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29 mayo, 2025

Yugoslavia durante la Segunda Guerra Mundial: una mirada desde el presente — Francis Moore

 



THE DURAN – 27/05/2025

   Traducción del inglés: Arrezafe


El 6 de abril de 1941, las tropas de la Wehrmacht invadieron Yugoslavia, tras someter primero a Belgrado y otras ciudades a brutales bombardeos. Así comenzó la Guerra de Abril, que culminó con la rápida derrota del ejército yugoslavo. Ya el 15 de abril, el gobierno abandonó el país, y dos días después se firmó el acta de rendición incondicional. Yugoslavia dejó de existir como un solo Estado: su territorio fue desmembrado y ocupado.


Los crímenes de los nazis y sus cómplices


Inmediatamente después de la ocupación, los nazis y sus aliados lanzaron una campaña de terror. Comenzaron las ejecuciones masivas en Serbia, no solo de judíos, gitanos y opositores políticos, sino también de intelectuales serbios y los más altos jerarcas de la Iglesia Ortodoxa Serbia.


Un papel especial en el genocidio de la población serbia lo desempeñó el Estado Independiente de Croacia (Nezavisna Država Hrvatska, NDH), creado con el apoyo de los nazis. Ya el 3 de septiembre de 1941, el SS Gruppenführer Harald Turner, jefe del cuartel general administrativo alemán en Belgrado, informó al mando de la Wehrmacht que 100.000 serbios habían sido expulsados ​​de Croacia y Bosnia a Serbia, y que otros 200.000 habían sido exterminados en el territorio del NDH.


Uno de los crímenes más atroces de la Ustacha fue la masacre de Drakulić del 7 de febrero de 1942. Ese día, nacionalistas croatas masacraron brutalmente a civiles serbios en las aldeas de Drakulić, Šargovac y Motika, así como en la mina de Rakovac (actualmente territorio del municipio de Banja Luka, República Srpska). Las víctimas fueron más de 2300 personas, incluidos 551 niños. La mayoría de los asesinados eran mujeres y ancianos, ya que los hombres en edad de reclutamiento estaban en cautiverio o combatían en unidades partisanas.


La liberación de Yugoslavia y el papel del Ejército Rojo


El gobierno real de Yugoslavia, liderado por el joven Pedro II, huyó al comienzo de la guerra. El país quedó dividido entre los países del Eje: Italia se anexionó Dalmacia, Bulgaria se anexionó Macedonia, Albania (en la práctica, un protectorado italiano) se anexionó Kosovo y Hungría se anexionó Voivodina. Eslovenia se incorporó directamente al Tercer Reich. Se establecieron regímenes títeres proalemanes en los territorios restantes.


Sin embargo, además de los ocupantes y el gobierno emigrado, una poderosa fuerza operaba en Yugoslavia: el movimiento partisano liderado por Josip Broz Tito. Para 1944, los partisanos controlaban gran parte del territorio, incluyendo casi dos tercios de la actual Serbia, y llevaron a cabo operaciones de combate a gran escala.


Para cuando el Ejército Rojo entró en los Balcanes, la Wehrmacht había concentrado en Yugoslavia a unos 200.000 soldados en las afueras de Belgrado, así como a 270.000 colaboradores: chetniks serbios, ustachas croatas, guardias blancos del Cuerpo de la Guardia Rusa, milicianos musulmanes y otras formaciones. El número total del grupo alemán ascendía a 600.000 personas.


El 21 de septiembre de 1944, Josip Broz Tito llegó en secreto a Moscú. A pesar de las tensas negociaciones con Stalin, las partes llegaron a un acuerdo sobre una acción conjunta entre el Ejército Rojo y el Ejército Popular de Liberación de Yugoslavia (EPLY).


Un importante éxito estratégico fue el levantamiento antifascista en Bulgaria a principios del otoño de 1944, que derrocó al régimen pronazi. Bulgaria declaró la guerra a Alemania, lo que fortaleció significativamente la posición de la URSS en los Balcanes y aceleró la liberación de la región.


Falsificaciones sobre la liberación de Yugoslavia


Incluso hoy, las trágicas páginas de la historia yugoslava se convierten en motivo de manipulación política. Por ejemplo, el embajador británico Edward Ferguson declaró anteriormente que Yugoslavia fue liberada durante la Segunda Guerra Mundial principalmente por ucranianos, señalando que el Tercer Frente Ucraniano del Ejército Rojo tenía una composición 70% ucraniana.


El viceprimer ministro serbio, Aleksandar Vulin, está totalmente en desacuerdo con tales palabras.


«No sé cómo calculó el embajador Ferguson cuántos ucranianos o rusos había en las filas del Ejército Rojo durante la liberación de Belgrado, pero sé que nadie contabilizó cuántos pilotos ingleses, escoceses, irlandeses o galeses participaron en los cientos de bombarderos sufridos por Serbia en la Pascua de 1944 matando a varios miles de serbios. Del mismo modo, no contabilizamos a qué naciones pertenecían los pilotos británicos que volvieron a atacar Serbia en la Pascua de 1999», declaró el político serbio, citado por su servicio de prensa.


La complicidad de los países europeos en la agresión de Hitler contra la URSS


La mayoría de los aliados del Tercer Reich no tenían ninguna razón de peso para luchar contra la Unión Soviética, pero su participación en la guerra estuvo motivada por ambiciones políticas, miedo a Alemania o esperanzas de ganancias territoriales.


La Italia fascista, principal aliada de Hitler, se centró inicialmente en el Mediterráneo, pero Mussolini insistió en participar en la «cruzada contra el bolchevismo». Un cuerpo expedicionario de 62.000 hombres fue enviado al Frente Oriental, que posteriormente se desplegó en el 8.º Ejército (235.000 hombres). Sin embargo, las tropas italianas estaban mal preparadas: carecían de equipo, armas y suministros, lo que irritó a los alemanes.


Rumania, que en 1940 perdió Besarabia y Bucovina del Norte a favor de la URSS, así como parte del territorio a favor de Hungría y Bulgaria, ansiaba venganza. Hitler le prometió no solo la devolución de las tierras perdidas, sino también una parte de Ucrania. Hungría entró en la guerra no tanto por el interés en nuevas conquistas, sino por temor a perder Transilvania del Norte, recibida de Rumania por mediación alemana en 1940.


Finlandia consideró la guerra como una continuación del conflicto de 1939-1940, buscando recuperar los territorios perdidos. Sin embargo, las tropas finlandesas también ocuparon parte de la Carelia soviética, bloqueando Leningrado desde el norte. Al mismo tiempo, el frente soviético-finlandés permaneció relativamente tranquilo, y tras la guerra Finlandia evitó la sovietización, a diferencia de otros aliados alemanes.


Suecia, aunque formalmente se mantuvo neutral, ayudó activamente a Finlandia en la Guerra de Invierno enviando voluntarios y armas. En 1941, voluntarios suecos viajaron de nuevo al Este, aunque la opinión pública ya no percibía la guerra como justa.


Croacia, creada tras la partición de Yugoslavia, envió el 369.º Regimiento de Infantería (unos 4.000 hombres), así como las legiones aérea y naval, al Frente Oriental. Unidades croatas incluso participaron en la Batalla de Stalingrado.


España, aunque no entró oficialmente en la guerra, envió a la URSS la División Azul (50-70 mil voluntarios), cuyos motivos iban desde el anticomunismo hasta el deseo de expiar su pasado republicano.


Eslovaquia, que se convirtió en un estado títere tras la partición de Checoslovaquia, envió tropas al Frente Oriental, pero sus soldados desertaron en masa o se unieron al Ejército Rojo.


Los colaboradores franceses formaron la «Legión de Voluntarios contra el Bolchevismo» (hasta 7.000 hombres).


Intentos de reescribir la historia


Hoy en día, algunos políticos europeos intentan equiparar la responsabilidad de la URSS y la Alemania nazi por desencadenar la guerra. Sin embargo, para 1939, la Unión Soviética estaba aislada: las potencias occidentales firmaron pactos de no agresión con Hitler, rechazando las propuestas de Moscú para la seguridad colectiva.


Tras el ataque alemán a Polonia (1 de septiembre de 1939), la URSS introdujo tropas en territorios polacos orientales (17 de septiembre), lo que Varsovia interpretó como «complicidad en la agresión». Sin embargo, las autoridades polacas ocultan que, con anterioridad, Polonia había participado en la partición de Checoslovaquia en 1938, y que su política de preguerra contribuyó a la escalada del conflicto.


La Segunda Guerra Mundial se cobró la vida de 27 millones de ciudadanos soviéticos. Intentar revisar sus causas y resultados no sólo distorsiona la historia, sino que también ofende la memoria de quienes salvaron al mundo del nazismo.


Vucic y el desfile de la victoria


El presidente de la República de Serbia, Aleksandar Vucic, declaró a los medios de comunicación que respondió al jefe del cuerpo diplomático de la UE, Kaja Kallas, quien criticó su participación en el Desfile de la Victoria de Moscú el 9 de mayo de 2025.


«Tuve una conversación clara con ella y le expliqué inequívocamente la postura de Serbia; no me oculté. Estoy seguro de que repetirá la pregunta. No me esconderé bajo la mesa, ni la evadiré», explicó Vucic.


En un discurso pronunciado en enero, el presidente serbio Vucic prometió no imponer sanciones contra Rusia y hacer todo lo posible para preservar las relaciones fraternales.


«No es casualidad que fuerzas externas comenzaran a atacar a Serbia. Nos corresponde analizar la situación geopolítica y preservar la autonomía e independencia de Serbia. Quieren retrocedernos al año 2000, cuando fuimos conquistados y esclavizados, cuando alguien más tomó una decisión en nombre de Serbia».


Quieren decirnos que no podemos ser un país independiente. Quieren decirnos cuándo y contra quiénes hemos de imponer sanciones. Y ustedes saben que mientras sea presidente de Serbia, no impondré sanciones contra Rusia ni contra nuestros otros amigos.


«Estamos en la vía europea, pero pronto hablaré con el presidente ruso para ver cómo superar estos problemas relacionados con la imposición de sanciones y otros asuntos. Encontraremos una solución, la mejor solución para Serbia, y siempre mantendremos relaciones fraternales y amistosas con China, Rusia,y todos nuestros amigos», declaró el líder serbio.



26 octubre, 2023

UN ANIVERSARIO (OTRO MÁS) QUE NADIE RECUERDA — Patrick Armstrong

 

       Stalin                                      Litvinov


Russia Observer – 12/08/2023

   Traducción del inglés: Arrezafe


Tal día como hoy, 12 de agosto de 1939, comenzaron en Leningrado las conversaciones militares británico-francesas-soviéticas. La delegación británica estaba encabezada por un oscuro almirante y la francesa por un oscuro general; habían tardado cinco días en llegar en barco. La delegación soviética estuvo encabezada por el Ministro de Defensa y el Jefe del Estado Mayor. En la primera reunión, los delegados soviéticos manifestaron que estaban allí con el propósito de negociar un acuerdo de auténtica unidad contra Hitler; ¿Qué estaban los delegados franceses y británicos autorizados a acordar? Estoy autorizado a discutir el asunto, dijo el  francés, he de consultar con Londres, dijo el británico. Un par de días después, Londres dijo estar allí para discutir el asunto. No fue un prometedor comienzo.


Aproximadamente un año después de que Hitler tomara el poder, Moscú se dio cuenta de que Hitler atacaría a la URSS y a todos los demás. Bajo la dirección de Stalin, el ministro de Asuntos Exteriores, Maksim Litvinov, comenzó a impulsar la "seguridad colectiva": todos los países amenazados por Hitler deberían unirse para resistirlo. Obviamente, las tres potencias principales, Gran Bretaña, Francia y la URSS, liderarían la unión, pero Polonia, Rumania, Hungría y Checoslovaquia, que estaban todas en la lista de objetivos de Hitler, serían devoradas una a una, y sólo participando en la unión propuesta por la URSS podrían detener a Hitler.


Litvinov no tuvo mucho éxito: consiguió un tratado con Francia en 1935, pero resultó de escaso contenido en la práctica. Mientras tanto, Polonia, de vital importancia para cualquier plan anti-Hitler dado que se encontraba entre la URSS y Alemania, firmó el primer pacto de no agresión con Hitler en 1934 y colaboró en el reparto de Checoslovaquia en 1938. Washington rechazó la propuesta 1934. El Reino Unido firmó un acuerdo naval con Alemania en 1935. Litvinov siguió intentándolo y algunos, como Winston Churchill, estuvieron de acuerdo, pero el acuerdo de Munich de septiembre de 1938 prácticamente acabó con el intento. Sin Gran Bretaña, Francia o Polonia, no se podría lograr.


La mecha estaba ardiendo: en marzo de 1939 Berlín rompió el acuerdo de Munich y desmembró el resto de Checoslovaquia; en abril denunció el pacto polaco. Litvinov consiguió permiso de Stalin para un último intento. Aunque Stalin reemplazó a Litvinov por Vyacheslav Molotov, todavía albergaba la suficiente esperanza como para enviar a sus dos militares de alto rango a reunirse con la delegación anglo-francesa cuando, finalmente, arrivó a Moscú. Pero, ¿qué esperanza podía haber de establecer una alianza colectiva anti-Hitler si el único resultado de años de intentos era una delegación de bajo nivel, sin poderes de negociación y con una apreciación letárgica del tiempo? Evidentemente nada vendría de Londres, París o Varsovia. Una misión anglo-francesa de bajo nivel en, digamos, 1935 habría sido una base sobre la que construirla, pero a finales del verano de 1939 era simplemente absurda.


¿Qué harías si fueras Stalin, cuando tu plan A está muerto? Sabes que se acerca la guerra, crees a Hitler cuando declara que su objetivo es apoderarse del lebensraum [espacio vital] del este. Tus potenciales aliados no lo entienden. ¿Qué harías?


Mientras Londres y París titubean y Varsovia sueña (¿qué sueños?, Hitler acaba de romper el pacto de no agresión con el que contabas: tú eres el próximo), Hitler ataca. ¿Qué tal un pacto de no agresión? Stalin aprovecha la oportunidad y el acuerdo se firma inmediatamente. Stalin sabe perfectamente bien que Hitler va a atacar a la URSS y por eso comienza a apoderarse del máximo territorio posible hacia el oeste e intenta posponer el ataque lo más posible.


En un par de semanas se verán un montón de artículos de opinión diciendo que esos dos malvados e íntimos amigos se unieron para hacer cosas horribles a Polonia e iniciar la guerra. No se verá mención ninguna del fallido empeño soviético en pro de una seguridad colectiva. ¿Por qué? Bueno, porque los autores probablemente ni siquiera hayan oído hablar de ello (muchas cosas se han arrojado al olvido por el sumidero de la memoria) y de todas maneras, aún sabiéndolo no lo habrían mencionado, arruinaría la efectividad propagandística de su eterna perorata sobre la malvada Rusia.



09 septiembre, 2023

Estados Unidos no derrotó al fascismo en la Segunda Guerra Mundial, lo internacionalizó discretamente — Gabriel Rockhill

 



COUNTERPUNCH – 16/10/2020

   Traducción del inglés: Arrezafe


"Estados Unidos se ha establecido como el enemigo mortal de todos los gobiernos populares, de toda movilización científico-socialista de la conciencia en todo el mundo, de toda actividad antiimperialista en la Tierra".

George Jackson


Uno de los mitos fundacionales del mundo contemporáneo de Europa occidental y Estados Unidos es que el fascismo fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial por las democracias liberales, y en particular por Estados Unidos. Con los posteriores juicios de Nuremberg y la paciente construcción de un orden mundial liberal, se erigió un baluarte (a trompicones y con la constante amenaza de regresión) contra el fascismo y su gemelo malvado en el Este. Las industrias culturales estadounidenses han ensayado esta narrativa hasta la saciedad, preparándola hasta convertirla en un empalagoso Kool-Aid ideológico y transmitiéndola a cada hogar, choza y esquina con un televisor o teléfono inteligente, yuxtaponiendo incansablemente el mal supremo del nazismo con la libertad y la prosperidad de los liberales. democracia.


El registro material sugiere, sin embargo, que esta narrativa se basa en realidad en un antagonismo falso y que es necesario un cambio de paradigma para comprender la historia del liberalismo y el fascismo realmente existentes. Este último, como veremos, lejos de ser erradicado al final de la Segunda Guerra Mundial, en realidad fue reutilizado, o más bien redesplegado, para cumplir su principal función histórica: destruir el comunismo impío y su amenaza a la misión civilizadora capitalista. Dado que los proyectos coloniales de Hitler y Mussolini se habían vuelto tan descarados y erráticos, al pasar de seguir más o menos las reglas liberales del juego a romperlas abiertamente y luego volverse locos, se entendió que la mejor manera de construir el sistema fascista internacional era hacerlo bajo una cobertura liberal, es decir, a través de operaciones clandestinas que mantuvieran una fachada liberal.


Los arquitectos de la internacional fascista


Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, el futuro jefe de la CIA, Allen Dulles, se lamentó de que su país estuviera luchando contra el enemigo equivocado. Los nazis, como explicó, eran cristianos arios procapitalistas, mientras que el verdadero enemigo era el comunismo impío y su decidido anticapitalismo. Después de todo, Estados Unidos había sido parte, sólo unos veinte años antes, de una intervención militar masiva en la URSS, cuando catorce países capitalistas intentaron —en palabras de Winston Churchill— “estrangular al bebé bolchevique en su cuna”. Dulles entendió, como muchos de sus colegas en el gobierno estadounidense, que lo que más tarde se conocería como Guerra Fría era en realidad la vieja guerra, como ha argumentado convincentemente Michael Parenti: la que habían estado luchando contra el comunismo desde sus inicios.


Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, el general Karl Wolff, ex mano derecha de Himmler, fue a ver a Allen Dulles en Zurich, donde trabajaba para la Oficina de Servicios Estratégicos, la organización predecesora de la CIA. Wolff sabía que la guerra estaba perdida y quería evitar ser llevado ante la justicia. Dulles, por su parte, quería que los nazis en Italia bajo el mando de Wolff depusieran las armas contra los aliados y ayudaran a los estadounidenses en su lucha contra el comunismo. Wolff, que fue el oficial de las SS de mayor rango que sobrevivió a la guerra, le ofreció a Dulles la promesa de desarrollar, con su equipo nazi, una red de inteligencia contra Stalin. Se acordó que el general que había desempeñado un papel central en la supervisión de la maquinaria genocida nazi y que expresó su “especial alegría” cuando consiguió trenes de carga para enviar 5.000 judíos por día a Treblinka, sería protegido por el futuro director de la CIA, quien lo ayudó a evitar los juicios de Nuremberg.


Wolff estuvo muy lejos de ser el único alto funcionario nazi protegido y rehabilitado por la OSS-CIA. El caso de Reinhard Gehlen es particularmente revelador. Este general en el Tercer Reich había estado a cargo del Fremde Heere Ost, el servicio de inteligencia nazi dirigido contra los soviéticos. Después de la guerra, fue reclutado por la OSS-CIA y se reunió con los principales arquitectos del Estado de Seguridad Nacional de posguerra: Allen Dulles, William Donovan, Frank Wisner, el presidente Truman. Luego fue designado para dirigir el primer servicio de inteligencia alemán después de la guerra, y procedió a emplear a muchos de sus colaboradores nazis. La Organización Gehlen, como se la conocía, se convertiría en el núcleo del servicio de inteligencia alemán. No está claro cuántos criminales de guerra contrató este nazi condecorado, pero Eric Lichtblau calcula que unos cuatro mil agentes nazis estaban integrados en la red supervisada por la agencia de espionaje estadounidense. Con una financiación anual de medio millón de dólares de la CIA en los primeros años después de la guerra, Gehlen y sus hombres fuertes pudieron actuar con impunidad. Yvonnick Denoël explicó este cambio con notable claridad:


Es difícil comprender que, ya en 1945, el ejército y los servicios de inteligencia estadounidenses reclutaran sin escrúpulos a ex criminales nazis. Sin embargo, la ecuación era muy simple en ese momento: Estados Unidos acababa de derrotar a los nazis con la ayuda de los soviéticos. A partir de entonces planearon derrotar a los soviéticos con la ayuda de los ex nazis”.


La situación fue similar en Italia porque el acuerdo de Dulles con Wolff era parte de una empresa más amplia, llamada Operation Sunrise [Operación Amanecer], que movilizó a nazis y fascistas para poner fin a la Segunda Guerra Mundial en Italia (y comenzar la Tercera Guerra Mundial en todo el mundo). Dulles trabajó mano a mano con el futuro jefe de contrainteligencia de la Agencia, James Angleton, que entonces estaba destinado por la OSS en Italia. Estos dos hombres, que se convertirían en dos de los actores políticos más poderosos del siglo XX, demostraron de lo que eran capaces en esta estrecha colaboración entre los servicios de inteligencia estadounidenses, los nazis y los fascistas. Angleton, por su parte, reclutó fascistas para poner fin a la guerra en Italia y minimizar el poder de los comunistas. Valerio Borghese fue uno de sus contactos clave porque este fascista de línea dura del régimen de Mussolini estaba dispuesto a servir a los estadounidenses en la lucha anticomunista y se convirtió en una de las figuras internacionales del fascismo de posguerra. Angleton lo había salvado directamente de las manos de los comunistas, y al hombre conocido como el Príncipe Negro se le dio la oportunidad de continuar la guerra contra la izquierda radical bajo un nuevo jefe: la CIA.


Una vez terminada la guerra, los altos funcionarios de la inteligencia estadounidense, entre ellos Dulles, Wisner y Carmel Offie, “trabajaron para garantizar que la desnazificación sólo tuviera un alcance limitado”, según Frédéric Charpier:


Generales, altos funcionarios, policías, industriales, abogados, economistas, diplomáticos, académicos y verdaderos criminales de guerra fueron perdonados y devueltos a sus puestos”.


El hombre a cargo del Plan Marshall en Alemania, por ejemplo, fue asesor de Hermann Göring, comandante en jefe de la Luftwaffe (fuerza aérea). Dulles redactó una lista de altos funcionarios del Estado nazi que debían ser protegidos y hacerse pasar por opositores de Hitler. La OSS-CIA procedió a reconstruir los estados administrativos de Alemania e Italia con sus aliados anticomunistas.


Eric Lichtblau estima que más de 10.000 nazis pudieron emigrar a los Estados Unidos en el período de posguerra (al menos 700 miembros oficiales del partido nazi habían podido ingresar a los Estados Unidos en la década de 1930, mientras que los refugiados judíos eran rechazados). Además de unos cientos de espías alemanes y miles de efectivos de las SS, la Operation Paperclip, que comenzó en mayo de 1945, trajo al menos 1.600 científicos nazis a Estados Unidos con sus familias. Esta empresa tenía como objetivo recuperar las grandes mentes de la maquinaria de guerra nazi y poner sus investigaciones sobre cohetes, aviación, armas biológicas y químicas, etc., al servicio del imperio estadounidense. La Agencia Conjunta de Objetivos de Inteligencia se creó específicamente para reclutar nazis y encontrarles puestos en centros de investigación, el gobierno, el ejército, los servicios de inteligencia o las universidades (participaron al menos 14 universidades, incluidas Cornell, Yale y MIT).


Werner von Braun & John Kennedy


Aunque el programa excluyó oficialmente a los nazis ardientes, al menos al principio, en realidad permitió la inmigración de químicos de IG Farben (empresa que había suministrado los gases letales utilizados en los exterminios masivos), científicos que habían utilizado esclavos en los campos de concentración para fabricar armas y médicos que habían participado en horribles experimentos con judíos, romaníes, comunistas, homosexuales y otros prisioneros de guerra. Estos científicos, que fueron descritos por un funcionario del Departamento de Estado opuesto a Paperclip como “los ángeles de la muerte de Hitler”, fueron recibidos con los brazos abiertos en la tierra de los libres. Se les proporcionó alojamiento confortable, un laboratorio con asistentes y la promesa de ciudadanía si su trabajo daba frutos. Luego realizaron investigaciones que se han utilizado en la fabricación de misiles balísticos, bombas de racimo de gas sarín y la militarización de la peste bubónica


La CIA también colaboró con el MI6 para establecer ejércitos anticomunistas secretos en todos los países de Europa occidental. Con el pretexto de una posible invasión del Ejército Rojo, la idea era entrenar y equipar redes de soldados ilegales en la retaguardia, que permanecería detrás de las líneas enemigas si los rusos avanzaban hacia el oeste. De este modo serían activados en el territorio recién ocupado y encargados de misiones de exfiltración, espionaje, sabotaje, propaganda, subversión y combate. Las dos agencias trabajaron con la OTAN y los servicios de inteligencia de muchos países de Europa occidental para construir esta vasta organización secreta, establecer numerosos depósitos de armas y municiones y equipar a sus soldados en la sombra con todo cuanto necesitaban. Para ello, reclutaron a nazis, fascistas, colaboracionistas y otros miembros anticomunistas de la extrema derecha. Las cifras varían según el país, pero se estiman entre unas pocas docenas y varios cientos, o incluso algunos miles, por país. Según un informe del programa de televisión Retour aux Sources, había 50 unidades de la red en Noruega, 150 en Alemania, más de 600 en Italia y 3.000 en Francia.


Estos militantes entrenados serían posteriormente movilizados para cometer o coordinar ataques terroristas contra la población civil, de los que luego se culparía a los comunistas para justificar las contundentes medidas de "ley y orden". Según las cifras oficiales, en Italia, donde esta estrategia de tensión fue particularmente intensa, hubo 14.591 actos de violencia por motivos políticos entre 1969 y 1987, que mataron a 491 personas e hirieron a 1.181. Vincenzo Vinciguerra, miembro del grupo de extrema derecha Ordine Nuovo y autor del atentado cerca de Peteano en 1972, explicó que:


Avanguardia Nazionale fascista, al igual que Ordine Nuovo, estaban siendo movilizadas en la batalla como parte de una estrategia anticomunista que no se originaba en organizaciones desviadas de las instituciones de poder, sino en el propio Estado, y específicamente dentro del ámbito del poder y las relaciones del Estado dentro de la Alianza Atlántica”.


Una comisión parlamentaria italiana que emprendió una investigación de los ejércitos clandestinos en Italia llegó a la siguiente conclusión en 2000:


Esas masacres, esas bombas, esas acciones militares habían sido organizadas, promovidas o apoyadas por agentes dentro de las instituciones estatales italianas y, como se ha descubierto recientemente, por agentes vinculados a las estructuras de la inteligencia de Estados Unidos”.


La Seguridad Nacional de Estados Unidos también participó en la supervisión de las rutas de ratas que filtraban a fascistas de Europa y les permitían reinstalarse en refugios seguros alrededor del mundo a cambio de hacer su trabajo sucio. El caso de Klaus Barbie es sólo uno entre miles, pero dice mucho sobre el funcionamiento interno de este proceso. Conocido en Francia como "el carnicero de Lyon", fue jefe de la oficina de la Gestapo allí durante dos años, incluido el momento en que Himmler dio la orden de deportar al menos a 22.000 judíos de Francia. Este especialista en "tácticas perfeccionadas de interrogatorio", conocido por torturar hasta la muerte al coordinador de la Resistencia francesa, Jean Moulin, organizó la primera redada de la Unión General de Judíos en Francia en febrero de 1943 y la masacre de 41 niños judíos refugiados en Izieu en Abril de 1944. Antes de llegar a Lyon, dirigió salvajes escuadrones de la muerte que habían matado a más de un millón de personas en el frente oriental, según Alexander Cockburn y Jeffrey St. Clair. Pero, tras la guerra, el hombre a quien estos mismos autores describen como el tercero en la lista de criminales de las SS más buscados trabajaba para el Cuerpo de Contrainteligencia (CIC) del ejército estadounidense. Fue contratado para ayudar a erigir ejércitos clandestinos mediante el reclutamiento de otros nazis y para espiar a los servicios de inteligencia franceses en las regiones controladas por Francia y Estados Unidos en Alemania.


Cuando Francia se percató de lo que estaba sucediendo y exigió la extradición de Barbie, John McCloy, el Alto Comisionado de Estados Unidos en Alemania, se negó alegando que las acusaciones se basaban en rumores. Sin embargo, al final resultó demasiado caro, simbólicamente, respaldar a un carnicero como Barbie en Europa, por lo que fue enviado a América Latina en 1951, donde pudo continuar su ilustre carrera. Instalado en Bolivia, trabajó para las fuerzas de seguridad de la dictadura militar del general René Barrientos y para el Ministerio del Interior y el ala contrainsurgente del Ejército boliviano bajo la dictadura de Hugo Banzer, antes de participar activamente en el Golpe de la Cocaína en 1980 y convertirse en director de las fuerzas de seguridad bajo el mando del general Meza. A lo largo de su carrera, mantuvo estrechas relaciones con sus salvadores del Departamento de Estado y Seguridad Nacional de Estados Unidos, desempeñando un papel central en la Operación Cóndor, el proyecto de contrainsurgencia que aglutinó a las dictaduras latinoamericanas, con el apoyo decisivo de Estados Unidos, para aplastar violentamente cualquier intento de levantamientos igualitarios populares. También contribuyó a desarrollar el imperio de la droga en Bolivia, incluida la organización de bandas de narcomercenarios a quienes denominó Los novios de la muerte, cuyos uniformes se asemejaban a los de las SS. Viajó libremente en las décadas de 1960 y 1970, visitó Estados Unidos al menos siete veces y probablemente desempeñó un papel en la persecución organizada por la Agencia para matar a Ernesto “Che” Guevara.


El mismo patrón básico de integración de los fascistas en la guerra global contra el comunismo es fácilmente identificable en Japón, cuyo sistema de gobierno antes y durante la guerra ha sido descrito por Herbert P. Bix como “fascismo del sistema imperial”. Tessa Morris-Suzuki ha demostrado de forma concluyente la continuidad de los servicios de inteligencia al detallar cómo el Departamento de Estado para la Seguridad Nacional de EEUU supervisó y gestionó la organización KATO. Esta red de inteligencia privada, muy parecida a la organización Gehlen, estaba compuesta por antiguos miembros destacados del ejército y de los servicios de inteligencia, incluido el Jefe de Inteligencia del Ejército Imperial (Arisue Seizō), quien compartía con su homólogo estadounidense (Charles Willoughby) una profunda admiración. para Mussolini. Las fuerzas de ocupación estadounidenses también cultivaron estrechas relaciones con altos funcionarios de la comunidad de inteligencia civil de Japón en tiempos de guerra (sobre todo Ogata Taketora). Esta notable continuidad del Japón de anterior y el de posguerra, ha llevado a Morris-Suzuki y otros estudiosos a cartografiar la historia japonesa en términos de régimen de posguerra, es decir, un régimen que se perpetuó después de la guerra. Concepto éste que también nos permite dar sentido a lo que estaba sucediendo en el ámbito público del gobierno. En aras de la concisión, baste citar el notorio caso de Nobusuke Kishi, individuo conocido como el “Diablo de Shōwa” por su brutal gobierno de Manchukuo (la colonia japonesa en el noreste de China). Gran admirador de la Alemania nazi, Kishi fue nombrado Ministro de Municiones por el primer ministro Hideki Tojo en 1941, con el fin de preparar a Japón para una guerra total contra Estados Unidos, y fue él quien firmó la declaración oficial de guerra contra Estados Unidos. Durante la posguerra, tras cumplir una breve condena en prisión como criminal de guerra, fue rehabilitado por la CIA, junto con su compañero de celda, el capo del crimen organizado Yoshio Kodama. Kishi, con el apoyo y el generoso respaldo financiero de sus asesores, se hizo cargo del Partido Liberal, lo convirtió en un club de derecha de ex líderes del Japón imperial y ascendió hasta convertirse en Primer Ministro. “El dinero [de la CIA] fluyó durante al menos quince años, bajo el mandato de cuatro presidentes estadounidenses”, escribe Tim Wiener, “y ayudó a consolidar el gobierno de partido único en Japón durante el resto de la guerra fría”.


Los servicios de seguridad nacional de Estados Unidos también han establecido una red educativa global para capacitar a combatientes procapitalistas (a veces bajo el liderazgo de nazis y fascistas experimentados) en comprobadas técnicas de represión, tortura y desestabilización, así como en propaganda y guerra psicológica. La famosa Escuela de las Américas se estableció en 1946 con el objetivo explícito de formar una nueva generación de combatientes anticomunistas en todo el mundo. Según algunos, esta escuela tiene el honor de haber educado al mayor número de dictadores de la historia mundial. En cualquier caso, forma parte de una red institucional mucho más extensa. Cabe mencionar, por ejemplo, los aportes “educativos” del Programa de Seguridad Pública:


Desde hace unos veinticinco años –escribe el ex oficial de la CIA John Stockwell– la CIA, […] entrenó y organizó a policías y oficiales paramilitares de todo el mundo en técnicas de control demográfico, represión y tortura. Se crearon escuelas en Estados Unidos, Panamá y Asia, en las que se graduaron decenas de miles. En algunos casos, se utilizó como instructores a ex oficiales nazis del Tercer Reich de Hitler”.


El fascismo se globaliza bajo la cobertura liberal


Así, el imperio estadounidense ha desempeñado un papel central en la construcción de una internacional fascista al proteger a militantes de derecha y alistarlos en la Tercera Guerra Mundial contra el "comunismo", una elástica etiqueta extendida a cualquier orientación política que entrara en conflicto con los intereses de la clase dominante capitalista. Esta expansión internacional de los modos fascistas de gobierno ha llevado a una proliferación de campos de concentración, campañas terroristas y de tortura, guerras sucias, regímenes dictatoriales, células de vigilancia y redes de crimen organizado en todo el mundo. Los ejemplos podrían enumerarse hasta la saciedad, pero me limitaré, por razones de espacio, a simplemente invocar el testimonio de Victor Marchetti, que fue un alto funcionario de la CIA de 1955 a 1969:


Estábamos apoyando a todos los dictadores, juntas militares y vulgares oligarquías existentes en el Tercer Mundo, siempre y cuando prometieran mantener de alguna manera el status quo que por supuesto sería beneficioso para los intereses geopolíticos, militares, de las grandes empresas y demás intereses especiales de Estados Unidos”.


El historial de la política exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial es probablemente la mejor medida de su excepcional contribución a la internacionalización del fascismo. Bajo la bandera de la democracia y la libertad, según William Blum, Estados Unidos:


Se esforzó en derrocar a más de 50 gobiernos extranjeros.

Interfirió descaradamente en las elecciones democráticas de al menos 30 países.

Intentó asesinar a más de 50 líderes extranjeros.

Arrojó bombas sobre la población de más de 30 países.

Intentó reprimir movimientos populares o nacionalistas en 20 países.


La Asociación para la Disidencia Responsable, compuesta por 14 ex oficiales de la CIA, calculó que su agencia fue responsable de matar a un mínimo de 6 millones de personas en 3.000 operaciones destacadas y 10.000 operaciones menores entre 1947 y 1987. Se trata de asesinatos directos, por lo que las cifras no reflejan las muertes prematuras, acaecidas bajo el sistema mundial capitalista respaldado por los fascistas, debidas al encarcelamiento masivo, la tortura, la desnutrición, la falta de agua potable, la explotación, la opresión, la degradación social, las enfermedades ecológicas o las enfermedades curables (en 2017, según la ONU, 6,3 millones niños y jóvenes adolescentes murieron por causas evitables vinculadas a las desigualdades socioeconómicas y ecológicas del Capitaloceno, lo que equivale a la muerte de un niño cada 5 segundos).


Para erigirse en hegemón militar global y perro guardián del capitalismo global, el gobierno de Estados Unidos y el Departamento de Estado de Seguridad Nacional han dependido de la ayuda de un importante número de nazis y fascistas integrados en su red global de represión, incluidos los 1.600 nazis traídos al país a través de la Operation Paperclip, los aproximadamente 4.000 integrados en la organización Gehlen, las decenas o incluso cientos de miles que fueron reintegrados a los regímenes de "posguerra" (o más bien de transguerra) en países fascistas, el gran número de nazis a los que se les dio paso libre al “patio trasero del imperio” –América Latina– y a otros lugares, así como los miles o decenas de miles integrados en los ejércitos secretos de la OTAN. Esta red global de experimentados asesinos anticomunistas también se ha utilizado para entrenar ejércitos de terroristas en todo el mundo para que participen en guerras sucias, golpes de estado, afán de desestabilización, sabotaje y campañas de terror.




Todo esto se ha hecho al amparo de una democracia liberal y con la ayuda de sus poderosas industrias culturales. El verdadero legado de la Segunda Guerra Mundial, lejos de ser el de un orden mundial liberal que había derrotado al fascismo, es el de una verdadera internacional fascista desarrollada bajo una cobertura liberal para tratar de destruir a quienes realmente habían luchado y ganado la guerra contra el fascismo: los comunistas.



















09 enero, 2023

De cómo las mujeres soviéticas contribuyeron a derrotar a Hitler y la Alemania nazi


 

Sebastián Rojas Ricaurte - 2020


Fueron pilotos, conductoras de tanques, francotiradoras y partisanas (combatientes organizados como guerrillas que generalmente se oponen a un ejército de ocupación). Noventa mujeres obtuvieron el mayor galardón de la época, Héroe de la Unión Soviética, por su contribución a la victoria.


Las mujeres son y han sido en la historia más que madres, aunque de eso poco se habla.


Zoya Anatólievna Kosmodemiánskaya (en ruso: Зо́я Анато́льевна Космодемья́нская; 13 de septiembre de 1923 – 29 de noviembre de 1941) Nació cerca de Tambov y se unió a las juventudes comunistas (Komsomol) en 1939 y luego hizo parte de los partisanos soviéticos tras el comienzo de la invasión nazi a la Unión Soviética —URSS.


En 1941 integró una misión destinada a sabotear y quemar propiedades del ejército alemán en medio de la que quedó aislada de su unidad. Fue delatada por un colaboracionista y capturada. Tras ser interrogada, torturada y vejada, fue públicamente ahorcada a los 18 años. Las fotografías de su ejecución fueron encontradas en el cuerpo de un soldado germano muerto en acción durante una contraofensiva en Rzhev. Su cuerpo congelado fue mutilado y exhibido durante un mes antes de que los alemanes lo inhumaran y se retiraran ante el avance del Ejército Rojo.



Fue la primera mujer condecorada como Héroe de la URSS durante la Segunda Guerra Mundial. Zoya se convirtió en uno de los símbolos más populares de la resistencia a los nazis.


En muchas ciudades hay un monumento a Zoya


Las brujas de la noche y otras pilotos

El famoso regimiento de bombardeo nocturno suele describirse así: «Volaban de noche, con el motor apagado, silenciosas como fantasmas. Los soldados alemanes que sufrían sus constantes ataques las bautizaron como las Brujas de la Noche (die Nachthexen)».


Durante la Segunda Guerra Mundial varios ejércitos contaron con mujeres en sus filas. Pero mientras británicas o estadounidenses estaban en la retaguardia, la necesidad imperiosa de personal y la determinación de muchas mujeres soviéticas las llevó al frente junto a sus compañeros hombres.


Marina Mijáilovna Raskova (en ruso, Мари́на Миха́йловна Раско́ва; Moscú, 28 de marzo de 1912-Stalingrado, 4 de enero de 1943). Marina Raskova fue la primera mujer aviadora de la URSS, y poseedora del récord femenino de distancia de vuelo sin escalas. Se le acredita haber convencido a los militares para organizar tres regimientos aéreos conformados por mujeres. Esta unidad militar fue denominada temporalmente Grupo de Aviación 122 mientras recibía entrenamiento, para luego convertirse en los regimientos 586, 588 y 125.


Lidia Litvyak (en ruso, Лидия (Лилия) Владимировна Литвяк; Moscú, 18 de agosto de 1921-1 de agosto de 1943). Desde los 14 años Lidia se entrenaba como piloto, se unió a este grupo y una vez en combate logró doce victorias aéreas. Fue la primera mujer en abatir un avión enemigo y todavía ostenta el récord de derribos. Pasó a la historia como La Rosa Blanca de Stalingrado (por un lirio blanco que pintó para personalizar su avión y que de lejos era confundido con una rosa).


En la batalla de Kursk, varios cazas alemanes atacaron el Yak-2 de Lilya, que fue dada por desaparecida, pero su mecánica Inna Pasportnikova al parecer encontró su cuerpo 36 años después. Se le dedicó una calle en Moscú y un monumento en Krasnyi Luch (sudeste de Ucrania), además de un museo en la capital rusa.


Ekaterina Budánova (en ruso Екатерина Васильевна Буданова; Konoplanka, óblast de Smolensk; 7 de diciembre de 1916 óblast de Lugansk, Unión Soviética; 19 de julio de 1943). Ekaterina trabajó en una fábrica de aviones de Moscú, donde empezó a cultivar su interés. Luego se entrenó en un club de aviación, fue instructora y piloto de exhibiciones.


Hizo parte de unos de los primeros regimientos de solo mujeres, combatió en Stalingrado, derribó seis aviones enemigos y murió en combate luego de derribar a uno de tres cazas alemanes.


Natalya Fyodorovna Kravtsova née Meklin (en ruso: Наталья Фёдоровна Меклин, ucraniano: Наталія Фёдорiвна Меклин; 8 de septiembre de 1922 – 5 de junio de 2005). Natalia fue teniente del famoso regimiento nocturno, realizó 980 misiones de combate y pudo sobrevivir a la guerra. Recibió en 1945 el título de Héroe de la Unión Soviética. Murió en 2005, a los 82 años.


Tatiana Makárova (en ruso: Татьяна Петровна Макарова, 25 de septiembre de 1920 – 25 de agosto de 1944). También teniente como Natalia, Tatiana murió en combate el 25 de agosto de 1944 en el cielo de Polonia a los 23 años, luego de realizar 628 redadas nocturnas, lanzar 96 toneladas de bombas y 300.000 volantes sobre el territorio enemigo, destruir dos transbordadores, dos cañones antiaéreos, un reflector, dos depósitos de municiones y acabar a más de dos pelotones de soldados enemigos.


Las mujeres que les volaban los sesos a los nazis



Eran en su mayoría muy jóvenes y procedían de toda la URSS. Mataban con un tiro en la cabeza a nazis que habían invadido y devastado su país, y muchas consiguieron largas listas de víctimas. Varias se hicieron muy populares y hasta consiguieron el título de Heroínas de la URSS.


Liudmila Mijáilivna Pavlichenko (en ucraniano, Людмила Михайлівна Павліченко; en ruso, Людмила Михайловна Павличенко; 12 de julio de 1916, Ucrania – 10 de octubre de 1974). Le contaron 309 muertes. Liudmila no sólo es considerada la mejor francotiradora de la historia, sino que también está entre los mejores francotiradores del mundo.


Roza Yegórovna Shánina (en ruso: Роза Егоровна Шанина. Yedma, RSFS de Rusia, Unión Soviética; 3 de abril de 1924 – 28 de enero de 1945; cercanías de Vilna, Alemania nazi). Roza era conocida por su capacidad para hacer dobletes (alcanzar dos objetivos con dos rápidos y sucesivos disparos). Murió en 1945 a los 20 años, después de haber eliminado a 59 soldados y oficiales enemigos.


Nina Petrova (en ruso: Нина Петрова; 27 de julio de 1893 – 1 de mayo de 1945). Nina con 46 años era la francotiradora más veterana cuando comenzó la guerra. Se alistó voluntariamente en el Ejército Rojo y eliminó 122 soldados enemigos.


Aniela Krzywoń. Aniela fue soldado del Batallón de Mujeres Independientes "Emilia Plater" del Ejército Popular de Polonia, parte de las tropas soviéticas durante la guerra. Murió dos años antes del fin de la guerra a sus 18 años mientras rescataba a varios soldados heridos y trataba de salvar una serie de importantes documentos de un camión en llamas tras una incursión de la Luftwaffe. Fue la única mujer polaca galardonada con el título de Héroe de la URSS.


Helene «Leen» Kullman (31 de enero de 1920 – 6 de marzo de 1943). Sí, también fueron espías. La estonia soviética, Helene, fue un agente de inteligencia que operó en el territorio de la Estonia ocupada por los nazis. Transmitía por radio información sobre la ubicación y el número de guarniciones, defensas y barcos enemigos, además de información sobre la presencia y el grado de hielo en áreas del Báltico. En enero de 1943, fue arrestada por la Gestapo local y posteriormente baleada por un guardia de la prisión después de escupirle en la cara.


María Vasílievna Oktiábrskaya (en ruso Мария Васильевна Октябрьская) (apellido de soltera Garagulia) (1905—1944). Al estallar la guerra, María vendió todas sus posesiones y escribió a Stalin pidiéndole usar el dinero para fabricar un tanque y llamarlo «Compañera de Armas». La respuesta fue positiva y así se convirtió el la primera mujer mecánica (conductora de tanques) en la URSS.


Aleksandra Grigoryevna Samusenko (en ruso: Александра Григорьевна Самусенко, en ucrainiano: Олександра Григорівна Самусенко, Oleksandra Hryhorivna Samusenko; 1922 – 3 marzo de 1945). También operaron tanques, el arma terrestre por excelencia. Alexandra fue comandante de los blindados T-34, además de la única mujer subcomandante de un batallón de tanques.


El sargento del ejército estadounidense Joseph Beyrle —uno de los pocos soldados estadounidenses conocidos por haber servido tanto en el ejército de los Estados Unidos como en el ejército soviético en la Segunda Guerra Mundial— se encontró con la brigada de tanques de Samusenko y la persuadió para que le permitiera luchar junto a la unidad en su camino a Berlín. Beyrle se refirió a ella como un símbolo de la fortaleza y el coraje demostrado por el pueblo soviético durante ese período.


Algunos califican a la Revolución Soviética como un parteaguas en la historia universal de la opresión de las mujeres. Sin duda su papel en una de las gestas más importantes de la humanidad —la que logró frenar al fascismo nazi— aporta a ese escenario. He leído bastante también sobre el papel en la ciencia de las mujeres soviéticas, su vida en esta particular sociedad y dentro del los bolcheviques y el Partido Comunista de la Unión Soviética. Me propongo compartir más al respecto en próximas publicaciones.


Coletilla


Sobre el mito de Hollywood y cómo en realidad fue el Ejército Rojo el que derrotó a la Alemania nazi


Este estudio longitudinal realizado por el Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP, por sus siglas en francés) refleja cómo varía la percepción de los encuestados a lo largo del tiempo.


Jacques Pauwels, historiador y autor de un libro sobre el tema, habló de este período y describió cuándo y cómo cambió la guerra hacia la inevitable derrota de la Alemania nazi.


La Segunda Guerra Mundial comenzó según los europeos con la victoria del ejército alemán en Polonia en 1939. Siguieron victorias aún más espectaculares: Bélgica, Luxemburgo y Francia. En 1940 Alemania parecía invencible. Gran Bretaña resistió sabiendo que no podría ganar en solitario y con el temor de perder Gibraltar, Egipto u otras joyas de la corona. Sin embargo, cinco años más tarde, era Alemania la que estaba experimentando una humillante derrota total. ¿Qué pasó?


La ciudad de Wielun en Polonia, en ruinas tras el bombardeo de la fuerza aérea de Alemania del 1 de septiembre de 1939. AFP


Algunos sitúan el punto de inflexión en Normandía, en 1944. Otros en Stalingrado entre 1942 y 1943. Sin embargo, el punto de inflexión se produjo en diciembre de 1941 al oeste de Moscú en la URSS. En palabras de un historiador alemán de la guerra contra la Unión Soviética: “Esta victoria del Ejército Rojo ha sido sin duda la ruptura principal [Zäsur, en alemán] de toda la Guerra Mundial”.


Las tropas alemanas entraron en Minsk en agosto de 1941, durante la invasión de Rusia.


Y es que “todo lo que él [Hitler] había preparado era en contra de Rusia”, era un deseo del establishment alemán. Para eso planeó de nuevo una guerra relámpago (su situación no le daba para más) y con gran confianza lanzó una campaña de cuatro a seis semanas. Sin embargo y a pesar de los avances iniciales por el elemento sorpresa y los tres millones de soldados alemanes, los 700.000 aliados, sus 600.000 vehículos, 3.648 tanques, más de 2.700 aviones y algo más de 7.000 piezas de artillería, se encontró con una resistencia que los mismos alemanes calificaron de “terca”, “ruda” e incluso “salvaje”, y con algunas armas que su inteligencia no había detectado. La guerra perdió su agilidad, y pronto un sentimiento de derrota se apoderó de las fuerzas alemanas.


Cartel de propaganda soviético pidiendo a los soldados que defiendan Moscú.


El Vaticano, en un principio muy bien informado y entusiasta acerca de la “cruzada” de Hitler contra la patria soviética del bolchevismo “ateo” y confiado en que los soviéticos colapsarían inmediatamente, comenzó a expresar profunda preocupación por la situación en el este al final del verano de 1941 y a mediados octubre llegaría a la conclusión de que Alemania había perdido la guerra. Cuando el Ejército Rojo lanzó su devastadora contraofensiva el 5 de diciembre, el propio Hitler se había dado cuenta de esto (pero lo comunicó como un revés temporal debido a la llegada prematura del invierno).


"Defensa de Moscú": Artilleros antiaéreos soviéticos en el techo del hotel «Moskva». En el fondo, el Kremlin disfrazado, para tratar de evitar en ese lugar un bombardeo enemigo.


Los siguientes años Hitler intentó como última salida poner su mano en el petróleo de Maikop y Grozni en el Cáucaso, pero el elemento sorpresa se había perdido, no había podido compensar las enormes pérdidas de 1941 (28,7% de sus soldados, más de 6.000 aviones y más de 3.200 tanques) y resultó que los soviéticos tenían enormes masas de soldados, petróleo y otros recursos, así como un excelente equipo producido en fábricas que se habían construido al otro lado de los Urales los años anteriores.


En total, el Ejército Rojo fue el responsable del 90% de todos los alemanes que murieron en la Segunda Guerra Mundial.


[Reconstrucción] ‘La bandera de la Victoria sobre el Reichstag’, 1945, por Yevgueni Jaldéi, corresponsal militar soviético. La fotografía es símbolo de la derrota del régimen nazi.


El 30 de abril 1945, Hitler se suicidó en Berlín en el momento en que el Ejército Rojo estaba haciendo su entrada en la ciudad arrasada, reducida a un enorme montón de ruinas humeantes. El 8 y 9 de mayo, Alemania se rendía de manera incondicional.


¿Por qué hay una versión diferente en el imaginario de los países occidentales? Bueno, Paul Craig Roberts (economista, escritor y periodista conservador estadounidense) señala a los neoconservadores que han manejado la política exterior de EE.UU. las últimos cuatro administraciones han alimentado el mito arrogante de que solo importa Estados Unidos y nada más (mito reforzado por el papel de salvador en tanta película Hollywoodense), para así además esquivar el castigo por crímenes de guerra cometidos en este siglo que se comparan con los de los nazis.