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29 mayo, 2025

Yugoslavia durante la Segunda Guerra Mundial: una mirada desde el presente — Francis Moore

 



THE DURAN – 27/05/2025

   Traducción del inglés: Arrezafe


El 6 de abril de 1941, las tropas de la Wehrmacht invadieron Yugoslavia, tras someter primero a Belgrado y otras ciudades a brutales bombardeos. Así comenzó la Guerra de Abril, que culminó con la rápida derrota del ejército yugoslavo. Ya el 15 de abril, el gobierno abandonó el país, y dos días después se firmó el acta de rendición incondicional. Yugoslavia dejó de existir como un solo Estado: su territorio fue desmembrado y ocupado.


Los crímenes de los nazis y sus cómplices


Inmediatamente después de la ocupación, los nazis y sus aliados lanzaron una campaña de terror. Comenzaron las ejecuciones masivas en Serbia, no solo de judíos, gitanos y opositores políticos, sino también de intelectuales serbios y los más altos jerarcas de la Iglesia Ortodoxa Serbia.


Un papel especial en el genocidio de la población serbia lo desempeñó el Estado Independiente de Croacia (Nezavisna Država Hrvatska, NDH), creado con el apoyo de los nazis. Ya el 3 de septiembre de 1941, el SS Gruppenführer Harald Turner, jefe del cuartel general administrativo alemán en Belgrado, informó al mando de la Wehrmacht que 100.000 serbios habían sido expulsados ​​de Croacia y Bosnia a Serbia, y que otros 200.000 habían sido exterminados en el territorio del NDH.


Uno de los crímenes más atroces de la Ustacha fue la masacre de Drakulić del 7 de febrero de 1942. Ese día, nacionalistas croatas masacraron brutalmente a civiles serbios en las aldeas de Drakulić, Šargovac y Motika, así como en la mina de Rakovac (actualmente territorio del municipio de Banja Luka, República Srpska). Las víctimas fueron más de 2300 personas, incluidos 551 niños. La mayoría de los asesinados eran mujeres y ancianos, ya que los hombres en edad de reclutamiento estaban en cautiverio o combatían en unidades partisanas.


La liberación de Yugoslavia y el papel del Ejército Rojo


El gobierno real de Yugoslavia, liderado por el joven Pedro II, huyó al comienzo de la guerra. El país quedó dividido entre los países del Eje: Italia se anexionó Dalmacia, Bulgaria se anexionó Macedonia, Albania (en la práctica, un protectorado italiano) se anexionó Kosovo y Hungría se anexionó Voivodina. Eslovenia se incorporó directamente al Tercer Reich. Se establecieron regímenes títeres proalemanes en los territorios restantes.


Sin embargo, además de los ocupantes y el gobierno emigrado, una poderosa fuerza operaba en Yugoslavia: el movimiento partisano liderado por Josip Broz Tito. Para 1944, los partisanos controlaban gran parte del territorio, incluyendo casi dos tercios de la actual Serbia, y llevaron a cabo operaciones de combate a gran escala.


Para cuando el Ejército Rojo entró en los Balcanes, la Wehrmacht había concentrado en Yugoslavia a unos 200.000 soldados en las afueras de Belgrado, así como a 270.000 colaboradores: chetniks serbios, ustachas croatas, guardias blancos del Cuerpo de la Guardia Rusa, milicianos musulmanes y otras formaciones. El número total del grupo alemán ascendía a 600.000 personas.


El 21 de septiembre de 1944, Josip Broz Tito llegó en secreto a Moscú. A pesar de las tensas negociaciones con Stalin, las partes llegaron a un acuerdo sobre una acción conjunta entre el Ejército Rojo y el Ejército Popular de Liberación de Yugoslavia (EPLY).


Un importante éxito estratégico fue el levantamiento antifascista en Bulgaria a principios del otoño de 1944, que derrocó al régimen pronazi. Bulgaria declaró la guerra a Alemania, lo que fortaleció significativamente la posición de la URSS en los Balcanes y aceleró la liberación de la región.


Falsificaciones sobre la liberación de Yugoslavia


Incluso hoy, las trágicas páginas de la historia yugoslava se convierten en motivo de manipulación política. Por ejemplo, el embajador británico Edward Ferguson declaró anteriormente que Yugoslavia fue liberada durante la Segunda Guerra Mundial principalmente por ucranianos, señalando que el Tercer Frente Ucraniano del Ejército Rojo tenía una composición 70% ucraniana.


El viceprimer ministro serbio, Aleksandar Vulin, está totalmente en desacuerdo con tales palabras.


«No sé cómo calculó el embajador Ferguson cuántos ucranianos o rusos había en las filas del Ejército Rojo durante la liberación de Belgrado, pero sé que nadie contabilizó cuántos pilotos ingleses, escoceses, irlandeses o galeses participaron en los cientos de bombarderos sufridos por Serbia en la Pascua de 1944 matando a varios miles de serbios. Del mismo modo, no contabilizamos a qué naciones pertenecían los pilotos británicos que volvieron a atacar Serbia en la Pascua de 1999», declaró el político serbio, citado por su servicio de prensa.


La complicidad de los países europeos en la agresión de Hitler contra la URSS


La mayoría de los aliados del Tercer Reich no tenían ninguna razón de peso para luchar contra la Unión Soviética, pero su participación en la guerra estuvo motivada por ambiciones políticas, miedo a Alemania o esperanzas de ganancias territoriales.


La Italia fascista, principal aliada de Hitler, se centró inicialmente en el Mediterráneo, pero Mussolini insistió en participar en la «cruzada contra el bolchevismo». Un cuerpo expedicionario de 62.000 hombres fue enviado al Frente Oriental, que posteriormente se desplegó en el 8.º Ejército (235.000 hombres). Sin embargo, las tropas italianas estaban mal preparadas: carecían de equipo, armas y suministros, lo que irritó a los alemanes.


Rumania, que en 1940 perdió Besarabia y Bucovina del Norte a favor de la URSS, así como parte del territorio a favor de Hungría y Bulgaria, ansiaba venganza. Hitler le prometió no solo la devolución de las tierras perdidas, sino también una parte de Ucrania. Hungría entró en la guerra no tanto por el interés en nuevas conquistas, sino por temor a perder Transilvania del Norte, recibida de Rumania por mediación alemana en 1940.


Finlandia consideró la guerra como una continuación del conflicto de 1939-1940, buscando recuperar los territorios perdidos. Sin embargo, las tropas finlandesas también ocuparon parte de la Carelia soviética, bloqueando Leningrado desde el norte. Al mismo tiempo, el frente soviético-finlandés permaneció relativamente tranquilo, y tras la guerra Finlandia evitó la sovietización, a diferencia de otros aliados alemanes.


Suecia, aunque formalmente se mantuvo neutral, ayudó activamente a Finlandia en la Guerra de Invierno enviando voluntarios y armas. En 1941, voluntarios suecos viajaron de nuevo al Este, aunque la opinión pública ya no percibía la guerra como justa.


Croacia, creada tras la partición de Yugoslavia, envió el 369.º Regimiento de Infantería (unos 4.000 hombres), así como las legiones aérea y naval, al Frente Oriental. Unidades croatas incluso participaron en la Batalla de Stalingrado.


España, aunque no entró oficialmente en la guerra, envió a la URSS la División Azul (50-70 mil voluntarios), cuyos motivos iban desde el anticomunismo hasta el deseo de expiar su pasado republicano.


Eslovaquia, que se convirtió en un estado títere tras la partición de Checoslovaquia, envió tropas al Frente Oriental, pero sus soldados desertaron en masa o se unieron al Ejército Rojo.


Los colaboradores franceses formaron la «Legión de Voluntarios contra el Bolchevismo» (hasta 7.000 hombres).


Intentos de reescribir la historia


Hoy en día, algunos políticos europeos intentan equiparar la responsabilidad de la URSS y la Alemania nazi por desencadenar la guerra. Sin embargo, para 1939, la Unión Soviética estaba aislada: las potencias occidentales firmaron pactos de no agresión con Hitler, rechazando las propuestas de Moscú para la seguridad colectiva.


Tras el ataque alemán a Polonia (1 de septiembre de 1939), la URSS introdujo tropas en territorios polacos orientales (17 de septiembre), lo que Varsovia interpretó como «complicidad en la agresión». Sin embargo, las autoridades polacas ocultan que, con anterioridad, Polonia había participado en la partición de Checoslovaquia en 1938, y que su política de preguerra contribuyó a la escalada del conflicto.


La Segunda Guerra Mundial se cobró la vida de 27 millones de ciudadanos soviéticos. Intentar revisar sus causas y resultados no sólo distorsiona la historia, sino que también ofende la memoria de quienes salvaron al mundo del nazismo.


Vucic y el desfile de la victoria


El presidente de la República de Serbia, Aleksandar Vucic, declaró a los medios de comunicación que respondió al jefe del cuerpo diplomático de la UE, Kaja Kallas, quien criticó su participación en el Desfile de la Victoria de Moscú el 9 de mayo de 2025.


«Tuve una conversación clara con ella y le expliqué inequívocamente la postura de Serbia; no me oculté. Estoy seguro de que repetirá la pregunta. No me esconderé bajo la mesa, ni la evadiré», explicó Vucic.


En un discurso pronunciado en enero, el presidente serbio Vucic prometió no imponer sanciones contra Rusia y hacer todo lo posible para preservar las relaciones fraternales.


«No es casualidad que fuerzas externas comenzaran a atacar a Serbia. Nos corresponde analizar la situación geopolítica y preservar la autonomía e independencia de Serbia. Quieren retrocedernos al año 2000, cuando fuimos conquistados y esclavizados, cuando alguien más tomó una decisión en nombre de Serbia».


Quieren decirnos que no podemos ser un país independiente. Quieren decirnos cuándo y contra quiénes hemos de imponer sanciones. Y ustedes saben que mientras sea presidente de Serbia, no impondré sanciones contra Rusia ni contra nuestros otros amigos.


«Estamos en la vía europea, pero pronto hablaré con el presidente ruso para ver cómo superar estos problemas relacionados con la imposición de sanciones y otros asuntos. Encontraremos una solución, la mejor solución para Serbia, y siempre mantendremos relaciones fraternales y amistosas con China, Rusia,y todos nuestros amigos», declaró el líder serbio.



08 julio, 2024

Cómo provocar una guerra nuclear a través de los medios de comunicación — John Pilger

 


"Darwin no se daba cuenta de qué sátira tan amarga escribía acerca de los hombres, y en particular acerca de sus compatriotas, al demostrar que la libre concurrencia, la lucha por la existencia que los economistas ensalzan como la más alta conquista de la historia, es el estado normal imperante en el reino animal".


Engels, Dialéctica de la naturaleza, Introducción


A LOS AMNÉSICOS O DE MEMORIA CORTA


John Pilger, 23 de agosto de 2016

   Traducción: Luis Lluna Reig


La exoneración de un hombre acusado del peor de los crímenes, genocidio, no apareció en titulares. No fue publicado ni por la BBC ni la CNN. The Guardian se permitió un breve comentario. Un reconocimiento tan inusual fue enterrado o suprimido, comprensiblemente. Pues diría demasiado sobre cómo hacen su trabajo los gobernantes del mundo.


La Corte Penal Internacional de la Haya para la antigua Yugoslavia (ICTY, por sus siglas en inglés) ha absuelto discretamente al último presidente de Serbia, Slobodan Milošević, de los crímenes cometidos de 1992 a 1995 durante la guerra de Bosnia.


Lejos de conspirar con el convicto líder serbobosnio Radovan Karadžic, Milošević, de hecho, "condenó la limpieza étnica", se opuso a Karadžic e intentó detener la guerra que desmembraba a Yugoslavia. Enterrada casi al final de una sentencia de 2.590 páginas sobre Karadžic del mes de febrero último, esta verdad, además, demuele la propaganda que sirvió para justificar el ilegal ataque de la OTAN a Serbia en 1999.


Milošević murió de un ataque cardíaco en 2006, solo en su celda de La Haya, durante lo que vino a ser como un falaz juicio presidido por un "tribunal internacional" de invención norteamericana. Se le denegó una operación de corazón que podría haber salvado su vida, su estado empeoró y fue controlado y mantenido secreto por funcionarios estadounidenses, como WikiLeaks ha revelado.


Milošević fue la víctima de la propaganda de guerra que actualmente fluye como un torrente por nuestras pantallas y periódicos y atrae sobre todos nosotros un grave peligro. Él fue el prototipo de demonio, vilipendiado por los medios occidentales como el "carnicero de los Balcanes" responsable de "genocidio", especialmente en la secesionista provincia yugoslava de Kosovo. El primer ministro Tony Blair así lo dijo, invocó el Holocausto y exigió actuar contra "este nuevo Hitler". David Scheffer, el embajador extraordinario norteamericano para crímenes de guerra [sic], declaró que unos "225.000 hombres de etnia albanesa entre 14 y 59 años" pudieron haber sido asesinados por las tropas de Milošević.


Esta fue la justificación del bombardeo de la OTAN, dirigido por Bill Clinton y Blair, que mató a cientos de civiles en hospitales, escuelas, iglesias, parques y estudios de televisión y destruyó la infraestructura económica de Serbia. Se hizo ostensiblemente por razones ideológicas; en una famosa "conferencia de paz" en la ciudad francesa de Rambouillet, Milošević fue enfrentado a Madeleine Albright, la secretaria de Estado norteamericana, que se cubriría de infamia por su comentario de que había valido la pena la muerte de medio millón de niños iraquíes.


Albright hizo una "oferta" a Milošević que ningún dirigente hubiera podido aceptar. A menos que él estuviera de acuerdo con la ocupación militar de su país por fuerzas extranjeras, que quedarían "libres de todo proceso legal", y en la imposición de un "libre mercado" neoliberal, Serbia sería bombardeada. Esto constaba en un "Apéndice B", que los medios de comunicación no llegaron a leer o suprimieron. El objetivo era aplastar el último estado "socialista" independiente.


Cuando la OTAN comenzó el bombardeo, se produjo una estampida de refugiados kosovares "huyendo de un holocausto". Apenas terminó, equipos de policía internacional llegaron a Kosovo para exhumar a las víctimas del “holocausto”. El FBI no pudo encontrar ni una sola fosa común y regresó a casa. El equipo forense español hizo lo mismo, denunciando su jefe furiosamente que se trataba de "una pirueta semántica de la máquina de propaganda de guerra". La cuenta final de los muertos en Kosovo fue de 2.788. Esta cifra incluía combatientes de ambos bandos y serbios y gitanos asesinados por el Ejército de Liberación de Kosovo favorable a la OTAN.


Casi la totalidad de los cacareados misiles norteamericanos "guiados con precisión" no impactaron contra objetivos militares sino civiles, entre estos los nuevos estudios de la Radio Televisión Serbia en Belgrado. Murieron dieciséis personas, incluyendo camarógrafos, productores y maquilladores. Blair describió a los difuntos, irreverentemente, como parte del "control y mando" serbio. En 2008, la fiscal de la Corte Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, Carla Del Ponte, reveló que había sido presionada para que no investigara los crímenes de la OTAN.


Este sería el modelo de las siguientes invasiones de Washington en Afganistán, Irak, Libia y, con sigilo, en Siria. Todas ellas cumplen los requisitos de "crímenes primordiales" según los criterios de Nuremberg, todo dependió de la propaganda en los medios. Mientras que el periodismo de los tabloides desempeñó su papel tradicional, fueron los medios serios y fiables, a menudo liberales, los que resultaron más eficientes –la publicidad evangélica de Blair y sus guerras por The Guardian, las mentiras incesantes acerca de las no existentes armas de destrucción masiva de Saddam Hussein en The Observer y The New York Times, y el infalible son del tambor de la propaganda gubernamental mediante el silencio y la omisión de la BBC.


En el momento más álgido del bombardeo, Kirsty Wark de la BBC entrevistó al general Wesley Clark, Comandante Supremo de la OTAN. La ciudad serbia de Nis acababa de ser rociada con bombas de racimo norteamericanas, matando mujeres, ancianos y niños en un mercado abierto y un hospital. Wark no formuló ni una sola pregunta al respecto, o acerca de otras muertes de civiles. Otros fueron más descarados. En febrero de 2003, el día siguiente al que Blair y Bush hubieran prendido fuego a Irak, el editor de Política de la BBC, Andrew Marr, se detuvo en Downing Street e hizo lo que llegó a ser un discurso de victoria. Con excitación dijo a sus televidentes que Blair "manifestó que serían capaces de tomar Bagdag sin un baño de sangre, y que los iraquíes acabarían por celebrarlo. Y que en ambas cosas él había demostrado posteriormente estar en lo cierto". Ahora, con un millón de muertos y una sociedad en ruinas, la embajada de EEUU en Londres recomienda las entrevistas de Marr en la BBC.


Los colegas de Marr cerraron filas para declarar a Blair "reivindicado". El corresponsal de la BBC en Washington, Matt Frei, dijo, "No hay duda de que el deseo de llevar el bien, de llevar los valores norteamericanos al resto del mundo, y especialmente a Oriente Medio... está actualmente cada vez más unido al poder militar".


Esta obediencia a los Estados Unidos y sus colaboradores como una fuerza benigna "llevando el bien" fluye profundamente en el periodismo del establishment occidental. Este asegura que la catástrofe actual en Siria es responsabilidad exclusiva de Bashar al-Ásad; Occidente e Israel llevan largo tiempo conspirando para derrocarlo, no por razones humanitarias, sino para consolidar el agresivo poder de Israel en la región. Las fuerzas yihadistas desencadenadas y armadas por EEUU, Gran Bretaña, Francia, Turquía y sus representantes de la "coalición" sirven a este fin. Ellas son las que suministran la propaganda y vídeos que pasan a ser noticia en EEUU y Europa, y facilitan el acceso a los periodistas y garantizan una tendenciosa "cobertura" de Siria.


La ciudad de Alepo está en las noticias. Gran parte de los lectores y telespectadores ignorarán que la mayoría de la población de Alepo vive en la parte oeste de la ciudad, controlada por el gobierno. Que ellos sufren diariamente bombardeos de artillería de Al-Qaeda, organización patrocinada por Occidente, no es noticia. El 21 de julio, bombarderos franceses y norteamericanos atacaron una localidad gubernamental en la provincia de Alepo, matando hasta 125 civiles. Esto se publicó en la página 22 de The Guardian; no había fotografías.


Habiendo creado y financiado el yihadismo en Afganistán en los años 80 como Operación Ciclón –un arma para destruir la Unión Soviética los EEUU están haciendo algo semejante en Siria. Al igual que los muyahidines afganos, los "rebeldes" sirios son soldados de infantería británicos y norteamericanos. Muchos combaten por Al-Qaeda y sus variantes; algunos, como el Frente Al-Nusra, han cambiado su imagen para cumplir con las sensibilidades norteamericanas del 11/9. La CIA los dirige, con dificultad, como dirige a los yihadistas de todo el mundo.


El objetivo inmediato es destruir el Gobierno de Damasco, que, según la encuesta más creíble (YouGov Siraj), es apoyado por la mayoría de los sirios, o al menos buscan su protección, pese al barbarismo en la sombra. El objetivo a largo plazo es privar a Rusia de un aliado clave en Oriente Medio como parte de una guerra de desgaste de la OTAN contra la Federación Rusa que finalmente la destruya.


El riesgo nuclear es obvio, aunque silenciado por los medios de comunicación del "mundo libre". Los escritores de editoriales del Washington Post, que promovieron la ficción de las armas de destrucción masiva de Irak, exigen que Obama ataque a Siria. Hillary Clinton, que públicamente se regocijó en su papel de verdugo durante la destrucción de Libia, ha indicado reiteradamente que, como presidenta, "iría más allá" que Obama.


Gareth Porter, un periodista clandestino que informa desde Washington, reveló recientemente los nombres de los que probablemente formarán un gabinete Clinton, y que planean un ataque a Siria. Todos ellos tienen un historial beligerante de guerra fría; el antiguo director de la CIA, Leon Panetta, dice que "el próximo presidente tendrá que considerar un incremento de fuerzas especiales adicionales sobre el terreno".


Lo que más impresiona actualmente en relación con la propaganda de guerra en pleamar es su patente irracionalidad y familiaridad. He estado echando un vistazo a la filmoteca de Washington de los años 50 cuando diplomáticos, funcionarios y periodistas sufrieron la caza de brujas y fueron arruinados por el Senador Joe McCarthy por cuestionar las mentiras y paranoias sobre la Unión Soviética y China. Como un resurgente tumor, el culto antirruso ha reaparecido.


En Gran Bretaña, Luke Harding del Guardian dirige su prensa detractora contra Rusia con una serie de parodias periodísticas que asignan a Valdimir Putin toda iniquidad terrenal. Cuando se publicó la filtración de los Papeles de Panamá, en la primera página se mencionaba a Putin, y aparecía una fotografía de Putin, sin importar que a Putin no se le nombrara en las filtraciones.


Como Milošević, Putin es el Demonio Número Uno. Fue Putin quien derribó el avión de la aerolínea malasia sobre Ucrania. Titular: "Por lo que a mí respecta, Putin mató a mi hijo". No se requirió ninguna evidencia. Fue Putin el responsable del documentado (y pagado) derrocamiento por Washington del gobierno electo de Kiev en 2014. La siguiente campaña de terror por milicias fascistas contra la población de habla rusa en Ucrania fue el resultado de la "agresión" de Putin. Impedir que Crimea se convirtiera en una base de misiles de la OTAN y proteger a la mayoría de la población rusa que había votado en referéndum reintegrarse a Rusia –a la que Crimea había estado anexionada fueron otros ejemplos de la "agresión" de Putin. La difamación a través de los medios se convierte inevitablemente en guerra a través de los medios. Si estalla una guerra con Rusia, de forma intencionada o por accidente, los periodistas tendrán que cargar con gran parte de la responsabilidad.


En los Estados Unidos, la campaña antirrusa ha sido promovida a realidad virtual. El columnista del New York Times Paul Krugman, un economista laureado con el Premio Nobel, ha llamado a Donald Trump el "Candidato Siberiano" porque Trump es el hombre de Putin, afirma. Trump se había atrevido a sugerir, en un momento de extraña lucidez, que la guerra contra Rusia podría ser una mala idea. De hecho, ha llegado más lejos, ha suprimido del programa republicano los envíos de equipos de armas norteamericanas a Ucrania. "Sería formidable si cooperáramos con Rusia", dijo.


Por esto es odiado por el establishment liberal belicista norteamericano. El racismo y la vociferante demagogia de Trump no tienen nada que ver. El historial de racismo y extremismo de Bill y Hillary Clinton puede sobrepasar con creces a cualquier día de Trump. (Esta semana es el vigésimo aniversario de la “reforma” por Clinton del estado de bienestar que dio inicio a una guerra contra los afroamericanos). En cuanto a Obama: mientras la policía norteamericana abate a tiros a sus compañeros afroamericanos, la gran esperanza de la Casa Blanca no ha hecho nada para protegerlos, nada para aliviar su empobrecimiento, al tiempo que libra cuatro rapaces guerras y una campaña de asesinatos sin precedentes.


La CIA ha exigido que Trump no sea elegido. Los generales del Pentágono han exigido que no sea elegido. El belicista New York Times –tomándose un respiro en sus despiadadas difamaciones de mala muerte sobre Putin– exige que no sea elegido. Algo está sucediendo. Estos tribunos de la "guerra perpetua" se encuentran aterrorizados ante la eventualidad de que el multimillonario negocio de guerra mediante el cual los Estados Unidos mantienen su dominación pueda ser socavado si Trump llegara a un acuerdo con Putin, y luego con Xi Jinping de China. Su pánico ante la posibilidad –si bien improbable– de que la gran potencia mundial llame a la paz sería la más negra farsa si el asunto no fuera tan horrendo.


"¡Trump hubiera amado a Stalin!" bramó el vicepresidente Joe Biden en un mitin por Hillary Clinton. Mientras Clinton asentía con la cabeza, él gritó, "¡Nunca nos doblegaremos. Nunca cederemos. Nunca nos postraremos de rodillas. Nunca nos rendiremos. La recta final es nuestra. Así somos. Somos América!"





06 junio, 2024

Los comunistas serbios denuncian la resolución de la ONU sobre Srebrenica

 


The Communists – 30/05/2024


Los falsificadores de la historia han vuelto a hacerlo, esta vez insistiendo en responsabilizar al pueblo serbio por los crímenes imperialistas perpetrados en la ex Yugoslavia.


La carrera por destruir la soberanía y la integridad territorial de la República Federal de Yugoslavia comenzó tan pronto como la contrarrevolución se afianzó en la URSS. Antiguamente considerada como contrapeso al bloque soviético en Europa, una Yugoslavia fuerte e independiente se convirtió en 1991 en el principal objetivo de los imperialistas.


Nuevo Partido Comunista de Yugoslavia


El 23 de mayo, las Naciones Unidas votaron a favor de establecer un día anual de recuerdo del genocidio de 1995 en Srebrenica. Como parte de la batalla en curso para controlar y reescribir la historia del socialismo y el imperialismo en Europa del este, la resolución fue recibida con indignación por el pueblo serbio y con disgusto por los progresistas de todo el mundo.


En un momento en el que en realidad están facilitando el genocidio en curso en Palestina, derramar lágrimas de cocodrilo por las matanzas en masa del pasado es el colmo de la hipocresía, especialmente cuando los responsables de las muertes en Srebrenica estaban en realidad armados y financiados por Occidente como parte de su guerra de una década para destruir la integridad territorial y la independencia económica de la República Federal de Yugoslavia.




★ ★ ★


El Nuevo Partido Comunista de Yugoslavia (NKPJ) condena enérgicamente el proyecto de resolución sobre Srebrenica adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Alemania se ha propuesto trasladar la carga y la responsabilidad del crimen atroz cometido en dicho lugar, de los países imperialistas occidentales al pueblo serbio, amante de la libertad.


Demonización del pueblo serbio


El hecho de que, en el momento de adoptar tal decisión, más países se opusieran a su adopción o se abstuvieran que los que votaron a favor (sólo 84 estados) muestra claramente que muchos países en el mundo rechazan la hipocresía de Occidente.


Al impulsar esta resolución, el imperialismo occidental pretende agitar aún más a los pueblos hermanos yugoslavos, en este caso bosnios y serbios, predisponerlos unos contra otros, crear inestabilidad y alentar el nacionalchovinismo para justificar la presencia continua de la OTAN en el territorio de la antigua Yugoslavia.


Motivo añadido para la adopción de esta resolución es la creciente demonización del pueblo serbio como una forma de presión sobre Belgrado para que reconozca la "independencia" de Kosovo, así como para presionar a Serbia para que implemente sanciones injustas contra la hermana Rusia.


El hecho es que, objetivamente hablando, no hubo genocidio en Srebrenica. El imperialismo occidental está practicando un doble rasero al intentar, de manera inepta y sin éxito, justificar su papel criminal en todas las masacres habidas en el territorio de la República Federal Socialista de Yugoslavia, incluida la que tubo lugar en esa ciudad de Bosnia y Herzegovina.


Sin embargo, las intrigas de los centros de poder imperialistas en Washington, Londres, Berlín y Bruselas, y su culpa objetiva por el derramamiento de sangre en nuestra región, no pueden de ninguna manera ser una excusa para el monstruoso crimen de Srebrenica. Quienes lo cometieron son unos bastardos y una vergüenza para el pueblo serbio; lo único que merecen es el más profundo desprecio y disgusto.


La votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas reveló claramente que los verdaderos amigos de Serbia son los países socialistas como China, Cuba y la RPD de Corea, junto a países antiimperialistas como Bielorrusia, Nicaragua y Siria. Por otro lado, una vez más quedó claro que los países imperialistas occidentales no son amigos de Serbia, por mucho que el gobierno burgués de Serbia haya intentado asegurarnos lo contrario.


Mientras los Estados Unidos de América, la Unión Europea (principalmente Alemania) y la OTAN lideran una campaña antiserbia, las autoridades burguesas proimperialistas de Belgrado siguen insistiendo descarada y obstinadamente en la entrada de Serbia en la Unión Europea y en promocionar la cooperación con la OTAN.


Para preservar su independencia e integridad territorial, Serbia debe detener inmediatamente el proceso retrógrado de adhesión a la Unión Europea y la OTAN y, en cambio, mantener contactos intensivos con sus verdaderos amigos, los países socialistas (China, Cuba, RPDC, Vietnam y Laos), antiimperialistas (Nicaragua, Siria, Bielorrusia, Venezuela y Bolivia) y la fraterna Rusia, debiendo solicitar unirse a la alianza económica de los Brics.


Nuevo Partido Comunista de Yugoslavia

26 de mayo de 2024

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Para hacerse una idea de cómo se recopiló la "evidencia" de la responsabilidad rusa y serbia en las masacres de Srebrenica, véase este artículo sobre el juicio del ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic: "Los agresores no escribirán nuestra historia", por Ian Johnson, Lalkar, enero 2004.


El ilegítimo "Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia" (TPIY), creado en La Haya específicamente para juzgar al líder de Yugoslavia capturado después de que su país fuera diezmado por las bombas de la OTAN, decretó que los serbios habían cometido un genocidio contra los bosnios: una conclusión que se esperaba confiriera cierta legitimidad retroactiva a la decisión de la OTAN de emprender la guerra sin un mandato de la ONU en 1999.



17 junio, 2022

NATO use of depleted uranium during 1999 bombing of Yugoslavia leaves Serbia 97,000 cancer patients

 


10 jun 2022 - People’s Daily: Today marks the 23rd anniversary of the end of NATO’s bombing of the Federal Republic of Yugoslavia. After an international legal team filed lawsuits against NATO on behalf of 3,000 victims over the horrific consequences of up to 15 tons of depleted uranium bombs NATO dropped in 1999, NATO responded by saying it has immunity from prosecution. Do you have any comment?




Zhao Lijian: Twenty-three years ago, US-led NATO blatantly bombarded the Federal Republic of Yugoslavia for 78 days without the approval of the UN Security Council. In total, NATO dropped nearly 420,000 bombs weighing 22,000 tons, including 15 tons of depleted uranium bombs. Over 2,500 people including 79 children were killed and more than one million people became refugees as a direct result of the bombings. 


What is more heart-wrenching is that death and agony brought by the war lingered for generations till this day. As noted by experts, exposure to radiation emitted by depleted uranium bombs can show no symptom for years and depleted uranium bombs have long-term impact on the environment and human food-chain. In the 10 years after the bombing, about 30,000 people in Serbia developed cancer, among whom 10,000 died. According to the Institute of Public Health of Belgrade, by the end of 2019, the number of registered cancer patients in Serbia was as high as 97,000. A study of the Serbian emergency center shows that among children born in Serbia after 1999, many aged between one and five suffered from ectodermal tumors, many aged between five and nine contracted hematological malignancies, and there is a clear uptick in the morbidity rate of brain cancer among those aged between nine and 18. Besides, by May 2019, 366 Italian military personnel who participated in the NATO military operations have died of cancer, and 7,500 have fallen sick. 


However, till this day, the US -- the country that sent military aircraft to drop depleted uranium bombs over Serbia and the inventor of this type of bombs as well as the only country that has ever used them -- continues to deny that depleted uranium bombs can directly cause Gulf War syndrome and Kosovo syndrome. During the Gulf War, the US dropped far more depleted uranium bombs over Iraq. NATO is also trying to get away with it by claiming immunity from prosecution. Such moves by the US-led NATO are shocking. Neither the Serbian people, nor people elsewhere in the world seeking justice, will ever agree to this. The US-led NATO should earnestly reflect on its war crimes, and provide a reasonable explanation and compensations to the victims of depleted uranium bombs as soon as possible. NATO must also seriously learn the lesson and stop creating new turmoil and division across the world. 


Shanghai Media Group




21 marzo, 2022

● NI OLVIDO NI PERDÓN: 24 MARZO/10 JUNIO 1999 - LA OTAN BOMBARDEA YUGOSLAVIA ●

 



Criminal Bombardeo de la OTAN sobre Yugoslavia

Wikipedia

El bombardeo de la OTAN sobre Yugoslavia de 1999, también conocido por su nombre en clave Operación Fuerza Aliada (en inglés, Operation Allied Force), fue una guerra no declarada entre la mayoría de países miembros de la OTAN y la República Federal de Yugoslavia, durante la Guerra de Kosovo. Los ataques tuvieron lugar desde el 24 de marzo hasta el 11 de junio de 1999. El bombardeo constituyó la segunda gran guerra de la OTAN desde su creación tras la Operación Fuerza Deliberada.



La guerra fue iniciada unilateralmente por la OTAN, sin autorización previa del Consejo de Seguridad de la ONU, por lo que constituyó una violación de la Carta de las Naciones Unidas. Los bombardeos mataron a 462 soldados, 114 policías, 5700 civiles yugoslavos y tres periodistas chinos. También murieron dos soldados de la OTAN en un accidente de helicóptero fuera de combate.



El bombardeo de la embajada de la República Popular China en Belgrado se produjo el 7 de mayo de 1999, durante el bombardeo de la OTAN sobre Yugoslavia (Operación Fuerza Aliada). Cinco bombas JDAM lanzadas por Estados Unidos alcanzaron la embajada de China en el distrito de Belgrado de Nuevo Belgrado, matando a tres periodistas chinos e indignando a la opinión pública china. El presidente estadounidense Bill Clinton se disculpó formalmente por el bombardeo, al que calificó de "accidental".

















NO OLVIDAMOS