Veterans For Peace – 04/11/2025
Traducción: Arrezafe
KJ Noh –
Gracias. Es un gran honor estar aquí con ustedes. Les pido disculpas
por no poder asistir en persona. Recientemente tuve un accidente
automovilístico que me dejó con algunas secuelas cerebrales, por lo
que viajar me resulta un tanto difícil. También les pido disculpas
si cometo algún error al hablar o si mi razonamiento no es fluido;
en esta ocasión, pueden atribuirlo a causas fisiológicas.
Quiero empezar
diciéndoles que creo que nos encontramos en una situación sumamente
peligrosa. Creo que la guerra es inminente, que estamos muy cerca de
la guerra con China. Ya estamos en guerra en Asia Occidental. Ya
estamos en guerra en Europa, con Rusia. Y creo que la guerra contra
China es inminente.
No me complace decirlo,
aunque llevo mucho tiempo hablando de ello, pero creo que nos
acercamos cada vez más al abismo. Sin ánimo jactancioso, predije
que estallaría la guerra con Rusia y predije que estallaría la
guerra con Irán, y he estado prediciendo que Estados Unidos está
escalando el conflicto hacia una guerra contra China, y que estamos
muy cerca de dicha guerra. Me siento como una Casandra por
reiterarlo, pero creo que es algo importante que debemos transmitir.
Un breve recordatorio,
por si acaso alguien lo necesita: la guerra es algo realmente
espantoso. Hoy, en la guerra genocida que está teniendo lugar en
Palestina, vemos a niños asesinados a tiros, torturados y matados de
hambre. Vemos a padres asesinados a tiros por el delito de querer
alimentar a sus hijos. Vemos a médicos asesinados a tiros por el
delito de querer salvar vidas. Vemos a periodistas asesinados a tiros
por el delito de querer informar la verdad. Y vemos cómo asesinan a
balazos a personas simplemente por ser palestinas, por hallarse en
ese territorio. Sabemos lo horrible que es todo esto. Incluso a nivel
personal, podría relatar muchas historias sobre mi propia familia
que reflejarían este horror. Pero no me parece que sea necesario.
Como veteranos, o mayoría de veteranos, algo sabemos sobre todo
esto. Pero, permitirme que os diga lo que yo veo y por qué lo hago
público.
Por supuesto, podemos
examinar los documentos políticos, las guías de planificación de
defensa, el Comité de Acción Política (PAC, siglas en inglés),
todos esos documentos que han estado preparando el terreno ideológico
para la guerra. También podemos observar la gran estrategia, las
guías de planificación de defensa, la estrategia de seguridad
nacional y la estrategia de defensa nacional. Asimismo, podemos
analizar la legislación y las asignaciones presupuestarias, y cómo
estas se traducen en políticas específicas sobre el terreno,
incluyendo ejercicios militares, capacidad industrial y alianzas
concretas. Todo esto es visible, pero también podemos analizar la
historia.
Por ejemplo, la historia
de Estados Unidos en su relación con China se divide en cinco fases.
La primera fue la colonización. La segunda, la guerra, abarcó desde
1949 hasta la década de 1970, hasta la administración Nixon. Luego,
entre 1979 y 1990, tuvo lugar el breve período de Dayton.
Posteriormente, se implementó una política de acercamiento basada
en la integración y absorción del régimen. Esto se extendió desde
1990 hasta aproximadamente 2008, cuando se creía que China
colapsaría debido a sus propias contradicciones internas o sería
absorbida por el sistema estadounidense, convirtiéndose en un
subordinado de su régimen imperial. A partir de 2008, se retomó una
política bélica.
Así pues, comenzamos a
vislumbrar una doctrina bélica previamente planeada. Se la denominaba
batalla aeronaval, basada en la doctrina bélica estadounidense,
mientras que en la Unión Soviética se la denominaba batalla
aeroterrestre, en la cual, a su vez, se basaba en la doctrina bélica
israelí de la guerra de Yamipur. En esencia, se trata de un plan
de decapitación, de conmoción y pavor contra China, que se lleva planeando desde 2008. Junto al conflicto sur de China, vimos el giro
decisivo hacia Asia que supuso la declaración formal de cercar y
contener, en el sentido de asediar, a China. También vimos la
alianza transpacífica, que constituía el brazo económico de la
guerra.
Quiero señalar que, si
analizamos la guerra, podemos observar tres fases distintas. La
primera es la guerra de la información. Cuando Estados Unidos decide
entrar en guerra con un país, debe fabricar consenso presentando la
guerra como una campaña de marketing, como un producto. Esto implica
una demonización masiva y una exageración desmesurada de la
supuesta amenaza para así lograr dicho consenso. Creo que esto ha
estado ocurriendo e intensificándose ininterrumpidamente hasta
alcanzar el punto en que la guerra es posible: el 83% de la población
estadounidense cree que China es una amenaza. Y, por supuesto, han
fijado en su calendario la fecha en que supuestamente entraremos en
guerra: en torno a 2027.
La segunda fase de la
guerra, o la segunda señal para el inicio de la misma, es la
preparación del teatro de operaciones. Lo que significa acondicionar
el escenario bélico. Y esto incluye preparar a las tropas, realizar
ejercicios y movilizar las reservas. Si se les pregunta a los
estudiantes reservistas, por ejemplo, por qué faltan a clase con
frecuencia, simplemente responderán que se preparan para la guerra
contra China. Estos ejercicios de los reservistas se vuelven cada vez
más frecuentes e intensos. También se observa un
pre-posicionamiento de tropas, armamento, suministros logísticos y
combustible, así como el fortalecimiento masivo de las alianzas.
El tercer elemento que
realmente indica la proximidad de la guerra es la provocación
constante. Es como en el baloncesto: uno penetra continuamente a la
zona para intentar provocar una falta. Una vez provocada, se logra
que todo el público baje de las gradas a la cancha y comience la
pelea. Creo que este es un aspecto ya muy avanzado. Y, volviendo a la
idea de la guerra mediática, todos sabemos que la verdad es la
primera víctima de la guerra. Y sabemos que la guerra se caracteriza
por la manipulación o deformación de la realidad y del lenguaje.
Cuando los países entran en guerra, lo primero que se manipula es el
lenguaje. Así, "defensa" significa en realidad "ofensiva",
"operaciones" significa "combate", "disuasión"
significa "provocación", "presencia rotatoria"
significa "base militar, frente", "seguridad"
significa "hegemonía", etc., etc. El lenguaje se
distorsiona. Ya estamos inmersos en esta fase.
Pero hay otra señal que
quiero destacar, y es que cuanto más nos alejamos de la verdad, más
cerca estamos de la guerra. Por lo tanto, cuando oigamos cosas
absurdas, debemos entender que nos están preparando para futuras
atrocidades. Quienes nos transmiten cosas absurdas nos están
preparando para dichas atrocidades.
El segundo punto que
quiero destacar, y que se relaciona con la preparación del
escenario, es el grado, la intensidad, el alcance, la duración y el
ritmo de los ejercicios militares que se están llevando a cabo
actualmente.
Así, se pueden realizar
ejercicios entre brigadas, divisiones e incluso cuerpos enteros del
ejército o ejércitos, incluyendo ejercicios de entrenamiento de
campo, de mando y de despliegue. Esto significa algo mucho mayor que
cualquier otro ejercicio a gran escala. Literalmente, se trata de
departamentos enteros trabajando conjuntamente. Hablamos de todo el
departamento del ejército operando con la fuerza espacial y
coordinando ejercicios. Esto crea un marco general que sirve de base
para coordinar ejercicios de menor dimensión, como Talisman
Sabre, que involucra a 19 países y que es uno más de los que se
están llevando a cabo actualmente. La intensidad, la escala, el
ritmo y el alcance de estos ejercicios son cada vez mayores.
Veamos el caso de Corea,
por ejemplo. Cuando yo estaba en el ejército, los ejercicios
destinados a fomentar el espíritu de equipo duraban unas semanas. En
2023, se realizaron 250 días de ejercicios. El año pasado, en 2024,
realizaron 275 días de ejercicios casi sin interrupción, incluyendo
20 simulacros de bombardeo nuclear. Incluso se está considerando la
posibilidad de emplazar armas nucleares en territorio coreano. Hace
apenas unos meses, tuvo lugar un ejercicio con bombardeo real a
consecuencia del cual se dañaron o destruyeron 150 casas en una
aldea llamada Noi, en Corea del Sur. ¿Por qué ocurre esto? Primero,
claro está, porque se utiliza munición real. Pero segundo, porque
se realizan ejercicios a una escala, alcance y ritmo tan
extraordinarios que es inevitable que se produzcan este tipo de
errores. En otras palabras, al igual que en una guerra se producen
errores de fuego amigo, cuando los ejercicios militares alcanzan ese
ritmo e intensidad, se producen incidentes de fuego amigo con daños
colaterales, incluso en los entrenamientos.
Así que estamos viendo
ensayos técnicos y ensayos generales. Nos estamos acercando a un
escenario real. Estas son cosas que he constatado y que considero
importantes. Las tropas estadounidenses están ensayando la
transferencia de personal militar. No sé cuándo fue la última vez
que se realizaron ejercicios militares tan detallados que
involucraran la transferencia de personal militar, pero este es el
nivel al que lo están haciendo. También quiero señalar que, muy
recientemente, el gobierno surcoreano casi provocó una guerra contra
Corea del Norte. Hay pruebas contundentes que demuestran que se
enviaron varios drones a Corea del Norte con la intención de
provocar una guerra. Esto tendría dos consecuencias. Primero,
justificaría un golpe militar y la declaración de la ley marcial.
Segundo, una vez que estallara la guerra con Corea del Norte, y dado
que Estados Unidos tiene el control operativo sobre las tropas
surcoreanas, 3,6 millones de soldados, incluyendo reservistas,
quedarían automáticamente bajo control militar estadounidense, lo
que proporcionaría una enorme cantidad de carne de cañón. Pero,
una vez más, la creciente escala, alcance, intensidad y ritmo de los
ejercicios bélicos nos deja claro que no se trata de un simulacro,
sino de una puesta en escena. Es un ensayo técnico al que muy pronto
seguirá la producción completa.
También quiero referirme
a quienes piensan que no, que esto no está ocurriendo o que no puede
estar ocurriendo, y lo entiendo, nadie quiere la guerra y nos
defendemos mediante diversos pretextos para no creer lo que está
ocurriendo. En cierto modo, preferimos negar la evidencia. Y, por
supuesto, algunos dicen: «Bueno, Trump quiere la paz». A lo cuál
debo responder que no, que Trump no es un presidente pacifista, y
que, si es lo que piensan, están muy equivocados. Su administración
está llena de halcones neoconservadores que incitan y fomentan la
guerra. Por eso vemos una escalada continua: guerra en Irán, guerra
en Europa, guerra en Asia Occidental y, próximamente, guerra contra
China, guerra en el Pacífico.
Hay quienes dicen: «Es
una locura. Es irracional. ¿Por qué harían algo así?». Quiero
recordarles lo irracional y absurda que ha sido siempre la política
estadounidense. Claro que podemos decir que es el mayor promotor de
la violencia y demás, pero además quiero que piensen en personas
concretas, como Curtis Lemay o Kurt Campbell. Kurt Campbell era
subsecretario de Defensa para Asuntos Políticos cuando dijo, y lo
cito textualmente, que desataría una magnífica sinfonía de
muerte en Asia. Este es el lenguaje que usaban: «Sinfonía de
muerte». ¿Recuerdan a Stuart Seldowitz?, el halcón del
Departamento de Estado responsable de la política sobre Palestina
que increpó a un vendedor callejero de faláfel, diciéndole que
5000 niños palestinos muertos no eran suficientes. Y lo decía
descaradamente mientras lo
grababan.
Así que, si piensan que
apelar a la bondad o la irracionalidad evitará la guerra, creo que
se llevarán una sorpresa. Algunos argumentan que sería perjudicial
para el comercio y la economía, pero actualmente estamos inmersos en
un proceso de desacoplamiento. Estamos en plena guerra arancelaria,
guerra diseñada para ver si pueden forzar a otros países a
disociarse masivamente de China, tal como se planeó originalmente en
el acuerdo transpacífico. Y, por supuesto, respecto a la
racionalidad, estamos quienes sostenemos que, ciertamente, no pueden
de ninguna manera ganar una guerra convencional. Si atienden, por
ejemplo, la conversación entre Elbridge Colby y Lyall Goldstein
(Subsecretario de Defensa para Política, y experto en Taiwán del
Colegio de Guerra de EEUU), Lyall Goldstein le dice al Sr. Elbridge
Colby: "No hay manera de que ganemos. Llevo tres décadas
estudiando esto y no hay manera de que ganemos esta guerra; se trata
de una disputa interna en la que no deberíamos involucrarnos”. A
lo que Elbridge Colby, exponiendo su verdadero pensar, responde que
para él se trata de una cruzada ideológica. Pero no solo eso, si
uno observa la trayectoria de Elbridge Colby durante los últimos
diez años, verá que ha estado argumentando en esa línea y
reflejándola en documentos políticos ante el Comité de Armamento
del Senado. Hoy, Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para la
Política, afirma que tenemos un as bajo la manga: las armas
nucleares, y que debemos incorporarlas a nuestra guerra contra China.
Así se pronuncia también el Atlantic Council, afirmando que se
debe simplificar el espectro de la guerra transitando de la guerra
convencional a la nuclear. Este es el as que dicen guardar bajo la
manga: la guerra nuclear. Y no solo la guerra nuclear, sino un golpe
nuclear por sorpresa, lo que técnicamente se denomina doctrina de
contrafuerza. Y por eso nos encontramos en una situación muy
peligrosa. A veces hablo con la gente y les digo que Estados Unidos
padece la falacia del oso grizzly. El 6% de los adultos en Estados
Unidos cree que puede luchar contra un oso grizzly a mano limpia y
vencerlo. Incluso tienen folletos explicativos sobre cómo hacerlo.
Es una locura. Pero la locura está arraigada en el sistema, y
quienes quieren usar armas nucleares están locos porque eso
supondría el fin del mundo.
Pero recuerden, la élite
imperial gobernante, creo yo, preferiría el fin del mundo al fin de
su poder y privilegios. Hay quienes responden diciendo que eso sería
una locura, dado que todos moriremos. Pero, como dije, hay quienes
piensan que pueden ganar, creen que un grupo de incautos que les dará
la victoria. Algunos piensan que pueden sobrevivir. Ya saben, tienen
sus búnkeres. Zuckerberg tiene el suyo en Hawái. La élite
gobernante cree que puede sobrevivir y que, de todas formas, el
planeta está superpoblado. Algunos creen en el advenimiento bíblico,
tienen tal conflicto de intereses que desean provocar el fin del
mundo para ser salvados. Y algunos (aquí me burlo) parecen estar ya
muertos. Peter
Teal parece el cadáver calentado de Roy Conn. Es decir, parece
un producto de la IA. No creo que estén vivos. Todo esto se resume
en que creo que están dispuestos a arriesgar el fin del planeta con
tal de mantener su poder y sus privilegios. Poderes y privilegios que
en realidad tienen mucho que ver con los problemas del capitalismo
tardío. El capitalismo siempre está en crisis, y cuando la
situación se descontrola por completo, la forma de reanimar su
cadáver es aplicarle un desfibrilador, y ese desfibrilador es
siempre la guerra. Por eso quiero que seamos conscientes de que este
es un momento muy, muy peligroso.
Una última cosa, tan
solo un minuto más. Podemos tener muchas teorías y muchas dudas, y
existen múltiples factores que de algún modo determinan nuestro
discernimiento. Quiero traer a colación la teoría de la detección
de señales. Algunos de ustedes, como radioaficionados, tal vez la
conozcan. Se trata de la idea de que en una emisión normal hay
ruido, luego señal y así alternativamente. La señal siempre se
mezcla con el ruido, y lo que hay que hacer es discernir dónde
enfocar nuestro atención. Si nos centramos demasiado en el ruido,
nos colmaremos de falsas alarmas y, en esencia, crearemos una teoría
conspirativa. Ahora bien, si queremos eliminar totalmente el ruido y
quedarnos sólo con la señal, nos perderemos muchas factores
importantes y, por lo tanto, nuestra atención quedará mermada
pillándonos desprevenidos. Mi sensación es que estamos prestando
excesiva atención a las señales y perdiendo algunas que nos llegan
mezcladas con el ruido. Hoy, esas señales nos indican que la guerra
ya está ocurriendo en todas partes.
Las maniobras militares
son increíblemente intensas. Todo —la logística de
preposicionamiento, las operaciones, la alianza— indican que todo
está en alerta máxima y en una escalada constante. No me refiero a
la cantidad de mantequilla de maní que se envía a las tropas, ni a
la langosta y el bistec que se envían, ni a la cantidad de pizza que
se consume en Washington. Dicen que cuando se pide demasiada pizza en
Washington, es señal de que están reunidos hasta tarde y preparando
algo catastrófico. No hablo de esas señales. Me refiero a las que
tienen que ver con niveles de escalada y preparación realmente
peligrosos. Si las ignoramos, lo haremos en nuestro propio perjuicio.
Pienso que estamos en un momento muy peligroso de la historia, un
momento que debe incentivarnos a todos, especialmente a los veteranos
por la paz, a tomar medidas y ver cómo podemos reducir la tensión,
o todo estará perdido. Gracias.
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