LA
HAINE★
-
21/10/2022
Muchos
se sorprendieron al oír al presidente Putin hablar así de los
elementos que mandan en Kiev. La prensa atlantista afirmó incluso
que hablaba como un enfermo mental
Pero
los hechos le dan la razón. Después de los acontecimientos de la
Plaza Maidan, drogadictos como Hunter Biden –hijo del actual
presidente estadounidense Joe Biden– coparon el poder en Kiev y
robaron al pueblo ucraniano los fondos provenientes de sus ventas de
gas, se adoptó una ley racial, se erigieron monumentos que
glorifican al colaborador nazi Stepan Bandera y dos batallones nazis
fueron integrados a las fuerzas armadas ucranianas.
A
falta de información precisa y, sobre todo, confiable sobre las
operaciones en el terreno, en este momento resulta imposible analizar
y entender la estrategia militar de Rusia. Sólo el estado mayor ruso
y, quizás, el de la OTAN tienen esa información. Lo que divulgan
los medios occidentales y el gobierno ucraniano sobre las acciones
del ejército ruso y las fuerzas de Donestk y de Lugansk es
claramente falso e imposible de verificar.
Lo
único cierto es que, por el momento, los combates se limitan al
territorio ucraniano, a pesar de que el conflicto es entre Rusia y
EEUU. La implicación de Ucrania es sólo incidental.
Es
de esperar que Rusia eleve próximamente el tono y lleve el conflicto
a un segundo teatro de operaciones.
Mientras
tanto explicaré lo que el presidente ruso Vladimir Putin quería
decir al caracterizar a las autoridades ucranianas como «una
banda de drogadictos y de neonazis»,
frase que, aunque pueda resultar chocante, está justificada por los
hechos.
Pero,
¿concede Putin demasiada importancia a esos hechos o será que
nosotros, los occidentales, no les damos la importancia que merecen?
«Una
banda de drogadictos»
En
2014, el gobierno del presidente Victor Yanukovich (2010-2014)
trataba de mantener a Ucrania en una posición intermedia entre su
vecino inmediato (Rusia) y su amigo (EEUU). Pero, como dijera el
presidente George Bush hijo: «Quienes
no están con nosotros, están contra nosotros».
Así que los occidentales veían a Yanukovich como «prorruso»,
EEUU lo derrocó mediante un golpe orquestado por la subsecretaria de
Estado estadounidense Victoria Nuland, durante la «revolución
de la dignidad»
de la Plaza Maidan. El régimen que llegó entonces al poder en Kiev
estaba plagado de agitadores profesionales. Se descubrió la
corrupción del equipo de Yanukovich y los "straussianos"
–entre ellos la señora Victoria Nuland– decidieron ganar todavía
más dinero.
El
3 de abril de 2014, uno de los ex consejeros del entonces secretario
de Estado John Kerry, el estafador David Archer, y su compañero de
juerga y de "sniff",
Hunter Biden, hijo del entonces vicepresidente Biden, se reunieron en
Italia –en el Ambrossetti Club, a orillas del lago Como– con el
multimillonario Stephen Schwartman, director del fondo de inversiones
Blackstone (no confundir con Blackrock).
Durante
aquel encuentro, David Archer, se convirtió en miembro del Consejo
de administración de Burisma Holdings, una de las compañías más
importante de Ucrania en el sector del gas natural, cuyo propietario
era objeto en Occidente de acciones judiciales iniciadas por el FBI
estadounidense y el MI5 británico. Los investigadores
estadounidenses y británicos habían comprobado que el propietario
de Burisma Holdings, el oligarca Mykola Zlochevsky –quien había
sido ministro de Recursos Naturales del gobierno de Yanukovich– se
había atribuido ilegalmente licencias para sus compañías
petroleras y gaseras. David Archer se convirtió en cabeza visible de
los negocios del oligarca ucraniano, lo cual le valió ser remunerado
con 83 333 dólares al mes. En el sitio web de Burisma Holdings
apareció inmediatamente una foto de David Archer en la Casa
Blanca... con el entonces vicepresidente Biden.
Posteriormente,
el vicepresidente Biden y sus consejeros Jake Sullivan y Antony
Blinken viajaron a Kiev para prometer al régimen surgido del golpe
de Estado de la Plaza Maidan la ayuda de EEUU y organizar «elecciones
creíbles».
Pero los oblast
de Donestk y Lugansk rechazaron el gobierno provisional instaurado en
Kiev -que incluía 5 ministros nazis. Por vía de referéndum, los
pobladores de Donestk y Lugansk proclamaron la independencia de ambos
oblast.
Al
día siguiente, el 12 de mayo de 2014, Hunter Biden, el hijo
drogadicto de Joe Biden, era incorporado al consejo de administración
de Burisma Holdings. Más tarde, un tercer personaje, Christopher
Heinz, hijastro del secretario de Estado John Kerry, se unió a David
Archer y a Hunter Biden en el consejo de administración de Burisma.
Durante
el segundo semestre de 2014, por instrucciones de David Archer y de
Hunter Biden, Burisma Holdings sobornó con 7 millones de dólares al
fiscal general de Ucrania –nombrado por el nuevo régimen de Petro
Porochenko– para que redactara documentos falsos y cerrara las
acciones judiciales contra la empresa y contra su propietario
oligarca. Existe la grabación de una conversación telefónica donde
se oye al ya presidente ucraniano Petro Porochenko confirmarle al
vicepresidente Biden que el asunto está «arreglado».
O sea, EEUU "recicló" a Porochenko, ex ministro del
«prorruso»
Yanukovich. Más adelante, el fiscal general –decidamente demasiado
goloso– fue apartado del régimen durante una votación del
parlamento provocada por EEUU, la Unión Europea, el FMI y el Banco
Mundial, que querían salvar a la oligarca y ex primera ministro
Yulia Timochenko, pero sin gastar demasiado dinero.
Todos
esos hechos fueron ampliamente publicados en la prensa ucraniana.
Pero son sólo la parte visible del iceberg. Por ejemplo, según el
Wall
Street Journal,
el secretario de Energía estadounidense, Rick Perry, presionó al
presidente Volodimir Zelenski para se deshiciera de los
administradores de la compañía gasera pública Naftogaz y los
sustituyera por otros personajes, como el straussiano estadounidense
Amos Hochstein, hoy Enviado Especial y Coordinador de Asuntos
Energéticos Internacionales de Biden.
En
julio de 2019, el presidente estadounidense Donald Trump solicitó al
presidente ucraniano Volodimir Zelenski que investigara esos casos de
corrupción -incluyendo el del secretario de Energía de su propia
administración. El presidente Zelenski se negó. Cuando Trump lo
presiona un poco más... un funcionario de la inteligencia
estadounidense revela el contenido de aquella conversación y acusa
al presidente Trump de usar a Ucrania para perjudicar a su rival, el
candidato demócrata Biden. El resultado será la apertura en el
Congreso de un procedimiento de destitución contra Trump.
Lo
mínimo que se puede decir es que hay en todo esto numerosos hechos
comprobados de corrupción, hechos cometidos en beneficio de
personalidades ucranianas y estadounidenses, y que, en definitiva,
"desaparecieron" decenas de miles de millones de dólares
que debían haber ido a las arcas de Ucrania, mientras que se
derrumbaba el nivel de vida de los ucranianos de a pie. Todo eso se
hizo a través de testaferros que no saben absolutamente nada sobre
la industria del gas pero que tenían en común su participación,
junto a Hunter Biden, en las fiestas donde este hijo del hoy
presidente de EEUU solía consumir droga. A eso se refería, con toda
razón, el presidente ruso Vladimir Putin.
Desde
el punto de vista europeo, todos hemos podido comprobar, desde hace
un año, que el precio del gas que consumimos se ha multiplicado por
10. Por supuesto, el crecimiento de la demanda es superior al de la
oferta. Pero eso no basta para explicar la magnitud de esa alza del
precio. En realidad, los contratos a largo plazo sobre el suministro
de gas siempre se calculan a precios algo superiores que antes,
mientras que los contratos a corto plazo se han disparado. Lo único
que explica la diferencia es la especulación. Y, precisamente,
Blackstone y los amigos de Biden han sido los primeros en especular
con el gas. Es evidente que sabían que estallaría una crisis con un
país productor.
Lo
anterior permite entender mejor por qué la prensa atlantista se
empeña en restar importancia al caso de Hunter Biden, asunto en el
cual su padre –ahora convertido en presidente de EEUU– está
metido hasta el cuello. En definitiva, lo que está sucediendo en
Ucrania se traduce en un alza adicional de los precios del gas,
siempre en beneficio de los amigos de Biden... y en detrimento de los
europeos.
Hay
que relacionar esos hechos con lo que yo mismo escribía en el
anterior artículo de esta serie. Jake Sullivan, Antony Blinken y
Victoria Nuland –que han orquestado todos estos rejuegos– son
"straussianos", o sea discípulos del filósofo Leo
Strauss, y, como escribía en 1992 el primero de ellos, Paul
Wolfowitz, el primer rival de EEUU es... la Unión Europea, cuyo
desarrollo Washington debe impedir.
En
todo caso, esos hechos son asuntos internos ucranianos y de los
europeos occidentales. Y no justifican una intervención exterior.
«Una
banda de neonazis»
El
presidente ruso Vladimir Putin mencionaba también una banda de
neonazis. Ya no se trata de un grupito de algunas decenas de
individuos sino de varios miles, entre 10.000 y 20.000.
Para
entender hay que recordar que, al final de la Segunda Guerra Mundial,
EEUU y la URSS capturaron numerosos dignatarios nazis y trataron de
obtener la información que tenían esos personajes. Al cabo de 8
meses, los soviéticos los mandaron a sus casas. Pero EEUU se dio a
la tarea de "reciclar" cierto número de nazis.
Todo
el mundo sabe, por ejemplo, que el científico nazi creador de los
V2, Wernher von Braun, acabó convertido en jefe de la NASA, gracias
a la Operación Paperclip. Entre los nazis "reciclados"
mediante la Operación Paperclip también estaba el consejero
especial de Hitler para el Nuevo Orden en Europa, Walter Hallstein,
quien fue después el primer presidente de la Comisión Europea, y el
alpinista Heinrich Harrer, a quien la CIA confió la educación del
Dalai Lama.
Pero
es menos sabido que la CIA "recicló" numerosos miembros de
las SS y policías de la tenebrosa Gestapo distribuyéndolos por todo
el mundo. Así se instaló en Bolivia el gestapista Klaus Barbie y
llegó a Siria -entonces aliada de EEUU- el SS Alois Brunner.
La
CIA utilizó a los nazis durante toda la guerra fría. Hasta que el
presidente James Carter ordenó al almirante Stansfield Turner "poner
orden" en la agencia y limitar el papel de aquellos agentes. La
mayoría de los nazis fueron separados, pero se conservó a los que
podían actuar en los países miembros del Pacto de Varsovia. Después
de Carter, el presidente Ronald Reagan buscó influir en las
«naciones
cautivas»
de Europa oriental creando un montón de asociaciones para
desestabilizar los Estados miembros del Pacto de Varsovia, e incluso
la URSS.
Así,
de manera totalmente lógica, en 2007, la CIA organizó en Ternopol,
Ucrania, un congreso para reunir a los neonazis europeos y los
yihadistas del Medio Oriente contra Rusia. Ese encuentro tuvo como
copresidentes al nazi ucraniano Dimitro Yarosh y al emir checheno
Doku Umarov. Este último, reclamado por INTERPOL, no pudo viajar a
Ternopol pero envió un video con su mensaje de apoyo. Después de
aquello, neonazis y yihadistas lucharon juntos para imponer el
Emirato Islámico de Ichkeria, en lugar de la República de
Chechenia.
En
2013, la OTAN entrenó en Polonia a los hombres de Dimitro Yarosh,
para utilizarlos después en la operación de «cambio
de régimen»
montada en Ucrania por Victoria Nuland: la llamada «revolución
de la dignidad»,
también conocida como «EuroMaidan».
En aquel momento, la mayoría de los periodistas que estuvieron en la
Plaza Maidan notaron la inquietante presencia de aquellos nazis...
pero las personalidades occidentales que venían a participar en
aquella "revolución", como el "filósofo"
francés Bernard-Henri Lévy, no los veían.
En
los meses subsiguientes, la presencia de 5 ministros nazis en el
gobierno de transición surgido del putsch de Maidan dio lugar a los
referéndums de independencia de los oblast de Donetsk y Lugansk.
Siguiendo los consejos de los amigos de Joe Biden, el presidente
Petro Porochenko organizó a aquellos nazis en unidades militares y
los envió a luchar contra los independentistas de Donetsk y Lugansk.
Los grupos neonazis estaban financiados por el mafioso ucraniano Igor
Kolomoiski –este último era presidente de la comunidad judía
ucraniana pero no vaciló en convertir a los matones neonazis en una
especie de ejército particular. Posteriormente, combinando sobornos
y amenazas, Kolommoiski trató de hacerse con el control de las
organizaciones judías europeas, pero ese intento terminó en
fracaso.
Para
reemplazar a Porochenko en la presidencia de Ucrania, Kolomoiski
fabricó un nuevo "político" convirtiéndose en productor
de una serie de televisión titulada Servidor
del pueblo,
cuyo protagonista era un tal Volodimir Zelenski.
Ya
como presidente de Ucrania, y con los straussianos de regreso en la
Casa Blanca, Zelenski aceptó todas las sugestiones que hacían los
discípulos del filósofo alemán. Zelenski erigió monumentos en
homenaje a Stepan Bandera, jefe de los colaboradores nazis durante la
Segunda Guerra Mundial. En definitiva, Zelenski apoyó la ideología
de Bandera, según la cual la población ucraniana tiene dos orígenes
-uno escandinavo y protogermánico y otro eslavo- pero sólo los
provenientes del primero son verdaderos ucranianos mientras que los
otros son "sólo" rusos... "subhumanos". Así que
Zelenski promulgó una «Ley
sobre los Pueblos Autóctonos»
que no reconoce los derechos humanos y las libertades fundamentales a
los ucranianos de origen eslavo. Esa ley todavía no ha entrado en
aplicación.
Durante
8 años, los grupos nazis han masacrado a los habitantes del Donbass.
Alemania y Francia, países garantes de los Acuerdos de Minsk nada
hicieron por impedirlo. Hasta la ONU prefirió mirar para otro lado.
Durante 8 años esos grupos se desarrollaron, pasando de unos cientos
de individuos a miles de soldados.
A
pedido de la subsecretaria de Estado Victoria Nuland, el presidente
Zelenski nombró al cabecilla nazi Dimitro Yarosh consejero especial
del jefe de las fuerzas armadas. Interrogado por los periodistas
sobre tal nombramiento, el jefe de las fuerzas armadas, visiblemente
incómodo, se negó a comentarlo alegando que era un asunto de
«seguridad
nacional».
Yarosh reorganizó a los neonazis en dos batallones –integrados a
las fuerzas armadas– y en grupos urbanos e inició un ataque de
gran envergadura contra los oblast separatistas de Donestk y Lugansk,
precisamente durante el fin de semana de la Conferencia de Seguridad
de Munich, lo cual motivó la operación militar especial de la
Federación Rusa.
El
3 de marzo, el batallón nazi Aidar fue derrotado por las fuerzas
rusas. El presidente Zelenski nombró entonces al comandante de ese
batallón nazi en el puesto de gobernador de Odesa, dándole como
misión impedir que las fuerzas rusas abran un corredor entre Crimea
y Transnistria.
Todo
eso son hechos comprobados e indiscutibles. Se puede estimar que la
respuesta de Rusia ha sido desproporcionada y quizás inapropiada
pero no es injustificada.
Hay
tener muy en cuenta que los pueblos del este de Europa no vivieron la
Segunda Guerra Mundial de la misma manera que los europeos de
Occidente. En Europa occidental, el nazismo fue una dictadura que
arremetió contra las minorías, como los gitanos y los judíos, a
los cuales secuestró y exterminó por millones en sus campos de
concentración.
Pero
el proyecto de los nazis para el este de Europa era muy diferente. Se
trataba de "liberar" un «espacio
vital»
exterminando la población eslava... sin necesidad de crear campos de
concentración porque había que matar a todo el mundo. Sólo en la
URSS se contabilizaron 27 millones de muertos y la Rusia moderna se
construyó en el recuerdo de la Gran Guerra Patria contra el nazismo.
Para
los rusos es absolutamente inaceptable portar cruces gamadas y votar
leyes raciales.
iL
Manifesto
★