Todo
comenzó el 8 de julio. Atacaron en el corazón del pueblo navarro,
Pamplona en plena fiesta de San Fermín. Al finalizar la corrida de
toros, ningún aviso, ninguna advertencia, el comisario Rubio y medio
centenar de policías antidisturbios irrumpen en la plaza, ante
20.000 personas atónitas por lo que veían, golpeando y disparando a
la multitud hasta desalojar la plaza llena de personas aterrorizadas.
Durante las manifestaciones que a continuación surgen
espontáneamente en las calles de Pamplona, bajo una indiscriminada y
brutal represión, cae muerto por las balas de la Policía
Armada, Germán Rodríguez. Era el comienzo de la más grave
provocación hasta ahora contra el pueblo de Euskadi. Después
siguieron Donosti y Rentería.
El
día 11, tras ser disuelta en San Sebastián una manifestación en
solidaridad con Pamplona, una ráfaga de metralleta de la Policía
Armada segó la vida de Joseba Barandiarián. El
día 13 una compañía especial antidisturbios, asola, roba y
destroza la localidad de Rentería.
Navarros,
guipuzcoanos, vizcaínas y alaveses, todo el pueblo vasco se puso en
pie para detener la provocación. Un grito, una exigencia unánime,
recorrió las asambleas, manifestaciones y concentraciones, “¡CASTIGO
A LOS CULPABLES!, ERRUDUNEI ZIGORRAL!” Conforme Euskadi era más
acribillada, más fuerte era la protesta y más viva la llama de la
exigencia de responsabilidades. Llama que se fue extendiendo día a
día al resto de los pueblos de España.

