05 enero, 2026

Venezuela: Las cosas no son como empiezan sino como terminan — Augusto Zamora

 



Observatorio de la crisis – 04/01/2026


La acción criminal contra Venezuela acelerará el choque global. Si Trump enseña los dientes otros tendrán que apurarse con los misiles.


El 1 de mayo de 2003, un ufano presidente George W. Bush, en un discurso televisado a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, frente a las costas de California, anunciaba que “las principales operaciones de combate en Irak han finalizado. En la batalla de Irak, Estados Unidos y nuestros aliados han prevalecido”. Detrás de Bush se podía leer una gran pancarta que decía “Misión cumplida”.


La ilegal invasión de Iraq había comenzado el 20 de marzo. Bush proclamó la victoria cuarenta días después. En Iraq se decía otra cosa. Que la guerra apenas había comenzado, como efectivamente así fue. Se sucedieron ocho largos y sangrientos años de guerra hasta que, en diciembre de 2011, las últimas tropas estadounidenses abandonaban, derrotadas, Iraq. Medio millón de iraquíes habían perecido de forma violenta, mientras EEUU perdía 4.500 soldados.


La guerra no había concluido en mayo de 2003. Había comenzado.


El presidente Bush hizo, en aquel discurso, otra afirmación: “Tenemos una ardua labor por delante en Irak. Estamos poniendo orden en zonas de ese país que siguen siendo peligrosas”. Se refería a lo siguiente: gobernar Iraq como una neocolonia, con las tropas yanquis paseándose por el país como si fuera parque de atracciones. No pudieron. Al final, tuvieron que tragar y entregar el poder a la mayoría chiita, aliada de Irán, y, luego, llegar a compromisos con los iraquíes, muy lejos de lo que pensaban en 2003.


Peor les fue en Afganistán. EEUU invadió el país en 2001 para derrocar a los talibanes, acusados de terroristas, para retirarse a la desesperada en 2021 dejándole el poder a… los talibanes. En 2025, buscaron negociar con ellos la entrega de una base aérea, a lo que, como podrán imaginarse, el gobierno talibán se negó tajantemente.


La operación terrorista ordenada por Donald Trump contra Venezuela, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, y su eufórico discurso cantando victoria, dando por terminado el episodio y hablando de que gobernarán directamente Venezuela, tiene ecos de déjà vu, de situación vivida, no una, sino muchas veces. Trump hoy, como Bush en 2003, confunde lo inmediato del acto con las consecuencias del mismo.


El éxito espurio de una operación comando es una cosa. La cascada de sucesos que el secuestro del presidente venezolano está y seguirá desencadenando es otra. Porque el secuestro de un presidente no es un hecho baladí. Es abrir una caja de truenos que, a su vez, servirá de desencadenante de hechos posteriores que es prematuro -e imposible- imaginar.


Si en 2001 alguien hubiera afirmado que, en 2021, los talibanes volverían a entrar triunfantes en Kabul, las burlas habrían sido masivas. Si en 2003 se hubiera dicho que, en 2011, EEUU se retiraría de Iraq sin haber alcanzado sus objetivos, la reacción habría sido similar. Las cosas, bien lo sabemos, no son cómo empiezan, sino cómo terminan.


Los jefes de Estado son, de entrada, personas internacionalmente protegidas, según lo establece la Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, adoptada por NNUU el 14 de diciembre de 1973.


La ONU considera que “los delitos contra los agentes diplomáticos y otras personas internacionalmente protegidas al poner en peligro la seguridad de esas personas crean una seria amenaza para el mantenimiento de relaciones internacionales normales, que son necesarias para la cooperación entre los Estados”.


Según el artículo 2 de dicha Convención, “Serán calificados por cada Estado parte como delitos en su legislación interna, cuando se realicen intencionalmente: a) la comisión de un homicidio, secuestro u otro atentado contra la integridad física o la libertad de una persona internacionalmente protegida”.


EEUU, por tanto, ha perpetrado el secuestro de una persona internacionalmente protegida, lo que constituye un delito internacional. Desde esta perspectiva, los tribunales de EEUU carecen totalmente de jurisdicción para juzgar a una persona protegida internacionalmente que ha sido objeto de secuestro, figura delictiva en todas las legislaciones del mundo, incluyendo a EEUU.


Por otra parte, se aplica aquí la antigua y fundamental máxima jurídica de que “nadie puede obtener beneficio de su propio dolo”, es decir, que nadie -persona o Estado-, puede prevalerse de un acto doloso o ilícito como base para obtener ventajas o derechos en un proceso judicial.


Los tribunales estadounidenses, en tal sentido, no podrían, si respetaran los fundamentos esenciales del Derecho, juzgar en forma alguna al presidente venezolano. Esto no detendrá a los jueces gringos, pero permitirá constatar, una vez más, que, en EEUU, no impera el Derecho, sino la barbarie y sólo la barbarie.


Como recoge el diario The Washington Post, “La captura de Maduro por parte de Estados Unidos puede ser ilegal; eso probablemente no importará en los tribunales”. Detrás de su rostro de ‘civilizados’ se encuentra el esclavista, el genocida y el pistolero, los tres pilares sobre los que se fue construyendo ese engendro que se hace llamar EEUU.


Secuestrar a un presidente es un acto de guerra; pero, peor aún, es legitimar con hechos cualquier tipo de arbitrariedad derivada de la fuerza bruta. Es retrotraer al mundo la era del imperialismo salvaje del siglo XIX, cuando los supuestamente civilizados europeos se sentían autorizados, en nombre de su superioridad civilizacional, a asesinar, esclavizar, expoliar, destruir y saquear a los pueblos considerados bárbaros y salvajes. Si Trump puede secuestrar a un jefe de Estado, cualquier otro gobierno se sentirá autorizado, si puede, a ordenar el secuestro de Trump o de cualquier otro presidente.


Otra cuestión debemos tener clara. La política del gobierno estadounidense no obedece únicamente a su histórica vocación de violencia, intervención y uso de la fuerza. Aunque su pulsión violenta les impulsa a actuar casi mecánicamente como pistoleros, esa política sigue las pautas establecidas durante las guerras mundiales, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial, cuando Washington exigió a los gobiernos del continente un alineamiento sin fisuras con EEUU.


Todos los gobiernos se alinearon, excepto el argentino, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, que rehusó declarar la guerra al Eje, por su simpatía hacia el fascismo. El punto no es ése. La rebeldía de Perón llevó a EEUU a promover la desestabilización del gobierno argentino, a tal punto que, en 1945, el embajador gringo, Spruille Braden, instigador de la sangrienta Guerra del Chaco, encabezaba las manifestaciones contra Perón.


En octubre de 1945, un golpe de estado derrocó a Perón, que tuvo que ser liberado por los golpistas a causa de una enorme presión popular. Perón ganó las elecciones de 1946 usando el eslogan “Braden o Perón”. Hoy, en Venezuela, pueden parafrasear el eslogan, bajo el lema “Trump o Maduro”.


Trump afirma que EEUU necesita el petróleo y los recursos venezolanos porque, según él, ‘pertenecen’ a EEUU. En realidad, lo que Trump quiere es controlar los recursos de todo el continente como parte esencial de la preparación de EEUU de la guerra que viene contra China y Rusia.


Como ya señaláramos en De Ucrania al Mar de la China, desde 2017, durante su primer periodo presidencial, Trump diseñó una estrategia militar que repetía, en lo sustantivo, la adoptada por EEUU en la II Guerra Mundial.


Como se recordará, EEUU batalló a muerte contra Japón de 1941 a 1944 y no entró de lleno en el escenario bélico europeo hasta junio de 1944, cuando, ya vencido Japón, consideró que podía apuntarse a la guerra contra la Alemania nazi. Para 1944, el Ejército Rojo ya había demolido al ejército nazi, de forma que la participación directa de EEUU en el escenario europeo tuvo más relevancia en Hollywood que en la guerra misma.


No será posible entender la atroz agresión que sufre Venezuela y el propio secuestro del presidente Maduro y de su esposa si se le aísla del escenario mundial y de la lucha, soterrada e implacable, por el cambio sistémico en curso.


Es esa lucha lo que explica la beligerancia de Trump en favor de candidatos derechistas ‘trumpistas’ en el continente americano y en la misma Europa. EEUU no está pretendiendo devolver la región a lo que era hace un siglo. EEUU quiere gobiernos alineados y serviles en los países americanos y europeos que bailen a su compás, sin vacilación ninguna, para cuando se inicie el enfrentamiento mundial, particularmente por el dominio del océano Pacífico.


Aunque el petróleo esté de por medio, nadie en Venezuela se oponía a inversiones estadounidenses en el sector de hidrocarburos. Todo lo contrario, las cortapisas a una relación comercial mutuamente beneficiosa provenían del gobierno estadounidense. En febrero de 2024, Trump anunció que revocaría la licencia que “el corrupto Joe Biden concedió” a Venezuela, en 2022, para que la multinacional Chevron operara en el país.


El petróleo es más cortina de humo que realidad. De siempre se han hecho mejores negocios en la paz que en la guerra. Durante los veinte años que duró la invasión de Afganistán, ninguna empresa de EEUU pudo extraer beneficios del país.


Fue, todo, un desastre militar, político y, sobre todo, económico. El estudio realizado, al respecto, por la Universidad Brown, en 2019, concluyó que la guerra de Afganistán costó a EEUU la friolera de 978.000 millones de dólares. Haciendo comparaciones, el PIB de Chile, en 2025, fue de 340.000 millones de dólares. El de Suecia, de 640.000 millones.


La visión estratégica de EEUU explica, también, el aparente menosprecio de Trump hacia los países atlantistas europeos. Trump los desprecia porque, en su mayoría, se han negado a seguir las directrices dadas desde 2017, de rearmarse comprando armamento estadounidense y de multiplicar por tres el gasto militar, hasta alcanzar el 5% del PIB. Trump, contrario a lo que predican los bobos de turno, no quiere a la OTAN débil.


La quiere archi-militarizada con armamento gringo que, además de inyectar centenares de miles de millones de dólares a las arcas de EEUU -que necesita perentoriamente para financiar el rearme contra China-, conforme una amenaza militar suficiente para amedrentar a Rusia. Y quiere a Rusia amedrentada para que, en caso de guerra con China, Rusia no pueda brindar apoyo suficiente a China. Sin apoyo ruso, EEUU podría soñar con derrotar a China y, una vez derrotada China, pasarían a ocuparse de Rusia.


También explica su aparente interés en la paz entre Rusia y Ucrania. En realidad, Trump ofrece un caramelo para distraer a Rusia y así dar tiempo a que los europeos atlantistas se rearmen.


No es un esquema de paz lo que Trump está moviendo en Ucrania, sino de guerra. De la guerra sistémica que sostienen aquellos (China, Rusia, India, Irán…) que quieren instaurar un nuevo orden mundial contra los que (EEUU y sus títeres europeos) se afanan por impedirlo y prolongar cuanto puedan su hegemonía decadente. Eso aclara el apoyo o el silencio cómplice de la casta política europea hacia la operación terrorista de EEUU en Venezuela. Son zorros del mismo piñal unidos en los mismos objetivos.


No hay, en el mundo actual, conflictos aislados unos de otros. Estamos en un sistema de vasos comunicantes donde todos los grandes frentes de conflicto -Ucrania, Gaza, Irán, Asia-Pacífico, África, hoy Venezuela-, están intercomunicados y unos influyen en los otros. Lo que ha movido a EEUU contra Venezuela está relacionado con la pretensión gringa de apoderarse de Groenlandia. EEUU quiere una Groenlandia yanqui para hacer allí un símil de Taiwán y cerrar a Rusia el acceso al océano Atlántico. Y así…


Es la versión geopolítica del efecto mariposa (“un pequeño cambio ahora puede dar lugar a un cambio gigantesco e impredecible en el futuro”). Pueden ser conflictos localizados en una geografía determinada, pero que forman parte del conflicto global, cuyo escenario principal -no se engañe nadie- es el control del Pacífico.


Allí, en el ‘arco del triunfo’ que va de la península coreana a India -que referimos en Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos-, está el corazón de la economía mundial, la mitad de la población y las cuatro mayores potencias globales.


El acto criminal contra Venezuela tiene otras secuelas, las inmediatas. Una de ellas es recordarnos, de golpe, que el imperialismo depredatorio y violento no ha muerto. Está vivo y coleando, esperando únicamente que nos durmamos para asaltarnos.


También sirve para recordar que la lucha antiimperialista acabará sólo cuando los sistemas imperialistas hayan sido derrotados. No es posible saber qué derroteros seguirá la agresión contra Venezuela. Lo que debemos tener claro es que, mientras el enemigo está despierto, estamos obligados a permanecer en vigilia. Hoy es Venezuela, mañana cualquiera. De fondo, el planeta entero.


Una inédita versión global de lucha entre opresores y oprimidos. Entre oligarquías y pueblos. Entre un mundo unipolar, en manos criminales, y el mundo multipolar, que queremos en manos de la humanidad. Venezuela es el nuevo capítulo, no el último. Habrá otros. Irán, Egipto, Indonesia, África Central… Y no hay que llamarse a engaño. La acción criminal contra Venezuela acelerará el choque global. Si Trump enseña los dientes otros tendrán que apurarse con los misiles.


Sin dar espacio al desaliento, toca estar alertas y preparados. Se han perdido, se pierden y se perderán batallas pero, al final, la victoria será nuestra. Hagan números y verán que salen las cuentas.



04 enero, 2026

El fin del petrodólar: la razón del asalto a Venezuela

 


Br decode – 03/01/2026


Si enciendes la televisión hoy, verás las mismas imágenes reiteradas. Verás helicópteros. Verás fuerzas especiales. Verás el dramático secuestro de un líder latinoamericano. Los medios hegemónicos lo llaman una victoria para la democracia. Lo llaman la restauración del orden. Analizan la brillantez táctica del asalto y las declaraciones políticas en Washington. Pero, como siempre, te muestran el circo para que no mires la caja fuerte.


Lo que ocurrió hoy en Venezuela no fue una operación política. No se trató de derechos humanos. Ni siquiera se trató realmente de Nicolás Maduro. Fue una “llamada de margen”. Para entender por qué Estados Unidos simplemente asumió el riesgo extremo de emprender una operación militar en Sudamérica, no es necesario consultar las encuestas ni la Constitución. Es necesario observar un gráfico mucho más aburrido y aterrador: las reservas estratégicas de petróleo de Estados Unidos. Durante los últimos tres años, Estados Unidos ha estado vaciando dichas reservas para bajar artificialmente el precio de la gasolina. Han estado vendiendo la plata de la familia para pagar el alquiler. La reserva está ahora en su nivel más bajo desde la década de 1980. Al mismo tiempo, el petrodólar, el sistema que obliga al mundo a comprar petróleo en moneda estadounidense, se encuentra en la unidad de cuidados intensivos.


Arabia Saudita se ha negado a renovar su acuerdo exclusivo. Los países BRICS comercian energía en yuanes y monedas locales. El exorbitante privilegio del dólar se está evaporando. Y la semana pasada, comenzaron a circular rumores en las capitales financieras. Rumores de que Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, estaba a punto de firmar un acuerdo definitivo para fijar el precio de su petróleo exclusivamente en una cesta de monedas BRICS. Esa era la línea roja. Estados Unidos no puede permitirse que el mayor depósito de petróleo del mundo se desconecte del dólar. Si eso sucediera, la demanda de bonos del Tesoro estadounidense colapsará. Las tasas de interés se dispararán y toda la economía occidental, basada en la deuda, implosionará.


Así pués, Washington tenía dos opciones: aceptar la nueva realidad multipolar y negociar, o utilizar el único activo que aún posee en abundancia: la fuerza militar. Optó por las armas. Lo que estamos presenciando no es liberación, es liquidación. Estados Unidos ha embargado efectivamente un país para asegurar sus propios activos. Se ha apoderado de las garantías. Se trata del regreso de la diplomacia de las cañoneras del siglo XIX disfrazada de humanitarismo del siglo XXI.


En este análisis, ignoraremos el ruido. No hablaremos del asalto. Hablaremos del motivo. Expondremos las desesperadas matemáticas económicas que llevaron a Estados Unidos a invadir una nación soberana. Les mostraremos cómo la muerte del petrodólar ha convertido al ejército estadounidense en un recaudador de deudas global. Y explicaremos por qué esta victoria táctica en Caracas podría ser, en realidad, la derrota estratégica que destroce al dólar definitivamente.


Bienvenidos a la verdadera guerra. No se trata de votos. Se trata de barriles. Para comprender la ferocidad de esta maniobra, hay que analizar el balance contable estadounidense. Durante décadas, los medios occidentales nos han vendido un mito. Nos dijeron que la revolución del esquisto había dado a Estados Unidos la independencia energética. Nos dijeron que Estados Unidos era el mayor productor de petróleo del mundo y, por lo tanto, ya no necesitaba preocuparse por Oriente Medio ni Latinoamérica. Esto era una verdad a medias, y en geopolítica una verdad a medias es una mentira absoluta. Estados Unidos produce una cantidad enorme de petróleo, pero produce un crudo ligero y dulce. Es como el champán: burbujeante, ligero y caro. El problema es que la maquinaria industrial estadounidense, las enormes refinerías de Texas y Luisiana, se construyeron hace 50 años. Fueron diseñadas para procesar crudo pesado y agrio. Fueron construidas para funcionar con el petróleo espeso y viscoso que proviene de Oriente Medio y Venezuela. Este es el desajuste en las refinerías que los economistas convencionales ignoran. Estados Unidos produce champán, pero sus motores funcionan con diésel. Durante décadas, lo solucionaron importando petróleo pesado de Arabia Saudita. Pero esa relación está muerta.


Ya hemos hablado de esto en análisis anteriores. Arabia Saudí ya no es la gasolinera de Occidente. Riad está recortando la producción para mantener los precios altos. Se está uniendo los BRICS e ignorando las llamadas de la Casa Blanca. Así que Estados Unidos se enfrentaba a un problema matemático. Se estaban quedando sin el tipo específico de petróleo que necesitaban para mantener su economía en funcionamiento. Y peor aún, ya habían jugado su carta del triunfo. Durante los últimos dos años, en un intento desesperado por evitar que la inflación destruyera los índices de aprobación del presidente en funciones, la administración agotó la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR, siglas en inglés). La SPR esta destinada para la guerra o para emergencias nacionales, no para comprar votos. Sin embargo, abrieron los grifos. Inundaron el mercado con millones de barriles para mantener los precios de la gasolina artificialmente bajos. Ahora ha llegado la factura. La SPR está vacía. El tanque de emergencia está vacío. Y justo cuando el tanque se vació, estalló Oriente Medio, amenazando con cortar el suministro por completo. Washington miró el mapa. Buscaba crudo pesado. Canadá ya está bombeando a máxima capacidad. Rusia, sancionada y hostil. Arabia Saudita, poco cooperativa e inclinándose hacia el este. Eso solo dejaba una opción: las mayores reservas probadas del planeta: los enormes yacimientos de crudo pesado de la Faja del Orinoco, Venezuela.


Durante años, Estados Unidos intentó someter a Venezuela por hambre mediante sanciones. Intentaron crear un gobierno paralelo. Intentaron golpes de Estado suaves. Nada funcionó. El petróleo se quedó bajo tierra o, peor aún, empezó a fluir hacia China a través de petroleros de una flota a la sombra. La presión económica en Washington se volvió insoportable. Si los precios del petróleo subieran a 150 dólares por barril debido a un conflicto en Oriente Medio, la economía estadounidense, ya al borde de la recesión, colapsaría. El dólar perdería su poder adquisitivo de la noche a la mañana. No podían permitirse comprar el petróleo venezolano a precios de mercado. Y, desde luego, no podían permitirse que China lo comprara. Así que el cálculo cambió. La contención ya no era una opción. La posesión se convirtió en una necesidad.


Por eso la narrativa cambió tan rápido. Hace apenas unos meses, se hablaba de flexibilizar las sanciones. Había diplomáticos estrechándose la mano. Pero cuando la SPR alcanzó mínimos críticos, el apretón de manos se convirtió en un puño. La operación militar estadounidense no se lanzó para salvar al pueblo venezolano. Se lanzó para asegurar la Faja del Orinoco. Fue una apropiación hostil de un tenedor en dificultades. Piensen en la cronología. Esta operación ocurrió justo cuando los precios mundiales del petróleo amenazaban con dispararse. Ocurrió justo cuando Estados Unidos se dio cuenta de que no podía reabastecer las reservas en el mercado abierto sin quebrar el tesoro. Necesitaban un nuevo proveedor que no pidiera precios de mercado. Necesitaban un proveedor al que pudieran controlar. Necesitaban un vasallo. Y como el príncipe saudí se negó a tal vasallaje, decidieron establecer uno nuevo en Caracas. Es una aplicación brutal y cínica del poder. El ejército estadounidense actúa, en efecto, como la fuerza de seguridad privada del Departamento de Energía. Pero aquí está el problema: si bien esto podría resolver la escasez física de petróleo durante unos meses, acelera el desastre financiero, ya que el resto del mundo está observando.


Todos los países del sur global, desde Nigeria hasta Brasil e Indonesia, miran a Venezuela y piensan: "Si nos negamos a vender nuestros recursos en dólares, ¿vendrán a por nosotros?". Este miedo no genera lealtad, genera un éxodo. Si los tanques de petróleo vacíos fueron el arma, la guerra de divisas fue la bala. Debemos recordar la ley fundamental del mundo posterior a 1971. El dólar estadounidense no está respaldado por el oro. No está respaldado por la productividad industrial. Está respaldado por un simple acuerdo alcanzado hace 50 años con la Casa de Saud: el petróleo debe venderse en dólares. Este es el truco de magia, porque todas las naciones del mundo necesitan petróleo y dólares para poder comprarlo. Esto crea una demanda artificial permanente de la moneda estadounidense. Permite a Estados Unidos imprimir billones de dólares de la nada, exportar la inflación al resto del mundo y nunca afrontar las consecuencias. Este sistema supone un privilegio exorbitante y es la fuente de la prosperidad estadounidense.


Pero recientemente la magia comenzó a desvanecerse. Hemos visto a los BRICS desmantelar sistemáticamente este sistema. Vimos a Rusia exigir rublos por gas. Vimos a los Emiratos Árabes Unidos liquidar las operaciones petroleras en rupias indias. Vimos a Arabia Saudita negociar el petroyuan con Pekín. Pero Venezuela fue la gota que colmó el vaso. Informes de inteligencia, que los grandes medios de comunicación ignoran convenientemente, sugerían que Caracas estaba preparando una opción nuclear para los mercados financieros. Venezuela estaba a punto de integrar oficialmente su sector energético al sistema de pagos interbancarios transfronterizos chino (SIPs). Se preparaban para fijar el precio de toda su reserva, la mayor del mundo, no en dólares, sino en una canasta de divisas liderada por el yuan y respaldada por oro. Si esto hubiera sucedido, habría sido una señal para todo el hemisferio sur. Habría demostrado que se puede poseer una riqueza masiva fuera del sistema bancario estadounidense y sobrevivir. Washington lo vio como una amenaza existencial. Si el petróleo de Venezuela se comercializa en yuanes, China no necesita tener dólares estadounidenses para comprarlo. Si China se deshace de sus dólares, el valor de la moneda estadounidense se desploma. Si el dólar se desploma, el costo de vida en Estados Unidos se duplica o triplica de la noche a la mañana.


El asalto a Caracas ha sido un intento desesperado por taponar esta fuga en el dique financiero. Tomando el control del gobierno e imponiendo una nueva administración. ¿Cuál crees que será su primer acto? Puedes apostar los ahorros de toda tu vida a que declararán que Venezuela, por la estabilidad de los mercados, establecerá todos sus contratos en dólares estadounidenses. Cambiarán el bolívar por dólar e invitarán a las grandes petroleras estadounidenses, Chevron y Exxon, a regresar al país para reconstruir la infraestructura. Obligarán a que el petróleo vuelva al sistema del dólar a punta de pistola. Esto expone la aterradora fragilidad del imperio estadounidense. Una verdadera superpotencia domina mediante la economía. Ofrece los mejores acuerdos comerciales, la mejor tecnología y la moneda más estable. Lo que propicia que la gente quiera utilizar su moneda. Por el contrario, una potencia en declive no puede competir por méritos, por eso recurre a la coerción. Estados Unidos ya no es el líder del mundo libre en los mercados. Se ha convertido en el ejecutor del patrón dólar. Y esto crea un dilema carcelario para todas las demás naciones ricas en recursos.


Miren a Brasil. Miren el triángulo del litio en Sudamérica. Miren las minas de cobalto en África. El mensaje de Washington es claro: sus recursos pertenecen al sistema del dólar. Si intentan irse, iremos a por ustedes. Pero esta estrategia tiene un fallo fatal. Puedes invadir un país, tal vez puedas invadir dos, pero no puedes invadir el mundo entero. La alianza BRICS es demasiado grande. La tendencia a la desdolarización está demasiado avanzada. Al atacar a Venezuela, Estados Unidos ha demostrado exactamente por qué el mundo necesita un sistema alternativo. Han validado cada discurso de Putin y Xi Jinping sobre la agresión estadounidense. Puede que hayan ganado la batalla por Caracas, pero han perdido la guerra por la confianza.


Antes, los países usaban el dólar por conveniencia. Mañana lo abandonarán por el peligro que supone. Poseer activos estadounidenses ahora significa vulnerabilidad. Significa que tu soberanía es condicional. El petrodólar ya no es un acuerdo comercial. Es una situación de rehenes, y como demuestra la historia, las situaciones de rehenes rara vez terminan bien para el secuestrador. ¿Dónde nos deja esto? Los helicópteros eventualmente abandonarán Caracas. El nuevo ciclo seguirá adelante. La bolsa de Nueva York podría incluso repuntar durante unos días, mientras la perspectiva del petróleo barato embriaga a Wall Street. Pero el daño al alma del orden internacional es permanente. Al atacar Venezuela para apoderarse de sus recursos, Estados Unidos ha desgarrado oficialmente la máscara del orden internacional liberal. Durante 70 años, predicaron sobre la santidad de las fronteras. Sancionaron a Rusia por violarlas. Sermonearon a China sobre la no inferencia. Hoy, esos sermones son inútiles. La hipocresía está escrita con letras mayúsculas en el cielo. Estados Unidos se ha revelado no como un policía global, sino como un pirata global, un pirata que se está quedando sin suministros y está dispuesto a abordar cualquier barco para mantenerse a flote.


Este acto de desesperación no salvará al dólar. Acelerará su caída. Piensen en la reacción en Riad. El príncipe heredero de Arabia Saudita observa y ve que el líder de un país rico petrolero fue destituido porque amenazó el statu quo del petrodólar. ¿Creen que esto hará que Arabia Saudita sea más leal a Washington? No. La vuelve paranoica. La convence de que debe transferir su riqueza al oro, al yuan, a activos a los que el ejército estadounidense no pueda acceder. La convence de acelerar su entrada en el mercado de los BRICS. Piensen en la reacción en Pekín. China ahora sabe que sus líneas de suministro energético desde América no son seguras. Esto obligará a China a redoblar sus esfuerzos en sus oleoductos con Rusia e Irán. Obligará a la fortaleza euroasiática a cerrar aún más sus puertas. En su afán de obtener petróleo barato, Estados Unidos ha consolidado la alianza antiamericana. Han trazado una línea divisoria, Occidente contra el resto. Y en este nuevo mundo dividido, Occidente se ve superado en número y recursos. Se puede robar el petróleo de Venezuela durante un año, quizás dos, pero no se puede robar el futuro. El centro de gravedad económica se está desplazando hacia el este. La capacidad productiva está en el este. Y ahora, por retorcido que suene, la supremacía moral la reclama el este. La incursión en Venezuela pasará a la historia, no como un triunfo del poder estadounidense, sino como el momento en que el imperio estadounidense admitió su bancarrota. Tuvieron que romper el cristal y accionar la palanca de emergencia. El petróleo podrá fluir hacia el norte, por ahora, pero la confianza, la influencia y la legitimidad del dólar se han desvanecido para siempre. El petrodólar ha muerto. ¡Viva el imperio endeudado!



01 enero, 2026

UE, 59 personas y 17 organizaciones arbitrariamente sancionadas

 


PRESSENZA – 27/12/25


«Un simple reglamento técnico de la Comisión Europea, adoptado en el marco de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), puede anular los derechos fundamentales de un ciudadano en territorio europeo sin debate público ni juicio previo, simplemente por la inclusión en una lista. Ya no se trata sólo de oligarcas rusos o funcionarios extranjeros. En la lista de sanciones por motivos tales como la disidencia sobre la guerra de Ucrania, el activismo pro-palestino o la crítica al extractivismo postcolonial en África, y por otras alegaciones parecidas, se incluyen hoy al menos a 59 personas y 17 organizaciones. Entre ellos hay ciudadanos europeos y de terceros países cuya única falta es la discrepancia política».



31 diciembre, 2025

C A N T E

 


El gran robo bancario: el G7 acaba de matar al sistema financiero mundial

 



Br decode – 30/12/2025

Paulo Nogueira Batista Jr.

   Traducción del inglés: Arrezafe


Existe una regla de oro en la banca que ha existido desde la época de la familia Medici en Florencia. Un banco se basa en la confianza, no en bóvedas. Si un banquero decide robarle dinero a un notorio cliente, podría sentirse justificado alegando que ese cliente era una mala persona. Pero en el momento en que lo hace, todos los demás clientes se van, porque saben que mañana les podría tocar a ellos.


Esta semana, las naciones del G7, lideradas por Estados Unidos y Europa, decidieron romper esa regla de oro. Han ultimado el plan para convertir en arma los 300.000 millones de dólares de activos soberanos rusos congelados desde 2022. Tomarán los intereses devengados por ese dinero, miles de millones de dólares al año, y los entregarán a Ucrania para financiar la guerra contra Rusia. A esto lo denominan “finanzas creativas”. Lo llaman justicia. Yo lo llamo gran robo bancario. Y no hablo como simpatizante de Rusia. Hablo como exdirector ejecutivo del FMI. Hablo como banquero.


Lo que el G7 acaba de hacer es declarar, de hecho, que la inmunidad soberana, piedra angular de las finanzas internacionales, está muerta. Le han dicho al mundo que su dinero solo está seguro en los bancos occidentales si está usted de acuerdo con la política exterior occidental. En el momento en que discrepe, su cuenta de ahorros se convierte en hucha de ellos. Este es un error catastrófico. Es una apropiación de efectivo a corto plazo que provocará un colapso sistémico a largo plazo. ¿Creen que Arabia Saudita no está observando esto? ¿Creen que China no está observando? ¿Creen que India no está observando? Por supuesto que sí. El príncipe heredero de Arabia Saudita está mirando sus cientos de miles de millones en bonos del Tesoro estadounidense y eurobonos y se pregunta: si no estoy de acuerdo con Estados Unidos sobre Israel o sobre los precios del petróleo, ¿también me robarán mis intereses? La respuesta ahora, es sí. El G7 cree que está castigando a Vladimir Putin. En realidad, se están castigando a sí mismos. Están destruyendo el mayor activo del mundo occidental: la creencia de que es un refugio seguro para el capital.


Hoy analizamos por qué esta decisión es el último clavo en el ataúd del euro. Explicaremos por qué este robo desencadenará una fuga global de capitales bancarios desde Occidente y analizaremos la brutal represalia que Rusia está preparando: una trampa en la que los inversores occidentales están cayendo.


La era del Estado de Derecho ha terminado. La era de la piratería financiera ha comenzado. Analicemos la ficción legal: Por qué las "ganancias extraordinarias" son una mentira. Dejemos de lado el lenguaje diplomático y analicemos el fraude. Los políticos de Bruselas y Washington saben que confiscar las reservas del banco central de otro país es ilegal. Viola todos los tratados de inmunidad soberana firmados desde siempre. Apropiarse del dinero directamente supondría un acto de guerra que colapsaría inmediatamente el mercado de bonos. Así que inventaron una vía alternativa. Dicen: "No nos estamos apoderando del capital ruso, tan sólo nos estamos quedando con las extraordinarias ganancias generadas por ese capital". Lo cual es una ficción legal, una mentira diseñada para tranquilizar a abogados inquietos. Cualquier estudiante de primer año de economía sabe que los intereses pertenecen al dueño del capital. Si deposito un millón de dólares en su banco y genera un 5% de interés, esos intereses son míos. Si el banco se lo queda, entregándolo además a mi enemigo, eso es robo. Así de simple.


Pero he aquí la tragedia. Estados Unidos está presionando para que esta operación se lleve a cabo, pero es Europa quien pagará las consecuencias. La mayoría de estos depósitos rusos, que rondan los 200.000 millones de dólares, no están en Nueva York, están depositados en Bélgica, en una cámara de compensación llamada Euroclear. Euroclear es la infraestructura del sistema financiero europeo. Se supone que es neutral. Se supone que es una entidad bancaria, no un ente político. Al obligar a Euroclear a confiscar estas ganancias, la UE está utilizando su propia infraestructura financiera como arma. La directora del Banco Central Europeo, Christine Lagard, advirtió contra esto. Dijo que podría quebrantar el orden jurídico internacional. Sabe que si el euro se convierte en un arma política, deja de ser una moneda de reserva. ¿Por qué un banco central brasileño o indonesio guardaría euros si la UE puede confiscar arbitrariamente los rendimientos?


El euro ya tenía dificultades antes de este asunto. Es una moneda sin país, gestionada por una burocracia que ha estrangulado su propia economía con sanciones energéticas. Ahora añaden el riesgo legal a la lista de razones para no comprar euros. Esto es precisamente lo que quiere Estados Unidos. Piénsenlo. Si el mundo pierde la confianza en el euro, ¿adónde va el dinero? Fluye al dólar. Estados Unidos está sacrificando la reputación de sus aliados europeos para apuntalar su propia hegemonía. Los europeos son los idiotas útiles de este plan. Están destruyendo la credibilidad de su sistema bancario para financiar la guerra que dirige Estados Unidos. Y lo irónico es que esto ni siquiera ayudará a Ucrania. La cantidad de dinero que roban, unos 3.000 millones de dólares al año, sólo puede financiar dicha guerra durante unas dos semanas. Están quemando la credibilidad de todo el sistema financiero occidental para obtener munición durante dos semanas. Es la definición de un mal negocio.


Pero el verdadero daño no es sólo legal, es psicológico. La prima de riesgo por poseer activos occidentales se ha disparado. Cuando vemos titulares sobre esta confiscación, los medios occidentales fijan su atención en la reacción de Rusia. Pero la reacción más importante no proviene de Moscú. Proviene de Riad, Pekín, Nueva Delhi y Brasilia.


El suicidio del euro: Destruyendo la neutralidad de Euroclear


El sur global representa la mayoría de la población y los recursos del mundo. Durante décadas, estos países mantuvieron sus ahorros en Occidente porque creían que Occidente respetaba los derechos de propiedad. Esa creencia ahora ha desaparecido. Estamos presenciando el comienzo de un desplazamiento bancario a cámara lenta. Los bancos centrales no entran en pánico como los inversores minoristas. No hacen desesperadas colas en el cajero automático. Se mueven silenciosamente, estratégicamente y permanentemente. Observe el mercado del oro. ¿Por qué el oro alcanza máximos históricos cada mes? No se debe a la demanda de joyas. Se debe a que los bancos centrales lo compran por toneladas. China se está deshaciendo de los bonos del Tesoro estadounidense y comprando oro. Turquía está comprando oro. India está comprando oro. Singapur está comprando oro. ¿Por qué? Porque el oro se puede almacenar en tu propia caja fuerte, ya sea en Shanghái o Bombay. El G7 no puede confiscarlo. El sur global está mudando, de los depósitos en custodia que controla Occidente a los depósitos soberanos que ellos controlan.


Este gran robo bancario ha acelerado el proyecto monetario de los BRICS a 10 años. Antes, la idea de una moneda BRICS era sólo una teoría. Muchos países dudaban. Se sentían cómodos con el dólar y el euro. Pero ahora, un sistema de pago no occidental ya no es un lujo, es una necesidad de supervivencia. Un país que algún momento pueda discrepar con Estados Unidos, por ejemplo, en política climática, derechos humanos o aranceles comerciales, no puede permitirse permanecer en el sistema del dólar. Necesita un sustituto. Sin darse cuenta, el G7 ha creado la campaña de marketing para su propio reemplazo. Cada vez que sancionan a un país, cada vez que confiscan activos, actúan como los mejores vendedores del sistema de pago BRICS. Le están diciendo al mundo: "Construye tu propio bote salvavidas porque podríamos hundir tu barco". Y, seamos claros, Estados Unidos necesita a estos inversores extranjeros. Estados Unidos tiene un déficit de 2 billones de dólares al año. Necesita que China, Japón y Arabia Saudita compren su deuda. Si dichos compradores se retiran por temor a ser confiscados, ¿quién compra la deuda?: la Reserva Federal. Y eso conduce a la inflación.


Así que, cuando los líderes del G7 se feliciten mutuamente por el golpe propinado a Putin, recuerden esto: el precio de este robo lo pagarán ustedes. Se pagará con mayor inflación, una moneda más débil y la pérdida global de prestigio. Están recogiendo céntimos al pie de una apisonadora. Y mientras Occidente celebra su ingenioso vacío legal, Rusia prepara una respuesta que no es ni astuta ni sutil: es brutal.


¿Pensaron realmente los líderes del G7 que Rusia se quedaría de brazos cruzados y permitiría que les robaran 300.000 millones de dólares? Vladimir Putin es muchas cosas, pero no ingenuo. Durante dos años, mientras Occidente debatía si debían o no robar el dinero, Rusia se preparaba para el momento en que lo harían. Le tendieron una trampa, y Occidente cayó en ella. Rusia mantiene secuestrados dentro de sus fronteras miles de millones de dólares en activos occidentales. Hay fábricas propiedad de empresas alemanas. Hay cuentas bancarias propiedad de fondos de inversión estadounidenses, como JP Morgan y BlackRock. Hay centrales eléctricas propiedad de empresas de servicios públicos europeas. El Kremlin ya firmó un decreto que, a todos los efectos, dice: «Si requisan nuestro dinero, nosotros requisaremos el suyo. Simple intercambio, lo mío por lo tuyo». Pero he aquí por qué Occidente pierde este intercambio: cuando Rusia se apodera de activos occidentales, obtiene bienes realmente productivos: fábricas, maquinaria, infraestructura. Cuando Occidente confisca activos rusos, obtiene cifras en pantalla. Y lo que es más importante, las empresas occidentales nunca recuperarán ese dinero. Los gigantes industriales alemanes a los que nos referimos, Volkswagen, BASF, Semens, tienen miles de millones atrapados en Rusia. Ese capital prácticamente se ha esfumado. Los gobiernos del G7 están sacrificando a sus propias corporaciones para ganar en el terreno político. Las consecuencias serán desastrosas. Habrá demandas durante décadas. Las empresas occidentales demandarán a sus propios gobiernos por causar estas pérdidas. El sistema legal quedará atascado por las consecuencias de esta decisión. Pero la mayor pérdida es intangible: la pérdida de la pretendida superioridad moral. A Occidente le gusta sermonear al mundo sobre el Estado de derecho. Se complace en criticar a los países en desarrollo por la corrupción y la falta de derechos de propiedad. Tras esta operación, esos sermones carecen de sentido. No se puede pretender ser el defensor de los derechos de propiedad mientras se gestiona un sistema global de confiscación de activos. No se puede ser el banquero y el pirata del mundo al mismo tiempo. El gran robo bancario de 2024 pasará a la historia como el momento en que Occidente renunció oficialmente a su rol como custodio del sistema financiero global. Robaron los intereses, pero perdieron el capital y, a la larga, perdieron el mundo.



30 diciembre, 2025

EEUU atraído hacia la guerra cual polilla por la vela — Emanuel Pastreich

 



Cual polilla por la vela, Estados Unidos se siente atraído por la guerra en todos los frentes. No importa que los estadounidenses estén hartos de guerras en ultramar --Afganistán, Irak, Siria, Libia y ahora en Venezuela-- que han llevado a la nación a la bancarrota. Estados Unidos carece de la capacidad económica, tecnológica e industrial necesaria para sostener una guerra convencional. Tampoco es probable que gane una guerra no convencional empleando nanotecnología, biotecnología y guerra mediática.


Críticos con acceso a los medios hegemónicos, como John Mearsheimer y Jeffrey Sachs, atribuyen este belicismo a la insensatez e ignorancia de líderes políticos como Donald Trump, o a la incompetencia de los burócratas. Evitan deliberadamente cualquier análisis de la estructura económica de Estados Unidos o del papel de los bancos y corporaciones multinacionales en la confección de dichas políticas. Su única explicación de tal afán bélico es que se debe al proceder insensato de unos cuantos incompetentes.


Al parecer, nadie quiere la guerra, ni siquiera los ricos y poderosos de todos los bandos, y sin embargo, el redoble de los tambores de guerra continúa, haciéndose cada vez más fuerte. El ansia de guerra se extiende como un hongo carmesí por toda la nación, impulsado por una cultura bélica que se propaga a través de los medios, de películas y de programas de televisión. La preparación para la guerra es un herramienta para controlar a la población de forma totalitaria.


El gobierno estadounidense presiona, urge a sus aliados para que aumenten el gasto en militar hasta un cinco por ciento de su pib, y en tan poco tiempo que no que sería posible sin corrupción y despilfarro masivos. El aumento del arsenal militar no es ni más ni menos que una transferencia de riqueza, no un aumento de la seguridad.


Estados Unidos se está derrumbando como economía, como sociedad y como civilización, agobiado por una deuda masiva, abrumado por el colapso de su infraestructura y la decadencia de sus instituciones educativas y de investigación, estrangulado por una cultura obscena y narcisista. Pero sobre todo, por la extrema concentración de la riqueza que durante los últimos 20 años –desde que los megaricos se apoderaron por completo del gobierno– ha permitido que un puñado de engreídos impostores determine la política de la nación y decida el destino de su población, cuyos intereses fundamentales son completamente ignorados. La república, y cualquier vestigio de democracia participativa, han sido relegados al olvido.


Fuente: Why Is the United States Drawn to War? - It’s the Oligarchy, Stupid!

   Traducción del inglés: Arrezafe

Artículo completo en: Savage Minds 30/12/2025



28 diciembre, 2025

Wall Street is stealing from volunteer fire departments — Kevin Walmsley

 




Inside China Business - 28 dic 2025

US Private Equity firms are targeting volunteer fire departments, and the software these first responders rely on.


A handful of PE companies are snapping up affordable software providers in the emergency response space, consolidating them, then aggressively raising prices.


Most fire departments in the United States are made up of volunteers, and are budget-constrained. But Wall Street investors are enjoying huge profits, by tripling annual fees on departments, and buying and shutting down more affordable providers.


Closing scene, Hengdian, Zhejiang


👉🏽 You can access to the transcript of this video at the following link:

https://kdwalmsley.substack.com/p/wall-street-is-stealing-from-volunteer?r=4pow86




27 diciembre, 2025

China’s Political System Explained: Why Vast Majority Support ‘People’s Democracy’

 




Break Through News - 25 nov 2025

What is China's political system really like? China’s Constitution calls for "leadership of the Communist Party of China" over a "system of multiparty cooperation and political consultation." But could it actually have more "democratic" practices than the U.S.? Western media often frames China as a totally authoritarian top-down state, but this narrative doesn't explain the high levels of public satisfaction reported in studies like the one from Harvard. This week, Amanda Yee is joined by Paweł Wargan, Political Coordinator for the Progressive International, to debunk common Western myths and discuss the reality of China's governance model. The two dive deep into the country’s "whole-process people's democracy," how it functions, and why it enjoys widespread popular support.