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25 enero, 2023

OBSEQUIO NUREMBERGIANO PARA EL CRIMINAL DE GUERRA VOLODIMIR ZELENSKI

 




"Al dirigirse a una reunión de las Cámaras de Comercio en Boca Raton hoy, Zelensky agradece a BlackRock, JP Morgan, Goldman Sachs y otros por su apoyo a Ucrania. Agrega que enviar a Ucrania armas más pesadas, como tanques Abrams, representa una oportunidad de "gran negocio" para las corporaciones estadounidenses."


(Gracias a Conrado Santamaría por aportar este tuit)


21 octubre, 2022

"Banda de drogadictos y de neonazis" — Manlio Dinucci

 


LA HAINE★ - 21/10/2022


Muchos se sorprendieron al oír al presidente Putin hablar así de los elementos que mandan en Kiev. La prensa atlantista afirmó incluso que hablaba como un enfermo ‎mental


Pero los hechos le dan la razón. Después de los acontecimientos de la Plaza Maidan, drogadictos como Hunter Biden –hijo del actual presidente estadounidense Joe Biden– coparon el poder en Kiev y robaron al pueblo ucraniano los fondos provenientes de sus ventas de gas, se adoptó una ley racial, se erigieron monumentos que glorifican al colaborador nazi Stepan Bandera y dos batallones nazis fueron integrados a las fuerzas armadas ucranianas.


A falta de información precisa y, sobre todo, confiable sobre las operaciones en el terreno, en este momento resulta imposible analizar y entender la estrategia militar de Rusia. Sólo el estado mayor ruso y, quizás, el de la OTAN tienen esa información. Lo que divulgan los medios occidentales y el gobierno ucraniano sobre las acciones del ejército ruso y las fuerzas de Donestk y de Lugansk es claramente falso e imposible de verificar.


Lo único cierto es que, por el momento, los combates se limitan al territorio ucraniano, a pesar de que el conflicto es entre Rusia y EEUU. La implicación de Ucrania es sólo incidental.


Es de esperar que Rusia eleve próximamente el tono y lleve el conflicto a un segundo teatro de operaciones.


Mientras tanto explicaré lo que el presidente ruso Vladimir Putin quería decir al caracterizar a las autoridades ucranianas como «una banda de drogadictos y de neonazis», frase que, aunque pueda resultar chocante, está justificada por los hechos.


Pero, ¿concede Putin demasiada importancia a esos hechos o será que nosotros, los occidentales, no les damos la importancia que merecen?


«Una banda de drogadictos»


En 2014, el gobierno del presidente Victor Yanukovich (2010-2014) trataba de mantener a Ucrania en una posición intermedia entre su vecino inmediato (Rusia) y su amigo (EEUU). Pero, como dijera el presidente George Bush hijo: «Quienes no están con nosotros, están contra nosotros». Así que los occidentales veían a Yanukovich como «prorruso», EEUU lo derrocó mediante un golpe orquestado por la subsecretaria de Estado estadounidense Victoria Nuland, durante la «revolución de la dignidad» de la Plaza Maidan. El régimen que llegó entonces al poder en Kiev estaba plagado de agitadores profesionales. Se descubrió la corrupción del equipo de Yanukovich y los "straussianos" –entre ellos la señora Victoria Nuland– decidieron ganar todavía más dinero.


El 3 de abril de 2014, uno de los ex consejeros del entonces secretario de Estado John Kerry, el estafador David Archer, y su compañero de juerga y de "sniff", Hunter Biden, hijo del entonces vicepresidente Biden, se reunieron en Italia –en el Ambrossetti Club, a orillas del lago Como– con el multimillonario Stephen Schwartman, director del fondo de inversiones Blackstone (no confundir con Blackrock).


Durante aquel encuentro, David Archer, se convirtió en miembro del Consejo de administración de Burisma Holdings, una de las compañías más importante de Ucrania en el sector del gas natural, cuyo propietario era objeto en Occidente de acciones judiciales iniciadas por el FBI estadounidense y el MI5 británico. Los investigadores estadounidenses y británicos habían comprobado que el propietario de Burisma Holdings, el oligarca Mykola Zlochevsky –quien había sido ministro de Recursos Naturales del gobierno de Yanukovich– se había atribuido ilegalmente licencias para sus compañías petroleras y gaseras. David Archer se convirtió en cabeza visible de los negocios del oligarca ucraniano, lo cual le valió ser remunerado con 83 333 dólares al mes. En el sitio web de Burisma Holdings apareció inmediatamente una foto de David Archer en la Casa Blanca... con el entonces vicepresidente Biden.


Posteriormente, el vicepresidente Biden y sus consejeros Jake Sullivan y Antony Blinken viajaron a Kiev para prometer al régimen surgido del golpe de Estado de la Plaza Maidan la ayuda de EEUU y organizar «elecciones creíbles». Pero los oblast de Donestk y Lugansk rechazaron el gobierno provisional instaurado en Kiev -que incluía 5 ministros nazis. Por vía de referéndum, los pobladores de Donestk y Lugansk proclamaron la independencia de ambos oblast.


Al día siguiente, el 12 de mayo de 2014, Hunter Biden, el hijo drogadicto de Joe Biden, era incorporado al consejo de administración de Burisma Holdings. Más tarde, un tercer personaje, Christopher Heinz, hijastro del secretario de Estado John Kerry, se unió a David Archer y a Hunter Biden en el consejo de administración de Burisma.


Durante el segundo semestre de 2014, por instrucciones de David Archer y de Hunter Biden, Burisma Holdings sobornó con 7 millones de dólares al fiscal general de Ucrania –nombrado por el nuevo régimen de Petro Porochenko– para que redactara documentos falsos y cerrara las acciones judiciales contra la empresa y contra su propietario oligarca. Existe la grabación de una conversación telefónica donde se oye al ya presidente ucraniano Petro Porochenko confirmarle al vicepresidente Biden que el asunto está «arreglado». O sea, EEUU "recicló" a Porochenko, ex ministro del «prorruso» Yanukovich. Más adelante, el fiscal general –decidamente demasiado goloso– fue apartado del régimen durante una votación del parlamento provocada por EEUU, la Unión Europea, el FMI y el Banco Mundial, que querían salvar a la oligarca y ex primera ministro Yulia Timochenko, pero sin gastar demasiado dinero.


Todos esos hechos fueron ampliamente publicados en la prensa ucraniana. Pero son sólo la parte visible del iceberg. Por ejemplo, según el Wall Street Journal, el secretario de Energía estadounidense, Rick Perry, presionó al presidente Volodimir Zelenski para se deshiciera de los administradores de la compañía gasera pública Naftogaz y los sustituyera por otros personajes, como el straussiano estadounidense Amos Hochstein, hoy Enviado Especial y Coordinador de Asuntos Energéticos Internacionales de Biden.


En julio de 2019, el presidente estadounidense Donald Trump solicitó al presidente ucraniano Volodimir Zelenski que investigara esos casos de corrupción -incluyendo el del secretario de Energía de su propia administración. El presidente Zelenski se negó. Cuando Trump lo presiona un poco más... un funcionario de la inteligencia estadounidense revela el contenido de aquella conversación y acusa al presidente Trump de usar a Ucrania para perjudicar a su rival, el candidato demócrata Biden. El resultado será la apertura en el Congreso de un procedimiento de destitución contra Trump.


Lo mínimo que se puede decir es que hay en todo esto numerosos hechos comprobados de corrupción, hechos cometidos en beneficio de personalidades ucranianas y estadounidenses, y que, en definitiva, "desaparecieron" decenas de miles de millones de dólares que debían haber ido a las arcas de Ucrania, mientras que se derrumbaba el nivel de vida de los ucranianos de a pie. Todo eso se hizo a través de testaferros que no saben absolutamente nada sobre la industria del gas pero que tenían en común su participación, junto a Hunter Biden, en las fiestas donde este hijo del hoy presidente de EEUU solía consumir droga. A eso se refería, con toda razón, el presidente ruso Vladimir Putin.


Desde el punto de vista europeo, todos hemos podido comprobar, desde hace un año, que el precio del gas que consumimos se ha multiplicado por 10. Por supuesto, el crecimiento de la demanda es superior al de la oferta. Pero eso no basta para explicar la magnitud de esa alza del precio. En realidad, los contratos a largo plazo sobre el suministro de gas siempre se calculan a precios algo superiores que antes, mientras que los contratos a corto plazo se han disparado. Lo único que explica la diferencia es la especulación. Y, precisamente, Blackstone y los amigos de Biden han sido los primeros en especular con el gas. Es evidente que sabían que estallaría una crisis con un país productor.


Lo anterior permite entender mejor por qué la prensa atlantista se empeña en restar importancia al caso de Hunter Biden, asunto en el cual su padre –ahora convertido en presidente de EEUU– está metido hasta el cuello. En definitiva, lo que está sucediendo en Ucrania se traduce en un alza adicional de los precios del gas, siempre en beneficio de los amigos de Biden... y en detrimento de los europeos.


Hay que relacionar esos hechos con lo que yo mismo escribía en el anterior artículo de esta serie. Jake Sullivan, Antony Blinken y Victoria Nuland –que han orquestado todos estos rejuegos– son "straussianos", o sea discípulos del filósofo Leo Strauss, y, como escribía en 1992 el primero de ellos, Paul Wolfowitz, el primer rival de EEUU es... la Unión Europea, cuyo desarrollo Washington debe impedir.


En todo caso, esos hechos son asuntos internos ucranianos y de los europeos occidentales. Y no justifican una intervención exterior.


«Una banda de neonazis»


El presidente ruso Vladimir Putin mencionaba también una banda de neonazis. Ya no se trata de un grupito de algunas decenas de individuos sino de varios miles, entre 10.000 y 20.000.


Para entender hay que recordar que, al final de la Segunda Guerra Mundial, EEUU y la URSS capturaron numerosos dignatarios nazis y trataron de obtener la información que tenían esos personajes. Al cabo de 8 meses, los soviéticos los mandaron a sus casas. Pero EEUU se dio a la tarea de "reciclar" cierto número de nazis.


Todo el mundo sabe, por ejemplo, que el científico nazi creador de los V2, Wernher von Braun, acabó convertido en jefe de la NASA, gracias a la Operación Paperclip. Entre los nazis "reciclados" mediante la Operación Paperclip también estaba el consejero especial de Hitler para el Nuevo Orden en Europa, Walter Hallstein, quien fue después el primer presidente de la Comisión Europea, y el alpinista Heinrich Harrer, a quien la CIA confió la educación del Dalai Lama.


Pero es menos sabido que la CIA "recicló" numerosos miembros de las SS y policías de la tenebrosa Gestapo distribuyéndolos por todo el mundo. Así se instaló en Bolivia el gestapista Klaus Barbie y llegó a Siria -entonces aliada de EEUU- el SS Alois Brunner.


La CIA utilizó a los nazis durante toda la guerra fría. Hasta que el presidente James Carter ordenó al almirante Stansfield Turner "poner orden" en la agencia y limitar el papel de aquellos agentes. La mayoría de los nazis fueron separados, pero se conservó a los que podían actuar en los países miembros del Pacto de Varsovia. Después de Carter, el presidente Ronald Reagan buscó influir en las «naciones cautivas» de Europa oriental creando un montón de asociaciones para desestabilizar los Estados miembros del Pacto de Varsovia, e incluso la URSS.


Así, de manera totalmente lógica, en 2007, la CIA organizó en Ternopol, Ucrania, un congreso para reunir a los neonazis europeos y los yihadistas del Medio Oriente contra Rusia. Ese encuentro tuvo como copresidentes al nazi ucraniano Dimitro Yarosh y al emir checheno Doku Umarov. Este último, reclamado por INTERPOL, no pudo viajar a Ternopol pero envió un video con su mensaje de apoyo. Después de aquello, neonazis y yihadistas lucharon juntos para imponer el Emirato Islámico de Ichkeria, en lugar de la República de Chechenia.


En 2013, la OTAN entrenó en Polonia a los hombres de Dimitro Yarosh, para utilizarlos después en la operación de «cambio de régimen» montada en Ucrania por Victoria Nuland: la llamada «revolución de la dignidad», también conocida como «EuroMaidan». En aquel momento, la mayoría de los periodistas que estuvieron en la Plaza Maidan notaron la inquietante presencia de aquellos nazis... pero las personalidades occidentales que venían a participar en aquella "revolución", como el "filósofo" francés Bernard-Henri Lévy, no los veían.


En los meses subsiguientes, la presencia de 5 ministros nazis en el gobierno de transición surgido del putsch de Maidan dio lugar a los referéndums de independencia de los oblast de Donetsk y Lugansk. Siguiendo los consejos de los amigos de Joe Biden, el presidente Petro Porochenko organizó a aquellos nazis en unidades militares y los envió a luchar contra los independentistas de Donetsk y Lugansk. Los grupos neonazis estaban financiados por el mafioso ucraniano Igor Kolomoiski –este último era presidente de la comunidad judía ucraniana pero no vaciló en convertir a los matones neonazis en una especie de ejército particular. Posteriormente, combinando sobornos y amenazas, Kolommoiski trató de hacerse con el control de las organizaciones judías europeas, pero ese intento terminó en fracaso.


Para reemplazar a Porochenko en la presidencia de Ucrania, Kolomoiski fabricó un nuevo "político" convirtiéndose en productor de una serie de televisión titulada Servidor del pueblo, cuyo protagonista era un tal Volodimir Zelenski.


Ya como presidente de Ucrania, y con los straussianos de regreso en la Casa Blanca, Zelenski aceptó todas las sugestiones que hacían los discípulos del filósofo alemán. Zelenski erigió monumentos en homenaje a Stepan Bandera, jefe de los colaboradores nazis durante la Segunda Guerra Mundial. En definitiva, Zelenski apoyó la ideología de Bandera, según la cual la población ucraniana tiene dos orígenes -uno escandinavo y protogermánico y otro eslavo- pero sólo los provenientes del primero son verdaderos ucranianos mientras que los otros son "sólo" rusos... "subhumanos". Así que Zelenski promulgó una «Ley sobre los Pueblos Autóctonos» que no reconoce los derechos humanos y las libertades fundamentales a los ucranianos de origen eslavo. Esa ley todavía no ha entrado en aplicación.


Durante 8 años, los grupos nazis han masacrado a los habitantes del Donbass. Alemania y Francia, países garantes de los Acuerdos de Minsk nada hicieron por impedirlo. Hasta la ONU prefirió mirar para otro lado. Durante 8 años esos grupos se desarrollaron, pasando de unos cientos de individuos a miles de soldados.


A pedido de la subsecretaria de Estado Victoria Nuland, el presidente Zelenski nombró al cabecilla nazi Dimitro Yarosh consejero especial del jefe de las fuerzas armadas. Interrogado por los periodistas sobre tal nombramiento, el jefe de las fuerzas armadas, visiblemente incómodo, se negó a comentarlo alegando que era un asunto de «seguridad nacional». Yarosh reorganizó a los neonazis en dos batallones –integrados a las fuerzas armadas– y en grupos urbanos e inició un ataque de gran envergadura contra los oblast separatistas de Donestk y Lugansk, precisamente durante el fin de semana de la Conferencia de Seguridad de Munich, lo cual motivó la operación militar especial de la Federación Rusa.


El 3 de marzo, el batallón nazi Aidar fue derrotado por las fuerzas rusas. El presidente Zelenski nombró entonces al comandante de ese batallón nazi en el puesto de gobernador de Odesa, dándole como misión impedir que las fuerzas rusas abran un corredor entre Crimea y Transnistria.


Todo eso son hechos comprobados e indiscutibles. Se puede estimar que la respuesta de Rusia ha sido desproporcionada y quizás inapropiada pero no es injustificada.


Hay tener muy en cuenta que los pueblos del este de Europa no vivieron la Segunda Guerra Mundial de la misma manera que los europeos de Occidente. En Europa occidental, el nazismo fue una dictadura que arremetió contra las minorías, como los gitanos y los judíos, a los cuales secuestró y exterminó por millones en sus campos de concentración.


Pero el proyecto de los nazis para el este de Europa era muy diferente. Se trataba de "liberar" un «espacio vital» exterminando la población eslava... sin necesidad de crear campos de concentración porque había que matar a todo el mundo. Sólo en la URSS se contabilizaron 27 millones de muertos y la Rusia moderna se construyó en el recuerdo de la Gran Guerra Patria contra el nazismo.


Para los rusos es absolutamente inaceptable portar cruces gamadas y votar leyes raciales.


iL Manifesto


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13 octubre, 2022

The thin red line: NATO can’t afford to lose Kabul and Kiev — Pepe Escobar

 



The Saker – 13/10/2022

[Posted with the author’s permission and widely cross-posted]


Let’s start with Pipelineistan. Nearly seven years ago, I showed how Syria was the ultimate Pipelineistan war.


Damascus had rejected the – American – plan for a Qatar-Turkey gas pipeline, to the benefit of Iran-Iraq-Syria (for which a memorandum of understanding was signed).


What followed was a vicious, concerted "Assad must go" campaign: proxy war as the road to regime change. The toxic dial went exponentially up with the instrumentalization of ISIS – yet another chapter of the war of terror (italics mine). Russia blocked ISIS, thus preventing regime change in Damascus. The Empire of Chaos-favored pipeline bit the dust.


Now the Empire finally exacted payback, blowing up existing pipelines – Nord Stream (NS) and Nord Steam 2 (NS2) – carrying or about to carry Russian gas to a key imperial economic competitor: the EU.


We all know by now that Line B of NS2 has not been bombed, or even punctured, and it’s ready to go. Repairing the other three – punctured – lines would not be a problem: a matter of two months, according to naval engineers. Steel on the Nord Streams is thicker than on modern ships. Gazprom has offered to repair them – as long as Europeans behave like grown-ups and accept strict security conditions.


We all know that’s not going to happen. None of the above is discussed across NATOsan media. That means that Plan A by the usual suspects remains in place: creating a contrived natural gas shortage, leading to the de-industrialization of Europe, all part of the Great Reset, rebranded “The Great Narrative”.


Meanwhile, the EU Muppet Show is discussing the ninth sanction package against Russia. Sweden refuses to share with Russia the results of the dodgy intra-NATO “investigation” of itself on who blew up the Nord Streams.


At Russian Energy Week, President Putin summarized the stark facts.


Europe blames Russia for the reliability of its energy supplies even though it was receiving the entire volume it bought under fixed contracts.


The "orchestrators of the Nord Stream terrorist attacks are those who profit from them".


Repairing Nord Stream strings "would only make sense in the event of continued operation and security".


Buying gas on the spot market will cause a €300 billion loss for Europe.


The rise in energy prices is not due to the Special Military Operation (SMO), but to the West’s own policies.


Yet the Dead Can Dance show must go on. As the EU forbids itself to buy Russian energy, the Brussels Eurocracy skyrockets their debt to the financial casino. The imperial masters laugh all the way to the bank with this form of collectivism – as they continue to profit from using financial markets to pillage and plunder whole nations.


Which bring us to the clincher: the Straussian/neo-con psychos controlling Washington’s foreign policy eventually might – and the operative word is "might" – stop weaponizing Kiev and start negotiations with Moscow only after their main industrial competitors in Europe go bankrupt.


But even that would not be enough – because one of NATO’s key "invisible" mandates is to capitalize, whatever means necessary, on food resources across the Pontic-Caspian steppe: we’re talking about 1 million km2 of food production from Bulgaria all the way to Russia.


Judo in Kharkov


The SMO has swiftly transitioned into a "soft" CTO (Counter-Terrorist Operation) even without an official announcement. The no-nonsense approach of the new overall commander with full carte blanche from the Kremlin, General Surovikin, a.k.a. "Armageddon", speaks for itself.


There are absolutely no indicators whatsoever pointing to a Russian defeat anywhere along the over 1,000 km-long frontline. The spun-to-death withdrawal from Kharkov may have been a masterstroke: the first stage of a judo move that, cloaked in legality, fully developed after the terrorist bombing of Krymskiy Most – the Crimea Bridge.


Let’s look at the retreat from Kharkov as a trap – as in Moscow graphically demonstrating "weakness". That led the Kiev forces – actually their NATO handlers – to gloat about Russia "fleeing", abandon all caution, and go for broke, even embarking on a terror spiral, from the assassination of Darya Dugina to the attempted destruction of Krymskiy Most.


In terms of Global South public opinion, it’s already established that General Armageddon’s Daily Morning Missile Show is a legal (italics mine) response to a terrorist state. Putin may have sacrificed, for a while, a piece on the chessboard – Kharkov: after all, the SMO mandate is not to hold terrain, but to demilitarize Ukraine.


Moscow even won post-Kharkov: all the Ukrainian military equipment accumulated in the area was thrown into offensives, just for the Russian Army to merrily engage in non-stop target practice.


And then there’s the real clincher: Kharkov set in motion a series of moves that allowed Putin to eventually go for checkmate, via the missile-heavy "soft" CTO, reducing the collective West to a bunch of headless chickens.


In parallel, the usual suspects continue to relentlessly spin their new nuclear "narrative". Foreign Minister Lavrov has been forced to repeat ad nauseam that according to Russian nuclear doctrine, a strike may only happen in response to an attack "which endangers the entire existence of the Russian Federation."


The aim of the D.C. psycho killers – in their wild wet dreams – is to provoke Moscow into using tactical nuclear weapons in the battlefield. That was another vector in rushing the timing of the Crimea Bridge terror attack: after all British intel plans had been swirling for months. That all came to nought.


The hysterical Straussian/neocon propaganda machine is frantically, pre-emptively, blaming Putin: he’s "cornered", he’s "losing", he’s "getting desperate" so he’ll launch a nuclear strike.


It’s no wonder the Doomsday Clock set up by the Bulletin of the Atomic Scientists in 1947 is now placed at only 100 seconds from midnight. Right on "Doom’s doorstep".


This is where a bunch of American psychos is leading us.


Life at Doom’s doorstep


As the Empire of Chaos, Lies and Plunder is petrified by the startling Double Fail of a massive economic/military attack, Moscow is systematically preparing for the next military offensive. As it stands, it’s clear that the Anglo-American axis will not negotiate. It has not even tried for the past 8 years, and it’s not about to change course, even incited by an angelic chorus ranging from Elon Musk to Pope Francis.


Instead of going Full Timur, accumulating a pyramid of Ukrainian skulls, Putin has summoned eons of Taoist patience to avoid military solutions. Terror on the Crimea Bridge may have been a game-changer. But the velvet gloves are not totally off: General Armageddon’s daily aerial routine may still be seen as a – relatively polite – warning. Even in his latest landmark speech, which contained a savage indictment of the West, Putin made clear he’s always open for negotiations.


Yet by now, Putin and the Security Council know why the Americans simply can’t negotiate. Ukraine may be just a pawn in their game, but it’s still one of Eurasia’s key geopolitical nodes: whoever controls it, enjoys extra strategic depth.


The Russians are very much aware that the usual suspects are obsessed with blowing up the complex process of Eurasia integration – starting with China’s BRI. No wonder important instances of power in Beijing are “uneasy” with the war. Because that’s very bad for business between China and Europe via several trans-Eurasian corridors.


Putin and the Russian Security Council also know that NATO abandoned Afghanistan – an absolutely miserable failure – to place all their chips on Ukraine. So losing both Kabul and Kiev will be the ultimate mortal blow: that means abandoning the 21st Eurasian Century to the Russia-China-Iran strategic partnership.


Sabotage – from the Nord Streams to Krymskiy Most – gives away the desperation game. NATO’s arsenals are virtually empty. What’s left is a war of terror: the Syrianization, actually ISIS-zation of the battlefield. Managed by braindead NATO, acted on the terrain by a cannon fodder horde sprinkled with mercenaries from at least 34 nations.


So Moscow may be forced to go all the way – as the Totally Unplugged Dmitry Medvedev revealed: now this is about eliminating a terrorist regime, totally dismantle its politico-security apparatus and then facilitate the emergence of a different entity. And if NATO still blocks it, direct clash will be inevitable.


NATO’s thin red line is they can’t afford to lose both Kabul and Kiev. Yet it took two acts of terror – on Pipelineistan and on Crimea – to imprint a much starker, burning red line: Russia will not allow the Empire to control Ukraine, whatever it takes. That’s intrinsically linked to the future of the Greater Eurasia Partnership. Welcome to life at Doom’s doorstep.


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10 octubre, 2022

Misil impacta en la calle Vladimirskaya, donde se ubica la sede principal del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU)

 



Ciudades de Ucrania atacadas con misiles hoy (10/10/2022):

- Kiev

- Dnepropetrovsk

- Kharkiv

- Zaporozhye

- Ternopil

- Odessa

- Krivoy Rog

- Lviv

- Zhitomir

- Rivne

- Nikolaev

- Krapivnitsky

- Kremenchuk

- Konotop


▪️Impactos en objetivos importantes:

- Glavk SBU (Kiev)

- CHPP-5 (Kiev)

- CHPP-6 (Kiev)

- Lviv CHP (Lviv)

- Burshtynska TPP (región de Ivano-Frankivsk)

- Misión de asesoramiento de la UE (Kiev)

- Departamento de los organismos encargados de hacer cumplir la ley (Kiev)


▪️Metro en Kiev y Kharkov detenido


▪️Sin suministro eléctrico en:

- Lviv

- Zhitomir

- Sumy

- Kharkiv

- Khmelnitsky

- Poltava

- Ternopl

- Lutsk

- Rivne


▪️En muchas ciudades de Ucrania hay problemas con el suministro de agua e Internet.


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