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27 enero, 2026

En cuanto cesan las mentiras, todo se derrumba — Caitlin Johnstone

 



Catlin's Newsletter – 27/01/2026


Las mentiras se vuelven tan tediosas...


Los iraníes quieren que su país sea bombardeado.


Hamás decapitó a 40 bebés.


Las manifestaciones pro palestinas provocaron la masacre de Bondi.


Hay una base terrorista debajo de cada hospital.


Los medios de comunicación informan objetivamente sobre todo lo que acontece en el mundo.


Vives en una democracia donde los votos del pueblo influyen en las acciones de tu gobierno.


Somos los buenos en todos los conflictos extranjeros.


Estados Unidos comete errores de vez en cuando, pero actúa con buenas intenciones y estamos mejor con ellos a cargo del mundo.


La gente rica es rica porque es más inteligente y trabaja más duro que los demás.


El capitalismo está funcionando relativamente bien para todos.


El mundo funciona más o menos como te lo enseñaron en la escuela.


La innovación tecnológica y la industria motivadas por el lucro nos rescatarán de las consecuencias ecológicas de la innovación tecnológica y la industria motivadas por el lucro.


No importa que estemos destruyendo nuestra biosfera porque estamos a punto de partir hacia las estrellas y colonizar el espacio en cualquier momento.


Todos los problemas de tu país son culpa de la otra facción política dominante, y puedes solucionar esos problemas concentrando todo tu cabreo en las personas de la otra facción.


Ahora no es el momento para la política revolucionaria.


No se puede permitir que la gente diga lo que quiera sobre su gobierno y sus aliados.


El éxito consiste en ganar mucho dinero, poseer muchos bienes y ganarse el respeto de las instituciones más grandes e influyentes de nuestra sociedad.


Si no puedes o no quieres ganar mucho dinero y obtener muchas posesiones, eres malo y deberías sentirte mal contigo mismo.


Tu sentido de la autoestima debe basarse en tu eficacia para hacer girar los engranajes de la industria y darle al sistema exactamente lo que quiere de ti.


Todo esto es normal. Todo este sufrimiento, muerte, destrucción, guerra, caos, explotación, injusticia, pobreza y abuso es lo normal. Quienes quieren cambiar las cosas son anormales y deben ser considerados sospechosos.


Tedioso.


No son más que mentiras, mentiras, mentiras, de principio a fin.


Vivimos en una civilización erigida sobre mentiras, fabricada con mentiras y sostenida por mentiras. En cuanto cesan las mentiras, todo se derrumba.


Empiezan a inculcarnos mentiras en cuanto tenemos la edad suficiente para aprenderlas, y no dejan de inyectarlas en nuestro cerebro hasta que morimos. No es de extrañar que nos volvamos cada vez más miserables, disfuncionales y locos.


Bajo este imperio de la mentira, la soberanía mental significa purgar a fondo todo el dañino adoctrinamiento inserto en todos tus niveles cognitivos y perceptivos, hasta que puedas pensar libremente y percibir el mundo con claridad. Es un arduo proceso, largo y difícil, pero necesario si quieres forjar una relación veraz con la realidad y aprender a ver las cosas tal y como realmente son.



28 enero, 2022

“Vamos a contar mentiras tra-la-ra…” — Sara Rosenberg

 


LA PUPILA INSOMNE – 25/01/2022


Aquí el frio escarcha el tejado y mientras hago un café vuelve la palabra Hiroshima, tal vez porque me acosté muy tarde siguiendo las noticias sobre Rusia y los tambores de guerra que el imperio hace sonar una vez más, sin descanso, agónicos tambores de la muerte, mintiendo y creando el caos para acumular más capital. Y la palabra Hiroshima vuelve porque ese crimen contra la humanidad –que abre una época de agresiones cada vez más brutales– nunca se juzgó y ni siquiera se condenó el uso de excusas o falsos positivos, simples mentiras.


Desde el nacimiento de Estados Unidos, sus guerras e invasiones han asolado el mundo en nombre de su “destino manifiesto”, que no es más que el derecho al saqueo y al crimen. Cada vez que bloquean, asesinan o invaden lo hacen “en defensa de la libertad y la paz”, que es la frase clave del armado de la falsa bandera: acuso a mis enemigos de lo que yo hago y me sirvo de los poderosos medios de información que pago y controlo. El negocio criminal sin limites.


Por eso hoy la palabra Hiroshima es también una clave para desenredar el hilo y no perder de vista que lo que se nos presenta siempre como una nueva guerra, es la misma guerra imperialista y colonialista, que usa diversos métodos para justificar lo injustificable. La mentira evita el juicio y oculta al criminal, pero al mismo tiempo tergiversa la historia y los hechos, y cuando son inocultables encarcela a quien muestra las pruebas, como sucede con Assange.


La lista de mentiras que acompañó siempre la guerra contra la humanidad es larga. Y las justificaciones no pueden ocultar que el motivo ha sido siempre el mismo. Desde el final de segunda guerra mundial los estados Unidos han intentado dominar el mundo amparados en su destino manifiesto que es la expansión de sus grandes negocios.


No solo tiran dos bombas nucleares en nombre de la paz y la democracia sino que en ese mismo 1945, 50 mil marines desembarcan en China a la caza de los rojos, en 1950 la guerra de Corea deja más de tres millones de muertos, ni la barbarie en 1954 en Indonesia, y también el mismo año la invasión a Guatemala, luego a Panamá y Dominicana en 1965. Lo que llamaron el incidente del Golfo de Tonkín, en 1964 sirvió de pretexto para iniciar la guerra de Vietnam; el presidente Johnson con el apoyo del congreso declara la guerra, “en defensa de la libertad y la paz” sabiendo que era falso que ningún destructor americano fue atacado por naves norvietnamitas y así crece la lista de injerencias y agresiones sin juicio, que continua en 1983 en Líbano, 1986 Libia, 1990 guerra del Golfo, 1993 Somalía, 1995, Bosnia Herzegovina, hasta destrucción de Yugoeslavia en 1999, para plantar allí bases y bancos americanos. Afganistán en 2001, con nuevas excusas y falsos positivos creados con las torres gemelas, o a Irak en 2003 con la excusa de las armas de destrucción masiva que Sadam escondía y que sabían que era falso, pero aun así lo ahorcaron y mataron a un millón y medio de personas, o Libia, en 2011, con su presidente asesinado y el país invadido, con el caos necesario para el robo, como también en Yemen, Pakistán y Somalia o la guerra en Siria en la que pretendieron hacer lo mismo, pero no pudieron a pesar de los miles de millones de dólares invertidos en crear ejércitos mercenarios macabros…En Nuestra América además de las invasiones, se suceden golpes de estado, sabotajes, magnicidios, y como no, el bloqueo que Cuba conoce y sufre cada día…mientras cada día mienten que lo hacen en nombre de la democracia y la libertad, eso que por supuesto no existe en Estados Unidos ni tampoco en su socios, la UE, Israel y Arabia Saudi.


Sabemos que la sinrazón de Hiroshima y Nagasaki, fue amenazar e iniciar la llamada guerra fría contra la Unión Soviética (una vez más). Japón había hecho una oferta de “paz negociada” a principios de agosto que no fue aceptada y las bombas se lanzaron el fatídico 6 de agosto en Hiroshima y el 9 en Nagasaki.


La gran empresa que colaboró con Hitler en la guerra, está ahí: Allianz, BASF, Bayer, BMW, Daimler-Chrysler, el Deutsche Bank, Friedrich-Krupp, Krupp-Hoesch, Hoechst, Siemens, Ford, Volkswagen y el Dresdner Bank, IBM, Nestlé, Adidas, Hugo Boss, IG Farben, banca Rockefeller y muchas más recicladas siguen siendo parte del gran capital guerrerista actual, muchas de ellas levantadas con el trabajo esclavo de los prisioneros… “sigue la ruta del dinero y llegaras al ladrón..”, pero no es fácil porque si algo sabe hacer el capitalismo es opacar esa ruta clave en su dominación.


Me sigue rondando la palabra Hiroshima mientras tomo los primeros sorbos de café y escribo, porque la falsa bandera y la justificación de tanta muerte hoy ya no se sostiene más que por la mala fe y la ignorancia programada o por una decidida complicidad con la empresa armamentístico-financiera. Y esa complicidad se nutre de dinero y de irracionalidad y es muy peligrosa.


La tergiversación de la historia, también forma parte de la guerra imperialista. La intoxicación informativa en Europa es proporcional a la ignorancia lograda en este continente gracias a una maquinaria implacable engrasada para hacer infeliz pero obediente y sobre todo despojar de horizonte político y humano. Y este desgraciado sometimiento, nacido del desconocimiento de la verdad y de la historia, impide las respuestas y la transformación del ser humano en humano; esto explica también en cierta manera el crecimiento de los nazis que ven el camino despejado. Ucrania evidencia este proceso, y como no, el gobierno de España envía barcos y aviones al Mar Negro mientras promueve la histeria anti-rusa en todos los medios.


No olvidemos que la segunda guerra mundial se hizo contra la URSS, que occidente colaboró con Hitler porque sabía que el enemigo principal era la revolución soviética y que en esta guerra 27 millones de soviéticos dieron su vida defendiendo al mundo contra el nazismo y vencieron. Mientras el señor Churchill y el señor Truman por debajo intentaban pactar con jefes nazis, hacían bonitas declaraciones sobre la democracia y la paz.


Una vez más, y digo con toda claridad una vez más, Occidente hace sonar los tambores de guerra contra Rusia, como sonaron sin cesar desde la gloriosa revolución bolchevique de los soviets en 1917. Esta supuesta guerra de Rusia contra Ucrania es nuevamente un argumento de falso positivo, porque Rusia solo ha dicho que respeten su seguridad, que la OTAN no siga sembrando de armas sus fronteras y ha exigido que lo hagan por escrito, porque jamás han cumplido un acuerdo, que probablemente ni por escrito cumplirán ahora tampoco. Es imposible convencer a los EE. UU. y la OTAN de que Rusia no tiene la intención de atacar a Ucrania. Y no porque Occidente crea en la posibilidad de tal ataque (y un creyente no puede ser persuadido por argumentos racionales). No, Occidente no cree en esto en absoluto, simplemente lo usa para lograr sus objetivos. Una vez mas mienten y utilizan el terror de masas para sus fines.


Según algunos analistas, continuará el cerco por todos lados de las tropas de la OTAN y sus aliados y más «sanciones». La respuesta escrita coherente prometida a las preocupaciones fundamentales de Rusia no ha sido, y no parece ser en el futuro previsible. Y Rusia no se decidirá por una reacción «técnico-militar», Occidente está seguro de ello.


Pero con este ruido tratan de ocultar que lo que siempre han buscado es destruir a Rusia y luego destruir a China, a Irán, a Cuba, a Venezuela, a Nicaragua y a todo pueblo que resista la barbarie imperialista.


La gran empresa que colaboró con Hitler en la guerra y participo también en Hiroshima y Nagasaki y todos los crímenes que siguieron, no deben olvidarse: Allianz, BASF, Bayer, BMW, Daimler-Chrysler, el Deutsche Bank, Friedrich-Krupp, Krupp-Hoesch, Hoechst, Siemens, Ford, Volkswagen y el Dresdner Bank, IBM, Nestlé, Adidas, Hugo Boss, IG Farben, banca Rockefeller y muchas más recicladas siguen siendo parte del gran capital guerrerista actual, levantadas con el trabajo esclavo de los prisioneros… “sigue la ruta del dinero y llegaras al ladrón..”, pero no es fácil porque si algo sabe hacer el capitalismo es opacar esa ruta clave en su dominación.


La historia nos enseña que hoy más que nunca, el imperio, herido de muerte, no tiene otra salida que la guerra, las sanciones y los bloqueos y nuestra obligación en cada rincón del planeta es levantar la bandera de la paz sin concesiones, contra la política del caos y la guerra que solo beneficia a las corporaciones financiero militares que necesitan la guerra y dominan las políticas de los desgobiernos occidentales.


Nuestra paz, la paz del socialismo es paz con justicia y equidad, no la paz de los cementerios que el imperialismo pretende imponer.


Por eso una vez más No a la guerra , No a la OTAN, y como siempre No al bloqueo!


Patria o Muerte, Venceremos!



13 julio, 2021

Las mentiras de Marco Rubio sobre los "espontáneos disturbios” en Cuba

 

CUBASÍ – 13/07/2021

M. H. Lagarde


El mentiroso senador republicano de Florida, Marco Rubio, aseguró recientemente en un video publicado en su cuenta de Twitter:

Desde esta mañana estamos viendo imágenes del pueblo cubano en las calles y están gritando “No tenemos miedo”. Ellos no tienen miedo porque están buscando la libertad y vivir en un país normal”.

Según mencionó Rubio, el cansancio de los cubanos guarda relación con su incapacidad de “conseguir sus sueños dentro de Cuba”. Para alcanzarlos “terminan yéndose a otro lugar”.

¿Por qué los cubanos pueden lograr lo que quieran yéndose a otro lugar, incluyendo Estados Unidos, y no en su propio país? Están cansados de vivir en una tiranía, y cansados de vivir bajo un liderazgo incompetente”, señaló el político.

¿A qué país normal se referirá el senador? ¿A uno similar a la seudorrepública batistiana de la que salieron huyendo sus padres en 1956 rumbo a Estados Unidos?

Por cierto, las mentiras que ha dicho sobre su familia ponen en duda la veracidad de cualquier declaración de este nefasto personaje.

En octubre de 2011, el senador Marco Rubio fue acusado públicamente -la historia fue reportada inicialmente por el diario St. Petersburg Times- como mentiroso por haber utilizado políticamente el engaño de que sus padres, de origen cubano, habían llegado a la Florida luego del triunfo de Fidel Castro. Sin embargo, reportes de prensa revelaron que los padres del senador llegaron a Estados Unidos en 1956, en pleno gobierno de Batista.

El padre de Rubio era barman y viajó al país norteño por problemas económicos durante la modélica "normalidad" de la tiranía de Batista apoyada por los Estados Unidos. Fidel Castro ni siquiera estaba en Cuba cuando la familia de Rubio dejó el país.

En su video en Twitter, en lo que puede considerarse como un verdadero arrebato de cinismo, el senador anticubano de Miami aseguró además que la crisis que atraviesa la isla, así como la espontánea movilización popular surgida a raíz del descontento social “no tienen nada que ver con el embargo o cualquier otra cosa, tiene que ver con la tiranía”.

Definido por Trump públicamente como el diseñador de la política de agresión de su administración contra países como Venezuela, Nicaragua y Cuba, Marco Rubio, es uno de principales responsables de la imposición de las 243 sanciones de bloqueo que todavía pesan, en medio de los efectos de una pandemia, sobre el pueblo cubano.

Rubio ha sido un constante instigador de la, según él, "espontánea movilización popular" al ofrecerle, en innumerables declaraciones públicas, su más ferviente apoyo a cualquier provocación protagonizada por los delincuentes y mercenarios que Estados Unidos ha aupado en los últimos tiempos como líderes en sus planes para la desestabilización de Cuba.

Los "espontáneos" manifestantes a los que se refiere el senador, curiosamente, cumplieron "espontáneamente", al pie de la letra, con la narrativa subversiva que desde hace años se les dicta desde las redes sociales y páginas de internet que funcionan bajo la égida de la mafia anticubana de Miami: gritar Patria y Vida y no tenemos miedo, vandalizar tiendas, volcar e incendiar autos de la policía y atentar contra de la integridad personal de las autoridades.




31 julio, 2020

“Nos están vendiendo una mentira indecente” — Marat


LA BARRICADA CIERRA LA CALLE PERO ABRE EL CAMINO – 29/07/2020


DIARIO DEL AÑO 1 DE LA PANDEMIA (1)


¿Se han fijado ustedes que ya no decimos coronavirus, que el término COVID-19 está en retirada y que ahora todos hablamos de "pandemia"?


El ser humano destaca por muchas cosas. Una de ellas es la estupidez gregaria de repetir los términos que se emiten desde el poder. El mediático, que es un poder eco del empresarial (los medios de comunicación y los emisores de bulos son empresas), ha fijado ya el término, al que los políticos del sistema capitalista (todos los que tienen representación electoral porque no la alcanzarían de otro modo) se han unido en Santa Alianza.


Decir pandemia es ir normalizando la excepción que nace del nombre concreto y específico de un tipo de epidemia concreto: el coronavirus SARS-CoV-2 (COVID-19). Cuando la anomalía emerge hay una necesidad de nombrarla. Es la manera de acercarse a lo que es, a su naturaleza, de indagar en su etiología, buscando el modo de combatirla.


Cuando esto no es posible porque no se disponen de los recursos económicos, aunque hayan miles de millones dispuestos para salvar, pongamos por caso al sector del automóvil (3.750 millones), ni de los técnicos, como la Comunidad de Madrid para incorporar rastreadores de la COVID-19, cuando bastaría no más de 800 encuestadores, como siempre mal pagados, pero bien formados mediante un correcto briefing técnico para hacer el seguimiento de los contactos de un infectado pero se duda durante más de un mes si se debe imponer la obligación de llevar mascarilla, que no palía lo que no se haga en inversión preventiva en equipos y medios técnicos, para no afectar negativamente al sector de la hostelería y el ocio madrileños, es mejor hablar de pandemia que de coronavirus o de COVID-19. Son fieles seguidores de lo que se ocultaba bajo la expresión “nueva normalidad” que inventó el gobierno de la nación, sugiriendo lo que éste acabaría haciendo después: la doctrina Sinatra del “My way” (a mi manera) para cada autonomía, sabiendo que cada una de ellas buscaría el beneficio económico de su clase empresarial (no importa quién gobierne. Todo gobierno bajo el capitalismo responde a la máxima de servir a la ganancia del capital) antes que la protección de la vida.


Hay quien pretende que la inacción del gobierno español, que tan bien respondió durante el Estado de Alarma, protegiendo antes la vida que el beneficio empresarial, es un modo de demostrar que la dirección del Estado contra “el bicho” era eficaz y que los que tanto le criticaron desde la oposición política en sus gobiernos autónomos iba a mostrarse ineficaz. Seguro que hay algo de eso pero no deja de ser un comportamiento criminal por pasividad.


Sin embargo, no es esa la razón profunda de la "nueva normalidad", consistente en mezclar preocupación en los nuevos datos de rebrote de la COVID-19 con esta especie de "laissez faire" de la descoordinación. La real es que estamos ante la peor crisis económica, que pronto será social (ya aparecen signos de protesta de sectores de trabajadores afectados por los despidos y la nueva miseria que se les viene encima), del capitalismo que hayamos conocido desde el final la II Guerra Mundial. Y hay que levantar la economía, mueran los que mueran.


Hay que agradecer al Presidente Trump su sinceridad cuando afirmó que “hay que tomar una decisión. Perdemos miles y miles de personas todos los años por la gripe, pero no apagamos el país por eso. [Hoy, 29 de Julio de 2020, Estados Unidos suma ya 148.066 muertos por el coronavirus COVID-19]. En promedio mueren 37.000 personas al año. ¿Pueden creerlo? Perdemos muchas más personas por accidentes de tránsito, pero no llamamos a las compañías a decirles que dejen de hacer autos por eso. Tenemos que volver a trabajar”.


La derecha capitalista es siempre más cruda pero más sincera sobre los intereses que defiende que la izquierda, que siempre es capitalista desde su origen en la Revolución Francesa, cuando su marca su diferencial fue cuestionar el poder del rey de vetar las decisiones de la Asamblea Nacional, no rechazar el régimen de propiedad burgués que entonces emergía. Pero explicar que comunismo e izquierda son antagónicos es como intentar destruir un acorazado con un tenedor. Los conceptos pueden contener tal nivel de ceguera emocional que impiden cualquier reflexión histórica.


La izquierda europea se inclinará por Biden, como antes lo hizo con Obama, dejando de lado lo que ya sabe: que en el circo político del capital todos responden a su mismo credo, se llamen Trump, Biden, Obama, Casado, Abascal, Sánchez o Iglesias, que se traga una trirreme romana con los galeotes en pie y los remos en alto, con tal de seguir manteniendo su estatus de representante público del capital.


Nos están vendiendo una mentira indecente de “ayudas”, que no defensa de las necesidades vitales de la clase trabajadora ni de sus derechos, con la basura de 462 € (come, paga tu hipoteca o tu alquiler y el agua, luz y gas de tu hogar, sin hablar del resto de necesidades, con eso) del Ingreso Mínimo Vital y resulta que de los 600.000 que dice el Ministro de la Seguridad Social (SS), el que decía que había que separar las prestaciones no contributivas de las contributivas de la SS para asegurar su futuro, que lo han pedido se han quitado a la mitad de candidatos a cobrarlo de encima. Rechazos, personas que desisten por dificultad de comprender o llevar a cabo el proceso de petición de la ayuda, imposibilidad de ser atendido por el teléfono de contacto, negativa al anunciado derecho a cita previa,…. que ha dejado de ser un derecho ligado al trabajo y a las conquistas de la clase trabajadora. Sugiero, para entender lo que significa esta mentira que sustituye derechos por asistencialismo el siguiente enlace: https://encuentrocomunista.org/articles/comprender-el-ingreso-minimo-vital/


¿Les atienden en el SEPE? La oficina del paro, para entendernos. En Madrid ya están negando las citas previas para cualquier demanda, incluida la Renta Activa de Inserción (RAI) de la Comunidad de Madrid, como estará sucediendo en otras Comunidades Autónomas. Eso sí, si vuelves a pedir cita porque la negativa a tus derechos no aparece justificada en el correo electrónico que los funcionarios del SEPE te envían, te dejan claro que el medio para reclamar es pedir la cita que te impiden tener con ellos. Y son muy amables: acaban el correo con “un saludo”.


Quizá haya que seguir hablando de ello y seguramente este post no lo lea casi nadie y, si lo lee, se conforme con decir ¡qué cabrones!, en lugar de organizarse en defensa de los derechos que son pisoteados a muchos de nosotros que no queremos saber que somos parte de la clase que se traga lo que haga falta con tal de no tener problemas, la clase trabajadora.


De los trabajos que no están asegurados, no de los que son fundamentales para la continuidad de la actividad de las grandes empresas y de la administración, los que aparezcan como nuevas oportunidades, serán aún más crueles con tu necesidad de supervivencia y de respeto a tu dignidad. Entiendo por lo que pasas. Sé de ello. Pero no podría entender tu resignación.


No voy a hablar de los desgraciados, con o sin papeles, sobre los que hace una semana se cargaba la prueba de los nuevos infectados. Es gente que solo quiere sobrevivir. Lo indecente es que, atribuyendo al hacinamiento en su pernoctación, tras sus horas de sobreexplotados (sin contrato legal, mal pagados, con horas excesivas de trabajo, sin protección en sus condiciones de trabajo,…), esa gente que ha asegurado que tendríamos alimentos durante el confinamiento, sean ahora la oportunidad de abaratamiento de sus condiciones de vida para el empresario que los sobreexplota cuando se propone que ayuntamientos, comunidades autónomas. Estado y empresarios se repartan el coste de sus habitáculos. En Francia, incluso con Franco, nos trataban mejor a los españoles durante la vendimia.


Ningún organismo les va a dar una cifra real de parados. Ya se han encargado desde el SEPE en impedir la cita para apuntarse al desempleo pero sospecho que estamos entre 4 y 5 millones parados reales, no de adscrit@s por aburrimiento. Entre ellos, muchos desesperados que tienen sus cuentas a cero.


Vivimos en un tiempo de propaganda. Quizá sea necesario que usted mire sobre su propia realidad y deje aparte sus simpatías políticas electorales, hoy tan pobres. Tal vez deba empezar a pensar por sí mismo sobre lo que se nos cierne encima y sobre si ello tiene algo que ver con el sistema económico en el que vive.


Elige si prefieres ser un esclavo que llora y se queja en el bar o alguien que se da cuenta de que comparte con muchos su rabia social y cree, con ellos, que ya basta. Es hora de organizarse.


26 noviembre, 2019

Propaganda y postverdad — Thierry Meyssan





La Propaganda
En los sistemas políticos donde el Poder necesita la participación del Pueblo, la propaganda tiene como objetivo lograr que la mayor cantidad posible de personas abrace una ideología ‎en particular y movilizar a esas personas para aplicar esa ideología. Sin importar la buena o mala ‎fe de quienes tratan de movilizar al Pueblo, los métodos utilizados son los mismos.

Sin embargo, durante el siglo XX, el diputado británico Charles Masterman, el periodista ‎estadounidense George Creel y sobre todo el ministro de Propaganda del III Reich Joseph ‎Goebbels teorizaron sobre el uso de la mentira y de la repetición de la mentira, sobre la ‎eliminación de los puntos de vista divergentes y sobre el proselitismo en el seno de organizaciones ‎de masas, con las devastadoras consecuencias que hoy conocemos [1]. Es por eso que, después de la dos Guerras Mundiales, la Asamblea General de ‎la ONU adoptó 3 resoluciones en las que condena el uso de la mentira deliberada con intenciones ‎de desatar guerras y advierte que los Estados deben velar por la libre circulación de las ideas, ‎única solución para evitar el engaño premeditado [2].‎

Aunque las técnicas de propaganda se han perfeccionado durante los 75 últimos años y se utilizan ‎sistemáticamente en todos los conflictos internacionales, hoy están cediendo lugar a nuevas ‎formas de influencia sobre los países que ni siquiera están en guerra. Ya no se trata de lograr ‎que el público se sume a una ideología y de que actúe al servicio del Poder sino, por el ‎contrario, de evitar que actúe, de paralizarlo. ‎

Esta estrategia corresponde a una organización supuestamente «democrática» de la sociedad, ‎donde el público dispone de la posibilidad de actuar sobre el Poder, lo cual era muy poco frecuente ‎en otras épocas. ‎

La nueva estrategia que acabamos de describir ha ido extendiéndose desde hace 18 años, con la ‎llamada «guerra contra el terrorismo». Son numerosos los intelectuales que han señalado que esa ‎expresión es simplemente absurda ya que el terrorismo no es un enemigo sino una técnica de ‎lucha, un recurso militar. Es simplemente absurdo pretender “guerrear contra la guerra”. Aunque ‎nadie lo entendió cuando se planteó la «guerra contra el terrorismo», la invención de esa ‎paradójica expresión allanaba el camino a la «era de la postverdad».

La Postverdad
Tomemos el ejemplo de la reciente “eliminación” de Abu Bakr al-Baghdadi, el “califa” del Emirato ‎Islámico (Daesh). Todos sabemos que es materialmente imposible que un grupo de ‎‎8 helicópteros atraviese en vuelo rasante todo el norte de Siria sin ser visto por la población ‎ni detectado por los sistemas rusos de protección antiaérea. La historia que están contándonos ‎es evidentemente imposible. Sin embargo, en vez de cuestionar la credibilidad de algo que cae en ‎el campo de la propaganda, la prensa –y con ella el público– debate sobre si al-Baghdadi, ‎viéndose arrinconado por las fuerzas especiales estadounidenses, mató a 3 o a 2 de sus hijos al hacer ‎estallar su “chaleco explosivo”.

En otros tiempos, todos hubiésemos estado de acuerdo en que, al ser imposible un elemento ‎esencial de esta historia, no podemos tomar en serio los demás elementos del cuento, ‎empezando por la muerte misma de al-Baghdadi. ‎

Pero hoy en día la reacción es diferente. Se admite que el elemento fundamental ‎materialmente imposible (que nadie haya visto los 8 helicópteros mientras cruzaban todo ‎el norte de Siria en vuelo rasante) fue probablemente falsificado –dando por sentado que ‎se mintió seguramente por razones de “seguridad nacional”– pero se considera auténtico ‎el resto de la historia. Y con el paso del tiempo se olvidarán las actuales reservas sobre ese ‎elemento fundamental y se publicarán enciclopedias que contarán la parte linda del cuento, ‎repitiendo incluso sus partes más increíbles.‎

Digámoslo de otra manera, hoy se entiende instintivamente que esta narración no está ‎concebida para que conozcamos la realidad de los hechos sino sólo para transmitir un mensaje. ‎A partir de ahí, la prensa –y con ella el público– no toma posición sobre los hechos sino ante ‎el mensaje según ha sido entendido: al igual que Osama ben Laden, Abu Bakr al-Baghdadi ‎ha sido ejecutado. God Bless America porque Estados Unidos es el mejor y el más fuerte. ‎

Para desplazar nuestra conciencia de los hechos hacia el mensaje, los speech writers están ‎obligados a presentar una narración incoherente. No es sólo un error que se repite sino una ‎exigencia técnica de su trabajo. ‎

En la propaganda clásica se buscaba contar historias coherentes, de ser necesario ocultando ‎ciertos hechos o falsificándolos. Ya no es así. Ahora no se trata de convencer con historias ‎bonitas, aunque tengan que tomarse ciertas libertades con la realidad. La propaganda de hoy ‎se dirige a un estado de conciencia intermedio a través del cual se trata de hacer llegar un ‎mensaje. Estamos perfectamente conscientes de que el asunto de los helicópteros es imposible, ‎pero nos dejamos llevar por un razonamiento que lo elimina de nuestro campo consciente. Una ‎parte de nuestro intelecto se ha visto previamente condicionada y nos mentimos a nosotros ‎mismos. ‎

Hay gran cantidad de ejemplos del uso de esta técnica de condicionamiento entre ‎los acontecimientos de los últimos años. Cada uno de los ejemplos que podemos citar aquí haría ‎saltar en sus asientos a la gran mayoría de nuestros lectores ya que en todos los casos su comprensión exige ‎que seamos capaces de reconocer no sólo que nos dejamos engañar sino que nos dejamos ‎engañar con nuestra propia complicidad… y el ser humano detesta reconocer sus errores. ‎

Veamos al menos un pequeño ejemplo, antiguo pero fundacional y que aún sigue teniendo una ‎importancia capital hoy en día. En el momento de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las ‎compañías de aviación publicaron de inmediato las listas de embarque completas con los nombres de los pasajeros ‎y de los empleados que habían muerto. Dos días después, el director del FBI expuso su narración ‎sobre los 19 secuestradores aéreos que, según él, habían perpetrado los atentados. ‎Sin embargo, según las listas de embarque publicadas por las compañías aéreas inmediatamente ‎después de los atentados, ninguno de los 19 secuestradores había abordado alguno de los 4 aviones ‎implicados. Por consiguiente, la narración del director del FBI contradecía los hechos… era ‎imposible. Pese a ello, 18 años después todavía hay “expertos” que disertan sobre la ‎personalidad de secuestradores… que no estaban a borde de los aviones secuestrados. ‎

Antídoto frente a la postverdad
Hace 18 años que nos explican que, al poner al alcance de todos la posibilidad de expresarse ‎a través de un blog o de las redes sociales, los progresos de la técnica han devaluado la expresión ‎pública, ya que cualquiera puede escribir o decir cualquier cosa. Nos dicen que antes, sólo los ‎políticos y los periodistas tenían la posibilidad de difundir sus opiniones y que velaban por ‎la calidad de lo que decían o escribían, mientras que hoy el hombre o la mujer común, el vulgumpecus, la masa ignorante e incapaz de distinguir lo cierto de lo que no lo es cree cualquier cosa ‎y se hace eco de las fake news.‎

En realidad es exactamente lo contrario. Los políticos de primera línea –empezando por ‎el presidente George Bush hijo y por el primer ministro británico Tony Blair– asumieron discursos ‎incoherentes para condicionar las reacciones del público en general y de sus electores ‎en particular. Esa técnica impone lo absurdo frente a la verdad, como cuando se sustituía ‎la verdad con la mentira. Es una técnica que destruye el funcionamiento de los sistemas ‎democráticos, funcionamiento que la gente común está tratando de restaurar con los medios a su ‎disposición.

Las pantallas de televisión catódicas componen las imágenes en 625 líneas. Basta que una sola ‎de ellas deje de funcionar correctamente para que sólo veamos la línea defectuosa que afecta ‎el conjunto de la imagen. Según el mismo principio, basta que oigamos un solo punto de vista ‎diferente para que salten a la vista las mentiras de la propaganda que nos remachan ‎constantemente. Es por eso que la propaganda, cuando recurre a la mentira, exige una censura ‎implacable. Pero si la mentira introduce una incoherencia en el discurso de manera que esa ‎incoherencia se haga voluntariamente evidente, ya no hay necesidad de censurar los puntos de ‎vista alternativos. Al contrario, más vale dejarlos expresarse e incluso mencionarlos denunciando ‎públicamente algunos como fake news.

El antídoto contra la postverdad no es el llamado fact checking –término de moda para ‎designar la “verificación de los hechos”. La verificación de los hechos ha sido desde siempre la ‎base misma del trabajo de periodistas e historiadores. El verdadero antídoto contra la postverdad ‎es el simple restablecimiento de la lógica.

Por eso hoy se está imponiendo una nueva forma de censura. Gran parte de los usuarios de ‎Facebook han sido desconectados en algún momento. Muchos nunca pudieron entender ‎por qué fueron censurados y buscan inútilmente cuál fue la palabra prohibida que no gustó a los ‎algoritmos o la posición “inadecuada” que alarmó a algún moderador. En realidad, lo que ‎a menudo se nos reprocha –e implica incluso la adopción de sanciones arbitrarias– es haber ‎cometido el grave delito de restaurar la lógica ante un razonamiento falso.


Notas
[1] «Las técnicas de la propaganda militar moderna», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 16 de ‎mayo de 2016.

[2] «Los periodistas que practican la propaganda de guerra tendrán que rendir cuentas», por Thierry Meyssan, ‎‎Red Voltaire, 14 de agosto de 2011.

03 septiembre, 2019

Del olvido del 'Segundo período de desórdenes en Rusia', al olvido del 'Siglo de las humillaciones en China' — Domenico Losurdo





Extraído del libro de Domenico Losurdo “Stalin, historia y crítica de una leyenda negra”. Libro completo en pdf aquí.

Del olvido del 'Segundo período de desórdenes en Rusia', al olvido del 'Siglo de las humillaciones en China' 

A partir sobre todo del estallido de la Guerra fría, durante decenios la campaña anticomunista de Occidente ha girado alrededor de la demonización de Stalin. Hasta el momento de la derrota de la Unión Soviética, no era el caso de exagerar en la polémica contra Mao, y ni siquiera contra Pol Pot, hasta el último momento apoyado por Washington contra los invasores vietnamitas y sus protectores soviéticos. El monstruo gemelo de Hitler era uno sólo [Stalin]: había dominado durante treinta años en Moscú y continuaba pesando de manera funesta sobre el país que se atrevía a desafiar la hegemonía de los EEUU.

El cuadro debía cambiar con el ascenso prodigioso de China: ahora es el gran país asiático el que debe ser atacado hasta perder su identidad y autoestima. Más allá de Stalin, la ideología dominante está volcada en identificar otros monstruos gemelos de Hitler. Y he aquí que el libro [Jung Chang y Jon Halliday: Mao. La historia desconocida] que obtiene un gran éxito internacional es el que describe a Mao Tse-Tung como el más grande criminal del siglo veinte, o quizás de todos los tiempos.

Los métodos de "demostración" son los que ya conocemos: se parte de la infancia del "monstruo" más que de la historia de China. Es necesario entonces intentar colmar esta laguna. Con una larga historia a sus espaldas, China, que había ocupado durante siglos o milenios una posición destacada en el desarrollo de la civilización humana, todavía en 1820 tenía un PIB que constituía el 32,4% del producto interior bruto mundial; en 1949, en el momento de su fundación, la República popular china es el país más pobre, o uno de los más pobres del mundo. Lo que determinó este hundimiento es la agresión colonialista e imperialista que comienza con las Guerras del Opio. Celebradas de manera entusiasta también por los más ilustres representantes del Occidente liberal (piénsese en Tocqueville y John Stuart Mili) estas guerras ignominiosas abren un capítulo decididamente trágico para el gran país asiático. El déficit del balance comercial chino, provocado por la victoria de los «narcotraficantes británicos», la terrible humillación sufrida («Mujeres chinas son reunidas y violadas» por los invasores; «las tumbas son violadas en nombre de la curiosidad científica»; «el minúsculo pie envuelto de una mujer es exhumado de su tumba») y la crisis, subrayada por la incapacidad del país a la hora de defenderse de agresiones externas, cumplen un papel de primer nivel a la hora de provocar la revuelta de los Taiping (1851-1864), que pone a la orden del día la lucha contra el opio. Es «la guerra civil más sangrienta en la historia mundial, estimada en alrededor de veinte y treinta millones de muertos». Después de haber contribuido fuertemente a provocarla, Occidente se convierte en su beneficiario, dado que puede extender su control sobre un país indefenso y amordazado por una crisis cada vez más profunda. Se abre un período histórico en el que se ve una «China crucificada» (a los asesinos occidentales se les unen Rusia y Japón):

A medida que se acerca el final del siglo XIX, China parece convertirse en la víctima de un destino contra el que no puede luchar. Es una conjura universal de los hombres y los elementos. La China de los años 1850-1950, la de las más terribles insurrecciones de la historia, objetivo de los cañones extranjeros, país de las invasiones y las guerras civiles, es también el país de los grandes cataclismos naturales. Sin duda el número de víctimas en la historia del mundo no ha sido nunca tan elevado.

La reducción general y drástica del nivel de vida, la disgregación del aparato estatal y gubernamental, junto a su incapacidad, corrupción, y creciente sometimiento y subalternidad respecto al extranjero: todo ello hace aún más devastador el impacto de inundaciones y hambrunas: «La gran hambruna de China del norte en 1877-1878 [...] mata a más de nueve millones de personas». Es una tragedia que tiende a producirse periódicamente: en 1928, los muertos suman «casi tres millones sólo en la provincia de Shanxi». No hay escapatoria del hambre ni del frío: «Queman las vigas de las casas para poderse calentar».

No se trata solamente de una devastadora crisis económica: «El Estado es prácticamente destruido». Un dato es de por sí significativo: «se desarrollan 130 guerras entre 1.300 señores de la guerra en el período 1911-1928»; las enemistadas «bandas militares» son apoyadas en ciertos casos por una u otra potencia extranjera. Por otro lado, «las numerosas guerras civiles entre 1919 y 1925 pueden ser consideradas nuevas Guerras del opio. La apuesta es por el control de su producción y de su transporte»838. Más allá de los cuerpos armados de los señores de la guerra, se extiende el bandidaje puro y duro, alimentado por los desertores del ejército y por las armas vendidas a los soldados. «Se calcula que en torno a 1930 los bandidos en China alcanzan los 20 millones, el 10% de la población masculina total». Por otro lado es fácil imaginar el destino que les espera a las mujeres. En conjunto, supone la disolución de todo vínculo social: «En ocasiones el campesino vende a la mujer y los hijos. La prensa describe las filas de jóvenes mujeres vendidas que recorren las calles llevadas por los traficantes, en un Shanxi devastado por el hambre de 1928. Se convertirán en esclavas domésticas o prostitutas». Solamente en Shanghái hay «alrededor de 50.000 prostitutas habituales». Y tanto las actividades de bandidaje como el proxenetismo pueden contar con el apoyo o complicidad de las autoridades occidentales, que desarrollan a tal propósito «lucrativas actividades». La vida de los chinos vale ya bastante poco, y los oprimidos tienden a compartir este punto de vista con los opresores. En 1938, en un intento por frenar la invasión japonesa, la aviación de Chang Kai-Chek hace volar los diques del río Amarillo: 900.000 campesinos mueren ahogados mientras otros 4 millones son obligados a huir. Alrededor de quince años antes Sun Yat-Sen había expresado el temor de que se pudiese llegar «a la extinción de la nación y la aniquilación de la raza»; sí, los chinos quizás eran los siguientes en sufrir el fin infligido a los «pieles rojas» en el continente americano.

Esta trágica historia que antecede a la revolución se disuelve en la historiografía y en la propaganda que giran alrededor del culto negativo de los héroes. Si en la lectura de la historia de Rusia se procede a la ocultación del Segundo período de desórdenes, respecto al gran país asiático se sobrevuela el Siglo de las humillaciones (el período que va desde la Primera guerra del opio a la conquista comunista del poder). Como en Rusia, también en China quien salva la nación e incluso al Estado es en última instancia la revolución guiada por el partido comunista. En la biografía ya citada sobre Mao Tse-Tung no solamente se ignora el trasfondo histórico brevemente reconstruido aquí, sino que la primacía de los horrores imputados al líder comunista chino es conseguida adjudicándole las víctimas provocadas por el hambre y escasez que han sacudido China. Se guarda un riguroso silencio sobre el embargo infligido al gran país asiático inmediatamente después de la llegada al poder de los comunistas.

Sobre este último punto conviene ahora consultar el libro de un autor estadounidense que describe de manera favorable el papel principal que durante la Guerra fría juegan la política de asedio y estrangulamiento económico instaurados por Washington contra la República popular china. En otoño de 1949, ésta se encuentra en una situación desesperada. Mientras tanto hay que destacar que la guerra civil no había acabado en absoluto: el grueso del ejército del Kuomintang se había refugiado en Taiwán, y desde allí continuaba amenazando al nuevo poder con bombardeos aéreos e incursiones, mientras que continuaban existiendo bolsas de resistencia en el continente. Pero este no es el aspecto principal: «Después de decenios de guerras civiles e internacionales la economía nacional estaba al borde del colapso total». Al derrumbamiento de la producción agrícola e industrial se le une la inflación. Y no es todo: «Aquél año graves inundaciones habían devastado una gran parte de la nación y más de 40 millones de personas habían sido víctimas de este desastre natural».

Para hacer más catastrófica que nunca esta gravísima crisis económica y humanitaria, entra en juego el embargo decretado por los EEUU. Sus objetivos surgen con claridad de los estudios y proyectos de la administración Truman y de las admisiones o declaraciones de sus dirigentes: hacer que China «sufra la plaga» de «un nivel de vida general cerca o por debajo de la subsistencia»; provocar un «atraso económico», un «retraso cultural», una «primitiva y descontrolada tasa de natalidad», «desórdenes populares»; infligir «un coste pesado y prolongado a la entera estructura social» y crear, en última instancia, «un estado de caos». Es un concepto que es repetido de manera obsesiva: hay que llevar a un país desde una situación de «necesidades desesperadas» hacia una «situación económica catastrófica»: «hacia el desastre» y el «colapso». Esta «pistola económica» apuntada contra un país superpoblado es mortal, pero a la CIA no le basta: la situación provocada «por las medidas de guerra económica y bloqueo naval» podría verse agravada ulteriormente por una «campaña de bombardeos aéreos y navales contra puertos seleccionados, construcciones ferroviarias, estructuras industriales y depósitos»; con la asistencia de los EEUU, continúan los bombardeos del Kuomintang sobre las ciudades industriales, incluida Shanghái, de la China continental846.

En la Casa Blanca un presidente da paso a otro, pero el embargo continúa e incluye medicinas, tractores y fertilizantes. A comienzos de los años sesenta un colaborador de la administración Kennedy, es decir Walt W. Rostow, señala que, gracias a esta política, el desarrollo económico de China se ha retrasado por lo menos «decenas de años», mientras los informes de la CIA subrayan «la grave situación agrícola de la China comunista» ya seriamente debilitada por la «sobrecarga de trabajo y malnutrición» (overwork and malnutrition). ¿Se trata entonces de reducir la presión sobre un pueblo reducido al hambre? Al contrario, no hay que reducir el embargo «ni siquiera por un impulso humanitario». Aprovechándose también del hecho de que China «carece de recursos naturales clave, en especial petróleo y terreno cultivable» y utilizando también la grave crisis en las relaciones entre China y la URSS, puede intentarse el golpe definitivo: se trata de «explotar las posibilidades de un embargo occidental total contra China» y bloquear en la mayor medida posible las ventas de petróleo y de trigo.

¿Tiene sentido entonces atribuir de manera exclusiva o principal a Mao la responsabilidad de la catástrofe económica que durante tanto tiempo afectó a China, lúcida y despiadadamente proyectada en Washington ya desde otoño de 1949? Empeñados en ofrecer un retrato caricaturesco de Mao y denunciar sus dementes experimentos, los autores del best-seller sobre el dirigente chino no se plantean este problema. Además los mismos dirigentes estadounidenses saben, desde el momento en que aplican el embargo, que será todavía más devastador a causa de la «inexperiencia comunista en el campo de la economía urbana». No por casualidad les hemos visto hablar explícitamente de «guerra económica» y de «arma económica».

Es una práctica que no desaparece ni siquiera después del final de la Guerra fría. Algún año antes del ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio, un periodista estadounidense describía así, en 1996, el comportamiento de Washington: «Los líderes americanos desenvainan una de las armas más pesadas de su arsenal comercial, apuntando abiertamente a China, para discutir después si apretar o no el gatillo». Una vez puesta en marcha, su amenaza de cancelación de las relaciones comerciales habría constituido, «en términos de dólares, la mayor sanción comercial en la historia de los EEUU, excluidas las dos Guerras mundiales»; habría sido «el equivalente comercial de un ataque nuclear». Esta era también la opinión de un ilustre politólogo estadounidense, Edward Luttwak: «Con una metáfora se podría afirmar que el bloqueo de las importaciones chinas es el arma nuclear que América apunta hacia China». Agitada como amenaza en los años noventa, el «arma nuclear» económica ha sido utilizada sistemáticamente contra el país asiático durante la Guerra fría, mientras Washington (explícitamente y repetidas veces) se reservaba el derecho a recurrir también a la auténtica arma nuclear.

Al llegar al poder Mao es consciente de que le espera la «difícil tarea de la reconstrucción económica»: sí, es necesario «emprender el trabajo en el campo industrial y económico» y «aprender de cada experto (quienquiera que sea)». En este contexto el Gran Salto adelante es un intento desesperado y catastrófico de afrontar el embargo. Esto vale en parte para la Revolución cultural, caracterizada por la ilusión de poder impulsar un rápido desarrollo instando a la movilización en masa y a los métodos adoptados con éxito en la lucha militar. Todo siempre en la esperanza de poner fin de una vez por todas a las devastaciones de la «guerra económica», detrás de la cual se vislumbraba la amenaza de una guerra total. En lo que respecta al comportamiento de Mao como un déspota oriental, sobre todo durante la Revolución cultural, desde luego contribuyen a explicarlo tanto la historia de China como la ideología y personalidad de quien ejerce el poder; el hecho es que no se ha visto nunca que se democratizase un país salvajemente agredido en el plano económico, aislado en el plano diplomático, y sometido a una terrible y constante amenaza en el plano militar. Siendo así las cosas, es doblemente grotesco imputar exclusivamente a Mao «más de setenta millones de personas [...] muertas en tiempo de paz a causa de su desgobierno».

En realidad, las «conquistas sociales de la era de Mao» han sido «extraordinarias», conquistas que consiguieron una clara mejora de las condiciones económicas, sociales y culturales, y un fuerte aumento de la «expectativa de vida» del pueblo chino. Sin estos presupuestos no se puede comprender el prodigioso desarrollo económico que a la postre liberó a cientos de millones de personas del hambre e incluso de la muerte por inanición. Sin embargo, en la ideología dominante los papeles se intercambian: el grupo dirigente que puso fin al siglo de las humillaciones se convierte en una banda de criminales, mientras que los responsables de una tragedia que duró un siglo, así como aquellos que con el embargo hicieron todo lo posible para prolongarla, aparecen como campeones de la libertad y la civilización. Hemos visto ya a Goebbels describir en 1929 a Trotsky como aquél que «quizás» puede ser considerado como el mayor criminal de todos los tiempos; en los años posteriores quizás hubiera asignado a Stalin el primer lugar en la lista. En cualquier caso la manera de argumentar del jefe del aparato de propaganda y manipulación del Tercer Reich debe haberles parecido demasiado problemática a los autores de la aclamada biografía sobre Mao. No tienen dudas: ¡la primacía absoluta entre los criminales de la historia universal ha pasado a ser la del líder chino!