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09 agosto, 2021

"Algo sin precedentes en la historia de la humanidad" — Eric Li

 



Going Underground – La OTAN está perdiendo la paciencia con China, Boris Johnson ha enviado el buque de guerra más grande de la Royal Navy hacia las fronteras marítimas de China. China ha permitido que 400 bases rodeen su país y empresas, grandes empresas, Huawei obviamente, están vetadas en la infraestructura 5g de este país... Es como si el dialogo se estuviera precipitando y el Partido Comunista de China estuviera intentando su mejor diplomacia del lobo. No sé si Xi Jinping está ahora en contra de la diplomacia del lobo, pero es como si no se diera cuenta de lo rodeada y aislada que está China en el mundo, a pesar de toda la interconectividad, aislada militarmente, sitiada.


Eric Li – Creo que es un despliegue lamentable. Creo que es contrario de cuanto sabemos por los hechos sobre el terreno y lo que sabemos de la historia. Así que, yo siempre digo que hace 20, 30 años China, los chinos, priorizaron esta idea llamada ascenso pacífico, querían ascender pacíficamente, ¿verdad? Y en aquel momento mucha gente pensó que eso era no era creíble, nadie, o muy poca gente, lo creyó. Pero mirando hacia atrás, creo que ese ascenso pacífico ya se ha producido. En solo dos generaciones, hemos pasado de ser un país agrario y pobre a la gran potencia industrial que es hoy China, la segunda economía más grande y la mayor por paridad de poder adquisitivo. Sin embargo, China no ha invadido un solo país ni ha efectuado un solo disparo, y eso es algo que no tiene precedentes en la historia de la humanidad.


Si examinas los datos históricos, el surgimiento de todas las grandes potencias, desde el Imperio ateniense hasta el Imperio Romano, desde el Imperio Británico hasta el Destino Manifiesto de Estados Unidos, el surgimiento del Japón moderno, de la Alemania moderna, casi todos ellos, en realidad todos ellos, fueron acompañados por grandes derramamientos de sangre, colonizaciones de continentes enteros, matanzas y esclavitud de poblaciones enteras, invasiones, guerras. Todos ellos.


El ascenso de China ha sido más rápido y mayor que el de todos esos imperios, pero hasta ahora no se ha disparado ni un solo tiro, y eso es un gran logro. Y en lugar de celebrar este logro y alentar un mayor desarrollo, nos encontramos con estas hostilidades que las potencias occidentales ejercen y que me parecen absurdas, desafortunadas y decepcionantes.


08 octubre, 2019

El 70º aniversario de la República ‎Popular China y el empeño occidental en borrar la Historia —————— Manlio Dinucci





La República Popular China no es la amenaza que nos pintan para el resto del mundo. ‎Pekín no se ve a sí mismo como una potencia conquistadora sino como una nación de ‎resistencia. Es ese el sentido de las ceremonias del 70º aniversario de la República ‎Popular China, expresión actual de una nación que supo reponerse política y ‎económicamente luego de la agresión sufrida en el siglo XIX‎

La República Popular China no es la amenaza que nos pintan para el resto del mundo. ‎Pekín no se ve a sí mismo como una potencia conquistadora sino como una nación de ‎resistencia. Es ese el sentido de las ceremonias del 70º aniversario de la República ‎Popular China, expresión actual de una nación que supo reponerse política y ‎económicamente luego de la agresión sufrida en el siglo XIX. ‎

Hace 70 años, el 1º de octubre de 1949, el líder Mao Zedong proclamaba, desde la puerta de ‎Tiananmén, el nacimiento de la República Popular China, que acaba de celebrar ese aniversario ‎con un gran desfile militar ante ese histórico lugar. En Europa, Japón y Estados Unidos, los ‎grandes medios de difusión presentan ese desfile como la ostentación de fuerza militar de una ‎potencia amenazante. Prácticamente nadie se interesa por recordar los dramáticos momentos de ‎la historia que condujeron al nacimiento de la Nueva China. ‎

Así que nadie menciona la China que se vio reducida al estado de colonia o de semicolonia, que ‎desde mediados del siglo XIX fue explotada y desmembrada por las potencias europeas (Reino ‎Unido, Alemania, Francia, Bélgica, Austria e Italia), por la Rusia de los zares, por el Japón imperial ‎y por Estados Unidos. ‎

Nadie menciona el sangriento golpe de Estado perpetrado en 1927 por Chiang Kai-shek –con el ‎respaldo de Estados Unidos–, quien casi exterminó a los miembros del Partido Comunista ‎‎(fundado en 1921) y masacró cientos de miles de obreros y campesinos. Tampoco se habla de ‎la Larga Marcha del Ejército Rojo, iniciada en 1934 como una desastrosa retirada y convertida ‎por Mao Zedong en una de las mayores hazañas político-militares de la historia de la humanidad. ‎

Igualmente se pasa por alto la guerra de agresión que Japón desató contra China en 1937. ‎Se oculta el hecho que las tropas japonesas ocuparon Pekín, Shanghai y Nankín, que en esta ‎última ciudad china masacraron a más de 300 000 civiles y que atacaron más de 10 ciudades ‎chinas con armas biológicas. ‎

Se silencia la historia del frente unido antijaponés que el Partido Comunista constituyó con el ‎Kuomintang. Las tropas del Kuomintang, armadas por Estados Unidos, lucharon contra los ‎invasores japoneses pero al mismo tiempo imponían un bloqueo a las zonas liberadas por el ‎Ejército Rojo y hacían que la ofensiva japonesa se concentrara precisamente sobre esas zonas.

Desde 1937 hasta 1945, el Partido Comunista –que pasó de 40 000 miembros a 1,2 millones– ‎dirigió las fuerzas populares chinas en una guerra de resistencia que acabó desgastando a las ‎tropas japonesas. Pero no se reconoce que con esa guerra de resistencia, durante la cual ‎‎35 millones de chinos dieron sus vidas, China tuvo una contribución determinante en la derrota ‎de Japón, que, ya derrotado en el Pacífico por Estados Unidos y en Manchuria por la URSS, acabó ‎rindiéndose a Estados Unidos, en 1945, después de los bombardeos atómicos estadounidenses ‎contra Hiroshima y Nagasaki. ‎

También se esconde al público lo ocurrido inmediatamente después de la derrota japonesa. ‎Siguiendo un plan trazado en Washington, Chiang Kai-shek trató de reeditar lo que ya había ‎hecho en 1927. Pero sus fuerzas, armadas y apoyadas por Estados Unidos se encontraron ‎frente al Ejército Popular de Liberación, que contaba alrededor de un millón de combatientes, y a ‎una milicia de 2,5 millones de personas, que además gozaban de un enorme apoyo popular. Unos ‎‎8 millones de soldados del Kuomintang resultaron muertos o hechos prisioneros y Chiang Kai-shek ‎huyó a Taiwan bajo la protección de Estados Unidos. ‎

Los párrafos anteriores son sólo una pequeña síntesis de los hechos que llevaron al nacimiento de ‎la República Popular China, hace 70 años. Pero de esa historia no se habla prácticamente nunca ‎en los manuales escolares de historia, caracterizados por una visión del mundo eurocéntrica y ‎extremadamente restringida, visión que se hace cada día más anacrónica. Es una historia que los ‎políticos y la prensa occidentales ignoran deliberadamente… porque revela los crímenes del ‎imperialismo, pone en el banquillo de los acusados, a las potencias europeas, a Japón y a ‎Estados Unidos, a las «grandes democracias» occidentales que se erigen en jueces supremos ‎con derecho a decidir qué países son democráticos y cuáles no. ‎

Pero ya no estamos en la época de las «concesiones», aquellas zonas urbanas bajo ‎administración extranjera en suelo chino, cuya creación había sido impuesta a China por las ‎potencias extranjeras, cuando el parque Huanpu de Shanghai estaba «prohibido a los perros y los ‎chinos».