02 junio, 2024
15 diciembre, 2023
03 diciembre, 2023
Por qué Occidente apoya el genocidio de Gaza — Kevin Barrett
Kolozeg,Org – 12/02/2023
Traducción del inglés: Arrezafe
Incluso expertos israelíes lo denominan “un genocidio de manual”. Esas son las palabras exactas de Raz Siegal, historiador israelí y profesor de estudios del Holocausto en la Universidad de Stockton. El 16 de octubre, Siegal dijo a Democracy Now:
"Hemos de entender que la Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, de 1948, requiere de ciertos requisitos para que se de un genocidio. Citando la convención: la intención de destruir a un grupo definido como racial, étnico, religioso o nacional como tal, es decir, de forma colectiva, no sólo de forma individual. Dicha intención, es plenamente manifiesta por parte de los políticos y oficiales del ejército israelíes desde el 7 de octubre. La hemos escuchado en boca del presidente Israel. Es bien conocido lo que dijo el Ministro de Defensa, Yoav Gallant, el 9 de octubre, declarando la imposición de un asedio total a Gaza, cortando el agua, los alimentos y el combustible, afirmando que "estamos luchando contra animales humanos" y reaccionando "en consecuencia". También dijo que “lo eliminaremos todo”. Sabemos que el portavoz del ejército israelí, Daniel Hagari, por ejemplo, reconoció la destrucción indiscriminada y afirmo explícitamente que: “Ponemos el énfasis en el daño, no en la precisión”. Así pues, estamos viendo la deliberada intención con absoluta claridad".
Y no son sólo los israelíes los culpables. Los líderes de los países occidentales han dado su respaldo total al Holocausto de Gaza. El sábado 7 de octubre, mientras tanques, misiles y helicópteros artillados israelíes asesinaban en masa a cientos de prisioneros civiles israelíes junto a docenas de sus captores de Hamas, el presidente estadounidense Joe Biden condenó como "desmedidos" los "espantosos ataques terroristas" y alentó a lo que se convertiría en una "represalia" genocida israelí.
En realidad, los terroristas del 7 de octubre fueron los israelíes, no Hamas. Las únicas masacres masivas de civiles ese día fueron llevadas a cabo por las Fuerzas de Defensa de Israel. Los valientes combatientes de Hamás tenían órdenes estrictas de atacar objetivos militares israelíes e intentar capturar rehenes militares, siendo la toma de rehenes civiles una opción secundaria o último recurso. No hubo órdenes de Hamás de matar a civiles desarmados, y los rehenes israelíes supervivientes han hablado de la amabilidad y generosidad de sus captores de Hamás.
Los medios occidentales de propiedad sionista comenzaron inmediatamente a difundir escandalosas mentiras deliberadamente urdidas para incitar al genocidio. (Todos los periodistas responsables de propagar dichas mentiras deberían algún día ser juzgados, condenados y ejecutados).
Los propagandistas del genocidio sionista deliraban sobre 40 bebés supuestamente decapitandos, horneando a bebés, arrancando ojos, mutilando senos, violando mujeres, mutilando cadáveres, esparciendo cianuro, y así sucesivamente. Todo ello mentira, falso. Cuando Joe Biden respaldó el fraude de los bebés decapitados, afirmando que había visto los cuerpos, se autoincriminó sellando su destino como incitador al genocidio que debería ser ejecutado en el improbable caso de que viva lo suficiente como para afrontar a un juicio.
Lo que realmente ocurrió el 7 de octubre estaba razonablemente claro incluso entonces, y desde entonces se ha vuelto innegable. Hamás logró lo que Scott Ritter ha llamado "la operación militar más brillante de este siglo":
"Hamás neutralizó efectivamente a los alardeados servicios de inteligencia de Israel, cegándolos ante la posibilidad de un ataque de este alcance y escala... (luego) Hamás derrotó a los soldados israelíes estacionados a lo largo del muro en una lucha cuerpo a cuerpo. Dos batallones de la Brigada Golani fueron derrotados, al igual que elementos de otras alardeadas unidades de las FDI.
Hamás atacó el cuartel general de la División de Gaza, el centro de inteligencia local y otras importantes instalaciones de mando y control con brutal precisión, convirtiendo lo que debería haber sido un tiempo de respuesta de cinco minutos en muchas horas: tiempo más que suficiente para que Hamás llevara a cabo una de sus principales objetivos: la toma de rehenes. Lo hicieron con extrema habilidad y regresaron a Gaza con más de 230 soldados y civiles israelíes".
Los combatientes de Hamas mataron a unos 600 soldados israelíes durante las primeras 24 horas, un total que “incluía a muchos de los oficiales más elitistas de Israel, entre ellos decenas de coroneles y mayores”. Después de que Hamás derrotara repetidamente al ejército israelí en combates y capturara a cientos de prisioneros israelíes, los sionistas entraron en pánico e invocaron la Directiva Aníbal, según la cual se utiliza armamento pesado para eliminar tanto a los secuestradores como a los rehenes. Según un oficial de la Fuerza Aérea de Israel que participó en el asesinato en masa de cientos de civiles israelíes junto con sus captores de Hamas, los comandantes sionistas de alto nivel ordenaron “Hanibal en masa”. En otras palabras, ordenaron deliberadamente la masacre masiva de cientos de sus propios civiles para evitar que se convirtieran en rehenes y agravaran los problemas políticos de Israel. Si no lo hubieran hecho, Hamás habría regresado a Gaza con hasta 700 prisioneros, en lugar de 250.
Luego, Israel utilizó fotografías de la matanza que ellos mismos habían infligido (utilizando helicópteros artillados, tanques y cohetes) y culpó de ello a Hamás. Incluso una mirada superficial a las fotografías de los edificios devastados del kibutz, los edificios volados en el festival de música y la gran variedad de automóviles destrozados, deja claro que la mayor parte del daño no fue causado por el fuego de armas pequeñas de Hamás, sino por la intervención de Israel con armamento pesado. ¡Sin embargo, los desvergonzados sionistas, asesinos en masa de su propio pueblo, tuvieron el descaro de culpar a los valientes y éticos soldados de Hamás por sus propios crímenes!
Occidente alienta el genocidio
El 8 de octubre pude corroborar, como cualquier otra persona con ojos, que las imágenes procedentes de Israel mostraban que fueron los israelíes, no Hamás, los responsables de la muerte de cientos de civiles. La Administración Biden y su cotidiano informe de la CIA deben haber sabido lo mismo, con mayor certeza y detalle. Sin embargo, en lugar de utilizar su conocimiento de la verdad para frenar el impulso asesino de Israel hacia una venganza a escala bíblica, Joe Biden apareció en televisión y declaró haber visto las fotos de los, supuestamente, 40 bebés israelíes decapitados por Hamás.
Todo lo que hizo la Administración Biden, casi enteramente judía, estaba calculado para alentar a Israel a emprender un genocidio. Y todos los demás líderes occidentales aceptaron, por activa o por pasiva, dicho plan.
Una vez que comenzaron los exterminadores bombardeos en Gaza, asesinando a miles de mujeres y niños, ¿revirtieron esos líderes occidentales su rumbo y exigieron que Israel se detuviera? Por supuesto que no.
Anthony Blinken, primero en volar a Tel Aviv en medio del bombardeo, dejó escapar que su lealtad preeminente era hacia la entidad genocida, anunciando que fue a Tel Aviv, "no sólo como Secretario de Estado de los Estados Unidos, sino también como judío". (Elimine la palabra 'sólo' y 'también' de esa oración para comprender su significado real).
Joe Biden aterrizó en Tel Aviv para estampar su sello de aprobación al genocidio. Lo mismo hicieron el primer ministro británico, Rishi Sunak, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Olaf Scholz, quienes describieron a Hamás como “los nuevos nazis”, de acuerdo a Netanyahu. Las potencias occidentales de segundo nivel, como Austria y Checoslovaquia, también enviaron a sus líderes a besar el apestoso trasero de Netanyahu y respaldar el Holocausto de Gaza.
¿Por qué toda la clase dirigente de Occidente ha estado trastornada, compitiendo para ver quién puede situarse a la cabeza de los genocidas criminales de guerra? ¿No ven que la mayoría global está consternada por las masivas atrocidades sionistas y situada del lado de Palestina? ¿No se dan cuenta de que Occidente está acelerando su propia desaparición y asegurando el surgimiento de un nuevo orden mundial al socavar su pretendida preocupación por el derecho internacional y los derechos humanos?
Se han propuesto varias posibles razones para la posición unánime de Occidente a favor del genocidio. Algunos dicen que Occidente es incorregiblemente racista y simplemente no le importan las muertes de personas de color, especialmente musulmanes. Añaden que el hegemón indiscutible de Occidente, Estados Unidos, se fundó sobre la base de un genocidio al estilo del Antiguo Testamento, y que los ex protestantes de Washington DC, ahora judíos defensores de la Biblia, comparten el ansia vengativa de Netanyahu por el exterminio bíblico de los "Amalek" (es decir, los designados como enemigos raciales de los judíos y/o americanos).
Otra posible explicación invoca la realpolitik. El centro imperial estadounidense domina cada vez más Occidente (la destrucción de Nordstream por la guerra en Ucrania castró a Europa), pero está perdiendo terreno en otros lugares. La aplastante derrota de Israel por parte de Hamas el 7 de octubre asestó un poderoso golpe no sólo al sionismo, sino a todo el imperio anglosionista. El “minyan” (gabinete judío-sionista) de Biden entró en pánico y se apresuró a respaldar el genocidio israelí, no por un cálculo sobrio, sino por la misma razón por la que una rata rabiosa, cuando está acorralada, ataca sin instintivamente. Esta gente sabe que los días del imperio estadounidense y de la entidad sionista están contados, y eso los vuelve locos. Ven que cada día los países en ascenso, liderados por China, Rusia e Irán, se vuelven más fuertes, mientras que Estados Unidos y sus vasallos europeos se debilitan. Aterrorizados, se dan cuenta de que si va a llegar la guerra, cuanto antes mejor, porque cada día disminuyen las posibilidades de Occidente de ganarla. Para luego comprender, aún más aterrorizados, que ya es demasiado tarde. Por eso descargan su iracunda frustración contra las mujeres y niños de Gaza.
Otra explicación basada en la realpolitik implica la posibilidad de que los líderes estadounidenses, o al menos la facción neoconservadora más extrema, dieran la bienvenida a una guerra total con Irán y el Eje de Resistencia, una guerra que aproxima cada día adicional de genocidio. Aunque una guerra de tal índole corre el riesgo de desembocar en una Tercera Guerra Mundial y la implosión de la civilización, y que, como mínimo, provocaría decenas o cientos de miles de bajas israelíes y estadounidenses, al menos proporcionaría una distracción ante la inminente derrota estadounidense en Ucrania. Además, una guerra masiva en Asia occidental reduciría la región al caos y retrasaría el plan de la Franja y la Ruta de China una década o dos, prolongando así la ilusión imperial estadounidense manteniéndola con vida durante unos años más. (China construye, Estados Unidos destruye, por lo que maximizar la destrucción prolonga la agonía imperial estadounidense).
Sin embargo, finalmente la mejor explicación de la posición pro genocidio de los líderes occidentales tiene que ver con el papel de los medios de comunicación. El libro de Allan Thompson (ed.) The Media and the Rwanda Genocide muestra que más de medio millón de ruandeses fueron masacrados en 1994, la mayoría asesinados a machetazos, principalmente debido a la incitación de los medios. Al dominar la formación de la opinión pública, los medios de comunicación ruandeses, especialmente la radio, crearon una burbuja progenocidio que cobró vida propia. Específicamente, al difundir mentiras escandalosas que deshumanizaron al grupo objetivo, tanto los medios impresos como los audiovisuales orquestaron deliberadamente el asesinato en masa de hasta 700.000 personas.
Esto es exactamente lo que han hecho los principales medios de comunicación occidentales al incitar al genocidio de Gaza. Las mentiras antes mencionadas sobre bebés decapitados y asados, globos oculares arrancados, pelvis rotas y otras sangrientas invenciones de la fecunda imaginación sionista sadomasoquista, fueron utilizadas deliberadamente para provocar verdaderos asesinatos en masa y mutilaciones de palestinos.
Al participar con entusiasmo en el genocidio de Gaza, Occidente, empezando por sus medios de comunicación y sus élites políticas, se ha desacreditado por completo a los ojos del mundo. La era de la hegemonía occidental está llegando a su fin. La mayoría de la población de la Tierra ahora puede ver que cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa, sería mejor que permitir que estos monstruos genocidas sigan dominando este planeta.
Los criminales de guerra han sellado el destino de su supuesta civilización y han condenado sus propias almas al fuego eterno de la historia. Espero vivir lo suficiente, insha'allah, para verlos a todos, hasta el último de ellos, arrastrados a Beijing, Moscú o Teherán, juzgados por sus crímenes contra la humanidad y conducidos a la horca.
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30 julio, 2023
¿Morderá Duda el anzuelo?
Biden llamó a Duda y le dijo que la OTAN acudiría rápidamente a su rescate en caso de un ataque del grupo Wagner.... (risas...) Oh Biden, Biden, Biden, viejo ruín. Creo que este anciano se divierte quemando países. Recuerden que le hizo similares promesas a Zelenski, y Ucrania ha sido reducida a un montón de escombros. Duda es estúpido, sin duda, pero ¿morderá realmente el anzuelo?
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11 febrero, 2023
El caso Biden-Kolomoiski — Thierry Meyssan
Voltaire.net.org. - 07/02/2023
Por fin reacciona la administración Biden ante los escándalos surgidos de la computadora del hijo del presidente, Hunter Biden. Este bueno para nada, célebre sobre todo por sus correrías como drogadicto y proxeneta, llegó a convertirse en administrador de una gran compañía –Burisma Holdings– dedicada a la extracción de gas natural en Ucrania, actividad sobre la cual Hunter Biden no sabe absolutamente nada. Este hijo del presidente estadounidense Joe Biden fue utilizado como testaferro y firmó todo tipo de grandes contratos en diferentes países, a los que viajaba en aviones oficiales del gobierno de Estados Unidos. Ahora, desde la Casa Blanca, su padre presidente inicia una operación tendiente a enterrar esos escándalos, que incluso lo han obligado a emprender una especie de “limpieza” en el gobierno ucraniano.
Con el paso de los meses, los electores estadounidenses se alejan más y más del presidente Joe Biden. Muchos de los que votaron por él ahora dicen en los sondeos de opinión que se arrepienten de haberle dado su voto. Algunos aseguran incluso que si hubiesen tenido conocimiento de los escándalos que rodean a su hijo, Hunter Biden, nunca habrían confiado en Joe Biden para dirigir el país.
Durante la campaña previa a la última elección presidencial estadounidense, el Partido Republicano recurrió a la Comisión Electoral Federal porque las redes sociales Twitter y Facebook estaban censurando miles de cuentas que mencionaban las revelaciones del New York Post sobre el contenido de la computadora de Hunter Biden [1]. La Comisión Electoral Federal desechó la reclamación del Partido Republicano. Pero los Twitter Files, divulgados por el nuevo dueño de la red social, Elon Musk, demuestran detalladamente cómo el FBI y una agencia de inteligencia –probablemente la CIA– recurrieron a los responsables de Twitter y de Facebook para que censurar la información.
En algún momento yo mismo expresé a través de este sitio web mi sorpresa ante el hecho que el hijo de un vicepresidente estadounidense, el hoy presidente, pudiese viajar por todo el mundo en aviones oficiales dando así la impresión de ser un enviado gubernamental, cuando en realidad era sólo un drogadicto [2]. En mi opinión, ese abuso de poder es un síntoma de la decadencia del imperio estadounidense.
En todo caso, la nueva mayoría republicana en la Cámara de Representantes tiene intenciones de abrir toda una serie de investigaciones, principalmente sobre la implicación del propio Joe Biden en los turbios negocios de su hijo Hunter. Si esas investigaciones llegaran a prosperar es evidente que podrían dar lugar a un pedido de destitución (impeachment) contra el presidente Joe Biden.
Es importante recordar que, siendo Joe Biden vicepresidente –durante los 2 mandatos presidenciales de Barack Obama–, el fiscal general de Ucrania fue sobornado con 7 millones de dólares para que no metiera las narices en los asuntos de Burisma Holdings, empresa que reclutó a Hunter Biden como administrador. Posteriormente, aquel mismo fiscal –aparentemente ya demasiado “goloso”– fue expulsado del parlamento ucraniano, como resultado de presiones de Estados Unidos, la Unión Europea, el FMI y el Banco Mundial, que querían salvar así, a “bajo costo”, al propietario de Burisma y a la ex primer ministro Yulia Timochenko.
En Estados Unidos, país eminentemente puritano, la opinión pública se interesó inicialmente en el hecho que Hunter Biden solía contratar prostitutas y en su adicción por las drogas… antes de darse cuenta de que sus manejos sucios financieros eran mucho más importantes.
A partir de aquel momento, el caso de Hunter Biden, hasta entonces escamoteado por 3 altos responsables de la llamada “comunidad de inteligencia” estadounidense, que cataloga todo el asunto como «desinformación rusa» [3], se volvió un problema capaz de causar grandes estragos.
Ahora, ya resulta extremadamente difícil seguir negando los hechos, al extremo que la universidad de Harvard acaba de anunciar el cierre de su Technology and Social Change Project, estructura que constantemente negó la existencia de la hoy famosa computadora de Hunter Biden, afirmando que se trataba sólo de una fake news [4].
Hasta ahora, los ciudadanos que daban importancia a este escándalo eran considerados simples «conspiracionistas» o «complotistas», adeptos de la «extrema derecha» del ex presidente Trump y lectores de medios de prensa no recomendables mientras se daba a entender que la clase dirigente, al contrario, había sido capaz ver que todo era sólo un «rumor popular», una simple fake news. Había dos bandos: el de los lectores del New York Post –la publicación que reveló el escándalo [5]– y el de los lectores del New York Times, que siempre negó todo.
Entre los numerosos manejos financieros del hijo de Joe Biden, hay dos que llaman singularmente la atención. El primero tiene que ver con un supuesto espía chino y podría indicar la existencia de un tráfico de influencia al servicio de una potencia extranjera. El segundo está vinculado a las actividades de Hunter Biden en Ucrania, principalmente con su nominación –junto a su compinche Devon Archer, quien siendo estudiante universitario vivió con Christopher Heinz, el hijastro del ex secretario de Estado John Kerry– como miembro del consejo de administración de Burisma Holdings, empresa dedicada a los hidrocarburos. Ese es el grupo al que el presidente ruso Vladimir Putin se refería como una «banda de drogadictos y de neonazis» [6], cuando explicó el envío de las fuerzas armadas rusas a poner fin a la guerra civil en Ucrania, en aplicación de la resolución 2202 del Consejo de Seguridad de la ONU.
Esta semana, dos acontecimientos, aparentemente no vinculados entre sí, han venido a modificar el panorama. Es posible que hayan sido montados por, o en colaboración con, David Brock, el especialista de la propaganda que el candidato Joe Biden contrató en 2016 para utilizarlo contra el presidente Trump. David Brock estuvo un tiempo fuera del escenario, por problemas de salud, pero ahora está de regreso [7].
Hunter Biden ha contratado a Abbe Lowell, uno de los abogados más famosos de Estados Unidos. Y Lowell ha solicitado que se abra una investigación penal contra todas las personas que tuvieron algún papel en la divulgación del contenido de la famosa laptop de su cliente. Entre esas personas están el ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, y el ex consejero presidencial de Donald Trump, Steve Bannon. El abogado de Hunter Biden estima que esas personas violaron la vida privada de su cliente y les ha enviado correos electrónicos donde las conmina a retractarse de las conclusiones que sacaron de la difusión del contenido de la laptop, o sea a enterrar el asunto.
Al mismo tiempo, una delegación estadounidense de funcionarios del Departamento de Estado, del Departamento de Defensa y de la USAID viajó a Ucrania para "aconsejar" al gobierno de Zelenski "limpiar" un poco el establo [8].
Oficialmente, el objetivo de la delegación estadounidense sería velar por que los fondos que Washington tan generosamente entrega a Kiev no sean malversados por funcionarios corruptos. Pero en realidad se trata de eliminar los peones que se han convertido en molestias, sin tocar a los otros.
A eso se debe la serie de 14 dimisiones que se reportó en Ucrania, en sólo 2 días. Abandonaron sus cargos 5 gobernadores regionales –Valentin Reznitchenko (Dnipropetrovsk), Oleksandre Starukh (Zaporiyia), Dimitro Jivitski (Sumy), Yaroslav Yanuchevich (Jerson) y Oleksii Kuleba (Kiev)–, 4 viceministros –entre ellos el viceministro de Defensa Viacheslav Chapovalov y el de Infraestructuras Vasil Lozinski– y 2 responsables de una agencia gubernamental, además del jefe adjunto de la administración presidencial, Kirilo Timochenko, y del fiscal general adjunto, Oleksiy Simonenko.
Los medios occidentales reportaron fielmente ese inicio de "limpieza". Pero muy pocos hablaron de lo que vino después, aunque es mucho más importante. Unidades del SBU realizaron un registro en el domicilio del oligarca Ihor Kolomoiski, quien en su momento financió simultáneamente al hoy presidente ucraniano Volodimir Zelenski y a los nacionalistas integristas, herederos de los colaboradores ucranianos de los nazis. Además, Kolomoiski era precisamente el dueño de… Burisma, empresa que compró a Mikola Zlochevskii… en 2011, o sea antes de que Hunter Biden se convirtiera en miembro de su consejo de administración. Por supuesto, el artículo del Anticorruption Action Center sobre el cambio de dueño de Burisma fue retirado hace mucho tiempo de su sitio web [9].
La detención del mafioso Ihor Kolomoiski elimina las huellas de numerosos problemas. Kolomoiski es el testigo clave que pudiera vincular al presidente Zelenski con los nacionalistas integristas. En otras palabras Kolomoiski puede demostrar la relación existente entre el supuesto defensor ucraniano de la democracia y las fuerzas antidemocráticas, entre una personalidad de origen judío y los herederos de una corriente ideológica ucraniana que se destacó masacrando judíos antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Para los “Hombres del Presidente”, Kolomoiski es además el principal personaje ucraniano capaz de demostrar la corrupción de Hunter Biden, y posiblemente la del propio Joe Biden.
Vale la pena recordar que en 2019 el secretario de Energía de Estados Unidos, Rick Perry, al parecer informó a Rudy Giuliani de las confidencias que el propio Zelenski le hizo sobre Hunter Biden, durante su investidura [10]. El presidente Donald Trump solicitó entonces a los ucranianos información sobre los resultados de sus investigaciones. Pero la solicitud fue dada a conocer, el presidente Trump fue acusado de actuar por venganza y la mayoría demócrata en el Congreso lanzó contra él un nuevo procedimiento para destituirlo.
El caso de Hunter Biden es como un armario lleno de gavetas. Washington está tratando de "enterrar" el papel de Hunter Biden en Burisma. Pero también tendrá que "echar tierra" a las actividades de los biolaboratorios estadounidenses en Ucrania, instalaciones que operaban a través de Rosemont Seneca Technology Partners (RSTP), una de las firmas que Hunter Biden había creado junto a Christopher Heinz, el hijastro del ex secretario de Estado de la segunda administración Obama y hoy enviado especial del presidente Joe Biden para el clima, John Kerry [11].
Notas
[1] «Republican National Committe Letter to the Federal Election Commission», 16 de octubre de 2020.
[2] «Decadencia del Imperio estadounidense», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 6 de septiembre de 2022.
[3] “Public Statement on the Hunter Biden Emails”, Voltaire Network, 19 de octubre de 2020.
[4] “Harvard pulls the plug on disinformation research project led by Hunter Biden laptop skeptic”, Yael Halon, Fox News, 3 de febrero de 2023; “Harvard shuts down ‘misinformation’ research program and cuts ties with director who was skeptical of Hunter Biden laptop story (but claims it was for ‘bureaucratic reasons’)”, Will Potter, Daily Mail, 3 de febrero de 2023.
[5] “Smoking-gun email reveals how Hunter Biden introduced Ukrainian businessman to VP dad”, Emma-Jo Morris y Gabrielle Fonrouge; “WH press secretary locked out of Twitter for sharing Post’s Hunter Biden story”, Steven Nelson, New York Post, 4 de octubre de 2020.
[6] «“Banda de drogadictos y de neonazis”», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 6 de marzo de 2022.
[7] «David Brock, le spécialiste d’agit-prop des Clinton, au secours des Biden», Réseau Voltaire, 30 de noviembre de 2022.
[8] “Defense, State, and USAID Inspectors General Visit Kyiv”, Department of Defense Office of Inspector General, 31 de enero de 2023.
[9] “Kings of Ukrainian Gas”, Anticorruption Action Center, 26 de agosto de 2012.
[10] “WSJ News Exclusive”, Timothy Puko y Rebecca Ballhaus, 16 de octubre de 2019, The Wall Street Journal.
[11] “Hunter Biden Bio Firm Partnered With Ukrainian Researchers ‘Isolating Deadly Pathogens’ Using Funds From Obama’s Defense Department”, Natalie Winters y Raheem J. Kassam, The National Pulse, 24 de marzo de 2022.
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21 octubre, 2022
"Banda de drogadictos y de neonazis" — Manlio Dinucci
LA HAINE★ - 21/10/2022
Muchos se sorprendieron al oír al presidente Putin hablar así de los elementos que mandan en Kiev. La prensa atlantista afirmó incluso que hablaba como un enfermo mental
Pero los hechos le dan la razón. Después de los acontecimientos de la Plaza Maidan, drogadictos como Hunter Biden –hijo del actual presidente estadounidense Joe Biden– coparon el poder en Kiev y robaron al pueblo ucraniano los fondos provenientes de sus ventas de gas, se adoptó una ley racial, se erigieron monumentos que glorifican al colaborador nazi Stepan Bandera y dos batallones nazis fueron integrados a las fuerzas armadas ucranianas.
A falta de información precisa y, sobre todo, confiable sobre las operaciones en el terreno, en este momento resulta imposible analizar y entender la estrategia militar de Rusia. Sólo el estado mayor ruso y, quizás, el de la OTAN tienen esa información. Lo que divulgan los medios occidentales y el gobierno ucraniano sobre las acciones del ejército ruso y las fuerzas de Donestk y de Lugansk es claramente falso e imposible de verificar.
Lo único cierto es que, por el momento, los combates se limitan al territorio ucraniano, a pesar de que el conflicto es entre Rusia y EEUU. La implicación de Ucrania es sólo incidental.
Es de esperar que Rusia eleve próximamente el tono y lleve el conflicto a un segundo teatro de operaciones.
Mientras tanto explicaré lo que el presidente ruso Vladimir Putin quería decir al caracterizar a las autoridades ucranianas como «una banda de drogadictos y de neonazis», frase que, aunque pueda resultar chocante, está justificada por los hechos.
Pero, ¿concede Putin demasiada importancia a esos hechos o será que nosotros, los occidentales, no les damos la importancia que merecen?
«Una banda de drogadictos»
En 2014, el gobierno del presidente Victor Yanukovich (2010-2014) trataba de mantener a Ucrania en una posición intermedia entre su vecino inmediato (Rusia) y su amigo (EEUU). Pero, como dijera el presidente George Bush hijo: «Quienes no están con nosotros, están contra nosotros». Así que los occidentales veían a Yanukovich como «prorruso», EEUU lo derrocó mediante un golpe orquestado por la subsecretaria de Estado estadounidense Victoria Nuland, durante la «revolución de la dignidad» de la Plaza Maidan. El régimen que llegó entonces al poder en Kiev estaba plagado de agitadores profesionales. Se descubrió la corrupción del equipo de Yanukovich y los "straussianos" –entre ellos la señora Victoria Nuland– decidieron ganar todavía más dinero.
El 3 de abril de 2014, uno de los ex consejeros del entonces secretario de Estado John Kerry, el estafador David Archer, y su compañero de juerga y de "sniff", Hunter Biden, hijo del entonces vicepresidente Biden, se reunieron en Italia –en el Ambrossetti Club, a orillas del lago Como– con el multimillonario Stephen Schwartman, director del fondo de inversiones Blackstone (no confundir con Blackrock).
Durante aquel encuentro, David Archer, se convirtió en miembro del Consejo de administración de Burisma Holdings, una de las compañías más importante de Ucrania en el sector del gas natural, cuyo propietario era objeto en Occidente de acciones judiciales iniciadas por el FBI estadounidense y el MI5 británico. Los investigadores estadounidenses y británicos habían comprobado que el propietario de Burisma Holdings, el oligarca Mykola Zlochevsky –quien había sido ministro de Recursos Naturales del gobierno de Yanukovich– se había atribuido ilegalmente licencias para sus compañías petroleras y gaseras. David Archer se convirtió en cabeza visible de los negocios del oligarca ucraniano, lo cual le valió ser remunerado con 83 333 dólares al mes. En el sitio web de Burisma Holdings apareció inmediatamente una foto de David Archer en la Casa Blanca... con el entonces vicepresidente Biden.
Posteriormente, el vicepresidente Biden y sus consejeros Jake Sullivan y Antony Blinken viajaron a Kiev para prometer al régimen surgido del golpe de Estado de la Plaza Maidan la ayuda de EEUU y organizar «elecciones creíbles». Pero los oblast de Donestk y Lugansk rechazaron el gobierno provisional instaurado en Kiev -que incluía 5 ministros nazis. Por vía de referéndum, los pobladores de Donestk y Lugansk proclamaron la independencia de ambos oblast.
Al día siguiente, el 12 de mayo de 2014, Hunter Biden, el hijo drogadicto de Joe Biden, era incorporado al consejo de administración de Burisma Holdings. Más tarde, un tercer personaje, Christopher Heinz, hijastro del secretario de Estado John Kerry, se unió a David Archer y a Hunter Biden en el consejo de administración de Burisma.
Durante el segundo semestre de 2014, por instrucciones de David Archer y de Hunter Biden, Burisma Holdings sobornó con 7 millones de dólares al fiscal general de Ucrania –nombrado por el nuevo régimen de Petro Porochenko– para que redactara documentos falsos y cerrara las acciones judiciales contra la empresa y contra su propietario oligarca. Existe la grabación de una conversación telefónica donde se oye al ya presidente ucraniano Petro Porochenko confirmarle al vicepresidente Biden que el asunto está «arreglado». O sea, EEUU "recicló" a Porochenko, ex ministro del «prorruso» Yanukovich. Más adelante, el fiscal general –decidamente demasiado goloso– fue apartado del régimen durante una votación del parlamento provocada por EEUU, la Unión Europea, el FMI y el Banco Mundial, que querían salvar a la oligarca y ex primera ministro Yulia Timochenko, pero sin gastar demasiado dinero.
Todos esos hechos fueron ampliamente publicados en la prensa ucraniana. Pero son sólo la parte visible del iceberg. Por ejemplo, según el Wall Street Journal, el secretario de Energía estadounidense, Rick Perry, presionó al presidente Volodimir Zelenski para se deshiciera de los administradores de la compañía gasera pública Naftogaz y los sustituyera por otros personajes, como el straussiano estadounidense Amos Hochstein, hoy Enviado Especial y Coordinador de Asuntos Energéticos Internacionales de Biden.
En julio de 2019, el presidente estadounidense Donald Trump solicitó al presidente ucraniano Volodimir Zelenski que investigara esos casos de corrupción -incluyendo el del secretario de Energía de su propia administración. El presidente Zelenski se negó. Cuando Trump lo presiona un poco más... un funcionario de la inteligencia estadounidense revela el contenido de aquella conversación y acusa al presidente Trump de usar a Ucrania para perjudicar a su rival, el candidato demócrata Biden. El resultado será la apertura en el Congreso de un procedimiento de destitución contra Trump.
Lo mínimo que se puede decir es que hay en todo esto numerosos hechos comprobados de corrupción, hechos cometidos en beneficio de personalidades ucranianas y estadounidenses, y que, en definitiva, "desaparecieron" decenas de miles de millones de dólares que debían haber ido a las arcas de Ucrania, mientras que se derrumbaba el nivel de vida de los ucranianos de a pie. Todo eso se hizo a través de testaferros que no saben absolutamente nada sobre la industria del gas pero que tenían en común su participación, junto a Hunter Biden, en las fiestas donde este hijo del hoy presidente de EEUU solía consumir droga. A eso se refería, con toda razón, el presidente ruso Vladimir Putin.
Desde el punto de vista europeo, todos hemos podido comprobar, desde hace un año, que el precio del gas que consumimos se ha multiplicado por 10. Por supuesto, el crecimiento de la demanda es superior al de la oferta. Pero eso no basta para explicar la magnitud de esa alza del precio. En realidad, los contratos a largo plazo sobre el suministro de gas siempre se calculan a precios algo superiores que antes, mientras que los contratos a corto plazo se han disparado. Lo único que explica la diferencia es la especulación. Y, precisamente, Blackstone y los amigos de Biden han sido los primeros en especular con el gas. Es evidente que sabían que estallaría una crisis con un país productor.
Lo anterior permite entender mejor por qué la prensa atlantista se empeña en restar importancia al caso de Hunter Biden, asunto en el cual su padre –ahora convertido en presidente de EEUU– está metido hasta el cuello. En definitiva, lo que está sucediendo en Ucrania se traduce en un alza adicional de los precios del gas, siempre en beneficio de los amigos de Biden... y en detrimento de los europeos.
Hay que relacionar esos hechos con lo que yo mismo escribía en el anterior artículo de esta serie. Jake Sullivan, Antony Blinken y Victoria Nuland –que han orquestado todos estos rejuegos– son "straussianos", o sea discípulos del filósofo Leo Strauss, y, como escribía en 1992 el primero de ellos, Paul Wolfowitz, el primer rival de EEUU es... la Unión Europea, cuyo desarrollo Washington debe impedir.
En todo caso, esos hechos son asuntos internos ucranianos y de los europeos occidentales. Y no justifican una intervención exterior.
«Una banda de neonazis»
El presidente ruso Vladimir Putin mencionaba también una banda de neonazis. Ya no se trata de un grupito de algunas decenas de individuos sino de varios miles, entre 10.000 y 20.000.
Para entender hay que recordar que, al final de la Segunda Guerra Mundial, EEUU y la URSS capturaron numerosos dignatarios nazis y trataron de obtener la información que tenían esos personajes. Al cabo de 8 meses, los soviéticos los mandaron a sus casas. Pero EEUU se dio a la tarea de "reciclar" cierto número de nazis.
Todo el mundo sabe, por ejemplo, que el científico nazi creador de los V2, Wernher von Braun, acabó convertido en jefe de la NASA, gracias a la Operación Paperclip. Entre los nazis "reciclados" mediante la Operación Paperclip también estaba el consejero especial de Hitler para el Nuevo Orden en Europa, Walter Hallstein, quien fue después el primer presidente de la Comisión Europea, y el alpinista Heinrich Harrer, a quien la CIA confió la educación del Dalai Lama.
Pero es menos sabido que la CIA "recicló" numerosos miembros de las SS y policías de la tenebrosa Gestapo distribuyéndolos por todo el mundo. Así se instaló en Bolivia el gestapista Klaus Barbie y llegó a Siria -entonces aliada de EEUU- el SS Alois Brunner.
La CIA utilizó a los nazis durante toda la guerra fría. Hasta que el presidente James Carter ordenó al almirante Stansfield Turner "poner orden" en la agencia y limitar el papel de aquellos agentes. La mayoría de los nazis fueron separados, pero se conservó a los que podían actuar en los países miembros del Pacto de Varsovia. Después de Carter, el presidente Ronald Reagan buscó influir en las «naciones cautivas» de Europa oriental creando un montón de asociaciones para desestabilizar los Estados miembros del Pacto de Varsovia, e incluso la URSS.
Así, de manera totalmente lógica, en 2007, la CIA organizó en Ternopol, Ucrania, un congreso para reunir a los neonazis europeos y los yihadistas del Medio Oriente contra Rusia. Ese encuentro tuvo como copresidentes al nazi ucraniano Dimitro Yarosh y al emir checheno Doku Umarov. Este último, reclamado por INTERPOL, no pudo viajar a Ternopol pero envió un video con su mensaje de apoyo. Después de aquello, neonazis y yihadistas lucharon juntos para imponer el Emirato Islámico de Ichkeria, en lugar de la República de Chechenia.
En 2013, la OTAN entrenó en Polonia a los hombres de Dimitro Yarosh, para utilizarlos después en la operación de «cambio de régimen» montada en Ucrania por Victoria Nuland: la llamada «revolución de la dignidad», también conocida como «EuroMaidan». En aquel momento, la mayoría de los periodistas que estuvieron en la Plaza Maidan notaron la inquietante presencia de aquellos nazis... pero las personalidades occidentales que venían a participar en aquella "revolución", como el "filósofo" francés Bernard-Henri Lévy, no los veían.
En los meses subsiguientes, la presencia de 5 ministros nazis en el gobierno de transición surgido del putsch de Maidan dio lugar a los referéndums de independencia de los oblast de Donetsk y Lugansk. Siguiendo los consejos de los amigos de Joe Biden, el presidente Petro Porochenko organizó a aquellos nazis en unidades militares y los envió a luchar contra los independentistas de Donetsk y Lugansk. Los grupos neonazis estaban financiados por el mafioso ucraniano Igor Kolomoiski –este último era presidente de la comunidad judía ucraniana pero no vaciló en convertir a los matones neonazis en una especie de ejército particular. Posteriormente, combinando sobornos y amenazas, Kolommoiski trató de hacerse con el control de las organizaciones judías europeas, pero ese intento terminó en fracaso.
Para reemplazar a Porochenko en la presidencia de Ucrania, Kolomoiski fabricó un nuevo "político" convirtiéndose en productor de una serie de televisión titulada Servidor del pueblo, cuyo protagonista era un tal Volodimir Zelenski.
Ya como presidente de Ucrania, y con los straussianos de regreso en la Casa Blanca, Zelenski aceptó todas las sugestiones que hacían los discípulos del filósofo alemán. Zelenski erigió monumentos en homenaje a Stepan Bandera, jefe de los colaboradores nazis durante la Segunda Guerra Mundial. En definitiva, Zelenski apoyó la ideología de Bandera, según la cual la población ucraniana tiene dos orígenes -uno escandinavo y protogermánico y otro eslavo- pero sólo los provenientes del primero son verdaderos ucranianos mientras que los otros son "sólo" rusos... "subhumanos". Así que Zelenski promulgó una «Ley sobre los Pueblos Autóctonos» que no reconoce los derechos humanos y las libertades fundamentales a los ucranianos de origen eslavo. Esa ley todavía no ha entrado en aplicación.
Durante 8 años, los grupos nazis han masacrado a los habitantes del Donbass. Alemania y Francia, países garantes de los Acuerdos de Minsk nada hicieron por impedirlo. Hasta la ONU prefirió mirar para otro lado. Durante 8 años esos grupos se desarrollaron, pasando de unos cientos de individuos a miles de soldados.
A pedido de la subsecretaria de Estado Victoria Nuland, el presidente Zelenski nombró al cabecilla nazi Dimitro Yarosh consejero especial del jefe de las fuerzas armadas. Interrogado por los periodistas sobre tal nombramiento, el jefe de las fuerzas armadas, visiblemente incómodo, se negó a comentarlo alegando que era un asunto de «seguridad nacional». Yarosh reorganizó a los neonazis en dos batallones –integrados a las fuerzas armadas– y en grupos urbanos e inició un ataque de gran envergadura contra los oblast separatistas de Donestk y Lugansk, precisamente durante el fin de semana de la Conferencia de Seguridad de Munich, lo cual motivó la operación militar especial de la Federación Rusa.
El 3 de marzo, el batallón nazi Aidar fue derrotado por las fuerzas rusas. El presidente Zelenski nombró entonces al comandante de ese batallón nazi en el puesto de gobernador de Odesa, dándole como misión impedir que las fuerzas rusas abran un corredor entre Crimea y Transnistria.
Todo eso son hechos comprobados e indiscutibles. Se puede estimar que la respuesta de Rusia ha sido desproporcionada y quizás inapropiada pero no es injustificada.
Hay tener muy en cuenta que los pueblos del este de Europa no vivieron la Segunda Guerra Mundial de la misma manera que los europeos de Occidente. En Europa occidental, el nazismo fue una dictadura que arremetió contra las minorías, como los gitanos y los judíos, a los cuales secuestró y exterminó por millones en sus campos de concentración.
Pero el proyecto de los nazis para el este de Europa era muy diferente. Se trataba de "liberar" un «espacio vital» exterminando la población eslava... sin necesidad de crear campos de concentración porque había que matar a todo el mundo. Sólo en la URSS se contabilizaron 27 millones de muertos y la Rusia moderna se construyó en el recuerdo de la Gran Guerra Patria contra el nazismo.
Para los rusos es absolutamente inaceptable portar cruces gamadas y votar leyes raciales.
iL Manifesto
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