Mostrando entradas con la etiqueta Guerra Total. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guerra Total. Mostrar todas las entradas

23 marzo, 2026

Irán avanza hacia la guerra total contra el culto a la muerte — Pepe Escobar

 


Strategic Culture – 19/03/2026

   Traducción del inglés: Arrezafe


Parálisis estructural. Meticulosamente programada. Inexorable. En marcha.


Atacar el yacimiento de gas de South Pars en Irán, el más grande del planeta, supone la máxima escalada.


Neo-Calígula, con su característico discurso cobarde en Truth Social, desesperado por culpar al culto a la muerte en Asia Occidental y eximirse de toda responsabilidad, afirma que fue Israel el que “iracundo” atacó South Pars y que Estados Unidos "no sabía nada de este ataque en particular". Y añadió que Qatar "no estuvo involucrado de ninguna manera", y que Irán atacó la planta de GNL de Qatar en represalia "basándose en información errónea".


¿Eso es todo? Entonces, ¿seguimos bailando?


Difícilmente. Más bien, el culto a la muerte utilizó medios de comunicación abiertamente sionistas en los EEUU para presentarlo todo como una operación conjunta, hundiendo al Imperio del Caos y el Saqueo aún más en un atolladero de arrogancia; arrastrándolo a una Guerra Energética Total con consecuencias devastadoras; y poniendo a las petromonarquías del Golfo 100% en contra de Irán (ya estaban ejerciendo campaña contra Irán, especialmente Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar).


Neo-Calígula puede presumir todo lo que quiera. Sin embargo, es obvio que una operación de tal sensibilidad y magnitud —como medio para "presionar" a Teherán— requiere una profunda implicación del CENTCOM y la aprobación presidencial.


Así pues, el escenario privilegiado apunta una vez más a que Washington está perdiendo el control de su propia política exterior, suponiendo que alguna vez la haya tenido.


Todos los implicados, cuya incapacidad para interpretar el tablero de ajedrez ha quedado demostrada una y otra vez, no pudieron evitar creer que Teherán acabaría cediendo tras un ataque a su preciada seguridad energética.


La respuesta iraní, como era de esperar, fue totalmente opuesta: una escalada radical. La lista de objetivos para el contraataque se publicó de inmediato y se seguirá al pie de la letra. Empezando por la refinería de Ras Laffan en Qatar.


¡Ojo con esos trenes de GNL!


Resulta tentador creer que el neo-Calígula está tratando de distanciarse del descontrolado y Totalmente Desesperado culto a la muerte, posiblemente ofreciendo una vía de escape a Teherán, admitiendo al mismo tiempo que destruir South Pars supodría algo catastrófico, pero comprometiéndose a "volarlo por los aires" (no esperen que un gánster narcisista, megalómano y divagante sea coherente).


Lo que es crucial y está en juego en la tragedia de South Pars son los trenes de GNL.


Un “tren” consta de diversos componentes diseñados para procesar, purificar y convertir gas natural en GNL. Se denominan “trenes” debido a la disposición secuencial de los equipos (trenes de compresores) que se utilizan en el proceso industrial para procesar y licuar el gas natural.


El proyecto Qatar 2 en la enorme refinería de Ras Laffan fue coordinado por Chiyoda y Technip, una empresa conjunta anglo-japonesa. Lo mismo respecto a las unidades 4 y 5, que conforman las mayores plantas de GNL del mundo.


Estos “trenes” son operados por Qatar Gas, ExxonMobil, Shell y ConocoPhillips. En la práctica, se trata de instalaciones vinculadas a Estados Unidos y Occidente, por lo que constituyen objetivos legítimos para Irán.


En el mundo solo existen 14 de estos trenes, y no es exagerado afirmar que la "civilización" occidental depende de todos ellos. Reemplazar un tren lleva entre 10 y 15 años. Estos 14 trenes están al alcance de los misiles balísticos e hipersónicos de Irán, y al menos uno de ellos fue incendiado durante el contraataque iraní. Así de grave es la situación.


La primera guerra total de alta tecnología en Asia Occidental


La escalada en South Pars era inevitable después de que las nuevas normas establecidas por Irán en el estrecho de Ormuz volvieran completamente loco al sindicato de Epstein.


Fue la paranoia de las aseguradoras occidentales la que cerró el estrecho, mucho más que el potencial defensivo combinado iraní de drones y misiles balísticos. Entonces, la Guardia Revolucionaria anunció que el estrecho estaba abierto a China, a otras naciones inmersas en negociaciones, como Bangladesh, y a los países del Golfo que expulsaran a los embajadores estadounidenses.


Finalmente, se impuso un nuevo conjunto de reglas que funcionan así:


1. Si su cargamento se negoció en petroyuanes, es posible que obtenga paso gratuito.

2. Debes pagar peaje.

3. Solo entonces podrá navegar libremente por aguas territoriales iraníes, cerca de la isla de Qeshm, y no atravesando el centro del estrecho.


El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Araghchi, fue inequívoco: «Tras el fin de la guerra, diseñaremos nuevos mecanismos para el estrecho de Ormuz. No permitiremos que nuestros enemigos utilicen esta vía marítima». Pase lo que pase, el estrecho de Ormuz contará con un puesto de control permanente, bajo dominio iraní.


El profesor Fouad Azadi, a quien tuve el placer de conocer en Irán hace años, ya anunció que los barcos que transiten por el estrecho deberán pagar un peaje del 10 %. Esto podría generar hasta 73 mil millones de dólares anuales, más que suficiente para compensar los daños de la guerra y las sanciones estadounidenses.


Irán ya está inmerso en lo que, a efectos prácticos, se configura como la Primera Guerra Total de Alta Tecnología de Asia Occidental.


Estratégicamente, según la definición de los analistas iraníes, esto implica una fascinante abundancia de nueva terminología.


Comencemos con la Gran Constricción, aplicada a través de la estrategia de Desgaste Quirúrgico hiperfocalizado. El objetivo final de dicha constricción ha cambiado: de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) a la destrucción del tejido mismo de la sociedad civil israelí.


Luego está el Rompeescudos Mach 16, cuyas superestrellas tecnológicas son los misiles Khorramshahr-4 y Fattah-2, que alcanzan velocidades terminales de Mach 16, viajando a 5,5 km por segundo.


Traducción: mientras la computadora enemiga calcula un vector de interceptación, la ojiva del misil, un proyectil de una tonelada, ya ha impactado, creando una paradoja de defensa de suma cero: Israel gasta millones de dólares intentando una interceptación con una probabilidad de fracaso del 100%, mientras que Irán gasta una fracción para lograr un impacto asegurado.


A continuación tenemos La Doctrina de los Cuatro Órganos Vitales.


Los nueve millones de habitantes de Israel sobreviven gracias a tan sólo dos puertos principales de aguas profundas. Esto ha llevado a Teherán a adoptar una estrategia de parálisis estructural, centrándose sistemáticamente en cuatro "puntos críticos": los nodos hiperconcentrados de la infraestructura israelí que, de ser desmantelados, convertirán el sistema de defensa israelí en una jaula oscura, sedienta y hambrienta.


Los cuatro órganos vitales son: Asfixia hidrológica (que afecta al 85% del agua potable de Israel en cinco plantas desalinizadoras); Protocolo de apagón (que afecta a la central eléctrica de Orot Rabin, en el corazón de la red eléctrica nacional); Bloqueo alimentario, que afecta a los puertos de Haifa y Ashdod, esenciales para las importaciones israelíes del 85% del trigo que necesita; y Descabezamiento energético: centrado en las refinerías de Haifa, la única fuente israelí de petróleo refinado, y un objetivo aún más importante después del ataque a South Pars.


Parálisis estructural. Meticulosamente programada. Inexorable. En marcha.


★


08 mayo, 2022

Megalópolis x Rusia: Guerra Total — Pepe Escobar


 

Comunidad Saker Latinoamérica – 07/05/2022

Strategic Culture Foundation


Tras una cuidadosa evaluación, el Kremlin está reordenando el tablero geopolítico para acabar con la hegemonía unipolar de la “nación indispensable”.


Pero es nuestro destino / No tener lugar para descansar, / Como mortales sufrientes / Caer ciegamente y desvanecerse / De una hora / A la siguiente, / Como el agua que cae / De acantilado en acantilado, hacia abajo / Durante años a la incertidumbre.


Holderlin, Canción del destino de Hyperion


La Operación Z es la primera salva de una lucha titánica: tres décadas después de la caída de la URSS, y 77 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, tras una cuidadosa evaluación, el Kremlin está reordenando el tablero geopolítico para acabar con la hegemonía unipolar de la “nación indispensable”. No es de extrañar que el Imperio de la Mentira se haya vuelto completamente loco, obsesionado en expulsar completamente a Rusia del sistema centrado en Occidente.


Los EE.UU. y sus cachorros de la OTAN no pueden llegar a comprender su perplejidad cuando se enfrentan a una pérdida asombrosa: no más derecho que permita el uso exclusivo de la fuerza geopolítica para perpetuar “nuestros valores”. Se acabó el dominio de todo el espectro.


El micro-cuadro también está claro. El Estado Profundo de Estados Unidos está ordeñando hasta la saciedad su gambito planeado en Ucrania para encubrir un ataque estratégico contra Rusia. El “secreto” era forzar a Moscú a una guerra intraeslava en Ucrania para romper el Nord Stream 2 – y por lo tanto la dependencia alemana de los recursos naturales rusos. Eso pone fin –al menos en el futuro inmediato– a la perspectiva de una conexión ruso-alemana bismarckiana que, en última instancia, haría que Estados Unidos perdiera el control de la masa terrestre euroasiática desde el Canal de la Mancha hasta el Pacífico en favor de un pacto emergente entre China, Rusia y Alemania.


La táctica estratégica estadounidense, hasta ahora, ha funcionado de maravilla. Pero la batalla está lejos de terminar. Los silos psicológicos neocon/neoliberales dentro del Estado profundo consideran a Rusia una amenaza tan seria para el “orden internacional basado en reglas” que están dispuestos a arriesgar, si no a incurrir, en una guerra nuclear “limitada” por su gambito. Lo que está en juego es nada menos que la pérdida del dominio del mundo por parte de los anglosajones.


Dominar los cinco mares


Rusia, según la paridad de poder adquisitivo (PPA), es la sexta economía del mundo, justo detrás de Alemania y por delante del Reino Unido y Francia. Su economía “dura” es similar a la de Estados Unidos. La producción de acero puede ser casi la misma, pero la capacidad intelectual es muy superior. Rusia tiene aproximadamente el mismo número de ingenieros que Estados Unidos, pero están mucho mejor formados.


El Mossad atribuye el milagro económico de Israel al crear un equivalente de Silicon Valley a una base de un millón de inmigrantes rusos. Este Silicon Valley israelí resulta ser un activo clave del complejo estadounidense MICIMATT (military-industrial-congressional-intelligence-media-academia-think tank), como lo denominó indeleblemente Ray McGovern.


Los medios de comunicación de la OTAN ladrando histéricamente que el PIB de Rusia es del tamaño de Texas es una tontería. La PPA es lo que realmente cuenta; eso y la superioridad de los ingenieros rusos es la razón por la que sus armas hipersónicas están al menos dos o tres generaciones por delante de las de Estados Unidos.


El Imperio de las Mentiras no tiene misiles defensivos dignos de ese nombre, ni equivalentes al Sr. Zircón y al Sr. Sarmat. La esfera de la OTANstan simplemente no puede ganar una guerra, cualquier guerra contra Rusia por esta sola razón.


La ensordecedora “narrativa” de la OTANstan de que Ucrania está derrotando a Rusia no califica ni siquiera como una broma inocua (compárese con la estrategia rusa de “Alcanzar y tocar a alguien”). El sistema corrupto de los fanáticos de la SBU entremezclados con las facciones ucranianas es kaput. El Pentágono lo sabe. La CIA no puede admitirlo. Lo que el Imperio de la Mentira ha ganado, hasta ahora, es una “victoria” mediática de los ucronazis, no una victoria militar.


El general Aleksandr Dvornikov, de fama siria, tiene un mandato claro: conquistar todo el Donbass, liberar totalmente Crimea y preparar el avance hacia Odessa y Transnistria, mientras se reduce una Ucrania rump a la condición de estado fallido sin ningún acceso al mar.


El Mar de Azov –unido al Caspio por el canal Don-Volga– ya es un lago ruso. Y el Mar Negro es el siguiente, la conexión clave entre el Heartland y el Mediterráneo. El sistema de los cinco mares –Negro, Azov, Caspio, Báltico, Blanco– consagra a Rusia como una potencia naval continental de facto. ¿Quién necesita aguas cálidas?


Moviéndose “a la velocidad de la guerra”


El dial del dolor, a partir de ahora, subirá sin parar. La realidad –como en los hechos sobre el terreno– pronto se hará evidente incluso para el LugenPresse de toda la OTAN.


El despierto jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Mark Milley, espera que la Operación Z dure años. Eso es un disparate. Las Fuerzas Armadas rusas pueden permitirse ser muy metódicas y tomarse todo el tiempo necesario para desmilitarizar adecuadamente Ucrania. El Occidente colectivo, por su parte, está presionado por el tiempo, porque el contragolpe de la economía real ya está en marcha y está destinado a volverse vicioso.


El ministro de Defensa, Shoigu, lo ha dejado bien claro: cualquier vehículo de la OTAN que lleve armas a Kiev será destruido como “objetivo militar legítimo”.


Un informe del servicio científico del Bundestag estableció que el entrenamiento de soldados ucranianos en suelo alemán puede equivaler, según el derecho internacional, a una participación en la guerra. Y esto se complica aún más cuando se une a la entrega de armas de la OTAN: “Sólo si, además del suministro de armas, se tratara también de la instrucción de la parte en conflicto o del entrenamiento en dichas armas, se saldría del ámbito seguro de la no guerra”.


Ahora, al menos, queda irremediablemente claro cómo el Imperio de las Mentiras “se mueve a la velocidad de la guerra”, tal como lo describió en público el vendedor de armas convertido en jefe del Pentágono, Lloyd “Raytheon” Austin. En pentagonés, eso fue explicado por el proverbial “funcionario” como “una combinación de un centro de llamadas, una planta de vigilancia, salas de reuniones. Ejecutan un ritmo de batalla para apoyar a los responsables de la toma de decisiones”.


El “ritmo de batalla” pentagónico que se ofrece a un supuesto “ejército ucraniano creíble, resistente y con capacidad de combate” se alimenta de un sistema EUCom que esencialmente traslada los pedidos de armas desde los almacenes del Pentágono en EEUU a las sucursales del Imperio de las Bases en Europa y luego al frente oriental de la OTAN en Polonia, donde se transportan en camiones a través de Ucrania justo a tiempo para ser debidamente incinerados por los ataques de precisión rusos: la riqueza de opciones incluye misiles supersónicos P-800 Onyx, dos tipos de Iskander, y el Sr. Khinzal lanzado desde los Mig-31K.


El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, ha subrayado que Moscú es perfectamente consciente de que Estados Unidos, la OTAN y el Reino Unido están transfiriendo no sólo armas, sino también mucha información. Paralelamente, el Occidente colectivo lo pone todo patas arriba las 24 horas del día y los 7 días de la semana, configurando un nuevo entorno totalmente orientado contra Rusia, sin importarle siquiera una apariencia de asociación en ningún ámbito. El Occidente colectivo ni siquiera considera la posibilidad de dialogar con Rusia.


De ahí que hablar con Putin sea “una pérdida de tiempo”, a menos que una “derrota rusa” en Ucrania (haciéndose eco de la estridente R.P. de Kiev) le haga ser “más realista”. Con todos sus defectos, Le Petit Roi Macron/McKinsey ha sido una excepción, al teléfono con Putin a principios de esta semana.


La neo-orwelliana hitlerización de Putin lo reduce, incluso entre la llamada euro-inteligentzia, a la condición de dictador de una nación cloroformada en su nacionalismo decimonónico. Olvídense de cualquier atisbo de análisis histórico/político/cultural. Putin es un Augusto tardío, que disfraza su Imperio de República.


En el mejor de los casos, los europeos predican y rezan –chihuahuas ladrando a la voz de su amo– por una estrategia híbrida de “contención y compromiso” que sea desencadenada por Estados Unidos, repitiendo torpemente los garabatos de los habitantes de esa zona de exclusión aérea intelectual, Think Tankland.


Sin embargo, los europeos prefieren “aislar” a Rusia, es decir, que el 12% de la población mundial “aísle” al 88% (por supuesto, su “visión” occidentalizada ignora por completo al Sur Global). La “ayuda” a Rusia sólo llegará cuando las sanciones sean efectivas (como nunca: el retroceso será la norma) o –el último sueño húmedo– haya un cambio de régimen en Moscú.


La caída


La agente de relaciones públicas ucronazi Ursula von der Lugen presentó el sexto paquete de sanciones de la (des)Unión Europoodle.


Lo más destacado es la exclusión de otros tres bancos rusos de SWIFT, entre ellos el Sberbank. Siete bancos ya están excluidos. Esto reforzará el “aislamiento total” de Rusia. Es ocioso comentar algo que sólo engaña a la LugenPresse.


Luego está el embargo “progresivo” de las importaciones de petróleo. No se importará más crudo a la UE en seis meses y no habrá más productos refinados antes de finales de 2022. En la actualidad, la AIE muestra que el 45% de las exportaciones de petróleo de Rusia van a la UE (con un 22% a China y un 10% a Estados Unidos). La voz de su amo sigue y seguirá importando petróleo ruso.


Y, por supuesto, también aparecen 58 sanciones “personales”, dirigidas a personajes muy peligrosos como el Patriarca Kirill de la Iglesia Ortodoxa, y la esposa, el hijo y la hija del portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.


Esta impresionante muestra de estupidez tendrá que ser aprobada por todos los miembros de la UE. La revuelta interna está garantizada, especialmente desde Hungría, aunque muchos sigan dispuestos a suicidarse energéticamente y a ensuciar la vida de sus ciudadanos a lo grande para defender un régimen neonazi.


Alastair Crooke llamó mi atención sobre una sorprendente y original interpretación de lo que está ocurriendo, ofrecida en ruso por un analista serbio, el profesor Slobodan Vladusic. Su tesis principal, en pocas palabras: “Megalópolis odia a Rusia porque no es Megalópolis: no ha entrado en la esfera del antihumanismo y por eso sigue siendo una alternativa de civilización. De ahí la rusofobia”.


Vladusic sostiene que la guerra intraeslava en Ucrania es “una gran catástrofe para la civilización ortodoxa”, lo que refleja mi reciente primer intento de abrir un debate serio sobre un Choque de Cristianismos.


Sin embargo, el mayor cisma no es el de la religión, sino el de la cultura: “La diferencia clave entre el antiguo Occidente y la Megalópolis de hoy es que la Megalópolis renuncia programáticamente a la herencia humanista de Occidente”.


Así que ahora “es posible borrar no sólo el canon musical, sino también todo el patrimonio humanístico europeo: toda la literatura, las bellas artes, la filosofía” debido a una “trivialización del conocimiento”. Lo que queda es un espacio vacío, en realidad un agujero negro cultural, “llenado por la promoción de términos como ‘posthumanismo’ y ‘transhumanismo'”.


Y aquí Vladusic llega al meollo de la cuestión: Rusia se opone ferozmente al Gran Reset urdido por las “élites” “hackeables”, autodenominadas “élites” de Megalópolis.


Sergey Glazyev, que actualmente coordina el proyecto de un nuevo sistema financiero/monetario por parte de la Unión Económica de Eurasia (UEE) en colaboración con los chinos, adapta Vladusic a los hechos sobre el terreno (aquí en ruso, aquí en una traducción imperfecta al inglés).


Glazyev es mucho más contundente que en sus meticulosos análisis económicos. Aunque señala los objetivos del Estado profundo de destruir el mundo ruso, Irán y bloquear a China, subraya que Estados Unidos “no podrá ganar la guerra híbrida global”. Una razón clave es que el Occidente colectivo ha “puesto a todos los países independientes frente a la necesidad de encontrar nuevos instrumentos monetarios globales, mecanismos de seguro de riesgo, restaurar las normas del derecho internacional y crear sus propios sistemas de seguridad económica.”


Así que sí, esto es Totalen Krieg, Guerra Total, tal y como lo explica Glazyev sin atenuantes, y tal y como lo denunció Rusia esta semana en la ONU: “Rusia tiene que enfrentarse a Estados Unidos y a la OTAN en su confrontación, llevándola a su conclusión lógica, para no quedar dividida entre ellos y China, que se está convirtiendo irremediablemente en el líder de la economía mundial”.


Puede que la historia acabe registrando, 77 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, que los psicópatas neocon/neoliberales de los silos de Washington que instigaron una guerra intereslava ordenando a Kiev que lanzara una guerra relámpago contra el Donbass fue la chispa que condujo a la caída del Imperio estadounidense.


★