Transcripción: Arrezafe - 04/04/2025
Nunca habrá una revolución en Estados Unidos, nunca habrá una guerra civil, como muchos fantasean. Eso nunca sucederá. ¿Cómo lo sé? Simplemente enciendan la radio, la televisión, vean películas, pongan Netflix, vean. Existe una química de la resistencia y de la revolución. Porque, ¿de qué hablamos realmente cuando hablamos de resistencia? ¿Qué es la resistencia? Es una suerte de reacción química que, en una revolución, determinará si será combustiva o no, si será inflamable o no, si será explosiva o no, si la generará calor o frío, etc.
En Estados Unidos, existen elementos que normalmente serían explosivos al mezclarse, pero hay otros elementos en esa misma mezcla que provocan la reacción opuesta. Así, existen elementos para una revolución, para una guerra civil, pero hay otros elementos presentes como para asegurar que la mezcla se mantenga estable. Es decir, en Estados Unidos existen condiciones que si se dieran en otros lugares propiciarían un estallido social. Pero dicho estallido no se producirá en Estados Unidos, salvo que se trate de una explosión controlada, como cuando la policía encuentra una bomba y la detona ella misma. Ese es el único tipo de explosión que se puede dar en Estados Unidos en este momento. Y, como dije, basta con encender la radio para saberlo, basta con mirar los medios de comunicación para saberlo. Porque un pueblo capaz de organizar una revolución debe ser, ante todo, un pueblo capaz de imaginación, debe ser creativo, debe tener pensamiento y pensadores independientes, pues quienes no pueden pensar por sí mismos nunca se rebelarán. No se puede tener homogeneidad mental social cuando esta homogeneidad es supervisada e impuesta por la estructura de poder y esperar que la sociedad se rebele contra dicha estructura, y nada ilustra mejor la ausencia de imaginación, creatividad y pensamiento independiente que los medios de comunicación populares.
Una sociedad sin arte real es una sociedad incapaz de revolución, y el arte estadounidense es vacuo e impone la vacuidad. Esa es la relación entre el arte y la sociedad, refleja y afecta, expresa cómo te sientes y te muestra cómo sentirte. Y vosotros, estadounidenses, os habéis convertido en un pueblo sin lenguaje artístico, sin vocabulario, estáis privados incluso de lo que el arte debería ser supuestamente para vosotros. Cada día que pasa, más y más palabras se eliminan de vuestro léxico artístico. Día a día, vuestra música se vuelve más mecánica, vuestras películas más repetitivas, vuestra literatura más simplista, hasta el punto de que un programa informático de inteligencia artificial puede producir vuestras canciones, vuestros guiones y vuestros libros. Vuestro léxico creativo se ha reducido tanto, que sois como un niño pequeño carente de palabras para identificar, articular, comprender o expresar lo que siente, lo que desea, lo que le asusta, lo que le alegra, lo que le entristece, etc. Carecéis del lenguaje propio de la complejidad humana.
Porque, tomemos la música. Los musulmanes tenemos nuestras propias opiniones sobre ella. Pero ciertamente la música es un factor fundamental en la cultura occidental. Pues bien, dos o tres personas componen la mayoría de las 40 canciones más destacadas en Estados Unidos: los mismos melódicos acordes, las mismas voces autotuneadas, los mismos repetitivos estribillos reciclados una y otra vez. La música pop actual no está hecha para expresar nada auténtico, nada real, está hecha para ser un gusano en el oído diseñado para ser adictivo, para usarse en videos de TikTok, para hacerse viral. Es un producto, no una forma de arte, es una cadena de montaje para obtener la máxima rentabilidad, reproduciendo las mismas fórmulas musicales que se vendieron bien en el vasto mercado, manipulando predecibles y superficiales respuestas emocionales mediante un proceso calculado. Eso no es arte, es un mero negocio que está atontando vuestra sociedad, la está desconectando, la está deshumanizando y la está programando. Están vaciando los bolsillos de vuestra imaginación, de vuestra creatividad, de vuestra autenticidad, dejándoos solamente unas monedas falsas con las que comprar eslóganes en la máquina expendedora de la empresa. Y tenéis que conformaros con eso como única forma de expresión. Es como comprar una bolsa de papas fritas sin calorías, o algo por el estilo, a la hora del almuerzo, y esperar que eso sea tu nutritiva ingesta. Escuchar este tipo de música es para el oído como sustituir el almuerzo por una bolsa de papas fritas sacada de la máquina expendedora. Vuestra alma está desnutrida, vuestra mente está desnutrida.
Y qué decir de vuestras películas. Hoy, cada película es un pastiche, un remake, una reinvención de algo que ya se hizo hace décadas. Sin originalidad, sin ideas, sin explorar la condición humana. Los estudios de cine no son más que cadenas de montaje, fabricas de insustanciales espectáculos cuyos elementos también pertenecen al pasado. Ni siquiera deberían llamarse "estudios de producción", deberían llamarse "estudios de reproducción". Y de nuevo, esto refleja y afecta a la sociedad. Desvirtuado, el arte se está utilizando como arma, se está instrumentalizando para hipnotizar, esterilizar y neutralizar a la población. Para controlar vuestras emociones, vuestros pensamientos, vuestro discernir, vuestra percepción, vuestra interacción con el mundo. No quieren ni un solo pensamiento en vuestras cabezas que no hayan puesto ellos mismos en ellas, ¿comprendéis? Quieren vuestro cerebro entumecido, estéril, gélido, incapaz de producir nada por sí mismo. Los artistas occidentales no proveen momentos de felicidad y alivio a las masas, son el equivalente a los anestésicos de Joseph Mengele, quieren induciros un coma. Sois tan incapaces de hacer una revolución en Estados Unidos, como un hombre en coma es incapaz de conducir una motocicleta.
Nunca en la historia ha existido un totalitarismo con mayor control sobre su población que el sistema estadounidense. Y nunca ha habido un pueblo menos capaz de resistir o rebelarse contra dicha opresión y control totalitario como la actual población estadounidense. La han desarmado. Y no me refiero a sus armas de fuego: las tienen. Pero si ello supusiera un peligro real, no permitirían su posesión. Así que, dejen ya de hablar de sus inútiles armas: es como darle a un bebé un martillo y clavos esperando que construya una casa con ellos. No haréis nada con esas armas, excepto apuntarlas contra quienes vuestros programadores os ordenen que las apuntéis. Si vuestros programadores pensaran por un instante que realmente pudierais apuntarlas en la dirección correcta, os las arrebatarían en menos que canta un gallo.
No. Habéis sido desarmados mental, intelectual, psicológica, emocional y culturalmente. En Estados Unidos existe una cultura impuesta de arriba hacia abajo, ¿entendéis? No es una cultura organizada desde la base. Vuestra cultura está controlada desde arriba, pensar en ello, reflexionar. Todo cuanto en EU se presenta como expresión cultural, es en realidad un negocio, una marca mercantil, una mercancía desarrollada, fabricada, moldeada, comercializada y vendida por corporaciones. Vuestros señores feudales, vuestra aristocracia, vuestros oligarcas, vuestra clase accionista os dictan cuál ha de ser vuestra cultura. Los ricos escriben vuestras canciones, los ricos os cuentan historias en el cine y la televisión, los ricos publican vuestros libros, los ricos diseñan vuestra moda, los ricos deciden cuales serán las noticias, qué se publicará y qué no, los ricos deciden cuáles serán vuestras opiniones, incluso deciden qué debe ser la disidencia, ¿comprendéis? Sí, incluso la disidencia está prefabricada para vosotros. Hay una posición oficialmente aceptada y una oposición oficialmente aceptada.
Cada aspecto de vuestra cultura está microgestionado por multimillonarios. Debéis comprender que esta vertical dictadura cultural a venido desarrollándose de manera natural y orgánica porque, a su manera, la cultura occidental siempre ha sido feudal. Es el grado de control lo que ha evolucionado, es eso lo que ha cambiado. Lo fundamental de dicha cultura siempre estuvo ahí, siempre fue lo mismo, lo que se ha expandido y desarrollado es el grado de control, la intensidad, la amplitud de la dominación y la domesticación de la población. Uno de los mayores trucos del poder moderno es que ha fabricado su propia oposición: se os dicta literalmente cuál ha de ser la opinión disidente, os dan dos bandos a elegir, pero en última instancia, ambos sirven al mismo sistema. Por eso las elecciones no cambian nada, por eso los debates políticos son sólo teatro, por eso cada controversia no es más que otro episodio de un preconcebido y sempiterno espectáculo. Hay quienes creen estar participando en la resistencia, cuando en realidad simplemente están desempeñando roles que corresponden a una narrativa preestablecida. El sistema no suprime la oposición, la crea, la controla y se asegura de que permanezca inofensiva. El rango de pensamiento socialmente aceptable es, obviamente, limitado por diseño. Se puede cuestionar la guerra, por ejemplo, pero sólo dentro del marco establecido. Se puede criticar el capitalismo, pero sólo de manera que no se cuestione el control corporativo. Ya sabes, vistiendo una camiseta anticapitalista o algún símbolo de marca que compréis. Se puede clamar contra la corrupción, pero sólo centrándose en unas pocas manzanas podridas, manteniendo la estructura intacta. Pero si rebasáis los límites aceptables del discurso establecido por los multimillonarios, seréis ignorados, difamados, despedidos, exiliados o anulados, física y algorítmicamente.
Digo todo esto porque hay gente que pregunta constantemente: "¿Qué se supone que debemos hacer? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué sugieres? ¿Qué podemos hacer contra la injusticia? ¿Qué podemos hacer contra la corrupción? ¿Qué podemos hacer con todo el sufrimiento y la violación de nuestros derechos?" Y así sucesivamente. La expectativa es siempre la misma: quieren una respuesta simple e inmediata porque esa es su programación. Quieren un tipo de acción que puedan aplicar de inmediato. Pero este enfoque es fundamentalmente deficiente porque sólo tiene en cuenta los síntomas en lugar de abordar el mal subyacente. Lo cierto es que la crisis no es sólo de injusticia, sino de cultura. El problema no es simplemente la opresión, sino un sistema de control profundamente arraigado que ha moldeado por completo la psique de la sociedad. La injusticia, la corrupción, la opresión o lo que sea, no existen en el vacío, son manifestaciones que emanan de una base cultural deteriorada. Sin embargo, en lugar de reconocer esto, se buscan soluciones rápidas, alivio temporal, en lugar de soluciones reales. Es como la persona que sufre un dolor crónico, su cuerpo se está desmoronando porque es su propio estilo de vida lo está destruyendo. Sin embargo, en lugar de adoptar hábitos más saludables, como cambiar su dieta y tratar de esforzarse realmente por sanar, sólo quiere algo que adormezca el dolor y, como es natural, se irá volviendo cada vez más dependiente de analgésicos cada vez más fuertes, hasta el punto en que ya ni siquiera pueda funcionar sin ellos. Mientras, la enfermedad subyacente continúa empeorando.
Este es el estado de la sociedad moderna en Occidente, en Estados Unidos, cuya población no busca justicia, busca alivio; no busca la verdad, busca consuelo; no desea un cambio real, busca conveniencia personal. Como resultado, permanece encallada en un ciclo de protestas, elecciones e indignación en redes sociales, repitiendo el mismo patrón una y otra vez, y esperando resultados diferentes. Pero nada cambia, porque se tratan los síntomas, no las causas. Y como dije, la cultura crea arte y el arte crea cultura. Así que, observad el arte que emana de vuestra cultura, y la cultura que emana de vuestro arte. El arte se ha comercializado, la música se ha esterilizado, la cultura se ha domesticado. ¿Dónde están las voces culturales y artísticas que sacuden el sistema? No existen de forma significativa en Estados Unidos, han sido compradas o cooptadas. En lugar de desafiar el statu quo, los artistas actúan en las fiestas de la élite, en lugar de inspirar algún tipo de movimiento revolucionario, venden productos: no cuestionan el poder, lo sirven.
Por eso nunca habrá una revolución en Estados Unidos, por eso incluso los escasos actos de resistencia en los Estados Unidos parecen vacíos, se perciben vacíos y están vacíos, porque ofrecen la ilusión de un activismo que no requiere sacrificio ni esfuerzo. La oposición está de moda, el activismo se ha convertido en un producto, es una moneda social, una tendencia pasajera que, una vez se desvanece, es reemplazada por la siguiente "causa" que capte la fugaz atención del público. La sociedad en su totalidad ha sido diseñada para la distracción y el entretenimiento es implacable. Todo está gramificado, todo deviene espectáculo, todo está diseñado para evitar que la población se detenga y piense, reflexione y cuestione. Pero, incluso si dicha población dispusiera de un momento para hacerlo, carece del lenguaje intelectual, psicológico, artístico o cultural para articular su pensamiento. Solo dispone del lenguaje asignado por la estructura de poder para comprender lo que este le está haciendo. En este entorno, ¿cómo puede haber una revolución? ¿Cómo sería posible con adictos a la gratificación inmediata? ¿Cómo podrían sostener una lucha a largo plazo? Una sociedad condicionada a buscar el placer y la comodidad por encima de todo jamás elegirá un camino difícil, incluso si éste es necesario para la justicia. La población ha sido adiestrada no para resistir, sino para evadirse. Ha sido programada para la servidumbre, eso es lo que eran y eso es lo que son: siervos y esclavos. Sólo que ahora, evadirse no significa realmente escapar de la plantación, o de la mansión, o de la tierra del amo, significa simplemente olvidar dónde estás y qué eres: evadirse significa distracción, significa no saber siquiera el lenguaje necesario para entender que son siervos y esclavos; significa que las canciones que cantan, las historias que cuentan e incluso la disidencia o la oposición que manifiestan, en realidad son sólo métodos destinados a reforzar su condición sumisa. En Estados Unidos, incluso el sueño de la liberación no se trata realmente de liberación, su cultura y el sistema creado por ella, han hecho dicho sueño no consista en liberarse de la opresión, sino de convertirse en opresor. Ese es el sueño americano. Es una sociedad cruel, es un sistema cruel porque es una cultura cruel.
Así pues, como ya he dicho, se busca un tratamiento a corto plazo para los síntomas, no una cura a largo plazo para la enfermedad, porque la única revolución que realmente necesita Estados Unidos es una revolución cultural. Estados Unidos no necesita cirugía estética, sino neurocirugía, no necesita marca pasos, sino cirugía cardíaca y un trasplante. A menos que cambiéis vuestra cultura, la única forma de cambiar vuestro sistema es cambiándolo a peor.
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