Tanquista
apaleado por la muchedumbre, 4 junio 1989 / Reuters
Liberation
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Traducción
del inglés: Arrezafe
Liberation
News vuelve a publicar el siguiente artículo, publicado
originalmente en 2014, para responder a las mentiras difundidas por
el gobierno de Estados Unidos y sus leales medios corporativos sobre
China con motivo del aniversario de los acontecimientos que tuvieron
lugar en 1989 en la Plaza de Tiananmen. Si bien la mitología en
torno a dichos acontecimientos siempre se ha promovido como parte de
la hostilidad de la clase dominante estadounidense hacia la
revolución china, liderada por el Partido Comunista, la distorsión
ahora adquiere un significado renovado, ya que Estados Unidos ha
declarado una "competición de grandes potencias",
principalmente con China, como el rasgo definitorio de su política
militar y exterior. Esperamos que este artículo proporcione a las
personas progresistas la información necesaria para resistir la
campaña de demonización dirigida a China, que es un precursor
necesario de una confrontación mortal.
Hace
veinticinco años, todos los medios de comunicación estadounidenses,
junto con el entonces presidente Bush y el Congreso de los Estados
Unidos, provocaban una frenética histeria a gran escala y un ataque
contra el gobierno chino por lo que se describió como la masacre a
sangre fría de muchos miles de estudiantes pacíficos
"prodemocracia" que habían ocupado la plaza de Tiananmen
durante siete semanas.
La
histeria generada por la supuesta "masacre" de la Plaza Tiananmen
se basó en una narrativa ficticia sobre lo que realmente sucedió
cuando el gobierno chino finalmente despejó la plaza de
manifestantes el 4 de junio de 1989.
La
demonización de China fue muy eficaz. Casi todos los sectores de la
sociedad estadounidense, incluida la mayoría de la "izquierda",
aceptaron la versión imperialista de lo sucedido.
En
aquel momento, el relato oficial del gobierno chino sobre los hechos
fue inmediatamente descartado como propaganda falsa. China informó
que unas 300 personas habían muerto en los enfrentamientos del 4 de
junio y que muchos de los muertos eran soldados del Ejército de
Liberación Popular. China insistió en que no hubo masacre de
estudiantes en la Plaza de Tiananmen y, de hecho, los soldados
despejaron la plaza de Tiananmen de manifestantes sin disparar un
sólo tiro[1].
El
gobierno chino también notificó que, los soldados desarmados que
habían ingresado a la plaza de Tiananmen en los dos días anteriores
al 4 de junio, fueron incendiados, linchados y sus cadáveres
colgados de los autobuses. Otros soldados, no pudiendo evacuar sus
vehículos, perecieron incinerados dentro de los mismos y otros
muchos brutalmente apaleados por violentos ataques de las turbas.
Estos
relatos eran fidedignos y estaban bien documentados. No sería
difícil imaginar cuán violentamente habrían reaccionado el
Pentágono y las agencias de seguridad de Estados Unidos si el
movimiento Occupy, por ejemplo, de manera similar hubiera prendido
fuego a soldados y policías, tomado sus armas y lincharlos cuando el
gobierno intentaba expulsar a los manifestantes de los espacios
públicos.
En
un artículo del 5 de junio de 1989, el Washington Post describió
cómo los combatientes antigubernamentales se habían organizado en
formaciones de 100 a 150 personas. Estaban armados con cócteles
Molotov y garrotes de hierro, para encontrarse con el EPL [Ejército
Popular de Liberación] que todavía estaba desarmado en los días
previos al 4 de junio.
Lo
que sucedió en China el 4 de junio, lo que se cobró la vida de
opositores al gobierno y de soldados, no fue una masacre de
estudiantes pacíficos, sino una batalla entre soldados del EPL y
destacamentos armados del llamado movimiento prodemocracia.
En
una avenida del oeste de Beijing, los manifestantes incendiaron todo
un convoy militar de más de 100 camiones y vehículos blindados.
Fotografías aéreas de conflagración y columnas de humo han
reforzado poderosamente los argumentos del gobierno chino de que las
tropas eran víctimas, no verdugos. Otras escenas muestran "cadáveres
de soldados y manifestantes despojándolos de sus rifles
automáticos", admitió el Washington Post en un artículo
favorable a la oposición antigubernamental el 12 de junio de 1989.
[2]
El
Wall Street Journal, la voz principal del anticomunismo, sirvió como
animadora vociferante del movimiento "prodemocracia". Sin
embargo, justo después del 4 de junio, reconoció que, "muchos
manifestantes radicalizados, algunos pertrechados de armas y
vehículos saqueados en enfrentamientos con los militares" se
estaban preparando para luchas armadas más amplias. El informe del
Wall Street Journal sobre los eventos del 4 de junio muestra una
imagen vívida:
"Cuando
las columnas de tanques y decenas de miles de soldados se acercaron a
Tiananmen, muchas tropas fueron atacadas por turbas enfurecidas...
Docenas de soldados fueron sacados de los camiones, golpeados
severamente y dados por muertos. En una intersección al oeste de la
plaza, el cuerpo de un joven soldado, que había muerto a golpes, fue
desnudado y colgado del costado de un autobús. El cadáver de otro
soldado estaba colgado en una intersección al este de la plaza".
[3]
La
masacre que no fue
En
los días inmediatamente posteriores al 4 de junio de 1989, los
titulares, artículos y editoriales del New York Times daban una
cifra de "miles" de activistas pacíficos que habían sido
masacrados cuando el ejército envió tanques y soldados a la plaza.
El número estimado de muertos que el Times estaba manejando era de
2.600. Esa cifra se utilizó como referencia de los estudiantes
activistas que fueron abatidos en Tiananmen. Casi todos los medios de
comunicación estadounidenses informaron de la muerte de "muchos
miles", y muchos medios de comunicación sostuvieron que se habían
masacrado hasta 8.000.
Tim
Russert, jefe de la oficina de NBC en Washington, declaró más tarde
en Meet the Press que, fueron "decenas de miles" los muertos en
la Plaza de Tiananmen. [4]
La
versión ficticia de la "masacre" fue posteriormente
mínimamente retocada por reporteros occidentales que habían
participado en su elaboración y que estaban ansiosos por retocarla
para poder aducir que hicieron "correcciones". Pero para
entonces ya era demasiado tarde y ellos también lo sabían. Se había
formado la conciencia pública. La narrativa falsa se convirtió en
la narrativa dominante. Habían liquidado con éxito los hechos para
adaptarse a las necesidades políticas del gobierno de Estados
Unidos.
"Esa
noche, la mayoría de los cientos de periodistas extranjeros,
incluyéndome a mí, estaban en otras partes de la ciudad o fueron
sacados de la plaza para que no pudieran presenciar el capítulo
final de la historia estudiantil. Aquellos que intentaron permanecer
cercanos ofrecieron relatos dramáticos que, en algunos casos,
reforzaron el mito de una masacre de estudiantes", escribió Jay
Mathews, el primer jefe de la oficina del Washington Post en Beijing,
en un artículo de 1998 en la Columbia Journalism Review.
El
artículo de Mathews, que incluye su propio reconocimiento sobre el
uso de la terminología de "la masacre" de la Plaza de Tiananmen,
llegó nueve años después de los hechos y admite que las
correcciones posteriores tuvieron poco impacto. "Los hechos de
Tiananmen se conocen desde hace mucho tiempo. Cuando Clinton visitó
la plaza en junio, tanto The Washington Post como The New York Times
explicaron que nadie murió allí [en la Plaza de Tiananmen] durante
la represión de 1989. Pero estas no fueron más que breves
explicaciones insertas al final de largos artículos. Dudo que hayan
hecho mucho para acabar con el mito". [5]
En
aquel momento, todos los informes sobre la masacre de los estudiantes
decían básicamente lo mismo y, por lo tanto, parecía que debían
ser ciertos. Pero esos informes no se basaron en el testimonio de
testigos presenciales.
Lo
que realmente sucedió
Durante
las siete semanas previas al 4 de junio, el gobierno chino se contuvo
extraordinariamente al no enfrentarse a quienes paralizaron la zona
central de la capital de China. El Primer Ministro se reunió
directamente con los líderes de la protesta y la reunión fue
transmitida por la televisión nacional. Esto no calmó la situación,
sino que envalentonó a los líderes de la protesta que sabían que
contaban con el respaldo total de Estados Unidos.
Los
líderes de la protesta erigieron una enorme estatua que se parecía
a la Estatua de la Libertad de Estados Unidos en medio de la Plaza de
Tiananmen. Le estaban indicando al mundo entero que sus simpatías
políticas estaban con los países capitalistas y con Estados Unidos
en particular. Proclamaron que continuarían las protestas hasta que
el gobierno fuera derrocado.
Sin
un final a la vista, el gobierno chino decidió poner fin a las
protestas despejando la Plaza de Tiananmen. Las tropas entraron en la
plaza, sin armas, el 2 de junio y muchos soldados fueron golpeados,
algunos murieron y los vehículos del ejército fueron incendiados.
El
4 de junio, el EPL volvió a entrar en la Plaza, esta vez con armas.
Según los medios estadounidenses de aquel momento, los soldados del
EPL aplastaron la protesta ametrallando a miles de estudiantiles
pacíficos.
China
declaró que los informes de la "masacre" en la Plaza de
Tiananmen fueron una invención urdida, tanto por los medios
occidentales como por los líderes de la protesta, que utilizaron
medios occidentales dispuestos como plataforma para una campaña de
propaganda internacional en pos de sus intereses.
El
12 de junio de 1989, ocho días después del enfrentamiento, el New
York Times publicó un informe "exhaustivo" de un testigo
presencial, un estudiante llamado Wen Wei Po, un informe totalmente
prefabricado sobre la supuesta masacre. Dicho informe estaba lleno de
relatos detallados de brutalidad, asesinatos en masa y heroicas
batallas callejeras. Relataba cómo las ametralladoras del EPL
estaban emplazadas en el techo del Museo Revolucionario, colindante
con la Plaza, y describía a los estudiantes que allí fueron
abatidos. Este informe fue recogido por los medios de comunicación
de EE. UU. [6]
Aunque
tratado como un evangelio y una prueba irrefutable de que China
estaba mintiendo, el informe del "testigo ocular", Wen Wei
Po, del 12 de junio era tan exagerado y podría suponer tal
descrédito para el New York Times en China, que su corresponsal en
Beijing, Nicholas Kristof, quien había servido como portavoz de los
manifestantes, hizo excepción de los principales puntos del
artículo.
En
un artículo del 13 de junio de 1989 Kristof escribió:
"La
cuestión de dónde ocurrieron los disparos tiene importancia debido
a la afirmación del Gobierno de que nadie fue baleado en la Plaza de
Tiananmen. La televisión estatal incluso ha proyectado películas de
estudiantes marchando pacíficamente fuera de la plaza poco después
del amanecer como prueba de que no fueron masacrados. ...
La
escena central en el artículo [del testigo ocular] es de tropas que
golpean y ametrallan a estudiantes desarmados agrupados alrededor del
Monumento a los Héroes del Pueblo en el centro de la Plaza de
Tiananmen. Varios otros testigos, tanto chinos como extranjeros,
dicen que esto no sucedió. ...
Tampoco
hay evidencia de emplazamientos de ametralladoras en el techo del
museo de historia, como se informó en el artículo de Wen Wei Po.
Este reportero estaba directamente al norte del museo y no vio
ametralladoras allí. Otros reporteros y testigos de los alrededores
tampoco los vieron. ...
El
tema central del artículo de Wen Wei Po fue que las tropas
posteriormente golpearon y ametrallaron a los estudiantes en el área
alrededor del monumento y que una línea de vehículos blindados
cortó su retirada. Pero los testigos dicen que los vehículos
blindados no rodearon el monumento –se quedaron en el extremo norte
de la plaza– y que las tropas no atacaron a los estudiantes
agrupados alrededor del monumento. Varios otros periodistas
extranjeros también estaban cerca del monumento esa noche y no se
sabe que ninguno haya informado de que los estudiantes fueron
atacados alrededor del monumento". [7]
El
relato del gobierno chino reconoce que se produjeron enfrentamientos
callejeros y enfrentamientos armados en barrios cercanos. Dicen que
aproximadamente trescientos murieron esa noche, incluidos muchos
soldados que murieron por disparos, cócteles molotov y
apaleamientos. Pero han insistido en que no hubo masacre.
Kristof
también afirma que hubo enfrentamientos en varias calles, pero
refuta el informe de "testigos presenciales" sobre una
masacre de estudiantes en la plaza de Tiananmen: "los
estudiantes y un cantante pop, Hou Dejian, estaban negociando con las
tropas y decidieron irse al amanecer, entre 5 AM y 6 AM Todos los
estudiantes salieron juntos. La televisión china ha mostrado escenas
de los estudiantes saliendo y de la plaza aparentemente vacía
mientras las tropas entraban y los estudiantes se iban".
Intento
de contrarrevolución en China
De
hecho, el gobierno de los EEUU Participó activamente en la promoción
de las protestas "a favor de la democracia" a través de
una máquina de propaganda extensa, bien financiada y coordinada
internacionalmente que lanzó rumores, medias verdades y muchas
mentiras desde el momento en que comenzaron las protestas a mediados
de abril. 1989.
El
objetivo del gobierno de los Estados Unidos era llevar a cabo un
cambio de régimen en China y derrocar al Partido Comunista, partido
gobernante desde la revolución de 1949. Dado que muchos activistas
del movimiento progresista actual no habían nacido o eran niños en
1989, cuando los acontecimientos de Tiananmen tienen lugar, el mejor
ejemplo reciente de cómo funciona una operación de cambio de
régimen / desestabilización imperialista se revela en el reciente
derrocamiento del gobierno ucraniano. Las protestas pacíficas en la
plaza central reciben respaldo internacional, financiamiento y apoyo
mediático de los Estados Unidos y las potencias occidentales; "casualmente", quedan bajo el liderazgo de grupos armados que son
aclamados como combatientes de la libertad por el Wall Street
Journal, FOX News y otros medios.
En
el caso de las protestas "a favor de la democracia" en China, en
1989, el gobierno de Estados Unidos estaba intentando provocar una
guerra civil. La Voz de América aumentó sus transmisiones en chino
a 11 horas diarias y apuntó la transmisión "directamente a
unas 2.000 antenas parabólicas en China, operadas principalmente por
el Ejército de Liberación Popular". [8]
Las
transmisiones de Voice of America a las unidades del EPL estaban
llenas de informes de que algunas unidades del EPL estaban disparando
contra otras, que algunas unidades eran leales a los manifestantes y
otras al gobierno.
La
Voz de América y los medios de comunicación estadounidenses
intentaron crear confusión y pánico entre los partidarios del
gobierno. Justo antes del 4 de junio, informaron que el primer
ministro de China, Li Peng, había recibido un disparo y que Deng
Xiaoping estaba al borde de la muerte.
La
mayoría en el gobierno de los EEUU y en los medios de comunicación
esperaban que el gobierno chino fuera derrocado por fuerzas políticas
pro occidentales, como estaba comenzando a suceder con el
derrocamiento de los gobiernos socialistas en toda Europa del Este y
Central en ese momento (1988-1991) tras la introducción de reformas
procapitalistas de Gorbachov en la Unión Soviética en 1991.
En
China, el movimiento de protesta "a favor de la democracia"
fue liderado por estudiantes privilegiados y bien conectados de
universidades de élite que pedían explícitamente la sustitución
del socialismo por el capitalismo. Los líderes estaban
particularmente conectados con Estados Unidos. Por supuesto, miles de
otros estudiantes que participaron en las protestas estaban en la
plaza porque tenían agravios contra el gobierno.
Pero
la dirección del movimiento, conectada al imperialismo, tenía un
plan explícito para derrocar al gobierno. Chai Ling, quien fue
reconocida como la máxima líder de los estudiantes, concedió una
entrevista a periodistas occidentales en la víspera del 4 de junio
en la que reconoció que, el objetivo de la dirección era liderar a
la población en una lucha para derrocar al Partido Comunista de
China que, explicó, solo sería posible si lograban provocar con
éxito al gobierno para que atacara violentamente las
manifestaciones. Esa entrevista fue transmitida en la película "La
puerta de la paz celestial". Chai Ling también explicó por qué
no podían informar a los estudiantes de base sobre los planes reales
de los líderes.
"La
búsqueda de la riqueza es parte del ímpetu de la democracia",
explicó Wang Dan, otro líder estudiantil de alto nivel, en una
entrevista con el Washington Post en 1993, en el cuarto aniversario
del incidente. Wang Dan estuvo en todos los medios estadounidenses
antes y después del incidente de Tiananmen. Era famoso por explicar
por qué los líderes estudiantiles elitistas no querían que los
trabajadores chinos se unieran a su movimiento. Afirmó que "el
movimiento no está listo para la participación de los trabajadores
porque la democracia debe ser absorbida primero por los estudiantes e
intelectuales antes de ser difundida a otros". [9]
Veinticinco
años después, Estados Unidos todavía busca un cambio de régimen y
una contrarrevolución en China.
La
acción del gobierno chino para dispersar el llamado movimiento
prodemocracia en 1989 fue recibida con amarga frustración dentro del
establishment político de Estados Unidos.
Estados
Unidos impuso sanciones económicas a China al principio, pero su
impacto fue mínimo y tanto el establishment político de
Washington como los bancos de Wall Street se dieron cuenta de que las
corporaciones y los bancos estadounidenses serían los grandes
perdedores en la década de 1990 si intentaban aislar completamente a
China, cuando China estaba abriendo aún más su vasto mercado
interno de trabajo y materias primas a la inversión directa de
corporaciones occidentales. Los mayores bancos y corporaciones
anteponen sus propios márgenes de beneficio y los políticos de
Washington siguieron el ejemplo de la clase multimillonaria en esta
cuestión.
Pero
el tema de la contrarrevolución en China volverá a surgir. Las
reformas económicas que se inauguraron tras la muerte de Mao
abrieron el país a la inversión extranjera. Esta estrategia de
desarrollo fue diseñada para superar rápidamente el legado de la
pobreza y el subdesarrollo mediante la importación de tecnología
extranjera. A cambio, las corporaciones occidentales recibieron mega
beneficios. La dirección post-Mao en el Partido Comunista calculó
que la estrategia beneficiaría a China en virtud de una rápida
transferencia de tecnología del mundo imperialista a China. Y, de
hecho, China ha logrado grandes avances económicos. Pero además del
desarrollo económico, también se ha desarrollado una clase
capitalista más grande dentro de China y una parte significativa de
esa clase y sus hijos están siendo cortejados por todo tipo de
instituciones financiadas por el gobierno de EEUU.
El
Partido Comunista de China también está dividido en facciones y
tendencias pro estadounidenses y pro-socialistas.
Hoy,
el gobierno de Estados Unidos está ejerciendo una presión militar
cada vez mayor sobre China. Está acelerando la lucha contra el
ascenso de China al consolidar nuevas alianzas militares y
estratégicas con otros países asiáticos. También se espera, con
suficiente presión, ventajas del ascenso de algunos líderes chinos
que están a favor de abandonar a Corea del Norte.
Si
la contrarrevolución tuviera éxito en China, las consecuencias
serían catastróficas para el pueblo chino y para China. Sería muy
probable que China se fragmentara como nación, como le sucedió a la
Unión Soviética cuando el Partido Comunista de la Unión Soviética
fue derrocado. La misma suerte corrió la ex Yugoslavia. La
contrarrevolución y el desmembramiento lanzarían a China hacia
atrás. Frenaría su espectacular salida pacífica del subdesarrollo.
Durante décadas ha habido una seria discusión dentro del
establishment de la política exterior estadounidense sobre el
desmembramiento de China, que debilitaría a China como nación y
permitiría que Estados Unidos y las potencias occidentales se
apoderaran de sus recursos más lucrativos. Este es precisamente el
escenario que arrojó a China a su siglo de humillación, cuando las
potencias capitalistas occidentales dominaban el país.[10]
La
Revolución China ha pasado por muchas etapas, victorias, retrocesos
y reveses. Sus contradicciones son innumerables. Pero sigue en pie.
En el enfrentamiento entre el imperialismo mundial y la República
Popular China, los progresistas deben saber cuál es su posición, no
al margen.
Fuentes
1
Jim Abrams, “Rival military units battle in Beijing,” Associated
Press, June 6, 1989.
2
John Burgess, “Images Vilify Protesters; Chinese Launch Propaganda
Campaign,” Washington Post, June 12, 1989
3
James P. Sterba, Adi Ignatius and Robert S. Greenberger, “Class
Struggle: China’s Harsh Actions Threaten to Set Back 10-Year Reform
Drive — Suspicions of Westernization Are Ascendant, and Army Has a
Political Role Again — A Movement Unlikely to Die,” Wall
Street Journal, June 5, 1989
4
Jay Mathews, “The Myth of Tiananmen and the Price of a Passive
Press,” Columbia Journalism Review September/October 1998
5
Mathews, ibid.
6
Wen Wei Po, “Turmoil in China; Student Tells the Tiananmen Story:
And Then, ‘Machine Guns Erupted’” New York Times, June
12, 1989
7
Nicholas Kristof, “Turmoil in China; Tiananmen Crackdown: Student’s
Account Questioned on Major Points,” New York Times, June
13, 1989
8
“Voice of America Beams TV Signals to China,” New York Times,
June 9, 1989
9
Sheryl Wudunn, “A Portrait of a Young Man as a Beijing Student
Leader,” New York Times, June 3, 1989.
10
“PSL Resolution: For the defense of China against
counterrevolution, imperialist intervention and dismemberment,”
China: Revolution and counterrevolution, PSL Publications, 2008. Read
online at:
http://www.pslweb.org/liberationnews/pages/for-the-defense-of-china.html
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