La Jornada – 12/02/2026
El 26 de julio de 2010, en el pequeño teatro del Memorial José Martí de La Habana, un Fidel Castro convaleciente de varias operaciones y vestido de verde olivo avanzó por el pasillo mientras saludaba a quienes estaban en los asientos cercanos. A la compañera sentada a mi lado le dijo con complicidad: "Ahí está Rosa Miriam… ¿Sabes que ella un día me preguntó si íbamos a sobrevivir al Periodo Especial?"
Él acababa de recordar una tarde de 1990, 20 años antes, cuando me tocó reportar, como periodista recién graduada, un acto rutinario en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), al que de pronto llegó Fidel. Por más de cuatro horas explicó lo que viviríamos los cubanos tras la desaparición de la URSS, momento histórico que fue llamado Periodo Especial porque, diría entonces el comandante en jefe, "nadie sabe qué tipo de problemas en el orden práctico pueden sobrevenir".
Cuba llegó a perder un tercio del producto interno bruto entre 1991 y 1994, y el bloqueo estadunidense se recrudeció de manera oportunista, primero con el republicano George Bush (padre) y luego con el demócrata Bill Clinton. Entre todas las privaciones que padecimos, quizá la más dura fue la epidemia de neuropatía asociada a una caída brusca de la ingesta de alimentos: de casi 4 mil calorías diarias se pasó a poco más de mil. El hambre real, cotidiana, dejó secuelas físicas y sicológicas en millones de cubanos que todavía perduran.
Pero en el CIGB, aquella tarde de 1990, fue la primera vez que el líder cubano describió con lujo de detalles las duras restricciones económicas que venían y se habló en Cuba de la Opción Cero. Fidel, que siempre iba con la verdad por delante, fue tan gráfico –ollas colectivas, bicicletas y carretones como única posibilidad de transporte, apagones, alimentos racionados más que de costumbre–, que todos nos quedamos en shock. Y cuando terminó de hablar y se acercó a los periodistas, me salió del alma una pregunta exaltada: "¿Usted cree realmente que sobreviviremos?"
Volvió a explicar que la Opción Cero era el plan de contingencia del gobierno revolucionario para el momento del bloqueo total del exterior y, por tanto, la falta absoluta de petróleo en el país. Se diseñó una estrategia para ese escenario y se organizó cada eslabón de la sociedad para mantener un mínimo de actividad económica, así como los centros de educación y salud vitales, con previsiones para una situación aun peor: la de una agresión militar. Se entrenaría al pueblo, incluso, para sobrevivir sin agua y energía eléctrica durante muchos días.
Recuerdo la paciencia con que Fidel explicó que aquel plan no era una consigna propagandística, sino un instrumento de planificación defensiva. Preparaba sicológicamente al país para un escenario límite, enviaba la señal de que el Estado se organizaba incluso para el peor desenlace y expresaba una voluntad explícita de no capitular, aun en condiciones materiales extremas.
En una conferencia de prensa reciente, el presidente Miguel Díaz-Canel afirmó que los protocolos de supervivencia nacional concebidos en los años más duros del Periodo Especial no sólo existen, sino que han sido revisados, modernizados y están listos para activarse si fuera necesario. En los años 90, Cuba enfrentó una caída súbita sin "manual", mientras hoy encara una crisis severa con más experiencia, más herramientas para resistir la escasez y algunas capacidades tecnológicas y sectoriales –incluido cierto crudo nacional– que permiten resistir con mayor elasticidad, aunque el punto débil siga siendo el mismo núcleo: energía, divisas e importaciones.
Y a eso se suma que las sanciones y amenazas de Trump han unido al país. Cuando las amenazas explícitas se tornan tan visibles en sus efectos cotidianos, dejan menos espacio para la idea de que "todo es relato" y pasan a operar como cualquier otra pedagogía de la violencia. El acoso y el dolor despiertan el instinto de supervivencia, generan más solidaridad, fortalecen la tolerancia social a medidas extremas y afirman el sentido común de que una disputa como ésta no es sólo doméstica, sino geopolítica y coercitiva. Ver a Donald Trump, a Marco Rubio y a los congresistas de Miami celebrar el daño que hacen, mientras gritan "cero petróleo, cero remesas, cero envíos de alimentos y medicinas", ha indignado en Cuba hasta a las piedras.
Pero no calculan los poderes de la historia. Después de que le hice la pregunta a Fidel en Biotecnología, él estuvo casi dos horas más explicándome por qué los cubanos saldríamos del Periodo Especial y de la Opción Cero. Cerró con una frase que respondía a aquella pregunta salida del alma: "Sobreviviremos resistiendo, resistiendo y resistiendo. Como otras veces".
Veinte años después, en el teatro del Memorial José Martí, Fidel terminó su discurso y recorrió de vuelta el pasillo por el que había entrado. Cuando pasó cerca de mi silla, se detuvo un instante: "¿Viste, m’hija, que se pudo resistir?"
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Explíquenle a Trump que Cuba no come miedo — Hedelberto López Blanch
REDH-Cuba – 11/01/2026
La desesperación por comprender que el imperio estadounidense va en caída por el nacimiento de un mundo multipolar, la pérdida del dólar como principal moneda de reserva internacional y la crisis económica que sobrevuela como espada de Damocles por Washington, han impulsado la prepotencia y la peligrosidad del convicto presidente Donald Trump y sus asesores.
Desde la llegada a la Casa Blanca el facsímil americano de Adolf Hitler, presionó para adueñarse del Canal de Panamá; bombardeó Venezuela y secuestró ilegalmente al presidente Nicolás Maduro para robar su petróleo; amenaza con invadir y apoderarse de Groenlandia para coercionar militarmente a Rusia; afirma que convertirá a Canadá en el Estado 51 de Estados Unidos, y de doblegar a Cuba si no cumple con sus chantajes.
Parece que el Hitler americano del siglo XXI no conoce la historia de independencia de muchos países y en específico de Cuba, cuyos mambises lucharon con denuedo contra el colonialismo español; después los rebeldes dirigidos por Fidel Castro derribaron la dictadura de Fulgencio Batista impuesta por Washington; en 1961 derrotaron en las arenas de Playa Girón la invasión militar organizada por Estados Unidos y durante 67 años su pueblo y dirigentes han enfrentado el mas largo bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por las distintas administraciones yanquis.
Trump no conoce el discurso de Fidel en la Plaza de la Revolución, el 20 de diciembre de 1980, cuando expresó ante las amenazas del entonces presidente Ronald Reagan:
«Le hemos dicho paladinamente al señor Reagan que no tenemos ningún temor a sus amenazas, porque, desde luego, hay algo que no nos gusta, y no nos gusta que nos amenacen; no nos gusta que traten de intimidarnos, no nos gusta». «Además, nuestro pueblo hace tiempo que ha perdido ya la idea de lo que es el miedo; hace tiempo que nuestro pueblo ha perdido ya el sabor de lo que es el miedo», sentenció.
Ahora, en los primeros días de enero y tras el ataque a Venezuela, Trump ha reforzado sus amenazas contra Cuba. La última ocurrió el domingo 11 de enero cuando dijo: «No habrá más petróleo ni dinero para Cuba. ¡Cero! Les recomiendo encarecidamente que lleguen a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde». Y seguidamente, como ha sido su costumbre, agregó una serie de mentiras contra el Gobierno de la Isla.
El presidente Miguel Díaz-Canel, en su cuenta X, inmediatamente refutó al convicto presidente y declaró: Trump «no tienen moral para señalar a Cuba en nada, absolutamente en nada, quienes lo convierten todo en negocio, incluso las vidas humanas. Quienes hoy truenan histéricos contra nuestra nación lo hacen enfermos de rabia por la decisión soberana de este pueblo de elegir su modelo político», precisó.
Díaz Canel reiteró que «Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta qué hacer. Cuba no agrede, es agredida por Estados Unidos hace 67 años, y no amenaza, se prepara, dispuesta a defender la patria hasta la última gota de sangre».
Por su parte, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla en un mensaje en X, reafirmó: «A diferencia de Estados Unidos, no tenemos un Gobierno que se presta al mercenarismo, al chantaje o la coerción militar contra otros Estados»
Washington, agregó, se comporta como «un hegemón criminal y descontrolado que amenaza la paz y la seguridad, no solo de Cuba y este hemisferio, sino del mundo entero».
Asimismo, enfatizó, que el país tiene absoluto derecho a importar combustible desde los mercados dispuestos a exportarlo, además de ejercer su derecho a desarrollar sus relaciones comerciales sin la interferencia o la subordinación a las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos.
Por todos esos motivos, los asesores deben explicarle a Trump que ¡Cuba no come miedo!
Fuente: Cuba en Resumen
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