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20 julio, 2019

Los CHALECOS AMARILLOS desde dentro: de lo que los medios occidentales no informarán (3ª parte)













Ollie Richardson para The Saker Blog - 17/07/2019
Traducción del inglés: Arrezafe

Nos acercamos a agosto, cuando la mayor parte de Francia (y de Europa) está de vacaciones, y creo que es el momento apropiado para resumir lo que ha sucedido en relación con el movimiento de los chalecos amarillos desde la última vez que escribí sobre este tema, es decir la 2ª parte de "Los chalecos amarillos desde dentro" (aquí se puede encontrar la 1ª parte).

Quienes siguen los acontecimientos desde lejos, y que por tanto no tienen información fluida y confiable de primera mano, podrían considerar que el movimiento de los chalecos amarillos fue sólo un destello efímero, que ya forma parte del pasado, o que logró su objetivo y que ahora todo ha vuelto a la normalidad en Francia. Por supuesto, estarían muy equivocados. Es importante pensar en el movimiento de los chalecos amarillos como una etapa de un proceso, más que como un episodio caracterizado por manifestaciones y enfrentamientos con las fuerzas del orden. Pero, de qué “proceso” hablo.

La etapa del proceso al que me refiero es relativamente nueva para nosotros, cuando la explotación del trabajo alcanza un nivel crítico. Un cóctel mortal consecuencia de la colonización, un sistema oligárquico, una sociedad tribal, una falta total de soberanía, una pirámide de población terriblemente preocupante, etc., ha dado como resultado lo que estamos viendo ahora: el descarrilamiento del tren de la "modernidad".

Esencialmente, todo valor ha sido absorbido por ese proyecto imperialista estadounidense conocido como la "UE". La clase media ha sido demolida y reemplazada por una clase trabajadora que vive a crédito. A los jóvenes se les está robando su futuro, y a los jubilados se les está robando su legado. El espíritu del régimen de Macron es simple: trabajar más, cobrar menos. Acometer infraestructuras, pero mediante oportunas inversiones en offshores personales. Privatizar todo en interés de los amigos y presentarlo como "reformas". En general, el clásico y exitoso pelotazo neoliberal. Podría escribir mucho más sobre la mecánica de esa estafa llamada "Le République En Marche", pero prefiero mantenerme en el laconismo de este artículo. De modo que, vayamos a la situación actual, después de la protesta del 1 de mayo, donde terminó mi último artículo (2ª parte).

Se suponía que la protesta del 1 de mayo sería un verdadero bombazo, pero fue sofocada por el régimen debido a una razón principal: los sindicatos están podridos hasta la médula, por lo que la convergencia con ellos es como orinar al viento. No les importan los chalecos amarillos y, en definitiva, están comprados por el régimen. Otra de las causas fue el lamentable itinerario elegido para la protesta, casi una línea recta que la policía puede controlar fácilmente. Aunque en cierto modo este fracaso fue una bendición disfrazada, porque el movimiento de los chalecos amarillos estaba empezando a ser manipulado por el régimen. Se enfocó demasiado la atención en las protestas del sábado y faltaron ideas sobre lo que se debía hacer. Las protestas no sancionadas se volvieron francamente imposibles, ya que la policía también puede informarse en las redes sociales.

En junio, el iniciador del movimiento de los chalecos amarillos (no un "líder" por decirlo así) tuvo las pelotas de decir lo que era necesario decir, incluso sabiendo que afectaría a muchos otros chalecos amarillos: las marchas temáticas del sábado se han vuelto bastante patéticas e ineficaces, y por lo tanto se necesitan acciones más radicales. Y su vídeo-mensaje obtuvo la reacción deseada. La actividad en las carreteras de peaje, donde los chalecos amarillos mantienen abierta la barrera y permiten que los viajeros pasen gratis, tuvo su auge. También aumentó la cantidad de chalecos amarillos que agitaban banderas en puentes sobre carreteras. Se entendió que el esfuerzo no debía invertirse en una sola acción, de lo contrario el movimiento languidecería.

Y ahora avancemos al 22 de junio, cuando los chalecos amarillos intentaron bloquear la infraestructura de transporte del país. ¿Que pasó? Una vez más, el régimen tuvo que intentar debilitar el movimiento de los chalecos amarillos y, por lo tanto, arrestó, interrogó e intimidó a una de las personalidades de las redes sociales que promovieron el bloqueo. Ese día, los chalecos amarillos suspendieron todas sus transmisiones en vivo como medida de precaución, ya que la policía estaba buscando "organizadores".

Así que, aparentemente, parece ser que la policía (y el Ministerio del Interior) se han adaptado bien y están afrontando la situación con éxito, y que los chalecos amarillos simplemente no pueden lograr nada, y es por eso que la participación es cada vez menor. ¡ERROR! En primer lugar, la participación guarda equilibrada relación con el nivel de represión. Es normal que el número de manifestantes disminuya cuanto más compacto se vuelve el aparato de estado. Demuestra que éste tiene miedo, y que los chalecos amarillos representan una amenaza. La participación de los sábados sigue siendo impresionante y mantiene a la policía movilizada. En segundo lugar, los medios de comunicación títeres mienten constantemente sobre las cifras de participación, y sus loros no cesan de repetir en bucle que "el número disminuye, el movimiento se desinfla". Sin embargo, el 29 de junio había en París cerca de 10.000 personas (mis fotos y vídeos de este día se pueden encontrar aquí). Por supuesto, la televisión fingió que no estaba sucediendo nada, el habitual y deliberado boicot total.


Ahora voy a compartir con vosotros cierta información que debería ayudar a entender dónde estamos actualmente y hacia dónde nos dirigimos.

Para hacer frente a las constantes demostraciones de los chalecos amarillos, la policía está utilizando un sistema de rotación con fuerzas estacionadas en ultramar. Esto da la ilusión de un descanso, pero en realidad no se les está remunerando el trabajo. De hecho, el propio ministro del Interior, Christophe Castaner, admitió que no hay dinero para las horas extras.

En relación con esto, los sindicatos de policía están hartos y tratan de chantajear al régimen para que pague más. Quieren protestar en la calle, pero el régimen es claro: mantén la boca cerrada a menos que quieras quedarte sin empleo. La historia encontrada aquí está relacionada con este circo.

Si observamos el nivel promedio de participación en un sábado, entonces el líder es Toulouse. Y la policía sabe que el corazón del movimiento de los chalecos amarillos está aquí, en Toulouse y no en París. Esto explica por qué la policía es extremadamente brutal en Toulouse, como podemos comprobar en el siguiente vídeo:


A la policía (en particular a la CRS) no le agrada el hecho de no poder ir de vacaciones este verano. Estar sufriendo el calor en plena marcha y recibir insultos y botellazos durante todo el día es bastante tortuoso. Intentan forzar que las protestas del sábado terminen rápidamente (haciendo que la muchedumbre camine más rápido) para poder irse a casa el fin de semana. Por tanto, ser enviado a Toulouse el fin de semana es una jodienda. Por supuesto, París no es mejor, pero es la capital, por lo que la necesidad de defenderla es más imperativa, lo cual es al menos una mejor justificación de por qué no vas a estar en casa durante el fin de semana.

¿Cuánto está pagando Macron (a través del contribuyente) a cada compañía de CRS, a pesar de las políticas de “austeridad” impuestas al público? Si abandonan su base regional durante más de 12 horas, son 40 € extra por empleado (conocido como IJAT). Si las horas de servicio exceden de 8, entonces se clasifican como horas extras. Un ejemplo: trabajando desde las 04:00 del sábado hasta las 00:00. Eso es 12 horas de tiempo extra a 10 € por hora = 120 €. Agregue IJAT (pagado cada 3 meses), y cada sábado cuesta al régimen € 160 por empleado de CRS. Cada compañía está formada por 80 oficiales de policía, y también hay gastos adicionales por alojamiento, comida, combustible, etc. Pero esto sigue siendo insignificante para el régimen. Una granada de gas lacrimógeno cuesta 30 € por unidad. Una granada GLI-F4 cuesta 40 € por unidad. Una "granada de désencerclement" cuesta 50 € cada una. Los comisionados de policía ganan entre 3 y 5 € cada mes (el bono de Navidad es de € 40 a 70 000). Así que, decir que no hay dinero para los servicios públicos es decir una mentira masiva.

Durante la manifestación del 1 de mayo, había 40 escuadrones de gendarmes y solo 20 compañías de CRS. El 2 de mayo, al amanecer, 11 de estos 40 escuadrones partieron para proteger la visita de Macron al Museo de Amboise. Si eso no es ser tratado como un esclavo... De ahí los altos números de suicidio policial (59 en lo que va de 2019) ...


Entre el Acto 1 y el Acto 18 (16 de marzo de 2019), los helicópteros de la policía que se utilizaron solo en París, Lyon, Burdeos, Toulouse, Rennes y Nantes para monitorear las protestas acumularon 717 horas de vuelo a 1500 euros por hora. Es decir, el contribuyente ha pagado 1.01 millones de euros para ser filmado durante este tiempo. Y durante el Acto 3 en París (ver el vídeo a continuación), el régimen desperdició 300.000 euros solo en granadas.


Mientras tanto, durante este verano, el régimen cerrará 400 escuelas debido a la "falta de financiación". ¡Alucina!

Entonces, y para volver a mi argumento de que la aplicación de la ley se está tensando hasta el límite, para el resto del año el esquema queda establecido. El triángulo de acciones de los chalecos amarillos es: operaciones de peaje (incluso si la policía dispersa los chalecos amarillos), ocupaciones de las rotondas (incluso si la policía demuele las casetas de los chalecos amarillos) y manifestaciones los sábados (incluso si están más localizadas). Los 3 tipos de acciones se complementan.

Se entiende que no es posible enfrentar al régimen de frente, ya que está demasiado bien armado. Esto no es 1968. En cambio, se ha convertido en una guerra de desgaste que para el régimen, cuyas tropas están cansadas y cabreadas, se convierte en un auténtico quebradero de cabeza. La policía está bajo presión para no cometer errores, ya que los errores graves (como matar un chaleco amarillo publicamente) pueden actuar como una chispa en un barril de dinamita. Al mismo tiempo, los chalecos amarillos están bajo presión para no ser encarcelados y, por lo tanto, ser eliminados del "juego". Hay una especie de equilibrio.

Pero, merced a la la persistencia y al uso efectivo del triángulo mencionado anteriormente, la policía (y sus recursos) se están agotando, empujados cada vez más hacia el límite. Este verano el movimiento se volverá más local, pero ¿qué pasará después? Sospecho que la situación se caldeará junto con el siguiente lote de alzas de precios. Es decir, desde el otoño en adelante. Será en ese momento cuando los chalecos amarillos se volverán más peligrosos, ya que la represión no puede ser superada por otra vuelta de tuerca porque entonces la ilusión de "democracia" se eliminaría amplia y definitivamente.

Entre bastidores, se está trabajando para que la mayor cantidad posible de personas puedan firmar el semi-referéndum contra la privatización de los aeropuertos. En primer lugar, se necesitan 4 millones de firmas antes de la primavera de 2020. Luego, más de cien diputados en el parlamento deben votar por ello. Perder esta batalla será un duro golpe para el régimen.

Las de los hospitales, bomberos, maestros, migrantes, ecologistas, etc. son huelgas frecuentes. Los servicios públicos están colapsando a velocidad alarmante. El régimen teme una convergencia de batallas y luchará para contener y dividir la marea. Una huelga general es problemática de organizar, pero no imposible. Los dirigentes sindicales son el principal problema. Pero en cualquier caso, Macron ya está empezando a sentar las bases de su campaña electoral de 2022. Sabe que puede ganar cualquier batalla contra Le Pen gracias a los medios comprados. Intenta desesperadamente desprestigiar a los chalecos amarillos y mantener a la burguesía conectada a la matriz del consumismo.

Además, el Partido Republicano ha sido efectivamente liquidado y su electorado se ha trasladado a Macron (LREM). En resumen: no hay solución política. La única solución es el estilo suizo de gobierno, pero eso significa eliminar el sistema oligárquico actual. La inteligencia de los chalecos amarillos está tratando de poner en marcha la primera etapa de implementación del sistema suizo (Referéndum Iniciativa Ciudadana). Recomiendo leer esta web para más información. Para ello, el sentido es crear primero una demanda a nivel de base.

Con respecto a lo que sucedió el Día de la Bastilla (y la celebración nocturna de los argelinos), recomiendo revisar los siguientes enlaces (tener en cuenta que en ese día los chalecos amarillos permanecieron incógnitos y abandonaron el chaleco amarillo):

Mi reportaje de Twitter en tiempo real, donde transmití lo que presencié en el terreno: enlace;
Mi hilo de conclusiones de Twitter escrito en la mañana del 15 de julio - enlace;
Mis fotos y vídeos de este día - enlace;
Video de una mujer siendo atacada - enlace;
Video que muestra a una mujer que recibe un golpe de una carcasa de gas lacrimógeno en el ojo - enlace;
Video que muestra a turistas huyendo del gas en los Campos Elíseos - enlace;
Video que muestra a un hombre siendo arrastrado por el suelo por la policía - enlace;
Video que muestra a la policía dando caza e hiriendo a argelinos - enlace;
Video que muestra a una niña de 6 años que sufre intoxicación de gas lacrimógeno - enlace;
Video que muestra a una mujer siendo golpeada por la policía – enlace;

Puedo resumir rápidamente el día de la siguiente manera: protesta salvaje a las 9am en las afueras de Moulin Rouge, la policía gasea y dispersa; después del patético desfile de Macron, los chalecos amarillos logran penetrar en los Campos Elíseos y ocupar la parte superior del mismo. La policía gasea toda la avenida y lucha por mantener alejados a los Chalecos Amarillos; Los chalecos amarillos rodean el Arco de Triunfo, la policía no puede dispersarlos y recurren a gasear a todos, incluidos los turistas; la policía detiene sin fundamento a algunos chalecos amarillos para intimidar a los demás, y así logra congelar la situación; toda la avenida está inundada de argelinos a las 11pm, la policía utiliza la violencia toda la noche para evitar que la avenida se vea completamente tomada por los manifestantes.


Yo en los Campos Elíseos el Día de la Bastilla (tengo una líquido blanco en la cara porque los “médicos de calle” me rociaron los ojos con una sustancia especial que contrarresta los efectos del gas lacrimógeno)

Hay un aspecto particular de lo que sucedió el 14 de julio en París al que me gustaría dedicar algo de espacio en este artículo, porque, para ser honesto, me produjo escalofríos.

Después de observar atentamente la salvaje protesta de la mañana y escapar del asalto policial que siguió, me dirigí hacia los Campos Elíseos. Cuando llegué a la avenida, vi que había muchas camionetas de la policía en la zona, así como la policía antidisturbios. Seguí detrás de la policía antidisturbios, que se desplazaban por una calle, y pronto supe que otros policías habían rodeado algunos chalecos amarillos cuando intentaban acceder a la avenida. Desde el punto de vista legal, no es algo por lo que puedan ser arrestados, pero esto no impidió la aparición en escena del tristemente célebre autobús de la policía y se llevara a los chalecos amarillos capturados a los controles de identificación (aunque esto podría hacerse en la calle, pero Macron quiere intimidar a los Chalecos Amarillos tanto como sea posible).


Una foto ilustrativa del 25 de mayo que muestra el autobús de la policía estacionado en los Campos Elíseos, listo para llevarse los chalecos amarillos que intentaron protestar en la avenida.

Uno de los chalecos amarillos capturados, de nombre "Mary On", filmó el momento en que ella y otras personas fueron rodeadas por la policía que les impidió ir a ninguna parte.


Al rato, los chalecos amarillos rodeados son introducidos en un autobús de la policía y se les dice que van a ir a la comisaria del distrito 8 de París.


Mientras esperan que el autobús se ponga en marcha, comienzan a cantar las habituales canciones anti-Macron.


Finalmente, tras la partida del autobús en dirección al noreste, los chalecos amarillos comienzan a ponerse nerviosos porque no están en absoluto en el distrito 8. Al parecer están en algún tipo de zona industrial abandonada y con vías de tren.


Cuando el autobús finalmente se detiene, "Mary On" comienza a filmar sus alrededores, diciendo "no estamos en absoluto en el distrito 8, estamos en un centro de detención de chalecos amarillos". Ella muestra la vista desde la ventana del autobús, algo que solo puedo describir como un horror. Ella misma lo describe como "inhumano".



"Mary On" pide a los seguidores de las redes sociales que uticen su teléfono para localizar el lugar exacto en el que ella y sus compañeros se encuentran. Este fue el resultado:

Se encuentran en el distrito 18, en Porte de la Chapelle, que es una de las zonas más deterioradas de París. Por decirlo así, no es un lugar en el que me gustaría caminar por la noche.

En su siguiente vídeo, "Mary On" describe cómo, después de que la sacaron del autobús, la policía verificó su identificación, lo que demoró 2 horas, y se le permitió irse.


Entonces, ¿qué está pasando aquí? En primer lugar, la policía no tiene derecho a detener a nadie solo por caminar por las calles. Y como los chalecos amarillos no llevaban chalecos amarillos, es difícil acusarlos de "conspirar para dañar bienes en grupo", el artículo habitual del Código Penal que se encuentra en los chalecos amarillos. Pero lo que la policía puede hacer es continuar con su práctica ilegal de mantener detenidos a los chalecos amarillos sin presentar cargos, con la flexibilidad adicional de usar los "controles de identificación" como excusa para alejar a los chalecos amarillos del área. Y esto es exactamente lo que sucedió el 14 de julio. Dos veces, de hecho. Mientras que los vídeos de arriba muestran lo que le sucedió a un grupo de chalecos amarillos en una calle lateral de los Campos Elíseos, yo mismo fui testigo de que la policía trató de intimidar a todos los chalecos amarillos que habían llegado al Arco de Triunfo rodeando a un grupo y reuniéndolos en un autobús de la policía en la propia avenida y transportarlos a estas instalaciones de aspecto siniestro.

Algunos lectores podrían decir: "No exageres al usar palabras como 'campo', después de todo, estas personas fueron liberadas y sólo se las retuvo durante un par de horas". Mi respuesta sería: "No soy yo quien usa este calificativo, son los mismos chalecos amarillos quienes la usan". Sí, se refieren a campos de concentración que recuerdan los campos de Vichy como el de Drancy, y muestran gráficos comparativos como el de abajo:


"Esta es realmente la impresión que tuvimos, porque nos dijeron que subiéramos al autobús y nada más, no sabíamos a dónde íbamos. Al final del camino, 4 personas nos esperaban frente a una mesa con papel y lápiz para anotar nuestra identidad, previo cacheo y registro de nuestras mochilas".

El mero horror (y utilizo esta palabra conscientemente) de lo que experimentaron estos chalecos amarillos, el hecho de ser trasladados ilegalmente a un lugar desconocido, donde hay almacenes abandonados, vías férreas y cercas de alambre de púas, fue, casi con total certeza, un acto de guerra psicológica que, al parecer, el régimen de Macron cree que los chalecos amarillos merecen. En un contexto más amplio, la represión desatada, no solo contra los chalecos amarillos, sino también contra médicos, enfermeras, bomberos, maestros, estudiantes, etc., el uso de la palabra horror está plenamente justificado. En esencia, si a uno no le gustan las reformas neoliberales implementadas por el Elíseo, entonces será llevado sin fundamento a un campo como este cual si fuera un terrorista, lo que resulta irónico teniendo en cuenta el apoyo del gobierno francés a Al Qaeda & Co.

Después de que este escándalo comenzara a circular en las redes sociales, los medios de comunicación tradicionales se vieron obligados a hacerse eco de la situación: Liberación y LCI son dos ejemplos. El artículo de la primera retrata las instalaciones como una mera estación de policía, diciendo que la cúpula de la policía de París "parece estar sorprendida por esta controversia".





















Un chaleco amarillo llamado Marion declaró a Liberación: "Nos atraparon en la calle sin darnos razón alguna... Luego nos dijeron que podríamos irnos tras el desfile, pero finalmente llegó un autobús de la policía y nos dijeron que íbamos a la 8ª comisaría. Un amigo mío fue enviado allí. Excepto que en el autobús, los manifestantes. que conocen bien París, supieron que no era el camino correcto".

El párrafo final es muy revelador:

"Cuando se les preguntó sobre el número de personas trasladas a la estación de policía de Hébert y los motivos de los arrestos, ni la prefectura de París ni el fiscal de París pudieron respondernos, todos ellos se pasaban la pelota. Una fuente judicial indicó, sin embargo, que 48 manifestantes fueron puestos bajo custodia tras las protestas en los Campos Elíseos, sin especificar si fueron llevados a la estación de policía del distrito 18 ”.

Las imágenes son tremendas, y la de abajo es simplemente abominable. Si las personas en el autobús fueran asesinos en masa, pedófilos, violadores, etc... pero son ciudadanos franceses comunes y corrientes que vinieron a los Campos Elíseos a abuchear a Emmanuel Macron. ¿Su arresto y “deportación” es un signo de democracia? ¿No se les permite expresarse libremente? Después de todo, no son agitadores quintacolumnistas de las ONG de los EE.UU., sino ciudadanos franceses realmente cabreados y empobrecidos. Es el momento de detener el bla bla bla sobre la "democracia", porque en realidad es una dictadura. En realidad, hay un patrón establecido según el cual, lo que los gobiernos occidentales describen como "dictatoriales" son en realidad democráticos, y viceversa.












En Francia se trata de “trabajar, consumir y cerrar la boca”. Y el último escándalo de François De Rugy (que renunció el 16 de julio) muestra una vez más que hay una ley para los "plebeyos" y otra para las élites. A los miembros destacados del movimiento de los chalecos amarillos ni siquiera se les permitió permanecer en los Campos Elíseos el Día de la Bastilla y, de hecho, fueron multados, a pesar de que inicialmente se les permitió acceder a la avenida y se les hizo una verificación de su identificación varias veces. 



Con la perspectiva de otros 5 años de Macron, planeando amenazante sobre Francia, el movimiento de los chalecos amarillos no va a desaparecer de ningún lado. Por el contrario, después del verano, y especialmente después de la próxima ronda de alzas de precios, el fuego se avivará más aún. El gobierno de Macron ya ha tenido 11 renuncias, y es muy probable que esta tendencia continúe. Pero la solución no es un cambio de gobierno o una elección anticipada. La única solución es implementar el Referéndum de Iniciativa Ciudadana, ya que sólo este puede reconciliar a los chalecos amarillos con el resto de la sociedad. El incumplimiento de esta demanda prioritaria es una invitación a la guerra civil.

Julio de 2019, París (arriba a la izquierda = gas lacrimógeno en el ojo; arriba a 

la derecha = hombre inconsciente después de haber sido golpeado por la policía; abajo a la izquierda = otra herida con la porra; abajo a la derecha = un pensionista tiene un ataque al corazón mientras está detenido)

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Paris julio 1789

20 abril, 2019

GILETS JAUNES - ACTE 23

       
Pawel Kuczynski

Pawel Kuczynski

ESTADO PIRÓMANO!
Vuestra estrategia para
recuperar la unidad nacional
ha ido demasiado lejos!
Como ocurrió con Charlie Hebdo

CRIMINALES!


05 abril, 2019

El movimiento de los chalecos amarillos despierta miedo y agresividad en sus oponentes



Francia: ¡movilizarse contra la represión judicial de los chalecos amarillos!

Leer el original en francés, publicado el 11 de marzo en Révolution.
Traducción: Arrezafe

El movimiento de los chalecos amarillos despierta miedo y agresividad en sus oponentes. Además de la violenta represión (2.000 personas han resultado heridas, 18 tuertas y cinco han perdido manos), el gobierno ha respondido mediante una intensa de represión judicial sin precedentes.

Una declaración realizada el 22 de noviembre de 2018 por la ministra de Justicia, Nicole Belloubet, otorgó carta blanca al estado para realizar registros y arrestos a cualquier persona asociada a los chalecos amarillos o simplemente por semejanza con los mismos.

Represión

La magnitud de la represión judicial es asombrosa. Durante más de cuatro meses de movilización, el Ministerio del Interior informó que más de 8,000 personas fueron detenidas por asociación con el movimiento y 1800 condenadas. Por orden del Ministerio de Justicia se han producido arrestos masivos. El simple hecho de usar gafas protectoras o de tener una solución salina (que se puede utilizar para tratar los efectos de los gases lacrimógenos) es suficiente para que alguien sea detenido y quede bajo custodia. El Syndicat des Avocats de France (SAF) ha denunciado la ausencia casi sistemática de informes policiales adecuados. En su lugar, los gendarmes simplemente llenan una "hoja de calificaciones" (un tipo de cuestionario de opción múltiple que a menudo es ambiguo e incompleto) para procesar al acusado.

En París, el número de comparecencias inmediatas ante un tribunal se ha duplicado desde el comienzo del movimiento. El Tribunal Superior de París es como una factoría donde los juicios se emiten día y noche en cantidades infernales. Los motivos de las condenas a menudo son confusos y engañosos, como este, por ejemplo, de "participación en un grupo para la preparación de la violencia y la destrucción". Este "delito" surrealista permite que cualquier persona que se halle en la escena de una protesta pueda ser detenida y condenada sin que ni siquiera haya habido enfrentamiento con la policía.

Le Monde Diplomatique relató la historia de un trabajador bretón detenido en un aparcamiento, lejos de cualquier protesta, porque el maletero de su automóvil contenía equipo de protección (máscara y gafas) ¡fue condenado a seis meses de inhabilitación!

Por otra parte, la policía es libre de atacar y mutilar a los manifestantes con total impunidad. Considérese el caso de Didier Andrieux, el comisario que golpeó a varias personas pacíficas durante la octava semana de protestas en Toulon. No se ha enfrentado a ningún proceso judicial. Las llamadas "Investigaciones IGPN" contra la conducta indebida de la policía equivalen a nada.

Ejemplificantes sentencias contra los chalecos amarillos.

Las sentencias contra los chalecos amarillos son formidables. Además de las altas multas, se dictan penas de prisión. En 316 ocasiones, se han registrado orden directa de prisión incondicional.

Desde 1995 hasta 2018, se emitieron 33 sentencias prohibiendo manifestaciones. En los últimos cuatro meses, a varios cientos de chalecos amarillos se les ha prohibido manifestarse, y algunos que lo hicieron fueron privados de sus "derechos civiles", incluido el derecho al voto.

En televisión, periodistas y expertos piden acciones más enérgicas contra los "matones sediciosos" arrestados en las manifestaciones, pero en el informe de los acusados no vemos matones, sólo trabajadores precarios, campesinos, transportistas y estudiantes.

Las sentencias dictadas tienen una función política. La represión judicial tiene como objetivo intimidar a los opositores del gobierno y reducir las manifestaciones, cuyo derecho está, de facto, socavado.

Lo hemos dicho antes y lo repetimos: ante la brutalidad de la policía y la represión judicial contra el movimiento de los chalecos amarillos, la respuesta de los dirigentes sindicales no está del todo a la altura.

La dirección de la confederación sindical con más militantes, la CGT, se ha limitado a vagas protestas. Pero no ha tomado medidas serias, por no hablar de una huelga general de 24 horas, lo que sería un buen comienzo. La debilidad invita a la agresión. Si ve que la represión ejercida contra los chalecos amarillos no provoca ninguna reacción de los sindicatos, el gobierno irá más allá. A través de los chalecos amarillos, toda la clase trabajadora es el objetivo.

¡Abajo la represión judicial contra los chalecos amarillos!
¡Por una huelga general de 24 horas!

¡ON LÂCHE RIEN! ¡NO NOS RENDIMOS!

03 abril, 2019

“La verdadera violencia está aquí, en este sistema extraordinariamente injusto e insostenible”






Retroceso de los DDHH en Francia: La república en marcha vuelve hacia atrás - Rémy Herrera

La Haine - 07/03/2019

Artículo escrito por el autor en enero de 2019 que sirvió de base para un informe sobre las violaciones de DDHH en Francia presentado por Centre Europe - Tiers Monde de Ginebra (CETIM, organización no gubernamental reconocida como entidad consultiva general) al Consejo de DDHH de las Naciones Unidas para su cuadragésimo período de sesiones del 25 de febrero al 22 de marzo de 2019. Punto 4 " Situaciones de DDHH que requieren la atención del Consejo".

Francia se encuentra en una zona de fuertes turbulencias desde hace varios meses. La virulencia de los conflictos sociales ha sido durante mucho tiempo una característica importante que viene marcando la vida política de este país, así como un dato histórico de una nación que se cimentó, fundamentalmente después de 1789, sobre la base de una revolución de alcance universal, cuyas huellas –junto con las conquistas sociales de 1936, 1945 o las de 1968 –, siguen presentes en la memoria colectiva y en las instituciones, independientemente de los intentos de borrarlas.

Sin embargo, pronto se cumplirán 40 años desde que Francia, así como otros países del Norte, sin excepción, quedó atrapada bajo el yugo letal de las políticas neoliberales demoledoras. Éstas solo se pueden interpretar como una violencia social extraordinaria contra el mundo del trabajo. Sus efectos destructivos (para las personas y la sociedad, pero también para el medio ambiente) se propagan gracias a la complicidad del estado con los poderosos del momento. La situación empeora aún más por la enajenación de la soberanía nacional y el sometimiento a la Unión Europea, rechazada por los ciudadanos franceses en el referéndum de 2005 y que se les impone mediante una denegación de la democracia.

Esta es una violencia adicional infligida a todo un pueblo. En esta perspectiva singular, y en el contexto general de una crisis sistémica del capitalismo globalizado, se explican las oleadas de levantamientos populares que se han amplificado en las últimas décadas: huelgas en 1995, disturbios suburbanos en 2005 -07, manifestaciones en las décadas 2000 y 2010... Actualmente, el sentimiento de malestar y descontento es generalizado. Iniciado a finales de octubre de 2018, el movimiento de los llamados "chalecos amarillos" representa otro levantamiento, pero se enfrenta al peor recrudecimiento de la violencia policial desde la guerra de Argelia. Ante los distintos llamamientos a la justicia social, las autoridades han optado por responder con más represión, hasta el punto de retroceder de forma extremadamente preocupante en los DDHH.

El estado de excepción, punto de partida de una escalada represiva

Resulta fácil identificar el momento en el que se inició esta escalada represiva: empezó con el estado de excepción, decretado en el territorio metropolitano el 14 de noviembre de 2015 (tras los ataques terroristas que azotaron el país el día anterior), y extendiéndose el 18 de noviembre a los departamentos de ultramar. Ciertamente no se trata aquí de minimizar las amenazas terroristas del Islam político extremista, desde Al Qaeda hasta el Daesh, pero hay que entender que la política de seguridad adoptada desde 2015 ha sido, de manera simultánea, una oportunidad para obligar al pueblo francés a aceptar restricciones importantes en sus derechos civiles y políticos, sobrepasando la reacción necesaria a los riesgos terroristas.

Después de renovarse cinco veces seguidas, el estado de excepción se levantó el 1 de noviembre de 2017, pero la mayoría de sus disposiciones excepcionales han adquirido ahora fuerza de ley: los registros y arrestos preventivos, los perímetros de protección, los arrestos domiciliarios individuales, los controles fronterizos, etc., ahora están autorizados en el marco de «la ley para reforzar la seguridad interior y la lucha contra el terrorismo» del 30 de octubre de 2017. Desde entonces, en Francia, existe un desvío inquietante de este imponente arsenal legal de excepción, cuyo efecto es el de reducir las libertades públicas, especialmente la libertad de expresión, de reunión o el derecho a manifestarse pacíficamente, así como los derechos sindicales e incluso el derecho a la integridad física, todos en grave peligro.

Aquellas y aquellos que han participado recientemente en manifestaciones en Francia, han sido testigos, sin duda, de lo que las organizaciones de DDHH francesas e internacionales vienen denunciando en los últimos meses: muchas de las intervenciones de las fuerzas del orden son desproporcionadas y excesivamente violentas, recurriendo a veces incluso a armas de guerra. De esta forma, el uso de gas lacrimógeno y cañones de agua de alta presión contra manifestantes pacíficos se ha vuelto sistemático; también es muy frecuente disparar pelotas de goma a la altura del pecho así como el uso de otras armas de "letalidad reducida", granadas aturdidoras, la práctica del "encapsulamiento" para evitar unirse a otros manifestantes, arrestos aleatorios y arbitrarios, intimidaciones verbales, provocaciones gratuitas, e incluso agresiones físicas.

En las calles de la capital se han desplegado vehículos blindados, policías a caballo, equipos de perros policías... Muchas veces, se infligen tratos degradantes a los manifestantes, incluidos los menores. También es frecuente que las personas reciban palizas o se las encierre sin haber cometido ningún delito. Los "médicos de la calle", por su parte, voluntarios que siguen las procesiones y ayudan a los heridos, ven cómo se les confisca su material médico... todo lo cual conmociona a los franceses. Esto último es lo que se busca precisamente para poner fin a su revuelta. Dicha violencia policial es absolutamente inaceptable y vulnera las normas internacionales actuales de DDHH.

Primera etapa: la represión de los movimientos sociales y de los sindicatos

Desde la elección a la presidencia de la República de Emmanuel Macron, ex accionista gerente del banco de negocios Rothschild, ministro de Economía del presidente François Hollande y autor de leyes epónimas que imponen la flexibilización del mercado laboral, el mundo sindical se ha vuelto a movilizar.

Las manifestaciones y las huelgas se han multiplicado, especialmente en los sectores del transporte público (SNCF, Air France...), energía (gas y electricidad), automotriz (Peugeot, Renault), telecomunicaciones (Orange), la gran distribución (Carrefour), servicios de salud (hospitales públicos, residencias de ancianos, seguridad social), educación (escuelas secundarias, universidades), cultura (museos), justicia (abogados, magistrados), recogida de basuras, e incluso auditorías financieras y de cuentas.

Estos diversos movimientos sociales, muy seguidos, ocurrieron a lo largo de la primavera de 2018. La reacción del poder fue intensificar la represión, lo que afectó dramáticamente a los estudiantes (evacuación de los campus), los activistas ambientales que ocupaban las “Zonas a defender” (ZAD por sus siglas en francés) y, en especial, los manifestantes en contra de las leyes de flexibilización del mercado laboral.

Esta espiral represiva ya había afectado a los sindicatos durante varios años, vulnerando la legislación laboral. De hecho, los obstáculos a las actividades sindicales se multiplicaron: discriminación salarial contra sindicalistas, despidos injustificados de los huelguistas, presiones ejercidas mediante amenazas o sanciones disciplinarias, restricciones de los derechos sindicales o el derecho de huelga, e incluso la criminalización de la acción sindical (como en Goodyear, Continental o Air France). Además, las recientes reformas gubernamentales de la ley laboral penalizan aún más los movimientos sociales: menores plazos para apelar a los tribunales laborales y establecimiento de un límite máximo a las indemnizaciones en caso de despido injusto; fusión de las instancias representativas de los trabajadores y limitación de sus medios; mecanismos de terminaciones de contratos colectivos pactados, sin tener en cuenta las medidas de protección laboral o facilitando las salidas de trabajadores mayores; inversión de la jerarquía de normas que coloca el acuerdo de la empresa por encima de los convenios colectivos y la ley; establecimiento del llamado perímetro nacional para los despidos por razones económicas, facilitando el despido de empleados de las filiales francesas (mientras que la empresa matriz obtiene beneficios a escala global).

Segunda etapa: la represión de los «chalecos amarillos»

El presidente Macron optó por "mantener el rumbo". A expensas del sufrimiento y las expectativas de los trabajadores, su gobierno exacerba las políticas neoliberales y profundiza cada vez más en la violencia social y la represión policial. El resultado es una pesadilla, indigno de un país que dice ser democrático y tolerante. Desde el inicio de la movilización de los chalecos amarillos, se produjeron 11 muertes accidentales, más de 2.000 personas resultaron heridas, de las cuales al menos un centenar con pronóstico muy grave. Los médicos describían los traumatismos como "heridas de guerra" (voladuras de mano, pérdidas de ojos, desfiguraciones, fracturas múltiples y diversas mutilaciones...), debido en particular a los disparos con pelotas de goma o tiros de granadas, a menudo dirigidas a manifestantes pacíficos. A día de hoy, muchas personas siguen en coma.

Los adolescentes, por su parte, sufren un trauma psicológico después de haber sido tratados como terroristas por la policía, forzándolos a arrodillarse con las cabezas agachadas, las manos en la nuca y apilados en furgones y celdas.

¿Hacia dónde se dirige este poder que pisotea a su pueblo y desata contra él tamaña violencia? El 1 de diciembre, por ejemplo, se lanzaron 7.940 granadas lacrimógenas, 800 granadas aturdidoras y 339 granadas de tipo GLI-F4 (municiones explosivas), 776 cartuchos de pelotas de goma, así como cañones con 140.000 litros de agua. El balance provisional, y seguramente no exhaustivo, correspondiente solo el periodo que comprende desde el 17 de noviembre de 2018 al 7 de enero de 2019, muestra 6.475 arrestos y 5.339 detenciones preventivas.

Los tribunales dictaron más de mil condenas en todo el territorio nacional. Aunque la mayoría de estas condenas terminan en trabajos comunitarios, muchas son sentencias de cárcel. Además, existen 153 órdenes de arresto (lo que implica encarcelamientos), 519 citaciones judiciales y otras 372 en correccionales… En París, 249 personas fueron juzgadas en comparecencia inmediata, 58 condenadas a prisión, 63 a penas de prisión condicional... En el departamento francés de Reunión, la media de sentencias firmes de prisión para los chalecos amarillos locales es de ocho meses. A fecha del 10 de enero de 2019, unas 200 personas vinculadas a estos acontecimientos seguían encarceladas en Francia.

La legitimidad de las reivindicaciones populares

En muchos aspectos, las reivindicaciones de los chalecos amarillos son similares a las de los trabajadores. Exigen la mejora inmediata y concreta de las condiciones de vida, la revalorización del poder adquisitivo de los ingresos (salarios, pensiones, subsidios...), el fortalecimiento de los servicios públicos, la participación del pueblo en las decisiones relativas a su futuro colectivo... Dicho de otra manera, una puesta en marcha efectiva, sobre todo, de los derechos económicos, sociales y culturales, así como el derecho del pueblo a decidir sobre su futuro. Al exigir más justicia social, respeto a los DDHH y democracia económica y política, estas reivindicaciones son rotundamente legítimas y cuentan con un gran apoyo de la población.

La madre de todas las violencias, la que debe cesar urgentemente y contra la cual las personas se ven obligadas a defenderse, tal y como lo recoge la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, en el preámbulo de la constitución francesa, es aquella que genera la imposición de las medidas neoliberales desleales, despiadadas, antisociales y antidemocráticas; aquella que, en el silencio de los ajustes de precios de los mercados capitalistas, hace que las personas sin hogar mueran de frío, empuja a los agricultores endeudados al suicidio, destruye a las personas y a sus familias al privarlos de empleos, cortándoles la electricidad, expulsándolos de sus hogares; aquella que, por falta de recursos, obliga a los jubilados a dejar de calentar sus hogares o a sus hijos a saltearse una comida; aquella que acaba con toda solidaridad, cierra las escuelas, centros de maternidad u hospitales psiquiátricos, sumerge en la desesperación a pequeños comerciantes y artesanos que se hunden bajo las cargas, ahoga a los trabajadores que no pueden llegar a fin de mes...