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12 julio, 2021

CNT: Manifestación en Gijón en apoyo de las sindicalistas condenadas

 


CNT Gijón – 10/07/2021


Más de dos millares de personas se manifiestan en Gijón para pedir la absolución de la CNT y de los 7 sindicalistas condenados por el conflicto con la pastelería La Suiza.


Más de 2.000 personas se manifestaron en Gijón este sábado en respuesta a la condena de 7 sindicalistas a 3 años y medio de prisión cada uno por el conflicto sindical que hubo entre la CNT de Gijón y la pastelería La suiza. Los manifestantes recorrieron las calles de Gijón al grito de "CNT Xixón Absolución" y "Absolución condenados por luchar". En el acto de protesta participaron más de 50 colectivos, entre los que se encontraban partidos políticos, asociaciones vecinales, organizaciones feministas y sindicatos. La marcha, que salió de la Plaza del Humedal finalizó en la Plaza del Parchís con un acto en el que algunas de las personas condenadas explicaron que el conflicto entre la CNT y la pastelería la Suiza se inició por la doble explotación laboral y de género que sufría la trabajadora de dicho comercio. También se dio las gracias por la masiva muestra de apoyo que según las condenadas les hacía "sentir enormemente arropadas".


El sindicato CNT ha recurrido jurídicamente la sentencia y sus abogados afirman que llegarán hasta las instancias más altas para demostrar la inocencia de las sindicalistas imputadas. La organización también destacó que esta jornada demuestra que el conflicto se ha socializado y dio las gracias por las muestras de solidaridad que les han llegado tanto de Asturias como del resto del territorio español e incluso de algunas organizaciones y colectivos internacionales.


Más información en: La Haine


16 enero, 2021

Penas de cárcel y multas por hacer sindicalismo

 

Confederación Nacional del Trabajo (CNT) – 15/01/2021

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● El 18 de enero comienza en Gijón un doble juicio contra la CNT en la que se pide a afiliadas de la CNT penas de cárcel y cantidades económicas muy elevadas por realizar acción sindical

● Desde la central anarcosindicalista se hace un llamamiento a hacer difusión del caso y a solidarizarse con las sindicalistas encausadas


Todo empezó con diferentes irregularidades laborales y un presunto acoso sexual en el trabajo, denuncia archivada en la actualidad. Una trabajadora acudió a comienzos de 2017 al sindicato para comentar lo que le estaba ocurriendo en Pastelerías La Suiza, en Gijón. «Vista la gravedad del tema, se actuó en consecuencia», detalla el sindicato que previamente a reunirse con la empresa solicitó información complementaria que apoyara la versión de la trabajadora, tras lo cual, se reunió con la empresa para tratar el tema, infructuosamente, lo que llevó al inició de una campaña de movilización sindical y se realizaron varias concentraciones de denuncia, «nada que no sea habitual en la acción sindical», declaran las sindicalistas.


Sin embargo, «las agredidas se convirtieron de un día para otro en agresoras, al ser denunciadas por el empresario, en numerosas ocasiones», denuncia la CNT. «Piden casi 600.000 euros al sindicato y penas de cárcel para la trabajadora denunciante y miembros del sindicato, en total a 8 personas», detallan desde la central anarcosindicalista, «unas penas que están fuera de toda lógica».


Detrás de la pretensión que pide años de cárcel por hacer sindicalismo presuntamente podría estar la patronal de hostelería de Gijón, personas de clara orientación conservadora, que «han acusado a la CNT de extorsionar, de ser ETA, y han intentado ilegalizar el sindicato por delito de asociación ilícita». De hecho, han contratado, como abogado para ejercer la acusación particular contra el sindicato, al ex magistrado de la Audiencia Nacional, D. Javier Gómez Bermúdez, «juez estrella y ahora abogado de Jaime Botín», resalta la organización anarcosindicalista.


«Este caso es un paso más en la ilegalización del sindicalismo, ya sea directamente o metiendo a la cárcel a sindicalistas y condenándolos económicamente», denuncia la CNT. Por eso, apelan a la solidaridad de clase y al apoyo fraternal de todas las centrales sindicales, con el fin de intentar parar esta agresión y a difundir lo máximo posible lo que se va a juzgar a partir del lunes 18.

27 octubre, 2017

Comunicado conjunto de CGT, CNT y Solidaridad Obrera sobre la situación en Cataluña



Las organizaciones firmantes, sindicatos de ámbito estatal, compartimos nuestra preocupación por la situación en Catalunya, por la represión que el Estado ha desatado, por la merma de derechos y libertades que esto supone y va a suponer y por el auge de un nacionalismo rancio que está apareciendo de nuevo en gran parte del Estado.
Defendemos la emancipación de todas las personas trabajadoras de Catalunya y del resto del mundo. Tal vez, en este contexto, sea necesario recordar que no entendemos el derecho a la autodeterminación en clave estatista, como proclaman los partidos y organizaciones nacionalistas, sino como el derecho a la autogestión de nuestra clase en un territorio determinado. Así entendida, la autodeterminación pasa más por el control de la producción y el consumo por parte de trabajadores y trabajadoras y por una democracia directa de abajo a arriba, organizada según los principios federalistas, que por el establecimiento de una nueva frontera o la creación de un nuevo Estado. Como internacionalistas, entendemos que la solidaridad entre las personas trabajadoras no debe verse limitada a las fronteras estatales, por lo que nos preocupa poco dónde se dibujen éstas.
Lo que sí nos parece muy preocupante es la reacción que se está viviendo en muchas partes del resto del Estado, con la exaltación de un españolismo rancio, que más recuerda a épocas pasadas, jaleado desde los medios de comunicación y en sintonía con la deriva autoritaria del gobierno, patente tras el encarcelamiento de personas por convocar actos de desobediencia o la aplicación del artículo 155 de la Constitución. No se nos escapa que este brote nacionalista sienta las bases para posteriores recortes de derechos y libertades, contra los que nos debemos prevenir. La bochornosa unidad de las llamadas “fuerzas democráticas” en la justificación de la represión, augura un panorama sombrío para todas las disidencias futuras. Pareciera que el régimen posfranquista que nos gobierna desde hace 40 años, cerrara filas para asegurar su continuidad.
Dicho régimen, que ha existido y existe en Catalunya tanto como en el resto del Estado español, siente que su propia supervivencia está en juego. Cuestionado ampliamente y sumido en una profunda crisis de legitimidad, observa alarmado cómo se le acumulan los frentes abiertos. La amenaza a la integridad territorial del Estado se suma a los escándalos por corrupción, al desprestigio de la monarquía, al cuestionamiento de los rescates y recortes que se han aplicado sobre la población, al descontento por el esclavismo en el puesto de trabajo derivado de las últimas reformas laborales, por el alargamiento de la edad de jubilación y la minoración económica de las pensiones, etc… Las constantes llamadas a defender la constitución se deben entender como toques a rebato para atajar esta verdadera crisis existencial que le asedia. El peligro es que en el proceso se sancionen y se vuelvan norma comportamientos represivos como los que se han visto recientemente en muchas ciudades catalanas. O peores…
Evidentemente, no sabemos en qué sentido se decantarán los acontecimientos. Permaneceremos atentas a lo que ocurra, dispuestas a defender los intereses de las personas trabajadoras de todo el Estado. Nos opondremos con todas nuestras fuerzas a la represión y a la normalización de actitudes ultraderechistas, que ya se percibe. Por supuesto, tampoco nos dejaremos utilizar por las estrategias de los partidos políticos cuyos objetivos nos son ajenos. A la vez, no dejaremos de alentar las movilizaciones de la clase trabajadora cuando ésta decida, por fi que ha llegado el momento de sacudirse el dictado de unas élites políticas y económicas que llevan demasiado tiempo gestionando el control del territorio para servir, en exclusiva, a sus propios intereses.
Como organizaciones sindicales de clase, libertarias y combativas, estaremos a pie de calle, en las movilizaciones, como ya hemos demostrado en muchas ocasiones, contra la represión, los recortes de derechos y libertades y contra la corrupción.
Puede que la crisis de Catalunya sea la puntilla de un modelo de Estado que agoniza. Que este cambio se decante en un sentido u otro dependerá de nuestra capacidad, como clase, de llevar el proceso en la dirección opuesta a la represión y al auge de los nacionalismos. Confiemos en lograr que el resultado final sean más libertades y derechos y no al contrario. Nos jugamos mucho.
¡POR LOS DERECHOS Y LAS LIBERTADES!
¡CONTRA LA REPRESIÓN A LAS CLASES TRABAJADORAS!
CGT – CNT - Solidaridad Obrera



12 octubre, 2016

La ilusión democrática – Isabel Escudero

Fuente: CONTRANATURA


Transcripción de la charla ofrecida por la poeta y profesora Isabel Escudero en el local de la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) de Madrid, el 20 de octubre de 1995. Publicado como epílogo de "Contra el Hombre" (Agustín García Calvo, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 2ª edición, Madrid 1997).


Con este mismo título (ya en el año 1992 y a través de la Revista Archipiélago) pusimos en tela de juicio la constitución misma de la Democracia, su engañosa naturaleza y su condición de traidora del pueblo. De entonces a acá todo tipo de atropellos, horrores y estupideces, como podridos frutos de la Democracia, nos han venido invadiendo la vida pública y privada. Desde hace ya años no hay más que abrir un periódico o encender el televisor para que en cascada –siempre renovada y al mismo tiempo inalterable– se nos caiga encima toda la miseria de este progresado Orden Democrático. Rostros de personajones del Gobierno, o de su Oposición (indistinguibles entre sí), Administradores del Estado o del Dinero (que hoy son los mismos) se nos presentan en la modalidad de delincuentes, de facinerosos, junto a las complementarias figuras del Bueno: el Juez insobornable, el policía honrado, el intrépido periodista, etc. etc. como mascarones de un repetido telefilm servido puntualmente a la hora de las comidas a las familias democráticas. Este marcado signo de "realismo" a base de corruptelas y personalismos, viene a ser la constante de todas las Democracias evolucionadas en las llamadas Sociedades del Bienestar. Chismes y comadreos constantes con apariencias de novedades para entretener a las gentes como si se quisiera decir: "sí, pero estos son los malos, luego están los buenos, los verdaderos demócratas, la auténtica Democracia". Esa es la verdadera función de los corruptos: hacernos mantener la ilusión de una democracia inteligente y honrada, verdaderamente popular, siempre inalcanzable: ideal. No. La Democracia es esto de aquí y ahora: es esta y no otra la Democracia ideal: la auténtica Democracia. De ella y contra ella pues hablamos. No vengan ahora los más creyentes a acallar las críticas en nombre de "los ideales democráticos".


Estos que padecemos son precisamente los ideales democráticos. Y esta Realidad democrática (ideal) se sostiene precisamente por sus crisis. Es su crisis permanente la que la sostiene, igual como las ilusiones de mudabilidad sostienen la Idea medular: la creencia inalterada. La apariencia de cambio en los actores sostiene la fe de que aquello podría ser otra cosa. Como si en vez de cuestionarse la Idea misma (por ejemplo del Matrimonio) uno o una tuviera la fe en que basta con cambiar los contrayentes una y otra vez para que aquello funcione. En el caso del Régimen Demotecnocrático, y su fe en el Hombre, en el individuo personal, las imperfecciones de cada moral particular vienen a crear la ilusión del concepto perfeccionado: el Hombre (y el Humanismo) como sustituto reemplazante de la idea de Dios, sus atributos y poderes, su perfección. El Régimen Tecnodemocrático está sustancialmente sostenido por el átomo de las Masas que no es otro que el Individuo personal, con su voluntad propia, su opinión personal, su libertad personal, etc. Todas esas fantasías tan prestigiosas y que tanto publicitan las Democracias. Se trata de atribuirle al individuo una soberanía de razón y hasta de inocencia olvidando que, precisamente, ese individuo –tal como hoy funciona– es ya una construcción, una fabricación desde Arriba del propio Sistema Tecnodemocrático y sus poderes más operativos: La Información, el Mercado, el Dinero; los Medios llamados de Comunicación (más exactamente Medios de Formación de Masas) operan a través de la formación de individuos, diseñados paradójicamente con un modelo clónico pero con la ilusión personalizadora, al modo como la publicidad dice a todos: "especialistas en ti".


Veamos. Lo que ya entonces denunciábamos –en aquel número de la revista Archipiélago– se ha venido confirmando con creces. La estulticia democrática, la vanidad democrática: su radical vaciedad repleta de caras cambiantes, es hoy la pura realidad cotidiana. Hoy la vida de los ciudadanos no encuentra ya resquicios para librarse de ese impenitente atosigamiento desde Arriba de toda suerte de fechorías y trajines con sus correspondientes salvadores. Hipotecada la vida de las gentes, aplastada con los siniestros, y al mismo tiempo banales, tejemanejes de una clase entretenedora, audiovisual, adornada por una casta que se presenta como "intelectual" y que aspira a no ser menos y así poblar repetidamente hasta la saciedad las tertulias de la pantalla de la caja tonta haciendo el inflado gesto de la "crítica": una crítica conducente únicamente a la recreación de lo mismo con el sostenimiento de opiniones diversas (en el fondo la única), pero lejos de ninguna verdad, y sobre todo ajena al pueblo.

Es precisamente, esa aparente "exigencia de realismo", una de las trampas de la Democracia. Se pretende que se está hablando de algo físico, palpable, popular, cuando bien mirado ya los hechos mismos revelan su carácter ilusorio constitutivamente mentiroso. Por ejemplo la trampa previa consiste en cómo se puede creer que una minoría es la Mayoría (no sólo porque la población votante no deja de ser minoritaria respecto al común de las gentes, sino porque la posterior "representación democrática" siempre es una minoría personalizada cada vez menos representativa de nadie, a no ser de sí mismos, cada vez más impresentables a medida que van entrando en la escena Democrática). Otra operación tramposa consiste en hacer creer que la Mayoría es todos, esa es otra de las claves de la ilusión democrática: el engaño en que se funda; a partir de esas ilusiones engañosas básicas todos los juegos ilusionistas posteriores, el baile de máscaras, los discursos inflados, los dineros escamoteados, no serían sino ilusiones menores con la que se adorna la gran mentira de la representación democrática: la ilusión de representación.


El papel real de los Medios de Comunicación, o de Formación de Masas, sería el de proteger –no sólo con críticas sino precisamente mediante ellas– el poder del Régimen: la constante autorreproducción de estos Medios de amplificación y creación de opiniones juega fundamentalmente con el ilusorio recurso a la libertad individual, a la libertad de "expresión". La "libertad", ese motor que se suponía tradicionalmente como hálito de las revoluciones, se ha elaborado perfectamente como instrumento potenciador del individualismo y, por tanto, es una fórmula de privacidad e interés personal (el mismo "interés" que el de los bancos: el del dinero). El resultado del supuesto ejercicio y suma de esa "libertad" personal es el conformismo generalizado, la obediencia perfecta con el disimulo de la libertad personal. Ejemplo eximio de esta tramposa operación es el automóvil particular (perfecto ejemplo de ciudadano democrático: un coche un voto), que como sabéis propone y faculta ese tipo de ilusoria libertad individual, que bien mirado consiste (véase el ejemplo vivo en un atasco de autopista en fin de semana) en la obediencia extrema: ir al mismo sitio, por el mismo camino, a la misma hora que tu vecino, pero, eso sí, con la ilusión de que uno lo hace por libertad y gusto personal.


Otra trampa a la que recurren las Democracias del Bienestar: cuando se nos presenta a través de los Medios de Formación de Masas otras formas de dominio más primitivas o extemporáneas (por ejemplo con referencias al Tercer Mundo) se está distrayendo y confirmando como "ideal" esta forma del dominio democrático. No hay pues que distraerse con las tiranías de otros mundos, por ejemplo las mujeres del Régimen Demotecnocrático no deberíamos alentar a las mujeres de los Regímenes Monoteístas Subdesarrollados a seguir este modelo nuestro como modelo de liberación. Hay que ser capaces –hay que saber hacerlo– de atacar sus tiranías sin proponerles como alternativas liberadoras estas tiranías nuestras. Hay que desvelar y desilusionar al Mundo no Desarrollado contra éste del Régimen Tecnodemocrático: Modelo (por lo demás) el más perfecto y evolucionado de todos y al que parecen estar condenadas irremisiblemente todos los pueblos y todas las Culturas. No hay que tener miedo de levantarle las vendas a la Democracia para dejar ver sus heridas: la herida del pueblo bajo sus ropajes de bienestar y participación.


No estamos tan desesperados como para aceptar que este modelo que tanto nos duele, que tanto ha contribuido a la demolición del pueblo y sus tradiciones, sea el único modelo fatal de gobierno de los hombres. No es incuestionable la Democracia, ni ésta ni cualquier Democracia. Ese aparente poder que el nombre mismo de Democracia pretende conceder al pueblo es también el que le desactiva y le mata. Ver sino cómo las Democracias han terminado radicalmente con las tradiciones populares, bajo el modelo uniformador del Progreso impuesto desde Arriba, y este modelo uniformador que mata las tradiciones para­dójicamente, alienta los Nacionalismos, la constitución de Estados más o menos disimulados, usando el engaño de los Pueblos, justamente sometiendo lo que hay de común y de razón en ellos: lo que hay de pueblo en los Pueblos.


Se atosiga al pueblo desde los llamados Medios de Comunicación con los nefandos pormenores de lo que por allá Arriba pasa (en el Gobierno y en el Gran Dinero) como si fuera un asunto físico, palpable, popular que de alguna manera atañera al corazón de las gentes. Con esa exigencia de realismo figurativo se entretiene y anestesia a las gentes de abajo y, claro, esa operación tiene su infalible éxito: basta que un ciudadano cualquiera se ponga al tanto de toda esa representación de la estulticia para que automáticamente ya no se pueda desentender de ella, la Información no es inocente. Ya queda marcada la inteligencia y la sensibilidad: se queda ya atrapado por esa estupidez de tener que escoger entre este o aquel personajón en vez de ir directamente a desvelar la vaciedad y ajeneidad misma del mecanismo seducido, el espectador, por el engaño de la ilusión de que él desde acá abajo puede hacer algo, al menos opinar, sobre lo que teóricamente debía pertenecerle, ya que fue él mismo el que con su "libertad personal" votó a futanito o a menganito, a este o a aquel Partido. Se busca desde Arriba la complicidad de los de abajo propiciando una especie de asignación de responsabilidad e ilusión de participación para cerrar este juego engañoso de la representación democrática. Para darle carnalidad con eso que ellos llaman la opinión pública. Pero nos preguntamos cómo todavía hoy día se puede hablar inocentemente de "opinión pública", y de "público".


En primer lugar, a qué se le llama Público ¿a las Masas de Televidentes, puntualmente informados y atrapados en las mil y una sandeces que con celeridad de vértigo se les echa todos los días con la apariencia de que pasa algo? ¿Es eso lo que ellos llaman Público? No, esas son las Masas democráticas constituidas por individuos (átomos de esas Masas) previamente diseñados, fabricados y amamantados día a día desde esa eficaz escuela de los Medios de Formación de Masas. ¿Y a que se llama "opinión"?, no a ningún razonamiento libre y popular sino a la asimilación de esas opciones, de esas alternativas fatales que se proponen desde Arriba y ante las que hay que ejercer la tan prestigiosa y cacareada libertad de elección por lo que se escoge entre la misma basura pero con diferente envoltorio, al modo de como se ejerce la libertad de Hipermercado de una marca u otra (todas las mismas con diferente apariencia). Elija usted entre estas posibilidades, da igual lo que elija pero tiene la obligación de elegir: lo único que no se le permite es que no elija nada: que no compre, que no vote... etc. La infracción democrática es sólo decir No a esa obediencia. Ese mecanismo del Mercado de 1as Sociedades del Bienestar es el mismo mecanismo del manejo de la opinión democrática: elija usted, opine usted entre esas variedades informativas, entre estos tipos del abanico democrático que le presentamos, pero participe, vote y no apague el televisor. Esta ocupación con los entretenimientos de las élites del Estado, del Dinero, de la Justicia, o sea de los regentes de las Democracias, no es inocente; esta ocupación impide de raíz –porque es como un sustituto– cualquier razonamiento libre y desmandado, verdaderamente popular. Hay que elegir. Si Información/no sabiduría. Si opinión/no revolución. No es inocua la Información de Masas. Esa coartada democrática de que basta sacar a la luz las miserias del Estado y el Capital, de hacer "vox populi" los desmanes personales de los gobernantes, para que se desactive el Sistema es mentira.

El Régimen Demotecnocrático vive y se sostiene precisamente por esos desmanes "personalizados"; esas crisis son las que sostienen y vertebran el Sistema. Sin esas patologías, sin todos esos tejemanejes con que ilusoriamente se mantiene en el pueblo la apariencia de cambio, el Sistema Demotecnocrático se vendría abajo. Es la Información desde Arriba, esa continua y acelerada ilusión de movimiento, la que sostiene la fe en el Régimen. La Democracia (en su modalidad Progresada) es necesariamente tecnológica y en su estado ideal: audiovisual.


Y que no se nos diga que un ataque frontal a la Democracia –tal y como aquí proponemos– supone un confinamiento a la dicotomía Democracia o Dictadura. Bien sabemos que esta tradicional oposición funciona, como bien ha funcionado a la inversa en nuestro pasado histórico: el oficio peor de las Dictaduras es hacer luego soportable cualquier tipo de gobierno. Pero la Democracia con su creencia en el cómputo de individuos y su fe en la Mayoría no es "en modo alguno" contraria a las dictaduras: representa tan sólo un desplazamiento, un perfeccionamiento del modelo: se constituye así la Democracia como Dictadura de la Mayoría. Es eso lo que se nos propone e impone, pero nos negamos a aceptar que esta Realidad sea todo lo que hay o pueda haber en el mundo y en el gobierno de los hombres. Hay otros mundos inexplorados, otros caminos por hacer, caminos de esos que el poeta dice que se hacen al andar. Estarán quizá fuera de la Historia. Pero si algo tienen que ver esos caminos no hechos con la anarquía es con la condición de que, fuera lo que fuere anarquía, su primera operación es negativa. Por ejemplo: decir No al sustituto: Democracia no es pueblo. Esta vía negativa no se agota y así no hay que dar nunca por sabido ni contado que es eso del pueblo, sino que ello mismo será pueblo porque se deje hablar con voz libre y razón desmandada: que dé señales allá donde florezca a cada instante, sea en la resistencia callada o en la boca de las gentes.


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29 abril, 2015

¡Hacia la Huelga General!


La situación, lejos de mejorar ha empeorado con un enorme aumento de la represión para mantener la política de saqueo de lo público que la Troika define hipócritamente como “austeridad”.

Ante esta realidad acuciante, que ha de remover las conciencias de todas las personas de buena voluntad y sensibles ante los enormes sufrimientos que las actuales políticas están infligiendo a nuestros pueblos, los distintos sindicatos y colectivos sociales que actualmente integramos el Bloque combativo y de clase, manifestamos que:

►Las organizaciones sindicales deben estar sólo al servicio de los/as trabajadores/as (en activo, parados/as, precarias/os, estudiantes, jubilados/as...), de sus intereses como clase social y actuando al margen de favores económicos y de injerencias políticas ajenas al mundo del trabajo. Su ámbito de lucha y lugar natural de acción está en el plano económico, en los tajos, enfrentándose a la precariedad, al paro, a la pérdida de derechos laborales, oponiéndose al empeoramiento de las condiciones de vida de los/as trabajadores/as.

►Entendiendo que las personas no somos meras productoras-consumidoras, debemos solidarizarnos y confluir en las luchas con los movimientos sociales que defiendan todo aquello que nos es necesario y común como clase: sanidad, educación, servicios sociales, protección del medio ambiente, derecho a la vivienda, al aborto libre y gratuito... y construir así una corriente de apoyo mutuo en la contestación social.

►Los servicios públicos y sociales no son una donación caritativa sino el fruto de lo obtenido a consecuencia de las luchas de los/as trabajadores/as que nos precedieron. Son conquistas de la clase obrera a las que no podemos renunciar. Tenemos que preservar y fortalecer estos derechos y reclamar nuestra participación en su gestión como trabajadores/as y usuarios/as.

►Defendemos el concepto de sindicato como herramienta de lucha colectiva imprescindible contra el capitalismo. Denunciamos y nos oponemos a la actuación y el papel del sindicalismo oficial, y a la falsa representación que se otorgan de todos los/as trabajadores/as. Su propia trayectoria, actuaciones y comportamientos hablan por sí mismos. El descrédito del sindicalismo, la baja sindicación de los/as trabajadores/as y la pérdida de la conciencia de clase es su único logro en más de tres décadas, entre otros motivos a causa de su insultante nivel de corrupción y clientelismo.

►Creemos que es necesario recuperar los valores y el orgullo de pertenecer a la clase obrera. Somos mayoría. Sin nosotros/as nada es posible. Debemos construir y reforzar todas las herramientas encaminadas al reparto equitativo de la riqueza entre todas las personas, exigir respeto y derechos, y organizarnos para oponernos a las agresiones laborales y sociales que está llevando a cabo la clase empresarial y política al unísono para aumentar y defender sus beneficios y privilegios, a costa de nuestros sacrificios y del futuro de las siguientes generaciones.

►La clase trabajadora sufre desahucios mientras es obligada a financiar obras faraónicas, útiles sólo para llenar los bolsillos de políticos, empresarios y banqueros; allá donde les interesa destruyen el tejido productivo y el empleo, y nos encaminan hacia una crisis no sólo económica, sino energética y de recursos.

►Reivindicamos la huelga general como la mayor herramienta de lucha en manos de los trabajadores. Afirmamos su efectividad y vigencia, así como la necesidad de articularla fuera de los viejos parámetros de la fábrica o el taller. Huelga general de la producción sí, pero también de consumo y social, de 48 horas o las que sean necesarias. No queremos otro paro general de 24 horas de cara a la galería que contribuya a provocar más frustración y desmovilización entre los/as trabajadores/as.

►Trabajaremos conjuntamente para intentar construir una huelga real desde abajo, con los/as trabajadores/as, junto a los movimientos sociales. Esa huelga ya ha sido convocada desde las instancias representativas de las Marchas de la Dignidad. Queremos contar con todos aquellos que quieran construirla al margen del sindicalismo oficial.

►Promoveremos una huelga general al margen de pretextos como la presentación de los presupuestos del estado o los calendarios electorales, para evitar injerencias de partidos políticos. Éstos siempre pueden secundar y apoyar la huelga, pero no utilizarla para sus propios intereses.

►Los abusos que sufrimos día a día en los puestos de trabajo, la precariedad, el paro, las reformas laborales, la pérdida de poder adquisitivo y el empeoramiento de las condiciones de vida, junto a la actitud cada vez más despótica y prepotente de la patronal, constituyen por sí solas razones sobradas no para una huelga, sino para unas cuantas.

►El actual nivel de represión por parte del estado hacia los movimientos sociales y sindicales no es más que su respuesta natural en defensa de los privilegios de las clases sociales a las que representa: políticos/as, banqueros/as, empresarios/as... Sólo hay que ver la reciente detención, en Madrid, de 18 activistas contra los desahucios por hacer llegar sus protestas a un pleno municipal, o la condena penal a varios compañeros de la minería de Asturias por defender las condiciones mínimas de seguridad en su trabajo.

►Rechazamos cualquier ley de huelga, porque su único objetivo real es eliminar de facto este derecho, o como poco controlarlo y criminalizarlo para anular la capacidad de impacto de una respuesta obrera a sus ataques económicos y políticos contra los/as trabajadores/as.

►Defendemos los piquetes, el boicot y cualquier mecanismo que utilicen los/as trabajadores/as para defender sus legítimos intereses.

►Denunciamos el falso discurso del derecho al trabajo cuando sólo se utiliza y abandera si existe una convocatoria de huelga, convirtiéndose en papel mojado dicho derecho el resto del tiempo. Derecho al trabajo sí, pero digno, para todos/as, y todos los días. Basta de manipulaciones que fomentan el esquirolaje, el miedo y la división entre la clase trabajadora.

►Entendemos que ningún cambio real es posible sin el concurso y la movilización de la clase obrera. Si se pretende algo más que lavar la cara al régimen, procurando que todo cambie para que nada cambie, la participación de la clase trabajadora es imprescindible. De hecho, constituye la única posibilidad real de quebrar el status quo favorable a las oligarquías, tanto a nivel estatal como europeo. Sin que la clase trabajadora tome la palabra no hay salida a la Europa de la austeridad y a un sistema en manos de oligarquías antisociales.

►Invitamos públicamente a sumarse a todas aquellas organizaciones sindicales y movimientos sociales, trabajadores y trabajadoras y ciudadanos de bien, que compartan los objetivos básicos enumerados en este comunicado . Conscientes de que todos somos necesarios y podemos aportar en este proceso de contestación social y de construcción de una huelga general real.

►Nos movilizamos por dignidad, porque se está demostrando que la lucha es el único camino.
¡No hay cambio sin lucha obrera!

¡Hacia la Huelga general!

BLOQUE COMBATIVO Y DE CLASE: 
Alternativa Sindical de Trabajadores (AST); Baladre; Confederación General del Trabajo (CGT); Confederación Nacional del Trabajo (CNT); Comisiones de Base (CoBas); Coordinadora Sindical de Clase (CSC); Intersindical de Aragón (IA); Sindicato Asambleario de Sanidad (SAS); Sindicato Único de Trabajadores Solidaridad Obrera (SO)

19 diciembre, 2014

CNT contra la Operación Pandora


 17/12/2014

Una vez más el sistema pone en marcha sus mecanismos de represión y manipulación mediática. Las élites económicas y políticas de esta España nuestra tienen una arraigada tradición casi obsesiva de intentar asustar a la sociedad con el “peligro anarquista”. Para ello, siempre se han valido de mentiras, engaños, montajes y falsas etiquetas. Se están empleando a fondo para convertirnos en el “enemigo público número uno”, ese que amenaza la paz social. Aunque realmente somos una amenaza porque cuestionamos sus privilegios y beneficios como clase social dominante y pretendemos erradicarlos por una cuestión de justicia social.

Sin duda, esto es un delito para ellos, y es la verdadera razón para criminalizar, reprimir e intentar aislar las ideas y valores del anarquismo.

Terrorismo organizado e institucional es la Ley Mordaza, la reforma laboral, el paro, los desahucios, la desmantelación y privatización de la sanidad, la educación y servicios públicos en general. Un nuevo intento de justificar la violación de libertades con su recién aprobada ley de seguridad ciudadana y de que miremos hacia otro lado mientras se produce el desfile de políticos corruptos camino a los juzgados.

La criminalización de los movimientos sociales empieza a tener escasa repercusión en una sociedad cansada de la manipulación mediática al servicio de gobiernos e intereses económicos, y empieza a identificar a los verdaderos culpables de la situación.

Basta ya de manipulación mediática.

No a la criminalización de los Movimientos Sociales.

No a la Ley Mordaza.

Secretariado Permanente del Comité Confederal
Confederación Nacional del Trabajo

04 junio, 2014

Pájaros, pajarracos y ángeles: Una geografía de la publicidad.

Antonio Pérez (Antropólogo).
publicado en: Estudios, Revista de Pensamiento Libertario nº3
año 2013 • Periodicidad anual • Edita: Secretaría de Formación y Estudios. S.P. del C.C. (CNT-AIT).


Antes de adentrarnos en las procelosas aguas de la publicidad, debemos acotar el piélago en el que inscribimos el presente ensayo. El primer paso es distinguir entre publicidad, propaganda, imagen y cuantos otros términos encontremos en el campo semántico de la comunicación teniendo en cuenta que intentamos algo tan monstruoso como cartografiar ese mapa del Deseo Permitido cuyo objetivo es fagocitar y/o sustituir hasta en sus últimas esquinas al territorio de todos los Deseos –por tanto, un empeño inabarcable para nuestras fuerzas–. En este ensayo nos concentraremos en la publicidad pero, antes de entrar en su análisis, mayormente descriptivo, debemos delimitar su topos.

Topografía
Distinguir entre publicidad y propaganda es un ejercicio que roza la futilidad delictiva y que sólo puede atribuirse al narcisismo de sus respectivos valedores, publicistas y propagandistas, los primeros supuestamente afincados en lo privado y los segundos en lo público.

Dentro de lo público, la propaganda –palabra prohibida en Occidente– es aún más fácil de definir: propaganda es lo que hace el régimen desafecto, publicidad es lo que hacemos los demócratas. Tampoco tiene mayor enjundia distinguir una de otra arguyendo que la publicidad trabaja las cosas y la propaganda las ideas puesto que, como dirían esos poseídos por l’esprit de finesse tan dados al retruécano, ambas son la cosificación de la idea y/o la idealización de la cosa.

Sin embargo, en estos tiempos de privatización del Estado –ese ente que siempre fue privado pero donde ahora se produce una rotunda concentración de la propiedad privada–, es precisamente donde con más claridad se observa la inutilidad de tan alambicado distingo puesto que es Él quien más recurre y practica la publicidad, aunque en este caso suele llamarse ‘propaganda’.

Pocos años después de mayo 68, se publicó en Francia un libro periodístico que tuvo un éxito justamente efímero: Roger-Gérard Schwartzenberg, L’État spectacle. Essai sur et contre le Star System en politique (París, 1977) Es evidente que este grueso folleto reducía –reconociendo su deuda– la más conocida de las tesis situacionistas (Guy Debord, La sociedad del espectáculo, 1967) a su faceta exclusivamente administrativa. Al subsumir la política en un producto estrella de la publicidad como es el star system, es obvio que se borran las artificiosas fronteras construidas entre publicidad y propaganda.

Ahora bien, observando el peculiar modo de comunicación propio del Estado, nos sorprende el arcaísmo de su publicidad puesto que sus productos/íconos estrella son la bandera, el escudo y el himno nacional/estatal. La bandera y escudo son constructos claramente medievales sólo renovados con el himno que lo es decimonónico.

Para mayor abundamiento en la indiferenciación publicidad/propaganda, señalemos que el Estado también puede entenderse como una empresa privada prioritariamente especializada en el mercado nacional pero con aires de compañía multinacional –sus operaciones mercantiles no se limitan al solar patrio sino que mantiene un sector llamado de ‘relaciones exteriores’–. Es obvio que ésta etiqueta, aséptica como todas las burocráticas, es un eufemismo bajo el que se esconden desde el colonialismo/imperialismo activo en los casos de las ‘potencias’ hasta el mismo régimen pero esta vez dependiente o pasivo, en el caso de los países ‘no potenciales’ o subordinados.

A través de sus iconos para consumo interior y exterior, el Estado como empresa vende y fabrica un producto estrella que ha variado con el tiempo. Hasta hace poco, era el patriotismo, una entelequia semi-rústica –por su énfasis en la posesión del territorio–. Ahora bien, cuando el patriotismo se reveló como una mercancía tan evanescente o ideológica como de dudosa salubridad puesto que su orgasmo solía terminar con fatales intoxicaciones bélicas fue suplantado por la alegoría de la Redistribución. Los creativos publicitarios, vulgo teóricos del Estado, que trabajaron en esa fábula inventaron como eslogan el término ‘Estado del Bienestar’ (Welfare State) pero, en escasas décadas y como es habitual en los eslóganes, ese término se reveló más grande que la mercancía. Ahora, sin que hayan desaparecido totalmente ni el patriotismo ni el re-distribucionismo, ambos se ven sustituido por la Seguridad, burda versión profana del viejísimo y fundacional mito del Paraíso Terrenal.

Diferencias y similitudes entre las publicidades del Estado y de la Iglesia
En cuanto a la publicidad, otro tanto podría decirse de la Iglesia. La Iglesia como empresa vende y fabrica como producto estrella un futurible: la vida eterna, es decir, el Paraíso Celestial –un mito occidental mucho más joven que su homólogo Terrenal puesto que lo celestial tiene menos de cinco siglos–. Pero hay ciertas diferencias estratégicas entre la publicidad/propaganda del Estado y la de la Iglesia: la segunda puede poner un mayor énfasis que el primero en la publicidad personalizada, podríamos decir en el boca a boca, y así salva el abismo entre la fenomenal trascendencia de la mercancía y su consumo individual.

Por el contrario, el Estado no puede recurrir a la publicidad individualizada sino que debe dirigirse siempre a toda la ciudadanía. Huelga añadir que la Iglesia juega con ventaja porque, si el Estado se comunicara directamente con el individuo, eso le recordaría al ciudadano cuán vigilado está mientras que la Iglesia puede hacerlo porque Dios nos conoce uno a uno.

Finalmente, la publicidad/propaganda del Estado está limitada por su temática, necesariamente profana –otra cuestión es que intente elevarla a la categoría sacra–. El Estado sólo puede referirse a entidades materiales –la sempiterna pareja “hospitales-carreteras”–, aunque aproveche la ocasión para deslizar mensajes evanescentes como el progreso de la democracia o simplemente el progreso.

Geografía
Una vez despejado el campo de variantes terminológicas más superfluas, es necesario describir brevemente el pasado y los límites actuales del espacio publicitario, “acotar el piélago”, así como mencionar algunos datos básicos sobre su importancia socio-económica; es decir, sobre su grado de control socio-político.

Algunos libros de texto, sitúan el nacimiento de la publicidad en el siglo XV, precisamente en 1477, cuando Caxton imprimió un anuncio para un libro. Si creemos en tanta exactitud, la publicidad moderna sólo habría nacido 25 años después del hallazgo de Gutenberg. Sin embargo, otros autores son menos detallistas pero más radicales; incluso, Voyer llega a sostener que la Humanidad se fundamenta en lo que él entiende por publicidad o intercambio de todos con todos. Para este hegeliano postsituacionista, el intercambio universal es lo que verdaderamente distingue al Hombre de los animales por lo que la Historia debe ser la Historia de la publicidad. Sin necesidad de elevarnos a estos empíreos, parece razonable colegir que la publicidad nació a la par que la mercancía y que la imprenta lo único que hizo fue posibilitar una nueva modalidad a la que algunos adjetivan como ‘moderna’. Bizantinismos cronológicos aparte, cinco siglos largos después de Gutenberg/Caxton, la publicidad ha encontrado muchos más soportes –y, correlativamente, más tipos de mercancía– en los que manifestarse. Lo que sigue es un recuento aleatorio de su potencia proteica o publi-diversidad. Para ello comenzaremos de la mano de una conocidísima publicación:

Una de las revistas más influyentes en el mundo, el mensual de la National Geographic Society (NGS), informa esporádicamente de los avances publicitarios. Tres de sus notas sueltas nos pueden introducir en la publi-diversidad:
a. En 1993, una empresa gringa intentó –sin éxito– ubicar en una órbita a 350 kms. de la Tierra una valla reflectora de 40 has. rebosante de logos y de anuncios que los terrícolas podríamos contemplar a simple vista. Para paliar el previsible escándalo, la tal pantalla llevaría también instrumentos para medir el entonces fenómeno de moda: el grosor y los agujeros de la capa de ozono (NGS, marzo 1994)
b. En 1998, sicólogos de una universidad británica comprobaron a través de un experimento que duró la enormidad de dos semanas que, si sonaba como música ambiental un acordeón francés, los clientes de un supermercado compraban cinco veces más vino francés que vino alemán. Pero, cuando lo que sonaba era una chundarata de feria alemana, los mismos clientes sólo compraban dos botellas de vino alemán por una de vino francés (NGS, mayo 1998)
c. En una reciente edición española, la NGS recordaba que “En 1957 el publicista estadounidense James Vicary se hizo famoso por haber diseñado un polémico método: proyectar a los 45.699 espectadores que visionaban la película Picnic […] una serie de fotogramas ocultos a una velocidad de 3 milisegundos sin que fueran conscientes de ello. Uno de los fotogramas contenía el mensaje “Coma palomitas”. Aunque el resultado anunciado por Vicary fue asombroso –las ventas habían aumentado más del doble–, con el tiempo reconoció que en realidad el experimento había sido un fraude” (no explica cómo; NGS, marzo 2013)
Comentarios:
a. Lo que fracasó en 1993, triunfa veinte años después: “Ayer se emitió al espacio el primer spot publicitario dirigido a alienígenas, un video de los aperitivos Doritos que llegará a su destino, una estrella de la Osa Mayor, en 2050” (Público, 13.VI.2008) Es decir, los ya suficientemente padecidos etno y euro-centrismo se subliman ahora en el geocentrismo, prejuicio según el cual los habitantes del espacio pueden e incluso tienen la obligación de entender las señales que les envían los terrícolas.
b. Este ejemplo pone de manifiesto la connivencia entre universidad y publicidad con el añadido de que las investigaciones académicas suelen ser menos rigurosas que las emprendidas por las agencias privadas. Probablemente, ninguna de estas últimas hubiera limitado su experimento a sólo dos semanas y, además, hubiera utilizado grupos de contraste. Por lo demás, unas conclusiones obtenidas tan caprichosamente no son sólo un prodigio de irrelevancia sino, peor aún, entran en la categoría de lo que una organización escéptica define como “achievements that cannot or should not be reproduced”. Nos referimos a la Improbable Research, Inc., empresa editora de los Annals of Improbable Research (www.improbable.com) uno de cuyos lemas es “Science is the belief in the ignorance of experts” (“Ciencia es la creencia en la ignorancia de los expertos”). Estos escépticos conceden anualmente unos premios Ig Nobel a aquellas “investigaciones que no pueden y/o no deben ser reproducidas” –pese a sus méritos, el citado experimento de la universidad británica no recibió ninguno–. Sus Anales nos informan con suma perspicacia y prontitud sobre las derivas de una Ciencia siempre proclive al disparate de hacer publicidad de sus autores. Por ejemplo: ¿hasta dónde puede llegar la hiperconectividad cibernética?, pues hasta la publicación de un paper firmado por 2.512 autores, cada uno aportando su respectiva bibliografía (Ver, “Precision Electroweak Measurements on the Z Resonance,” Aleph Collaboration et al., Physics Reports, vol. 427, 2006, pp. 257–454)
c. Este experimento fue uno de los primeros en la entonces naciente técnica de la neuro-publicidad, más conocida como neuromarketing. Sus orígenes se remontarían a principios del siglo XX, cuando los perros de Pavlov descubren a Occidente que existen los reflejos condicionados o cuando la parte del alma que visita el confesionario comienza a llamarse ‘subconsciente’

Con pruebas o sin ellas, se dice que, en octubre de 1919, Lenin visitó a Iván Pavlov para saber en qué manera sus experimentos podrían contribuir a la construcción del “hombre nuevo”. En otras palabras, cómo podría influirse desde el exterior en el subconsciente ruso para que el país se dirigiera automáticamente al bolchevismo y, poco después, al capitalismo de Estado. Por tanto, desde hace un siglo la publicidad utiliza los avances de la Neurología, incluyendo desde la imaginería de la resonancia magnética –aplicada especialmente al cortex prefrontal o zona que recibe la publicidad y al putamen ventral o administrador del placer– hasta los métodos para que, estimulando el núcleo accumbens visto como centro del sentimiento de recompensa, en el consumidor se confundan los sentimientos de identidad personal con las pulsiones sexuales y de compra: “yo soy la mercancía que veo y me recompenso comprándola pues así la poseo sexualmente”. Evidentemente, estamos muy lejos de aquella venturosa “incontrolabilidad de lo erótico” de la que habla Karlheinz Deschner en su Historia sexual del cristianismo (1974)

La neuro-publicidad está arropada por una literatura divulgativa cuya función consiste en ofrecer una imagen científica –es decir, neutral– del lanzamiento de la mercancía –un empeño partidista–. Y nada más científico que la cuantificación; por ello, son las empresas de neuromarketing quienes promueven la especie de que el 2% del cerebro realiza actividad consciente mientras que el 98% restante lo dedica a procesar el in o sub-consciente.

Sus nombres son significativos además de pedantes: Neurosense, NeuroFocus, EmSense, MindLab... Y las empresas que distribuyen sus productos ‘científicos’ o de neuroplanning especializado en brainbranding (herrado cerebral) no se quedan atrás en el nombre/marca de sus herraduras: Brighthouse Institute, Impact Mémoire. En total, hay más de un centenar de empresas de estos dos tipos, casi todas “asociadas” a universidades como, por poner sólo dos ejemplos, el hospital clínico de Ulm (Alemania) y la universidad médica Baylor (Houston, Texas).

Por fortuna, el cerebro no separa radicalmente el consciente del subconsciente –de otra forma no podríamos hablar de ellos–. Además, el consentimiento necesita algún grado de racionalidad explícita, ello sin contar que no todo lo oculto es irracional –en los cerebros dañados decrece ese grado–. Asimismo, debemos añadir que la economía del consumidor impone sus reglas y estas sí son rotundamente cuantificadoras. Y, finalmente, sin necesidad de entrar en polémicas sobre la exactitud de los porcentajes de actividad cerebral obtenidos por vía neurológica, subrayemos que también existen otros métodos, desde los literarios hasta los de puro sentido común popular, para detectar eso que los neuro-comerciantes llaman los “susurros del cerebro”. Que sus hallazgos no disfruten de la honorabilidad que otorgan las cifras no significa que sean menos eficaces.

Esos antiguos métodos ya fueron enumerados en textos clásicos de la publicidad como The Hidden Persuaders (Vance Packard, 1957) y, desde aquella lejana fecha, han seguido publicándose, a veces vulgarizándose en productos que rozan el sector auto-ayuda. Ahora bien, el verdadero peligro para la libertad del ciudadano no viene por unos ni por otros, ni por los electroencefalogramas ni por las entrevistas en profundidad. El control social no se ejerce principalmente a través de los porcentajes de inconsciencia ni de la observación interesada de la comunidad consumidora sino por la inocente Estadística. Veamos:

Al margen de las modernísimas corrientes materialistas-conductistas cobijadas bajo el cuenteo de las sinapsis celulares que tanto han trabajado desde que intercalaron anuncios subliminales en el cine, se está desarrollando una metodología estadística que utiliza tanto la sumisión ciudadana –‘integración’ la llaman otros– como la cibernética para avanzar en un proceso compuesto por dos fases: a) un gigantesco acopio de datos individuales; b) el procesamiento de esos datos con vistas a recomendar la distribución de mercancías más rentable, un objetivo que pretenden alcanzar indicando a sus clientes qué consumidores son los más proclives a la compra de cada mercancía concreta.

Hoy por hoy, la empresa líder en este sector es la gringa Acxiom –6.200 empleados y unos ingresos de 1.150 millones de US$ en el año 2012–. Acxiom ha conseguido fichar a un gentío que oscila entre 500 y 700 millones de personas de cada una de las cuales posee 1.500 datos íntimos que incluyen desde el nivel de ingresos/gastos hasta si usa gafas o lentes de contacto, si colecciona sellos, si pierde o gana peso, etc. Hasta aquí, la violación de la privacidad ciudadana sería relativamente tolerable pues la acción empresarial se dirigiría más bien al perfeccionamiento de la mercancía –la cara menos desagradable de la publicidad–. El problema empieza a agravarse hasta lo absolutamente intolerable cuando observamos que la empresa debe pactar ineludiblemente con el mayor rapiñador de datos ciudadanos que es, además, el organismo más memorioso: el Estado. Es ahí cuando lo que podía parecernos un pajarraco cotilla y chismoso, se transmuta en el Ángel del Mal.

Y es ahora cuando entran en juego datos como la etnia, la opinión política, las amistades, etc., datos que, más antes que después, la empresa debe compartir con las agencias de seguridad estatal. Digamos, pues, que las compañías de este tipo oficialmente publicitario, en realidad trabajan y obtienen beneficios del control social. Es decir, una vez privatizada la guerra, gracias a una publicidad aparentemente inocua, ahora se privatiza la paz. O, dicho más crudamente, abandonada a sus propias fuerzas, la Administración no podría erigirse en un Gran Hermano omnisciente pero, con la ayuda de estos Grandes Hermanos empresariales, está en camino de conseguirlo.

Ese aniquilamiento del réprobo al que llaman ‘guerra’ se privatiza dejándola en manos de mercenarios, como dicen que ocurría en la denostada Edad Media. Acxiom no es ‑todavía– una empresa de asesinos a sueldo puesto que su especialidad es sólo señalar al réprobo; por ello, presume de haber identificado a 11 de los 19 comandos suicidas de los atentados del año 2001 contra EEUU (Torres Gemelas de Nueva York et al, 11.sept.) Acxiom (www.acxiom.com), fue creada en 1969 bajo la marca Demographics. En 2003, tuvo problemillas legales por trabajar con Torch Concepts, una empresa subcontratada por el Ejército gringo, y por ‘dejarse robar’ millones de datos –al final, fue felicitada por las servicios secretos gringos–. En pleno escándalo por el espionaje a amigos y enemigos por parte de la Seguridad gringa (“caso Snowden”, junio 2013), Acxiom alardeó de que ella permitía que sus fichados pudieran acceder a sus datos personales –no quedó claro si gratis o pagando–. Hasta entonces, sólo 16 particulares habían comenzado los trámites para obtener su propio perfil; no se sabe en qué punto están sus respectivos procesos de “auto-información”.

Otras extravagancias
La filosofía
No menos extravagante que la neuro-publicidad es la que, analizando el espectro entre lo micro y lo macro, podríamos definir como su opuesta: la publicidad filosófica. El crecimiento de esta modalidad publicitaria puede observarse a distancia con sólo otear la longitud de sus eslóganes: si antes eran prodigios de laconismo, ahora son graforreicos sin mesura.

Esta clase de publicidad tiene otros nombres menos homologados: pensativa, comunicación emocional, no agresiva, etc. En su evolución, principió mamando de la simpleza abisal de algunos lemas político-militares (“volveré”; McArthur en Filipinas) y de los in-significantes trisagios políticos (el “Já soc aquí” de Tarradellas, el “España va bien” de Aznar) hasta llegar a las larguísimas peroratas hodiernas a las que sólo con la intención más ingenua podemos suponer enraizadas en una mejor información para el consumidor o en las “buenas prácticas” de la marca. Si tuviéramos que elegir uno de sus eslóganes, por su hueca pedantería elegiríamos el utilizado por un banco a principios de los años 2000: “El conocimiento es el impulso que hace que el pensamiento vuele alto”. En lo que atañe al público de sus orígenes, un suelto de la época nos aseguraba que “La publicidad filosófica te gustará si te gusta […] Tagore, el chill out y la música electrónica con sentimiento” (El País de las Tentaciones, 15.XI.2002) Ojalá en la última década se hubiera quedado reducida a estos colectivos pero no ha sido el caso.

Además, también se caracterizan por no guardar ninguna relación con el producto en venta; por lo tanto, son perfectamente intercambiables con cualquier otra mercancía pues lo que se busca no es tanto que el consumidor ubique el señuelo sino al pescador –la marca–.

Como decía Maruja Torres en un premonitorio y sarcástico artículo, los publicitarios dizque filósofos,

“estaban erigiéndose en adelantados heraldos de una nueva faceta del pensamiento hueco: aquella que consiste en definir el fundamento, motivo y finalidad de las cosas banales como si se tratara de una conquista del pensamiento”. (Torres: 10).

Ello en cuanto a la petulancia del eslogan. En lo que se refiere al producto a publicitar, el muestrario es inmenso, casi universal, pues ya hemos dicho que es intercambiable. Dicho sea todo ello sin entrar en el fondo de la cuestión: ¿cómo y por qué se incita al consumo con reclamos tan endebles? Un misterio más. Y, lo que es todavía más descorazonador, por qué tienen éxito? ¿Porque han sabido leer el lenguaje de su tiempo o porque lo han creado, forma superior de lectura? Dado que estamos ante una disciplina comercial, lo primero tendría más probabilidades de ser cierto pero hay un detalle que nos obliga a repensar este diagnóstico: como por su pretenciosa vaguedad cabía esperar, este tipo de publicidad es una moda trabajada por jóvenes cuyo afán natural por inventar el mundo es canalizado a través de ese nominalismo extremo tan propio de quienes todavía balbucean su lengua materna.

Otro punto de contraste entre la juventud filosófica y la publicidad del adulto es el humor. Éste, por sus intrínsecas características de escepticismo, originalidad y sorpresa y, asimismo, por su uso popular, espontáneo y anónimo, reúne todas las condiciones para constituirse en lo opuesto a una actividad dirigida por agentes ajenos al sujeto. Parecería, por tanto, un terreno vedado a la publicidad y más aun a la filosófica, tan infatuada de severidad. Sin embargo, aun siendo cierto que el uno y la otra son irreconciliables, las palabras de un avezado profesional nos dan una pista sobre los límites de su empleo en la publicidad. Ejemplos de campañas que rompieron esos límites y que reseñamos porque utilizaban motivos explícitamente sexuales antes de que éstos arrasaran: en 1994, un anuncio brasileño mostraba a un hipopótamo masturbándose en un zoo (lema: “Antes que hacer el amor sin condón…”) y un anuncio argentino retrataba en dibujos animados a una hormiga y un elefante muy satisfechos pues habían usado un lubricante “muy lubricante”.

“Usar seriamente el humor de una imagen de buena voluntad, de emoción positiva [pero] cuando se convierte en risa loca, te estás riendo de otra cosa, no tiene que ver con el producto” (G. Tassier, en La Jornada, México, 10.VII.2005)

En otras palabras, los publicistas nos recuerdan que esa forma contundente de humor que es el chiste marca la línea roja que no debe traspasarse. Por lo que, años ha, dijimos:

“El chiste puede representar un buen ejemplo del límite entre lo popular espontáneo y lo ‑valga la contradicción– popular artificioso. La publicidad no crea chistes –aunque los utilice frecuentemente– porque no es una actividad ni popular ni crítica sino, por el contrario, propia de una más de las numerosas formas de despotismo ilustrado que han sobrevivido hasta la actualidad” (Pérez: 148)

Además de la risa –que no pasa de ser un síntoma–, la mayor dificultad subyacente al desarrollo de la publicidad chistosa estriba en que el chiste descansa en un golpe de efecto final que rompe, sustituye o se aleja de la lógica que, hasta entonces, había regido la narración; es obvio que ese golpe distrae la atención del consumidor o, peor aún, le lleva a desconfiar de la deducción –“¡consuma!”– a la que, de manera más o menos explícitamente imperativa, le estaba incitando el anuncio.

Miscelánea
Continuemos con el catálogo de extravagancias; siendo tantas y tan variadas las formas en las que la publicidad ha ocupado todo el espacio público –y buena parte de los privados–, los ejemplos de este parágrafo se han seleccionado de manera aleatoria. Está ordenado de menor a mayor índice de incidencia en la vida pública, aproximadamente.
1. Tuvo que ocurrir en California: en abril 2009, el profesor T. Farber incluyó anuncios en los impresos que daba a sus alumnos para los exámenes; lo justificó arguyendo que no tenía dinero para reprografía. En octubre del año siguiente, una escuela de Barletta-Andria-Trani (Italia), puso a la venta espacios publicitarios en sus aulas, sillas y mesas al precio de 69,80 euros, sin IVA. 
2. No sólo la enseñanza ha sido invadida por la publicidad, también ha ocurrido en espacios tan sumamente públicos como los pasos para peatones. En 2007, los pasos de cebra de Düsseldorf anunciaban un detergente; los de Curitiba, unos almacenes en rebajas; los de Melbourne, una campaña antitabaco. Etc. En 2012, una de las principales estaciones del metro de Madrid comenzó a fundir su nombre con el de una compañía de teléfonos. 
3. Es interminable la lista de obra pública ambiciosa y de patrimonio histórico de renombre oscurecidos por anuncios. Limitémonos al conocido caso de Venecia: los más de 30 millones de turistas que visitan anualmente la república de los Dogos, son recibidos por inmensos telones que publicitan cualquier mercancía menos las específicamente venecianas. La orgullosa ciudad-Estado, otrora anuncio de sí misma, se ha transmutado en la ciudad-anuncio de las compañías multinacionales; rincones archifamosos como el puente de los Suspiros, suspira por una marca de relojes. 
4. Este punto bien podría incluirse en el parágrafo Políticas) pero lo tratamos aquí porque entendemos que está en un plano distinto al de la política de los acontecimientos. Ahora estamos ante una cuestión de humanidad, de mero respeto a los rebeldes. En concreto, los siguientes casos son de flagrante irrespeto no sólo a los muertos y/o semi-muertos sino a quienes están más vivos: 
a. En 2008, una bebida mexicana se anunció con la más famosa de las músicas de los partisanos italianos, con la Bella ciao. Esta canción ha sido adaptada por docenas de grupos más o menos revolucionarios; la cantan desde turcos hasta braceros chicanos en California –éstos alternándola con corridos– y ahora, también aquellos que la creen una tonada ‘optimista-con-la-alegría-juvenil-paradigma-de-la-libertad’ –las palabras de esta frase son permutables–.
b. Más cercano en todos los sentidos del tiempo es el caso de la publicidad promovida en Israel por el concesionario local de una marca de coches japoneses aprovechando que uno de sus vehículos se utilizó en un conocido acto criminal. En octubre del 2010, el sionista David Beeri hirió gravemente a unos niños palestinos de Jerusalén Este por el sencillo método de atropellarles con su Subaru. El crimen –huelga añadir, impune–, fue visto en multitud de televisiones y de esta infame fama se aprovechó el publicista de turno para, en abril del 2011, lanzar una campaña de promoción del mismo modelo de auto siguiendo el no menos sencillo método de reproducir la sangrante escena ilustrándola con el lema “Vamos a ver quién puede estar contra ti”. 
c. Mutatis mutandis, otro caso similar sucedió en el verano boreal del 2013: una marca de agua tónica se publicitó en España como si naciera precisamente en el punto geográfico más ensangrentado de todo el planeta. Una empresa londinense (creada en 2005; valorada en 2013 en 48 millones de libras) se introdujo en España mediante una campaña bajo el lema “El gin-tonic perfecto empieza entre el Congo y Ruanda”.
d. La glotonería publicitaria adquiere aires caritativo-humanitarios a costa de los ‘discapacitados’ o colectivo de los “sordos, ciegos, inválidos y deficientes psíquicos”. En 2011, una firma de cosméticos llegó a nombrar como su “embajadora mundial” a una modelo sin piernas de rodilla para abajo. L’Oréal encargó ese trabajo a A. Mullins, atleta y modelo. Años antes, en 1998, en España una campaña de la ONCE desató una fiebre publicitaria dirigida a los discapacitados. Y, todavía más atrás, en 1995, el Festival Internacional de Publicidad de Cannes otorgó su León de Oro al “mejor anuncio del año” a un spot que mostraba en tiempo real (3 minutos) cómo cocinaba una señora sin brazos. Su eslogan:“¿Después de ver esto le resulta tan difícil firmar un cheque?” y, a continuación, el logo de una empresa u organización humanitaria.
e. Quizá sea aún más obsceno cuando se publicita una mercancía inexistente o existente pero del peor gusto pues se lucra con bebés africanos muertos, bienaventurados en el cielo e incluso con cadáveres. En el mismo Festival de Cannes (ver nota anterior), se presentaron tres spots del peor gusto imaginable: 1) una empresa gringa pide cajas de zapatos “porque en Ruanda necesitamos más ataúdes para los bebés”; 2) unos héroes del cómic que han llegado al Cielo, se aburren con la televisión divina asegurándonos que “La muerte apesta”; 3) para combatir la conducción temeraria, sobre un fondo de un cadáver a punto de autopsia, un letrero reza “Éste es un anuncio para zumos de naranja”.
Guerrilla e indígenas
Hemos visto cómo la publicidad no sólo convierte en ángeles fluorescentes a los pajarillos domésticos sino que ella misma puede transmutarse en pajarraco carroñero. Sin embargo, los empresarios del ramo no sólo no estarían de acuerdo con esa metáfora sino que, al contrario, algunos de ellos se creen rebeldes e incluso guerrilleros –al servicio de la Mercancía, por supuesto–. De ahí que, entre los “medios no convencionales” –desde 2006, en perpetuo auge dentro de España– , destaque la publicidad de guerrilla. Esta publicidad se manifiesta en intervenciones en espacios tan absolutamente del común como puede ser la calle y, desde luego, ingenio artístico no suele faltarle. Ejemplos: urinarios a 3 mts. de altura para publicitar la película Spiderman; huevos sin romper en las cintas de los aeropuertos para promocionar la pulcritud de una línea aérea y una parada de autobús acondicionada como salita de estar para ensalzar los muebles de Ikea (ibid).

En palabras de uno de sus directivos, este tipo de reclamos se sustenta en que “has de tener la posibilidad de segmentar a tu público para hacerle llegar el mensaje, con lo que la existencia de varios soportes es fundamental” (Público, 30.X.2007) En palabras de otro de sus ‘creativos’, usan ese término –en lugar de otros como experiencial, no tradicional, ambient, buzz o marketing virtual– “porque sitúa el marketing en primera línea de batalla y con menos recursos [siendo sólo una pequeña parte de un arsenal de] tácticas de retransmisión que constituyen una aproximación holística para corregir la comunicación con el cliente” (ibid).

Por ende, al lado de los anteriores excesos, tan alabados por su imaginación, es hasta tranquilizador que una compañía publicitaria invente productos inexistentes como los cincuenta de la exposición “50 ideas en busca de una marca”. Es decir, 50 conceptos para 50 campañas de 50 mercancías inexistentes o de ‘cómo empezar la casa por el tejado’ (Público, 01.XI.2002) Dicho de otro modo, la frontera entre la publicidad y el arte conceptual se vuelve cada día más confusa –insistiremos sobre ello–.

Ahora bien, cuando de verdad se riza el rizo es cuando la publicidad saquea el imaginario colectivo y encuentra en él grupos humanos, pueblos y culturas que cumplen lo que Acxiom llamaría un papel “residual” pues son consumidores inexistentes. Paradigma de estos grupos son los pueblos indígenas. Es frecuente ver anuncios que utilizan íconos indígenas para promocionar productos que jamás consumirán –ni siquiera verán– esos pueblos. Son reclamos que abusan del poso que, en los consumidores occidentales, dejan las imágenes de unas gentes para las que no va destinado ningún producto, salvo los desechos de la caridad. El análisis de esta rama de la publicidad exige una digresión antropológica sobre la que ahora no nos extenderemos por haberla tratado en otra ocasión (Pérez, 1997, op. cit.).

Del Resumen de este ensayo: “Después de una introducción teórica sobre la Publicidad, se examina el motivo del auge de los anuncios con motivo icónico indígena para, a continuación, clasificar y comentar cinco grupos de campañas publicitarias. En una segunda parte, se exponen –siguiendo una suerte de etnohistoria de la publicidad española reciente– otros anuncios más acordes con el indigenismo. Palabras clave: Casuística de la publicidad impresa, amerindios, racismo icónico”. Incluye 27 ilustraciones. Sobre parecido tópico, publicamos dos breves notas en un medio libertario: “Héroes de nuestro tiempo”, CNT, nº 383, noviembre 2011 (sobre Julian Assange y The Yes Men) y “La publicidad mata”, CNT, nº 388, abril 2012, sobre el veterano y nefasto consumismo venezolano.

Extensión e intensidad de la publicidad
Según algunas estadísticas tan discutibles y divergentes entre sí como todos los cálculos globales, en 2004, el gasto mundial en publicidad se situó en 370.000 millones US$. En 2011, pese a la crisis económica, esa cantidad ascendió a 470.000 millones (con un gigantesco margen de error de más/menos 100.000 millones), un 30% online. Para 2013, se pronostica un aumento del 12%. Además, se calcula que, en los próximos tres años (2014-2016), los mercados de los países emergentes –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, los BRICS– supondrán el 62% del gasto universal.

En cuanto a la empresa privada, señalemos que, en julio 2013, la empresa francesa Publicis y la gringa Omnium, se casaron para crear Publicis Omnium Group (PO), hoy por hoy el mayor grupo publicitario del mundo. PO, con sede administrativa en el ‘país neutral’ de Holanda, salió a Bolsa con un valor de 26.500 millones de euros y una cifra de negocios de 17.300 millones. Cuenta con 130.000 empleados. Una de sus prioridades será la publicidad digital. De resultas de esta fusión, el grupo británico WPP pasa a ser el segundo; aun así, cuenta con más de 100.000 empleados; uno de sus sub-grupos es Young&Rubicam de quien, a su vez, forma parte Burson-Marsteller (BM), empresa de meta-publicidad importante en España aunque sólo sea por sus conexiones con personajes españoles y latinoamericanos de dudoso pelaje político-religioso. Su lema es “Comunicación basada en la Evidencia. Monitorizar. Medir. Éxito” y, según su página web es una “consultora internacional de Comunicación, Relaciones Públicas y Public Aff airs”.

¿Colegiríamos que la publicidad orienta a los nuevos consumidores sobre cómo gastar sus caudales o más bien que, en esos países, su labor es presionarles a consumir lo-que-sea para así hacerles trabajar más? Quien crea que la publicidad es neutra y libre, ya tiene preparada su respuesta.

Por lo que atañe a España, señalemos que, en 1995, era la 8ª potencia mundial por gasto en publicidad; tres años después, descendía a la 10ª posición, un dato ambiguo puesto que, indirectamente y con todas las correcciones macroeconómicas, lo mismo puede indicar que la ciudadanía se estaba volviendo renuente al consumo como que el consumismo estaba ya tan arraigado que no hacía necesaria una mayor insistencia. También en 1998, a diferencia con América donde primaba la televisión, en Europa eran todavía los diarios quienes soportaban el mayor peso publicitario.

Sólo en octubre de 1999, las cadenas de televisión españolas emitieron 149.483 anuncios y el consumo diario per cápita de la caja tonta se elevó a 3 horas 38 minutos. Dos años después, la inversión publicitaria había caído un 5,7%, es decir, a sólo 5.331 millones de euros (2.096 para una televisión que emitió 1,5 millones de anuncios y 1.593 en diarios) de los cuales una migaja de 51,64 millones se invertía en Internet.

Como todos sabemos o intuimos, la década 2001-2011 contempló el final del predominio de la publicidad convencional versus publicidad cibernética. En efecto, en 2007 las redes sociales salieron en tromba al asalto del consumidor siguiendo una estrategia básica: la “hiperpersonalización” –para conseguir esa publicidad individualizada, dividieron a sus clientes en cientos de categorías–. Al mismo tiempo, en el plano general, las marcas se incrustaron en todos los medios audiovisuales de forma que, por ejemplo, las películas antes clásicas o de ficción, se convirtieron en anuncios de hora y media –manes del you tube–. Finalmente, en el año 2012, la inversión publicitaria en Internet superó por primera vez a la inversión en los diarios (880 millones de euros frente a 766)

En cuanto a la evolución de la intensidad del adoctrinamiento en consumismo, resumamos: en 1994, se emitieron en televisión 858.000 anuncios; en 2012, 7,4 millones con una media de 6.719 anuncios/día. Y eso que el espectador se consumía en sólo 66 spots/jornada. Ahora bien, si en 1999 eran 3 hrs. 38 min. las que el españolito medio perdía ante la tele (ver supra), en febrero de 2013 esa cantidad se disparó hasta las 4 hrs. 32 min. Dicho sea sin olvidar que ahora prima el tiempo despilfarrado ante las otras pantallas, las cibernéticas.

POLÍTICAS
Frecuentemente se ha dicho que el capitalismo tiene dos armas fundamentales: el escaparate y las Islas Caimán –más de uno opina que por ese orden–. Es decir, la vitrina como epítome de la publicidad –el cine sería una rama especial de su expresividad fantasmagórica– y un archipiélago tropical como paraíso fiscal, con los bancos como paraísos internos. Ahora bien, hay más armas y más palabras: circunscribiéndonos a la distribución de la mercancía y a la vista de la irracionalidad rampante que tiraniza el campo de la mercancía y/o la publicidad, es sencillo concluir que, si hay una palabra hegemónica en este paisaje, esa palabra no ha necesitado cambiar desde finales del siglo XIX –desde antes de Freud– y ella es fetichismo. Por ello, es perfectamente actual o intemporal que se escriba:

“El fetichismo de la mercancía es una forma a priori, un código simbólico inconsciente previo a toda forma de pensamiento y acción [de lo que los autores deducen que…] la acción destructiva hacia el ser humano y el saqueo de la naturaleza no obedece ya ni tan siquiera a criterios de rentabilidad o a perspectiva alguna ni a medio ni a largo plazo. La mercancía destruye inexorablemente la sociedad de la mercancía, resumen los autores de la wertkritik, la ‘crítica del valor’” (Artieda y Zarza, 2013, 76-77)

Política vergonzante
En 1957, el libro clásico de Packard abría su parágrafo nº 17, Politics and the Image Builders, con una cita clarividente:
“A world of unseen dictatorship is conceivable, still using the forms of democratic government” (K. Boulding). Aunque Packard no establece una relación directa entre una dictadura de nuevo cuño maquillada con afeites democráticos y el ascenso de la irracionalidad, pocos párrafos más adelante, aquellos que asociamos dictadura y sinrazón encontramos una clave para este deletéreo giro cuando este autor menciona el hecho de que, a principios de los años 1950’s, nuevas técnicas sociológicas –las entrevistas en profundidad, hito de la psicología social– habían demostrado que los votantes gringos no se guiaban sólo ni siquiera principalmente por la razón. Del descubrimiento científico de la latente irracionalidad de los votantes a que la publicidad pasara a fomentarla, no había más que un paso.

Nada más lógico que vincular el irracionalismo con el individualismo/personalismo y con el fenómeno conexo del consumismo político: Packard escribía en aquellos años sobre “the growing role of ‘personality’ in American politics”–. En el mismo parágrafo nº 17, Packard atribuye a Dorothy Thompson la invención del término culto a la personalidad, luego estudiado por el sociólogo David Riesman y, poco más tarde, adoptado por infinidad de comentaristas de todo el espectro político.

La Modernidad se ve así desnudada del manto de racionalidad con el que gustaba disfrazarse puesto que uno de sus rasgos más queridos –la publicidad– ha transitado de la sinrazón a la (supuesta) razón y viceversa sin romperse ni mancharse sino, por el contrario, ganando espacios públicos e incluso inmiscuyéndose en los privados.

Por ello, como prueba palmaria de que el poder de la publicidad no es característico ni exclusivo de la Modernidad sino que también se manifestó en todo su esplendor bajo un régimen político tan arcaizante –en este caso, léase poco consumista– como fue la irracional España franquista, añadiremos que algunas campañas publicitarias de aquella época eran tan atrevidas como para suponer que hoy, bajo un régimen aparentemente consumista y democrático, tendrían los graves problemas de difusión que, paradójicamente, no tuvo en pleno tardofranquismo (1972), la campaña que se atrevió a lanzar la fabricante de un coche pequeño bajo el lema Mini opina que la juventud no debe vivir oprimida (Caro, 25) Más en el plano espiritual, el franquismo utilizó la iconografía católica con una naturalidad impensable actualmente. Nunca estuvieron tan cerca los pajarracos de –literalmente– los ángeles. Por ejemplo: en 1940, Bayer hizo publicidad de la aspirina sirviéndose del icono de un Cristo crucificado bajo el que campeaba la leyenda “El mejor remedio contra la gripe, resfriados, reumatismo, dolores de cabeza y de muelas”.

Por sorprendente que parezca en los “países de nuestro entorno”, aquellas zurrapas seudo-artísticas siguen rememorándose con fruición, impunidad, frecuencia excesiva y ningún tipo de remordimiento; lo cual es acorde con el condescendiente dulzor que preside la Transición.

Desde el punto de vista democrático, esos afamados “países de nuestro entorno” deberían ser Myanmar (Birmania), Níger y el Vaticano. Por lo demás, estamos obligados a negar el término Transición allá donde aparezca. La palabra totémica de la Modernidad es criminal y embustera por un motivo esencial: porque no existió, salvo que confundamos la superficie de la sombra de la forma con la sustancia. Pero, desde otro punto de vista, es significativa porque retrata la religiosidad vergonzante de sus valedores para quienes, como si los Regímenes pasado y presente fueran Vírgenes Marías en su Ascensión, se ha transitado sin muerte de un estadio religioso a otro igualmente sacro. Además, el término sustitutivo Transacción es segmentario. Neofranquismo sería más comprehensivo.

So pretexto de “la sociología” y de “la nostalgia”, se inauguran exposiciones feístas, se editan libros rosas y se resucitan en la televisión aquellos sórdidos spots que comenzaron en 1957 con la marca Freemotor (Westinghouse) y que hoy sólo pueden ser calificados de fascistas –archivo tienen de sobra pues se calcula en 15.000 anuncios la basura a seleccionar–. Y, lo que puede ser más pernicioso, en demasiadas ocasiones la publicidad franquista se observa desde una óptica que se nos antoja reduccionista. Por ejemplo:

“Los mensajes de la publicidad son los lemas propagandísticos de la dictadura [en cuanto a la censura, la publicidad tuvo] algo más de libertad que otras facetas culturales y artísticas, porque fue considerada un arte menor y, por ello, los censores realizaban su trabajo con más relajo” (S. Sueiro, en El País, 14.abril.2007)

A nuestro juicio, el factor fundamental en esta permisividad no radicaba en la inferioridad artística sino en que la publicidad era conformista –i.e., franquista– y también en un punto flaco de los censores: su receptividad al dinero que movía la publicidad. A su vez y siempre refiriéndonos al franquismo, decir que “La publicidad se convierte en una religión o en una ideología […] La idea católica de la vida como valle de lágrimas es lo opuesto a la publicidad”, (como asegura Raúl Eguizábal, autor del libro Industrias de la conciencia. Una historia social de la publicidad en España (1975-2009), Península, 2009, ver entrevista en Público, 07.V.2009), nos parece una afirmación cierta sólo en la primera parte; con respecto a la segunda, se olvida que la publicidad tiene una cara oculta: arrojar no sólo a las lágrimas terrenales sino incluso al infierno eterno a aquellos que no pueden o no quieren consumir.

Es archisabido y por ello sólo lo vamos a mencionar de pasada que los políticos dependen no sólo de las encuestas sociológicas sino, sobre todo, de sus ‘asesores de imagen’. Sin embargo, es menor la atención que se presta a esa manifestación del grado cero de la política que es la milicia.

En el caso de los países con ejércitos profesionales, la publicidad se centra en alistar a cuanto marginal caiga en sus redes –sea nacional, nacionalizable o simplemente inmigrante– probablemente con el razonamiento de que será mejor que los maten fuera a tenerlos que matar dentro. El problema al que se enfrentan estas campañas publicitarias es que la mala fama –ganada a pulso– de cualquier ejército, ahuyenta a todos los que llegan al nivel medio de coeficiente intelectual. Por ello, han de ser campañas con lemas más simples de lo habitual. O, por el contrario, lemas que proclamen la defensa de valores, como en la Francia del año 2010 que abandonó la anterior táctica de engolosinar con alta tecnología y con llamamientos a la hombría, un “valor” cuando menos arcaico que hubo de olvidarse en beneficio de otros valores (?) como ser un líder, sobrepasar los límites o ser un caballero del cielo (aviación). Aunque su lema principal era un insólito llamamiento a la identidad personal de cada soldado, suponemos que adolescente tardío: Devenez vous-même. La apuesta era arriesgada pues había un antecedente que recibió infinidad de protestas: en 2007, los EEUU lanzaron una campaña axiológica, Shared Values, con la que pretendieron mejorar su imagen en los países musulmanes haciéndoles creer que gringos y Umma –comunidad en árabe– compartían los mismos valores. La crítica más suave fue rebautizar la campaña como Muslim-as-Apple-Pie aludiendo a la tarta de manzana como arquetipo de la idiosincrasia gringa.

En el caso de las fuerzas armadas españolas, sin tanto apego a los medios públicos y sin ninguna intención de fortalecer la identidad de los reclutas, podríamos aseverar que su publicidad explícita ha sido escasa aunque la difusa, subliminal, impagada y emitida tanto desde medios oficiales como privados, ha sido y es todo lo contrario llegando a ocupar espacios –como las ficciones populares para televisión– en los que no era frecuente su presencia.

Ejemplos de publicidad militar aparecida en los diarios, siempre bajo el eslogan general El valor de servir: en 2009, para promocionar el Día de las Fuerzas Armadas (1 día que dura 365), se utilizaron frases cívicas como 11:00 Antártida “Se acerca una borrasca, hay que recoger a los científicos” y 18:00 Unidad Militar de Emergencias “Nos están llamando a un fuego en Orense, es de los grandes”. En octubre de ese mismo año, el eslogan básico pasó a ser Conoce tus fuerzas. En mayo 2010, escogieron Detrás de cada acto heroico hay toda una fuerza, atribuyendo esos heroísmos a los invasores de Afganistán y la ex Yugoslavia. En octubre de ese mismo año, su literatura auto-bombástica se decidió por una frase larga, Cada día nuestras Fuerzas Armadas se ganan la admiración y el respeto de miles de personas, dentro y fuera de nuestras fronteras. Sus logros son de todos. ¿Habrá una publicidad más impúdica?.

Otrosí, volviendo a las teorías generales, constatamos que la publicidad moderna, fortalecida por la desaforada individualización que le permite la cibernética, supo salir del gueto familiar justo cuando el consumo comenzaba a independizarse de la familia. Los síntomas variaban de la tiranía infantil hasta las diferencias generacionales pero la razón antropológica estaba en que, por decirlo en palabras del maestro M. Sahlins, “la familia es estructuralmente un sistema anticapitalista, algo así como ‘comunismo en vivo’, de cada cual según sus habilidades, a cada cual según sus necesidades”. Cuando una única autoridad –generalmente la del pater familias–, dejó de existir, las incitaciones al consumo necesariamente tuvieron que diversificarse. A la postre, el consentimiento del consumidor tuvo que doblegarse utilizando, no un fuego único dirigido sino disparos graneados.

En suma y para ir finalizando, después de ojear la geografía de la publicidad, esperamos haber conseguido poner en cuestión uno de los más insidiosos lugares comunes de eso que han llamado ‘las democracias avanzadas’, a saber, que el control social o aceptación del desorden establecido se asegura más por la seducción que por la represión. Bastaría leer el clásico de Chomsky sobre la “fabricación del consentimiento” (Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media, 1988; con E.S. Herman); sin, por supuesto, desdeñar el más reciente (Media Control: The Spectacular Achievements of Propaganda 1997 y 2002) para reírnos de tan burda creencia inducida pero quizá con los ejemplos de los párrafos anteriores –más modernos en el tiempo–, podamos llegar a una visión más detallista de por qué, ayer y hoy, el consentimiento es impensable sin la violencia del Poder. Una violencia que data de antes, durante y, probablemente, de después del desarrollismo/consumismo –dicho sea para contrarrestar el olvido en el que la quieren sumir los analistas de lo cotidiano y, por supuesto, los historiadores amnésicos–.

Contra-publicidad
Según la ubicua Wikipedia, “contrapublicidad es una crítica de la publicidad realizada mediante la alteración de sus mensajes. En inglés se conoce con el nombre de subvertising”; según la revista Malababa, “es una herramienta de resistencia y lucha contra […] las formas y dimensiones que adquiere la publicidad en una sociedad saturada de consumo y valores mercantiles”. Al igual que su opuesta y diana de sus acciones, la contra-publicidad utiliza todas las formas imaginadas –e imaginables– de comunicación de masas, con atención especial a las formas callejeras, el arte modernísimo y, por descontado, bajo el signo del humor. O sea, se quiere heredera activa de un pasado prestigioso pero esterilizado por su esteticismo:

“Los antecedentes formales de la contrapublicidad se encuentran en el arte pop de los años 50 y 60, caracterizado por la descontextualización, la incongruencia, la provocación y el humor. Ahora bien, si en la corriente pop los elementos de la cultura popular se utilizaban con fines puramente estéticos, la intencionalidad crítica de los mensajes contrapublicitarios es una constante que impregna todos ellos. De hecho, los activistas rechazan la contrapublicidad como mera manifestación artística o lúdica y reivindican su instrumentalidad para servir al propósito de denuncia del sistema de consumo imperante en las sociedades actuales” (Pacheco, 67)

Dejando los antecedentes, no vamos a descubrir la animadversión que bastantes colectivos revolucionarios y/o rebeldes sienten hacia la publicidad, aún más acusada cuando la empresa privada frivoliza con ellos, como cuando la gárrula diseñadora Vivienne Westwood tuvo la ocurrencia de marcar su ropa con el eslogan Only anarchists are pretty (1977). A este respecto, la tradición española es muy clara: “En esta columna proletaria no se saca provecho de la revolución, no se hace publicidad. Sólo se piensa en la victoria y en la revolución”. Carl Einstein, Elogio fúnebre de Durruti, 1936 (nuestras cursivas; cit. En Artieda y Zarza, 2013, 48)

No obstante, recuperando la palabra tabú, podríamos decir que los colectivos rebeldes no pueden hacer publicidad pero sí propaganda puesto que también los podemos entender como el brazo político de la contra-publicidad. Por ejemplo, los Tupamaros uruguayos –guerrilleros de verdad, no como los citados anteriormente:

“Querían que la gente viera más allá de los resultados funcionales de una operación, y así construir algo menos tangible pero más poderoso: una imagen mítica. La publicidad y la comunicación, sus metas más importantes, guiaban e hibridizaban todas sus acciones […] Las operaciones hicieron uso de un circuito de circulación de rumores que era mucho más directo que el circuito comercial y que simpatizaba con ellos. Este circuito no explotaba los mecanismos de la publicidad sino más bien los del folclore” (Camnitzer, 69, 77)

En la obra citada, Camnitzer analiza un sinfín de obras de arte, actos y situaciones en las que se fusionan la política rebelde y la publicidad. Es una enumeración tan rotunda como para borrar definitivamente la frontera entre el arte conceptual y la publicidad entendida al servicio de las causas perseguidas. E, indirectamente, también es una confirmación de las tesis de W. Benjamin y H. Marcase sobre el fin de la autonomía de lo artístico respecto a la misma sociedad que lo genera.

En el intersticio entre la consulta al índice temático y lo aleatorio, encontramos ejemplos de: a) un eslogan interactivo que resultó muy eficaz: en 1983, el colectivo artístico CADA inundó Santiago de Chile con grafitis que decían No +; enseguida, los santiaguinos los completaron añadiendo dictadura, pobreza, etc.; b) unos carteles no precisamente subvencionables: después de negar los más acrisolados valores nacionales con obras que proclamaban desde No hay cóndores hasta No hay escudo, no hay patria, el colombiano Bernardo Salcedo confeccionó otros carteles ‘no-comerciales’ al estilo de Un repollo (ya no queda ninguno); c) un intento de cooptación tan insolente como abocado al fracaso: el de Benetton pidiendo al subcomandante Marcos que “nos dé la oportunidad de fotografiarlo con los hombres, las mujeres y los niños de su grupo […] Creemos que un ideal hace brillar los ojos e ilumina los rostros de quienes luchan por hacerlo realidad. No creemos en los mitos de la belleza propagados por el consumismo” (Camnitzer, 119, 262, 322-323).

En definitiva, ¿qué fuerzas organizadas en colectivos observan críticamente la publicidad? ¿Quiénes hacen contra-publicidad? Parece obligado reseñarlas aunque sólo sea porque sus obras, sus contra-anuncios, sus campañas cívicas e incluso los mismos colectivos no son dignas de conservarse en la Memoria Oficial y, desde luego, no han entrado en los museos y, probablemente, nunca entrarán. Hasta donde tenemos noticia, hay pocos museos dedicados monográficamente a la publicidad –pero creemos que abundan las colecciones privadas–.

Algunos de los que pueden consultarse en Red son: en EEUU, The American Advertising Museum (www.admuseum.org), The Museum of Advertising Icons (www.adtoymuseum.com) y la colección D’Arcy en la universidad de Illinois (Urbana-Champaign), con dos millones de anuncios publicados entre 1890 y 1970. En Europa, destacaríamos el parisino Musée de la Publicité (www.ucad.fr/pubgb/), creado en 1980 y abierto al público en 1999 con unos 200.000 anuncios, 90.000 filmes y 100.000 carteles. Su pieza más antigua, data del siglo XIII. En los días de su inauguración, sus responsables opinaban que no habían enmarcado las obras porque “no queremos darles el estatuto de obra de arte” (G. Glaser, en El País, 18.XI.1999) Según sus folletos, la sala nº 7, etiquetada como Enfers et Paradis, está dedicada a las relaciones entre el arte y los tabúes publicitarios, “de la sexualité à l’ivresse en passant par la contestation et la destruction, les beaux arts ont bon dos. La caution artistique est alors garante du désordre publicitaire”.

En este terreno contemporáneo, merece un lugar especial el grupo Ad Busters (www.adbusters.org; jodedores o frustradores de anuncios), fundado en Canadá en 1989, pionero del movimiento culture jamming de protesta contra la dictadura de los media, con estilo propio y con un amplio abanico de sectores publicitarios y de mercancías de las que burlarse y/o atacar encarnizadamente. En el mismo campo pero especializados en la representación dramática, es necesario citar a ThTh e Yes Men (www.theyesmen.org; los aduladores, los tiralevitas; y http://yeslab, más activo), asociación de unos pocos cientos de autodenominados ‘impostores’ que han protagonizado varios escándalos geniales en los que, haciéndose pasar por gente del Poder, escenifican los fines criminales que éste esconde tras sus adocenadas pero rimbombantes palabras.

Ridiculizaron a personajes siniestros y mafias realmente poderosas: Bush Jr., la Organización Mundial de Comercio, el euro, las multinacionales Dow Chemical/Union Carbide, Exxon, Shell, The New York Times, etc. La última de sus acciones de la que tenemos noticia (14.VIII.2013) fue denunciar que Monsanto se aprestaba a introducir en México masivas cantidades de semillas de su maíz transgénico. Junto con los activistas de Sin maíz no hay vida, pelotearon una serie de tweets y comunicados de dicha empresa, todos falsos… relativamente pues la real intención de Monsanto es incorporar México a su imperio. En España, no es necesario suplantar a ningún personaje malvado pues éstos gruñen sus pensamientos incluso en el Congreso –recuérdese siempre el “¡Que se jodan!” de la infame diputada Andrea Fabra dirigido a los trabajadores y aplaudiendo en 2012 el hachazo de su partido, el PP, a los derechos laborales y humanos–.

Y, en España, destacaríamos que, en 2005, la organización Ecologistas en Acción comenzó su campaña Consume hasta morir (www.consumehastamorir.com). A su vez, en la primavera del 2006, apareció la revista Malababa. Contrapublicidad, resistencias y subculturas (www.letra.org), seis números hasta ahora. En 2009, una investigadora añadía: “En España hacen contrapublicidad colectivos como Pit Contropus y Cia –que transforma los mensajes publicitarios de vallas, cabinas o postal free mediante juegos de palabras–, Grupo Arbeit –especializado en «corta y pega ideológico»–, Movimiento Contrapublicitario (MoCo) –que simula acciones en los carteles publicitarios de las marquesinas de las paradas de autobús de Madrid–, Makea –que, parodiando la identidad y filosofía de marca de Ikea, propone alternativas a la cultura del «usar y tirar»–, Sabotaje Contra el Capital Pasándoselo Pipa (SCCPP), Colectivo Singular o Las Hormigas” (Pacheco, 70).

A nuestro juicio, los grupos que disfrutan con la contrapublicidad se enfrentan a muchos problemas; de semejante miríada, hoy sólo comentaremos tres harto distintos: 1) la omnipresencia de la mercancía; 2) la fagocitación publicitaria del talento de la imaginación rebelde; 3) el talento de las eminencias de amplio espectro que trabajan para la publicidad comercial.

Sobre el primero: desde la educación más temprana, tanto formal –escuela– como informal –televisión, barrio–, la infancia es adoctrinada en el cariño a la mercancía. Terminada la fase de acumulación infantil de capital, del cariño a las Cosas –juguetes–, se pasa al estudio de las Cosas –el yo y las demás personas incluidas– en una prepubertad ya suficientemente educada –léase, mercantilizada– y desde ahí se finaliza como adulto en el amor exclusivo y avariento. En suma, desde bebé el ciudadano se ahoga en una charca de objetos reales en el caso de los realistas ricos y virtuales en el caso de los virtuosos pobres. Aprovechándose del diluvio, la publicidad pretende convertirlo en un tsunami de cosificaciones –no siempre inútiles pues no olvidemos que hay mercancías necesarias– que anule el criterio del ciudadano. Para frenar o salvarse de la hecatombe, ¿qué hacer? Mejor vayamos primero a lo más fácil, preguntémonos qué dejar de hacer; por ejemplo, comprar chucherías. Digámoslo en castizo: si, en una muestra paradigmática de su amoral soberbia, la publicidad exige “que hablen de mí aunque sea mal”, la contra-publicidad puede contestar que “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio”.

Del segundo sobran ejemplos antiguos y contemporáneos, desde la ubicuidad espúrea del retrato del Ché por Korda – uno de los últimos, anunciando en 2012 un coche Mercedes tras un tremebundo Viva la Revolución en castellano sin tilde– hasta el manoseo de los grafiti del mayo 68 pasando por el independentismo de felpudo explícito en los eslóganes de una empresa de muebles (Bienvenido a la República independiente de tu casa, luego suavizado por Tu revolución empieza en casa), o por los innumerables detritus producidos por los geocidas de la ‘publicidad [mal llamada] verde’. Tal es la intensidad del saqueo a lo rebelde, que, a ratos, parece como si la publicidad e incluso el arte en general, dependieran por completo de la protesta ajena, especialmente de la juvenil. De hecho, la contracultura –término fetiche en los años 1960’s–, se ha convertido en “un mito comercial”, los capitalistas se creen innovadores y las agencias de publicidad se ven a sí mismas como avanzadillas “de una gloriosa ola de creatividad rebelde” (T. Frank, en Público 06.XII.2011) cuando otros pueden verlas como pajarracos carroñeros.

Observado con optimismo, quizá sea un problema menor pues señala que obviedades como las que costaron la fortuna y hasta la vida a tantos altruistas se han incorporado a la vida común, aunque volteadas o esterilizadas en grados variables. O, como escribe un estudioso: cuando las empresas recurren a conceptos opuestos a sus intereses “ello es prueba de que un fermento revolucionario está germinando [… fermento que] la publicidad trata de reconducir a favor de sus objetivos propios, pero a cuya consolidación contribuye igualmente en la medida que los publicita” (Caro, 25)

El tercer problema no estriba sólo en el poder de la mercancía y/o el Poder a secas sino también en que la publicidad venal cuenta con excelentes profesionales quienes, por si su excelencia fuera monótona, pertenecen a todas las disciplinas de las ciencias sociales. Asimismo, la publicidad ha conseguido integrar en su máquina desde sicólogos hasta literatos pasando por artistas de toda laya, incluyendo en primer lugar a genios de las artes y oficios audiovisuales. Parafraseando al hipercitado poema Howl de Allen Ginsberg, podríamos decir “He visto las mejores cabezas de mi generación trabajando para las agencias de publicidad”. Ejemplo: en 1928, Pessoa creó uno de los primeros eslóganes de Coca-Cola, primeiro estranha-se, depois entranhase (primero se extraña, después se entraña).

La nómina de los artistas famosos que han trabajado para la publicidad se confunde con la nómina de las eminencias de los siglos XX y XXI. Para mayor inri, de algunos podría decirse que sus mejores obras fueron reclamos consumistas –según la óptica bolivariana, tal fue el caso del escritor Uslar Pietri quien diseñó una campaña proteccionista en la que, al estilo del Tío Sam señalando con el índice, hacía decir a Bolívar Yo la hice libre, hazla tú próspera–. De hecho, la voracidad de los publicistas les conduce a plagiar el arte contemporáneo. Por ello, hay pleitos legales en algunos casos; ejemplo, el fotógrafo Spencer Tunick vió sus desnudos multitudinarios plagiados para un anuncio de Vaseline (Unilever).

Únase a ello que, como vimos antes, también han encontrado rápidamente la manera de aprovechar la cibernética. En este último campo, algunas marcas de renombre universal incluso han conseguido que parte de su publicidad les resulte gratis. Ejemplo: W. Clark, la responsable de publicidad de Coca-Cola, después de ponerse filosófica asegurando que su trabajo consiste en “usar la notoriedad de la marca y hacerla trascendente”, señala que está encantada con las redes sociales (social media) porque “no suponen un coste, no necesitan inversiones”; además, ha calculado que los usuarios de las redes donde vierte su publicidad “están dos veces más predispuestos a consumir y 10 veces más a comprar” que aquellos que no son followers de su marca, una conclusión que nos parece tautológica.

En cuanto a sus campañas publicitarias, declara que su empresa ha adoptado la “estrategia 70/20/10. El 70% de la creación de contenido de las campañas tiene que ser de bajo riesgo, el 20% debe innovar a partir de lo que sabes que funciona y el 10% final hablaríamos de las ideas de alto riesgo que son también las que proporcionan elevados beneficios” (Wendy Clark, en El País Negocios, 09.XII.2012) Todo un canto al inmovilismo o, si se prefiere, una oda a la contradicción. Dicho sea para matizar la imagen complaciente de unas redes sociales naturalmente autónomas y prioritariamente revolucionarias.

Pero no es sólo la habilidad desplegada por las ‘mejores cabezas’ (?) para provocar el deseo de la mercancía en sí; menos elitistamente, también influye el “estilo de vida ganador” que diría Naomi Klein, aquello que viene “de serie” con el producto (No logo, 2001). La publicidad como superestructura del sistema capitalista que es, como pajarraco que planea sobre los mercados, narcotiza al espectador no propietario y así consigue lo que antes –por el desequilibrio entre la producción civil y la militar– no pudo hacer ninguna otra cultura de las basadas en el trabajo asalariado: transformar en mercancía aparentemente accesible todo lo que todo toca y ello sin apenas tocar el citado desequilibrio, perennemente favorable a lo destructivo. O, como venimos intercalando, convertir a pájaros cagones en ángeles esterilizados.

Pero todavía hay otra manera de ver lo natural, léase los pájaros: un antropólogo narra la anécdota de cuando un amigo suyo encontró a unos viejitos presumiblemente mayas “que se sentaban a escuchar ciertos pájaros de canto bellísimo. En virtud de su belleza, ese canto-palabra les hacía reflexionar sobre el mundo. Mi amigo se refirió al canto de esos pájaros específicamente como mantal, es decir, como consejos para una ética, podría decirse, que otorgan esas aves a quienes son capaces de detenerse a escucharlas” (Pitarch, 133) Ya que el término belleza como raíz de la concepción del mundo está alejado del utilitarismo publicitario y si coincide con él es por casualidad, a efectos sintéticos hemos de seleccionar como relevantes otras palabras del discurso maya. Por ejemplo, ética. Introducir este término en la discusión sobre la publicidad ha sido otro de los propósitos que han presidido las anteriores líneas.

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