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14 febrero, 2026

Primero Gaza, luego el mundo — Ramzy Baroud

 

El peligro global del excepcionalismo israelí


Savage Minds – 14/02/2026


Fue el incendio del Reichstag lo que desencadenó el estado de excepción, cuando Hindenburg firmó el Decreto del Incendio del Reichstag que suspendía las libertades civiles indefinidamente y permitía al partido nazi actuar al margen de la Constitución de Weimar. Hitler utilizó el incendio del Reichstag en 1933 para hacerse con un poder casi ilimitado.


Si bien muchas naciones recurren ocasionalmente al estado de excepción para afrontar crisis temporales, Israel se encuentra en un estado de excepción permanente. Este excepcionalismo israelí es la esencia misma de la inestabilidad que azota Oriente Medio.


El concepto de estado de excepción se remonta al justitium romano, un mecanismo legal para suspender la ley en tiempos de agitación social. Sin embargo, la comprensión moderna fue moldeada por el jurista alemán Carl Schmitt, quien escribió la famosa frase de que «el soberano es quien decide sobre la excepción». Si bien la propia historia de Schmitt como jurista del Tercer Reich sirve como un escalofriante recordatorio de adónde pueden conducir tales teorías, su obra proporciona una anatomía innegablemente precisa del poder puro: revela cómo un gobernante que instituye leyes también tiene el poder de derogarlas, bajo el pretexto de que ninguna constitución puede prever todas las posibles crisis.


Se argumenta con frecuencia que Israel, una autodenominada democracia, aún carece de una constitución formal porque un documento de este tipo lo obligaría a definir sus fronteras, una perspectiva problemática para un régimen colonial con un insaciable apetito de expansión. Pero hay otra explicación: al basarse en las "Leyes Básicas" en lugar de una constitución, Israel evita un sistema legal integral que lo alinee con los fundamentos globalmente aceptados del derecho internacional. Sin una constitución, Israel existe en un vacío legal donde la "excepción" es la regla. En este espacio, las leyes raciales, la expansión territorial e incluso el genocidio se permiten siempre que se ajusten a la agenda inmediata del Estado.


Aislar ejemplos específicos para ilustrar este punto es una tarea abrumadora, principalmente porque casi todos los pronunciamientos relevantes de los funcionarios israelíes, en particular durante el genocidio en Gaza, constituyen un estudio clásico del excepcionalismo israelí. Consideremos el implacable ataque de Israel contra la UNRWA, el organismo bajo mandato de la ONU responsable de la supervivencia de millones de refugiados palestinos. Durante décadas, Israel ha buscado el desmantelamiento de la UNRWA por una razón: es la única institución global que impide la eliminación total de los derechos de los refugiados palestinos. Estos derechos no son meras reclamaciones; están firmemente arraigados en el derecho internacional, en particular a través de la Resolución 194 de la ONU.


Si bien UNRWA no es una organización política en sentido funcional, su propia existencia es profundamente política. En primer lugar, constituye el legado institucional de una historia política específica; en segundo lugar, y de forma más crucial, su presencia garantiza que el refugiado palestino siga siendo una entidad política reconocida. Al existir, UNRWA preserva la condición del refugiado como sujeto con el derecho legal de exigir el retorno a la Palestina histórica, una exigencia que el estado de excepción pretende silenciar permanentemente.


En octubre de 2024, Israel legisló unilateralmente el cierre de la UNRWA, afirmando una vez más su "excepción" en todo el marco de las Naciones Unidas. "Es hora de que la comunidad internacional (...) se dé cuenta de que la misión de la UNRWA debe terminar", declaró el primer ministro Benjamin Netanyahu el 31 de enero de 2024, anunciando su inminente desaparición. Esta retórica llegó a su fin el 20 de enero, cuando la sede de la UNRWA en la Jerusalén ocupada fue demolida por el ejército israelí en presencia del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir.


"¡Un día histórico!", proclamó Ben-Gvir ese mismo día. "Hoy expulsamos a estos simpatizantes del terror". Este horroroso acto fue recibido con tímida respuesta, preocupación silenciosa o silencio absoluto por parte de los mismos poderes encargados de impedir que los Estados se posicionaran por encima de la ley.


Al permitir que esta “excepción” israelí siga vigente, la comunidad internacional ha sancionado de hecho la demolición de sus propios fundamentos jurídicos.


En el pasado, los líderes israelíes enmascararon sus verdaderas intenciones con el lenguaje de una "luz para las naciones", proyectando un faro de moralidad mientras practicaban la violencia, la limpieza étnica y la ocupación militar sobre el terreno. Sin embargo, el genocidio en Gaza ha desmantelado estas pretensiones. Por primera vez, la retórica israelí refleja plenamente un estado de excepción donde la ley no solo se ignora, sino que se suspende estructuralmente.


“Nadie en el mundo permitirá que matemos de hambre a dos millones de ciudadanos, aunque sea justificado y moral hasta que nos devuelvan a los rehenes”, admitió el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, el 5 de agosto de 2024. Esta postura “justificada y moral” revela una moralidad localizada que permite el exterminio de una población como un acto éticamente defendible. Sin embargo, Smotrich también mintió; el mundo no ha hecho nada práctico para disuadir a Israel de su brutal pulverización de Gaza.


La comunidad internacional permaneció impasible incluso cuando Smotrich declaró el 6 de mayo de 2025 que Gaza sería "totalmente destruida" y que la población quedaría "concentrada en una estrecha franja". Hoy, esa visión es una realidad: una población agotada por el genocidio está confinada en aproximadamente el 45% del territorio, mientras que el resto permanece vacío bajo control militar israelí.


El propio Netanyahu, quien ha extendido el estado de excepción más allá de cualquier predecesor, definió esta nueva realidad durante una reunión de gabinete el 26 de octubre de 2025: «Israel es un Estado soberano... Nuestra política de seguridad está en nuestras manos. Israel no busca la aprobación de nadie para ello». En este contexto, Netanyahu define la soberanía como el poder absoluto para actuar —incluido el genocidio— sin tener en cuenta el derecho internacional ni los derechos humanos.


Si todos los estados adoptaran esto, el mundo caería en un frenesí de anarquía. En su influyente obra Estado de Excepción, Giorgio Agamben diagnosticó este «vacío»: un espacio donde la ley se suspende, pero la «fuerza de la ley» permanece como pura violencia. Si bien sus posturas recientes han dividido a la comunidad académica, su crítica de la excepción como herramienta permanente de gobernanza sigue siendo una perspectiva indispensable para comprender la desaparición de la vida palestina.


Israel ya ha creado ese vacío. En manos de una sociedad colonial genocida, el estado de excepción es una pesadilla implacable que no se detendrá en las fronteras de Palestina. Si se permite que esta "excepción" se convierta en la norma regional permanente, ninguna nación de Oriente Medio se salvará. El tiempo apremia.


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12 mayo, 2023

Los mismos que urdieron la leyenda negra sobre Stalin y el gulag soviético...

 


Los mismos que urdieron la leyenda negra sobre Stalin y el gulag soviético con fines propagandísticos, se erigen en dictatoriales leguleyos de un orden criminal y arbitrario al que denominan "mundo basado en reglas". Un concepto indefinido que permite a Washington y sus vasallos "occidentales" imponer impunemente su imperialista supremacía sobre el resto de países y poblaciones, incluida la propia, mantener la infame prisión de Guantánamo abierta y a Julian Assange injusta e ilegalmente encarcelado.


Conviene pues no olvidar lo escrito por Giorgio Agamben, en 2004, en su libro Estado de excepción, cuya lectura aconsejo dada su vigencia y del cuál extraigo la siguiente ilustrativa cita:


1.3 El significado inmediatamente biopolítico del estado de excepción como estructura original en la cual el derecho incluye en sí al viviente a través de su propia suspensión emerge con claridad en el military order [orden militar] emanado del presidente de los Estados Unidos el 13 de noviembre de 2001, que autoriza la "indefinite detention” [detención indefinida] y el proceso por parte de "military commissions" [comisiones militares] (que no hay que confundir con los tribunales militares previstos por el derecho de guerra) de los no-ciudadanos sospechados de estar implicados en actividades terroristas.


Ya el USA PatriotAct, emanado del Senado el 26 de octubre de 2001, permitía al Attorney general "poner bajo custodia" al extranjero (alien) que fuera sospechoso de actividades que pusieran en peligro "la seguridad nacional de los Estados Unidos"; pero dentro de los siete días el extranjero debía ser, o bien expulsado, o acusado de violación de la ley de inmigración o de algún otro delito. La novedad de la "orden" del presidente Bush es que cancela radicalmente todo estatuto jurídico de un individuo, produciendo así un ser jurídicamente innominable e inclasificable. Los talibanes capturados en Afganistán no sólo no gozan del estatuto de POW según la convención de Ginebra, sino que ni siquiera del de imputado por algún delito según las leyes norteamericanas. Ni prisioneros ni acusados, sino solamente detainees [detenidos], ellos son objeto de una pura señoría de hecho, de una detención indefinida no sólo en sentido temporal, sino también en cuanto a su propia naturaleza, dado que ésta está del todo sustraída a la ley y al control jurídico. El único parangón posible es con la situación jurídica de los judíos en los Lager nazis, quienes habían perdido, junto con la ciudadanía, toda identidad jurídica, pero mantenían al menos la de ser judíos. Como ha señalado eficazmente Judith Butler, en el detainee de Guantánamo la nuda vida(1) encuentra su máxima indeterminación.


Nota

(1) Se entiende por nuda vida: "La de ser una vida a la que cualquiera puede dar muerte impunemente y, al mismo tiempo, la de no poder ser sacrificada de acuerdo con los rituales establecidos; es decir, la vida uccidibile e insacrificabile del homo sacer y de las figuras análogas a él". (Agamben, 1998:243).


★


22 abril, 2020

" N O R M A L I D A D " (2)


Pawel Kuczynski



"Una norma que establece que hay que renunciar al bien para salvar el bien, es tan falsa y contradictoria como una que, para proteger la libertad, impone la renuncia a la libertad."
Giorgio Agamben



18 abril, 2020

Todo es lo que parece: si parece un golpe de estado, “es” un golpe de estado, si parece un “Estado de excepción”, es un Estado de excepción — Ángeles Diez




F. A. I. – 18/04/2020

Las ciencias físicas así como las sociales tuvieron un momento revelador en el postulado Ockhaniano que en su principio más elemental sostiene que no se deben multiplicar las causas sin necesidad. O dicho de otra forma, cuando para que ocurra un fenómeno se nos ofrecen 2 o más explicaciones, la que tiene más posibilidades de ser la correcta es la explicación más completa y simple.

Veamos dos ejemplos de cómo se viola el principio ockhaniano. No hace mucho –aunque con la crisis relanzada por la pandemia del coronavirus ya todo parece lejano– la derecha boliviana respaldada por el ejército lanzaba un ultimátum al presidente Evo Morales para que renunciara a su cargo, ocupaba el parlamento colocando la biblia en lugar de la whipala y emprendía la persecución de los líderes del MAS (Movimiento al Socialismo) y la represión de los pueblos originarios (que constituyen más del 60% de la población boliviana), supuestamente partidarios del presidente Evo. Se suspendían todas las garantías constitucionales, se colocaba a una presidenta –Jeanine Áñez– que se autoproclamaba presidenta con el beneplácito del ejército, la OEA (Organización de Estados Americanos) y los Estados Unidos[1].

Un militar le coloca la banda presidencial a Añez,
autoproclamada presidenta sin quórum en el Congreso boliviano.
Imagen EFE (tomada de 
https://www.pagina12.com.ar/230719-sin-quorum-jeanine-anez-se-autoproclamo-presidenta-en-la-paz)

Para que todo esto ocurriera sin gran disgusto internacional, los medios de comunicación masivos –el poder mediático y sus paraperiodistas– arreciaron con una campaña sin precedentes presentando los acontecimientos como: crisis política en Bolivia, renuncia de Evo Morales, dimisiones del vicepresidente Álvaro García Linera y de los presidentes del Senado y de la cámara de diputados, intento de Evo Morales por imponerse, fraude electoral, etc.[2] Pero, significativamente también las críticas de la izquierda progresista y feminista hacia el gobierno “patriarcal” del presidente Evo sirvieron de material ideológico para apuntalar un discurso justificador de un golpe de Estado. Así, aunque hubo voces que proclamaron la evidencia de un golpe de Estado clásico y difundieron las pruebas de cómo fue preparado por Estados Unidos, sus organizaciones internacionales (específicamente la OEA) y las élites bolivianas, el relato que acabó imponiéndose fue el de una salida natural y formalmente democrática a una crisis institucional.

Militares bolivianos realizan un control en el municipio de El Alto
durante la cuarentena. Martín Alipaz /EFE
(Tomada de: 
https://elpais.com/internacional/2020-04-08/el-gobierno-de-bolivia-recibe-criticas-por-amenazar-la-libertad-de-expresion-durante-la-cuarentena.html)

Todavía hoy, con la crisis del COVID-19 las corporaciones mediáticas siguen justificando el golpe de estado en Bolivia y hablan de "Gabinete interino de Bolivia" y de "Decreto de la cuarentena que promulgó la presidenta"; y desvían la atención de la evidencia de una dictadura hacia alguno de sus síntomas: las limitaciones a la libertad de expresión.

La explicación más retorcida y rebuscada, la más difícil de argumentar y sostener: que en Bolivia hay un gobierno interino, por arte de birlibirloque y en contra de toda evidencia y análisis científico, se asume como verdadera, en vez de la explicación más completa y simple: en Bolivia hubo un golpe de Estado y hoy existe un gobierno totalitario.

El segundo ejemplo paradigmático de cómo el mundo actual se nos presenta de una forma y se nos explica de otra, es el de las democracias occidentales.

La crisis de la pandemia del coronavirus ha desvelado, es decir, ha quitado el velo que ocultaba la realidad de los sistemas representativos parlamentarios a los que llamamos democracias. Como ya nos contaba el filósofo Agamben al inicio del siglo XXI, éstas se aproximaban inevitablemente a sistemas totalitarios. Puesto que, como ocurrió, por ejemplo al inicio de la Primera Guerra Mundial en la que los países beligerantes ya estaban en un estado de excepción permanente, "la legislación excepcional por vía del decreto gubernamental (que hoy nos es perfectamente familiar) se vuelve una práctica corriente en las democracias europeas"[3].

El 14 de marzo el gobierno del Estado español decretó el Estado de alarma. La Constitución española no distingue prácticamente entre estado de alarma y estado de excepción[4], únicamente por el tiempo que duran sin necesidad de solicitar al parlamento una prórroga. En el primer caso 15 días y en el segundo 30. En ambos es el ejecutivo quien emite el decreto que los desarrolla y sólo tiene que consultar al parlamento para su prórroga.

En el 2011 con el movimiento 15M y anteriormente con la invasión y ocupación de Iraq se decía en las calles: "lo llaman democracia y no lo es". Ahora, una parte de esos mismos que demandaban una "democracia real" insisten en convencernos de que esto es una democracia, la única posible, que el sistema es reformable y la necesidad (o la emergencia) es el fundamento y la legitimidad de un estado de alarma que suspende nuestros derechos y garantías más fundamentales (y no me refiero a salir de casa sino al derecho al trabajo, la alimentación, la salud, la educación etc.) y deja en manos de los cuerpos de seguridad la gestión de estos derechos.

Esta situación de desamparo respecto a nuestros derechos más fundamentales llevaba tiempo produciéndose. El informe del Relator Especial de NNUU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos en España, Philip Alston, publicado a finales de enero de este año, antes de que se desatara la pandemia, ya nos decía que si un español mirara a su país en un espejo lo que vería sería:

"…una pobreza generalizada y un alto nivel de desempleo, una crisis de vivienda de proporciones inquietantes, un sistema de protección social completamente inadecuado que arrastra deliberadamente a un gran número de personas a la pobreza, un sistema educativo segregado y cada vez más anacrónico, un sistema fiscal que brinda muchos más beneficios a los ricos que a los pobres y una mentalidad burocrática profundamente arraigada en muchas partes del gobierno que valora los procedimientos formalistas por encima del bienestar de las personas". [5]

Pero todavía entonces, a principios de año, estas palabras resultaban escandalosas igual que el Informe del Banco de España afirmando que 4,5 millones de hogares (el 25% del total) subsistían por debajo del umbral de la pobreza como consecuencia de la inseguridad laboral, el empleo inestable y los bajos salarios. Nadie en ese momento –excepto tal vez los neofranquistas de Vox– justificaba esa realidad, y pocos pensaban que medidas reformistas pudieran revertirla. Tampoco se justificaba, desde los sectores de izquierda, la famosa ley mordaza ni la posibilidad que ésta convirtiera de hecho a los policías en jueces al poder sancionar y multar a cualquier ciudadano que consideraran que había violado alguna norma real o imaginaria.

Así, aunque la situación actual se nos presenta como “Estado de alarma para la gestión de una crisis sanitaria”, y poder abordar la situación extrema de la población, dos son las evidencias que nos permiten decir que esto no parece un estado de alarma sino un Estado de excepción; y que este país ya venía caminando hacia él.

La primera evidencia es la actuación de los cuerpos de seguridad y la aceptación por parte de la mayoría de la población de esta actuación, es decir, la normalización de la actuación de la policía y el ejército. La segunda es la imposibilidad de cualquier tipo de crítica y/o resistencia ya que automáticamente provoca la condena, la represión y la acusación de alianza con el discurso fascista. Aparentemente porque, en España, un gobierno de coalición PSOE-UP, autoproclamado de izquierdas no puede ser cuestionado pues este gobierno se considera la encarnación en la tierra de la democracia misma. Pero como diría también Agamben en relación al fin de la República de Weimar que: "… una "democracia protegida" no es una democracia, y que el paradigma de la dictadura constitucional funciona sobre todo como una fase de transición que conduce fatalmente a la instauración de un régimen totalitario"[6]

En la ley orgánica que regula el Estado de alarma deja en manos del ejecutivo (a través del Decreto) el ámbito territorial y el alcance. En el decreto del 14 de marzo por el que se declaró el estado de alarma en España[7] se declara como única autoridad competente al Gobierno, el ámbito territorial es todo el territorio nacional y las primeras autoridades competentes delegadas son la ministra de Defensa y el ministro del interior, después el Ministro de transportes, movilidad y Agenda urbana, y finalmente el de Sanidad. Uno de los aspectos más significativos del decreto es el que establece que las "autoridades competentes delegadas podrán requerir la actuación de las Fuerzas armadas". En las ruedas de prensa del gobierno sobre el COVID-19 suele estar el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, el General Miguel Villarroya.

El papel de las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad del Estado está siendo tan relevante en estos momentos y los discursos aludiendo a la "guerra contra el Coronavirus" son tan frecuentes, no solo en España, que cuesta creer que se trate sólo de una medida temporal y de una metáfora para describir la emergencia sanitaria. En la revista infodefensa.com se señalaba en titulares que "La respuesta militar en España ante el COVID-19 despierta el interés de Europa" [8]. Nótese que no despierta el interés nuestra respuesta sanitaria ni la solidaridad de la población ni siquiera la respuesta del gobierno sino la del ejército. Y es que, nuestra larga experiencia totalitaria, va desde la eficacia con la que se ha disciplinado a las clases trabajadoras mediante sus sindicatos de masas hasta el control y gestión de la emigración con vallas, Centros de Internamiento, devoluciones en caliente y disparos de pelotas de goma, o la actuación de la Guardia Civil.

Casualidad o no, el mismo periódico señalaba poco antes que Bolivia había desplegado 47.000 militares ante la emergencia sanitaria.

Agentes de la Policía Nacional realizan un control de tráfico con motivo del confinamiento decretado por el Estado de Alerta en la carretera de Valldemossa de Palma de Mallorca este lunes. En vídeo, declaraciones del
general de brigada de la Guardia Civil, José Manuel Santiago.

(FOTO: EFE | VÍDEO: EP Fuente: 
https://elpais.com/espana/2020-03-30/multas-penas-de-prision-y-encarcelamientos-preventivos-por-saltarse-la-cuarentena.html)

Detención en Almería el pasado sábado de un ciclista por incumplir
las medidas de confinamiento del estado de alarma. Carlos Barba / EFE
(Fuente: https://elpais.com/espana/2020-03-19/primeras-condenas-por-saltarse-el-confinamiento-del-estado-de-alarma.html?rel=mas)

La revista El salto, una revista de izquierdas, en un artículo de análisis jurídico sobre las detenciones bajo el paraguas del Decreto, se hacía eco del "trato poco correcto por parte de algunos agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado"[9], no sin antes alabar las medidas del gobierno para proteger la salud individual y colectiva de los ciudadanos.

El tratamiento benévolo hacia los cuerpos de seguridad del Estado, y subrayo "Estado", es generalizado entre los medios de comunicación masiva, y la campaña de propaganda ha sido tal que se ha conseguido extender los aplausos al personal sanitario de las 8 de la tarde, hacia los cuerpos de seguridad. Hecho al que se ha añadido un nuevo despliegue de banderas españolas en los balcones y el himno nacional, incluso pendones negros y crucifijos, todos ellos, exhibidos de esa forma, recrean la tradición franquista.

Foto de la autora, tomada el 4 de abril de 2020

Finalmente, pareciera que el objetivo de los estados de excepción que se despliegan hoy a lo largo y ancho del planeta tuvieran como único objetivo preservar la necesidad histórica de la economía y no de la salud, es decir, del capitalismo, de continuar con la apropiación de valor y por tanto aumentar el nivel de la explotación conjurando cualquier atisbo de rebelión y/o revuelta. Esto es así porque las medidas más claras y evidentes que están tomando todos los Estados y los organismos internacionales para “gestionar la crisis” se dirigen a salvar la economía no a la gente. Y las medidas que dicen ser para ayudar a la gente también son económicas, asistenciales y temporales (ingreso mínimo vital para la población vulnerable)[10]

Pero como ya planteó Marx en 1842 en su famoso artículo sobre el robo de la leña, denunciando una ley de la Dieta que prohibía a los trabajadores recolectar las ramas secas caídas de los árboles para calentarse, si la gente no ve delito donde no hay ninguno se conseguirá que el propio delito se transforme en un hecho justo: "si el pueblo ve la pena y no ve delito, y puesto que ve la pena donde no hay delito no verá ningún delito donde haya una pena"[11]. Las leyes de las democracias que devengan estados de excepción encubiertos no se percibirán como justas, una vez finalizado el tiempo del COVID-19, y por tanto las penas que se impongan tampoco serán vistas como justas.

Quédate en casa haciendo teletrabajo, quédate en casa educándote con la escuela y la universidad virtuales, quédate en casa para recibir las ayudas de emergencia, no te manifiestes, no te concentres, no te reúnas, mantén una distancia social… o de lo contrario serás sancionado o serás delatado por tus vecinos. El estado de excepción ya está funcionando como un dispositivo de control naturalizado en un país con escasa o nula tradición democrática. Pero también se da la circunstancia de que, de forma desigual según las zonas, hay gentes en esta francocracia que no se han acostumbrado a ver delito en lo que consideran justo.

La única garantía que tiene este gobierno, cualquier gobierno, tras el COVID-19 para mantener el orden y la distancia social, será la prolongación de lo que vengo llamando la francocracia española. Esto es, unas instituciones y una población, predispuestas al totalitarismo, que durante los últimos años han ido creciendo al calor del consentimiento tanto de la izquierda como de la derecha política ante el temor de la revuelta social, ya sea nacionalista, laboral, o simplemente humanitaria.

Notas:
1. En 15 de enero Mauricio Claver Carone, Director Senior del Consejo Nacional de Seguridad para Asuntos del Hemisferio Occidental de EEUU, visitó Bolivia para transmitir el respaldo de la administración Trump al gobierno de Añez.(https://cnnespanol.cnn.com/2020/01/15/alerta-bolivia-funcionario-de-trump-visito-bolivia-y-transmitio-respaldo-de-ee-uu-a-gobierno-interino-de-jeanine-anez/)
2. Son evidencias muy significativas la cantidad de entrevistas que se hicieron en los medios como la BBC a la autroplocamada presidenta (https://www.youtube.com/watch?v=aI0x5b8nOcc)
3. G. Agamben, Estado de excepción. Homo sacer, I,II, pág. 41
4. Constitución Española, Título V, artículo 116 “De las relaciones entre el gobierno y las Cortes generales”. La Constitución deja el desarrollo de este artículo a la ley orgánica que entró en vigor el 6 de junio de 1981, https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1981-12774
5. Declaración del Relator Especial de Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los Derechos Humanos,Philip Alston,sobre la conclusión de su visita oficial a España, 27 de enero-7 de febrero de 2020 https://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=25524&LangID=S
6. Ibídem, pág. 46
7. Real decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2020-3692
8. Foto: https://www.infodefensa.com/es/2020/03/20/noticia-respuesta-militar-espana-covid19-despierte-interes-entre-paises.html.
9. Se trata de una revista de izquierdas. El salto, Multas y detenciones en tiempos de coronavirus: una mirada jurídica”, https://www.elsaltodiario.com/conquista-derecho/multas-detenciones-coronavirus
10. La Vanguardia, “El gobierno acelerará una renta mínima de emergencia ante la pandemia”, 16/4/2020, https://www.lavanguardia.com/economia/20200415/48545657354/gobierno-acelerara-renta-minima-emergencia-pandemia.html
11. K. Marx, Artículos de la Gaceta Renana, 1842-43, pág. 208 

11 junio, 2017

ALGUNAS PREGUNTAS INCÓMODAS SOBRE EL TERRORISMO


EE.UU. VENDE ARMAS A ARABIA SAUDITA POR VALOR DE 150 MIL MILLONES DE DÓLARES

Ante las continuas matanzas de seres humanos perpetradas en los últimos años mediante atentados en Asia, África, Norteamérica y Europa, cabe empezar a hacerse en público algunas preguntas sencillas pero fundamentales.
¿Saben nuestras sociedades, por ejemplo, que Los Hermanos Musulmanes se crearon a instancias del imperio británico para asegurar su dominio en Egipto y en Asia occidental (eso que ellos llamaron “Oriente Próximo”)?
Dividían y enfrentaban de esa manera los proyectos soberanistas, seculares y de izquierdas que se habían alzado contra su dominación.
¿Alguien ha informado a nuestra gente por acaso que Al-Qaeda fue creada a final de los años 70 por EE.UU. para derrocar al legítimo gobierno afgano?
Ese gobierno había desarrollado una política económica de inclusión de las distintas capas populares, un amplio programa de alfabetización e incluso una incipiente reforma agraria.
Había conseguido que miles de mujeres fueran a la Universidad y que desempeñaran funciones y cargos públicos. Los talibanes de EE.UU. acabaron con todo eso.
La desolación de la situación social hoy en Afganistán nos la muestran parcialmente nuestros telediarios. Del infierno que están viviendo las mujeres, sólo una pequeña parte.
¿Saben nuestras sociedades que ISIS es también una creación de las principales dictaduras de Asia Occidental, Arabia Saudita y Qatar entre otras, grandes aliadas de “Occidente”, bajo el encargo o la delegación de EE.UU. y Gran Bretaña, y apoyada logísticamente por Israel y Turquía?
Precisamente en estos momentos esas dictaduras feudales se pegan entre sí por el control de la región y en función de si siguen la vieja política terrorista (como quieren Gran Bretaña y Qatar), o si van a cambiar las cosas en función de lo que la nueva Casa Blanca decreta (Arabia Saudita ha recibido miles de millones de ayuda militar estadounidense a cambio de que ahora deje de financiar a ISIS, pues ya no es un peón deseable para los grupos de poder que subieron a Trump al poder).
¿Es consciente la ciudadanía española de lo que significa que el rey de España hubiera ido antes a Arabia Saudita a vender armas al país que está detrás de la mayor parte del terrorismo internacional y que además ha invadido Yemen, destruyendo sus hospitales, sus fuentes de alimentación y agua potable, generando allí una situación de emergencia por cólera y hambre?
¿Saben nuestras indefensas sociedades que Francia, Gran Bretaña y EE.UU. han apoyado militarmente a ISIS y/o a grupos afines (a los que coordina la OTAN), como Al-Nusra, en su guerra contra el pueblo sirio, y que el ejército español muy probablemente haya facilitado asesoramiento militar a grupos que mantienen vínculos con esas organizaciones terroristas y que aquél llama “oposición moderada”?
¿Saben nuestras buenas gentes que el gobierno español (y en primera línea algún militar que hoy va de alternativo) colaboró en el bombardeo de Libia, y que el genocidio de su pueblo no se ha detenido desde entonces, y que quienes mandan hoy en el país son facciones de las grandes organizaciones terroristas?
Sucursales del fascismo modalidad asiática que fueron puestas por los países europeos y su jefe, EE.UU., con la señora Clinton como adalid de la guerra (hasta Trump en la campaña electoral la llamó “jefa de los terroristas”. Ninguna tontería).
¿Sabe nuestra población que EE.UU. ha bombardeado en abril pasado una base militar del único país y el único pueblo que le está haciendo frente al fascismo asiático (Isis, Al-Qaeda, etc.) en su territorio, en los numerosos campos de batalla abiertos en él? ¿Y que además ese bombardeo fue apoyado sin pestañear por nuestros gobiernos?
¿Saben ustedes que el gobierno español envía militares a la frontera rusa de Letonia, “para frenar el expansionismo ruso”, acosando al país que gracias a su ayuda a Siria ha impedido que las banderas de Isis ondeen también en Damasco? ¿Se imaginan cómo nos sentiríamos aquí si Rusia estuviera concentrando tropas en los Pirineos?
Entonces, ¿no les parece todo esto muy extraño? ¿Cómo se puede “luchar contra el terrorismo” y a la vez atacar a quienes lo combaten directamente?
¿Cómo se puede combatirle y al tiempo financiarle o apoyar a quienes lo financian? ¿Se defiende así a nuestras sociedades? ¿Se lo pueden ustedes explicar?
¿Saben que allá donde hay recursos energéticos o riquezas minerales, o posiciones geoestratégicas, aparecen milagrosamente franquicias o sucursales de unas u otras de estas organizaciones terroristas: Al Qaida en el Magreb Islámico (Mali), Boko Haram (Nigeria), Ejército de Resistencia del Señor (República Centroafricana y Sudán del Sur), Al-Shabab (Somalia), Al-Qaida en la Península Arábiga (Yemen), Abu Sayyab (Filipinas)…?
¿Sabe nuestra desinformada población que (al igual que la actual desestabilización de Filipinas), las invasiones de Afganistán, Iraq, Siria y la perenne amenaza a Irán, así como el golpe fascista de Ucrania, intentan entre otros objetivos torpedear la “Nueva Ruta de la Seda” que quiere trazar China con el apoyo de Rusia?
En lugar de construir redes comerciales y productivas, se trata con ello de dejar territorios devastados. Como se devastó Yugoslavia. Como se está intentando hoy por todos los medios reventar Venezuela.
¿Saben nuestras sociedades que los miles y miles de refugiados que pugnan por llegar a Europa lo hacen por escapar del horror que nuestros ejércitos y gobiernos han creado en sus países, el caos y la muerte que hemos llevado a sus casas?
¿Sabemos que la GUERRA, además de instrumento geoestratégico y medio para la apropiación de los últimos recursos vitales, es un arma económica de primer orden en estos momentos, para prolongar o preservar ganancias, para estirar rentas sobre materias, fuentes o ventajas comparativas, para reconstruir después de ella, para intentar desesperadamente frenar en suma el derrumbe económico destruyendo capacidad instalada, capital obsoleto, etc.?
¿Saben nuestras sociedades que alguien está moviendo muy oscuras y peligrosas fichas en el tablero mundial de la muerte, cuyas consecuencias son hacernos saltar por los aires, y que además utiliza la nueva modalidad de fascismo (del siglo XXI) para generar pánico social y aceptación de cuanta represión, vigilancia y control nos venga encima?
Las calles de cada vez más países europeos están ya militarizadas. “Estados de excepción”, “estados de exclusión” y “estados de asedio” nos acompañan y acompañarán cada vez más en el planeta.
¿Alguien podría unir explicativamente y dar respuesta convincente a todas estas preguntas? 
¿Están interesadas nuestras señorías y nuestros medios en saber, y en decir, algo de la verdad?
Andrés Piqueras - Universitat Jaume I 

https://tenacarlos.wordpress.com/2017/06/11/algunas-preguntas-incomodas-sobre-el-terrorismo/
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03 enero, 2017

Estado de excepción


Citas extraídas del libro Estado de excepción, de Giorgio Agamben.


“…si las medidas excepcionales son el fruto de los períodos de crisis política y, en tanto tales, están comprendidas en el terreno político y no en el terreno jurídicoconstitucional (De Martino, 1973, p. 320), ellas se encuentran en la paradójica situación de ser medidas jurídicas que no pueden ser comprendidas en el plano del derecho, y el estado de excepción se presenta como la forma legal de aquello que no puede tener forma legal”.




“Es esta tierra de nadie entre el derecho público y el hecho político, y entre el orden jurídico y la vida, aquello que la presente investigación se propone indagar. Sólo sí el velo que cubre esta zona incierta es removido podremos comenzar a comprender lo que se pone en juego en la diferencia -o en la supuesta diferencia- entre lo político y lo jurídico y entre el derecho y lo viviente. Y quizá solamente entonces será posible responder a la pregunta que no cesa de resonar en la historia política de Occidente: ¿qué significa actuar políticamente?”





“Entre los elementos que hacen difícil una definición del estado de excepción está ciertamente la estrecha relación que éste mantiene con la guerra civil, la insurrección y la resistencia. En la medida en que la guerra civil es lo opuesto del estado normal, ella se sitúa en una zona de indecidibilidad respecto del estado de excepción, que es la respuesta inmediata del poder estatal a los conflictos internos más extremos. En el curso del siglo XX, se ha podido asistir así a un fenómeno paradójico, que ha sido eficazmente definido como una "guerra civil legal" (Schnur, 1983). Tómese el caso del Estado nazi. No bien Hitler toma el poder (o, como se debería decir acaso más exactamente, no bien el poder le es entregado), proclama el 28 de febrero el Decreto para la protección del pueblo y del Estado, que suspende los artículos de la Constitución de Weimar concernientes a las libertades personales. El decreto no fue nunca revocado, de modo que todo el Tercer Reich puede ser considerado, desde el punto de vista jurídico, como un estado de excepción que duró doce años. 



El totalitarismo moderno puede ser definido, en este sentido, como la instauración, a través del estado de excepción, de una guerra civil legal, que permite la eliminación física no sólo de los adversarios políticos sino de categorías enteras de ciudadanos que por cualquier razón resultan no integrables en el sistema político. Desde entonces, la creación voluntaria de un estado de emergencia permanente (aunque eventualmente no declarado en sentido técnico) devino una de las prácticas esenciales de los Estados contemporáneos, aun de aquellos así llamados democráticos. Frente a la imparable progresión de eso que ha sido definido como una "guerra civil mundial", el estado de excepción tiende cada vez más a presentarse como el paradigma de gobierno dominante en la política contemporánea. Esta dislocación de una medida provisoria y excepcional que se vuelve técnica de gobierno amenaza con transformar radicalmente –y de hecho ya ha transformado de modo sensible– la estructura y el sentido de la distinción tradicional de las formas de constitución. El estado de excepción se presenta más bien desde esta perspectiva como un umbral de indeterminación entre democracia y absolutismo”.