Destrucción masiva de la ciudad de Gaza.
(Foto: Mahmoud Ajjour, The Palestine Chronicle)
PALESTINE
CHRONICLE – 18/08/2024
Traducción
del inglés: Arrezafe
Fruto maligno de
semillas sembradas hace mucho tiempo
Estas masacres nos
acercan a las preguntas centrales que la mente inquisitiva podría
plantearse sobre el genocidio de Gaza.
Cada genocidio es
diferente del anterior. El exterminio organizado los hace semejantes,
pero no hay dos genocidios iguales. No son únicos, salvo en sí
mismos.
De hecho, la historia es
en parte una sucesión de genocidios, "asesinatos en masa"
o "sucesos de exterminio", si no sabes cómo describirlos.
No hay nada inusual en dichos sucesos. Es lo que nosotros, "animales
humanos" (por aplicar la descripción peyorativa de Yoav Gallant
a la realidad de lo que todos somos) nos hacemos unos a otros con
regularidad.
Los genocidios (por
emplear el término) suelen describirse como tales sólo después de
que se han producido. Nunca se detienen durante su desarrollo, lo que
constituye una peculiaridad en sí mismo. No es que no se puedan
detener. No se detienen porque las personas que podrían detenerlos
eligen no hacerlo, por diferentes motivos en cada ocasión.
¿En qué se diferencia
el actual genocidio en Gaza de los genocidios anteriores? ¿Tiene un
carácter específico, si se lo compara con el genocidio "industrial"
de los judíos perpetrado por los nazis? Lo que definió ese
acontecimiento en particular fue su carácter de cadena de montaje,
no las cifras. Por lo demás, en otros genocidios se mató a un
número mucho mayor de seres humanos.
El genocidio europeo de
los africanos en el siglo XIX fue asunto de larga duración que se
cobró la vida de quizás 60 millones de personas. En aquella época,
para los europeos apenas contaban las vidas de los negros, es ahora
cuando se calcula que murieron entre 10 y 12 millones de personas tan
sólo en el "Estado Libre del Congo" del rey Leopoldo.
Por supuesto, "murieron"
es una palabra completamente disociativa cuando de trata de describir
la espantosa realidad de cómo "murieron".
Las cifras, que se
cuentan por millones, están impresas en los mapas de todos los
lugares a los que llegaron los ejércitos europeos para quedarse. No
se trata de que los habitantes de esos territorios no se aniquilaran
entre sí antes de la llegada de los europeos. Lo hicieron, pero los
europeos trajeron consigo medios mucho más eficaces de control y
masacre, en cantidad necesaria para "domesticar" a los
lugareños.
Sabemos de estos
acontecimientos por cuanto podemos leer o ver en documentales.
Tenemos la palabra escrita, exacta o no, y la impresión del artista
de Gordon
en Jartum, valiente y erguido en lo alto de las escaleras
mientras los salvajes de mirada enloquecida se precipitan hacia él
con lanzas en la mano. La cámara, la fotografía de guerra, se
utilizó por primera vez en la guerra mexicano-estadounidense de
1847, pero las imágenes de cadáveres en el campo de batalla no se
mostraron hasta la Guerra Civil estadounidense. Los vemos, pero no de
la forma en que podemos ver los cadáveres ahora.
Casi todos los que tenían
edad suficiente para recordar la Segunda Guerra Mundial ya han
muerto. Incluso un niño nacido en 1939 tendría recuerdos borrosos y
un niño nacido entre 1943 y 1945 no tendría ninguno, de modo que
incluso las personas que hoy tienen 80 años no guardan un recuerdo
directo de la guerra, aunque al estar más cercanas a ella en el
tiempo y afectadas directamente por ella de muchas maneras en su
juventud, pueden haber estado más motivados a pensar, leer y
escribir sobre ella.
Desde entonces, el número
de asesinatos en masa y genocidios ha proliferado. Por atroces que
fueran en su momento, la mayoría apenas dejaron huella en la
historia. ¿Quién, excepto las víctimas, recuerda ahora Setif,
Guelma y Kharrata, el 8 de mayo de 1945, al oeste de Constantina,
Argelia, donde entre 6.000 y 45.000 personas fueron asesinadas por
las "autoridades" francesas y colonos franceses pied
noir en represalia por los "disturbios" en los que
murieron más de 100 colonos? Si no se hizo ningún esfuerzo real por
contar los muertos argelinos, fue porque sus vidas y sus muertes
tenían poca importancia para las autoridades coloniales y, para
fines oficiales, cuanto menor sea el número, mejor.
Corea, 1950: más
matanzas en masa, desde el aire y por parte de soldados sobre el
terreno. En junio-julio de 1950, 7.000 personas –“comunistas”–
son masacradas por milicias surcoreanas en el “Valle de la Muerte”
de Daejong. Entre 700 y 900 médicos, enfermeras y pacientes,
incluidos unos 100 soldados surcoreanos, son masacrados en el
Hospital Universitario Nacional de Seúl por el Ejército Popular de
Corea (KPA).
En enero de 1951, Picasso
pintó Masacre
en Corea como protesta contra las matanzas que llevaban a
cabo las tropas estadounidenses a medida que avanzaban. En tres años,
la guerra 'se cobra las vidas' de unos tres millones de coreanos,
masacrados, muertos de hambre, torturados hasta la muerte o
aniquilados de alguna otra forma.
Estados Unidos arrojó
635.000 toneladas de bombas sobre Corea del Norte, incluidas 32.557
toneladas de bombas de napalm, arrasando prácticamente todas las
ciudades y pueblos y destruyendo el 85 por ciento de todos los
edificios, aproximadamente el mismo porcentaje de edificios
destruidos por Israel en Gaza.
Pasemos a Vietnam, otros
tres millones de muertos y más masacres, la peor (?) tal vez, aunque
hasta ahora la más conocida es la de My
Lai, donde en marzo de 1968 las tropas estadounidenses de la
Compañía Charlie violaron, torturaron, mutilaron y asesinaron a
cerca de 500 mujeres y niños, incluidos bebés. De no ser por Ron
Haeberle, que fotografió los cuerpos tirados en una zanja, en un
camino, bajo un puente, y Seymour Hersh, que llevó la noticia al
mundo, el mundo nunca lo habría sabido. Un soldado matando con un
cigarrillo colgando de la boca, aparentemente tan despreocupado como
un limpiador que friega el suelo.
Srebenica, julio de 1995:
más de 7.000 hombres y niños bosnios asesinados por serbios, pero
para entonces Estados Unidos ya ha lanzado su primera guerra contra
Irak, una guerra contra "el enemigo como sistema", lo que
significa filetear a Irak como un pescado, dejándolo sin carreteras,
sin alcantarillado, sin sistemas de electricidad, sin agua y sin
aeropuertos, de modo que el ejército queda incapacitado y la
población civil apenas puede sobrevivir: alrededor de 200.000
civiles muertos/asesinados entre 1991 y 1994, y se estima que medio
millón de niños murieron como resultado directo/indirecto de la
guerra y las sanciones entre 1991 y 2002.
En los años 80 se
produjo otra masacre: los refugiados fueron asesinados en silencio
por la noche cuando hombres armados con cuchillos recorrían el
campamento y los atacaban sin hacer ruido, antes de que pudieran
darse cuenta de que estaban allí. Por la mañana, entre 1.500 y
3.500 personas habían muerto, junto con sus caballos y sus animales.
No había nadie que les protegiera, mientras que los asesinos a
sueldo, con sus cuchillos, estaban protegidos por el ejército que
rodeaba el campamento y que incluso encendían los focos de sus
vehículos para que pudieran ver lo que estaban haciendo. Por
supuesto, estamos en Sabra
y Chatila, Beirut, septiembre de 1982.
De las primeras masacres,
sólo tenemos ante nosotros fotografías en blanco y negro. La
calidad no es buena. Nos hablan en silencio, los mismos cuerpos
desplomados y encorvados con las caras destrozadas y los ojos
mirándonos fijamente y preguntándonos "¿por qué?". Los
caminos en los que yacen y las zanjas en las que han sido empujados o
arrastrados después de ser fusilados podrían ser los mismos,
transferidos de Setif a My Lai.
Las fotografías en color
no devuelven la vida a los cadáveres, pero sí acortan la distancia
entre la vida y la muerte. Lo que hace que estén verdadera y
horriblemente muertos en las fotografías de Sabra y Chatila es el
intenso calor, que hizo que los cuerpos se hincharan hasta reventar
antes de que los sacaran las excavadoras y los enterraran en fosas
comunes, algunas de las cuales se encuentran bajo los cimientos de la
Beirut reconstruida.
Además del color, el
Líbano marcó el inicio de la aparición de la televisión por cable
(CNN) en la cobertura de noticias internacionales. Los espectadores
podían ver la guerra en sus hogares tal como estaba ocurriendo en el
Líbano, lo que no dejaba una buena imagen de los israelíes y
contradecía gravemente sus afirmaciones de que se trataba de una
guerra justa que se libraba con medios justos.
Los israelíes afirman
que no fueron ellos quienes llevaron a cabo las matanzas en Sabra y
Chatila, pero incluso los nazis dejaron gran parte de sus masacres en
las fiables manos de sus brigadas de guardia de hierro en Ucrania y
los países bálticos.
Aun así, los israelíes
mataron a cerca de 20.000 personas en el Líbano, en su mayoría
civiles bombardeados en sus hogares desde el aire.
Estas masacres nos
acercan a las preguntas centrales que cualquier persona interesada
podría hacerse sobre el genocidio de Gaza, independientemente de que
los israelíes estén de acuerdo o no en que se trata de un
genocidio. ¿Qué lo diferencia de otros genocidios? ¿Tiene alguna
característica específica propia? ¿Es en cierto modo peor que
otros genocidios conocidos?
Una diferencia es que
quienes están lejos del lugar de los hechos nunca habían visto,
nunca habían sido testigos de un genocidio hasta ahora, en el
sentido de poder proporcionar evidencia convincente, de ser "testigos
oculares" de lo que han visto.
Ahora podemos ver cómo
un misil destruye un edificio de apartamentos, cómo un francotirador
mata a un joven que mira al mar desde la playa, cómo un misil
impacta en un recinto hospitalario, cómo trozos de cuerpos quedan
esparcidos por la calle. Los propios soldados registran orgullosos
sus propias y criminales acciones, desde la destrucción de viviendas
y aulas, hasta la demolición de oficinas gubernamentales y
universidades.
A los medios occidentales
todavía se les impide entrar en Gaza a menos que estén insertos en
una unidad del ejército israelí, de modo que sólo podrán informar
lo que Israel quiere que el mundo vea, no de lo que necesita ver y
quiere ver.
Gracias a los
increíblemente valientes periodistas palestinos, aunque no podamos
verlo todo, sí podemos ver lo suficiente como para horrorizarnos. Su
valentía es la razón por la que el gobierno israelí sigue
esforzándose en destruirlos: lo que no se puede contar es como si
nunca hubiera sucedido.
De hecho, el genocidio de
Gaza sí tiene algunas características que lo diferencian de otros.
Una de ellas es el doloroso número de niños muertos: en agosto de
2024, casi 17.000 de un total estimado de 40.000 civiles muertos,
entre ellos más de 2.100 niños menores de dos años.
Miles de niños siguen
desaparecidos, muertos y enterrados en las ruinas, bajo los escombros
de sus hogares; decenas de miles han sufrido heridas que les han
cambiado la vida para siempre, como la pérdida de brazos o piernas,
y cerca de 20.000 no sólo han quedado huérfanos, sino que no tienen
a nadie de su familia inmediata o lejana que los cuide. Todos han
muerto, excepto ellos, y en muchos casos, también han muerto todos
los niños: apellidos que ya no existen en Gaza, salvo en el
recuerdo.
Hay pruebas de que los
francotiradores están matando deliberadamente a niños y adultos que
se encuentran al descubierto. Llegan al hospital con heridas en la
cabeza que indican que recibieron disparos intencionados mientras
jugaban en sus casas o en la calle. Un caso que horrorizó al mundo,
Hind al Rajab, de 6 años, quedó atrapada durante horas entre los
restos del coche de la familia, bombardeada por un tanque, junto a
otro miembro superviviente, su hermana, hasta que fue asesinada.
La propia Hind realizó
llamadas desesperadas pidiendo ayuda antes de que también ella fuera
asesinada, junto a los dos paramédicos que finalmente pudieron
acudir en su ayuda, bombardeados por un tanque y muertos en su
ambulancia. A fines de octubre de 2023, la UNESCO describía Gaza
como "un cementerio para miles de niños".
Nada de todo esto es daño
accidental o “colateral”. El 47 por ciento de la población de
Gaza es menor de 18 años y los israelíes saben que cuando disparan
misiles o contra edificios de apartamentos o escuelas y hospitales
donde los refugiados han buscado refugio, van a matar niños.
La indignación por la
muerte de niños judíos el 7 de octubre ha sido durante meses una
constante en los medios occidentales.
En marzo de 2024, el
Consejo de Seguridad Infantil de Israel estimó la cifra en 48,
muchos de ellos víctimas de los disparos de tanques o misiles
israelíes, y otros 47 fueron capturados y llevados a Gaza. Los
medios de comunicación ignoraron por completo el número de niños
palestinos de Gaza asesinados por ataques israelíes en años
anteriores al asalto de Hamás: 313 en 2008/9, 551 en 2014, cerca de
50 abatidos por francotiradores que celebraban su puntería durante
la "Gran Marcha del Retorno" (2018/19).
La abrumadora cantidad de
niños palestinos masacrados tras el 7 de octubre (456 a mediados de
agosto de 2024, y el número aumenta cada día) no suscitó siquiera
la condena de los gobiernos "occidentales".
En el fondo de esta
incapacidad de respuesta solo hay una palabra: racismo. Si esos niños
hubieran sido judíos o cristianos y de piel blanca en lugar de
morena, el número de muertos nunca habría llegado a ser una
fracción de esa cifra sin que Occidente interviniera para detener la
matanza.
Junto a las matanzas de
niños está el asesinato de sus profesores, la destrucción de sus
escuelas y hogares, sus libros y sus ordenadores, y el intenso trauma
psicológico que sufren los supervivientes. Los niños también están
siendo utilizados como escudos humanos. Tras la reducción de la
unidad canina Oketz, el ejército israelí ha estado enviando a
civiles ancianos y niños bajo tierra con cámaras adheridas a sus
cuerpos mientras “limpian” los túneles. “Nuestras vidas son
más importantes que sus vidas”, manifestaron los comandantes al
periódico Haaretz.
Como los niños, mujeres
y niñas son una categoría destacada de personas que sufren. En mayo
de 2024, los expertos en derechos humanos de la ONU informaron de que
63 mujeres, incluidas 37 madres, eran asesinadas cada día: al menos
10.000 mujeres habían sido asesinadas y 19.000 habían resultado
heridas desde el 7 de octubre. Los abortos espontáneos habían
aumentado hasta un 300 por ciento debido a la desnutrición y la
falta de acceso a una atención sanitaria adecuada.
Incluso en las primeras
etapas de la guerra, las mujeres daban a luz por cesárea sin
anestesia debido a la negación de suministros médicos por parte de
Israel. Los niños prenatales mueren en los hospitales y los niños
vivos mueren de hambre.
Los expertos estiman que
unas 155.000 mujeres embarazadas o madres primerizas carecen de
atención sanitaria básica y padecen inseguridad alimentaria. Cerca
de 700.000 mujeres y niñas que menstrúan no tienen acceso a toallas
sanitarias, retretes, papel higiénico e incluso agua corriente. La
detención, tortura y agresión sexual de mujeres y niñas por parte
de sus captores israelíes es otra de las formas de maltrato
calculado que padecen.
Una categoría específica
es la destrucción de hospitales y el asesinato de personal médico.
En mayo de 2024, 31 de los 36 hospitales de Gaza habían sido dañados
o destruidos. En los pocos hospitales que todavía funcionan a un
nivel muy reducido, más de 9.000 pacientes corrían un grave riesgo
de morir debido a la falta de atención sanitaria. La OMS informó de
890 ataques israelíes a instalaciones sanitarias desde el 7 de
octubre, no sólo en Gaza sino también en Cisjordania, incluida la
destrucción deliberada de cientos de ambulancias. Al menos 500
trabajadores sanitarios y 278 trabajadores humanitarios han muerto
asesinados.
El hospital de Shifa, el
más grande de Gaza, fue objeto de un ataque militar sostenido hasta
que quedó inoperativo. En mayo de 2024, los expertos en derechos
humanos de la ONU informaron que se habían descubierto otros 390
cadáveres, incluidos mujeres y niños, en los hospitales de Shifa y
Nasser, muchos de los cuales mostraban signos de tortura, ejecución
sumaria e incluso habían sido enterrados vivos.
El tratamiento disponible
en los hospitales se pone a prueba aún más con cada exorbitante
aumento de víctimas. Las condiciones son ya como las de una cámara
de muerte en la que los médicos luchan por salvar a los vivos. El
personal médico está agotado, traumatizado y apenas puede ya hacer
frente a casi un año de salvajismo israelí.
Dos cirujanos
estadounidenses describieron la situación cuando llegaron al
Hospital Europeo como “lo que imaginábamos que sería y olería un
apocalipsis zombi en las primeras semanas” (Mark Perlmutter y
Feroze Sidhwa, “Trabajamos como voluntarios en un hospital de
Gaza. Lo que vimos fue indescriptible”, Politico
Magazine, 19 de julio de 2024).
¿El genocidio de Gaza
parece peor que otros sólo porque es el primero en la historia en el
que se puede ver un genocidio en tiempo real o, en algunos aspectos,
es realmente peor? En respuesta, si bien en la guerra siempre mueren
mujeres y niños, si el genocidio de Gaza tiene una característica
particular, es sin duda la matanza masiva de niños, concentrada,
implacable, despiadada y sin remordimientos.
Mientras Israel exista,
nunca podrá escapar de estos crímenes. Los niños muertos de Gaza
lo seguirán y lo perseguirán hasta el fin de los tiempos. El
"genocidio de los niños", de los totalmente inocentes,
nunca será olvidado mientras Israel exista.
Los israelíes
"liberales" de más edad están conmocionados. Dicen que
este no es el Israel en el que crecieron, pero siempre lo fue.
Simplemente no lo vieron, no lo quisieron ver o fueron demasiado
adoctrinados como para verlo.
La evidencia está en los
cientos de aldeas destruidas y violentamente despobladas, y en las
personas masacradas desde el comienzo hasta 1967, incluidos niños
tan dulces e inocentes como los aniquilados en Gaza. El perpetrado en
Gaza forma parte de un genocidio de larga data, es el fruto maligno
de semillas sembradas hace mucho tiempo.
★