Correo
de los trabajadores ★ - 12/02/2022
V. La represión, la
censura y el soborno prepararon el escenario para la solución final:
las vacunas
Desde muy pronto, no se
escatimaron medios a la hora de extender el terror, con ruedas de
prensa del Gobierno con los jefes de la policía, la guardia civil y
el ejército. Se creó una sensación de catástrofe y de riesgo de
muerte general para una enfermedad con una tasa media de letalidad,
del 0,8% [1] en España y en los meses más álgidos de la pandemia y
que afectaba preferentemente a las personas mayores de 80 años.
Exactamente la mitad que en una epidemia de gripe estacional [2].
En el escenario
apocalíptico que se dibujó se excluyó de los grandes medios de
comunicación a quienes cuestionaron el confinamiento de toda la
población. La más férrea censura y persecución laboral se
instauró contra personal científico e investigador – incluidos el
virólogo premio Nóbel de Medicina o, entre otros muchos, a
científicos de reconocido prestigio como John Ionannidis o Robert
Malone–, y en especial contra quienes informaban sobre la eficacia
de tratamientos precoces, ambulatorios, con medicamentos bien
conocidos, considerados esenciales por la OMS [3]. Se trataba de
preparar el terreno para la aprobación de emergencia y condicional
de las vacunas como única solución para luchar contra la pandemia
Covid. Dado que una de las cuatro condiciones establecidas por la
Food and Drug Administration (FDA) para autorizar el uso de
emergencia de un medicamento es la «inexistencia de alternativa
adecuada, aprobada, disponible» [4], era preciso barrer cualquier
información que la obstaculizara.
Para ello, además de la
censura, se publicaron falsos ensayos clínicos, de los cuales
tuvieron que retractarse publicaciones tan prestigiosas como The
Lancet y New England Journal of Medicine [5].
Desde la caída de la
URSS, la OMS ha dejado progresivamente de ser financiada por los
Estados miembros para recibir en la actualidad el 90% de sus ingresos
de multinacionales farmacéuticas y de magnates como Bill Gates. La
máxima «quien paga manda» se reveló crudamente con ocasión de la
pandemia por Gripe A. La OMS, tras recomendar a los gobiernos la
compra masiva de vacunas y medicamentos inseguros e ineficaces como
el Tamiflú o la Relenza, se vio obligada a declarar que su Comité
de Expertos para el tema había sido sobornado por las
multinacionales farmacéuticas [6]. En todo este proceso, la OMS no
se ha separado un ápice del discurso que respalda los intereses que
la financian.
La Comisión Europea,
tras haber nombrado en plena pandemia – julio de 2020 – como
directora ejecutiva de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) a
Emer Cooke, ex gerente de la Asociación de la Industria Farmacéutica
Europea (EFPIA), acuerda la compra de millones de dosis de vacuna a
Pfizer y Moderna a pesar de que apenas habían concluido los dos
meses ensayos clínicos, es decir, antes siquiera de la aprobación
condicional y eximiendo a las farmacéuticas de cualquier
responsabilidad económica por los efectos secundarios, a los que
deberán hacer frente los gobiernos respectivos.
En el caso de Pfizer,
dichos ensayos se hicieron sin respetar los procedimientos
científicos establecidos, y que se ocultó la existencia de efectos
adversos graves [7]. Además la FDA había autorizado a que sus
resultados permanecieran secretos hasta dentro de 75 años.
Afortunadamente una sentencia judicial reciente, revoca esa
autorización y obligará a la Pfizer a hacerlos públicos en ocho
meses [8].
Destaco que las múltiples
vacunas anteriores y que han contribuido a disminuir la mortalidad
infantil, sólo recibieron aprobación para ser utilizadas tras
varios años de ensayos clínicos. Ese es el caso, por ejemplo, de la
vacuna contra la difteria, enfermedad con una letalidad del 20% y que
requirió cuatro años de ensayos clínicos previos. Este aspecto es
clave teniendo en cuenta que las vacunas se inoculan a población
sana. Mucho mayor exigencia se hubiera tenido que requerir en el caso
de las vacunas Covid, que utilizan la técnica del ARNm, nunca usada
con anterioridad, y que se aplica contra una enfermedad con letalidad
mucho más baja. En el ilustrativo video que se puede ver en este
enlace [9] Anthon Fauci reconoció, en octubre de 2019, que harían
falta 10 años de ensayos clínicos para que las vacuna ARNm fueran
seguras, salvo que hubiera un acontecimiento a nivel mundial que
justificara la intervención «a nuestra manera», «sin trabas
burocráticas», es decir, saltandose todos los plazos.
VI. Los efectos
adversos.
En las condiciones
descritas, es fácil comprender – aunque imposible de justificar –
las razones de la ocultación de efectos adversos por los organismos
responsables de recabarlos, tanto en EEUU (VAERS), como en la UE
(EUDRA). Recuerdo que todas las vacunas contra el Covid, con las que
se ha inoculado a muchos centenares de millones de personas, han
recibido sólo autorización condicional o de emergencia. Los grandes
medios de comunicación reproducen hasta la saciedad datos sobre el
Covid pero no hablan de los efectos adversos de las vacunas. No
obstante, la información existe. Los últimos datos publicados a los
que hemos accedido, publicado el 1 de enero de 2022, y que se pueden
observan en el cuadro, dan las dimensiones de los efectos adversos
producidos tras las vacunaciones, muchos de ellos en personas
previamente sanas: 36. 257 muertes y 1.540. 852 lesiones graves. Todo
ello cuando se calcula que, en el mejor de los casos, menos del 10%
de reacciones adversas son notificadas como tales, es decir,
relacionadas con las vacunas [9].

Fuente:
https://prevencia.net/reportes-de-muertes-y-lesiones-tras-vacunas-covid-en-la-ue-hasta-el-1-de-enero.
Aún así, la cifra de
muertes notificadas en la UE es significativamente baja si se compara
con el Reino Unido, país con la octava parte de habitantes de la UE,
que registró 30.305 personas fallecidas en los 21 días posteriores
a haber recibido la vacuna, en los seis primeros meses de 2021 [10].
Otros datos avalan la
valoración de que las vacunas Covid no son como las otras vacunas
utilizadas anteriormente. En el Reino Unido, el número de muertes
debidas a la vacuna Covid en los primeros seis meses de vacunación
ha sido más de cuatro veces superior a las muertes totales por todas
las demás vacunas en los últimos 11 años [11]. Como puede verse en
el gráfico, en EE.UU., las vacunas contra el Covid han producido en
2021 el 51% de las muertes producidas por todas las vacunas
existentes a lo largo de 31 años.
En estas condiciones, la
decisión adoptada por el Gobierno de vacunar a los niños y
adolescentes es injustificable; es decir, obedece a «criterios
políticos». Tras ensayos clínicos en los que se ignora el número
de participantes y son secretos, también, los efectos adversos
observados en estos grupos de edad, desde el mes de octubre se está
procediendo a vacunar a la población infantil.
Fuente:
https://americasbestpics.com/picture/vaers-reported-deaths-by-vaccine-type-1988-2021-590-671-QHNEmnY79
Los datos disponibles en
todos los países indican que el riesgo de padecer Covid en la
población más joven, y sobre todo la gravedad de la enfermedad, es
muy inferior, casi despreciable, si no existen otras enfermedades
concomitantes [12]. La mortalidad por Covid en la infancia y la
adolescencia, cuando no existen otras patologías, es prácticamente
inexistente. Es decir, la población más joven adquiere inmunidad
natural con un riesgo mínimo de complicaciones.
Así mismo, en contra de
lo que se ha transmitido para justificar la vacunación, en estos
grupos de edad la capacidad de propagar el virus también es mucho
menor que en adultos [13]. Por otra parte, como se ha demostrado, las
personas vacunadas pueden contagiar el virus por lo que esperar que
se produzca la «inmunidad de rebaño» es una ilusión [14].
El riesgo de efectos
adversos graves producidos por las vacunas con ARN-m es mayor en la
población más joven. Varios estudios realizados en EE.UU. a partir
de datos oficiales de notificación (VAERS), indican que el riesgo de
hospitalización por miocarditis, provocada por las vacunas Covid, en
varones entre 12 y 17 años, sin enfermedades concomitantes, es entre
3,7 y 6,1 veces mayor tras la segunda dosis de vacuna que el riesgo
de hospitalización por Covid en este grupo de edad [15]. Estos
hechos, comprobados en diferentes países, han llevado al Reino Unido
a limitar la vacunación en la infancia y adolescencia a aquellas
personas que pertenezcan a grupos de riesgo [16].
En España, sin que se
proporcione a la población información alguna sobre esos efectos
adversos, las autoridades sanitarias, los medios de comunicación y
las autoridades educativas han promovido la vacunación masiva a
partir de los 5 años, llegándose incluso a situaciones violentas en
los centros educativos y a amenazas de discriminación a alumnos y
alumnas no vacunadas.
La noticia más
inquietante conocida recientemente es la aparición continuada y
sistemática de un exceso de mortalidad observado desde el 8 de
noviembre hasta la fecha de la información, el16 de diciembre, y
reportado por el MoMo (Observatorio de la Mortalidad). En ese
periodo, el exceso de muertes por encima de las esperadas asciende a
4.471 personas. Son fallecimientos no atribuibles a la covid, ni a la
gripe, ni a accidentes. Este dato cuadruplica la cifra de muertes por
Covid en ese mismo periodo. Tampoco son muertes producidas en los
hospitales, de forma que presumiblemente se trata de muertes
repentinas. La Ministra de Sanidad ha dicho que no puede explicar la
causa [17].
No se han publicado, ni
en EUDRA (UE), ni en VAERS (EE.UU), datos acerca de la edad de las
personas fallecidas o con efectos adversos graves relaconados co las
vacunas Covid, pero, presumiblemente, una gran parte de esas lesiones
graves afecten a la población más joven, dado que las referencias
citadas anteriormente indican que el riesgo es mayor en esos grupos
de edad, al tiempo que para ellos el riesgo de padecer Covid grave es
muy pequeño y la mortalidad por Covid, casi inexistente.
VII. Vacunación
masiva sin prescripción médica y sin consentimiento informado
El silencio de la
izquierda es también inaceptable acerca de la forma en la que los
gobiernos autonómicos de todos los colores políticos están
procediendo a vacunar masivamente. Las autoridades sanitarias,
estatal y autonómicas, están vulnerando flagrantemente las leyes
vigentes, de carácter básico y por lo tanto de aplicación en todo
el Estado, que obligan tanto a que la aplicación de la vacuna, al
igual que cualquier tratamiento, se haga mediante prescripción
médica, y con consentimiento informado, es decir previa explicación
detallada de los posibles efectos adversos y valoración de la
historia clínica en cada caso.
La Ley de Autonomía del
Paciente y la Ley General de Sanidad establecen explícitamente la
responsabilidad, tanto del personal médico, como del personal
sanitario que aplica la vacuna, como de las autoridades sanitarias
obligadas, con carácter general, a informar a la población y a
asegurar que las condiciones del consentimiento informado se cumplen.
Nada de eso está sucediendo. Ni siquiera se informa después de la
vacunación de los posibles síntomas de efectos adversos, para
advertir de ellos a la población inoculada, de forma que se pueda
requerir asistencia médica en caso de observarlos.
VIII. Pase Covid y
vulneración de Derechos Fundamentales
Al tiempo que se hace
evidente la precaria eficacia de las vacunas, ante la que se ofrece
como única solución – sin base científica alguna – aplicar
nuevas dosis, se intensifican el miedo y la represión. La nueva
variante Omicron, que ocasiona mayoritariamente síntomas leves [18],
está siendo mediáticamente utilizada para aumentar el pánico y
para justificar medidas represivas que vulneran Derechos
Fundamentales. Mediante Decretos de Gobiernos Autonómicos se están
vulnerando Derechos Fundamentales amparados por la Constitución y,
éstos, a diferencia de los derechos sociales, son de aplicación
directa. Así se ha implantado el toque de queda, vulnerando el
derecho a libre circulación, o el pase Covid, que vulnera el derecho
a la no discriminación. Esta vez, además, se pisotean derechos sin
estar vigente un Estado de Alarma.
La enorme precariedad de
las condiciones laborales, caldo de cultivo para la más férrea
dictadura del patrón, se ha utilizado con carácter general para
imponer, de facto, la vacunación obligatoria: o te vacunas, o a la
calle. Muy pocos sindicatos han amparado a la clase obrera frente a
la vulneración flagrante de las leyes vigentes por parte de la
patronal o de las administraciones públicas, como la Ley de
Protección de Datos, la Ley de Autonomía del Paciente o la propia
Ley General de Sanidad.
Por otra parte, las
trabajadoras y trabajadores que han sufrido efectos adversos, o las
familias de las personas fallecidas, se encuentran totalmente
desprotegidas frente a un sistema sanitario renuente a la
notificación de los casos como resultado de la vacuna y a
administraciones que se niegan a reconocerlos, argumentando que la
vacunación «es voluntaria».
La presión y la
represión se intensifican a medida que la información sobre efectos
secundarios trasciende y más sectores de la población se interrogan
acerca de la eficacia y seguridad de las vacunas y de los intereses
que están detrás. Más de 350 deportistas han muerto repentinamente
por ataques cardíacos, y todos ellos habían recibido la vacuna
[19].
Declaraciones, como la
reciente del Ministro de Sanidad de Francia, hablan con toda claridad
del objetivo del Pase Covid: «el pase Covid es una forma disfrazada
de obligación vacunal, pero es más eficaz que la obligación
vacunal; impedir a la gente ir a bares, a restaurantes o espacios
públicos, es más eficaz y menos complicada que la vacunación
obligatoria» [20].
Estas medidas perversas,
instaladas sobre el miedo y la precariedad laboral y, sobre todo
mediante la presión mediática, a las que se suma ahora la censura
informativa ejecutada directamente por el Gobierno – de carácter
claramente dictatorial – tienen el objetivo, como ocurre también
en las dictaduras, de convertir a la población en policías, en
delatores y en instrumentos de presión sobre sus familiares,
amistades o compañeros de trabajo.
IX. El terreno abonado
para la gran reconfiguración del capitalismo
Este escenario de control
mediático, colaboración cómplice y en gran medida sobornada [21],
de políticos y autoridades sanitarias (con España a la cabeza de
los países más sobornados por la Big Farma [22]),
tiene, entre otros, el propósito de proporcionar los mayores
beneficios a los Fondos de Inversión propietarios de las
multinacionales farmacéuticas y de los grandes medios de
comunicación.
Pero su alcance es mucho
mayor. Como indicábamos al principio, al comienzo de la pandemia la
gran burguesía, por primera vez en la historia del capitalismo, se
preparaba para lo que en los Foro de Davos de 2020 y 2021 llamaron
«el Gran Reseteo»; es decir, para tomar las riendas de grandes
transformaciones. El objetivo era aprovechar la situación de
desastre y de miedo generada por la pandemia, y potenciada por el
confinamiento masivo, para introducir a gran escala la
digitalización, la robotización y el «capitalismo verde». Larry
Fink, director de Blackrock, ha destacado en su carta anual dirigida
a los grandes empresarios del mundo, las grandes oportunidades de
negocio de invertir en todo lo relacionado con el «cambio climático»
[23].
La extensión de la
digitalización en las relaciones sociales, la dependencia de las
plataformas y la posesión por estas empresas gigantes de los Big
Data hacen posibles procesos de destrucción de empleo, de
control y de represión de las poblaciones a niveles desconocidos
hasta ahora. Los propios beneficiarios de estas grandes
transformaciones se asombraban de la rapidez de los cambios
producidos. La CEO (ejecutiva de mayor rango) de Microsoft, Satya
Nadella, se frotaba las manos, ya en abril de 2020: «Hemos visto
ocurrir dos años de transformación digital en dos meses».
En España eran más
explícitos. En junio de 2021 los presidentes de Inditex, Telefónica
y del Banco de Santander decían sobre el significado de la pandemia:
«Ha supuesto una aceleración exponencial (…) en cinco semanas se
avanzó lo que se hubiera avanzado en cinco años (…) en quince
días pasamos a tener 130.000 personas trabajando en remoto». En
este periodo, la banca, entre digitalización y fusiones, había
destruido la mitad de los puestos de trabajo. El presidente de
Telefónica iba más allá. «durante la pandemia se perdonaron cosas
que en otro momento no se hubieran perdonado». Todo ello mientras
auguraban que «España se va a salir del mapa». Al decir España se
refieren a ellos, como ya sabemos.
El resultado en términos
económicos ha sido una destrucción de capital sólo comparable al
producido en una guerra. Los datos de agosto de 2021 para el Estado
español son los siguientes: en los últimos 18 meses han cerrado
63.000 empresas de menos de 50 trabajadores, tres de cada cuatro
autónomos han visto hundirse su medio de vida. En total, en la
pequeña y mediana empresa se ha concentrado el 99,2% de todo el
tejido productivo destruido en este periodo. Por el contrario, las
empresas de más de 500 trabajadores han aumentado y hoy hay 54 más
que antes de la pandemia.
A escala mundial, el
grupo de las empresas tecnológicas GAFAM, recordamos que sus
propietarios son los mismos Fondos de Inversión que controlan, tanto
las grandes multinacionales farmacéuticas productoras de vacunas,
como los grandes medios de comunicación, han visto multiplicarse sus
beneficios como nunca. Y estos fabulosos incrementos de ganancias
están directamente relacionados con la pandemia, con el
confinamiento y con las ganancias fabulosas de la venta de vacunas.
Mientras cae en todo el mundo la esperanza de vida y España es el
segundo país de la OCDE donde más cae, solo por detrás de EE.UU.
[24], las bolsas del mundo han duplicado su valor desde el inicio de
la pandemia. Su valor ha pasado de 60 billones de euros en marzo de
2020 a 121 billones en diciembre de 2021 [25].
Según el informe Foessa
2021 [26], la pobreza severa en el Estado español afecta a 11
millones de personas, más de la cuarta parte de la población. Dos
millones y medio más que en 2018. Se ceba sobre todo en los menores
de 18 años, en los hogares monoparentales (casi siempre con mujeres
como cabeza de familia) y en la población inmigrante. La pobreza
severa se ha duplicado durante la pandemia. La intensa precariedad
determina que el hecho de estar trabajando no garantice ingresos
mínimos para mantener condiciones de vida dignas. Además, en plena
extensión de la digitalización, el hecho de no disponer de conexión
suficiente a internet, no disponer de ordenador o de habilidades para
usarlo, marca enormemente las dificultades en el acceso al empleo, a
la educación o las propias ayudas públicas, incrementadas por el
aumento desproporcionado del coste de la luz. Por otra parte, más de
dos tercios de los hogares en situación de extrema pobreza no han
podido acceder al Ingreso Mínimo Vital.
La imposición del «Gran
Reseteo» mundial se manifiesta con especial claridad en el mecanismo
de los Fondos de la UE, constituidos, obviamente, con dinero público,
llamados de Recuperación, Transformación y Resilencia.
Los 140.000 millones de
euros de los Fondos, destinados al Estado español, irán a parar a
bancos y multinacionales, de forma muy destacada las energéticas
(las mismas que están recibiendo enormes beneficios con el recibo de
la luz) para proyectos identificados como «reconversión verde», de
«lucha contra el cambio climático», digitalización, para «la
igualdad de género» y «colaboración público-privada».
Además de que el pueblo
lo pague, como Deuda pública que es, la UE exige al Gobierno que
adopte medidas, que ya se ha comprometido a ejecutar en plazos
concretos, como condición previa a la recepción de las diferentes
partidas de los Fondos.
Tales medidas, que según
el Gobierno, suponen la modificación de 50 leyes hasta 2023 irán
dirigidas a:
● Avanzar en el
recorte y privatización de las pensiones.
● Nuevas reformas
laborales que impongan aún más la esclavización de la clase obrera
y faciliten su atomización con el trabajo en el domicilio mediante
la digitalizacion, con la consiguiente reducción de puestos de
trabajo. Para empezar, ya se ha logrado evitar la derogación de la
reforma laboral de 2012 en un nuevo incumplimiento de las promesas
contenidas en el acuerdo de coalición.
● Favorecer, aún más,
la penetración del capital privado en los servicios públicos, como
sanidad y educación, mediante la enseñanza a distancia o la
asistencia sanitaria por teléfono o consulta médica telemática.
● Aumento de los
impuestos indirectos, como por ejemplo la introducción el peaje de
las autopistas.
Para un análisis más
detallado de este proceso, remito al importante documento suscrito
por 21 organizaciones del Estado español y que puede consultarse
aquí [27].
X. La agudización de
la represión como respuesta a la previsible explosión social
En el Informe del Foro de
Davos de 2021 [28] ya se avanzaba que, tras el relajamiento de las
medidas de confinamiento adoptadas por la pandemia y el incremento de
la ansiedad por las perspectivas económicas y sociales, «existen
buenas razones para preocuparse: ya empieza a sentirse una fuerte
desaceleración económica y podríamos estar ante la peor depresión
desde la década de 1930».
Este escenario de
empobrecimiento masivo de la clase obrera y de hundimiento de las
expectativas de empleo agudiza las tensiones sociales y explica la
radicalización, todavía incipiente pero con contundencia creciente,
de las luchas obreras en defensa de sus puestos de trabajo y por
mejoras salariales.
En el Estado español,
por primera vez, el Gobierno PSOE-UP llevaba a cabo el pasado verano
el entrenamiento de la Legión – la bandera Millán Astray –
junto a policías y guardias civiles, en labores de seguridad
interior; es decir, mediante la colaboración de los ministerios de
Defensa e Interior en tareas de represión de la población. Dichas
«labores» incluían prácticas de Krav Maga y combate cuerpo a
cuerpo, técnicas de arresto y detención, protección de
personalidades, control de masas y orden público o entrenamiento
«CQB», en alusión a entrenamientos de tácticas de tiro en
espacios reducidos. Tales prácticas conjuntas ya se llevaron a cabo
durante el Estado de Alarma [29].
La actuación de las
fuerzas represivas con ocasión de la huelga general del metal de la
Bahía de Cádiz, el apaleamiento de trabajadores, el arresto de los
supuestos dirigentes de la misma días después y, sobre todo, la
introducción de la tanqueta en un barrio obrero, muestran bien a las
claras la firme decisión del «gobierno progresista» de actuar
brutalmente contra la clase obrera.
A todo ello se añade el
citado Real Decreto de Seguridad Nacional, cuya normativa de
desarrollo, aún se desconoce.
Todo el mecanismo
descrito con la gestión autoritaria de la pandemia, la instauración
masiva del miedo y de medidas dictatoriales, como la instauración
del pasaporte Covid y la vulneración de Derechos Fundamentales, no
se restringen al ámbito sanitario, aunque ese sea el pretexto
utilizado. Deben valorarse como un instrumento también dirigido a la
destrucción la capacidad de resistencia de la clase obrera y
sectores populares ante el incremento de la explotación impuesto por
las nuevas formas de trabajo y de relaciones laborales, y al intento
de control y represión de los millones de personas, que ven hundirse
sus condiciones de vida.
XI. La clamorosa
ausencia del análisis integral de clase ante el nuevo orden mundial
capitalista
La socialdemocracia,
incluidas sus nuevas/viejas formas de expresión política como
Unidas Podemos, está actuando, como en todas las grandes crisis,
como instrumento del capital, tanto por su complicidad directa con
las medidas de incremento de la explotación obrera, como con la
represión y, sobre todo, con su apoyo al discurso de las clases
dominantes con respecto a la pandemia. Eso no es nuevo. Es su papel
histórico.
Lo que sorprende es que
la relación estrecha entre la imposición del nuevo orden mundial,
que las élites burguesas llaman «nueva normalidad», con todo su
aparato de dominación y de control masivo de la clase obrera y de
otros sectores populares empobrecidos, no haya sido respondido por
una gran parte de otras organizaciones de la izquierda.
Los obstáculos
probablemente estén relacionados con estos aspectos fundamentales:
● No tener en cuenta
que los descubrimientos científicos en el capitalismo están
subordinados inexorablemente a la propiedad privada de los medios de
producción. Este hecho, absolutamente clave, determina que se
investiga sólo lo que produce beneficios y que se impone, como
necesidad de consumo, lo que interesa vender. En el caso de las
farmacéuticas, estamos ante un poder con inmensa capacidad de
corrupción política, sanitaria y económica, y con un control total
sobre los medios de comunicación.
● Desconocer el
carácter de clase del Estado, como aparato de poder de las clases
dominantes, y que, como tal, adopta las mismas medidas represivas,
independientemente de su color político, destinadas al control de
las poblaciones, a la represión de las luchas obreras o a imponer la
vacunación masiva obligatoria. En este mismo sentido, y habida
cuenta de la ingente información disponible que desmiente el
discurso oficial, es inaceptable ignorar el papel del Estado como
instrumente para asegurar ingentes beneficios económicos de empresas
privadas, con dinero público, y, sobre todo, atribuyéndole el papel
de depositario del conocimiento científico.
● Haber caído en la
trampa, de aceptar los mecanismos de imposición dictatoriales,
sanitarios y sociales, por miedo a ser acusados de «favorecer a la
extrema derecha», argumento esgrimido, tanto por los medios de
comunicación intervenidos, como por el “gobierno progresista”.
Se olvida que es la ausencia de resistencia de la izquierda, la que
deja el terreno abonado para que la extrema derecha hegemonice el
malestar social.
En resumen, este proceso
de control social masivo y de violencia institucional a gran escala,
no sólo tiene por objetivo favorecer el negocio de las
multinacionales farmacéuticas. Es indisociable de la imposición
decidida por parte de los grandes centros de poder de cambios
drásticos en las relaciones sociales que implican, tanto mecanismos
de sobreexplotación de la clase obrera, como la negación a grandes
sectores, sobre todo a la juventud, de toda esperanza de futuro. Esta
gran reconfiguración del capitalismo requiere, como conditio sine
qua non, la domesticación, mediante el miedo, la censura y la
represión, de las poblaciones.
La aceptación acrítica
de la izquierda del discurso de las clases dominantes (la crisis está
causada por el Covid y la gestión de la pandemia, incluidas las
vacunas, ha estado guiada por criterios científicos), aherrojada por
el miedo a la acusación de «negacionistas», «antivacunas» o de
«hacer el juego a la extrema derecha» es inaceptable y tiene que
acabar. Si persiste en su complicidad, hipotecará completamente, no
sólo su capacidad de resistencia, sino su aptitud para liderar el
enfrentamiento a un nuevo orden mundial de consecuencias
aniquiladoras de conquistas históricas, no sólo de la clase obrera,
sino de la humanidad.
Por el contrario, la
radicalidad, es decir, la búsqueda de las causas profundas de los
procesos y desvelar implacablemente las enormes mentiras, sobornos y
represión sobre los que se asienta la gran dictadura de las
oligarquías burguesas, con la complicidad de gobiernos de todo color
política, es el punto de partida. Esa es la condición sine qua
non que puede sustentar la acumulación de fuerzas que haga
posible la derrota del capitalismo, hoy más que nunca, máquina
destructora de la vida. Porque es precisamente, en las grandes
crisis, cuando no hay reformas que ofrecer, cuando no hay vuelta
atrás y el presente es inaceptable, cuando se erige la necesidad
imperiosa, sobre todo para la juventud obrera, de construir un mundo
a la medida de las necesidades humanas, es decir, del socialismo.
Notas:
[1] «El riesgo
general de muerte por infección fue del 0,8% (19 228 de 2,3 millones
de personas infectadas, intervalo de confianza del 95%: 0,8% a 0,9%)
para las muertes confirmadas por covid-19 y 1,1% (24 778 de 2,3
millones de personas infectadas, 1,0% a 1,2 %) por exceso de
muertes». Aunque dicha tasa, como suele ocurrir en las enfermedades
respiratorias, aumentaba sensiblemente a partir de los 50 años
(11,6%) y sobre todo, a partir de los 80 años: (11,4% al 23,2%) en
hombres y del 4, 6 al 6,5% en mujeres». Estudio sero-epidemiológico
realizado por investigadores del Instituto de Salud Carlos III y
publicado en el British Medical Journal.
https://www.bmj.com/content/bmj/371/bmj.m4509.full.pdf
[2]
https://saludineroap.blogspot.com/2021/12/hay-que-parar-esto-dejar-de-hacer-para.html?m=1&s=08
[3] Un listado de
los más prestigiosos científicos censurados puede consultarse aquí:
https://insurgente.org/angeles-maestro-politicas-de-exacerbacion-del-miedo-y-censura-en-la-gestion-del-covid/
[4]
https://www.fda.gov/emergency-preparedness-and-response/mcm-legal-regulatory-and-policy-framework/emergency-use-authorization
[5]
https://www.emergency-live.com/es/noticias/hidroxicloroquina-o-no-hidroxicloroquina%2C-esa-es-la-pregunta-que-la-lanceta-retir%C3%B3-su-estudio/
[6]
https://elpais.com/diario/2010/06/05/sociedad/1275688803_850215.html
[7] Editores del
British Medical Journal se dirigen a Facebook alertando sobre las
graves consecuencias de su política de censura ante el
cuestionamiento de la integridad de los datos de los ensayos de
Pfizer. https://www.bmj.com/content/375/bmj.n2635/rr-80
Ninguno de los ensayos de
las vacunas Covid está diseñado para valorar una reducción en
cualquier resultado grave, como hospitalizaciones, necesidad de
cuidados intensivos o muertes.
https://www.bmj.com/content/371/bmj.m4037
[8]
https://www.zerohedge.com/covid-19/judge-rejects-fdas-75-year-delay-vax-data-cuts-8-months
[9]
https://cienciaysaludnatural.com/fauci-reconoce-que-una-inyeccion-de-arnm-necesita-un-decada-de-estudios-para-ser-segura/
[10]
https://prevencia.net/actualizacion-de-los-reportes-de-muertes-y-lesiones-tras-vacunas-covid-en-la-ue
[11]
https://theexpose.uk/2021/09/15/30k-people-died-within-21-days-of-having-a-covid-19-vaccine-in-england/
[12]
https://theexpose.uk/2021/07/11/fact-deaths-due-to-the-covid-vaccines-in-the-uk-after-6-months-are-407-higher-than-deaths-due-to-all-other-vaccines-combined-in-the-past-11-years/
[13]
https://adc.bmj.com/content/106/5/429
[14]
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