LA
PUPILA INSOMNE
- 06/11/ 2022
El
consumidor consumido – Sara Rosenberg
No
aceptes lo habitual como cosa natural.
Porque
en tiempos de desorden,
de
confusión organizada,
de
humanidad deshumanizada,
nada
debe parecer natural.
Nada
debe parecer imposible de cambiar.
Bertolt
Brecht,
de su poema «No Aceptes»
1.
Veneno
Paracelso
decía que todo lo que se consume puede ser un veneno, sólo depende
de la dosis o de aceptarlo o no, como señala Brecht. En ese arco
tenso entre el veneno y la aceptación aparece el sujeto-sujeto a la
ideología del consumo.
La
llamada "sociedad desarrollada" alimentada y formada en el
colonialismo y el imperialismo, consume no solo el botín del gran
saqueo sino y junto con el, el veneno ideológico capaz de
naturalizar la barbarie y doblegar al ser humano hasta hacerlo actuar
contra si mismo, casi sin darse cuenta.
La
mentira, el terror constante y la miseria cultural son las vías por
las que el veneno entra; se inocula de manera programática porque
las grandes corporaciones financiero-militares –y sus gobiernos– necesitan la obediencia y la pasividad que les permita continuar con
la guerra, que es su industria punta.
2.
Crueldad
Los
mecanismos para transformar al explotado en consumidor fueron muy
estudiados y siglos de guerra cultural-ideológica lograron instalar
valores y sentidos que hoy parecen naturales.
El
consumidor vive en el miedo y evita cualquier duda que surja en el
horizonte. La duda, esa maestra del conocimiento, podría aislarlo de
los demás. Y ese es quizás su único resto humano: no desear el
aislamiento. Una estructura frágil y trágica, construida sobre una
idea de la vida limitada al consumo y la competencia donde sigue
estando aislado a pesar de no dudar y de atosigarse con las ofertas.
Consumir, acumular y competir es lo "natural" de la condición
humana en el capitalismo, responde al mercado y a su estrategia
social plenamente inhumana: hacer creer que se puede elegir, cuando
elige más de lo mismo y dentro de un territorio acotado.
El
diseño de la propaganda capitalista no dejó nada fuera de control y
supo crear un gran aparato cultural para preservar privilegios y
concentrar poder.
Despojar
es también un arte. El arte de crear el consentimiento mientras
sucede el despojo. El arte de expandir el miedo de los que
previamente han sido reducidos a "masa", una palabra nuclear en
esta estrategia de control y de manejo de la percepción. El propio
concepto de "masa" está totalmente ligado al desprecio por el
ser humano que para la industria cultural del siglo XX y XXI es sólo
material manipulable, pero todavía no prescindible, como ha llegado
a ser en este momento, en el que la corporación imperialista señala
que en el mundo hay demasiada gente y es necesario eliminarla.
Malthus dixit.
La
crueldad fue más que evidente durante las crisis de superproducción,
cuando se podría haber reducido la jornada laboral, por ejemplo, lo
que hubiera supuesto no sólo que el patrón perdiera algo de dinero
sino darle a la gente tiempo para pensar y vivir, lo que podía
significar tiempo de comprender y tiempo –ojalá– de rebelarse
contra la explotación. La palabra trabajo, proviene de la palabra
tripalio, esos tres palos que se ponían en el cuello de los bueyes y
de los esclavos para que no pudieran escapar. El trabajo en la
sociedad capitalista se transformó en tortura en vez de ser una
actividad creadora y socialmente útil. Tampoco el desarrollo
capitalista implica progreso humano.
Ya
W. Lippman, un estratega ideológico al servicio de la gran empresa y
los gobiernos de USA definió la metodología para transformar lo que
llamaba "masa" en espectador, en un observador pasivo incapaz de
participar o actuar. Era y debía ser la gran bestia o "rebaño
desconcertado que se debate en el caos de la opinión". Y esa masa
puede ser engañada con sucedáneos.
La
propaganda fue muy estudiada durante el siglo pasado y utilizada en
las dos grandes guerras y en las que les siguieron; fue y es
efectiva, modeló una sociedad violenta, capaz de devorarse hasta a
si misma en defensa del dogma de la propiedad privada, el mercado y
el consumo, ese dios cruel al que se adora por su "tolerancia",
su "democracia" y su "libertad".
Los
estrategas de esta propaganda estudiaron e hicieron muy buenas
preguntas para planificar cómo dirigir el rebaño y abrir el camino
al matadero. Tenían muy claro qué era lo que tenían que proteger y
salvar (la gran empresa, ese 1%, que acumula poder y capital) y
aquellos que tenían que morir necesariamente para que esa fuerza
productiva cada vez menos necesaria a la producción de valor no se
rebelara.
Estas
preguntas están planteadas en un libro clásico, "La propaganda" de E. Bernays, sobrino de Freud, que utilizó muy bien los
descubrimientos sobre la teoría del inconsciente y las pulsiones
humanas elaboradas por su tío. Bernays –y
muchos otros– trabajó para las grandes corporaciones y para el
gobierno de USA y tuvo mucho éxito. Supo transformar los deseos de
la clase media norteamericana en deseo y satisfacción perversa: en
consumo, racismo y clasismo.
Y
digo satisfacción perversa porque para satisfacer el deseo humano
con placebos previamente hay que deshumanizar.
Reducir
el deseo a cosas consumibles y hacer del deseo humano un deseo
mediocre, invertir los valores y sustituirlos por cosas capaces de
saciar rápidamente aquello que lo humano tiene o debería de tener
de insaciable: el conocimiento, la curiosidad, el amor, la hermandad,
la verdad, la libertad, el sentido de la vida colectiva, la historia,
la imaginación, etc. etc.
Un
inmenso aparato de propaganda y de "cultura" se puso en marcha
porque la clase burguesa sabía muy bien que sólo controlando el
alma de las grandes masas podía proteger sus privilegios y
beneficio. Para un buen ladrón la opacidad es importante, para la
burguesía la cultura de masas y la propaganda fueron el humo y el
espejo que domesticaron la rebeldía de los explotados.
Pero
lo más importante es entender que todo este constructo se sustenta
en un concepto clave: para el capital los seres humanos son basura
manipulable, fuerza de trabajo o de choque, incapaz de reflexionar y
necesitada de un guía en el laberinto que desemboca en el matadero.
La "masa" ha de ser controlada, distraída y eso se ha programado
como estrategia y doctrina desde hace mucho tiempo. Lo hicieron en
los años 20-30 los estrategas como Bernays, Lee, Goebbels y ahora lo
hacen los "tanques pensantes" de las grandes empresas mediáticas
y de marketing: "en las democracias occidentales y en las
sociedades abiertas es donde más se necesita una propaganda
sofisticada…", la mentira y la censura: el totalitarismo del
capital.
3.
La gran inversión
Acostumbrado
a elegir entre dos salsas de tomate que son la misma salsa, acallada
la voz rebelde de la cultura o simplemente la voz capaz de decir algo
fuera de la pauta marcada por el mercado, transformado en receptor
pasivo de temas emotivos e irracionales que lo distraen de los hechos
y de sus causas, despojado de su propia historia y de su memoria, el
consumidor camina vestido de indiferencia por el laberinto y espera
que le dicten la salida.
Obediente,
participa en elecciones "democráticas" que son campañas de
marketing donde supuestamente elige, apoya "guerras humanitarias" que dejan millones de muertos, justifica el expolio, los bloqueos y
sus "daños colaterales" por la "necesidad de proteger" y
hasta acepta el racismo del jefecillo de la corporación europea
cuando dice "jardín o jungla" sin inmutarse. Repite la orden
televisada y cree que es su opinión.
El
lenguaje esta sembrado de minas, la ética es cosa del pasado y la
propaganda sirve al travestismo, invierte el sentido de los valores
humanos, los usa con impunidad y naturaliza el gran veneno para una "masa" que ya ha perdido la capacidad de decir NO.
Un
aparato ideológico de muerte cuya efectividad se probó en el
nazismo en los años 30, y enraizó y creció y sigue creciendo en
todo el mundo. Mutó, cambió de rostro, se disfrazó de democracia,
pero permaneció latente y activo destruyendo a la sociedad y su
posibilidad de avanzar y de humanizarse.
La
guerra contra el humanismo y el comunismo fue implacable, porque el
sentido del comunismo es la humanización, la superación del reino
de la necesidad y de la explotación del hombre por el hombre. Pero
la propaganda sembró en occidente la idea de que el comunismo es una
dictadura que oprime al pueblo, invirtió el sentido de la dictadura
de las mayorías proletarias y demonizó a la URSS, mientras Hitler
conducía a una "masa" amorfa al paroxismo de la barbarie con la
complicidad del gran capital europeo y norteamericano. Después de su
derrota lo ocultaron y reciclaron el nazismo y su doctrina:
esclavitud, racismo, clasismo.
La
inversión del sentido del humanismo comunista y el intento de
igualar y equiparar el nazismo con el comunismo en nombre de la "democracia occidental" fue un gran logro del aparato del crimen.
Arendt y los Frankfurt dixit. Una operación ideológica brillante:
ahora la democrática Europa ya puede apoyar abiertamente al nazismo
en las sesiones de la ONU y terminar de quitarse la careta, mientras
los consumidores desmemoriados callan y otorgan a la guerra
permanente de la industria bélica imperialista que hoy sostiene (es
el 80% de su inversión) al país más criminal del mundo y que desde
1945 ha hegemonizado y dirigido el crimen como política de estado.
4.
Abismo
En
la crisis estructural actual, el consumidor de Occidente bracea
desesperado para mantenerse a flote, pero roza ya la masa de los
desechos y además está programado para sentirse doblemente infeliz
porque es su culpa haber fracasado en la vida que es esa cosa donde
todo se compra y se vende y donde le prometieron paraísos de
sexo-turismo-éxito-grandes superficies-alcohol-drogas…
Los
que todavía pueden bracear dentro de esta ola cargada de basura,
cuentan con una inmensa oferta para olvidar, una palabra de orden del
sistema: el olvido de la historia de lucha de los pueblos y hasta de
la propia historia personal o local que corre sobre los rieles de la
complicidad y el consenso.
Recuerdo
el cuadro del Bosco, la zona infernal del Jardín de las delicias,
esa especie de animal azulado devorando y cagando seres humanos sobre
el abismo. Los círculos infernales de la abominable crueldad del
saqueo y su voracidad.
Es
notable como en Europa la barbarie –la pérdida de soberanía y la
destrucción de la conciencia histórica– se impuso.
Ese
abismo ya ni siquiera es capaz de digerir a sus propias víctimas,
que ojalá tengan tiempo para el nacimiento de alguna duda sana.
Ojalá sea posible el necesario y urgente despertar de la pesadilla.
Porque despertar empieza a ser inevitable, la lucha de clases se
agudiza y crece el terror de esa "masa" que otra vez se va
alineando con el fascismo, ya habituada a rechazar los hechos, la
verdad y sobre todo la historia, borrada de su horizonte.
Hay
una especie de atronador ruido que reemplaza el debate y al disenso
se responde que "todo es propaganda", para refugiarse en esa
imposible neutralidad que tan bien utiliza el fascismo.
¿El
consumidor aceptará la duda o acaso un pequeño ladrillo que se
mueva de ese edificio de repetidas mentiras aceptadas lo dejará bajo
sus propios escombros?
Las
grietas se abren cada día más y acaso sea posible que entre los
escombros y el derrumbe asome algo humano, algo con capacidad de
imaginar otro mundo y de luchar por él.
5.
Censura
Con
la agudización de la lucha de clases internacional y la emergencia
de un mundo multipolar cada día más amplio, la propaganda no es
suficiente y se ha impuesto la censura. Censura y sanciones. Los
medios ya no pueden sostener su discurso, incluso sus grabaciones
para tv carecen de toda lógica y veracidad y apelan a equipos de
ficción para crear noticias falsas y falsas banderas. Los "asesinados por los rusos" se mueven bajo plásticos negros, se
confunden fechas y hechos, el discurso de los payasos no causa el
mismo efecto que hace unos meses cuando el patetismo y el
sensacionalismo alcanzó cotas altísimas. La mentira repetida
convence, si, pero también tiene patas cortas y sobre todo gastadas.
Se reprime cualquier disenso y hay una urgente necesidad de control
de la "masa" que empieza a despertar y a movilizarse en contra de
las consecuencias económicas de la política guerrerista de USA-Gran
Bretaña y la UE, que profundiza el despojo de los trabajadores y
triplica la ganancia de la corporación financiero militar
hegemonizada por USA.
La
criminalización, la fabricación del "enemigo" ha sido bastante
burda, pero ha calado y resulta difícil oponerse en un país como
España sin un solo medio de comunicación decente. Simplemente
decente, digo, donde se puedan cotejar al menos dos o tres posiciones
distintas al discurso contra el diablo euroasiático y contra todos
aquellos que se aparten del american way of life, que ya huele a
cadáver. El olor es intenso, pero la enfermedad social es grave y el
olfato débil.
Sólo
la censura férrea garantiza que su aparato de propaganda de guerra
funcione y que los pueblos reciban un único mensaje que se fabrica
en los laboratorios de guerra de la OTAN. La censura es una muestra
más de su enorme debilidad, y como diría el enterrador ya no se
puede tapar el mal olor del cadáver, pero si constatar el viejo
desprecio de la élite por la capacidad y el derecho del pueblo a
saber y a pensar con independencia.
Han
censurado a todos los medios de información rusos y han desatado una
campaña brutal contra la cultura rusa, una fobia que estaba latente
desde hace mucho tiempo, desde 1917 cuando triunfó la Revolución de
los soviets; en los 20 todas las potencias occidentales invadieron y
promovieron una guerra civil, más tarde apoyaron el rearme alemán
contra la URSS, organizaron la guerra fría y la guerra fue la
constante para conquistar y destruir Rusia.
Hemos
sido testigos de la implosión de la URSS y digo implosión porque la
URSS fue minada también por dentro y hay que reconocerlo para poder
empezar a construir a partir de esta experiencia trágica. Dieron por
hecho que los oligarcas y toda la elite pro occidental había
derrotado a Rusia, pero olvidaron que setenta años de una humanidad
socialista no se borran fácilmente. Notablemente la fobia anti-rusa
disminuyó cuando en 1991, la corporación de Occidente creyó que
Rusia ya estaba sometida, empobrecida y robada, pero en cuanto volvió
a levantarse como país soberano, el aparato propagandístico se puso
en marcha para atacar y demonizar a Putin, a su gobierno y a todo lo
que signifique cultura o vida rusa. Dentro del bloque imperialista y
su ajada "democracia", la soberanía no se permite.
Es
el sentido último de la propaganda, tergiversada la historia es
fácil construir un agresor, invasor y villano rápidamente y hacer
olvidar que Rusia lleva años proponiendo la paz, el respeto de sus
fronteras y su seguridad mientras los ejércitos de la OTAN siembran
de bases militares Europa y usan el ariete ucraniano para conseguir
una confrontación directa que solo le conviene al gran capital
financiero-militar de Estados Unidos en su loca carrera hacia la
catástrofe.
La
historia de la humanidad se esta definiendo aquí una vez más y es
la historia de un pueblo cuyas venas están abiertas, como decía
Galeano. Desde el oriente llega el viento con propuestas económicas
y políticas de paz para los pueblos, es imposible ocultarlo y hay
que censurar y evitar que la "masa" despierte.
6.
Impunidad
Pero
la censura es un escudo frágil contra la evidencia, tal como sucede
con el caso de Assange . Matar al mensajero para ocultar el crimen,
mientras el mundo entero sabe que los asesinatos de civiles
existieron y existen y que los ejércitos de la OTAN, tal como antes
hicieron los ejércitos del Reichstag, siempre han asesinado a
mansalva a la población civil.
El
secuestro y encarcelamiento de Assange pone en evidencia la
ilegalidad y el autoritarismo de este sistema. El símbolo de un
parlamento ingles rodeado por miles de personas exigiendo que Assange
sea puesto en libertad es elocuente, porque dentro de esas altas
paredes húmedas sólo se cocina el crimen colonial e imperialista
que atraviesa nuestro tiempo.
Lo
cierto es que el caso Assange, muestra la brutal impunidad, se
justifica como "proceso legal", se pretende ejemplarizante (han
asesinado y encarcelado a muchos periodistas honestos) y demuestra la
absoluta falta de derechos sociales y humanos. No hay derecho civil
ni lo ha habido nunca, salvo cuando el pueblo los ha conquistado y
arrancado por la fuerza de su lucha. Por el momento se ha aceptado la
impunidad, los medios anulan el tema, la cultura habla de otras
libertades menos urgentes y todo este conjunto no es más que el
resultado de esa lenta y constante preparación para la
inconsciencia. Calla y consume.
Lo
decía al comienzo, grandes especialistas prepararon a la "masa" para no reaccionar, para obedecer y creerse absolutamente "libre",
para defender a los nazis y enviar armas a Ucrania en nombre de la "democracia", para pasar de costado frente a tanta iniquidad sin
inmutarse, ese ex ciudadano hoy consumidor distraído por los
poderosos "distractors" de la propaganda que lo han convencido de
que la vida y la historia son una especie de partido de futbol que se
ve desde las gradas.
Suprimido
el pensamiento, alienada la dignidad, se suspende la acción.
Assange
se atrevió a mostrar como asesinaban a civiles, lo grabó y lo
publicó. Lo documentó. Osó romper el discurso de la propaganda del
sistema y lo hizo con pruebas irrebatibles. En Irak y Afganistán,
como en tantos otros lugares, la guerra imperialista siempre se
ensañó con la población civil. Exactamente como está sucediendo
ahora con la OTAN que dirige a las huestes nazis ucranianas y su
doctrina de exterminio. No es nuevo, es la vieja técnica criminal,
es Palestina, es Yugoeslavia, es Libia, Sudan, Siria, Irak, Yemen,
Afganistán…
Es
grotesco que la "democracia" que destila tanto veneno en su
propaganda, encarcele impunemente a aquellos que muestran y
documentan el crimen, que no se permita ni siquiera hablar del tema:
millones de asesinados por la industria financiero militar de USA, la
UE y sus socios, a quienes votan los maltratados habitantes del
paraíso Disney, previamente transformados en consumidores, de cosas,
cine o crímenes contra la humanidad, poco importa porque todo ha
sido previamente homologado.
El
límite está fijado y la bonita libertad bien acotada: puedes hablar
de mujeres golpeadas, de velos, de naturaleza agónica, de todas las
injusticias que quieras mientras estén fragmentadas y no exista un
sujeto, una clase que las comete, no muestres quién es el asesino ni
quienes son los mercenarios del imperio, que es lo que Assange hizo:
mostró y documentó con toda claridad al sujeto criminal.
Acepta,
dice la propaganda: los rusos se bombardean a si mismos en Donbass
porque es su naturaleza perversa, la OTAN nunca asesina poblaciones
enteras sino que protege la paz, Israel masacra Palestina pero es una
víctima de los antisemitas, los dictadores latinoamericanos,
africanos y orientales son machistas y mafiosos, la supremacía
blanca es un don y la democracia es su maná…
No.
No acepto, como dice el poema de Brecht.
Goya
decía que el sueño de la razón engendra monstruos, lo escribió
sobre un dibujo muy hermoso. No se equivocó, el sueño de la razón
(digan lo que digan los posmodernos) engendra monstruos y es lo que
estamos viviendo: ignorancia y obediencia en una sociedad que se
siente "informada" cuando está absolutamente dogmatizada y lista
para ser pasto del fascismo porque ha renegado de su capacidad de
pensar y de decir NO.
Pero
la historia no es un tema clausurado, como quiere hacernos creer la
narrativa posmoderna, la historia es un campo de prueba, de lucha y
de transformación. Por eso necesitamos conocerla, apropiarnos de
ella, aprender de ella, no permitir que la clausuren y la usen
–tergiversada– como propaganda en contra los pueblos. La historia
de las luchas populares, las victorias de los pueblos, las que fueron
y las actuales, las grandes revoluciones humanas, no pueden ser
censuradas ni olvidadas, son el arma de resistencia a la barbarie
imperialista, nuestro presente y nuestro futuro.
Surge
una duda saludable y la comparto: ¿Tal vez el consenso logrado con
la propaganda está haciendo aguas y ya se oyen en Europa, esa con
las rodillas escoriadas por la obediencia, voces de los pueblos
engañados que empiezan a movilizarse y a decir basta de guerra y
explotación?
Ojalá,
porque de los pueblos, de los trabajadores y de su acción depende
poner fin a tanta impunidad y avanzar hacia una sociedad distinta,
humanizada, soberana y en paz con justicia y equidad.
De
los pueblos depende ahora decir NO: no acepto.
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