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08 agosto, 2025

Marco Rubio, el 'consigliere' de la diplomacia mafiosa de Trump — Carmen Parejo Rendón

 



RT – 07/08/2025


Imagina a Don Vito Corleone con corbata roja, una cuenta de X en lugar de gato persa y el código nuclear en el bolsillo: así se conduce Donald Trump en su segundo mandato.


Reparte "ofertas que no puedes rechazar" en forma de aranceles del 50 %, promete "protección" a quienes se alineen y envía matones diplomáticos —léase sanciones y drones— para escarmentar a los que se salgan del guion. En ese teatro de extorsión global, el nombramiento de Marco Rubio —criado en la trastienda mafiosa de Miami— como secretario de Estado no es un giro inesperado, sino el golpe maestro de un padrino que necesitaba un 'consigliere' bilingüe capaz de sonreír a cámara mientras pasa la cuenta del recaudador imperial.


Para entender el símil conviene aclarar el rol. En la jerarquía clásica de la Cosa Nostra, el 'consigliere' es el consejero de máxima confianza del jefe: no derrama sangre con sus propias manos, pero diseña la estrategia, sopesa riesgos, gestiona alianzas y transmite las órdenes con la autoridad de quien habla en nombre del padrino. Es, en suma, el puente entre la familia mafiosa y el mundo exterior —el que negocia, intimida o soborna según convenga—, siempre con rostro afable y distancia calculada de la violencia que él mismo orquesta.


Rubio no cayó del cielo. En Miami, la "mafia anticastrista" funciona como vivero político y caja negra de financiación.


Trasladado al organigrama federal, ese papel corresponde al secretario de Estado. Desde 1789, el cargo ha sido mucho más que una cancillería: Thomas Jefferson lo estrenó comprando territorios; Henry Kissinger lo convirtió en cerebro de bombardeos "estratégicos"; Hillary Clinton lo refinó como departamento de 'soft power' con drones; Mike Pompeo lo devolvió a la teología del enemigo externo. Ahora Rubio actualiza la función a la era del 'influencer': tuitea sanciones a Venezuela por la mañana, graba un 'reel' antimigrante al mediodía y firma, al caer la tarde, un memorando de venta de misiles "defensivos" a Taiwán. La institución que antaño presumía de diplomacia ilustrada exhibe hoy, sin pudor, su metamorfosis en agencia integral de guerra híbrida y mercadeo electoral.


Rubio no cayó del cielo. En Miami, la "mafia anticastrista" —un entramado que va de los exiliados armados de los años 60 a los PAC millonarios de hoy— funciona como vivero político y caja negra de financiación. Norman Braman, magnate de concesionarios de lujo que invierte millones en campañas a cambio de exenciones fiscales, y Paul Singer, buitre de la deuda argentina y mecenas del lobby halcón, riegan ese terreno de donde germina el actual secretario de Estado.


Hijo de exiliados cubanos, criado en la liturgia de la mafia cubana, saltó de concejal de West Miami a presidente de la Cámara estatal gracias a estas redes que combinan dinero fácil, medios locales incendiarios y una cultura de impunidad forjada en la Guerra Fría. No es casualidad que las mismas fundaciones que apadrinaron a terroristas como Luis Posada Carriles también hayan impulsado sanciones económicas que estrangulan a Cuba y Venezuela. Quince años y decenas de cheques después, aquel joven que en 2016 chocaba con Trump es ahora su canciller: la prueba viviente de que en Washington bipartidismo y belicismo siguen siendo, como siempre, la misma familia.


Como buen capo que cobra "protección" en su barrio, Rubio ha resucitado la Doctrina Monroe con esteroides: recién llegado al cargo amplió las sanciones a Venezuela, etiquetó al Tren de Aragua como "organización transnacional", congeló activos de PDVSA, y acto seguido, engordó la lista negra cubana hasta incluir incluso hoteles que facturan en MLC. Así, el 'consigliere' demuestra que la diplomacia de Trump aplica la ley del bate beisbolero: primero se visita al vecino más próximo y se le explica cuál es la tarifa.


No es casualidad que las mismas fundaciones que apadrinaron a terroristas como Luis Posada Carriles también hayan impulsado sanciones económicas que estrangulan a Cuba y Venezuela.


El siguiente golpe sube de barrio a ciudad. Con un mismo decreto, la Casa Blanca impuso un arancel-castigo del 50 % a todas las importaciones brasileñas —represalia ejemplar por la investigación judicial al bolsonarismo y advertencia a Lula por sus relaciones con Pekín y Moscú— y ha calcado la misma tasa para India por atreverse a comprar crudo ruso. El mensaje mafioso es inequívoco: quien se aparte de la "familia dólar" pagará peaje. Rubio lo envuelve en retórica, pero el resultado es un doble cerco —comercial y financiero— contra cualquier autonomía del Sur Global y, de paso, una lección preventiva para los aspirantes a BRICS +.


Y cuando la extorsión económica no basta, llega la violencia directa. EE.UU. ya ha estrenado guerra este mandato con su ataque contra las instalaciones nucleares iraníes, una "guerra preventiva" iniciada por Israel para desviar la atención del genocidio en Gaza, mientras la Casa Blanca jugaba a discursos contradictorios y triunfalismos incomprensibles.


Entretanto, la contienda que Trump prometió resolver "en 48 horas" se pudre en Ucrania: Washington anuncia una cumbre inminente con Zelenski y Putin, aunque Moscú, como es natural, pueda recelar de un emisario que reparte sanciones con una mano y abrazos fotográficos con la otra. Lo cierto es que la sangría ucraniana ya incomoda a la Casa Blanca, que intenta endosar la factura a la Unión Europea: primero arrancándole un acuerdo arancelario del 15 % y luego con el compromiso a dedicar un histórico 5 % del PIB a la maquinaria atlántica. Así funciona la praxis mafiosa de Trump: cobrar por la "seguridad" que él mismo pone en riesgo y pasar a otros la cuenta final.


Hoy el Sur Global se organiza fuera de la chequera imperial: BRICS +, pagos en monedas locales, corredores comerciales que esquivan el dólar y una diplomacia multilateral que no acepta mordidas.


Desde John Quincy Adams —el cerebro real de la Doctrina Monroe—, la butaca de Foggy Bottom ha sido el timón de cada mutación imperial. En ese sentido, Marco Rubio certifica, como ningún otro podría hacer, la mutación mafiosa de la diplomacia estadounidense: la vieja "pax americana" se ha convertido en un sistema de extorsión global donde las sanciones son "cuotas de protección", los aranceles ajustes de cuentas y los bombardeos castigos ejemplares retransmitidos en 'streaming'.


Sin embargo, la escena final ya no la escribe Washington. Igual que Michael Corleone advierte en 'El Padrino II' que los rebeldes cubanos no cobran sueldo —y que por eso pueden vencer—, hoy el Sur Global se organiza fuera de la chequera imperial: BRICS +, pagos en monedas locales, corredores comerciales que esquivan el dólar y una diplomacia multilateral que no acepta mordidas. El imperio recurre a un capo bilingüe como Rubio para imponer su tarifa, pero cada vez encuentra más mesas donde nadie se sienta a negociar. Y quizá convenga recordar que Michael Corleone —como tantos mafiosos refugiados luego en Miami y que impulsaron figuras como Marco Rubio— amaneció el 1 de enero de 1959 huyendo precipitadamente de una Cuba que, entre fuegos artificiales, estrenaba revolución.



20 agosto, 2021

Cambio de régimen, mentiras y películas de vídeo — Rosa Miriam Elizalde

 



CUBADEBATE – 19/08/2021


Veinte años de mentiras de Washington, pero solo diez días bastaron a los talibanes para tomar el control de Afganistán. El remate lo ha hecho Joseph Biden al hilvanar una excusa patética, otra vez mentirosa: "Nuestra misión en Afganistán no era construir una nación, ni crear una democracia unida. Nuestro único interés nacional en Afganistán ha sido y sigue siendo prevenir un ataque terrorista en Estados Unidos".


¿Quién le cree? The Washington Post compiló hace año y medio unas 2.000 páginas de notas de más de 400 entrevistas con militares, diplomáticos, cooperantes y oficiales afganos. Creían que ofrecían testimonio en condición de anonimato y hablaron hasta por los codos de los errores del Ejército estadounidense y del engaño deliberado a la población estadounidense (y al mundo) para sostener a toda costa el proyecto de "cambio de régimen" en Afganistán. "Lecciones aprendidas", le llamaron a esta inusual papelería.


"Cada dato fue alterado para presentar el mejor cuadro posible... Las encuestas, por ejemplo, eran totalmente poco fiables, pero reforzaban la idea de que todo lo que hacíamos era lo correcto", afirmó Bob Crowley, el coronel que ejerció de consejero de contrainsurgencia entre 2013 y 2014. El exsecretario de Defensa Donald Rumsfeld, arquitecto del Ejército Ciberespacial de los Estados Unidos, añadió: "No tengo ningún tipo de visibilidad sobre quiénes son los malos".


Más de 800.000 efectivos estadounidenses fueron desplegados en Afganistán desde 2001. El Departamento de Defensa ha reconocido 2 443 bajas y unos 20.589 heridos. Esta institución militar, junto al Departamento de Estado y la Agencia para el Desarrollo Internacional (Usaid), sin incluir otras agencias como la CIA o el Departamento de Asuntos de Veteranos, desde 2001 han gastado 2,26 billones de dólares, según estimaciones del proyecto “Costos humanos y presupuestarios de la guerra contra el terrorismo”, de la Universidad Brown, de Rhode Island.


El "Proyecto Costos de la Guerra" también estima que han muerto 241.000 afganos como resultado directo de la intervención militar. Estas cifras no incluyen muertes causadas por enfermedades, pérdida de acceso a alimentos, agua, infraestructura y otras consecuencias indirectas de la guerra.


Imposible obviar las similitudes de estos datos con los planes de cambio de régimen en Cuba y las continuas amenazas de los políticos de la Florida. Cerca de 250 millones de dólares de fondos federales han invertido en las últimas dos décadas agencias federales estadounidenses para el "cambio de régimen" en la isla. Hay que aclarar que esos son los caudales públicos, documentados por el "Cuba Money Project", del investigador Tracey Eaton. Nadie sabe cuánto dinero ha viajado por los canales clandestinos y secretos, mientras la intervención militar siempre es una opción sobre la mesa para los senadores Marco Rubio y Robert Menéndez, y la congresista María Elvira Salazar, por citar a los que encabezan el ala del fundamentalismo anticubano en Washington.


Además del cambio de régimen y el dinero, lo que une la historia imperial de Estados Unidos con Afganistán y Cuba son las películas de video. Las que hemos visto en estos días por las redes se parecen a aquella que narró y vivió en primera persona el escritor Eduardo Galeano. El uruguayo era miembro del tribunal internacional de Estocolmo, que juzgó en 1981 la invasión de las tropas soviéticas en Afganistán.


Según la explicación oficial, la invasión quería defender al gobierno laico que estaba intentando modernizar el país. "Nunca olvidaré el momento culminante de aquellas sesiones", escribió Galeano. Un alto jefe religioso, representante de los fundamentalistas islámicos, dio una larga disertación llena de rabia anticomunista. El freedom fighter del gobierno de Estados Unidos –ahora terrorista–, tronó:

¡Los comunistas han deshonrado a nuestras hijas! ¡Les han enseñado a leer y a escribir!


Creo que Galeano estaría de acuerdo conmigo en que el grito de aquel señor podría ser intercambiado por los que emiten, un día sí y otro también, los legisladores de la cruzada contra Cuba en Washington.


(Publicado originalmente en La Jornada)


13 julio, 2021

Las mentiras de Marco Rubio sobre los "espontáneos disturbios” en Cuba

 

CUBASÍ – 13/07/2021

M. H. Lagarde


El mentiroso senador republicano de Florida, Marco Rubio, aseguró recientemente en un video publicado en su cuenta de Twitter:

Desde esta mañana estamos viendo imágenes del pueblo cubano en las calles y están gritando “No tenemos miedo”. Ellos no tienen miedo porque están buscando la libertad y vivir en un país normal”.

Según mencionó Rubio, el cansancio de los cubanos guarda relación con su incapacidad de “conseguir sus sueños dentro de Cuba”. Para alcanzarlos “terminan yéndose a otro lugar”.

¿Por qué los cubanos pueden lograr lo que quieran yéndose a otro lugar, incluyendo Estados Unidos, y no en su propio país? Están cansados de vivir en una tiranía, y cansados de vivir bajo un liderazgo incompetente”, señaló el político.

¿A qué país normal se referirá el senador? ¿A uno similar a la seudorrepública batistiana de la que salieron huyendo sus padres en 1956 rumbo a Estados Unidos?

Por cierto, las mentiras que ha dicho sobre su familia ponen en duda la veracidad de cualquier declaración de este nefasto personaje.

En octubre de 2011, el senador Marco Rubio fue acusado públicamente -la historia fue reportada inicialmente por el diario St. Petersburg Times- como mentiroso por haber utilizado políticamente el engaño de que sus padres, de origen cubano, habían llegado a la Florida luego del triunfo de Fidel Castro. Sin embargo, reportes de prensa revelaron que los padres del senador llegaron a Estados Unidos en 1956, en pleno gobierno de Batista.

El padre de Rubio era barman y viajó al país norteño por problemas económicos durante la modélica "normalidad" de la tiranía de Batista apoyada por los Estados Unidos. Fidel Castro ni siquiera estaba en Cuba cuando la familia de Rubio dejó el país.

En su video en Twitter, en lo que puede considerarse como un verdadero arrebato de cinismo, el senador anticubano de Miami aseguró además que la crisis que atraviesa la isla, así como la espontánea movilización popular surgida a raíz del descontento social “no tienen nada que ver con el embargo o cualquier otra cosa, tiene que ver con la tiranía”.

Definido por Trump públicamente como el diseñador de la política de agresión de su administración contra países como Venezuela, Nicaragua y Cuba, Marco Rubio, es uno de principales responsables de la imposición de las 243 sanciones de bloqueo que todavía pesan, en medio de los efectos de una pandemia, sobre el pueblo cubano.

Rubio ha sido un constante instigador de la, según él, "espontánea movilización popular" al ofrecerle, en innumerables declaraciones públicas, su más ferviente apoyo a cualquier provocación protagonizada por los delincuentes y mercenarios que Estados Unidos ha aupado en los últimos tiempos como líderes en sus planes para la desestabilización de Cuba.

Los "espontáneos" manifestantes a los que se refiere el senador, curiosamente, cumplieron "espontáneamente", al pie de la letra, con la narrativa subversiva que desde hace años se les dicta desde las redes sociales y páginas de internet que funcionan bajo la égida de la mafia anticubana de Miami: gritar Patria y Vida y no tenemos miedo, vandalizar tiendas, volcar e incendiar autos de la policía y atentar contra de la integridad personal de las autoridades.