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09 noviembre, 2022

Macron se encuentra con Maduro tras años apoyando a Guaidó

 



CONTRAPUNTO – 08/11/2022

El presidente francés, Emmanuel Macron, saluda de manera "amistosa" al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante la COP27, tras años apoyando al autoproclamado presidente venezolano y títere de Washington, Juan Guaidó, y tildando al Gobierno de Maduro de "régimen autoritario".

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ANTES...


...Y DESPUÉS.

"Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros", decía sarcástico Groucho Marx. Pero todo indica que Macron, otra planta carnívora del oligárquico "jardín" europeo, carece de principios en absoluto.


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02 mayo, 2019

¡Contemplad la asombrosa debilidad del Imperio! —— The Saker



Traducción: Arrezafe

El Imperio ha sufrido dolorosas derrotas en Afganistán e Irak, pero claro, uno tiene que admitir que estos son países "duros de pelar". El Imperio también parece haber perdido el control de Libia, pero claro, ese es otro país complejo y muy difícil de controlar. También fuimos testigos de todos los patéticos y reiterados bufidos contra la República Democrática Popular de Corea. Pero, seamos honestos, EE.UU. nunca pudo realmente intimidar a la RPDC para que se sometiera, así que, nada de invadirla o cambiar su régimen. Siria era mucho más débil, pero aquí Rusia, Irán y Hezbolá hicieron un trabajo magistral para repeler todos los ataques anglosionistas, políticos y militares. En lo que a mí respecta, nunca culparé a Trump por no escuchar a Bolton y evitar (de momento) el posible inicio en Siria de una tercera guerra mundial.

Pero ¿Venezuela?

No hay Hezbollah ni Irán respaldando a Maduro allí, y Venezuela está muy lejos de Rusia para permitirle hacer lo que hizo en Siria. De hecho, Venezuela se encuentra en el proverbial "patio trasero" de los Estados Unidos y está rodeada de regímenes títeres hostiles. Y aún así, esta noche, parece que el títere estadounidense Guaidó ha fracasado en su intentona golpista.

Moon of Alabama hizo un gran trabajo cubriendo los eventos del día, por lo que dejo aquí el enlace al excelente artículo "Venezuela: el nuevo intento de golpe de estado de Guyaidó resulta ser una broma peligrosa". Estoy totalmente de acuerdo en que el golpe de hoy fue una broma y muy peligrosa.

Los lectores rusos pueden consultar este otro artículo de Vzgliad, que también brinda muchos detalles interesantes, incluido el hecho de que Guaidó impulsó su golpe de estado desde la Embajada de Colombia en Caracas (consulte aquí para una traducción automática).

Pero lo que más me sorprende esta noche es la debilidad, verdaderamente patética, de los payasos que lanzaron esta última y chapucera operación fallida: Pompeo y Mr. MAGA [Trump]. Veamos:

Empecemos por Pompeo.

Según él, el golpe fracasó debido a Rusia (¿les suena?) No solo eso, sino que Maduro ya había decidido irse a Cuba... solo que los rusos se lo impidieron. ¡¿De veras?!

Así que ¿debemos creer que el golpe fue un éxito asombroso, una pluma más para el "sombrero" de las operaciones encubiertas “exitosas” de la CIA? Aparentemente si. Después de todo, ¿por qué Maduro querría correr, a menos que se diera cuenta de que la situación era desesperada? ¿Entonces, es "Rusia" la que llama a Maduro y le informa para que no se vaya?

Cualquier persona con un mínimo de inteligencia debería darse cuenta de que la decisión de Maduro de permanecer en su lugar solo podría haberse basado en una de estas dos posibles consideraciones:

 1. El golpe ha fracasado y Maduro está a salvo, o
             2. El golpe es exitoso y Maduro se quedará y luchará hasta                                     su último aliento (como lo hizo Allende)
Esta noche, Maduro está a salvo en Caracas y los conspiradores del fracasado golpe han huido.

La verdad es que solo un perdedor e imbécil como Pompeo podría tener una excusa tan poco convincente, en un intento desesperado de "salvar su culo" y culpar de su fracaso al chivo expiatorio favorito de este neocón: Rusia.

Ahora veamos qué tiene que decir su jefe:

Trump no culpa a Rusia... ¡culpa a Cuba!
No sé qué tipo de escenarios ridículos pudieron surgir en la cabeza del Mr. MAGA [Trump] para idear eso de "los cubanos lo hicieron", pero eso es incluso más ridículo que "los rusos lo hicieron". Al leer estos "tweets" (¡qué apropiados para este cerebro de pollo!) se podría tener la impresión de que los cubanos lanzaron un ataque militar a gran escala (que involucraba tanto al ejército cubano como a las "milicias") y que organizaron una brutal represión sobre el pueblo venezolano. En el mundo real, sin embargo, Cuba no hizo nada de eso.

Pero, en serio, ¿a quién le importa? En el Imperio de las Ilusiones los hechos no importan. Al menos a los líderes del Imperio anglo-sionista que continúan creyendo en el favorable automatismo propagandístico de las cosas. En el caso de Venezuela, el engaño falló.

¿Qué es lo siguiente?

Según el escenario típico que nos reveló John Perkins, el siguiente paso debería ser una invasión a gran escala de Venezuela por parte de los Estados Unidos. Y sí, tiene razón, eso sería lo que el Imperio habría hecho en su apogeo. ¿Pero hoy en día?

Eche un vistazo a este interesante fragmento de noticias: Eric Prince quiere que Blackwater envíe 5,000 mercenarios a Venezuela (¿alguien sabe por qué y cómo a estos payasos se les ocurrió la cifra de 5,000? Primero Bolton, ahora Prince. ¿Creen realmente que esto es suficiente?).

La cuestión no es si Prince alguna vez enviará mercenarios a Venezuela o si la administración de Trump está dispuesta a aceptar esta oferta. La cuestión es que Prince nunca hubiera hecho esta oferta si, en primer lugar, el ejército de los Estados Unidos estuviera a la altura de la tarea. No lo está, y Prince lo sabe muy bien.

En cuanto a Maduro, parece contar con el apoyo no solo de la mayoría de su pueblo, sino de las fuerzas armadas venezolanas, que gozan claramente del apoyo del mismo. Una pésima combinación para el Imperio. Y he aquí por qué:

Sí, Venezuela tiene inmensos problemas. Y sí, tanto Chávez como Maduro han cometido errores. Pero ahora no se trata de Chávez o Maduro, se trata del estado de derecho dentro y fuera de Venezuela. Se trata del pueblo de Venezuela, incluídos los que sufren, que no están dispuestos a renunciar a la soberanía de su país. Sí, Chávez no resolvió todos los problemas de Venezuela, pero entregar el país al Imperio significaría aplastar cualquier esperanza de poder verdadero, real y popular. Al parecer, los venezolanos no se hacen ilusiones sobre sus vecinos yanquis y no quieren que la "democracia", al estilo del Imperio, convierta a Venezuela en la próxima Libia.

Nunca se debería decir nunca, no sabemos lo que traerá mañana (1 de mayo. Guaido ha llamado a la protesta masiva), pero mi intuición es que el Imperio se "inyectó" en Venezuela como una vacuna, suficiente como para desencadenar una reacción inmunológica, pero insuficiente como para infectar a Venezuela con una toxina tan potente como para matarla.

Mientras tanto, los portaaviones estadounidenses surcan el Mediterráneo tratando de asustar a Rusia, Siria e Irán al mismo tiempo. Solo puedo imaginar el displicente desprecio con el que se recibe este último ruido de sables de hardware obsoleto en Moscú, Damasco o Teherán. Incluso Hezbolá permanece totalmente impasible.

La verdad es que las únicas personas que no se han dado cuenta de que el Imperio está quebrantado y derrotado son los gobernantes del estado profundo neoconservador y aquellos que aún creen en el legado de Ziomedia [medios sionistas].

A estas alturas, todos los demás se han percatado de cuán impotente ha devenido el Imperio.

Conclusión:

El Imperio solo “parece” ser fuerte. En realidad, es débil, confuso, desorientado y, lo más importante, dirigido por una triste banda de matones incompetentes que piensan que pueden asustar a todos para que se sometan, a pesar de no haber ganado una sola guerra significativa desde 1945. La incapacidad de romper la voluntad del pueblo de Venezuela es solo el último síntoma de esta alucinante debilidad.

Dejaré la última palabra a esta encantadora dama que realmente lo resume todo:



25 enero, 2019

Los esfuerzos liderados por Estados Unidos para derrocar a Maduro impulsados por intereses comerciales, no por la democracia — Stephen Gowans




what's left – 24/01/2019

Traducción: Arrezafe

La intervención coordinada y liderada por Estados Unidos para derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro al reconocer a Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional de Venezuela, como presidente interino, no tiene nada que ver con restaurar la democracia en Venezuela (que nunca fue anulada) y todo que ver con promover los intereses comerciales de los Estados Unidos.

La arrogancia imperial de Washington al nombrar efectivamente a Guaidó como presidente, intentando pasar por alto a los venezolanos, únicos con derecho a decidir quiénes han de ser sus líderes, está motivada por las mismas inquietudes que han motivado otras intervenciones estadounidenses en todo el mundo: derrocar gobiernos que antepongan los intereses de sus ciudadanos a los de los inversores estadounidenses.

Que Washington sea propenso a participar en operaciones de desestabilización contra gobiernos de izquierda no es un secreto. Desde 1898 hasta 2004, el gobierno de los Estados Unidos llevó a cabo 41 intervenciones exitosas de cambio de régimen en América Latina, un promedio de una cada dos años y medio. Y eso excluye los infructuosos, como la invasión de Bahía de Cochinos.

En casi todos los casos, las intervenciones de cambio de régimen de los Estados Unidos en todo el mundo han sido motivadas directa o indirectamente por consideraciones comerciales, y se llevaron a cabo para restaurar o proteger la primacía de los intereses comerciales de los Estados Unidos en tierras extranjeras. Y en muchos casos, las intervenciones allanaron el camino para la instalación de dictaduras de derecha.

Una última intervención de los Estados Unidos que no tuvo éxito fue el golpe de Estado de 2002 contra Hugo Chávez, el antecesor de Maduro. Washington reconoció de inmediato el golpe y lo consideró una victoria para la democracia, pero en privado lo reconoció como una importante victoria para sus propios intereses comerciales, en un estado rico en petróleo y con posibles oportunidades de obtener ganancias para la libre empresa de EE.UU.

A Washington no le gustaba Chávez porque el carismático líder izquierdista promovía el bienestar de los venezolanos comunes, en lugar de complacer a los inversionistas estadounidenses. Pero el golpe de estado contra Chávez fue efímero. En un golpe contra la tiranía, el cambio de régimen se invirtió rápidamente y Chávez, el líder legítimo del país, fue devuelto a la presidencia.

Decidido a eliminar a los gobiernos de izquierda en América Latina, Washington intensificó su campaña de guerra económica contra el país sudamericano, con el objetivo de hundir su economía en la ruina y el pueblo venezolano en la miseria. Esta fue el planificado juego que Washington había seguido innumerables veces antes y siempre, en China, Cuba, Corea del Norte, Chile, Zimbabwe, Yugoslavia, Irak, Siria e Irán: arruinar la economía del país objetivo, atribuir el caos a "los fracasos del socialismo" y “a la mala gestión económica”, y esperar a que la gente se alce en rebelión contra su miseria.

La idea de que la intervención de Washington en Venezuela tiene la más mínima conexión con la protección de la democracia es ridícula. El gobierno de los Estados Unidos ha apoyado notoriamente una serie de dictaduras de derecha en toda América Latina, incluida la de Augusto Pinochet, quien se instaló después del golpe de estado de 1973 diseñado por Estados Unidos contra Salvador Allende. Allende contrarió a Washington haciendo lo que Maduro y muchos otros líderes del Tercer Mundo habían hecho: poner los intereses de la población local por encima de los de las empresas estadounidenses.

En el Medio Oriente, los aliados árabes más cercanos de los Estados Unidos son dictaduras militares (Egipto) y monarquías absolutistas, entre las que destaca Arabia Saudita, cuya aversión a la democracia es absoluta. Washington recompensa a Egipto con 1.300 millones de dólares en ayuda militar al año, y apoya firmemente la tiranía saudí.

Los saudíes consideran que su parasitaria familia real es completamente inaceptable. Para protegerse de su propia población, la monarquía mantiene una pertrechada Guardia Nacional de 250,000 soldados. Dicha Guardia existe, no para defender a Arabia Saudita de la agresión externa, sino para proteger a la monarquía de sus propios súbditos. Los protectores de la familia al-Saud están entrenados y equipados por los Estados Unidos y sus satélites, incluido Canadá, que tiene un contrato de 10 mil millones de dólares para abastecer a dicha fuerza con transportes blindados de personal, utilizados para sofocar los frecuentes levantamientos de sauditas descontentos.

El armero de la Guardia Nacional canadiense, también reconoció a Guaidó como presidente interino de Venezuela, atribuyendo deshonestamente su decisión de seguir el liderazgo de Estados Unidos a su supuesto compromiso con la democracia. Ottawa se ha aliado con los dictadores de Riad en su ofensiva contra los afligidos ciudadanos saudíes, privados de la democracia, al mismo tiempo que apoyan los esfuerzos de General Dynamics Canada para obtener ganancias faraónicas de la venta de armas a los déspotas sauditas que odian la democracia.


Seamos honestos sobre una cuantas cosas.

Primero, las agendas de los líderes políticos de los Estados Unidos y Canadá son establecidas por las élites económicas y los intereses comerciales organizados, de los cuales dependen para las contribuciones de las campañas electorales, las recomendaciones políticas y las lucrativas oportunidades de empleo de la carrera política, con las cuales están estrechamente integrados, personal y profesionalmente. En consecuencia, se preocupan por las ganancias de los inversionistas estadounidenses y canadienses, no por el bienestar, las libertades o la democracia de los venezolanos comunes. De hecho, secretamente albergan desprecio por el grueso de sus propios ciudadanos y, por un momento, no tolerarían el florecimiento de una auténtica y sólida democracia en sus propios países. Así pues, la idea de que se preocupan por los residentes de una lejana tierra sudamericana es una fantasía para políticos pánfilos y débiles ingenuos.

En segundo lugar, las campañas de guerra económica dirigidas por los Estados Unidos hacen que la vida de la gente sea miserable, dando lugar a que muchas personas, que atribuyen su miseria a la acción de su propio gobierno, deseen su dimisión. Otros pueden reconocer que son las sanciones la causa de su miseria y apoyar el cambio de régimen como una forma de obtener alivio a la penuria impuesta por el extranjero. De hecho, la lógica de la guerra económica depende de la efectiva realidad de estas suposiciones.

Tercero, los gobiernos amenazados por el cambio de régimen patrocinado por el extranjero enfrentan emergencias nacionales legítimas. Maduro no es un dictador. Él es el jefe electo de un gobierno que enfrenta una verdadera emergencia nacional diseñada por potencias extranjeras hostiles. Las medidas tomadas por el gobierno para defender a sus ciudadanos contra la determinación de los Estados Unidos de imponer a Venezuela las políticas que atienden los intereses de las corporaciones estadounidenses a expensas de los venezolanos son totalmente legítimas; representan la acción de una democracia contra una tiranía internacional liderada por Estados Unidos.

Es importante recordar que el gobierno de Maduro, como el de Chávez, ha tratado de poner los intereses de los venezolanos comunes por encima de los de los inversionistas estadounidenses. Como resultado, ha provocado la enemistad de Washington. La intervención de los Estados Unidos en Venezuela, reconociendo a Guaidó como presidente interino, es emblemática de muchas otras intervenciones de cambio de régimen perpetradas por los Estados Unidos. Invariablemente, estas intervenciones están dirigidas a gobiernos de izquierda que amenazan los lucrativos intereses de las empresas estadounidenses. Las intervenciones no tienen nada que ver con la democracia; por el contrario, donde son exitosas, casi siempre son seguidas por regímenes de derecha que construyen climas de amigables negocios con los inversionistas de los Estados Unidos e integran a sus países económica, militar y diplomáticamente en el orden global dirigido por Wall Street y supervisado por los Estados Unidos. Los inversores extranjeros son complacidos, mientras que la población local recibe un trato severo. Lejos de estimular las transiciones a la democracia, las intervenciones de cambio de régimen de EE.UU. pretenden revertir la democracia y fortalecer la tiranía global de EE.UU. La última intervención dirigida por Estados Unidos en Venezuela no es diferente, y es solo una repetición, con variaciones locales, de similares esfuerzos en Siria, Irán, Cuba y Corea del Norte.

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Dangerous consequences in Venezuela regime change plan