Resumen de la entrevista realizada por Ángeles Maestro a André Fadda (sindicalista CGT francesa) para la Coordinación de Núcleos Comunistas.
Resumen de la entrevista realizada por Ángeles Maestro a André Fadda (sindicalista CGT francesa) para la Coordinación de Núcleos Comunistas.
Observatorio de la crisis – obsadmin – 29/03/2023
La clase obrera ha tomado la batuta. Sabía lo que había que hacer y dirigió la acción: bloqueó zonas industriales, puertos, centrales nucleares, el transporte público y de mercancías, aeropuertos, la recogida e incineración de basuras, paralizó de la enseñanza, bloqueó autopistas dejando los peajes gratuitos y colocó barricadas en puntos estratégicos de las ciudades… *
¡Que os jodan!
¡Esclavos del capital!
¡Siervos de la OTAN!
La clase obrera francesa nos da, de nuevo, una gran lección de lucha de clases; y para empezar, nos muestra qué es una huelga general.
Nada que ver con los patéticos simulacros de huelga convocados por nuestras grandes centrales sindicales españolas, que no han servido más que para profundizar el sentimiento de impotencia ante el único resultado cierto: el descuento en el salario de la jornada no trabajada.
La huelga general y las movilizaciones populares, ante un ataque general contra la clase trabajadora, no tienen un final previsto; se lucha hasta la victoria o hasta que se agotan las fuerzas.
Tras dos meses de movilizaciones contra el aumento de la edad de jubilación de 62 a 64 años (¡aquí vamos por los 67 y, visto el éxito, el Ministro Escrivá prepara la privatización de la atención primaria!), su imposición por Decreto, aplicando la legislación de excepción prevista en el artículo 49.3 de la Constitución francesa, no ha hecho sino echar más leña al fuego.
La clase obrera ha tomado la batuta. Sabía lo que había que hacer y dirigió la acción: bloqueo de zonas industriales, de puertos, centrales nucleares, del transporte público y de mercancías, de aeropuertos –con la incorporación a la huelga de los controladores–, de la recogida e incineración de basuras, paralización de la enseñanza, bloqueo de autopistas dejando los peajes gratuitos, barricadas en puntos estratégicos de las ciudades…
Luchan los trabajadores de cada sector junto a todos los demás sectores. Así, si bien la descarga de barcos la impiden los estibadores, también se suman a esos piquetes, los metalúrgicos, los del sector eléctrico, los estudiantes, incluso los maestros, etc., Los agricultores llevan sus productos a los que ocupan las fábricas. Y cuando tras duros enfrentamientos con los antidisturbios, que no pocas veces dejan más heridos entre ellos que entre los trabajadores, como en Saint Nazaire[1], y el piquete es desalojado, la lucha se traslada a otro frente; por ejemplo, a derribar el pórtico del puente sobre el Loira, impidiendo así el paso de camiones cisterna por carretera.
El poder obrero se muestra también de otras formas. Los trabajadores de la energía, mediante operaciones clandestinas, cortan la electricidad a las sedes del partido de Macron, a domicilios de sus diputados y de grandes empresarios, a grandes multinacionales y en especial a firmas de data center, a radares de carreteras y otros instrumentos de control. Por el contrario, se provee de electricidad gratuita a hospitales, escuelas, residencias de mayores, barrios obreros donde se concentran los sectores más precarizados…etc.
Y la lucha continúa jusqu´ au bout (hasta el final). Y no son palabras. Recientemdente, y retomando una de las reglas sagradas de la AIT, se han puesto en marcha cajas de resistencia que en pocos días han recogido más de tres millones de euros[2].
La represión, por supuesto, es durísima. Hay heridos y cientos de personas detenidas cada día. La brutalidad policial ha sido tan grande que hasta el Consejo de Europa ha abierto una investigación. Un trabajador de 30 años se debate entre la vida y la muerte tras estallarle en la cabeza una granada explosiva, mientras la prefectura impidió durante horas que recibiera atención sanitaria. Pero eso solo añade más razones al combate.
El objetivo es Macron, pero no sólo él. Se extiende la conciencia de que es una marioneta de la UE y de la gran burguesía. Se habla cada vez más de crisis de régimen y de retomar el Programa del Consejo de la Resistencia de 1945[3], organismo creado en 1943 que coordinó y dirigió la resistencia contra el fascismo. Este Programa propuso la nacionalización de todos los sectores estratégicos y de él surgió la Seguridad Social, con el sistema de pensiones actualmente vigente.
Así mismo, se cuestiona el gasto militar, se propone la salida de la OTAN y la UE, se vinculan las sanciones a Rusia con la carestía de la vida…, llegando a quemar banderas de Ucrania.
Quienes protagonizaron la primera revolución obrera de la historia, La Comuna de 1871, las trabajadoras, las tejedoras de Lyon que ya en 1870 redactaron el primer manifiesto de la historia llamando a los jóvenes a desertar de la guerra franco-prusiana, o el pueblo que vengó con la guillotina los crímenes de siglos de monarquía, nos demuestran qué es una huelga general.
Que no es solo dejar de trabajar. Es, a partir de ahí, mostrar y sobre todo tomar conciencia del poder obrero, de ese milagro cotidiano que sale cada día de las manos de las trabajadoras y los trabajadores para reproducir la vida, y por lo tanto, de prescindir de esa clase parásita que arruina al país y nuestras vidas. Es sacar el genio de la botella…
Es esa clase obrera que superó los límites de las organizaciones sindicales vistiendo con chalecos amarillos el inmenso y diverso proletariado. La misma que fue capaz de tumbar la decisión de la cúpula de su principal sindicato, que pretendía que la votación de la Constitución Europea no concernía a la clase obrera, obligando a la CGT a pedir activamente el NO que salió victorioso. Esa clase reanuda el hilo rojo de la historia.
Su poderosa lucha está barriendo como un vendaval furioso todos los ríos de tinta vertidos desde los plumíferos del poder de toda laya o de quienes se instalan en la derrota, proclamando la desaparición de la clase obrera, la ruptura generacional o de género, las diferencias insalvables entre la clase obrera autóctona e inmigrante o la imposibilidad de luchar contra la todopoderosa represión del Estado en los países centrales del imperialismo.
La clase obrera francesa, ocupando el centro neurálgico de la lucha y demostrando su capacidad de incorporar a otros sectores populares, ha prendido una importantísima mecha en el polvorín de un capitalismo agónico que no ofrece a la inmensa mayoría, y sobre todo a la juventud, más que miseria, guerra y barbarie.
La clase obrera de los pueblos de Europa tiene ya un camino abierto y un precioso ejemplo a seguir que debemos difundir como un tesoro. Es preciso que lo que con tanto ahínco ocultan o tergiversan los medios de comunicación, sea desvelado, discutido y analizado en asambleas en los centros de trabajo, en los sindicatos, en los barrios obreros, en la universidad…
Es necesario comparar lo que pasa en Francia, con lo que ha sucedido y sucede aquí: con todas las reformas laborales y las de las pensiones, con los recortes y privatizaciones de los servicios públicos, con la carestía de la vida, con los gastos militares impuestos por la OTAN, con los planes de destrucción masiva de puestos de trabajo…Y sobre todo, preguntarnos por qué la reacción aquí ha sido tan débil o prácticamente inexistente, y qué relación tiene con la pérdida de la independencia de clase.
El tiempo apremia y no debemos desaprovechar este ejemplo luminoso. Debemos sacudirnos la impotencia y el sentimiento de derrota y reforzar la organización obrera desde la base. No pasará mucho tiempo sin que se intenten aquí nuevos ataques. Y no es muy exagerado decir que en la fuerza con la que respondamos nos va la vida.
Ciento cincuenta y dos años después, el rescoldo de la Comuna de París sigue latiendo. Marx terminaba así su palpitante homenaje y su lapidaria condena a los agoreros del fin de la historia, en “La guerra civil en Francia”:
El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera. Y a sus exterminadores la historia los ha clavado ya en una picota eterna, de la que no lograrán redimirlos todas las preces de su clerigalla.
* Coordinación de núcleos comunistas
Notas
[1] https://www.youtube.com/watch?v=KA9iEeVnwqM
[2] Aquí se pueden hacer los ingresos a la caja de resistencia: https://www.cgt.fr/actualites/france/retraite/mobilisation-solidarite/caisse-de-solidarite-avec-les-grevistes
[3] https://fr.wikipedia.org/wiki/Programme_du_Conseil_national_de_l
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Nathan Erderof, Left Voice – 25/03/2023
Traducción del inglés: Arrezafe
A pesar de las amenazas de arresto.
A medida que continúan las huelgas del sector energético, Francia se enfrenta a una escasez de queroseno que está creando una situación límite en los aeropuertos del país. Con las ganancias capitalistas en juego, el gobierno ha intentado obligar a los trabajadores de la refinería de Normandía a volver al trabajo mediante un arma legal contra las huelgas llamada 'requisiciones'. En su primera victoria, los trabajadores de la refinería obligaron a la policía a retirarse en una increíble demostración de solidaridad.
En plena huelga energética, la escasez de combustible que afecta a las regiones sur y oeste del país está creando una situación desesperada en los aeropuertos. El miércoles por la noche, el gobierno francés decidió intervenir en la refinería más grande de Francia, Total Normandy. Bajo amenazas de prisión y multas excesivas, el estado intentó forzar a los huelguistas de vuelta al trabajo para que suministraran queroseno a los aeropuertos.
Ante la ofensiva gubernamental, el miércoles por la noche, los trabajadores de CGT Total Normandy convocaron a todos los sindicalistas de Le Havre a una manifestación frente a la refinería. Más de trescientos huelguistas de todas las zonas industriales de la región (estibadores, trabajadores portuarios, SNCF, Chevron y otros), así como estudiantes, permanecieron de guardia toda la noche a fin de evitar que los trabajadores requeridos por el gobierno regresaran al tajo y para evitar la presencia de la policía.
🔴RÉQUISITIONS A LA RAFFINERIE DE NORMANDIE : plus de 200 grévistes (SNCF, CIM, dockers, portuaires, Yara, Chevron et autres) sont rassemblés devant la raffinerie pour résister aux réquisitions #Greve23Mars #greve22mars #GreveGenerale pic.twitter.com/aItORABvLd
— Révolution Permanente (@RevPermanente) March 22, 2023
“Estos requerimientos gubernamentales están a punto de fracasar. El reto para ellos hoy es recuperar los 73.000 m3 de queroseno que tenemos en nuestros tanques. Los aeropuertos de París son un espectáculo de mierda: solo les quedan dos días de queroseno puro almacenado. Han entrado en modo reserva. Cancelaron el 30 por ciento de los vuelos. Están pidiendo a los camiones medianos que doblen los turnos. Se encuentran en una situación crítica”, dijo Alexis Antonioli, secretario general de CGT Total Normandía desde la refinería el miércoles por la noche.
“No deberíamos hacernos ilusiones”, continuó. “El gobierno hará cualquier cosa para romper la huelga. Harán lo que sea para obtener queroseno, ya sea de nosotros, del CIM o de Exxon. Van a intentar recuperar todo el queroseno almacenado. Han entrado en pánico: las huelgas continúan, la movilización se fortalece y la iniciativa entre los jóvenes está creciendo”.
La demostración de solidaridad con los trabajadores permitió a los sindicatos desbaratar las maniobras de la gerencia, que intentó requisar a los trabajadores que acababan de regresar al piquete sin avisarles con anticipación. Para evitar esto, los huelguistas decidieron interrumpir los cambios de turno.
Antonioli anunció: “Si quieren que volvamos, tienen que retirar los requerimientos. Supervisaremos las instalaciones, pero eso será todo lo que hagamos. No entregaremos ningún producto. Ante estos ataques por parte del gobierno, estamos adoptando una actitud más dura y nos negaremos a realizar cambios de turno”.
Al mismo tiempo, los trabajadores de una planta petroquímica ubicada frente a la plataforma votaron a favor de cerrar dos unidades de las instalaciones y solicitaron el cierre de otras.
La dirección trató de negociar con los huelguistas el miércoles por la noche, proponiendo levantar las requisas si accedían a poner fin a la huelga, pero los trabajadores se negaron rotundamente. Tras casi 24 horas en el piquete, después de la manifestación en Le Havre, los trabajadores convocaron una concentración para continuar organizándose solidariamente.
En el piquete del jueves, Alexis Antonioli explicó: “No hemos tenido intervenciones policiales ni requisas porque los hemos detenido. Pero si la policía interviene, será similar a lo que sucedió en Fos-sur-Mer. ¡Solo la solidaridad impedirá las requisas!”.
Point sur les réquisitions à la raffinerie de Normandie: "on a toujours pas de réquisitions remises en main propre. S'il devait y avoir une intervention des FDO ce sera comme à Fos-sur-mer, on comptera sur la solidarité entre travailleurs." explique @AlexisAntonioli #greve23mars pic.twitter.com/B6x1q18sb1
— Révolution Permanente (@RevPermanente) March 23, 2023
Frente a los repetidos ataques del gobierno, inmerso de lleno en el autoritarismo, los trabajadores de la refinería de Total Normandy y sus partidarios han tomado las riendas. La dirección sindical debe seguir su ejemplo y posicionarse urgentemente denunciando estas requisas y dando respuestas concretas, poniendo todos los medios posibles para establecer y organizar solidariamente la huelga general.
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Voltairenet.org – 21/03/2023
La crisis que Francia atraviesa hoy no es un episodio más en un país eternamente agitado. Se trata de una profunda crisis de régimen que sólo puede resolverse con el nacimiento de una sociedad nueva. Ahora Francia se verá sumida en una parálisis de varios años, antes de que se inicie una transformación total, una revolución llamada a durar al menos durante una generación.
El presidente francés Emmanuel Macron acaba de destruir deliberadamente su autoridad constitucional.
Gigantescas manifestaciones se suceden en Francia desde hace semanas. A través de todo el país, son numerosos los departamentos donde las gasolineras no tienen combustible y cientos de toneladas de basura se amontonan en el centro de las grandes ciudades.
En París, el presidente Emmanuel Macron ha logrado imponer su inútil reforma del sistema de jubilación, un texto que no resuelve ningún problema pero que crea numerosas injusticias. Por ejemplo, las personas que hayan comenzado a trabajar a los 16 años sólo podrán jubilarse cuando hayan acumulado más años de trabajo que quienes comenzaron a trabajar a los 18 años. Ese texto nunca debería haberse aprobado en un país supuestamente apegado a la igualdad en materia de derecho.
El presidente Emmanuel Macron creó deliberadamente una situación de bloqueo de la que nadie podía salir. A lo largo de un año su gobierno se reunió con los sindicatos, sólo para rechazar todas sus propuestas. Fue testigo pasivo de las grandes manifestaciones que se desarrollan en todo el país, principalmente en las ciudades medianas. Posteriormente, el gobierno de Macron y la NUPES (oposición de izquierda) jugaron con el calendario para que los diputados no pudiesen pronunciarse sobre el texto durante su primera lectura en la Asamblea Nacional. Y, finalmente, durante la segunda lectura, el gobierno impuso el texto recurriendo de forma abusiva a una disposición de la Constitución concebida sólo para asuntos excepcionales.
Para imponer su reforma, el presidente Macron hizo que la primer ministro, Elisabeth Borne, comprometiera la responsabilidad de su gobierno ante la Asamblea Nacional invocando el artículo 49-3 de la Constitución, concebido para ser utilizado únicamente en situaciones de extrema urgencia, que no tienen nada que ver con la adopción de una reforma del régimen de jubilaciones. Es evidente que el presidente Charles De Gaulle y su ministro de Economía y Finanzas Michel Debré nunca habrían recurrido al artículo 49-3 en circunstancias similares.
En definitiva, el gobierno estuvo a sólo 9 votos de verse obligado a dimitir. Automáticamente, el texto de la reforma fue considerado «adoptado», sin haber sido sometido a la aprobación de la Asamblea Nacional.
Pero esta violación de la democracia parlamentaria es sólo la más reciente de una serie de imposiciones que van desde las medidas de represión contra el movimiento de los Chalecos Amarillos hasta el confinamiento de la población sana durante la epidemia de Covid-19, pasando por una serie de ordenanzas y por el uso abusivo de este mismo artículo 49-3 en 11 ocasiones diferentes en sólo año y medio. Es demasiado, incluso para los franceses que en algún momento pudieron creer justificada la limitación de sus libertades.
Ahora, Francia se ve dividida en dos. De un lado está algo menos de un tercio de la población, que todavía logra vivir sin problemas –ese sector espera que el presidente Macron logre que el sistema siga funcionando de manera satisfactoria para ellos. Pero del otro lado tenemos a las otras dos terceras partes de la población, animadas por un sentimiento que ya ni siquiera puede calificarse de “hostilidad” sino de odio. Este cambio en las emociones colectivas es nuevo y también lo es la unidad que suscita.
Desde su punto de vista, el presidente Macron puede considerar que ha ganado ya que su texto legislativo ha sido «adoptado». Pero en la práctica Macron ha perdido, ya que ha logrado reunir contra él a todos los sindicatos y a todos los partidos populares realmente importantes. Sólo lo apoyaron los diputados de su propio partido –ahora rebautizado como Renacimiento, después de haberse llamado La República en Marcha– y algunos miembros del partido ex gaullista, Los Republicanos. El hecho es que de cada 10 franceses, al menos 8 o 9 rechazan el texto impuesto por Macron… y que ahora están profundamente convencidos de que al Poder Ejecutivo no le importan para nada las dificultades que ellos enfrentan cotidianamente.
La República, en el verdadero sentido de dicho término, es un régimen basado en el interés general de todos. Al dividir el país como lo ha hecho, el presidente ha traicionado la República. La Democracia es una forma de institución que da la palabra al pueblo. Y también la ha traicionado. Estamos ahora en una situación de bloqueo y el país se ha hecho ingobernable. En los próximos meses, y probablemente durante los próximos años, será imposible la adopción de decisiones importantes.
Sólo recurriendo al Pueblo será posible salir de esta situación de bloqueo de las instituciones democráticas. La Constitución de la Quinta República prevé varias soluciones. El presidente podría disolver la Asamblea Nacional y convocar elecciones generales… pero su partido sería barrido del mapa. También podría convocar un referéndum… que seguramente perdería. Así que no hará nada y se encerrará en el palacio del Elíseo para festejar su “victoria”.
La reforma del sistema de jubilaciones marca el fracaso del “método” de Macron. El presidente, que había prometido ponerse por encima de las disputas entre la derecha y la izquierda, sólo ha demostrado ser incapaz de satisfacer a ninguna de las dos.
Los comentaristas se preguntan por qué el presidente Macron se metió voluntariamente en este callejón sin salida. ¿Qué objetivos perseguía? No hay respuestas políticas para esas preguntas, quizás sólo una respuesta de naturaleza económica: el presidente Macron quiere favorecer la jubilación por capitalización, saboteando para ello las jubilaciones por repartición. Quizás haya también una respuesta psicológica: el presidente es indiferente a los problemas de los demás y disfruta dándoles sorpresas desagradables –en el momento de su primera elección ya señalé ese extraño comportamiento. Si damos por buena esta hipótesis, debemos saber que Macron no parará hasta haber desacreditado totalmente la Constitución de 1958 y haberse asegurado de ser el último presidente de la Quinta República.
El suicidio político de Emmanuel Macron y su voluntad de ver el país hundirse con él le impiden ver, en todo caso, la verdadera gravedad de la crisis. No es casualidad que los franceses hayan elegido sucesivamente como presidentes un agente de Estados Unidos –Nicolas Sarkozy– que destruyó la independencia de Francia y violó el resultado del referéndum sobre la Constitución Europea imponiendo el mismo texto por vía parlamentaria; un pequeño burgués –Francois Hollande– que convirtió en vaudeville la presidencia de la República; y finalmente un banquero de negocios que ha transformado el palacio del Elíseo en sala de cocktail party para multimillonarios estadounidenses. Al reelegir a Emmanuel Macron, los franceses asumieron –por cuarta vez– la responsabilidad de su propio descenso al infierno. Creían que Francia no necesita una gran personalidad que la dirija con seriedad sino sólo pequeños remiendos.
Pero ahora se ven ante una inflación de 20 a 25% en los alimentos y la energía. Más de la mitad del territorio de Francia carece de médicos y los hospitales están cerrando sus servicios de urgencia. De hecho, todos ven que nada funciona: el nivel escolar se derrumba peligrosamente, la policía no logra mantener el orden, la justicia no tiene posibilidades de actuar antes de 2 años, el ejército no está en condiciones de enfrentar un conflicto de alta intensidad. Los problemas son tantos que nadie sabe por dónde empezar.
Los franceses comienzan a entender que no basta con “remendar” los servicios públicos sino que es necesario modificarlos en función de nuevas realidades, como la informatización de los medios de producción y la globalización de los intercambios. Unos estiman que la crisis comenzó en 2007, cuando el Parlamento francés adoptó un texto que los franceses ya habían rechazado en un referéndum. Para otros, la crisis empezó en 2005, con las revueltas en los barrios periféricos de París… o quizás en 1990, con la participación de Francia en la guerra de Estados Unidos en el Golfo Pérsico. Lo que sí es seguro es que el país no se identifica con esa cosa en la que se ha convertido su clase política y todavía menos con la política que aplica esa gente.
Emmanuel Macron, después de haber logrado que lo eligieran con la promesa de modernizar el país, aparece hoy como el principal obstáculo para su transformación, como el elemento que impide el surgimiento de una sociedad nueva.
En 1789, los franceses supieron tomar la iniciativa, derrocaron la monarquía y crearon la sociedad moderna. Ahora tendrán que tomar nuevamente la historia en sus manos para crear un mundo nuevo. Algunos ya saben que África está liberándose de la dominación que sobre ella ejercieron los gobiernos franceses y que Rusia y China están reorganizando las relaciones internacionales. Pero la mayoría de los franceses tiene muy poca información sobre esos procesos.
Resulta sorprendente ver como la gran mayoría de los franceses busca un nuevo paradigma y al mismo tiempo temen verse arrastrados a una revolución violenta. Esta crisis podría resolverse sin necesidad de eso. Bastaría con que la clase política escuche a los franceses, como lo hizo el rey Luis XVI al principio de la Revolución Francesa.
Pero lo que estamos viendo es un diálogo de sordos. En todas las negociaciones sobre la reforma de las jubilaciones, el gobierno se negó a hacer concesiones y rechazó de plano las propuestas de los sindicatos. Pero, con los diputados, multiplicó las enmiendas convirtiendo así el diálogo con el pueblo en un debate interno de la clase política. Esa actitud cerró todas las puertas a las soluciones pacíficas.
Los franceses ya han podido comprobar que son inútiles los «grandes debates» y otras «convenciones ciudadanas» que tanto agradan al presidente Macron. El presidente los ha convocado, los franceses han participado pero sus sugerencias se han perdido en un laberinto burocrático. Eso significa que ya no será posible recurrir otra vez a tales trucos.
Todo quedará bloqueado durante meses, probablemente por años. El gobierno ya no podrá imponer la adopción de nuevos textos en la Asamblea Nacional y, de todas maneras, sus propios funcionarios dejarán de obedecer. Sólo pondrán los problemas difíciles en la parte baja de la pila de expedientes y mirarán para otro lado. Los franceses ya no podrán protestar sin exponerse a la más dura represión policial –como ya sucedió con los Chalecos Amarillos.
Las elecciones europeas –en 2024– y las elecciones municipales –en 2026– acentuarán el aislamiento del presidente Macron, hasta que se vaya –en 2027. A no ser que él mismo reconozca que su dimisión es lo único que puede desbloquear el país.
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