22 octubre, 2013

Tener tiempo para vivir: no ser su esclavo.

Mesrine, «El Grande» –así lo apodaban los miembros de la brigada especial de la policía que lo ejecutaron en las calles de París– fue un hombre que dio el salto cualitativo de vivir fuera de la ley a vivir contra la ley: una expedición sin retorno durante la cual no olvidó ni la suerte que corren los presos, ni el juramento de venganza que había lanzado a sus enemigos.

Fragmentos del libro "Instinto de muerte", de Jacques Mesrine, la autobiografía del enemigo público número uno, editado por pepitas de calabaza.

"Había adquirido la costumbre de mirar a mi alrededor, de fijarme en todos los que se cruzaban conmigo en la calle, en el metro, en el pequeño restaurante donde comía al mediodía. ¿Qué era lo que veía? Caras tristes, miradas cansadas, individuos agotados por un trabajo mal pagado, pero constreñidos a hacerlo para sobrevivir y que no podían permitirse más que el estricto mínimo. Seres condenados a la mediocridad perpetua. Seres que se asemejaban entre sí por la vestimenta y los problemas financieros de fin de mes. Seres incapaces de satisfacer sus menores deseos, condenados a ser eternos soñadores ante los escaparates de las tiendas de lujo y de las agencias de viajes. Estómagos acostumbrados al menú del día y al vaso de tinto corriente. Seres que conocen su porvenir, porque no tienen. Autómatas explotados y controlados, más respetuosos de las leyes por miedo que por integridad moral. Seres sometidos, vencidos, esclavos del despertador. Yo formaba parte de esa mayoría por obligación, pero me sentía ajeno a ella. No la aceptaba. No quería que mi vida estuviera reglamentada de antemano o decidida por otros. Si a las seis de la mañana tenía ganas de hacer el amor, quería tomarme el tiempo de hacerlo sin tener que mirar al reloj. Quería vivir sin horario fijo, pues estaba convencido de que la primera coacción del hombre comenzó en el instante en que se puso a calcular el tiempo. En mi cerebro resonaban las frases habituales de la existencia de todos los días. No tengo tiempo de Llegar a tiempo Ganar tiempo Perder el tiempo Yo quería «tener tiempo para vivir» y el único medio de poder hacerlo era no ser su esclavo. Sabía que era una teoría irracional, inservible para fundar una sociedad. Pero ¿qué sociedad era aquella, con sus bonitos principios y sus leyes?"

"Si bien he robado, nunca he despojado a los pobres. La mayoría de mis atracos han sido dirigidos contra bancos y empresas importantes. Nunca he utilizado la violencia contra un cajero ni contra alguien que transportara dinero. Estoy convencido de haber trabajado siempre con limpieza. No he violado a nadie, ni agredido a ancianos, ni explotado a una mujer. Si he abrazado la aventura, es porque amaba el peligro. Si muchos hombres perdieron la vida a causa de mis balas era porque no quedaba otra opción: o ellos o yo. Se arriesgaron tanto como yo al aceptar el cara a cara".

"Sabrina volvió de Montreal en el momento en que yo me ponía a escribir un libro sobre mi vida sin rehuir las graves consecuencias que el texto podía depararme a la hora del juicio. Pero había alcanzado el «punto cero», y como ya no tenía nada que perder, me decidí a lanzar «mi verdad» a la cara de la sociedad que muy pronto se encargaría de juzgarme. Aquella verdad, sin embargo, podría ser interpretada como un desafío. Un asesino describiendo sus crímenes indignaría quizá a los honrados ciudadanos. Las últimas páginas del libro amenazaban con convertirse en los primeros peldaños de la guillotina. Pero no tenía la menor importancia. Una celda no es más que una tumba a la que de vez en cuando se le levanta la losa que la cubre para comprobar si el enterrado vivo sigue todavía allí".

Breve biografía de Jacques Mesrine.
Nace el 28 de diciembre 1936 en una familia de clase media. Pasa su infancia en el Par’s de la guerra. Le expulsan de dos escuelas por su agresividad. Deja de estudiar. Se casa joven con una joven martiniqueña, pero pronto se pelean y se separan. Se va a Argelia y es entrenado por la OAS. Se casa otra vez en 1961 con Soledad, española a la que conoció en la Costa Brava.
Su género de vida dedicada ya al crimen, le hacen huir del hogar. Trafica con armas, roba bancos, se enamora de una prostituta, Jeanne Schneider y se van a Canadá. Secuestran a un anciano, piden rescate, pero les sale mal. Huyen y en un Motel donde se alojan aparece estrangulada la dueña. Le detiene la policía y le condenan a 15 años de cárcel. Se fuga.
Sus fugas serán desde entonces espectaculares. Es un genio del disfraz. Con un cómplice se esconden en un bosque y matan a los dos viejos guardabosques que les intentan detener. A la semana están robando un banco y a los tres días lo roban de nuevo. Es su modus operandi, los "robos en cadena". La OAS le ayuda a conseguir pasaportes falsos para Venezuela. La Interpol le localiza y consigue huir a Francia. En París, en dos semanas comete doce delitos. Alquila varios pisos francos, donde almacena un arsenal de armas. La policía da con él y huye hiriendo de un disparo a un guardia. Las entrevistas que concede a periodistas le hacen famoso.
Se le llama "El enemigo público número 1", cosa que le encanta. Por fin le detiene la policía y confiesa haber matado a 39 personas, lo que es una invención, pero los titulares de la Prensa son suyos. Encerrado en La Santé de París, prisión de máxima seguridad, escribe su autobiografía que es una novela de aventuras. En el juicio se presenta como un gran actor y el público le aplaude. 
La autobiografía es sacada clandestinamente de la cárcel y se publica con el título de "L´instinct de Mort" (El instinto asesino). Con más osadía que nunca, consigue lo que nadie ha hecho, escapar de La Santé con dos compañeros, uno de lo cuales muere de un disparo de la policía. Mesrine logra escapar. 
La Policía crea una "Brigada especial" para capturarle por orden del propio Presidente Giscard. Poco después asesina a un periodista, Jacques Tillier, por haberle traicionado. Se refugia en Montmartre y se viste de anciano con pelucas diversas, pero a través de su cómplice, la Policía descubre su escondrijo y lo rodea. Cuando sale en un BMW le cortan el paso dos camionetas con toldo que van cargadas de tiradores de la policía. Era una encerrona y el final de Jacques Mesrine. Sin avisar, levantan los toldos y le cosen el coche a balazos. Muere en el acto, pero un policía se acerca y le dispara un tiro de gracia en la cabeza por si acaso. Fue una ejecución sin juicio previo. Fue enterrado en el cementerio de Clichy en la tumba de sus padres.

10 comentarios :

  1. Me gusta lo que dice del despertador,si bien NO es un ejemplo a seguir y al parecer estranguló a una mujer.Eso,más que anarquía,es complicarse la vida.

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    1. Cierto, no es un ejemplo a seguir, ni él ni nadie que yo conozca. Y ¡claro que eso no es anarquía! ¿alguien ha dicho que lo fuera? Sin embargo, sí se pueden extraer provechosas enseñanzas de sus reflexiones y de ciertos aspectos de su trayectoria. Si fuéramos la mitad de combativos que él, otro gallo cantaría.

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  2. Esclavos del reloj, del trabajo asalariado a nada el tiempo robado... como dice Margarita no es un ejemplo a seguir; pero sin duda, sus palabras no dejan indiferente. Esta sociedad está basada en la esclavitud, en las apariencias, "Caras tristes, miradas cansadas, individuos agotados por un trabajo mal pagado, pero constreñidos a hacerlo para sobrevivir y que no podían permitirse más que el estricto mínimo..." más actual imposible en esta era de los campos de concentración digitalizados.
    Salud.

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    1. Respecto al "ejemplo a seguir", valga mi respuesta a Margarita.
      Esta sociedad, si es que aún se le puede llamar así, se describe a sí misma por el modo en que ejecuta a Mesrine. Margarita pone el acento en el estrangulamiento de la mujer (a saber si eso es cierto o en qué circunstancias se produjo el hecho), sin embargo nada dice de la violencia extrema con que el Estado "resuelve" la insumisión, de Mesrine o de cualquiera que se rebele contra la realidad impuesta. Los campos de concentración comienzan en nuestras mentes.

      Salud!

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    2. Suscribo tus palabras... estamos inmersos en modos de vida esclavos; las cadenas mentales y lo que del sistema tenemos implantado en el cerebro es allí donde empiezan las luchas más importantes de liberación.
      Salud.

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  3. Y yo hago otra reflexión, porque hay poco que añadir a lo dicho.
    Estas personas que se rebelan contra la sociedad son retratadas como lo peor de la humanidad puesto que roban y matan, pero un militar o un policía cuando mata "legalmente" es condecorado, cuando un político o un gran empresario roban, se entiende que está justificado (¿?). A la sociedad le han impuesto distintos prismas para juzgar a las personas dependiendo el lugar que ocupen y pocos se cuestionan eso.

    Salud!

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    1. Pues estoy de acuerdo con tu reflexión. Una gran parte de la educación que recibimos desde nuestra infancia es adoctrinamiento en los valores y modelos de la clase dominante. Así pues, para adquirir auténtico conocimiento y conciencia del mundo en el que vivimos, es necesario deseducarse previamente. Nunca se logra por completo, pero hay que insistir en ello cotidianamente.

      Salud!

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  4. "Si muchos hombres perdieron la vida a causa de mis balas era porque no quedaba otra opción: o ellos o yo. Se arriesgaron tanto como yo al aceptar el cara a cara"
    Pues eso mismo, Mesrine.

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  5. Como crítica a la domesticación de la sociedad está bien, pero prefiero la Nausea de Jean Paul Sartre, me encuentro más representado que con un matón que quería vivir una vida a tope y sin ataduras. Cada uno elige las suyas, el escogió el la destrucción no creativa, que por otra parte es puro egoísmo, el dominio del más fuerte. Nada más alejado a mi idea vital.
    Salud.

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    1. He publicado este artículo porque me parece interesante cómo este personaje pone en evidencia la incoherencia del sistema. En realidad, su manera de actuar no es muy distinta de la de nuestros "respetables" dirigentes, la única diferencia es que este es un "radical libre" que se salta las normas, pero al menos no pretende imponerlas hipócritamente a los demás.
      Salud!

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