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17 marzo, 2022

Las preguntas prohibidas (Idioteia 2) — Sara Rosenberg

 



LA PUPILA INSOMNE - 16/03/2022


El esfuerzo propagandístico de los grandes monopolios informativos es brutal, cada día en portada repiten el cuento de la maldad rusa con fotografías y escenas que muestran los desastres de una “guerra” fabricada que sólo la OTAN y sus socios necesitan.


Quieren igualar y equiparar sus criminales guerras imperialistas a la operación de desnazificación y desmilitarización de Ucrania. De la misma manera que la maquinaria de repetición de la guerra fría necesitó equiparar a Hitler con Stalin y hacer de cada repetidor un ignorante funcional.


Les va la vida en el esfuerzo por idiotizar cada día más al habitante del “mundo libre” y les resulta relativamente fácil porque el terreno esta abonado con toneladas de fertilizante-amnésico regado en los cerebros. Poco a poco y de manera constante se ha desarticulado el pensamiento, es decir la relación entre una cosa y otra, entre la historia y la vida humana, entre las causas y sus efectos.


Viene de lejos y se ha transformado en una especie de capa viscosa que recubre la conciencia y la mirada sólo apta para las reacciones más primarias. Esto es la barbarie, la incapacidad de dudar y de pensar sobre los hechos a tal punto que la repetición del mensaje es automática, y es preocupante porque esta es una de las claves del proyecto imperial globalista: una sociedad post-humana, una sociedad de sirvientes incapaces de responder con autonomía y con razones o al menos con memoria y sentido crítico. La duda ha sido definitivamente excluida. La generalización ampara la indiferencia y la equidistancia.


Y este proyecto imperial globalista es profundamente nazi, no “neo nazi” como solemos repetir sin darnos cuenta –porque nuestro lenguaje esta también contaminado- sino nazi a secas.


Y es un proyecto que arranca desde el triunfo de la primera revolución proletaria y bolchevique en 1917. El nazismo existió, existe y ha sobrevivido de manera constante porque muy a pesar de las declaraciones bondadosas, Occidente siempre lo ha apoyado. El capitalismo es eso, aunque se vista de democracia, el nazismo es su garantía de supervivencia; ya no usan uniformes pardos, usan corbatas y están en el poder. ¿Qué significa si no, el “destino manifiesto” de los Estados Unidos, qué significa el sionismo, qué son la supremacía racial, la esclavitud y la deshumanización, sino las tres patas de la ideología nazi?


El nazismo ha inyectado en vena la irracionalidad que necesita, usa formas “democráticas” y genera expectativas de “justicia” dentro del capitalismo, por eso hay algunas preguntas claves que hacer: sencillas preguntas que solo pretenden humanizarnos, es decir despertar de la pesadilla de la sinrazón:


¿Alguna guerra imperialista se ha preocupado por preservar la vida de la población civil?. Lo digo y siento el olor al napalm y a fósforo cayendo en toneladas desde los aviones de los demócratas de USA y la UE.


¿Por qué en esta llamada “guerra” el principal objetivo, repetido por Rusia hasta el cansancio, es acabar con las fuerzas militares nazis que llevan mucho tiempo actuando y masacrando a la población del Donbass y de toda Ucrania? Se ocultó y se sigue ocultando los dos términos claves: desnazificación y desmilitarización, que caracterizan esta operación.


¿Por qué se oculta de manera permanente que los objetivos militares de Rusia jamás han sido los civiles? La tv y la prensa occidental tienen la orden de mostrar a Rusia atacando poblaciones, sin decir jamás que las fuerzas nazis usan a la población como escudo humano y que esa es y ha sido siempre su estrategia. ¿O hemos olvidado Corea, Vietnam, Yugoeslavia, Libia, Siria, Irak…?


¿Por qué es importante la definición de antinazi y anti-militar, cuando el gobierno de Ucrania ha premiado y sostenido a ejércitos y batallones como el AZOV cuya función es la masacre de civiles? ¿O hemos olvidado a los quince mil asesinados en el Donbass durante estos últimos ocho años de guerra contra la población civil?


¿Por qué se esfuerzan en negar que estos nazis siempre usan a la población como escudo humano? ¿O acaso los corredores humanitarios creados por Rusia no han sido bloqueados permanentemente?


¿Y además, por qué los medios occidentales han mentido sin piedad sobre el ataque a edificios, colegios, maternidades…sabiendo que estaban ya ocupadas por fuerzas nazis con armamento?


¿Es posible que la lentitud de esta operación de desnazificación tenga que ver con el mismo hecho de la protección a la población civil? ¿O alguna vez han visto que Estados Unidos y su OTAN se limiten a bombardear objetivos militares? Nombres que es necesario repetir: Hiroshima, Nagasaki, Hanoi, Bagdad, Belgrado, Tripoli, Gaza… y un largo etcétera


¿Acaso el manejo de la emotividad por el horror de toda “guerra” puede ocultar que esta operación se hace en nombre de la paz y contra el nazismo y la militarización que la OTAN ha sembrado en todas la fronteras de Rusia?


¿Hasta cuándo van a contestarme que “la guerra es mala” obviando que la guerra imperialista ha destrozado paises y pueblos enteros, y que pretende seguir haciéndolo? Claro que la guerra es horrible, pero esta operación pretende acabar con una guerra sorda que Occidente inició hace mucho tiempo.


¿Hasta cuando van a usar el pacifismo sólo cuando les conviene y olvidar que desde 1945 las agresiones a Rusia no han cesado?


¿Hay derecho a decir basta? ¿Es posible la paz con justicia y equidad o sólo se habla de paz cuando Rusia (Irán, China, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, o Yemen…) es capaz de responder a la agresión bestial contra la humanidad durante tantos pero tantos años?


¿Es posible simplemente entender que esta operación rusa se libra contra el nazismo (la cara mas agresiva del capital) y la expansión de la OTAN?


Podría seguir haciendo preguntas pero de todo corazón espero que sean ustedes quienes las hagan, un primer paso de recuperación de la enfermedad que nos asola y nos cerca con la indiferencia y como no, con la complicidad.



20 febrero, 2022

IDIOTEIA — Sara Rosenberg

 



LA PUPILA INSOMNE – 19/02/2022


Los griegos definieron hace mucho tiempo el sentido del idiota, la idoteia, la incapacidad moral de diferenciar el bien del mal, y sobre todo la pérdida del sentido social de lo que se llama bien público. Bien de lo publico. Lo social.


En España, una vez más, todos están concentrados en el baile de los corruptos que ya todos sabían cuánto y cómo son de corruptos, pero igualmente les resulta divertido participar en el baile. Y bailan.


¿Acaso hay otra música? ¿Alguien se atreve? ¿Un Satie dulce, un heroico Shostakovich…? ¿Algo…?


¿Hay acaso algo de sado maso en esta conducta, o es impotencia social? –me pregunto.


¿Hay un cierto placer en ver tanta mierda desfilar y acumularse en un callejón sin salida?


¿O es que hemos abandonado la decisión de crear e imaginar una salida? La única posible. La única posible, no porque lo diga yo, sino porque lo dice la historia de los pueblos. No la de los masacradores de pueblos. Estamos escribiendo esa historia.


Estafan. Roban. Lo hacen a la luz del día. Con impunidad. Y sin miedo.


Es una clase social –la burguesía– que nuca ha tenido ni piedad y menos vergüenza. Nació bañada en sangre. Transformó muchas cosas de la sociedad feudal, avanzó, hasta que su propia condición (la acumulación y el despojo) hicieron necesariamente que fuera una clase que frenara toda posibilidad de desarrollo humano, hasta poner en peligro la misma existencia de la especie humana. Nada nuevo, sólo un recordatorio del mejor poema-panfleto nunca escrito: el Manifiesto Comunista, de 1848.


Pero las masas (los medios se dedican específicamente a "ellas") conversan, apuestan a ganador y perdedor, masas perdidas y perdiendo en la confusión que significa no ser capaces de visualizar al verdugo. La ceguera forma parte del juego. Van y vienen a tientas. Un viejo juego, que cada vez resulta más esperpéntico.


La opinión sobre Ayuso, o el x o el xy, llena los corrillos, hace ruido, y ese ruido es funcional para seguir en lo mismo. Es como si la victima estuviera en pleno y orgásmico síndrome de Estocolmo. Voces indignadas, moralina, discursos y bromas de bar huelen ya verdaderamente a naftalina. También huele a naftalina la opinología facilona y la ideología: el "arte" cinematográfico, literario, teatral que presentándose como progresista cumple con la agenda impuesta de descubrir el agua tibia y sentirse confortable después de descubrirla. Y si fuera o fuese posible, hasta de recibir premios, a veces cuantiosos o a veces menos cuantiosos y mas prestigiosos, pero siempre útiles para lavar la cara de un sistema perverso y cruel, brutal, que no basta denunciar porque esa denuncia –tan moderada es un modo de lavarse las manos y de seguir premiando lo evidente.


Y se sacia esa especie de enfermedad largamente inducida de participar en la pelea, pero ¿en que pelea? ¿Qué participación? Y para qué?


No sabíamos acaso que la corrupción es inherente a este sistema, quien más, quien menos, saca un poco de tajada y todos callamos como idiotas.


Los griegos definieron hace mucho tiempo el sentido del idiota, la idoteia, la incapacidad moral de diferenciar el bien del mal, y sobre todo la pérdida del sentido social de lo que se llama bien público. Bien de lo publico. Lo social.


Digamos, compromiso consciente con mi semejante. O conciencia de clase.


Y un idiota moral es capaz de justificar la shoah, la destrucción de Yugoeslavia, de Irak, de Libia, de Palestina, la existencia de un centro de torturas como Guantánamo, la guerra en cualquier parte y por el mismo motivo, porque el idiota moral ha perdido la perspectiva histórica y humana y el idiota moral está amparado por una institucionalidad idiota, esa que privilegia los privilegios de clase a la existencia misma de la especie.


El idiota moral solo recala en su necesidad inmediata, aún a sabiendas de que esa necesidad esta absolutamente amenazada, si bien le parece una cueva segura. Más segura al menos que pensar en alguna posibilidad de cambio. El idiota no conserva lo mejor, sólo se conserva a si mismo en el margen de la historia. Porque podría conservar lo mejor de la modernidad si no fuera un idiota, es decir un ser alienado. Un ser incapaz de pensarse y actuar como ser social.


El idiota se dedica a seguir con verdadera irritación todos los intríngulis de los políticos, sus habituales mentiras, sus casos de corrupción probadas, el cinismo, e incluso observa con cierta envidia sus banquetes y declaraciones cuando ganan elecciones locales o nacionales: el idiota moral se siente representado por los pequeños avances que como migajas los poderosos le tiran al suelo, son palomas oscuras, necesitan que les den las migas del festín porque no son capaces de imaginar un mundo sin migas caídas de la mesa del crimen.


Y el idiota –idioteia según los griegos confía en que nada cambie en contra de si mismo, de tal manera que pueda conservar su pequeña dosis de podridas migajas.


El idiota moral, no es ni siquiera capaz de relacionar de qué manera le afectan los temas a los que llama políticos y que ha dejado en manos de eso que detesta y que llama políticos, de los cuales va a reírse, con los que va a enojarse, va a poder cuestionar en la barra de un bar, pero jamás va a dotarse de una respuesta capaz de proponer algo de verdad contra esos políticos que en el fondo cree que lo representan y en los cuales ha delegado no solo su aburrimiento sino también su falta de voluntad.


El idiota, la idioteia griega es eso: falta de sentido social, inmoralidad (siempre social) en el sentido más profundo de la palabra.


El idiota además los obedecerá, obedece a la "información" que recibe cada día, porque supone que eso es el ser social. Un obediente con miedo a imaginar otra posibilidad de vida.


Los militares genocidas se escudaron siempre en la "obediencia debida" , el idiota hace suya la "obediencia de por vida". Son equivalentes y casi consecuentes.


Unos a la derecha, otros más liberales, pero todos juntos revolcándose en la decisión de impedir cualquier transformación social porque eso sería dejar de ser un idiota moral. Es decir un posible fascista (un burgués asustado, como decía Brecht).


Unos, que declaran ser revolucionarios sin saber ni como ni para que quieren cambiar la sociedad, más allá de los discursos y las repetitivas denuncias de la atrocidades bien conocidas del capitalismo, quiero decir que no basta denunciar lo que sufrimos, sino que hay que dar una respuesta y una salida programática clara o callar, y los otros, que han decidido ser conservadores de la propiedad de los medios de producción, cueste lo que cueste, corrompa lo que se corrompa, sangre quien sangre. Y ya sabemos quien sangra siempre.


En este idiotismo se mueve hoy –o está paralizada la sociedad occidental.


En la aceptación compulsiva del mal menor –el idiotismo que se niega una y otra vez a pensarse a si misma.


Escribo esto en una noche en la que Occidente esta agrediendo ferozmente a Rusia y en la que ha empezado la invasión ucraniano-nazi al Donbass y en la que en las calles de España ni lo saben, ni les importa, a pesar de que las bases americanas de la muerte están aquí a pocos kilómetros, y en la que ni siquiera resulta posible nombrar al comunismo sin que la idioteia se enerve.


Y por eso, glosando a Paul Eluard,


Comunismo: escribo tu nombre en las paredes de mi ciudad…!