MARX
DESDE CERO – 25/02/2014
Ser comunista hoy, como
ayer, es luchar por una sociedad de iguales socialmente, por una
sociedad en la que rija el principio de «a cada cual según sus
necesidades; de cada cual según sus posibilidades». Igualdad social
implica reparto equitativo de la riqueza producida y redistribución
igualitaria de los beneficios para favorecer a los que menos tienen.
El programa comunista
apunta a una sociedad regulada, en la que se planifica razonablemente
en función de las necesidades del conjunto de las poblaciones y se
busca la mayor participación de la ciudadanía en la administración
de la cosa pública.
Ser comunista es luchar
por una sociedad pacífica y en favor de la pacificación de las
conciencias de los individuos, lo que incluye la desalienación del
trabajo necesario y la armonización de las actividades productivas
del hombre con el respeto a la naturaleza.
Ser comunista quiere
decir, todavía hoy, tratar de hacer realidad la superación de la
división social, fija, del trabajo que aún rige en el sistema
capitalista imperante y que convierte a muchísimas personas del
mundo en esclavos de por vida.
Ser comunista es luchar
por la igualdad de los géneros, en favor de una sociedad en la que
pueda decirse con verdad que la emancipación de las mujeres es una
realidad que simboliza el nivel cultural alcanzado socialmente.
Ser comunista hoy es
comprometerse en la práctica a poner un buen bozal a las dos bestias
que amenazan a los ciudadanos de nuestras sociedades: el estado y el
mercado. El bozal para el estado lleva esta leyenda: «menos
burocracia y más educación pública». El bozal para el mercado
lleva esta otra: «democratización de los intercambios en un mundo
globalizado, democratización y control social de las instituciones y
empresas que constituyen la base económica de la sociedad».
Ser comunista hoy es ser
internacionalista y solidario con los seres humanos y con las
culturas explotadas y oprimidas: ponerse al servicio de las víctimas,
de los desgraciados, de los que menos tienen, de los proletarios del
mundo. En un mundo globalizado como el nuestro el comunista tiene que
pensar globalmente y actuar localmente sin perder de vista que, en la
lucha por la igualdad social, el acento ha de ponerse siempre en la
elevación de los de abajo, con independencia de su origen, etnia,
nacionalidad, religión o credo.
El programa comunista no
es para pasado mañana, no es un programa máximo que uno se guarda
para ponerlo en práctica el Día de San Jamás mientras hoy se
acomoda a lo que hay. Es un programa para hoy, para ahora y para
mañana. Se concreta desde ya: en los lugares de trabajo, en la
propuesta de políticas tecnocientíficas alternativas, en la
oposición a las guerras, en las medidas legislativas para favorecer
la igualdad de los géneros, en el presupuesto participativo, en la
universalización de una enseñanza pública digna, en el control
social de la sanidad, en el uso alternativo de los medios de
comunicación, en las propuestas de reducción de los tiempos de
trabajo, en la crítica de la cultura imperante…
Ya sé que todo eso suena
«raro» en estos tiempos. Y más en Europa. Muchas veces te dicen:
vaya, aquí falta sentido del humor. Pues bien: no siempre. Como
decía el otro: quien se ría en este mundo diga por qué.
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