19 febrero, 2017

El nuevo-viejo guion de los infomercenarios - Sara Rosenberg


El periodismo de las grandes corporaciones es sin duda un arma de guerra.  La mentira y la difamación es su munición para la batalla contra los principios básicos de la soberanía y de la paz.
Esta última campaña contra Venezuela se ha preparado meticulosamente para crear más caos y más guerra, desgastar al pueblo y a su legítimo gobierno, en una conocida estrategia de injerencia y destrucción imperialista.
O me dejas gobernarte y saquearte, dicen, o tendrás la guerra en casa.
Armaremos a una oposición, la financiaremos, la dirigiremos, sabotearemos, asesinaremos, nos vale madre la Constitución y esa cosa llamada democracia que tanto defienden, como si a nosotros nos preocupara. El gansterismo es nuestro método. Y está claro que hemos conseguido grandes beneficios con la guerra, hemos destruido Irak, Afganistán, Libia, Yemen, Palestina, Siria –aunque ahí nos han dado una buena paliza- y controlamos a nuestros gánsteres aliados en muchos países del mundo. No vamos a permitir que América Latina se nos escape de las manos, tenemos mafia dura ya instalada en Argentina, Brasil, México y vamos por nuestro “final team”. ¿O acaso no han visto cómo en todas nuestras películas y series y programas de eso que llaman realidad siempre gana el más fuerte y el menos escrupuloso? Esa ha sido y es nuestra política desde siempre, desde la conquista del lejano Oeste y el exterminio de esos indios que decían que existía un derecho y otras formas de vida y relación humana… Para eso y para que lo entiendan y lo acepten como algo natural hemos producido miles de películas y series sobre el triunfo de los colonizadores y cazadores de cabelleras.              

En este capítulo la política de guerra continúa y la CNN sirve y ha servido siempre como un instrumento de guerra. Es un capítulo más. Desde siempre la CNN ha lanzando ataques y ha hecho propaganda abierta contra el gobierno y el pueblo bolivariano.  Han acusado al gobierno de Venezuela de estar ligado al narcotráfico, de no respetar los derechos humanos y de todo tipo de aberraciones, pero hay un dicho popular, “tanto va el cántaro a la fuente que termina por romperse”.


Y es lo que ha pasado, el gobierno venezolano ha dispuesto una acción cautelar contra CNN y ha suspendido temporalmente su emisión en Venezuela. Esta es una medida ejemplar en defensa de la democracia, de la soberanía y la paz.

Ojalá en mi país, Argentina, donde la guerra informativa contra el gobierno kirchnerista fue constante y la difamación se instaló como modelo, se hubiera tomado una medida parecida; quizás hoy no estaría Argentina sumida otra vez en la noche neoliberal del gobierno de Macri, votado por una masa intoxicada de basura mediática, sin memoria y sin conciencia de clase, tanto como para votar a su verdugo.

La decisión de suspender la emisión de la CNN se produce después de que en un programa bodrio, de burda propaganda, llamado “Pasaportes en la sombra”, CNN aseguró que se vendieron 173 pasaportes en la embajada venezolana en Irak a  miembros de la organización Hezbollah, intentando vincular al vicepresidente Tareck El Aissami, basándose para ello en el origen familiar libanés del vicepresidente venezolano, sin aclarar por supuesto que la familia El Aissami es de origen druso. Dicho de otra manera, bastó su apellido para asociarlo con el islamismo.  CNN infirió además que estos pasaportes servirían para la introducción de militantes yihadistas en EEUU, para perpetrar, con patrocinio venezolano, actos de terrorismo.

La canciller Delcy Rodríguez señaló que la principal fuente de CNN para su olla informativa “Pasaportes en la sombra” es Misael López, ex consejero legal de la embajada de Venezuela en Irak entre 2013 y 2015.

Según la Canciller venezolana, López mantiene una relación personal (de tipo sentimental) con Ana Argotti, quien es la actual abogada de Lilian Tintori, esposa de el máximo instigador de las guarimbas del 2014, Leopoldo Lopez, hoy en prisión. Misael López fue despedido del servicio exterior venezolano luego de intentar extraer dinero de la embajada venezolana de forma ilegal en un banco iraquí, donde se presentó con un pasaporte, usurpando la identidad del embajador de Venezuela en Irak. Además es acusado de intentar abusar sexualmente de una intérprete que trabaja en la embajada venezolana en Bagdad. “Es un delincuente que trató de robar el dinero de Venezuela, es un delincuente que quiso cometer delitos sexuales de una de nuestras trabajadoras en Irak”, reiteró.

El montaje de CNN viene a engrosar una serie de ataques y señalamientos muy estridentes contra la dirigencia del gobierno venezolano. Esta campaña persistente está muy acompasada, por demás, con actores recalcitrantes antichavistas, lobbystas en EEUU ligados a Israel, al negocio armamentístico y financiero, y halcones que mantienen una agenda consistente de asedio.

Uno de ellos es Marco Rubio, quien usó la “investigación” de CNN para hacer señalamientos muy graves. Cuatro días después del reportaje de CNN contra Venezuela, el senador Marco Rubio –senador republicano por Florida- presentó el caso ante el Congreso de los Estados Unidos basando sus acusaciones en el contenido transmitido por CNN. “Hay nexos, de acuerdo con CNN, del actual vicepresidente Tareck El Aissami con 173 pasaportes y cédulas expedidas a individuos provenientes de Medio Oriente, incluida gente vinculada al grupo terrorista Hezbollah”, señaló Rubio en una sesión del Congreso norteamericano, indicando además que podrían haber ataques terroristas en suelo estadounidense con la colaboración de Venezuela.” (1)
(*Según una investigación realizada por Misión Verdad en 2016, la corporación dueña de CNN, Time Warner, fue uno de los principales financistas de las dos campañas presidenciales de Barack Obama con casi 2 millones de dólares. Este dato que pone en relieve cómo las políticas de injerencia de la anterior administración (el Decreto Obama, leyes de sanciones, intimidación por parte del Comando Sur, etc.) contra Venezuela tuvieron su brazo mediático en CNN.)
En esta nueva entrega fílmica con viejo guión de película de gánsteres que compiten en audiencia con las de vaqueros e indios, queda claro que no se trata sólo de una corporación mediática –CNN- sino de toda una estrategia injerencista contra un país con las mayores reservas de petróleo, gas, oro, minerales estratégicos del mundo  y además cercano al territorio del lugar de operaciones –o país- del gánster mayor.

El arma de guerra llamada en este caso CNN, se especializa en descontextualizar las noticias y crearlas de tal manera que sirvan para justificar una “intervención humanitaria” tan buenamente humanitaria como han sido las que nos han dejado millones de muertos y tantos países arrasados humanitariamente.

Misión Verdad los llama infomercenarios y creo que es el nombre que les corresponde. Hay cinemercenarios, seriemercenarios, depomercenarios, filomercenarios, psimercenarios, artemercenarios, toda una inmensa cultura mercenaria destinada a ganar mucho dinero con la tarea de apoyar y difundir la cultura de la muerte y de la guerra, la cultura del fascismo. Los sueldos son altos y no hay desempleo en este sector. La miseria mental es todo lo que hace falta para estar en nómina.        
“Fernando del Rincón en 2014, por ejemplo, dio cobertura internacional al fracasado laboratorio de guerra civil en Venezuela (denominado “La Salida”), buscando darle legitimidad a la violencia para así exponer ante el mundo al gobierno venezolano como un “violador de derechos humanos” y a los grupos violentos como “luchadores por la paz y la restitución de la democracia”. Tal cual fue el cuadro narrativo que se impuso sobre Siria y que posibilitó el inicio de la guerra. Fernando del Rincón vino precisamente a hacer ese trabajo de carpintería (como otros colegas de la cadena CNN lo hicieron en Siria y Libia), y fracasó.” (2)
Es una película que roza el género gore y que tuvo un nuevo capítulo en Madrid donde se reunieron los ex presidentes –Aznar y González- con nuevos aspirantes- Rivera, de Ciudadanos-, el  ex secretario de la OTAN –Solana-, tele mercenarios –Osborne y otros- etc. (3) para defender al “preso político” Leopoldo Lopez, sin mencionar por supuesto a los 43 muertos en los desmanes “humanitarios” dirigidos por este mercepolítico.
“Casi al mismo tiempo y en el mismo periódico, hoy se informa que el gobierno de Felipe González, tan preocupado hoy por los derechos humanos en Venezuela, ocultó sus pactos con la dictadura argentina, “a pesar de las graves denuncias que llegaban dese su embajada en Buenos aires, el ejecutivo del Psoe intercambió apoyos diplomáticos con el régimen de ese país para acceder a organismos internacionales. Según consta en distintos documentos se beneficiaron ambas partes”. (Publico- Danilo Albin-17/2/2017)” (4)
Sin duda y tal como dice Misión Verdad, este capítulo de la pelimercenaria de CNN cuestionado con una medida cautelar por el gobierno venezolano, es una excelente medida de salud pública. La paz se preserva atacando en su raíz esta guerra comunicacional permanentemente que pretende mantenernos en un estado de shock constante que impida el pensamiento y oculte la verdad.

¿Cuándo se reunirán los señores de la jet set política para pedir por ejemplo la libertad de Milagro Sala, ella sí una presa política del gobierno del connotado socio merce-humanitario Macri?

Resistir a la intoxicación de la guerra informativa es un paso adelante enorme y ojalá el ejemplo se extendiera a muchos países donde la enfermedad del shock mediático ya esta en etapa de metástasis dentro del castigado cuerpo social.
     
(1) Misión Verdad.
(2) Misión Verdad
(3) José María Aznar, Felipe González, Alberto Ruiz-Gallardón, Albert Rivera… y Bertín Osborne, entre muchos otros rostros conocidos de la política y sociedad española, se han reunido en la mañana de este jueves para apoyar a Leopoldo López, en un acto celebrado en la sede del bufete de abogados Cremades y Calvo Sotelo, según informa el diario El Mundo. Leopoldo López es el principal líder de la oposición venezolana y se encuentra encerrado en una cárcel desde hace casi tres años, que se cumplen el próximo sábado. Distintos dirigentes políticos, además de los citados, han querido prestar su apoyo moral al padre de López. Nombres como el antiguo alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, quien fuera el secretario general de la OTAN, Javier Solana o la dirigente del Partido Popular Cayetana Álvarez de Toledo, además de Bertín Osborne cuya esposa es venezolana… Horas antes Tintori también fue recibida por otro mandatario. En este caso quien le abrió las puertas fue Donald Trump, con quien también mantuvo un encuentro en el Despacho Oval, tras el cual el presidente de Estados Unidos pidio que “se libere inmediatamente al preso político”.  (Público- 17-2-2017).
(4) Danilo Albin
¿Cuántas personas puede torturar, violar y asesinar un régimen cívico-militar en aproximadamente siete años? La dictadura argentina demostró que podía hacerlo con 30 mil almas. Lo consiguió a fuerza de tirar gente viva al mar, humillar sexualmente a mujeres y hombres o fusilar a jóvenes indefensos con un disparo en la nuca. Eso sí, después de obligarles a cavar su propia tumba. A comienzos de 1983, los gobiernos europeos eran plenamente conscientes de esas atrocidades. Pese a ello, hubo un presidente que permitió que se llegaran a acuerdos diplomáticos con los golpistas de Buenos Aires. Su nombre: Felipe González.

Según ha podido comprobar Público mediante distintos documentos, el gobierno que encabezó el socialista sevillano intercambió apoyos con la dictadura argentina en distintos organismos internacionales. Siguiendo la misma lógica que había aplicado su antecesor Adolfo Suárez, González no tuvo ningún reparo a la hora de recurrir al Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país para conseguir sillones en diferentes entidades. Las continuas denuncias que llegaban desde la embajada española en Buenos Aires no afectaron a este capítulo de las relaciones entre La Moncloa y la Casa Rosada, ocupada desde el 24 de marzo de 1976 por uno de los regímenes más sanguinarios de la historia de América Latina.



18 febrero, 2017

Acerca de la violencia - Alfonso Sastre

Extraído del ensayo La batalla de los intelectuales: o nuevo discurso de las armas y las letras, de Alfonso Sastre. (Texto completo en PDF aquí).


El buen intelectual está contra toda violencia, venga de donde venga.
Nada más cierto, y son pocas las excepciones de quienes afirmamos que pensar es distinguir entre los fenómenos (o, al menos, empieza por ese esfuerzo), o sea, que es todo lo contrario de echar en una bolsa de basura todo lo que quepa en ella en función de ciertas semejanzas que a veces son realmente serias e importantes (por ejemplo, un tiro de pistola suena igual que otro tiro de pistola), para hacer después un juicio global sobre aquel conjunto heteróclito. 
Por ejemplo, para mí es preciso establecer que son fenómenos diferentes el disparo de un sicario sobre un dirigente sindical en América Latina y la ráfaga de metralleta de Ernesto Che Guevara contra un cuartel de “casquitos” durante la dictadura de Batista; y mucho más otra cosa es la explosión de unas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, y el homicidio a navaja que se produce en un arreglo de cuentas o en un trance pasional. Todos son actos violentos y, por ello, indeseables; pero a partir de esa constancia es preciso ponerse a pensar, y a ver la entidad propia de cada una de esas violencias, ante cada una de las cuales nuestro rechazo tendrá también su propia entidad, o incluso no llegará a ser tal rechazo (defensa propia, tiranicidio, violencia revolucionaria...); por lo que no es indiferente esa genealogía para paralizarse en un rechazo de –como dice un eslogan casi popular entre los intelectuales “buenos”– toda violencia, venga de donde venga, puesto que, siendo todas ellas indeseables, como decimos, merecerán diferentes atenciones, de manera que el juicio moral y político sobre ellas se basará en el conocimiento de su diferente cualidad y etiología, y en el análisis de las motivaciones, desde las psicológicas a las sociales, de cada uno de esos actos violentos; y es de decir que esa metódica distinción en la masa de lo que es heteróclito (aunque una importante nota común sea la violencia) es la vía sine qua non de un pensamiento “en forma” –o sea, fuerte– y de la moral, y de una acción efectiva para que tales actos violentos –cada uno en su índole– lleguen un día a ser definitivamente imposibles. 
En cuanto a mí, por mera decencia intelectual, no puedo poner en el mismo saco a un militante palestino que se hace estallar ante un cuartel israelí ¡o en un autobús con todo el horror que ello comporta!, y los bombardeos desde el interior de grandes formaciones blindadas de enormes carros de combate o el lanzamiento de misiles desde helicópteros sobre casas habitadas palestinas en un campo de refugiados (y he elegido al respecto acciones de carácter análogo –en la misma guerra– para llamar la atención sobre la audacia y la intensidad y el compromiso de este pensamiento mío, capaz de tratar de distinguir entre estas dos violencias tan estrechamente emparentadas). Mi punto de vista, como intelectual “malo” –además, claro está, de mal intelectual, pero esa es otra cuestión (sonrío)–, es que en todos los casos de violencia, incluso en los de mayor similitud, existen diferencias, a veces radicales, y en todo caso dignas de tenerse en cuenta, y no digamos cuando los actos violentos son, por ejemplo, la bomba de un guerrillero de las FARC de Colombia, que combaten por la revolución de su país, en un lado, y la tortura de un policía o un militar británico, al servicio del Reino Unido, a unos detenidos irlandeses sospechosos de pertenecer al IRA, en el otro. ¿Se me puede seguir por ahí, o ese camino es impracticable para un buen intelectual de hoy, para el humanismo de una izquierda bienpensante? ¿Me quedaré yo solo o acompañado de algunos poetas malditos, candidatos a la marginación y al desprecio? ¿En mis últimos días estaré, al fin, más solo que la luna, en mi gabinete de trabajo, sobre un fondo con las imágenes de Ernesto Che Guevara, Ho Chi Minh y Argala, a quien conocí y admiré personalmente, siendo yo mismo incapaz de matar un insecto? ¿Pero es que se puede ser otra cosa –desde el punto de vista ético– que un pacifista a ultranza? ¿Cómo es que resulta que yo mismo no lo soy, y que incluso hace muchos años pensé en lo que llamé “la metamorfosis de una pistola”, imaginando que un arma pasaba de las manos de un agente de una dictadura a las de un guerrillero, lo que hacía que la pistola, sin dejar de ser una pistola, se convirtiese en otra cosa: desde ser un aparato para la opresión a devenir un aparato para la liberación? 
Ahora recuerdo algo que me contó José Bergamín y que nunca he podido olvidar porque expresa un problema que personalmente me afecta. Era en Madrid, 1936, y por fin las organizaciones obreras habían conseguido que el Gobierno Republicano les procurara fusiles para la defensa de Madrid. En no recuerdo qué lugar se estaba procediendo al reparto de aquellas armas, y se había formado una cola para obtenerlas. Bergamín se puso a la cola; y resultó que, cuando estaba a punto de tocarle el turno, los fusiles se acabaron. Entonces Bergamín exclamó para su coleto: ¡Menos mal!, y al poco de hacer esa exclamación se avergonzó de haberla hecho, porque ello implicaba una falta de solidaridad con quienes iban a verse en la necesidad de derramar sangre humana. ¿Que maten ellos? ¿No era una vergüenza comportarse así? También recuerdo a este respecto de la violencia como un horror que en determinadas circunstancias puede parecer necesario el que fue famoso libro de Sören Kierkegaard Temor y temblor. El autor analizó en su libro el episodio de la Biblia en que el patriarca Abraham recibe la orden superior –¡y tan superior; nada menos que de Dios!– de matar a su hijo Isaac, de sacrificarlo como un cordero en el monte, y, desde luego, se dispone a hacerlo, siendo estimado por ello, y no a pesar de ello (dice Kierkegaard), un Caballero de la Fe. ¿Persona admirable o asesino frustrado? Kierkegaard, que vivió esta situación como una tragedia, aporta en su obra la idea de que, en determinadas circunstancias (por ejemplo, un mandato divino, pero también puede ser la liberación de un pueblo que sufre una opresión), se legitima lo que él da en llamar una suspensión teleológica de la moral. Que es como decir, al estilo de los viejos jesuitas, que “el fin justifica los medios”.  
No, yo no suscribiré esta justificación, pero tampoco me pondré en el bando de quienes, bienpensantes, reposan su cabeza sobre el lecho de una condena retórica. Estamos en el corazón de la tragedia y, para mal o para bien, este es mi oficio, que comencé a finales de los años cuarenta con un drama sobre el terrorismo, tema que nunca me ha abandonado desde entonces. En aquel drama, yo me hallaba más cerca de un humanismo navideño que de otro lugar, pues, si bien el precipitado ideológico del drama no era una “condena”, estaba, sin haber reflexionado aún sobre ello, en el oficio de Eurípides, que en lugar de condenar a Medea (¿habrá violencia más atroz y condenable que la de matar a sus propios hijos?) trataba de desentrañar los mecanismos psicológicos de su venganza, evocando una nostalgia cristiana: si los hombres “se amaran los unos a los otros” (Jesucristo) habrían desaparecido las raíces del terrorismo y, con ellas, el fenómeno de las bombas urbanas en las luchas revolucionarias y de las víctimas sangrientas.
Entonces no había leído otra obra sobre “el terrorismo”, que se escribió por aquellos mismos años, Los justos de Albert Camus; pero tampoco un drama que unos años antes había escrito Bertolt Brecht, durante la Guerra Civil Española, sobre una madre (recuerdo de La madre de Máximo Gorki) que, habiendo sufrido en la carne de sus seres amados los horrores de la guerra, y por ello pacifista a ultranza, esconde y oculta unos fusiles hasta que, a la muerte violenta del hijo que le queda, los entrega para que los combatientes los usen en la defensa de la República. Años después, yo mismo tomé este tema y lo trasladé al País Vasco durante la misma guerra –la del ‘36 al ‘39– con el título Las guitarras de la vieja Izaskun (guitarras=metralletas en el argot guerrillero). 
Durante la gran efusión revolucionaria que se produjo al triunfo de la Revolución Cubana, se llegó a los extremos –en el mundo intelectual de la izquierda entonces activa– de proponer que los escritores partidarios de la revolución sustituyeran la máquina de escribir por la metralleta, extrapolando una frase atribuida a Ernesto Che Guevara, que habría respondido a un escritor que le preguntaba qué podía él hacer por la revolución: “Yo era médico”. Por lo que a mí se refiere, recuerdo haber escrito una ponencia para el Congreso Cultural de La Habana en la que me planteaba este tema bajo el título: “¿Pluma o metralleta?”, y apostaba por la pluma desde luego, posición en la que me sentí acompañado por unos diplomáticos vietnamitas a quienes pregunté en Estocolmo qué hacían los artistas y los intelectuales en el Vietnam en lucha, bajo los bombardeos de napalm, y que me respondieron que los escritores... escribían, los pintores... pintaban y los maestros... enseñaban a los niños en las escuelas subterráneas, y que ese era el modo como cumplían con sus deberes revolucionarios en aquella atroz guerra de resistencia y de liberación. Por cierto que una buena parte de los intelectuales reunidos en La Habana, entusiastas de la metralleta, no sólo no la usaron nunca sino que abandonaron pronto sus entusiasmos por la Revolución Cubana. 
Insistiendo en la indeseabilidad radical de la violencia en sus diferentes despliegues y entidades –o sea, de las violencias–, nuestro punto de vista entonces y ahora establece que es preciso distinguir radicalmente dos grandes sectores en las violencias sociales y políticas –las violencias de los oprimidos y las de los opresores, o bien, los actos violentos de los pobres y los de los ricos, o bien, las guerras patrocinadas por el Poder y las guerras sediciosas o subversivas, etcétera–, y que todos los actos violentos no meramente “pasionales” (amor, celos...) –desde los atracos de bancos a las bombas “terroristas”– son síntomas que manifiestan profundos males sociales y que hunden sus raíces en situaciones de radical y lacerante injusticia, plano sobre el que habría que operar en la tarea de acabar con la violencia en el planeta Tierra, y no golpeando con furia ciega policíaca o militar sobre los síntomas, por medio tantas veces de procedimientos como la tortura que se practicaba y se sigue practicando en las siniestras oficinas del “orden público”, en las cloacas de los estados.
Sobre el tema de las condenas al terrorismo por parte no ya de políticos sino de intelectuales y artistas, algo he dicho en el trabajo sobre Los intelectuales y la Utopía, acudiendo a reclamarme como del “oficio de Eurípides”, o de la dramaturgia en general, que no es un oficio de condenas “al malo” sino de análisis y reflexión sobre los orígenes de los sufrimientos humanos. Para nosotros (los que efectivamente practicamos el oficio de Eurípides, y no pertenecemos a la policía ni a la judicatura), en general no hay el malo, aunque algún “malo” pueda haber, sobre todo en las malas películas y en los melodramas (buenos contra malos), e incluso los tiranos tienen en nuestros dramas la libertad de decir y de explicar todas sus razones.
Recuérdese como un buen ejemplo, casi arquetípico, la Antígona de Jean Anouilh, tragedia escrita y estrenada en París durante la ocupación nazi-alemana, y cómo se escuchaban en aquella obra las razones de Creonte, el tirano, contra Antígona, tan bien expresadas por el personaje que personifica el Poder que se podía llegar a pensar que el autor justificaba las razones de Alemania (Creonte) contra Francia (Antígona). Si nos desplazamos a la Revolución Francesa, podríamos echar un vistazo a las grandes obras que de ella se han ocupado (por ejemplo, desde La muerte de Danton, de Georg Büchner, a la obra maestra de Peter Weiss que es el Marat/Sade) y en ellas vemos y confirmamos que nuestro oficio no consiste en una condena a ultranza del Terror, ni siquiera del Terror en el Poder, como es en este caso, en la medida en que se trataba de una actividad pública, instalada en el poder político, y que se pretendía al servicio de una gran revolución justiciera, sino que nuestro propósito –el propio de los socios del “Club Eurípides”– es siempre el de analizar vía imaginante las condiciones que dan lugar, por ejemplo, a los horrores de la guillotina.
La tragedia es, entre otras muchas cosas, una apuesta contra todo maniqueísmo (buenos y malos). Pero también es preciso decir, siguiendo el mismo juego, que hay un momento en el que el oficio de Eurípides ha de ceder su lugar a otro en el que sea no sólo legítima sino deseable la condena de determinadas prácticas. En la siguiente edición de mi opúsculo creo que quedará claro ese momento que hay en nuestro oficio para la práctica de las condenas más severas de hechos sobre los que no es posible aplicar el equilibrio de las grandes tragedias, en las que una mujer puede degollar a sus pequeños hijos y ser sujeto no de una lapidación inmisericorde sino que se le puede ofrecer (así hizo Eurípides y antes otros tragediógrafos) una plataforma reivindicativa de la mujer desolada por la opresión masculina y cultural. ¿Cuáles serían esos hechos ante los que el mismo Eurípides alzaría su mano y condenaría sin dar lugar a la réplica –y mucho menos a la dúplica (que es el diálogo)– del otro? Se trataría de comportamientos determinados, cuya índole los haría rechazables en absoluto, y por tanto objeto de una condena irrenunciable desde un punto de vista ético. Para mí, a pesar de la gran complejidad de esta cuestión, hay ese tipo de hechos condenables preontológicamente, y ellos son los que constituyen la violencia que se ejerce hoy desde los poderes económicos, políticos y militares, en distintas maneras (desde la opresión y la explotación económica a la tortura policíaca; desde los embargos económicos a pequeños países hasta los grandes ataques militares); todo lo cual se está produciendo en el marco de la globalización capitalista, y que yo me atrevo a rechazar de modo incluso maniqueo, desde mi dudosa condición de comunista errático; mientras que la violencia de los oprimidos, incluso en sus expresiones más atroces, como los ataques del 11 de septiembre, me produce un gran temblor que me mueve a preguntarme: ¿Por qué? ¿Por qué?; y a considerar esa violencia como una materia trágica. Evidentemente hay algo que me aleja de la zona en la que se mueven los intelectuales y los artistas “bienpensantes”, y es mi diferenciación radical entre las violencias de Estado y las que ejercen –subversión, sedición, revuelta, revolución armada...– los condenados de la Tierra. ¡Yo no veo bien condenar a los condenados!
Pensándolo bien a pesar de todo, me doy cuenta de que yo no soy un buen oficiante de Eurípides, y que a veces se me cuela el melodrama –los buenos y los malos– en mis tragedias (en las de mi vida y en las que escribo), o en mi percepción de las tragedias ajenas (las que ocurren en la realidad y las que han escrito o escriben mis colegas dramaturgos).
No es así en algunas como la citada Medea de Eurípides, en la que me da casi tanta pena Jasón como Medea, y, desde luego, no condeno a ninguno de los dos, pues Jasón me parece un personaje muy humano a pesar de que se comporte como un cerdo a propósito de Medea, y en cuanto a Creonte, ¿qué podría hacer él sino lo que hace, condenar a Medea al destierro para evitar... lo que, al fin, resulta inevitable, y no porque Medea sea “mala” sino porque sufre más allá de lo posible por el abandono de Jasón?
Como espectador del teatro, entiendo como un test de mi propia condición humana –de lo que yo tengo y de lo que me falta de Eurípides– el hecho de que en Fuenteovejuna de Lope de Vega no me da ninguna pena sino que me alegra ver que los ciudadanos se rebelan, matan al comendador de mala forma y alzan su cabeza en una pica, y, sin embargo, condeno que aquellos ciudadanos sean sometidos a torturas para dilucidar lo que ha pasado. (¿Dónde se me quedó Eurípides?). Como autor, escribí con mucho gusto que Tell mata al Gobernador, y me quedé tan tranquilo, y en ningún momento del drama le dejé –al Gobernador– que expresara sus opiniones y defendiera sus puntos de vista (cosa que hizo y muy bien Eugenio d’Ors en su obra Guillermo Tell).
Este tema me ha puesto siempre en un trance mental muy complejo, en una situación “ardiente”, y así sigue siendo hoy. Pero la cosa para mí empezó cuando descubrí la existencia en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, de aquel movimiento de resistencia contra los nazi-alemanes. ¿Qué pensar de un acto en el que un resistente francés disparaba un tiro en la cabeza de un oficial alemán que pasaba por la calle? Pero aún más: ¿qué pensar de un grupo de la Resistencia que pone un explosivo en la vía del ferrocarril? ¿Condenarlo y renunciar a la lucha contra la ocupación alemana? ¿Aceptarlo y renunciar entonces a nuestro humanismo intelectual? ¿Y qué pensar de los franceses que decidieron practicar aquella lucha? El terrorismo fue el doloroso tema de una de mis primeras obras –Prólogo patético– y de otras posteriores, particularmente de la titulada Análisis de un comando, que parten sin duda alguna de una condena personal a los sistemas a cuya opresión se oponen los “terroristas”. En realidad –y ahora regreso a Eurípides y me reconcilio con él– no hay buenos y malos, y ni siquiera los torturadores policíacos son como los malos de las malas películas o de los buenos melodramas. Lo malo son los sistemas opresores; lo condenable son esos sistemas; y los verdugos son también víctimas de esos sistemas. Lo cual no quiere decir que propongamos enfangarnos en una especie de humanismo navideño. En resumen, creo que también los intelectuales “malos” estamos contra toda violencia, que nos parece siempre indeseable, pero no lo estamos de la misma manera cuando se trata de la violencia de los ricos contra los pobres que cuando se trata de la violencia de los pobres contra los ricos; o dicho de otros modos: la violencia de los estados opresores y la violencia revolucionaria.
Alguna vez dije que la tragedia era, en el teatro, una especie de investigación criminal, que partía de la pregunta: ¿Quién es culpable?, aunque ello me aproximara a una noción cuasi policíaca del drama, noción de la que sin embargo me apartaba un punto de vista filosófico: el rechazo del concepto del delincuente como el malo de la película. Más cerca me hallaba de Concepción Arenal y de su propuesta de odiar el delito y compadecer al delincuente. La indeseabilidad de toda violencia me hace moverme con pavor en el mundo de hoy, en el que veo que la generalización de la injusticia y el cierre de las vías que hicieran posible actuar por medios políticos contra ella hacen presumir la generalización así mismo de los “métodos terroristas” en este mundo. El llamado “nuevo orden”, posterior a la caída de la Unión Soviética y los regímenes del “socialismo real”, se nos presenta como un lúgubre anuncio de la extensión mundial de la violencia como único modo viable de protestar contra el hambre y de luchar por las libertades de los pueblos. Sin embargo, los movimientos que se iniciaron en las manifestaciones de Seattle son portadores de una esperanza nueva que acaso opere contra este vaticinio de una extensión mundial de las guerras de los pobres, que se llaman terrorismo, mientras, como he dicho otras veces (y también en el opúsculo que vengo citando), se llama guerra al terrorismo de los poderosos. Mientras tanto, yo me reservo el derecho de hacer mis distinciones en este tema, aunque ello me sitúe al margen de lo “políticamente correcto”.

"Según piensan los señores,
no tengo donde cogerme:
si a mí me matan es paz,
pero es guerra el defenderme"

(Alfonso Sastre - "Euskadi en guerra")

17 febrero, 2017

La mentira como objeto de fe.




"Permitid que esto lo diga axiomáticamente: no hay forma de Poder sobre la gente que pueda ejercerse si no es a través de la mentira: sin mentira no hay ni ejército, ni policía, ni justicia, ni degollamientos ni nada. Es la mentira y la mentira presentada como verdad y como objeto de fe lo que ha dado siempre fuerza al Poder y sigue dándosela hoy día".

Agustín García Calvo

16 febrero, 2017

"Podemos es un camino hacia ninguna parte, una formación sin voluntad transformadora" [vídeo]



x Canarias Semanal
Para analizar el trasfondo del II Congreso de Podemos celebrado la pasada semana en la plaza de Vistalegre (Madrid), y marcado por el enfrentamiento mediático entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, conectamos, simultáneamente, con Ángeles Maestro, de la organización Red Roja, y con Manuel Medina, profesor de historia y asiduo colaborador de Canarias Semanal (...).
El pasado fin de semana tuvo lugar en la plaza de Vistalegre (Madrid), el II Congreso de la organización política Podemos. En realidad, no fue en el marco de ese Congreso donde se produjeron los truculentos enfrentamientos entre las diferentes facciones de la dirigencia de la formación, que le dieron mayor relevancia al evento.

Gracias a la extraordinaria escenificación que tuvieron esos desencuentros, quienes no pertenecen a esa organización, ni en calidad de militantes ni de "inscritos", pudieron tener noticias de los motivos aparentes que provocaron esas mediáticas peleas precongresuales, inéditas en toda la historia política española.

Pero, ¿qué fue lo que provocó estas espectaculares "guerreas" cainitas, que según el filosofo Alba Rico podían concluir al lunes siguiente al Congreso en múltiples homicidios? ¿Estuvieron provocadas por irreconciliables diferencias ideológicas? Y de ser así, ¿en qué consistían las desavenencias? ¿Qué posiciones representaban cada uno de los dos contendientes en liza? ¿Existen realmente tales enfrentamientos o forman parte tan sólo una cómica recreación histórica de las supuestas contradicciones existentes entre Felipe González y Alfonso Guerra, en la década de los 80? ¿Han sido estos incidentes una expresión de un acelerado proceso de descomposición en el seno de Podemos?

Para responder a estas y otras preguntas hemos conectado, simultáneamente, con Ángeles Maestro, de la organización Red Roja, y con Manuel Medina, profesor de historia y asiduo colaborador de Canarias Semanal.
Algunos titulares de la entrevista: 
- Ángeles Maestro
"Podemos ha recorrido a la velocidad de la luz procesos de descomposición que otras formaciones tardaron años en recorrer" 
"En la formación morada está primando el pesebre, una parte importantísima de la gente solo busca su colocación personal" 
"Desde Podemos y las cúpulas de CCOO y UGT pretenden destruir las Marchas de la Dignidad" 
- Manuel Medina
"En Podemos no ha habido ningún enfrentamiento de tipo ideológico, que es el único relevante en política" 
"Un partido como Podemos puede mantenerse en las instituciones sin ninguna base, en un régimen electoralista solo importan los cargos" 
"Solo el fortalecimiento de una izquierda revolucionaria que irradie influencia en la sociedad puede evitar que los reformistas se apoderen de los movimientos sociales"



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15 febrero, 2017

Un pandillero al servicio del capitalismo.

¿Soldados regulares, o simplemente mercenarios al servicio del imperialismo corporativo?
“He servido durante 30 años y cuatro meses en las unidades más combativas de las fuerzas armadas norteamericanas: en la infantería de marina. Tengo el sentimiento de haber actuado durante todo ese tiempo de bandido altamente calificado al servicio de los grandes negocios del Wall Street y sus banqueros. En una palabra, he sido un pandillero al servicio del capitalismo. De tal manera, en 1914 afirmé la seguridad de los intereses petroleros en México, Tampico en particular. Contribuí a transformar a Cuba en un país donde la gente del National City Bank podía birlar tranquilamente los beneficios. Participé en la "limpieza" de Nicaragua, de 1902 a 1912, por cuenta de la firma bancaria internacional Brown Brothers Harriman. En 1916, por cuenta de los grandes azucareros norteamericanos, aporté a la República Dominicana la "civilización". En 1923 "enderecé" los asuntos en Honduras en interés de las compañías fruteras norteamericanas. En 1927, en China, afiancé los intereses de la Standard Oil." 

"Nos ha ido bastante bien con Luisiana, Florida, Texas, Hawái y California y el Tío Sam puede tragarse a México y Centroamérica, con Cuba y las islas de las Indias Occidentales como postres y sin intoxicarse". 

"Fui premiado con honores, medallas y ascensos. Pero cuando miro hacia atrás considero que podría haber dado algunas sugerencias a Al Capone. Él, como gánster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como marine, operé en tres continentes. El problema es que cuando el dólar estadounidense gana apenas el seis por ciento, aquí se ponen impacientes y van al extranjero para ganarse el ciento por ciento. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera." 

Smedley Darlington Butler, general del cuerpo de marines norteamericano. De su libro War is a Racket (La guerra es un fraude) 

https://es.wikipedia.org/wiki/La_guerra_es_un_latrocinio

MICHEL CHOSSUDOVSKY: LA VERDAD DEL CONFLICTO SIRIO



Nunca fue una guerra civil. Fue una guerra no declarada, una agresión, usando terroristas afiliados a Al Qaeda como soldados de infantería de EE.UU., de la OTAN y de sus aliados en Oriente Medio.
Desde el primer día, los terroristas estuvieron involucrados en el asesinato de miles de civiles. 
El conflicto comenzó en Daraa como una “insurgencia” integrada por mercenarios salafistas. 
Desde el Primer Día, los ‘luchadores islamistas por la libertad‘  fueron apoyados, entrenados y equipados por la OTAN y por el Alto Mando de Turquía. 
Esta iniciativa, que también fue apoyada por Arabia Saudí y Qatar, generó un proceso de reclutamiento organizado de miles de presuntos ‘luchadores de la libertad‘, yihadistas todos ellos, que recuerdan al alistamiento de los muyahidines para llevar a cabo la yihad de la CIA en el apogeo de la guerra soviética en Afganistán. 
Estos mercenarios fueron posteriormente integrados en organizaciones terroristas patrocinadas por los Estados Unidos y sus aliados, incluyendo Al Nusrah e ISIS. (Palabras de Michel Chossudovsky)


Conferencia organizada por ciudadanos/as de Montreal, de origen sirio, en colaboración con el Movimiento por la solidaridad con Siria, el Congreso Canadiense de la Paz y el Periódico Clarté.

Dado que la intervención de Chossudovsky se hizo en inglés y frances, la web Punto Crítico tradujo el texto en el primer idioma,  pero no la realizada en lengua francesa, porque su contenido es explicado luego en inglés por el periodista canadiense.



NOTA.- Michel Chossudovsky (1946) es profesor de economía en la Universidad de Ottawa y escritor, además de fundador y director del Centro de Investigación sobre la Globalización (CRG), Montreal, y editor de la web globalresearch.ca.

12 febrero, 2017

10 febrero, 2017

El documental de Oliver Stone “UCRANIA EN LLAMAS” no se proyectará en los EE.UU.

La maquinaria estadounidense de distribución cinematográfica se negó a que “Ucrania en llamas” se proyectara en los cines de EEUU, por lo que su director, Oliver Stone, ha colgado el documental en Youtube, aunque no tenemos de momento la versión en castellano.




Stone tildó de “falsos” los reportes de los medios ‘mainstream’ que afirman que Rusia “empeora la situación en Ucrania”.

Asimismo, declaró que EEUU utiliza el conflicto ucraniano para demonizar a Moscú y de esta manera preservar la OTAN.

“Honestamente, hoy me quedé perplejo porque ellos publicaron noticias falsas de que los rusos están agravando la situación, cuando las mayores bajas se registran en Donetsk“, dijo Stone durante la proyección de su película ‘Ucrania en llamas’ que tuvo lugar en Los Ángeles, informó Belfast Telegraph.

Además, Stone declaró que EEUU tuvo una enorme responsabilidad en el conflicto ucraniano, pero continúa negándolo.

Afirmó también que Washington utilizó el conflicto para denigrar a Rusia y “preservar vivo el concepto de la OTAN”

Stone críticó igualmente a la prensa estadounidense responsable, según él, de aceptar la versión gubernamental sin investigar:

“¿A dónde fue el periodismo de los años 60, el que llevó al escándalo del Watergate y mostró la verdadera cara de la guerra de Vietnam?”, se preguntó Stone.

“En cierto momento dejó de tener sentido crítico. La función del periodismo debería ser la de analizar las teorías de las fuentes oficiales y criticarlas. Ya no lo está haciendo y este documental muestra claramente que fracasó”.

Macri saluda a una multitud de personas... ¡que no existen!

02 febrero, 2017

America del Norte: un país construido por población inmigrante

América del Norte antes de su "descubrimiento" y colonización


Territorios usurpados a los pueblos nativos 1492-2090(?) y reservas

Las reservas indias son territorios de Estados Unidos que todavía se encuentran bajo una soberanía limitada de las tribus nativas. Se calcula que el territorio de las reservas en EEUU suma 365.000 km² (el 4% del territorio del país).



Población inmigrante

A principios del S.XX los inmigrantes procedían principalmente de Europa. Los alemanes e ingleses predominaban en el interior, y en la Costa Este había grandes comunidades de inmigrantes italianos. También había Estados donde eran mayoritarios los irlandeses, como en Delaware, o los rusos, como en Nueva York. Encontramos curiosas comunidades de suecos y noruegos en Estados del norte como Minnesota o las Dakotas.Hoy en día, este panorama ha cambiado completamente, y la población inmigrante procede en su gran mayoría de países latinoamericanos como El Salvador, República Dominicana, Jamaica, Cuba o México.





01 febrero, 2017

¿A qué le puede poner fin la Real Academia Española? - Luis Toledo Sande


Creada en 1713, y desde 1894 ubicada en la sede que ocupa en el área del Buen Retiro, en Madrid, la Real Academia Española —en lo sucesivo se nombrará con la ya familiar sigla RAE— custodia el idioma llamado español. Este nombre no incurre en la parcialidad regional de castellano, pero pudiera ocultar que no todos los pueblos de la plurinacional España asumen como propia la mencionada lengua, y que allí esta tiene apenas alrededor de un diez por ciento de sus hablantes. Todo responde al lugar de origen y a la extensión colonial de ese idioma, como sucede con otros, señaladamente el inglés, el francés y el portugués.

La RAE pudiera sentirse dichosa si todos sus dictámenes suscitaran la euforia que algunas personas están mostrando ante el criterio según el cual es inadmisible, por lingüísticamente incorrecta, la voluntad —expresada en pares lexicales del tipo de “profesores y profesoras”, “académicos y académicas”— de no aceptar de modo acrítico el género masculino como representativo de la especie: o sea, como no marcado, lo cual en la práctica viene a significar universal o, dicho de otra manera, dominante, y es asociable con el sentido patriarcal presente en la lengua. Por cierto, en pares como aquellos ¿tiene que aparecer siempre en primer lugar el masculino?

De acuerdo con la RAE, la norma del uso del masculino como género no marcado es algo parecido a una incontestable derivación del espíritu divino y no de relaciones sociales que ni empiezan ni terminan en la gramática. El léxico lo nutren imágenes de lo que, con redundancia premeditada, cabe llamar realidad real, sintagma en que el adjetivo no apunta a la realeza monárquica, sino a la búsqueda de lo verdadero, entendido como factualidad.

Las relaciones patriarcales se han plasmado hasta en expresiones de fe, como aquella según la cual la mujer se hizo a partir de una costilla del varón, y a este le debe obediencia: nada que ver con respeto mutuo, equitativo. Institucionalmente el catolicismo y otras religiones le niegan el acceso a los más altos rangos jerárquicos. Eso, lejos de ser un hecho autónomo, encarna la supeditación económica y social reflejada en la inferiorización —inferioridad supuesta y forzada— de la mujer y, por efecto del antropocentrismo reinante, de lo femenino en general.

¿Fue acaso una opción inocente lo que determinó que al hablar de un grupo de personas masculinas se use el pronombre ellos, exactamente igual que si se trata de un grupo de hombres y mujeres, aunque estas últimas sean la mayoría? La presencia de un solo varón basta para que la norma exija el empleo del género masculino. Solo si el grupo lo forman exclusivamente mujeres vale usar ellas, y mientras el sustantivo hombre se ha impuesto con los significados de ser humano y de varón, el adjetivo viril, relativo al varón, se ha entronizado asimismo como sinónimo de valiente.

Tales hechos se asocian con algo que —se ha denunciado— sufre la mujer: invisibilización, aunque rabien quienes piensen que solo existen las palabras reunidas por la RAE en su Diccionario. El empleo del género gramatical masculino como no marcado ¿no es un efecto de la dominación extralingüística? No es fortuito el reclamo de que se diga, por ejemplo, “ciudadanos y ciudadanas”, “niños y niñas”, “alumnos y alumnas”, o al menos, cuando sea posible —y lo es en esos ejemplos—, se opte por voces inclusivas: ciudanía, infancia, alumnado.

Se ha convocado asimismo, acertadamente, a erradicar usos sexistas (discriminatorios) del lenguaje, entre ellos la aplicación a las mujeres de las formas masculinas de nombres de profesiones como ingeniero, médico y ministro, en lugar de ingeniera, médica y ministra. Tampoco tales usos se deben a una mecánica lexical insoslayable: nació de algo factual y sociológico, y —parece necesario repetirlo— discriminatorio.

Esas profesiones, y otras, durante siglos fueron privilegios de varones. ¿Será solo cuestión de leyenda el que algunas mujeres necesitaran travestirse —pasar por varón— para ejercer determinadas labores? Las leyendas se tornan verosímiles por su relación con la realidad, y la RAE lleva en su currículo haber negado el ingreso en su claustro a mujeres con méritos más que suficientes para formar parte de él. ¿No fue el caso de Gertrudis Gómez de Avellaneda?

La línea dominante hoy en la RAE parece seguir sintiéndose cómoda con la aceptación de la supremacía masculina, y reacciona contra quienes buscan maneras explícitas de rechazarla. Usados a manera de cepo y tortura, podrían considerarse excesivos —y serlo— algunos recursos como sustituir los signos de género por una equis (ciudadanxs) o por @ (obrer@s), y acudir una vez y otra, hasta el cansancio, a explicitaciones como “trabajadores y trabajadoras”, “enfermeros y enfermeras”, “pintores y pintoras”.

Para eludir exclusiones injustas habrá quienes abracen prácticas tenidas hoy por deslices o despropósitos, como hablar de “cadetes y cadetas” o “miembros y miembras”. De acuerdo con las normas vigentes, son pifias; pero la lengua es un organismo vivo, que se transforma a base del uso y de replanteamientos de valores, como al dejar de privilegiarse dama por encima de mujer, considerada palabra de escasa alcurnia, si no degradante. No hay que condenar ni mucho menos el uso de dama , ni renunciar a él, para apreciar la dignidad del vocablo mujer —de la mujer misma—, ni para preguntarse si aquella preferencia estaría libre de sabor aristocrático.

Se ha bromeado con la esperanza de que no llegue a ser necesario hablar de “capitalistos y capitalistas”, “socialistos y socialistas”, “hipócritos e hipócritas”, “cadáveres y cadáveras” o “poetos y poetas”… Pero en este último ejemplo la hilaridad no debe silenciar la justicia con que muchas cultivadoras de la poesía piden ser llamadas poetas, no poetisas, vocablo que han sentido peyorativo. ¿No era Miguel de Unamuno quien llamaba poetisos a poetas (varones) que literariamente hablando le parecían debiluchos?

Procurar que “excesivas precauciones de pensamiento” no hagan del idioma un fárrago indigerible, contrario a la comunicación, no es razón que legitime parcializar injustamente el pensamiento. La eufonía y la ley del menor esfuerzo —significativa en la evolución de la lengua, pero no necesariamente fértil en el desarrollo de las ideas— pueden aconsejar que un género se acepte como no marcado. Pero eso no autoriza a ser insensible con respecto al origen de tal norma ni a las exclusiones que ella calza.

Quizás esa norma, y la insistencia en que es incorrecto revertirla explícitamente aunque solo sea de tanto en tanto, susciten que incluso furibundos antiacadémicos —a quienes en otros casos la RAE les resultaba indiferente, o que arremetían contra lo que en general consideraban brozas y cascotes de esa institución— batan palmas apoyando la postura de la que dice limpiar, fijar y dar esplendor. Opere de modo consciente o inconsciente, el machismo puede usar máscaras variadas, incluida la real o pretensa corrección académica.

Las actitudes ante un tema de raíces e implicaciones culturales profundas son diversas. No se parcelan mecánicamente en derechas de un lado e izquierdas del otro. En las primeras habrá quienes tengan claridad —¡hasta la reina Victoria se quejaba de que ella y sus hijas sufrían discriminación por ser mujeres!—, y en las segundas no faltarán quienes consideren que el asunto no es relevante y cabe posponerlo.

Prioridades hay o puede haber, o establecerse, y en general los caminos se vencen paso a paso, tramo a tramo; pero la justicia es un proceso abarcador, orgánico, no un mercadillo de retales. Que ni siquiera todas las mujeres coincidan en la percepción del problema no avala indiferencia alguna: el pensamiento dominante lo es porque no lo portan quienes ejercen la dominación y quienes la sufren. Cuando su aceptación se quiebra brotan condiciones propicias para sacudidas sociales, para revoluciones incluso, hasta en el lenguaje.

Apasionados contrarios a que en el idioma se acojan las prudencias justicieras comentadas rechazan el uso de presidenta. Esgrimen la etimología de presidente —participio activo formado por el verbo presidir y el sufijo -ente— y sostienen que dicho título es aplicable por igual a hombres y a mujeres. ¿No asumen también la inercia del predominio patriarcal por el que mayoritariamente las presidencias las han ocupado, y aún las ocupan, hombres?

En español ya es habitual el empleo de espagueti y espaguetis, cuando en italiano, origen del vocablo, spaghetti es el plural de spaghetto. ¿Habría que decir el espagueto y los espagueti? ¿Por qué no aplicar en la evolución interna de una lengua recursos y mecanismos similares a los que actúan en préstamos lingüísticos exógenos? Pésele a quien le pese, el empleo de presidenta se ha extendido no por casualidad, sino porque ha aumentado el número de mujeres con esa jerarquía en instituciones, organismos y países.

No siempre se esgrimen juicios estrictamente lingüísticos al valorar cuestiones lexicales. Entre los motivos de rabia contra el uso de presidenta parece funcionar el ascenso a ese cargo por parte de mujeres representantes de la izquierda. Así se ha visto en el caso de la argentina Cristina Fernández, y no precisamente por las que, desde la izquierda, pudieran considerarse insuficiencias en su desempeño de la alta investidura. Valdría la pena escrutar el peso que en expresiones de rechazo contra ella ha tenido, además del machismo que se cuela en todas partes, el reaccionarismo político por el cual han sido presidentes de Argentina personajes tan funestos como Carlos Saúl Menem y Mauricio Macri, simpáticos para la oligarquía vernácula y para el imperio, y generadores de pobreza para el pueblo.

Aunque el lobo reaccionario se enmascare con purismos lingüísticos, su oreja peluda asoma cuando él se lanza explícitamente contra gobiernos calificados de “populistas” y que, entre sus afanes justicieros, incluyen coherentemente la equidad entre géneros: entre seres humanos. Lejos de los propósitos de estos apuntes se halla explorar las significaciones de populismo, vocablo-concepto polisémico y controvertido. Solo recordarán que condenarlo es acto recurrente en la feroz ofensiva promovida desde España contra todo lo que —en nuestra América en especial, pero no solo en ella— desafíe a la oligarquía y al imperio.

Con cuartel general y jefes mayores en los Estados Unidos, el imperio tiene su “ministerio trasnacional de defensa” (de ofensa, mejor dicho) en la OTAN, y vicejefes en Europa. Si se trata en particular de España, no los tiene en la mejor, que merece acabar de nacer, sino en la reaccionaria: esa que, además de bostezar, le regala bases militares a la organización belicista. Dolosamente los herederos del bando fascista que usurpó el calificativo nacional condenan lo que llaman populismo y capitalizan el adjetivo popular. Con él han bautizado a un partido cuya cúpula reúne lo más reconocidamente corrupto de la nación, y en el cual sobresalen cómplices de los crímenes del Pentágono y Wall Street en actos decididos desde la que se denomina Casa Blanca.

Sin excluir a los que proceda tener en cuenta dentro de una supuesta izquierda —en la que abundan políticos que han traicionado los ideales socialistas y comunistas y al movimiento obrero, y que forzaron la entrada del país en la OTAN—, los cabecillas del Partido Popular descuellan entre quienes medran con el empobrecimiento de las poblaciones de España misma. Simultáneamente se prestan para acciones dirigidas contra gobiernos que tienen proyección popular verdadera.

La real derecha, que campea a sus anchas, y la falsa izquierda, que no se debe confundir con la verdadera —dividida y silenciada, machacada u oculta, despojada de recursos, pero no extinta—, no se limitan a desplegar desde España feroces campañas propagandísticas contra esos gobiernos. Una y otra envían con similar desfachatez representantes suyos a los países de estos últimos para favorecer la subversión y, para no desaprovechar ninguna ocasión de ser colonialistas, lo son también en lo relativo a criterios lingüísticos.

Es más que sintomática la pasión con que, dentro y fuera de España, algunas personas e instituciones apoyan las líneas conservadoras y reaccionarias que subyacen en la RAE, aunque haya dado pasos favorables y tenga miembros que abracen la voluntad de revertirlas y hasta lo hayan logrado en algunos casos. Los partidarios de dichas líneas llegan a proclamar que ya la RAE les ha puesto fin a las prácticas de rechazo contra el predominio patriarcal presente, como en otras lenguas, en el español.

Se equivocan quienes piensen que la RAE puede aplastar cuanto disguste a la totalidad o a parte de sus integrantes. Ella expresará preferencias en torno al idioma, pero en el mejor de los casos podrá cuidarlo, sobre todo si se libra por completo de pautas colonialistas con que a menudo ha visto ella —respaldada aquí y allá por exponentes del pensamiento colonizado— el español hablado y recreado fuera de España, y si de veras respeta plenamente a las academias de la lengua constituidas en otros países hispanohablantes. Pero son los pueblos los que, uso mediante, deciden el rumbo del idioma: lo hacen.

A lo que debería poner fin la RAE es al sello monárquico que desde sus orígenes lleva en su nombre y en su orientación predominante, como si fuera la poderosa majestad de la cual las otras academias de la lengua española fueran no colegas, sino súbditas, para lo cual puede hallar servidores de este lado del Atlántico también: no por gusto existe la palabra cipayo. El signo de realeza la subordina de hecho —bastaría que lo hiciera putativamente para que el saldo fuese repudiable— a una Corona extemporánea y manchada por la corrupción, y que, aunque se le considere decorativa, sigue viviendo fastuosamente a costa del pueblo español.

El actual jefe de esa monarquía hasta con su nombre rinde culto a una larga ralea colonialista, y en la apertura del Congreso de la Lengua Española celebrado en marzo de 2016 en Puerto Rico declaró que él y la reina experimentaban “una gran alegría por viajar nuevamente a los Estados Unidos de América”. Ni él ni ella gozan de reconocida autoridad intelectual, pero el director del madrileño Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha —quien sí la tiene, y cuando fue director de la RAE ofreció esperanzas de plausibles aperturas conceptuales—, en la misma ceremonia sostuvo que por primera vez el Congreso tenía lugar “fuera de Hispanoamérica”. Académico y rey se igualan en prestarse para arrancar a Puerto Rico de la familia de pueblos a la cual pertenece, y regalárselo definitivamente a los Estados Unidos.

La Corona española es continuadora de aquella carcomida que en 1898, a espaldas de los pueblos de Cuba y Puerto Rico, se humilló en el Tratado de París ante el intervencionista gobierno de los Estados Unidos. Lo hizo luego de haber propiciado, con su criminal tozudez colonialista, la cacería de sus marinos por el ejército estadounidense en la Bahía de Santiago de Cuba. La RAE debería ponerle fin a su acatamiento de esa herencia, y pronto.