún alboroto, alguna agitación...
–No que yo sepa – replicó Pedro.
–Oye… ¿y Dios no ha comentado nada sobre ese tal Bakunin? – inquirió el desconcertado Diablo.
Al oír esto, San Pedro se levantó, colocó sus manos sobre los hombros del Demonio, y, mirándole con firmeza a los ojos, le dijo:
–Compañero Luzbel... ¡Dios no existe!...


07 mayo, 2015

La crítica de García Calvo al sistema vigente


Marta Nogueroles Jové

La principal obsesión de García Calvo es denunciar las falsedades sobre las que este mundo se sostiene porque en su opinión, vivimos cómodamente instalados en una serie de creencias que nadie se atreve a discutir y que la educación, cómplice siempre del poder, se encarga de transmitir. La primera de estas falsedades y sobre la cual se sustentan todas las demás es la necesidad del Estado.

Dos años después de la muerte del general Franco, en 1977, nuestro autor publica un librito de menos de 80 páginas titulado ¿Qué es el Estado? en un momento en el que en España empiezan a proliferar los libros sobre temas políticos. Este panfleto es uno de sus primeros escritos y conviene detenerse en él para entender todo su pensamiento posterior. En esta obrita García Calvo empieza por definir al Estado como una idea mentirosa y real a la vez, en el sentido de que encierra una profunda contradicción, pues hace referencia a dos cosas que son incompatibles entre sí, por un lado la idea de Poder y por otro la idea de pueblo. Y añade que esta contradicción llega a su punto máximo en el Estado democrático, donde se funden el Poder y el pueblo de forma tal que parezca que es el pueblo el que ejerce el poder sobre sí mismo. Prosigue nuestro autor con un lúcido análisis de esta institución en el que nos desvela todos sus entresijos, con la intención de ponerla en tela de juicio y así hacerla peligrar como idea, pues es evidente que el Estado es la idea más fuertemente arraigada que existe. En la obra en cuestión se aprecian dos partes, la primera está dedicada a las instituciones afines al Estado y la segunda se detiene en lo que son sus rasgos constitutivos.

Como explica García Calvo, la primera institución vinculada al Estado es la familia, organizada alrededor de la mujer, ─primer ejemplo de dominación de la historia de la humanidad─ y centrada en un foco único que es la televisión. Otra institución en la que se apoya el Estado es el Dinero, al que nuestro autor define siguiendo el dictamen de Marx, como la vida de los hombres convertida en mercancía. García Calvo asegura que en la esencia de todo Estado se encuentra el ser capitalista, de la misma forma que también se encuentra en su esencia el ser totalitario. Esto se explica porque todas las riquezas que se hallan en el territorio de un Estado deben ser a la fuerza estatales y tomar la forma de dinero. De este modo García Calvo demuestra que es una falsedad distinguir entre Estados capitalistas, Estados liberales o Estados totalitarios.

Otra institución a la que según García Calvo también está vinculada de forma muy estrecha el Estado es la del Individuo o Persona y a esta cuestión, central en su pensamiento, dedicará muchas páginas a lo largo de su obra. Su tesis principal es que yo no puedo ser lo que soy si no es como súbdito del Estado que es quien me garantiza una identidad fija y definida. De aquí se concluye que yo soy el Estado, por lo que no tiene ningún sentido rebelarse contra su esclavitud en nombre de la libertad del Individuo, pues Estado e Individuo son las dos caras de lo mismo. Más adelante ampliaremos esta cuestión. Todas estas instituciones que acabamos de enumerar se definen por ser instituciones privadas. Existe además, según nuestro autor, otra institución no privada ligada al Estado y es el Imperio.

García Calvo se detiene también en lo que son los rasgos constitutivos del Estado. El primero serían las fronteras, que han de ser fijas y determinadas. Éstas se complementan con la necesidad de un Centro, que es lo que asegura el mantenimiento del Orden de la unidad estatal. 

La siguiente condición es que los súbditos del Estado sean un número fijo y registrable, bien en estadísticas o en padrones, de manera que no haya confusión, es decir, que esté bien claro que el que vive dentro de las fronteras de un Estado es de verdad lo que tiene que ser. 

La tercera condición es la unificación de la lengua, pues el Estado no puede consentir que se hablen lenguas diversas en su territorio. Y esto no es todo, como añade nuestro autor, el Estado a través de las Academias nacionales de la Lengua impone como lengua hablada la lengua escrita, de modo que ésta sea la lengua oficial y única. Y si antes del Estado era el pueblo el que mandaba en la lengua, bajo el Estado se le impone al pueblo la lengua.

La cuarta condición es la Ley, indispensable para el buen funcionamiento de un Estado. Ley, como nos aclara García Calvo, significa letra, es decir, sumisión a una norma fija e intemporal. Esta ley es dinámica y progresiva y se caracteriza por su proliferación acelerada y porque se van sustituyendo unas leyes por otras. Esto nos da la clave para entender que el plan y la planificación son inherentes al Estado pues está condenado a ser Futuro y a ordenar con vistas a éste.

La quinta condición es que el Estado requiere de una gran extensión territorial pues si fuese un territorio pequeño, que pudiera recorrerse andando, esto sería una grave amenaza para su necesidad. Del mismo modo otra condición esencial del Estado es que esté integrado por muchos elementos, pues si fueran solo unos pocos se correría el riesgo de que llegara a desaparecer la necesidad de imponer la idea abstracta de “todos los españoles” o “todos los franceses” y así llegara a descubrirse que el Estado no es necesario. A esto hay que añadir que el Estado se justifica diciendo que la población del mundo crece y que por este motivo se hace necesaria una forma de administración y de ordenamiento, es decir, que es necesario el Estado.

La última de las condiciones es la cultura y como corazón de ella la ideología, cuya función central es hacer que pensemos que fuera del Estado existe una jungla exterior, un caos donde los hombres se destrozarían los unos a los otros si no fuese por la providencia del Estado, que organiza y domina este caos.

García Calvo termina su análisis sobre el Estado haciendo un llamamiento a las mujeres para que ellas sean las que nos liberen de su opresión, no en vano el Estado, según nuestro autor, se funda contra las mujeres:
 “A vosotras, mujeres, apelamos contra el Estado: pues no podéis olvidar lo que, en vuestra maravillosa sabiduría que no se sabe, seguís sin duda recordando: que el Estado se fundó contra vosotras en el origen de los tiempos: que el miedo de vuestro amor desordenado fue el cimiento y el comienzo de este Orden de los Padres y las Patrias: que contra vuestro amor comenzó la Historia de los Hombres, y que cada paso en el perfeccionamiento del Sistema se ha venido dando para definición y muerte de vuestra vida desconocida, hasta el establecimiento del estado, en que la asimilación definitiva de la Mujer al Hombre amenaza con cumplirse. ¡No sepáis la Historia, pero seguid sintiendo el recuerdo vivo de ese fundamento último del Estado, y no dejéis que la Obra de la Muerte se cierre y se complete!
Por amor de lo que no sabemos, ¡liberaos de la Mujer! ¡Liberadnos del Hombre! ¡Liberadnos de Dios! ¡Liberadnos del Estado que es Su Casa más perfecta!”[2]

Efectivamente, el sexo dominante, es decir, el hombre, esclaviza a la mujer mediante la invención de la familia, pero al esclavizar se esclaviza él mismo. Y lo hace movido por un terror primigenio ante la desigualdad que existe entre su limitada capacidad sexual y la ilimitada capacidad de la mujer. Para conjurar esta amenaza, el hombre liga la sexualidad femenina con la maternidad, es decir, inventa la familia e inventa por tanto el Estado. Como vemos, es difícil encontrar un planteamiento más original sobre el nacimiento del Estado. Hay que añadir que nuestro autor es un crítico feroz del patriarcado y al tema de la mujer y a su dominación por parte del varón ha dedicado muchos de sus escritos.

En definitiva, para García Calvo el Estado es una creencia basada en la mentira y su función principal, como irá insistiendo a lo largo de su obra, es la “administración de la muerte”.

Administrar la muerte no quiere decir ejecutar a la gente, sino cambiar la vida de las personas por futuro. Así lo expresa nuestro autor:
“Tenéis mucho futuro en efecto; tenéis tanta cantidad de futuro que no hay tiempo para vivir; esa es la descripción, más o menos de la administración de la muerte. No hay tiempo para vivir, porque ese tiempo en que a lo mejor podría suceder tal cosa como vivir está íntegramente ocupado en la preparación del futuro.”[3].
Pero García Calvo no sólo lanzará sus ataques al Estado, sino también contra una institución fuertemente ligada a Él: el individuo. En este sentido afirma que lo más urgente a llevar a cabo en la lucha contra el poder es volverse contra el individuo personal, que es la base del régimen tecnodemocrático. Es más, según nuestro autor, individuo y Estado son las dos caras de lo mismo, de ahí que la tarea principal del Estado sea formar masas de individuos a través de la educación y de otros medios como la televisión.

Así pues, creer en el individuo es creer en el Estado y en definitiva colaborar con el poder, de modo que carece de sentido hacer una rebelión en nombre del individuo porque no soy yo el que sufre la opresión, al contrario, yo estoy constituido por ella, en tanto que soy un súbdito del Estado. Por eso, como añade García Calvo, el Estado hace muy bien en confiar en el Individuo porque, en realidad, lo está fabricando él mismo.

Ahora bien, el hecho de que el Estado se dedique a fabricar individuos es la prueba de que su plan no tiene un éxito total, de que existe algo que se le escapa al propio Estado. Para García Calvo esto se explica porque la persona no está bien constituida, es decir, para nuestro autor somos una especie de monstruo de dos cabezas, en guerra la una con la otra. Esta guerra de la persona consigo misma, en realidad, es una guerra contra aquello que le queda a la persona por debajo, que es lo no personal, lo común, el pueblo. De ahí que García Calvo afirme que cualquier rebelión sólo tiene sentido hacerla desde ese lugar donde está el pueblo, un pueblo que, según afirma nuestro autor, no existe, pero que hace algo más importante que existir y es estar ahí, estar presente en cada momento en que se habla.

Pero ¿Qué hacer para que este pueblo que “no existe” salga? Pues sólo tenemos una opción: “quitarse de en medio” y “dejarse hablar”. Eso que habla, como explica García Calvo, no es ninguna persona, sino el propio lenguaje corriente, de ahí que confiar en el lenguaje común sea lo mismo que confiar en el pueblo. De este modo, el lenguaje se concibe como una forma de acción, la más eficaz, en cuanto que el lenguaje es lo verdaderamente popular al no estar está manejado por el poder. Con esta rotundidad lo expresa el filósofo zamorano: “El lenguaje ni lo han hecho ellos ni lo manejan ellos” [4]. Otra cosa bien distinta es el lenguaje escrito, el lenguaje culto, ese sí que lo utiliza el poder para sus propios fines. Conviene pues distinguir entre la lengua, que está en el subconsciente de lo que se puede llamar pueblo, y que no es de nadie, de la escritura y la cultura, que son armas del poder para que éste pueda ejercer su sacerdocio.

Ahora bien ¿Cuál es el corazón de este lenguaje común? Es el “no”, que, como asegura García Calvo, es lo primero que aprende un niño cuando empieza a hablar. Decir “no” significa decir no al Poder, al Estado, al Capital, significa también negarse a creer en la persona de cada uno, porque cada uno es el poder. Por tanto, decir no es decir no a la mentira, a la realidad, que es necesariamente falsa, de ahí que el Estado tenga que estar reconstruyendo esta realidad día a día, por medio de la televisión, de la educación, de la prensa, etc. No olvidemos que el poder no se puede sostener si no es por la mentira, que es su arma principal. Así pues, cualquier acción que se quiera emprender contra el poder siempre debe partir de la toma de conciencia en la falsificación de la realidad porque si no es así esta acción resulta inútil y se convierte en colaboración con el poder.

Este pueblo del que venimos hablando, tiene un enemigo principal, que es la democracia. Contra esta forma de poder, ─la única que existe en los países llamados desarrollados y a la que están condenados a aspirar los países a los que insultantemente se les llama tercer mundo─ también lanzará nuestro autor sus ataques. Son dos, principalmente, los motivos por los que García Calvo rechaza la democracia. El primero tiene que ver con la idea de hombre vigente hoy día, que según nuestro autor, está fundada en una contradicción. Esta contradicción consiste en que cuando hablamos de Hombre se está haciendo referencia por un lado a una cosa singular, que es el individuo y a su vez, al conjunto entero de los individuos. Sin embargo, como asegura García Calvo, conjunto e individuos son reinos distintos, pues no se puede ser uno y al mismo tiempo ser todo. Lo expresa con el siguiente ejemplo:
“Para hacer un rebaño de ovejas, sólo se puede si cada oveja es oveja, pero si cada oveja es Micaela, Ramoncita y demás, entonces nunca podrán hacer un rebaño: tiene que ser cada oveja “oveja”. Esa es la condición.”[5]
Pues bien, el Estado utiliza el engaño de sumar lo que es lógicamente imposible en su propio beneficio y así es cómo funcionan las votaciones, reuniendo una mayoría de individuos personales y diciendo que ésta es la voz del pueblo. Pero como afirma con rotundidad nuestro autor, la voz de la mayoría es lo contrario a la voz del pueblo y no se pueden confundir.

El segundo motivo es que la democracia no cree en otra cosa que en los conjuntos de individuos y para García Calvo los individuos personales son reaccionarios, es decir, no pueden aspirar a otra cosa que a trepar por la pirámide y a tener un futuro y una seguridad. Por consiguiente, si todos los individuos son reaccionarios, todos los resultados de las votaciones serán reaccionarios.

Y si la democracia es un engaño, no lo es menos la Sociedad del Bienestar donde ésta se inserta. Veamos ahora cómo nuestro autor analiza con gran lucidez la falsedad de sus fundamentos: En primer lugar, nos dice que es totalmente falso pensar que los que estamos instalados en el desarrollo podemos disfrutar plenamente de él sin que las miserias de los países que viven en las afueras de este desarrollo nos afecten directamente. Efectivamente, tal como asegura nuestro autor “A medida que la administración de la miseria se desarrolla, la riqueza misma, que era su objeto, se transforma, se vuelve miserable, se emplea y se vacía; y es ahí donde se ejerce la venganza de los miserables: sobre los bienes mismos”[6].

Esta transformación de la riqueza consiste en que las cosas van perdiendo calidad, van dejando de ser cosas para convertirse en representantes de las mismas, es decir, en sustitutos. Así pues, la principal característica del Régimen del Bienestar es que la mayoría viva de sustitutos y “tome pisos como casas, llame a los plásticos telas, aspire no a pagarse un chófer ni un vagón de tren, sino a hacer él mismo de chófer, y que le guste, que llame al ruido música…”[7]. Este cambio de las cosas por sustitutos está relacionado con el hecho de que las cosas, en la Sociedad del Bienestar, se han convertido en dinero, que es lo más real que existe, la idea de las ideas.

En segundo lugar, otra de las falsedades sobre las que está asentada el Estado del Bienestar es la de la creencia en separación entre empresa privada y administración pública. Si recordamos, Estado y Capital son la misma cosa. Lo que prueba esta identidad, según nuestro autor, es el Criterio de Rentabilidad, es decir, que al Estado le preocupe la productividad, el rendimiento y el dinero por encima de cualquier otra cosa. Como nos hace ver García Calvo la imposición de este criterio tiene una serie de consecuencias, la principal es que se elimina la vieja noción de “servicio público”. Antes de la existencia de la Sociedad del Bienestar este tipo de servicios eran improductivos y servían para atender las necesidades de la gente, pero ahora ya no es así. De aquí se deduce el que los impuestos, en la Sociedad del Bienestar, sean un engaño, es decir, cuando declaramos a Hacienda estamos haciendo lo mismo que cuando encargamos al banco que nos compre acciones. Este engaño, como añade nuestro autor, se entiende mejor si analizamos la naturaleza del dinero. Efectivamente, el dinero en el Desarrollo es de dos naturalezas, una divina y otra humana, o lo que es lo mismo, el dinero que corre por las manos del Estado no es el mismo que corre por las manos de los contribuyentes. Esto le lleva a nuestro autor a afirmar que la Sociedad del Bienestar está fundada en un descubrimiento maravilloso:
“El Dinero grande o divino, sólo con moverse, sólo con cambiar de sitio en las cuentas, de fechas en el Tiempo, sólo con eso ya produce (…) con la sola condición de que en el proceso le asista una Fe inquebrantable, sin vacilaciones, que es la misma esencia del Crédito, la del Futuro, la del Tiempo, que es el nombre verdadero del Dinero Desarrollado”[8].
En tercer lugar nuestro autor señala que una de las características de las Sociedad del Bienestar, es que en ella la banca, la empresa y el Estado son profundamente humanistas, es decir, todo su interés está centrado en el hombre. Ahora bien, ¿qué especie de hombre es el que le interesa al Estado, a la empresa y a la banca? Pues no es otra que el individuo personal, del que ya hemos hablado líneas más arriba. Es, en definitiva, el tipo de hombre que no sabe hablar más que de dinero, que no piensa más que en forma de dinero, y que como afirma nuestro autor “ES dinero”. Este y no otro es el fundamento del Estado del Bienestar. A esto hay que añadir algo más. El valor de la persona, en la Sociedad del Bienestar, se basa en su nombre y en su firma, de ahí que el marketing juegue un papel primordial, pues sólo vendiéndose se hace uno dinero. ¿Y qué significa venderse? Pues no significa otra cosa que trepar por la “Pirámide del Poder”. Pero para venderse tienen que comprarlo a uno y la condición para que nos compren es la fe: “que uno se lo crea bien, y ya tiene crédito, ya trepa”[9]. Por eso es tan importante para la rebelión del pueblo negarse a aprender la jerga de los Ejecutivos.
“No creer ─eso es lo primero─. Y así poderles decir a los Ejecutivos del Poder y del Dinero: no queremos vuestro vocabulario, vuestros Nombres y vuestras siglas, que no sabemos lo que significan: nosotros tenemos el lenguaje que nadie manipula, el lenguaje de cualquiera, que sabe siempre, por lo menos, decir NO”[10].
Efectivamente, si el pueblo quiere librarse del poder que lo oprime y que lo reduce a masa de individuos, lo primero que tiene que hacer es no creer y lo primero en lo que no debe creer es en que sean personas las que mueven y dirigen el dinero y el poder. Diciéndolo más claramente: las barbaries del desarrollo no están en manos de personas concretas, que son indiferentemente intercambiables, sino en manos del Estado y del Capital.

Pero, además de esto, hace falta algo más para oponerse al régimen que padecemos: es necesario no contar con la persona, ni tampoco con los grupos de personas, ni con la solidaridad entre ellas. Con lo que hay que contar es con lo que vive por debajo de las personas, es decir, con el pueblo.

Después de todo cuanto venimos diciendo se nos plantea una pregunta ¿Es en verdad posible el derrocamiento de este Régimen del Bienestar? Para nuestro autor no hay nada más fácil que esto pues, como asegura, en la fuerza de este Régimen reside también su debilidad. Efectivamente, no hacen falta bombas para el derrocamiento de esta religión del dinero. Sabemos que vivimos en el reino de la fe, así pues, basta con que se extienda la duda y la sospecha, que se descubra el vacío del Dios-Dinero, para que se derrumbe este imperio fundado en el crédito y en la fe.

Y mientras tanto ¿qué puede hacer el pueblo? En primer lugar, guiarse por el criterio de utilidad, tan contrario a la sociedad del desarrollo que está centrada en la creación de necesidades. Se trata en definitiva de no renunciar a las máquinas, sino de aprovecharse de ellas y usarlas, pero eso sí, para algo que no sea venderlas. Conviene aquí apuntar una de las obsesiones de nuestro autor que no queremos dejar de nombrar, pues a ella ha dedicado muchos de sus escritos y de sus conferencias. Se trata de su aversión al automóvil, vehículo individual por excelencia que cumple una función básica en la Sociedad del Bienestar y que nos convierte a todos en chóferes y mecánicos, frente a su reivindicación del tren como medio de transporte útil que nos hace a todos libres y señores.

Lo segundo que debería hacer el pueblo es plantearse la necesidad de los Estados porque “¿a quién le hace falta que haya Francia? A Francia indudablemente: no a la gente que rebulla por la orilla izquierda del Rin o por la cara Norte de los Pirineos”[11] Y como añade el filósofo zamorano:
“Es duro el cambio, sí, pero, a cambio, ¡el aliento de pensar el enorme ahorro que ello trae consigo, de tiempo, de energías, de mentiras!:sólo con imaginar el no tener que sostener más estos Ideales, ni el Futuro del Desarrollo ni la imagen de España por el mundo, sólo con calcular por lo bajo el ahorro de papeleo, de sueldo de Ejecutivos, de pantallazo de ordenadores, de congresos, de aviones, de producción de noticias televisivas, a la gente se nos hace la boca agua”[12].
Y en último lugar, lo que se debería de hacer es aspirar a que no haya más moral que la política, o lo que es lo mismo, que no exista una moral del individuo, sino una moral de la vida de la comunidad.

Todo lo que hemos dicho hasta ahora se resume en una sola frase. “No ir con los tiempos”. Efectivamente, para García Calvo las gentes rebeldes no pueden creer en los tiempos ni tampoco creer en la historia, pues la fe en la historia promociona el Estado-Capital. Así lo expresa nuestro autor:
“!Nunca pues ir con los tiempos! La última y verdadera revolución es la de los muertos, que se niegan a estar muertos; y la evidencia, palpable y actual, es que sigue siempre latiendo, por debajo del Dominio, un corazón que sabe decir <> y sabe decir <>, sin importarle un rábano ni la Orden del día ni las modas”[13].
Estas han sido algunas pinceladas de la crítica que Agustín García Calvo lanza contra este régimen que todos padecemos. Como hemos podido comprobar, en ningún momento nuestro autor nos habla de alternativas, lo suyo es un NO categórico que no ofrece nada a cambio y lo justifica así:
“Quien os presenta la necesidad de alternativas, está cayendo en la trampa de todos los políticos de izquierda, incluidos los sindicatos, incluidos todos, es decir, pensar que a la gente no se le puede ir con meras propuestas de decir NO, sino que hay que ofrecerles algo a cambio; por ahí es por donde se han perdido todos los movimientos de protesta, por ahí, por aceptar teóricamente esa necesidad de alternativas. Hay que tener el valor de ser fieles a la canción de Antonio Machado: “No hay camino, se hace camino al andar”[14].
Conclusiones

Después de este recorrido por algunos de los temas más relevantes de la obra de García Calvo, no podemos resistirnos a la tentación de hacernos algunas preguntas:

¿Por qué un pensamiento como el anarquista, que predica la liberación humana sigue permaneciendo en la actualidad dentro del ámbito de lo marginal?
¿Qué es lo que nos impide lanzarnos a la búsqueda de la libertad total humana?
¿Por qué nos empeñamos en hacer remiendos a este sistema en vez de plantearnos la necesidad de una visión radicalmente nueva de la política?

Quien parece darnos un poco de luz a estas preguntas es el español Pedro García Olivo, autor entre otras muchas, de una obra titulada El enigma de la docilidad. En ella sostiene que estamos avanzando hacia un modelo de sociedad y de gestión política al que denomina “neofascismo” y que se caracterizaría “en lo exterior por la beligerancia (afán de hegemonía universal) y en lo interior, por una enigmática e inquietante docilidad (letargo del criticismo y de la disidencia), circunstancia que haría casi innecesario el actual aparato de represión física al ejercer cada hombre, en suficiente medida, como un policía de sí mismo”[15]. La tesis de García Olivo es que el agente principal del hundimiento en el conformismo de los hombres de las sociedades democráticas occidentales no es otro que la Escuela, que actúa al lado de las restantes instituciones de la sociedad civil para forjar y reproducir esta docilidad, que impide que nos cuestionemos sobre el orden social vigente.

Por otro lado, y en la misma línea de las preguntas que nos hemos formulado líneas más arriba, también cabria plantearse, tal como lo hacen Francisco Fernández Buey y Jordi Mir en un artículo muy revelador, si es tan malo ser antisistema. Para estos dos profesores de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona resulta difícil de entender que, en la situación en que estamos, antisistema siga empleándose como término peyorativo. Lo expresan con estas palabras:
“Si analizando la crisis se llega a la conclusión de que el sistema es malo y hay que cambiarlo, no se ve el motivo por el cual ser antisistema tenga que ser malo. El primer principio de la lógica elemental dice que ahí hay una incoherencia, una contradicción. Si el sistema es malo, y hasta rematadamente malo, lo lógico sería concluir que hay que ser antisistema o estar contra el sistema”[16].
De nuevo, estos dos profesores nos ofrecen más pruebas de que hay algo que nos impide actuar con sentido común, es decir, que hay algo que nos hace permanecer anclados en la barbarie de un mundo cada día más inhabitable. Por eso estamos convencidos de que obras como la de García Calvo son un buen antídoto para contrarrestar esta falta de sentido común.

Para ir terminando añadiremos que es innegable que pocos como García Calvo nos muestran con tanta transparencia las fisuras del modelo democrático liberal y la mentira que se esconde detrás de la mal llamada “Sociedad del Bienestar”. En este sentido el pensamiento de García Calvo es tremendamente útil para que sociedades que están en construcción tomen conciencia de que el modelo del Bienestar no es el más adecuado para alcanzar una existencia digna y en libertad. Sin embargo, hay que reconocer que es difícil escapar a la fascinación que este modelo produce. Nada mejor que estas palabras de nuestro autor para ilustrar lo que estamos diciendo:
“Pienso sobre todo en la fuerza del Ideal que mueve a los millares de chicos y chicas de las afueras del Desarrollo a arrojarse como sea aquí dentro, como al Paraíso, a entregarse al Dinero Salvador (…) Tal es la fascinación del Reino sobre las crías de sus alrededores; y sólo los fantasmas fascinan de ese modo. Aquél que, viendo la fuerza de la ilusión monstruosa en esos corazones de los arrabales, no sepa reconocer en ella, como en un espejo, la ilusoriedad, falsedad y tiranía del Estado de Bienestar en que nosotros nos agitamos, ése es que se ha quedado ya del todo ciego y sordo, apto para tragarse todos los sustitutos de la vida y la razón”[17].

2 García Calvo, Agustín, ¿Qué es el Estado?, Barcelona, Editorial La Gaya Ciencia, 1977, pág 72
3 García Calvo, Agustín, Contra la paz, Contra la democracia, Editorial Virus, 1993, pág 24.
4 García Calvo, Agustín, Ibídem, pág 36
5 García Calvo, Agustín, Contra el hombre, Madrid, Fundación de estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, pág 36.
6 García Calvo, Agustín, Análisis de la Sociedad del Bienestar, Zamora, Editorial Lucina, 1993, pág 32.
Ibídem, pág 39.
Ibídem, pág 68.
9 Ibídem, pág 92.
10 Ibídem, pág 93.
11 Ibídem, pág 134.
12 Ibídem, pág 135
13 Ibídem, pág 159.
14 García Calvo, Agustín, Contra la paz, Contra la democracia, Editorial Virus, 1993, pág 58.
15 García Olivo, Pedro, El enigma de la docilidad, Valencia, Editorial Abecedario, 2007, pág 8.
16 Fernández Buey, Francisco y Mir, Jordi, “¿Es tan malo ser antisistema?” en diario Público (4/10/2010).
17 García Calvo, Agustín, Análisis de la Sociedad del Bienestar, Zamora, Editorial Lucina, 1993, pág 152.

Extraído de la ponencia de Marta Nogueroles Jové; AGUSTÍN GARCÍA CALVO: LA ACTUALIDAD DEL ANARQUISMO

03 mayo, 2015

Decir NO a lo que se nos manda - Agustín García Calvo


Entrevista a Agustín García Calvo
por Gabriel Arnaiz

Usted se ha caracterizado siempre por escribir contra todo lo que hoy se considera sagrado (la Democracia, la Ciencia, el Individuo, la Paz...) y por estar en contra de todo aquello que la sociedad actual considera obligatorio: el trabajo, el automóvil, la televisión, los deportes, Hacienda, la felicidad... ¿Por qué es el NO tan importante?

—Es el NO a todo a lo que en realidad se nos impone como SÍ. De manera que puedes generalizar: el NO al Poder de cualquier tipo que sea, a la imposición de los ideales en que el mundo se funda, a la imposición de una educación para los niños del futuro… Cualquier cosa que quieras pensar (la economía, las finanzas), está fundada en una industria positiva. Entonces, cuando se mira bien, se ve (basta con echar una ojeada a los medios) que positiva consiste en “positiva para el Futuro”. Es decir, para que en primer lugar ya se sepa lo que va a pasar y no haya peligro de que pase nada imprevisto y, en segundo lugar, para que la gente se anime con cierto optimismo a ir hacia ese Futuro y cumplir las reglas que le corresponden. Todo eso es la Realidad: es el SÍ. De manera que para qué voy a decirte qué importancia tiene el NO si resulta que, como aquí hemos descubierto, la Realidad no es todo lo que hay, que siempre hay más allá, y eso es lo que secunda cualquier forma de rebelión. Entonces está claro que la manera, el instrumento, el arma para la rebelión es justamente ir contra esas ideas y actitudes positivas que el Régimen nos impone. De modo que no puede pensarse en nada antes de pensar esa posibilidad de decir NO que es hacer NO. Es “hacer no” porque consiste justamente en un hacer que es un decir. Por ejemplo, los discursos de los Ministros del Poder o las cuentas de la Banca de tal o cual sitio pueden tomarse aparentemente como un decir (son palabras, son números), pero al mismo tiempo son un hacer. Así que cualquier sueño de revolución tiene que partir igualmente de que el primer hacer es el decir: el decir NO. El decir NO a lo que está dicho y se nos manda; decir lo que nos viene de más abajo (de no sé donde), y ese decir es un hacer.

—¿Y cómo podría concretarse ese NO?

—Vuelvo a insistir en esto: ese decir es un hacer. Eso es justamente una cosa en la que se equivocan al segundo paso. Es decir: “Está bien, a lo mejor tienes razón en lo que dices, pero ¿cómo se hace?”. Hay que saber responder: se está haciendo AHORA. Si de verdad se está descubriendo una mentira, eso es una acción y se está haciendo AHORA. Porque eso de hacer planes para el Futuro, de volver a recaer incluso en pensar una revolución futura, eso es simplemente imitar al Régimen, a sus armas y sus ideas. El Futuro es de ellos; el Futuro es del Dinero. El Dinero, que no sabe ser más cosas que Futuro y que es al mismo tiempo la administración de muerte. Por lo tanto, una rebelión no puede tener Futuro: una rebelión de boca o de mano se está haciendo AHORA o no se está haciendo. No se puede emplear las armas del Régimen.

—¿Podría explicar con más detalle qué quiere decir cuando se refiere al Régimen?

—Me estoy refiriendo a cualquier forma de Gobierno y de opresión que en el mundo ha habido a lo largo de la historia. Hay que decir que esto no es tan largo como se hace creer: la historia no son más que unos diez mil años. Es decir, que antes de la escritura, antes de la dominación política avanzada no sabemos en verdad qué es lo que había, qué es lo que la gente hacía, qué es lo que pensaba o lo que quería. El Régimen del que hablo se puede referir a cualquier Régimen de la historia, sin ninguna distinción de clases, de monarquías, de democracias. Simplemente suelo emplear el término para referirme al actual, porque es el que tiene más interés. Cuando digo Régimen es como si estuviera pensando que todos los Regímenes de la historia están contenidos en éste o residen en éste, y éste es el que todos vosotros sabéis: el Régimen de la Democracia Desarrollada. El Régimen cuyo primer artículo de Fe consiste en que cada uno sabe adónde va, qué es lo que quiere, qué es lo que vota, etcétera, y que por tanto es Él (el Individuo) el que crea y maneja el Poder: la estupidez de pensar en un poder del pueblo. De manera que ése es el Régimen (que después de todo no es más que el Régimen del Dinero). Porque desde que se estableció hace unos sesenta años en el mundo avanzado, este Régimen consistió en abandonar prácticamente del todo la separación entre Capital y Estado: El Estado es el Capital y el Capital es el Estado y eso es lo que lo caracteriza. Es inútil y muy dañoso cada vez que uno (político o no político) quiere volver a separar, a distinguir, entre los funcionarios del Estado y los funcionarios de la Banca y del Poder: son los mismos. Y si se diferencian en clases es para disimular.

Y en esa lucha contra el Régimen del Dinero en el que se fusionan Estado y Capital, ¿qué papel juega ahí la Fe?

—Lo que yo llamo la Fe consiste en hacer creer a la gente que la Realidad es todo lo que hay, en contra del descubrimiento que el sentido común ha hecho ya: que la Realidad no es todo lo que hay. Consiste en hacerle creer al niño, cuando se va haciendo muchacho o muchacha, que “Las cosas son como son, hijo mío”; en hacer creer que cuando la Ciencia se vulgariza en los medios está diciendo la verdad acerca del mundo; en hacer creer que efectivamente nuestras vidas dependen de cualesquiera medidas económicas o políticas que se toman en España o en Europa y que, por tanto, se están discutiendo todos los días ahí, en los palacios del Poder, cosas decisivas y trascendentales que van a afectar a nuestras vidas: todo eso es el reino de la Mentira. Y es contra ello contra lo que cualquier forma de hacer NO o de decir NO es tan importante.

—Pero ¿cómo podemos desprendernos de estas creencias?

—Que las cosas queden claras: Tú no vas a desprenderte de la Fe mientras no te desprendas de ti mismo en alguna medida. Esto conviene tenerlo claro. No hay ninguna persona individual que se salve. Así que cuando decimos que se trata de dejar que hable el pueblo (lo que queda de pueblo), ese pueblo está negando las personas. De manera de que no se trata de ninguna norma de conducta: “Desde mañana voy a abandonar mi Fe en la Democracia, voy a dejar de creer”. Eso o te pasa o no te pasa. Y en la medida en que te pasa es que tú has dejado un poco de ser tú mismo, has renunciado hasta cierto punto a tu persona, a tu situación y a todo a lo que al Poder le gusta que seas. De modo que tú no tienes que hacer nada. La Fe se pierde en la medida en que uno descubre (y eso está a mano: a solas, entre amigos, incluso entre algunos de los pocos amigos muertos de los que nos ha quedado memoria o palabras) que todo aquello que te contaban era mentira. Y eso es lo primero que el Poder defiende. No hay Poder que no procure, antes que nada, mantener una forma de Fe que debe extenderse a la mayoría de las poblaciones. Que la Fe sea de orden religioso, político o financiero da igual, porque todas son la misma. Pero la necesidad de hacer creer, lo mismo que con los curas del Antiguo Régimen, sigue estando en nosotros.

—Y para el mantenimiento de esa Fe en la Realidad que sostiene el Régimen actual, ¿qué función juegan los medios de comunicación (o “medios de formación de masas”, como usted prefiere denominarlos)?

—Yo puedo hablar de “los medios” así, en general, tratando de abarcarlos a todos, lo cual no es el procedimiento más recomendable. Pero puedo atacarlos mejor hablando de lo que siempre importa más en esta guerra y que son las Mayorías: lo que al Capital y al Estado le gusta y reconoce ante todo como Mayorías. Y la mayoría de los medios (incluidos no sólo los diarios, las revistas para señores y señoras, las revistas financieras, las entradas en la red y comunicaciones de uno y otro tipo, los libros de divulgación científica y las obras de solaz o entretenimiento, sino incluso todas aquellas publicaciones que tratan de descubrir la mentira y denunciarla) quedarían incluidos en la Mayoría. De manera que, a pesar de todas las pretensiones de crítica y de negatividad, resultaría que los medios (así, en mayoría) están destinados a servir al Señor. En último grado, nuestra teología, que es la Ciencia (la Ciencia representada por los físicos ortodoxos y demás), está hecha para servir al Señor, es decir, para hacer creer. Pero únicamente hay que añadir (en esto como en lo demás), para que esta lucha no consista en un puro desánimo, que eso es nada más que la Mayoría, lo mismo que en las poblaciones. Todo lo que puedo decir es que hacen mal los chicos y chicas, padres y madres que se lo creen y que repiten lo que les cuentan y que están manteniendo la Fe. Y luego hay que añadir que “Eso no son Todos”. En la Realidad no hay Todos: esos no son más que la Mayoría. Los demócratas quieren hacerte creer que una Mayoría suficiente es lo mismo que Todos, pero no es verdad, eso son matemáticas para el engaño. No es verdad: La mayoría nunca son todos. Y, por tanto, también así de los medios, encontrarás en los libros, en las bibliotecas, de vez en cuando, alguno de esos amigos que decía antes, alguno de esos amigos que han muerto, y que de alguna manera siguen hablando a través de la escritura. Por eso no puede uno imponer un desprecio a su vez totalitario respecto a la labor posible de las letras, de las ciencias y de los medios. Hay que recordar que la Mayoría es la Mayoría. Y por otro lado, cualquier cosita que se pueda hacer en contra se está haciendo en contra de una Mayoría. Y no puede uno quejarse mucho de eso porque ya se sabe que una publicación mayoritariamente es lo que está mandado que sea.

—¿Y quienes serían esos amigos muertos que podrían ayudarnos en ese combate contra el Régimen?

Me estaba refiriendo a los que nos pueden llegar desde la muerte a través de la escritura, de las letras. Entre mis oficios más veteranos soy un filólogo, y por eso a mí me encanta tratar de leer cada vez mejor lo que nos queda de los libros de Heráclito de Éfeso, leer mejor también a Sócrates, otras cosas también en castellano viejo o en latín. De manera que esos son algunos de mis amigos, los que están enterrados en las letras, porque de vez en cuando hay que contar con amigos. Cuando yo empecé a sentir esto, en la adolescencia, me volcaba en la biblioteca de mi padre, que era un hombre muy leído, y que me dejo meterme en ellos, contaba con libros como los de Don Miguel de Unamuno y Antonio Machado, que los leía y me gustaban mucho. Y desde entonces para mí esos han quedado como amigos. No quiero insistir mucho en la enumeración de los amigos, pero para que se vea que así como hablo de la mayoría de los vivos como vendidos (vendidos al Poder), así también el dominio de la muerte no llega a ser tan absoluto como ellos se creen, e incluso a través de los medios, uno puede llegar a ver sombras o insinuaciones de la Mentira de lo que nos venden.

—¿Y cómo podemos resistir los embates de esa Mayoría, cómo podríamos contrarrestar la idiotez ambiental que nos sepulta?

—Hay que volver un momento al término griego. Idiota es una palabra griega, es decir, es una de esas palabras que vienen de Arriba, de la escuela, y que la gente ha adoptado de vez en cuando a lo largo de los siglos. Idiotés era el particular, el unitario, el que sabe quién es, el que tiene su idea, el que tiene su fe; en fin, el particular y siempre el particular. Que era lo que a la democracia, desde que se fundó en algunos Estados griegos, le gustaba: eran con esos con los que había que contar. Por tanto, que el otro (lo poco que nos queda de pueblo) descubra la mentira en eso y, en vez de emplear el término de una manera seria, lo emplee de la manera en que suele emplearlo. Cuando dice “idiota” querría decir incapaz de sentido común. Lo particular, lo idiótico y, por lo tanto, lo mayoritario es lo contrario de lo común. Esta rebelión del pueblo que no existe (pero que lo hay) es una rebelión de lo común contra lo particular y, por tanto, contra lo mayoritario.

—Tengo entendido que ese poco que nos queda de pueblo, esa razón o sentido común, se manifiesta en nosotros a través de la lengua. ¿Cómo sucede esto?

—Ésa ha sido otra de mi dedicación constante como gramático y como lingüista. Como gramático de diversas lenguas (de las que me han caído) y como lingüista que aspira a pasar de ahí a un descubrimiento de la Lengua en general. La Lengua en general, que no existe en el mundo de la Realidad, sino que sólo se manifiesta por medio de las lenguas de Babel (es decir, por medio de toda la innumerable cantidad de dialectos y de lenguas entre los que cada uno ha caído o se ha enredado) es muy importante (aún tomado en el sentido de lengua particular, de idioma). Este instrumento es muy importante, tanto más cuanto que las personas no tienen mucho que ver con ella de manera consciente ni se enteran gran cosa de lo que hacen cuando la usan. Es interesante comprobar que incluso los que creen que saben son muchas veces los que menos saben y, en cambio, la gente corriente (que no sabe nada de lengua) es la que mejor habla en cuanto se la deja hablar y cuando se le deja que por su boca salgan tal vez razones de sentido común de vez en cuando.