27 agosto, 2024

K U R S K (el precio infame de la propaganda)

 


"Y sin duda nuestro tiempo... prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser... lo que es 'sagrado' para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano es la verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado".


Ludwig Feuerbach (1841)



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South Hebron Hills: Settler sexually harasses Palestinian and implicitly threatens rape

 


Btselem - 25 ago 2024


On Sunday,4 August 2024, around 7:00 A.M., a masked settler on horseback arrived with a herd of about 20 cows at the community of Wadi a-Rakhim in the South Hebron Hills. He set the cattle to graze in a barley field belonging to the Harini family near community homes.


A few minutes later, three more settlers arrived in a car. Although they were masked, community residents recognized one – Shem Tov Luski. The settlers, three of whom were carrying clubs, approached one of the Harini family's homes, swore at family members and claimed that the land, the house and the nearby well all belonged to them. Luski also sexually harassed a member of the family, mentioned military detention facility Sde Teiman and implicitly threatened him with rape.


The residents and international activists who were there called the police, who did not send officers and only suggested the residents go to the police station in the settlement of Kiryat Arba and file a complaint.


The three settlers who arrived by car left the area only after about two hours, while the settler on horseback continued grazing his herd in the family's barley field for about an hour.


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24 agosto, 2024

¿Además de Israel, tiene algún otro país derecho a defenderse? — M. Reza Behnam

 

Z-Network – 20/08/2024

   Traducción del inglés: Arrezafe



A pesar de las innumerables atrocidades, asesinatos y violaciones del derecho humanitario e internacional, los políticos estadounidenses y los grandes medios de comunicación recitan hasta el infinito el argumento consensuado de que Israel tiene "derecho a defenderse". Desde su perspectiva distorsionada, sólo el agresor merece esa prerrogativa.


La reivindicación de Israel de su legítima defensa nunca se pone en tela de juicio. Aunque posee uno de los ejércitos modernos más fuertes (581 aviones de combate, incluidos los F-15, F-16 y los cazas furtivos F-35), posee los sistemas de defensa aérea más modernos, acumula 400 armas nucleares con sistemas de lanzamiento y tiene a Estados Unidos, la mayor potencia militar del mundo, listo para protegerlo, debemos creer que la integridad física de Israel está en peligro.


Por otra parte, a los palestinos, que son los más necesitados de defensa, se les niega ese derecho. Se les dice que acepten una vida colonizada en el campo de concentración de Gaza, que acepten la marginación, la injusticia y la humillación para siempre; que no tienen derecho a resistir al régimen apartheid israelí. Y Estados Unidos y sus representantes occidentales amenazan a la República Islámica de Irán, a Hezbolá en el Líbano y a otros miembros de la Resistencia Palestina por atreverse a desafiar la guerra genocida de Israel contra Gaza.


Aunque el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), la Jihad Islámica Palestina y otros grupos más pequeños no cuentan con un ejército moderno organizado, ni con una fuerza aérea, ni con una armada, ni con sistemas de defensa aérea, ni con armas nucleares, ni con aliados occidentales que los defiendan del terrorismo israelí, debemos creer que son una amenaza.


Además, la narrativa estadounidense-israelí sobre los palestinos y sus aliados regionales está plagada de contradicciones. Estados Unidos e Israel pueden elegir a sus aliados, mientras que los iraníes y los palestinos no pueden hacerlo sin suscitar controversias.


Israel no es precisamente la víctima que se nos presenta. Su expansión colonial mediante el uso de la fuerza comenzó cuando destruyó más de 500 ciudades palestinas y desposeyó violentamente a más de 750.000 palestinos para establecer un Estado judío exclusivo en 1948. Estado que se amplió con la guerra árabe-israelí de 1967, que llevó a Israel a ocupar tierras palestinas en la Franja de Gaza y Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental, así como al control de la península del Sinaí en Egipto y los Altos del Golán en Siria.


Los registros históricos revelan que durante muchos años, antes de 1967, Israel tuvo la intención de apoderarse de Cisjordania y los Altos del Golán. No había entonces ninguna amenaza militar ni preocupaciones de seguridad. La guerra se libró por el deseo de demostrar el poder de Israel y lograr ganancias territoriales.


Israel sigue apoderándose de tierras palestinas e incrementando su expansión. Actualmente, unos 700.000 "colonos" judíos viven en 150 "asentamientos" ilegales y 128 puestos de avanzada en toda la Palestina ocupada.


El mito israelí, muy extendido, de un pequeño David que se defiende de un Goliat árabe se hizo añicos con la fuga de la prisión de Gaza del 7 de octubre. Una fantasía sustentada por el presidente Joe Biden y muchos miembros de la clase política estadounidense y a la cual siguen abrazados.


La realidad del brutal asedio israelí a Gaza y Cisjordania también ha obligado a muchos judíos de la diáspora a reconocer que Israel no ha sido su defensor. Por el contrario, la mezcla del judaísmo con el sionismo (religión y nacionalismo belicoso) ha alimentado el antisemitismo.


Para convertirse en un Goliat nuclear regional, Israel ha violado innumerables leyes internacionales y humanitarias. Tel Aviv aún no ha tenido que enfrentarse a una ley que haya estado dispuesta a obedecer o a la soberanía de un país al que se haya visto obligada a respetar.


La Carta de las Naciones Unidas de 1945 y el conjunto de leyes internacionales consagradas en sus convenciones, tratados y normas se crearon para establecer y regir relaciones respetuosas entre las naciones, y para asegurar que los horrores de la Segunda Guerra Mundial nunca se repitieran.


La Carta, por ejemplo, prohíbe estrictamente la adquisición de territorio por la fuerza. Sin embargo, Israel comenzó a violarla poco después de proclamar su condición de Estado y de nuevo en su guerra preventiva de 1967.


Como consecuencia de las guerras árabe-israelíes de 1948-49 y 1967, Israel ocupó permanentemente el territorio arrebatado y no ha permitido que los palestinos, convertidos en refugiados por las guerras, regresen a Palestina y a sus hogares. La ocupación es, por definición, temporal hasta que las condiciones sean tales que el territorio pueda ser devuelto a su soberanía original.


Israel ha violado de manera flagrante uno de los principios más importantes establecidos en el derecho internacional moderno: una potencia ocupante no puede, bajo ninguna circunstancia, adquirir el derecho a anexar o imponer su soberanía sobre cualquier territorio bajo su ocupación.


Además, el Artículo 49 del Cuarto Convenio de Ginebra de 1949 establece que: "La Potencia ocupante no deportará ni transferirá partes de su propia población civil al territorio que ocupa" y prohíbe "los traslados forzosos, individuales o masivos, así como la deportación de personas protegidas del territorio ocupado".


Cabe destacar que, en lo que respecta al 7 de octubre y sus consecuencias, es especialmente importante sopesar dos principios del derecho internacional relativos al uso de la fuerza.


Para los palestinos, el derecho internacional reconoce que la resistencia, por todos los medios disponibles, incluida la lucha armada, es un derecho legítimo de las personas que se encuentran bajo ocupación ilegal (Protocolo adicional 1 a los Convenios de Ginebra de 1977).


Respecto a Israel, cuando existe una ocupación, como en Cisjordania y Gaza, el ocupante (Israel) no puede utilizar la fuerza militar en respuesta a un ataque armado; sólo puede utilizar la fuerza policial para restablecer el orden (Convenio de Ginebra de 1949 relativo a las leyes y costumbres de la guerra terrestre).


En esencia, el derecho internacional deja pocas dudas: Israel es un ocupante ilegal. La Corte Internacional de Justicia manifestó justamente eso el 19 de julio de 2024. En su opinión consultiva, dictaminó que Israel debía poner fin a su ocupación ilegal y que los "colonos" debían ser expulsados de toda la Palestina ocupada.


Las reiteradas condenas, informes y resoluciones de las Naciones Unidas no han impedido que Israel desafíe las reglas y normas que otros miembros de la comunidad internacional están obligados a observar. Estados Unidos y sus representantes le han permitido convertirse en el Estado rebelde que es hoy. Y en el proceso, han hecho posible la guerra genocida de Israel contra Gaza.


De manera inaudita, mientras Israel intensifica su proceder violento en Oriente Medio, Estados Unidos advierte a Irán y a otros aliados palestinos que no lo hagan.


Para colmo, en agosto, Washington aprobó una transferencia adicional de armas a Israel por un valor de 20.000 millones de dólares (aviones de combate F-15, misiles, decenas de miles de granadas de mortero y tanques), lo que dio a Israel luz verde para continuar su guerra en Gaza y la escalada regional.


En esta y en muchas otras acciones, la administración estadounidense ha demostrado su inequívoca defensa de Israel.


Desde el asesinato a fines del mes pasado de los líderes de Hezbolá y Hamás en Beirut y Teherán, Israel ha propiciado un ataque en represalia. Para mitigarlo, Estados Unidos inició el 15 de agosto nuevas negociaciones para un alto el fuego.


Para sabotear las conversaciones, Israel intensificó la guerra bombardeando a los habitantes de Gaza que se refugiaban en escuelas en ruinas y sobrevivían en precarias tiendas de campaña. Provocativamente, los ultranacionalistas israelíes irrumpieron en el patio de la mezquita Al-Aqsa, reservado para el culto musulmán, en Al-Quds (Jerusalén) ocupada.


El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, como lo ha hecho durante 20 años, sigue persiguiendo implacablemente su sueño de arrastrar a Estados Unidos a una guerra contra Irán.


Curiosamente, Irán, a través de su Misión ante las Naciones Unidas, ha declarado que apoyaría un alto el fuego reconocido por Hamás. Sin embargo, también ha mantenido su legítimo derecho a responder al asesinato de Ismail Haniyeh, presidente del Buró Político de Hamás, y a la violación por parte de Israel de su seguridad nacional y su soberanía. Irán también es muy consciente de que si el asesinato en su territorio queda sin respuesta, simplemente "estimulará el apetito del ocupante israelí para perpetrar más transgresiones y agresiones".


Es ilógico describir las acciones de Israel en Gaza durante los últimos diez meses como defensivas. Lamentablemente, eso es lo que han estado haciendo muchos en los pasillos del poder estadounidense y en los medios de comunicación respaldados por Israel.


No obstante, por fin la narrativa ha comenzado a cambiar. Cada vez se escuchan más voces que exigen que se reconozca el derecho de los palestinos a defenderse, a resistir la ocupación y a luchar por su liberación. El agotado recurso de la "defensa", arteramente utilizado para proteger a Israel, ya no convence. Es hora de desecharlo.


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La Alemania nazi también proclamó actuar 'en defensa propia' — Mouin Rabbani

 


MEMO – 23/08/2024

   Transcripción: Arrezafe


Para quienes no estén familiarizados con el Holocausto alemán y la Segunda Guerra Mundial de los años 40, e incluso con el período previo a la misma en los años 30, creo que [Omer Bartov] hace algunas comparaciones muy reveladoras entre la sociedad israelí actual y la sociedad alemana de entonces. Pero lo que a menudo se olvida es que parte clave del mensaje sostenía que los alemanes eran víctimas de los judíos y que, por lo tanto, según la propaganda nazi, actuaban en defensa propia contra una amenaza existencial. Y Bartov sostiene que esto se refleja de manera semejante en lo que vemos en la sociedad israelí actual. Por un lado, tenemos esta deshumanización total y completa, hasta tal punto que se permite hacer a los palestinos lo que ni siquiera se le haría a un perro callejero, porque sus vidas han sido despojadas de todo valor. Todo ello es perpetrado porque la propaganda israelí ha convencido a la sociedad israelí, a sus soldados y a quienes están llevando a cabo este genocidio, no sólo de que las vidas palestinas no tienen valor y no merecen existir, sino que, como pueblo, los palestinos, hombres, mujeres y niños, suponen, por su mera existencia, una amenaza existencial para Israel.




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19 agosto, 2024

VIÑETAS CONTRA EL IMPERIALISMO GENOCIDA — Mikail Çiftçi

 

Mikail Çiftçi


Cartoon Movement





















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¿Qué hace diferente al genocidio de Gaza? — Jeremy Salt

 

Destrucción masiva de la ciudad de Gaza.

(Foto: Mahmoud Ajjour, The Palestine Chronicle)


PALESTINE CHRONICLE – 18/08/2024

   Traducción del inglés: Arrezafe


Fruto maligno de semillas sembradas hace mucho tiempo


Estas masacres nos acercan a las preguntas centrales que la mente inquisitiva podría plantearse sobre el genocidio de Gaza.


Cada genocidio es diferente del anterior. El exterminio organizado los hace semejantes, pero no hay dos genocidios iguales. No son únicos, salvo en sí mismos.


De hecho, la historia es en parte una sucesión de genocidios, "asesinatos en masa" o "sucesos de exterminio", si no sabes cómo describirlos. No hay nada inusual en dichos sucesos. Es lo que nosotros, "animales humanos" (por aplicar la descripción peyorativa de Yoav Gallant a la realidad de lo que todos somos) nos hacemos unos a otros con regularidad.


Los genocidios (por emplear el término) suelen describirse como tales sólo después de que se han producido. Nunca se detienen durante su desarrollo, lo que constituye una peculiaridad en sí mismo. No es que no se puedan detener. No se detienen porque las personas que podrían detenerlos eligen no hacerlo, por diferentes motivos en cada ocasión.


¿En qué se diferencia el actual genocidio en Gaza de los genocidios anteriores? ¿Tiene un carácter específico, si se lo compara con el genocidio "industrial" de los judíos perpetrado por los nazis? Lo que definió ese acontecimiento en particular fue su carácter de cadena de montaje, no las cifras. Por lo demás, en otros genocidios se mató a un número mucho mayor de seres humanos.


El genocidio europeo de los africanos en el siglo XIX fue asunto de larga duración que se cobró la vida de quizás 60 millones de personas. En aquella época, para los europeos apenas contaban las vidas de los negros, es ahora cuando se calcula que murieron entre 10 y 12 millones de personas tan sólo en el "Estado Libre del Congo" del rey Leopoldo.


Por supuesto, "murieron" es una palabra completamente disociativa cuando de trata de describir la espantosa realidad de cómo "murieron".


Las cifras, que se cuentan por millones, están impresas en los mapas de todos los lugares a los que llegaron los ejércitos europeos para quedarse. No se trata de que los habitantes de esos territorios no se aniquilaran entre sí antes de la llegada de los europeos. Lo hicieron, pero los europeos trajeron consigo medios mucho más eficaces de control y masacre, en cantidad necesaria para "domesticar" a los lugareños.


Sabemos de estos acontecimientos por cuanto podemos leer o ver en documentales. Tenemos la palabra escrita, exacta o no, y la impresión del artista de Gordon en Jartum, valiente y erguido en lo alto de las escaleras mientras los salvajes de mirada enloquecida se precipitan hacia él con lanzas en la mano. La cámara, la fotografía de guerra, se utilizó por primera vez en la guerra mexicano-estadounidense de 1847, pero las imágenes de cadáveres en el campo de batalla no se mostraron hasta la Guerra Civil estadounidense. Los vemos, pero no de la forma en que podemos ver los cadáveres ahora.


Casi todos los que tenían edad suficiente para recordar la Segunda Guerra Mundial ya han muerto. Incluso un niño nacido en 1939 tendría recuerdos borrosos y un niño nacido entre 1943 y 1945 no tendría ninguno, de modo que incluso las personas que hoy tienen 80 años no guardan un recuerdo directo de la guerra, aunque al estar más cercanas a ella en el tiempo y afectadas directamente por ella de muchas maneras en su juventud, pueden haber estado más motivados a pensar, leer y escribir sobre ella.


Desde entonces, el número de asesinatos en masa y genocidios ha proliferado. Por atroces que fueran en su momento, la mayoría apenas dejaron huella en la historia. ¿Quién, excepto las víctimas, recuerda ahora Setif, Guelma y Kharrata, el 8 de mayo de 1945, al oeste de Constantina, Argelia, donde entre 6.000 y 45.000 personas fueron asesinadas por las "autoridades" francesas y colonos franceses pied noir en represalia por los "disturbios" en los que murieron más de 100 colonos? Si no se hizo ningún esfuerzo real por contar los muertos argelinos, fue porque sus vidas y sus muertes tenían poca importancia para las autoridades coloniales y, para fines oficiales, cuanto menor sea el número, mejor.


Corea, 1950: más matanzas en masa, desde el aire y por parte de soldados sobre el terreno. En junio-julio de 1950, 7.000 personas –“comunistas”– son masacradas por milicias surcoreanas en el “Valle de la Muerte” de Daejong. Entre 700 y 900 médicos, enfermeras y pacientes, incluidos unos 100 soldados surcoreanos, son masacrados en el Hospital Universitario Nacional de Seúl por el Ejército Popular de Corea (KPA).


En enero de 1951, Picasso pintó Masacre en Corea como protesta contra las matanzas que llevaban a cabo las tropas estadounidenses a medida que avanzaban. En tres años, la guerra 'se cobra las vidas' de unos tres millones de coreanos, masacrados, muertos de hambre, torturados hasta la muerte o aniquilados de alguna otra forma.


Estados Unidos arrojó 635.000 toneladas de bombas sobre Corea del Norte, incluidas 32.557 toneladas de bombas de napalm, arrasando prácticamente todas las ciudades y pueblos y destruyendo el 85 por ciento de todos los edificios, aproximadamente el mismo porcentaje de edificios destruidos por Israel en Gaza.


Pasemos a Vietnam, otros tres millones de muertos y más masacres, la peor (?) tal vez, aunque hasta ahora la más conocida es la de My Lai, donde en marzo de 1968 las tropas estadounidenses de la Compañía Charlie violaron, torturaron, mutilaron y asesinaron a cerca de 500 mujeres y niños, incluidos bebés. De no ser por Ron Haeberle, que fotografió los cuerpos tirados en una zanja, en un camino, bajo un puente, y Seymour Hersh, que llevó la noticia al mundo, el mundo nunca lo habría sabido. Un soldado matando con un cigarrillo colgando de la boca, aparentemente tan despreocupado como un limpiador que friega el suelo.


Srebenica, julio de 1995: más de 7.000 hombres y niños bosnios asesinados por serbios, pero para entonces Estados Unidos ya ha lanzado su primera guerra contra Irak, una guerra contra "el enemigo como sistema", lo que significa filetear a Irak como un pescado, dejándolo sin carreteras, sin alcantarillado, sin sistemas de electricidad, sin agua y sin aeropuertos, de modo que el ejército queda incapacitado y la población civil apenas puede sobrevivir: alrededor de 200.000 civiles muertos/asesinados entre 1991 y 1994, y se estima que medio millón de niños murieron como resultado directo/indirecto de la guerra y las sanciones entre 1991 y 2002.


En los años 80 se produjo otra masacre: los refugiados fueron asesinados en silencio por la noche cuando hombres armados con cuchillos recorrían el campamento y los atacaban sin hacer ruido, antes de que pudieran darse cuenta de que estaban allí. Por la mañana, entre 1.500 y 3.500 personas habían muerto, junto con sus caballos y sus animales. No había nadie que les protegiera, mientras que los asesinos a sueldo, con sus cuchillos, estaban protegidos por el ejército que rodeaba el campamento y que incluso encendían los focos de sus vehículos para que pudieran ver lo que estaban haciendo. Por supuesto, estamos en Sabra y Chatila, Beirut, septiembre de 1982.


De las primeras masacres, sólo tenemos ante nosotros fotografías en blanco y negro. La calidad no es buena. Nos hablan en silencio, los mismos cuerpos desplomados y encorvados con las caras destrozadas y los ojos mirándonos fijamente y preguntándonos "¿por qué?". Los caminos en los que yacen y las zanjas en las que han sido empujados o arrastrados después de ser fusilados podrían ser los mismos, transferidos de Setif a My Lai.


Las fotografías en color no devuelven la vida a los cadáveres, pero sí acortan la distancia entre la vida y la muerte. Lo que hace que estén verdadera y horriblemente muertos en las fotografías de Sabra y Chatila es el intenso calor, que hizo que los cuerpos se hincharan hasta reventar antes de que los sacaran las excavadoras y los enterraran en fosas comunes, algunas de las cuales se encuentran bajo los cimientos de la Beirut reconstruida.


Además del color, el Líbano marcó el inicio de la aparición de la televisión por cable (CNN) en la cobertura de noticias internacionales. Los espectadores podían ver la guerra en sus hogares tal como estaba ocurriendo en el Líbano, lo que no dejaba una buena imagen de los israelíes y contradecía gravemente sus afirmaciones de que se trataba de una guerra justa que se libraba con medios justos.


Los israelíes afirman que no fueron ellos quienes llevaron a cabo las matanzas en Sabra y Chatila, pero incluso los nazis dejaron gran parte de sus masacres en las fiables manos de sus brigadas de guardia de hierro en Ucrania y los países bálticos.


Aun así, los israelíes mataron a cerca de 20.000 personas en el Líbano, en su mayoría civiles bombardeados en sus hogares desde el aire.


Estas masacres nos acercan a las preguntas centrales que cualquier persona interesada podría hacerse sobre el genocidio de Gaza, independientemente de que los israelíes estén de acuerdo o no en que se trata de un genocidio. ¿Qué lo diferencia de otros genocidios? ¿Tiene alguna característica específica propia? ¿Es en cierto modo peor que otros genocidios conocidos?


Una diferencia es que quienes están lejos del lugar de los hechos nunca habían visto, nunca habían sido testigos de un genocidio hasta ahora, en el sentido de poder proporcionar evidencia convincente, de ser "testigos oculares" de lo que han visto.


Ahora podemos ver cómo un misil destruye un edificio de apartamentos, cómo un francotirador mata a un joven que mira al mar desde la playa, cómo un misil impacta en un recinto hospitalario, cómo trozos de cuerpos quedan esparcidos por la calle. Los propios soldados registran orgullosos sus propias y criminales acciones, desde la destrucción de viviendas y aulas, hasta la demolición de oficinas gubernamentales y universidades.


A los medios occidentales todavía se les impide entrar en Gaza a menos que estén insertos en una unidad del ejército israelí, de modo que sólo podrán informar lo que Israel quiere que el mundo vea, no de lo que necesita ver y quiere ver.


Gracias a los increíblemente valientes periodistas palestinos, aunque no podamos verlo todo, sí podemos ver lo suficiente como para horrorizarnos. Su valentía es la razón por la que el gobierno israelí sigue esforzándose en destruirlos: lo que no se puede contar es como si nunca hubiera sucedido.


De hecho, el genocidio de Gaza sí tiene algunas características que lo diferencian de otros. Una de ellas es el doloroso número de niños muertos: en agosto de 2024, casi 17.000 de un total estimado de 40.000 civiles muertos, entre ellos más de 2.100 niños menores de dos años.


Miles de niños siguen desaparecidos, muertos y enterrados en las ruinas, bajo los escombros de sus hogares; decenas de miles han sufrido heridas que les han cambiado la vida para siempre, como la pérdida de brazos o piernas, y cerca de 20.000 no sólo han quedado huérfanos, sino que no tienen a nadie de su familia inmediata o lejana que los cuide. Todos han muerto, excepto ellos, y en muchos casos, también han muerto todos los niños: apellidos que ya no existen en Gaza, salvo en el recuerdo.


Hay pruebas de que los francotiradores están matando deliberadamente a niños y adultos que se encuentran al descubierto. Llegan al hospital con heridas en la cabeza que indican que recibieron disparos intencionados mientras jugaban en sus casas o en la calle. Un caso que horrorizó al mundo, Hind al Rajab, de 6 años, quedó atrapada durante horas entre los restos del coche de la familia, bombardeada por un tanque, junto a otro miembro superviviente, su hermana, hasta que fue asesinada.


La propia Hind realizó llamadas desesperadas pidiendo ayuda antes de que también ella fuera asesinada, junto a los dos paramédicos que finalmente pudieron acudir en su ayuda, bombardeados por un tanque y muertos en su ambulancia. A fines de octubre de 2023, la UNESCO describía Gaza como "un cementerio para miles de niños".


Nada de todo esto es daño accidental o “colateral”. El 47 por ciento de la población de Gaza es menor de 18 años y los israelíes saben que cuando disparan misiles o contra edificios de apartamentos o escuelas y hospitales donde los refugiados han buscado refugio, van a matar niños.


La indignación por la muerte de niños judíos el 7 de octubre ha sido durante meses una constante en los medios occidentales.


En marzo de 2024, el Consejo de Seguridad Infantil de Israel estimó la cifra en 48, muchos de ellos víctimas de los disparos de tanques o misiles israelíes, y otros 47 fueron capturados y llevados a Gaza. Los medios de comunicación ignoraron por completo el número de niños palestinos de Gaza asesinados por ataques israelíes en años anteriores al asalto de Hamás: 313 en 2008/9, 551 en 2014, cerca de 50 abatidos por francotiradores que celebraban su puntería durante la "Gran Marcha del Retorno" (2018/19).


La abrumadora cantidad de niños palestinos masacrados tras el 7 de octubre (456 a mediados de agosto de 2024, y el número aumenta cada día) no suscitó siquiera la condena de los gobiernos "occidentales".


En el fondo de esta incapacidad de respuesta solo hay una palabra: racismo. Si esos niños hubieran sido judíos o cristianos y de piel blanca en lugar de morena, el número de muertos nunca habría llegado a ser una fracción de esa cifra sin que Occidente interviniera para detener la matanza.


Junto a las matanzas de niños está el asesinato de sus profesores, la destrucción de sus escuelas y hogares, sus libros y sus ordenadores, y el intenso trauma psicológico que sufren los supervivientes. Los niños también están siendo utilizados como escudos humanos. Tras la reducción de la unidad canina Oketz, el ejército israelí ha estado enviando a civiles ancianos y niños bajo tierra con cámaras adheridas a sus cuerpos mientras “limpian” los túneles. “Nuestras vidas son más importantes que sus vidas”, manifestaron los comandantes al periódico Haaretz.


Como los niños, mujeres y niñas son una categoría destacada de personas que sufren. En mayo de 2024, los expertos en derechos humanos de la ONU informaron de que 63 mujeres, incluidas 37 madres, eran asesinadas cada día: al menos 10.000 mujeres habían sido asesinadas y 19.000 habían resultado heridas desde el 7 de octubre. Los abortos espontáneos habían aumentado hasta un 300 por ciento debido a la desnutrición y la falta de acceso a una atención sanitaria adecuada.


Incluso en las primeras etapas de la guerra, las mujeres daban a luz por cesárea sin anestesia debido a la negación de suministros médicos por parte de Israel. Los niños prenatales mueren en los hospitales y los niños vivos mueren de hambre.


Los expertos estiman que unas 155.000 mujeres embarazadas o madres primerizas carecen de atención sanitaria básica y padecen inseguridad alimentaria. Cerca de 700.000 mujeres y niñas que menstrúan no tienen acceso a toallas sanitarias, retretes, papel higiénico e incluso agua corriente. La detención, tortura y agresión sexual de mujeres y niñas por parte de sus captores israelíes es otra de las formas de maltrato calculado que padecen.


Una categoría específica es la destrucción de hospitales y el asesinato de personal médico. En mayo de 2024, 31 de los 36 hospitales de Gaza habían sido dañados o destruidos. En los pocos hospitales que todavía funcionan a un nivel muy reducido, más de 9.000 pacientes corrían un grave riesgo de morir debido a la falta de atención sanitaria. La OMS informó de 890 ataques israelíes a instalaciones sanitarias desde el 7 de octubre, no sólo en Gaza sino también en Cisjordania, incluida la destrucción deliberada de cientos de ambulancias. Al menos 500 trabajadores sanitarios y 278 trabajadores humanitarios han muerto asesinados.


El hospital de Shifa, el más grande de Gaza, fue objeto de un ataque militar sostenido hasta que quedó inoperativo. En mayo de 2024, los expertos en derechos humanos de la ONU informaron que se habían descubierto otros 390 cadáveres, incluidos mujeres y niños, en los hospitales de Shifa y Nasser, muchos de los cuales mostraban signos de tortura, ejecución sumaria e incluso habían sido enterrados vivos.


El tratamiento disponible en los hospitales se pone a prueba aún más con cada exorbitante aumento de víctimas. Las condiciones son ya como las de una cámara de muerte en la que los médicos luchan por salvar a los vivos. El personal médico está agotado, traumatizado y apenas puede ya hacer frente a casi un año de salvajismo israelí.


Dos cirujanos estadounidenses describieron la situación cuando llegaron al Hospital Europeo como “lo que imaginábamos que sería y olería un apocalipsis zombi en las primeras semanas” (Mark Perlmutter y Feroze Sidhwa, “Trabajamos como voluntarios en un hospital de Gaza. Lo que vimos fue indescriptible”, Politico Magazine, 19 de julio de 2024).


¿El genocidio de Gaza parece peor que otros sólo porque es el primero en la historia en el que se puede ver un genocidio en tiempo real o, en algunos aspectos, es realmente peor? En respuesta, si bien en la guerra siempre mueren mujeres y niños, si el genocidio de Gaza tiene una característica particular, es sin duda la matanza masiva de niños, concentrada, implacable, despiadada y sin remordimientos.


Mientras Israel exista, nunca podrá escapar de estos crímenes. Los niños muertos de Gaza lo seguirán y lo perseguirán hasta el fin de los tiempos. El "genocidio de los niños", de los totalmente inocentes, nunca será olvidado mientras Israel exista.


Los israelíes "liberales" de más edad están conmocionados. Dicen que este no es el Israel en el que crecieron, pero siempre lo fue. Simplemente no lo vieron, no lo quisieron ver o fueron demasiado adoctrinados como para verlo.


La evidencia está en los cientos de aldeas destruidas y violentamente despobladas, y en las personas masacradas desde el comienzo hasta 1967, incluidos niños tan dulces e inocentes como los aniquilados en Gaza. El perpetrado en Gaza forma parte de un genocidio de larga data, es el fruto maligno de semillas sembradas hace mucho tiempo.


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