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14 julio, 2018

“Vacaciones sin cámara no son vacaciones” (O la condición audiovisual del Turismo) – Isabel Escudero







Las señales más inequívocas que marcan la identidad del turista es que, independientemente de su sexo, edad, o condición, es un viajante que carga con una camarita de fotos o de vídeo, o las dos, alternativamente o al mismo tiempo. Se trata de ir visualizándolo todo y almacenándolo, aplazándolo para un futuro ideal donde aquello que se mira pero no se ve (porque desde luego el que mira difícilmente ve, pero más imposible es aún que vea si se filma o graba) pueda ser visto después ya desactivado de cualquier temblor o descubrimiento imprevisto, ya asimilado y domesticado, en condiciones inofensivas: tranquilamente en casa y en papel o pantallita para que así cualquier cosa, paisaje o rostro, sea lo más parecido al reclamo publicitario que ya aparecía en el anuncio o el folleto donde se te incitaba a ir al sitio que fuera. Con lo cual se ha conseguido cerrar el ciclo sin que pase nada: lo que se ha conseguido es reproducir por cuenta y gasto del viajante lo que ya estaba en el folleto y para lo cual no hubiera hecho falta que moviésemos un solo pié. En eso ha consistido básicamente su viaje, en la ilusión de un futuro vacío. Es como si los ojos ya hubieran perdido su función primordial de ver y tal función es sustituida por un mirar mediado a través de un vidrio o pantallita que aplaza la visión directa y el descubrimiento de cualquier cosa imprevista. 

Esta impostura, esta sustitución del viaje y las viejas curiosidades del mundo desconocido, por la apropiación audiovisual de cualquier cosa, ya se inició hace varias décadas con la imposición de la fotografía y la compra de cámaras fotográficas. Aquel primer slogan publicitario para nuestros padres “Vacaciones sin Kodak no son vacaciones” no ha hecho más que progresar y refinarse; y ya no se trata de aquello de la foto y el álbum para enseñar a los amigos, algo relativamente inocente si lo comparamos con la depredación actual de la captura audiovisual En mi último viaje a Roma me atreví a visitar de nuevo y no sin miedo la Capilla Sixtina tras veinte años desde mi última visita. El Vaticano, que es experto en los negocios del alma, sabe que, en el progreso del régimen tecno-democrático, las almas y sus cuerpos son entes audiovisuales por excelencia y así autoriza e invita –eso sí, sin flaxes– a la toma fotográfica y digital de la gloria eterna; porque si la fe de la vieja religión se asentaba en aquello de “creer en lo que no se ve”, la fe democrática actual bajo el imperio del Audiovisual, se fundamenta en “creer en lo que se ve”, de tal forma que hoy día visión y fe es lo mismos. La Realidad tal y como hoy se nos vende está perfectamente diseñada desde los intereses del Capital por la creación de necesidades falsas a través de la publicidad teniendo en cuenta esta relación indisoluble entre visión y fe.

Esa identidad y retroalimentación mutuas entre visión y fe es también la que mueve en gran parte a las oleadas de turistas de un lado para otro. Si existen Abisinia o Tomboctú, hay que verlo para creerlo, ir hasta allá y verlo con nuestros propios ojos, o sea no verlo sino ir a mirar y fotografiarlo, filmarlo, grabarlo y así ya tenemos los testimonios en conserva, pero eso sí fidedignos e irrefutables de que tales lugares existen ...Y de paso ¡esto en el fondo es lo primero! así me confirmo que yo existo, de que yo soy yo, fulanito o fulanita de tal, y ningún otro porque ¿recordáis aquello de la naranjita de Mairena?: el único modo de que yo sea idéntico a mi mismo es que sea el mismo aquí y acullá, porque es ese movimiento y desplazamiento de mí mismo lo que va a confirmar mi mismidad. ¿Cómo no voy a ser yo si desde Abisinia o Tomboctú llamo a mis parientes y les digo que “Estoy aquí” y así ellos se enteran de que yo, fulanita o fulanito de tal, soy más yo que nunca porque con tanta distancia y en medio de tanta –ahora lo llaman diversidad–siendo el mismo o la misma?

Era de esperar –así lo marcan los tiempos– que a estas alturas de la civilización y del progreso histórico el orden del individualismo personalizado propio de las Democracias desarrolladas el cuidado y hasta obsesión por la identidad personal requiera y use al máximo los mecanismos y operaciones que más contribuyan a la confirmación de esa identidad. Y desde luego no hay nada más eficaz que ese movimiento uniformemente acelerado de las masas de individuos personales sin descanso de un lado para otro. O sea el Turismo. Y a esa condición de Turista es a la que se destina a cualquiera habitante de este lado del mundo, del Régimen del Bienestar. Luego están los otros del otro lado que esos si se mueven en oleadas para alcanzar este paraíso del Bienestar son por razones muy distintas pero desde luego sean las sagradas que sean sus razones y necesidades serán aprovechados como muestras de la diversidad turística. Si no son devueltos como animales a sus míseros lugares originarios serán integrados y asimilados en las grandes Metrópolis como diversidades folklóricas para satisfacer ese otro movimiento del Turismo intraurbano que consiste en ir a comer a un “senegalés” a Lavapies, por ejemplo. Lo cual mueve también su dinerillo. No tanto desde luego como los grandes Tour Operator que son con mucho una de las más potentes maquinarias de mover Capital en el Régimen.

Sin este tráfico constante del ir y venir de las Almas democráticas, el Régimen se caería abajo. Es ese movimiento de dinero y personas el que lo sostiene. Incluso su poderío de ilusión mayoritaria ha llegado a cegarnos de su verdadero carácter de Trabajo. Pero eso sí por gusto y voluntad personal, y además como señal de bienestar y acomodo. Lástima da pensar que ahora que nadie trabaja ya de verdad y que entre esa balumba de cachivaches mecánicos y burocracias perezosas, la mayoría se escurría sin dar un palo al agua, tenga que venir ahora a imponerse el trabajo más cansado, el más disimulado con el envoltorio acaramelado del Turismo, cuando todos, o por lo menos bastantes, (no me digan que no), después de las obligadas y cortitas vacaciones que nos concede el Régimen, estamos deseando llegar a casita para descansar de ellas. Todos sabemos aunque no nos atrevamos a decirlo en voz alta que esto del Turismo es trabajos forzados y que el turista no es más que un esclavo de la última de las penitencias impuestas por el Régimen.
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12 octubre, 2016

La ilusión democrática – Isabel Escudero

Fuente: CONTRANATURA


Transcripción de la charla ofrecida por la poeta y profesora Isabel Escudero en el local de la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) de Madrid, el 20 de octubre de 1995. Publicado como epílogo de "Contra el Hombre" (Agustín García Calvo, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 2ª edición, Madrid 1997).


Con este mismo título (ya en el año 1992 y a través de la Revista Archipiélago) pusimos en tela de juicio la constitución misma de la Democracia, su engañosa naturaleza y su condición de traidora del pueblo. De entonces a acá todo tipo de atropellos, horrores y estupideces, como podridos frutos de la Democracia, nos han venido invadiendo la vida pública y privada. Desde hace ya años no hay más que abrir un periódico o encender el televisor para que en cascada –siempre renovada y al mismo tiempo inalterable– se nos caiga encima toda la miseria de este progresado Orden Democrático. Rostros de personajones del Gobierno, o de su Oposición (indistinguibles entre sí), Administradores del Estado o del Dinero (que hoy son los mismos) se nos presentan en la modalidad de delincuentes, de facinerosos, junto a las complementarias figuras del Bueno: el Juez insobornable, el policía honrado, el intrépido periodista, etc. etc. como mascarones de un repetido telefilm servido puntualmente a la hora de las comidas a las familias democráticas. Este marcado signo de "realismo" a base de corruptelas y personalismos, viene a ser la constante de todas las Democracias evolucionadas en las llamadas Sociedades del Bienestar. Chismes y comadreos constantes con apariencias de novedades para entretener a las gentes como si se quisiera decir: "sí, pero estos son los malos, luego están los buenos, los verdaderos demócratas, la auténtica Democracia". Esa es la verdadera función de los corruptos: hacernos mantener la ilusión de una democracia inteligente y honrada, verdaderamente popular, siempre inalcanzable: ideal. No. La Democracia es esto de aquí y ahora: es esta y no otra la Democracia ideal: la auténtica Democracia. De ella y contra ella pues hablamos. No vengan ahora los más creyentes a acallar las críticas en nombre de "los ideales democráticos".


Estos que padecemos son precisamente los ideales democráticos. Y esta Realidad democrática (ideal) se sostiene precisamente por sus crisis. Es su crisis permanente la que la sostiene, igual como las ilusiones de mudabilidad sostienen la Idea medular: la creencia inalterada. La apariencia de cambio en los actores sostiene la fe de que aquello podría ser otra cosa. Como si en vez de cuestionarse la Idea misma (por ejemplo del Matrimonio) uno o una tuviera la fe en que basta con cambiar los contrayentes una y otra vez para que aquello funcione. En el caso del Régimen Demotecnocrático, y su fe en el Hombre, en el individuo personal, las imperfecciones de cada moral particular vienen a crear la ilusión del concepto perfeccionado: el Hombre (y el Humanismo) como sustituto reemplazante de la idea de Dios, sus atributos y poderes, su perfección. El Régimen Tecnodemocrático está sustancialmente sostenido por el átomo de las Masas que no es otro que el Individuo personal, con su voluntad propia, su opinión personal, su libertad personal, etc. Todas esas fantasías tan prestigiosas y que tanto publicitan las Democracias. Se trata de atribuirle al individuo una soberanía de razón y hasta de inocencia olvidando que, precisamente, ese individuo –tal como hoy funciona– es ya una construcción, una fabricación desde Arriba del propio Sistema Tecnodemocrático y sus poderes más operativos: La Información, el Mercado, el Dinero; los Medios llamados de Comunicación (más exactamente Medios de Formación de Masas) operan a través de la formación de individuos, diseñados paradójicamente con un modelo clónico pero con la ilusión personalizadora, al modo como la publicidad dice a todos: "especialistas en ti".


Veamos. Lo que ya entonces denunciábamos –en aquel número de la revista Archipiélago– se ha venido confirmando con creces. La estulticia democrática, la vanidad democrática: su radical vaciedad repleta de caras cambiantes, es hoy la pura realidad cotidiana. Hoy la vida de los ciudadanos no encuentra ya resquicios para librarse de ese impenitente atosigamiento desde Arriba de toda suerte de fechorías y trajines con sus correspondientes salvadores. Hipotecada la vida de las gentes, aplastada con los siniestros, y al mismo tiempo banales, tejemanejes de una clase entretenedora, audiovisual, adornada por una casta que se presenta como "intelectual" y que aspira a no ser menos y así poblar repetidamente hasta la saciedad las tertulias de la pantalla de la caja tonta haciendo el inflado gesto de la "crítica": una crítica conducente únicamente a la recreación de lo mismo con el sostenimiento de opiniones diversas (en el fondo la única), pero lejos de ninguna verdad, y sobre todo ajena al pueblo.

Es precisamente, esa aparente "exigencia de realismo", una de las trampas de la Democracia. Se pretende que se está hablando de algo físico, palpable, popular, cuando bien mirado ya los hechos mismos revelan su carácter ilusorio constitutivamente mentiroso. Por ejemplo la trampa previa consiste en cómo se puede creer que una minoría es la Mayoría (no sólo porque la población votante no deja de ser minoritaria respecto al común de las gentes, sino porque la posterior "representación democrática" siempre es una minoría personalizada cada vez menos representativa de nadie, a no ser de sí mismos, cada vez más impresentables a medida que van entrando en la escena Democrática). Otra operación tramposa consiste en hacer creer que la Mayoría es todos, esa es otra de las claves de la ilusión democrática: el engaño en que se funda; a partir de esas ilusiones engañosas básicas todos los juegos ilusionistas posteriores, el baile de máscaras, los discursos inflados, los dineros escamoteados, no serían sino ilusiones menores con la que se adorna la gran mentira de la representación democrática: la ilusión de representación.


El papel real de los Medios de Comunicación, o de Formación de Masas, sería el de proteger –no sólo con críticas sino precisamente mediante ellas– el poder del Régimen: la constante autorreproducción de estos Medios de amplificación y creación de opiniones juega fundamentalmente con el ilusorio recurso a la libertad individual, a la libertad de "expresión". La "libertad", ese motor que se suponía tradicionalmente como hálito de las revoluciones, se ha elaborado perfectamente como instrumento potenciador del individualismo y, por tanto, es una fórmula de privacidad e interés personal (el mismo "interés" que el de los bancos: el del dinero). El resultado del supuesto ejercicio y suma de esa "libertad" personal es el conformismo generalizado, la obediencia perfecta con el disimulo de la libertad personal. Ejemplo eximio de esta tramposa operación es el automóvil particular (perfecto ejemplo de ciudadano democrático: un coche un voto), que como sabéis propone y faculta ese tipo de ilusoria libertad individual, que bien mirado consiste (véase el ejemplo vivo en un atasco de autopista en fin de semana) en la obediencia extrema: ir al mismo sitio, por el mismo camino, a la misma hora que tu vecino, pero, eso sí, con la ilusión de que uno lo hace por libertad y gusto personal.


Otra trampa a la que recurren las Democracias del Bienestar: cuando se nos presenta a través de los Medios de Formación de Masas otras formas de dominio más primitivas o extemporáneas (por ejemplo con referencias al Tercer Mundo) se está distrayendo y confirmando como "ideal" esta forma del dominio democrático. No hay pues que distraerse con las tiranías de otros mundos, por ejemplo las mujeres del Régimen Demotecnocrático no deberíamos alentar a las mujeres de los Regímenes Monoteístas Subdesarrollados a seguir este modelo nuestro como modelo de liberación. Hay que ser capaces –hay que saber hacerlo– de atacar sus tiranías sin proponerles como alternativas liberadoras estas tiranías nuestras. Hay que desvelar y desilusionar al Mundo no Desarrollado contra éste del Régimen Tecnodemocrático: Modelo (por lo demás) el más perfecto y evolucionado de todos y al que parecen estar condenadas irremisiblemente todos los pueblos y todas las Culturas. No hay que tener miedo de levantarle las vendas a la Democracia para dejar ver sus heridas: la herida del pueblo bajo sus ropajes de bienestar y participación.


No estamos tan desesperados como para aceptar que este modelo que tanto nos duele, que tanto ha contribuido a la demolición del pueblo y sus tradiciones, sea el único modelo fatal de gobierno de los hombres. No es incuestionable la Democracia, ni ésta ni cualquier Democracia. Ese aparente poder que el nombre mismo de Democracia pretende conceder al pueblo es también el que le desactiva y le mata. Ver sino cómo las Democracias han terminado radicalmente con las tradiciones populares, bajo el modelo uniformador del Progreso impuesto desde Arriba, y este modelo uniformador que mata las tradiciones para­dójicamente, alienta los Nacionalismos, la constitución de Estados más o menos disimulados, usando el engaño de los Pueblos, justamente sometiendo lo que hay de común y de razón en ellos: lo que hay de pueblo en los Pueblos.


Se atosiga al pueblo desde los llamados Medios de Comunicación con los nefandos pormenores de lo que por allá Arriba pasa (en el Gobierno y en el Gran Dinero) como si fuera un asunto físico, palpable, popular que de alguna manera atañera al corazón de las gentes. Con esa exigencia de realismo figurativo se entretiene y anestesia a las gentes de abajo y, claro, esa operación tiene su infalible éxito: basta que un ciudadano cualquiera se ponga al tanto de toda esa representación de la estulticia para que automáticamente ya no se pueda desentender de ella, la Información no es inocente. Ya queda marcada la inteligencia y la sensibilidad: se queda ya atrapado por esa estupidez de tener que escoger entre este o aquel personajón en vez de ir directamente a desvelar la vaciedad y ajeneidad misma del mecanismo seducido, el espectador, por el engaño de la ilusión de que él desde acá abajo puede hacer algo, al menos opinar, sobre lo que teóricamente debía pertenecerle, ya que fue él mismo el que con su "libertad personal" votó a futanito o a menganito, a este o a aquel Partido. Se busca desde Arriba la complicidad de los de abajo propiciando una especie de asignación de responsabilidad e ilusión de participación para cerrar este juego engañoso de la representación democrática. Para darle carnalidad con eso que ellos llaman la opinión pública. Pero nos preguntamos cómo todavía hoy día se puede hablar inocentemente de "opinión pública", y de "público".


En primer lugar, a qué se le llama Público ¿a las Masas de Televidentes, puntualmente informados y atrapados en las mil y una sandeces que con celeridad de vértigo se les echa todos los días con la apariencia de que pasa algo? ¿Es eso lo que ellos llaman Público? No, esas son las Masas democráticas constituidas por individuos (átomos de esas Masas) previamente diseñados, fabricados y amamantados día a día desde esa eficaz escuela de los Medios de Formación de Masas. ¿Y a que se llama "opinión"?, no a ningún razonamiento libre y popular sino a la asimilación de esas opciones, de esas alternativas fatales que se proponen desde Arriba y ante las que hay que ejercer la tan prestigiosa y cacareada libertad de elección por lo que se escoge entre la misma basura pero con diferente envoltorio, al modo de como se ejerce la libertad de Hipermercado de una marca u otra (todas las mismas con diferente apariencia). Elija usted entre estas posibilidades, da igual lo que elija pero tiene la obligación de elegir: lo único que no se le permite es que no elija nada: que no compre, que no vote... etc. La infracción democrática es sólo decir No a esa obediencia. Ese mecanismo del Mercado de 1as Sociedades del Bienestar es el mismo mecanismo del manejo de la opinión democrática: elija usted, opine usted entre esas variedades informativas, entre estos tipos del abanico democrático que le presentamos, pero participe, vote y no apague el televisor. Esta ocupación con los entretenimientos de las élites del Estado, del Dinero, de la Justicia, o sea de los regentes de las Democracias, no es inocente; esta ocupación impide de raíz –porque es como un sustituto– cualquier razonamiento libre y desmandado, verdaderamente popular. Hay que elegir. Si Información/no sabiduría. Si opinión/no revolución. No es inocua la Información de Masas. Esa coartada democrática de que basta sacar a la luz las miserias del Estado y el Capital, de hacer "vox populi" los desmanes personales de los gobernantes, para que se desactive el Sistema es mentira.

El Régimen Demotecnocrático vive y se sostiene precisamente por esos desmanes "personalizados"; esas crisis son las que sostienen y vertebran el Sistema. Sin esas patologías, sin todos esos tejemanejes con que ilusoriamente se mantiene en el pueblo la apariencia de cambio, el Sistema Demotecnocrático se vendría abajo. Es la Información desde Arriba, esa continua y acelerada ilusión de movimiento, la que sostiene la fe en el Régimen. La Democracia (en su modalidad Progresada) es necesariamente tecnológica y en su estado ideal: audiovisual.


Y que no se nos diga que un ataque frontal a la Democracia –tal y como aquí proponemos– supone un confinamiento a la dicotomía Democracia o Dictadura. Bien sabemos que esta tradicional oposición funciona, como bien ha funcionado a la inversa en nuestro pasado histórico: el oficio peor de las Dictaduras es hacer luego soportable cualquier tipo de gobierno. Pero la Democracia con su creencia en el cómputo de individuos y su fe en la Mayoría no es "en modo alguno" contraria a las dictaduras: representa tan sólo un desplazamiento, un perfeccionamiento del modelo: se constituye así la Democracia como Dictadura de la Mayoría. Es eso lo que se nos propone e impone, pero nos negamos a aceptar que esta Realidad sea todo lo que hay o pueda haber en el mundo y en el gobierno de los hombres. Hay otros mundos inexplorados, otros caminos por hacer, caminos de esos que el poeta dice que se hacen al andar. Estarán quizá fuera de la Historia. Pero si algo tienen que ver esos caminos no hechos con la anarquía es con la condición de que, fuera lo que fuere anarquía, su primera operación es negativa. Por ejemplo: decir No al sustituto: Democracia no es pueblo. Esta vía negativa no se agota y así no hay que dar nunca por sabido ni contado que es eso del pueblo, sino que ello mismo será pueblo porque se deje hablar con voz libre y razón desmandada: que dé señales allá donde florezca a cada instante, sea en la resistencia callada o en la boca de las gentes.


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