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24 agosto, 2026

"Ahora están con esta nueva payasada de unas sanciones estremecedoras, terroríficas y etcétera. Es patético" — Augusto Zamora

 




Augusto Zamora : Empecemos por Irán, que yo creo que es, de todo este panorama, la piedra angular de un cambio enorme en el mundo que ya se ha producido, pero seguirá produciéndose, porque realmente en Estados Unidos ni en las peores pesadillas se imaginaron que Irán iba a resistir de la manera que ha resistido. Y no sólo eso, sino que les iba a dar una vapuleada militar, política, geopolítica, de la magnitud que se las ha dado a Estados Unidos. Y ya no digamos al ente sionista.


Ahora están con esta nueva payasada de unas sanciones estremecedoras, terroríficas y etcétera. Es patético. Es decir, es para reírse si no lo dijera el presidente del mayor estado terrorista del mundo. Porque sanciones mayores que las que sufrió Irán después del 79, que se sumaron a la agresión del Irak de Saddam Hussein, cuando Saddam Hussein era el héroe de Occidente, mayores que eso, no va a recibir jamás ningún país en castigo económico, porque el bloqueo, además, era general. Y sin embargo, Irán resistió 8 años de guerra, resistió las sanciones, reconstruyó el país. Hoy es una de las 20 economías mundiales, hizo del país una potencia científico-técnica, a pesar de todo, y ahora una enorme potencia militar.


Así que, que venga Trump a estas alturas a hablar de unas sanciones devastadoras es de risa. Porque justamente la derrota Estados Unidos y del ente sionista ha cambiado a tal nivel las relaciones en Oriente Medio y Próximo que ya los Estados Unidos suena a cháchara, Trump es como una chacharaca hablando un disparate tras otro. Porque ¿cómo le va a imponer sanciones? Ya China le dijo que tururú, ¿sabes? Rusia hará lo mismo. Lo mismo hará Pakistán, lo mismo hará la India. Los países del Golfo Pérsico no se van a meter, ya bastante asustados están con el estado de cosas. Así que, ¿quién les va a secundar? Los europeos con la crisis que tienen energética, hídrica, económica... Es decir, está Estados Unidos realmente en un estado de soledad insólito. Yo no creo que Estados Unidos haya estado más solo y aislado de lo que está ahora con Trump.


Pero obviamente, si tú sigues la propaganda y los diarios que actúan como portavoces de este imperialismo ruinoso de Estados Unidos, te parece que ellos podrán hacer muchas cosas, pero ya no. Ya ese tiempo pasó, ¿sabes? Más bien hay una alarma creciente por el declive del dólar y su sustitución por monedas nacionales en un porcentaje cada vez mayor de intercambios entre países. El relevante papel del dólar que está sirviendo de refugio, pero también como un puñal invisible contra la economía estadounidense. Es decir, no, ya a estas alturas del campeonato eso queda en puro discurso demagogo, vacío para la galería, para impresionar a las cuatro bobos en Estados Unidos, en el mundo, que crean que Estados Unidos sigue siendo Superman, cuando en realidad no lo es.


Y lo de la bomba atómica, mira. Estados Unidos es el único país que la ha empleado contra población indefensa. Ya está más que demostrado que las lanzaron no por razones militares, sino por razones experimentales, viendo ya la Guerra Fría y el creciente poder soviético. También se planteó cuando la guerra de Corea, fue el momento en el que Estados Unidos estuvo más a punto de repetir, pero como en 1949 la Unión Soviética había desarrollado ya su bomba atómica, aquello fue el freno. Porque en Washington dijeron, "Bueno, si empleamos la bomba atómica contra la China comunista, nadie no garantiza que la Unión Soviética no la emplee contra Japón." Y entonces ahí se quedó y esta lucha interna terminó con un intento de golpe de estado de del general McArthur, que era jefe de las tropas gringas en Corea, y su destitución después. Y el otro momento fue en la guerra de Vietnam. No recuerdo las fechas, pero fue entre 72 y 74, cuando los gringos estaban ahogados, tenían medio millón de soldados. Las bajas se multiplicaban, las protestas se hacían mayores y se volvió a plantear el tema. Pero este nuevo planteamiento quedó en eso, en planteamiento, porque ya para entonces la Unión Soviética era una superpotencia nuclear, pero también China tenía la bomba atómica.


En estos momentos, si nosotros nos guiamos por los ejemplos anteriores, bombas atómicas tiene India, tiene Pakistán, tiene Corea del Norte, tiene Israel, la primera potencia nuclear es Rusia y aquí está una cuestión que se impuso en los anteriores casos y es que, sí la tienes, está ahí, pero es para no usarse Porque cualquier analista medianamente sensato sabe que un uso de una bomba nuclear, una, primero nadie garantiza que no habrá represalia. Segundo, que esto desataría una carrera por crear el arma nuclear que países como Irán, Egipto, Arabia Saudita, etcétera, etcétera, buscarían su bomba, con lo cual los resultados serían devastadores y eso aceleraría el fin del que la use.


Por eso, yo creo que Israel lo último que haría sería usar la bomba nuclear, ¿sabes? Porque eso sería el fin no solo de Israel, sino puede que también de los judíos como tal, porque quedarían como apestados en todo el mundo. Quiero decir que esos son planteamientos que sí sirven para temas sensacionalistas, para un titular, para llenar una conversa o un programa, pero no son realmente serios.


No podemos adoptar un enfoque parcial. Dentro del marco geopolítico y de los intereses de Estados Unidos, el primer escenario y el más relevante con diferencia es Asia Pacífico y China. En relación a este asunto, lo de Irán es totalmente secundario. Y de hecho, en Estados Unidos, tú lees, muchos analistas opinan que a Estados Unidos no se le ha perdido nada, ni en el estrecho de Ormuz ni en Irán, y que es un error y una traición a Estados Unidos estar siguiendo la política que marca el ente sionista, que afirman ellos, va en contra realmente de los intereses de Estados Unidos como país. Porque, en realidad, para Estados Unidos el gran reto es China y es el dominio, el control, todos los intereses que hay en Asia Pacífico, donde está, no olvidemos, el 70% de la economía mundial y el 60% de la población mundial. Es decir, no son escenarios equiparables. Por más que la propaganda, las noticias y todo lo demás inflen la relevancia de Israel, Israel es un parásito minúsculo que en el global de Estados Unidos no tiene en los actuales tiempos mayor relevancia, la tuvo y mucha en la Guerra Fría cuando Oriente Medio estaba dividido también en dos bloques, el bloque progresista con Naser en Egipto, con los Asad y Husein en Irak, en Jordania, Gadafi en Libia... Era un mundo distinto, pero es que ahora nada de eso existe. Egipto es aliado de Estados Unidos, recibe anualmente 1.500 millones de Estados Unidos, tiene excelentes relaciones con Rusia, le está construyendo Rusia a su mayor y única central nuclear, se está armando con armamento chino. Pakistán quiere su autonomía, está haciendo enormes planes económicos, comerciales con Irán, quiere abrir una ruta, participar en la ruta... Es otro mundo. Entonces, en este panorama pensar, “vamos a emplear la bomba atómica para satisfacer Israel”, los primeros que se opondrían en Estados Unidos serían los militares. Porque esto... Mira, las dos bombas atómicas sobre Japón no fueron la razón por la que Japón se rindió, aunque ese es el visionado de Hollywood en ese sumario de mentiras que provienen de Estados Unidos. Japón se rindió después de que el ejército soviético en una semana los desbaratara en China y fue cuando Japón se dio cuenta de que tenía absolutamente perdida la guerra y pidió la paz. No fueron las bombas atómicas. Y una bomba atómica contra Irán no dejaría de ser una bomba atómica contra el mundo musulmán.


Estaba escuchando hace poco a unos especialistas iraníes, pero también egipcios, de que esa división antigua, rivalidad entre sunitas y chiitas se ha desvanecido, que ahora los intereses y la gente piensan en otras cosas. Por lo tanto, emplear una bomba nuclear contra un país que no representa ninguna amenaza, que no ha atacado a nadie, que más bien lo has agredido dos veces, sería desatar un terremoto, yo creo que devastador para Occidente, para Estados Unidos y para el mismo ente sionista, en el mundo musulman.


Dije al principio que la piedra angular de lo que está pasando ahora es Irán. Y esto es independiente de lo que es el marco geopolítico de Estados Unidos, porque lo de Irán, ha sido como una bomba nuclear sin átomos. Porque es como el cuento ese del rey desnudo. Estados Unidos y el ente sionista creyeron, porque ellos estaban convencidos, de que en una semana, 10 días, la República Islámica se hundiría y que ellos saldrían triunfantes. Y le salió el tiro literalmente, no por una, sino por 50 culatas. Los iraníes barrieron las bases de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, atacaron hasta en Jordania, les golpearon portaviones, les hicieron... lo dejaron en ridículo, qué es lo peor que te puede pasar.


Yo escribí hace ya unos cuantos meses a raíz de la segunda agresión contra Irán, que esta guerra era como un ensayo de lo que iba a ser la guerra en Asia Pacífico, porque Estados Unidos es una potencia aeronaval. Es lo que he dicho y repetido, que es un país isla en un continente isla, está separado del mundo. Su única manera de proyectarse son sus barcos y sus aviones, para lo cual necesita bases en el extranjero. Y esto repite un fenómeno que se ha dado y que el primero que lo narra curiosamente y de manera maravillosa y lo que dice podría aplicarse, es Tucídides en la historia de la guerra del Peloponeso, contando el fracaso de la expedición naval ateniense contra las ciudades aliadas de Esparta en Sicilia. Y lo que cuenta Tucídides podría, mutatis mutandis, aplicarse a la actualidad porque siempre la potencia que ataca desde el mar va en desventaja. Esto se vio repetido saltando los siglos en Galípoli, cuando el Imperio Británico mueve australianos, neozelandeses, ingleses y algunos franceses a desembarcar en Galípoli para destruir a al Imperio Otomano por la espalda, y aquello termina en una matanza terrible. Mueren 250.000 soldados británicos. Y a pesar de que Gran Bretaña tenía una indudable supremacía militar, el dominio de la tierra fue fundamental. Los turcos podían enviar por tierra todas los refuerzos, la artillería, el abastecimiento y los británicos tenían su retaguardia en Egipto a 1000 km. En Irán se vio lo mismo. Sostener una guerra a 12.000 km de tus bases es costosísimo. Y o tienes una retaguardia muy próxima o esto termina como han terminado las anteriores expediciones marítimas. Y como en la guerra contra Irán nadie se quiso sumar, ni siquiera Egipto se ofreció, nadie dijo, "Ven, pon aquí tu base y desde aquí...” Nadie. Estados Unidos se vio en un problema gravísimo que estalló en la crisis (que parece anecdótica, pero no), de que los marineros en los portaaviones no tenían ni que comer porque no tenían logística.


Transcripción del vídeo Irán prepara el golpe final contra EEUU.



23 abril, 2026

"Hay que acabar con la coalición atlantista" — Augusto Zamora

 



Debemos ver el mundo en su conjunto. Si ves el planeta como si fueras un cosmonauta, verás que la inmensa mayoría de la humanidad está en paz. Que la inmensa mayoría se relaciona pacíficamente y respetando las leyes internacionales.


Que aquí los únicos en el mundo que viven provocando guerras, conflictos, y que han desbaratado el orden mundial jurídico y político son las potencias atlantistas. No hay ningún país ni grupo de países, más que los atlantistas, haciendo barbaridades con el derecho; y, sin embargo, son los que más hablan de derecho.


Hay regiones enteras del mundo en absoluta paz. A nadie se le ocurre andar invadiendo países. ¿Quiénes los invaden? Pues son siempre fuerzas anglosajonas con su coro de seguidores europeos, que unas veces son más, otras veces son menos, pero son los únicos.


Entonces no podemos confundir la parte con el todo. El orden jurídico internacional, por regla general, es respetado por la gran mayoría de países del mundo, y es violentado, atropellado, agredido, vulnerado y roto por potencias atlantistas, las únicas.


Así que con lo que hay que acabar es con la coalición atlantista, para que el planeta viva en paz. Como si tienes un cáncer ahí, pues hay que extirpar ese cáncer. Y a eso vamos: a una coalición global antiatlantista.


👉🏽 Cita extraída de la entrevista realizada por Héctor Bujari (Periodismo Alternativo – 17/04/2026) a Augusto Zamora, abogado y analista internacional.



02 marzo, 2026

Notas para no ser manipulados por la guerra contra Irán — Augusto Zamora

 


Observatorio de la crisis – 01/02/2026


1. La guerra criminal de agresión contra Irán lleva apenas dos días. Aunque llevara cuatro o seis, a menos que termine, es un plazo de tiempo demasiado corto para sacar ningún tipo de conclusiones. Toca esperar pacientemente sin dejarse arrastrar por los agoreros.


2. La República Islámica de Irán (RII) es un sistema político, económico y social, que ha tenido, tiene y tendrá su dirigencia, pero no es un sistema que dependa perentoriamente de sus dirigentes. Casi desde su fundación, la RII funciona como sistema colegiado. La muerte o asesinato de uno o más de sus dirigentes no genera ninguna parálisis. Los órganos colegiados se ponen en funcionamiento y designan o eligen a los nuevos dirigentes. Eso ocurrió en la agresión de junio de 2025. Eso ha ocurrido ahora.


3. El asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, no ha generado ninguna parálisis. Ya hay designado un sucesor provisional y, en su momento, será electo su sucesor definitivo. El martirio de Jamenei no ha provocado una ruptura política, sino, por el contraio, un poderoso sentimiento de union en una mayoría de iraníes. Asesinar a Jomenei es como si se asesinara a nuestro Papa de Roma, para hacer un símil que pueda entenderse. Millones de musulmanes han repudiado el crimen. Por demás, como afirmara hace tantos años nuestro admirado Maximilien Robespierre, nadie quiere misioneros armados.


4. La práctica totalidad de informaciones sobre la guerra de agresión proviene de fuentes sionistas, atlantistas y gringas. Agárrenlas con guantes, pinzas y mascarillas. Salvo honrosas excepciones, la mitad de ellas son mentira y la otra mitad manipulación. Los sionistas ocultan todo el daño y destrucción que les provoca Irán; los gringos nunca dicen la verdad, salvo si concuerda con sus intereses. Pasará tiempo para que podamos conocer lo que verdaderamente ha pasado.


5. Esta guerra es una guerra de resistencia. La ganará quien aguante más y con mayor sacrificio. Los nazi/sionistas son de guerras cortas y resultados rápidos, pues no tienen recursos ni medios para más. Si no obtienen esos resultados rápidos terminan pidiendo cacao y que su monstruo protector –EEUU– les saque los misiles del fuego. A EEUU no le interesa –en principio– que la guerra se alargue. Un conflicto así arruinaría a muchos de sus aliados, es decir, a las satrapías árabes. Éstas también terminarían abogando por un fin de las hostilidades.


6. No hay escenario Hollywood en esta guerra. Desde la de junio de 2025 quedó demostrado que el stock de misiles de EEUU e Israel era limitado y complicado y lento de reponer. La revista Military Watch, en 2025, y Bloomberg ayer, han coincidido en una cosa: el stock de bombas de profundidad y de misiles de EEUU es escaso y podría agotarse en pocos días. Eso pasó ya en 2025. No elevemos las campanas al vuelo, pero dejemos anotado ese dato, que es muy relevante. Es una agresión aeronaval que depende de misiles y bombarderos. Con poca munición las guerras no se prolongan.


7. Por último (y por ahora), recuerden que la República Islámica de Irán no es Libia ni Siria. Es una potecia territorial, tecnológica, militar y sin retaguardias enemigas. Puede aguantar, como ya lo hizo en 2025. Los escenarios están abiertos. Hay para una guerra de meses, muchos meses, o para cesar los disparos y firmar otra tregua. No habrá paseo militar para EEUU. No lo ha habido desde Corea, en 1953. Sabe EEUU iniciar guerras, pero, hasta la fecha, no ha ganado ninguna. No pudo en el apogeo de su poder 1945-1975, será difícil que gane esta contra Irán, en su decadencia. Lo dicho, paciencia y a esperar.



28 febrero, 2026

PARA IMPACIENTES — Augusto Zamora

 



Observatorio de la crisis – 27/02/2026


El escenario bélico que EEUU está montando frente a Irán ofrece a China la posibilidad de hacer un ensayo real de guerra sin entrar directamente en guerra con el Imperio


Nos toca, en estos tiempos de incertidumbres, vivir entre densas humaredas e insoportables parloteos. Los llamados medios de comunicación masiva han hecho proliferar, no como hongos, sino como bacterias, una multiplicidad de analistas, geopolitolólogos, predictólogos y demás proctólogos, que no cesan de hacer pronósticos y horrorísticas sin fondo ni sentido, pero que llenan a sus videntes de confusión, barullo y desconciertos –que son sinónimos–, sin aportar otra cosa más que eso: humo y ruido.


En estos tiempos de metástasis intelectual se hace prudente tomarse las cosas con calma y con café para no seguir emborronando la mente (cuenta nos damos que, esta matina, tenemos al léxico en situación insurreccional).


Desde la Casa Blanca y de Boxeo ¿está programada una velada pugilística? salen ditirambos sobre negociaciones de paz en Ucrania y con Irán, al tiempo que el decadente imperio reparte armas y distribuye flotas por las zonas más explosivas del planeta.


Una "contradictio in terminis", para decirlo en latín, o bien un oxímoron, para decirlo en griego, es decir, situaciones en las que los términos se contradicen a sí mismos. La una es una locución latina que significa "contradicción en los términos", refiriéndose a una expresión, argumento o situación que se autocontradice, queriendo unir conceptos que se excluyen unos a otros. Es sinónimo de oxímoron, que es decir una cosa y la contraria. Pues eso mismo es la política de EEUU, para no enredarse. Dicen una cosa y hacen otra y, siendo bíblicos, por sus hechos debemos guiarnos.


De impacientes y monstruos: El oxímoron de la política exterior de EEUU


EEUU dice querer la paz en Ucrania, pero la paz como la entiende EEUU, es decir, que los firmantes suscriban lo que le interesa a EEUU y poco más. Que Ucrania entregue el Donbás a Rusia le da igual a EEUU. No es territorio gringo. Lo relevante es lo que tendría que ceder Rusia para lograr el pedazo de tierra.


La OTAN puede aceptar la cesión si Rusia, a cambio, acepta el rearme de Ucrania y su reconversión en un monstruo militar que pueda, en su momento, devolver el golpe y causar estragos en Rusia. Militarmente, el Donbás no tiene mayor relevancia.


La tienen las costas del mar Negro y el territorio ucraniano, pues allí podría la OTAN construir un Frankenstein militar en el vientre blando de Rusia. También habría tiempo para el rearme general de la Europa atlantista, de forma que, sumando A+B, tendríamos la situación que más conviene a EEUU. Ucrania sobrevive como territorio antirruso, la OTAN se arma hasta los dientes contra Rusia y se prepara el bloqueo marítimo de Rusia cerrando el mar Negro y el Báltico, amén de crear candados a la salida rusa del Ártico al Atlántico. Y no le den más vueltas.


A Irán se le pide lo que Irán daría si se quiere suicidar: renunciar a su programa nuclear y a todos los misiles con un alcance superior a los 300 kilómetros. Eso es lo que sueña conseguir el gobierno genocida de Israel y que EEUU, títere del sionismo, le está pidiendo a Irán. El gobierno iraní, por supuesto, no aceptará el suicidio asistido que propone Washington.


Todo este meneo de negociaciones no tiene otro propósito que ganar tiempo. EEUU para acumular el máximo de recursos aeronavales. Irán, para esperar que llegue todo el material militar que están enviando al país Rusia y China, al parecer con bastante prisa. Irán, al tiempo, acelera los preparativos para resistir de la mejor manera posible el bombardeo yanqui/israelí. ¿Qué pasará? Nadie lo sabe, pero, por si las moscas, en Irán están todos atrincherados. Una sorpresa como la del pasado año no se dará. Y, si hay guerra, podríamos todos tener que volver a burros y bicicletas.


Protagonista silente es China, que parece ver los toros de largo, pero no, que en Beijing hace mucho tiempo dejaron el chupete político. EEUU está en una carrera militar acelerada y, casi, supersónica, armando a Taiwán. Crearon un comando unificado Taiwán/USA para atacar centros neurálgicos en la república popular, además de mantener una especie de puente aéreo transportando toda clase de armas al portaaviones que es Taiwán.


La estrategia militar de EEUU pasa por fortalecer los tres anillos de islas con los que está rodeando a China, de forma que China –como Rusia– sea forzada a quedarse encerrada en su territorio, mientras EEUU y sus aliados mantienen el dominio del océano mundial.


No hay aquí exageración ninguna. Está en los documentos oficiales del Pentágono desde 2017 –primer mandato de Trump– y no han variado la letra, aunque sí la musiquita, para engañar a los tantos bobos que hay. Lo explicamos, desde 2022, en De Ucrania al Mar de la China. Ninguna novedad, por tanto. No estamos antes procesos reales de paz, sino en los prolegómenos de la gran guerra que viene.


Esos son los planes de EEUU. Toca ver los de las otras partes, que esto es un baile de salón, con parejas y disparejas.


Rusia, obviamente, le sigue el juego a Trump porque es lo inteligente. Mientras tanto, sigue impertérrita en su estrategia de guerra de desgaste, ocupando pueblo tras pueblo, con costos mínimos para Rusia y horrendos para los ukronazis, aunque los plumíferos accidentales se fuercen en decir lo contrario.


El régimen pelele de Kiev tiene cada día menos soldados, menos armas, menos recursos y menos dinero a su disposición. La Europa atlantista no está mejor. Se les inflaman glándulas y campanillas haciendo gesticulaciones amenazantes y graznando como cuervos afónicos, pero, detrás, no tienen nada sustancioso.


Deudas crecientes, economías menguantes, desigualdades galopantes, pueblos envejecidos y natalidad negativa. No son datos que inviten a irse de fiestas, menos si las fiestas son bélicas y contra la primera potencia nuclear del mundo. Aún así, británicos y franceses hablan de enviar tropas a Ucrania. Rusia ha dicho que, si tal hacen, serán un objetivo militar preciado. Se admiten apuestas.


Algunas cosas del despliegue de EEUU frente a Irán son de comedia gruesa. Según recoge la revista Military Watch, "El superportaaviones de la Armada estadounidense, el USS Gerald Ford, sufre desbordamientos de aguas residuales durante su despliegue contra Irán". Según informes, la mayoría de los aproximadamente 600 baños del USS Gerald Ford han dejado de funcionar ocasionalmente, obligando a los marineros a esperar hasta 45 minutos o más para que funcionen.


Según el Navy Times, el superportaaviones recibió un promedio de una llamada de mantenimiento relacionada con las aguas residuales al día durante su despliegue en 2025. Los registros internos muestran cientos de fallos en el sistema de alcantarillado del USS Gerald Ford en períodos cortos, incluyendo un informe interno de 205 averías en cuatro días durante 2025, lo que obligó al portaaviones a solicitar asistencia externa decenas de veces desde 2023 para intentar mantener el sistema en buen estado.


En ocasiones, ha sido necesario el uso de una descarga ácida especializada, con un coste aproximado de 400.000 dólares por uso, para eliminar la acumulación de residuos, y "solo puede realizarse en puerto, no en alta mar". Vaya por Mahoma. Por mal diseño, el súper portaaviones está inundado de mierda.


Sigue diciendo Military Watch: "Según se informa, la necesidad de que los marineros y técnicos trabajen largas jornadas para gestionar el problema ha contribuido a la baja moral, agravando la desmoralización ya causada por la significativa prolongación del despliegue del superportaaviones, que superó con creces su duración habitual".


Oficiales de la Armada estadounidense afirman que los problemas con los sanitarios no han comprometido la capacidad de la misión, pero sí representan un grave problema para la "calidad de vida". Miren ustedes, construir la mayor plataforma marina del mundo para que los marineros dediquen el grueso de su tiempo a deshacerse de sus propias heces. Suerte que no era una nave espacial.


Copro-guasas aparte, China lleva tiempo publicando fotos y coordenadas de las bases, los barcos y el armamento desplegado por EEUU contra Irán. China le está diciendo a los de la Casa Blanca que los tienen controlados y que esa vital información militar está siendo compartida con Irán. Además, tiene navegando en el golfo de Omán a su buque espía más sofisticado y completo; un buque que puede monitorear, ubicar, dar seguimiento e informar de todo a Irán.


Desde los movimientos previos a un ataque al despegue de aviones y disparo de misiles. Esto es todo, menos baladí. De darse, Irán estaría informado al segundo de los movimientos de las fuerzas aeronavales de EEUU, de forma que tendría tiempo de preparar la recepción.


Nada de esto tuvo Irán en la miniguerra de misiles de junio de 2025 con Israel, pese a lo cual dio un duro castigo a los sionistas, al punto de hacerles pedir cacao. Ahora, si Irán llegara a gozar del apoyo chino (y ruso, no lo duden), en caso de agresión, Irán puede dar algunas sorpresas. Y puede que, por eso mismo, en EEUU, los generales tienen serias reservas con ir a esa guerra. Y puede que, por ese agujero de miedo, se busque alguna salida de acomodo para Trump y así taparle las vergüenzas (si acaso le queda alguna intacta).


Más relevante es lo siguiente. Mutatis mutandis, el escenario de conflicto EEUU/Irán es similar al escenario de conflicto que se presenta en el Mar de la China. Una potencia aeronaval, EEUU, apoyándose en bases militares de países aliados, ataca a un país desde el mar y desde las bases aliadas. Cámbiese Jordania por Filipinas; Arabia Saudita por Japón; Bahréin por Corea del Sur y quedará más clara la similitud.


De esa forma, el escenario bélico que EEUU está montando frente a Irán ofrece a China la posibilidad de hacer un ensayo real de guerra y de medir sus armamentos con los de EEUU sin entrar directamente en guerra con EEUU.


Eso explicaría el despliegue del buque espía y el espionaje satelital sobre las bases estadounidenses en la región arábigo-persa. Para China, mejor imposible. De ahí, también, la celeridad con la que Beijing está entregando armamento chino a Irán. Y de por qué Rusia está haciendo lo mismo, aunque, quizás, por otro motivo: devolverle el "favor" que EEUU le viene haciendo usando Ucrania.


Hemos dicho, desde tiempo ha, que, en estos presentes, no hay conflictos aislados. Que todos son sistemas de vasos comunicantes, aunque sus geografías estén lejos unas de las otras. EEUU ha sido y es (no sabemos si lo seguirá siendo) sobre todo una potencia aeronaval.


Su condición de Estado-isla en un continente-isla no le permite ser otra cosa. Si, como en ese juego de mesa de Hundir el barco, Irán/China/Rusia le hunden o averían seriamente a EEUU un portaaviones y algunos barcos y le derriban aviones, ya podremos anticipar resultados de lo que sería una guerra entre China y EEUU por el control de Asia/Pacífico.


Este panorama lo examinamos, en el lejano 2018, en el libro Réquiem polifónico por Occidente, donde hablábamos de la desventaja de Vulcano armatoste (EEUU) frente a los Hermes misilísticos (Rusia y China). En otras palabras, para no retrasar el café, de la desventaja de los buques de guerra frente al poder de los misiles.


Para dar un ejemplo, ese portaaviones de mierda –literal–, el Gerald KK Ford, tardó doce años en construirse (2005-2017) y cinco años más en ser declarado operativo (2022). ¿Saben cuántos misiles pueden construirse en un año o, mejor o peor aún, en cinco años?


El Gerald KK Ford costó 13.300 millones de dólares. Hagan cálculos sobre el número de misiles que pueden construirse con esa cantidad. No hay cifras oficiales de lo que cuesta un misil hipersónico Oreshnik ruso, pero fuentes occidentales lo cifran en 10 millones de dólares. Aceptemos la cifra. Con 100 millones se construyen diez Oreshnik, con mil millones se construyen cien Oreshnik. Bastaría uno de ellos para convertir en arrecife submarino al Gerald KK Ford. Finito.





05 enero, 2026

Venezuela: Las cosas no son como empiezan sino como terminan — Augusto Zamora

 



Observatorio de la crisis – 04/01/2026


La acción criminal contra Venezuela acelerará el choque global. Si Trump enseña los dientes otros tendrán que apurarse con los misiles.


El 1 de mayo de 2003, un ufano presidente George W. Bush, en un discurso televisado a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, frente a las costas de California, anunciaba que “las principales operaciones de combate en Irak han finalizado. En la batalla de Irak, Estados Unidos y nuestros aliados han prevalecido”. Detrás de Bush se podía leer una gran pancarta que decía “Misión cumplida”.


La ilegal invasión de Iraq había comenzado el 20 de marzo. Bush proclamó la victoria cuarenta días después. En Iraq se decía otra cosa. Que la guerra apenas había comenzado, como efectivamente así fue. Se sucedieron ocho largos y sangrientos años de guerra hasta que, en diciembre de 2011, las últimas tropas estadounidenses abandonaban, derrotadas, Iraq. Medio millón de iraquíes habían perecido de forma violenta, mientras EEUU perdía 4.500 soldados.


La guerra no había concluido en mayo de 2003. Había comenzado.


El presidente Bush hizo, en aquel discurso, otra afirmación: “Tenemos una ardua labor por delante en Irak. Estamos poniendo orden en zonas de ese país que siguen siendo peligrosas”. Se refería a lo siguiente: gobernar Iraq como una neocolonia, con las tropas yanquis paseándose por el país como si fuera parque de atracciones. No pudieron. Al final, tuvieron que tragar y entregar el poder a la mayoría chiita, aliada de Irán, y, luego, llegar a compromisos con los iraquíes, muy lejos de lo que pensaban en 2003.


Peor les fue en Afganistán. EEUU invadió el país en 2001 para derrocar a los talibanes, acusados de terroristas, para retirarse a la desesperada en 2021 dejándole el poder a… los talibanes. En 2025, buscaron negociar con ellos la entrega de una base aérea, a lo que, como podrán imaginarse, el gobierno talibán se negó tajantemente.


La operación terrorista ordenada por Donald Trump contra Venezuela, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, y su eufórico discurso cantando victoria, dando por terminado el episodio y hablando de que gobernarán directamente Venezuela, tiene ecos de déjà vu, de situación vivida, no una, sino muchas veces. Trump hoy, como Bush en 2003, confunde lo inmediato del acto con las consecuencias del mismo.


El éxito espurio de una operación comando es una cosa. La cascada de sucesos que el secuestro del presidente venezolano está y seguirá desencadenando es otra. Porque el secuestro de un presidente no es un hecho baladí. Es abrir una caja de truenos que, a su vez, servirá de desencadenante de hechos posteriores que es prematuro -e imposible- imaginar.


Si en 2001 alguien hubiera afirmado que, en 2021, los talibanes volverían a entrar triunfantes en Kabul, las burlas habrían sido masivas. Si en 2003 se hubiera dicho que, en 2011, EEUU se retiraría de Iraq sin haber alcanzado sus objetivos, la reacción habría sido similar. Las cosas, bien lo sabemos, no son cómo empiezan, sino cómo terminan.


Los jefes de Estado son, de entrada, personas internacionalmente protegidas, según lo establece la Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, adoptada por NNUU el 14 de diciembre de 1973.


La ONU considera que “los delitos contra los agentes diplomáticos y otras personas internacionalmente protegidas al poner en peligro la seguridad de esas personas crean una seria amenaza para el mantenimiento de relaciones internacionales normales, que son necesarias para la cooperación entre los Estados”.


Según el artículo 2 de dicha Convención, “Serán calificados por cada Estado parte como delitos en su legislación interna, cuando se realicen intencionalmente: a) la comisión de un homicidio, secuestro u otro atentado contra la integridad física o la libertad de una persona internacionalmente protegida”.


EEUU, por tanto, ha perpetrado el secuestro de una persona internacionalmente protegida, lo que constituye un delito internacional. Desde esta perspectiva, los tribunales de EEUU carecen totalmente de jurisdicción para juzgar a una persona protegida internacionalmente que ha sido objeto de secuestro, figura delictiva en todas las legislaciones del mundo, incluyendo a EEUU.


Por otra parte, se aplica aquí la antigua y fundamental máxima jurídica de que “nadie puede obtener beneficio de su propio dolo”, es decir, que nadie -persona o Estado-, puede prevalerse de un acto doloso o ilícito como base para obtener ventajas o derechos en un proceso judicial.


Los tribunales estadounidenses, en tal sentido, no podrían, si respetaran los fundamentos esenciales del Derecho, juzgar en forma alguna al presidente venezolano. Esto no detendrá a los jueces gringos, pero permitirá constatar, una vez más, que, en EEUU, no impera el Derecho, sino la barbarie y sólo la barbarie.


Como recoge el diario The Washington Post, “La captura de Maduro por parte de Estados Unidos puede ser ilegal; eso probablemente no importará en los tribunales”. Detrás de su rostro de ‘civilizados’ se encuentra el esclavista, el genocida y el pistolero, los tres pilares sobre los que se fue construyendo ese engendro que se hace llamar EEUU.


Secuestrar a un presidente es un acto de guerra; pero, peor aún, es legitimar con hechos cualquier tipo de arbitrariedad derivada de la fuerza bruta. Es retrotraer al mundo la era del imperialismo salvaje del siglo XIX, cuando los supuestamente civilizados europeos se sentían autorizados, en nombre de su superioridad civilizacional, a asesinar, esclavizar, expoliar, destruir y saquear a los pueblos considerados bárbaros y salvajes. Si Trump puede secuestrar a un jefe de Estado, cualquier otro gobierno se sentirá autorizado, si puede, a ordenar el secuestro de Trump o de cualquier otro presidente.


Otra cuestión debemos tener clara. La política del gobierno estadounidense no obedece únicamente a su histórica vocación de violencia, intervención y uso de la fuerza. Aunque su pulsión violenta les impulsa a actuar casi mecánicamente como pistoleros, esa política sigue las pautas establecidas durante las guerras mundiales, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial, cuando Washington exigió a los gobiernos del continente un alineamiento sin fisuras con EEUU.


Todos los gobiernos se alinearon, excepto el argentino, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, que rehusó declarar la guerra al Eje, por su simpatía hacia el fascismo. El punto no es ése. La rebeldía de Perón llevó a EEUU a promover la desestabilización del gobierno argentino, a tal punto que, en 1945, el embajador gringo, Spruille Braden, instigador de la sangrienta Guerra del Chaco, encabezaba las manifestaciones contra Perón.


En octubre de 1945, un golpe de estado derrocó a Perón, que tuvo que ser liberado por los golpistas a causa de una enorme presión popular. Perón ganó las elecciones de 1946 usando el eslogan “Braden o Perón”. Hoy, en Venezuela, pueden parafrasear el eslogan, bajo el lema “Trump o Maduro”.


Trump afirma que EEUU necesita el petróleo y los recursos venezolanos porque, según él, ‘pertenecen’ a EEUU. En realidad, lo que Trump quiere es controlar los recursos de todo el continente como parte esencial de la preparación de EEUU de la guerra que viene contra China y Rusia.


Como ya señaláramos en De Ucrania al Mar de la China, desde 2017, durante su primer periodo presidencial, Trump diseñó una estrategia militar que repetía, en lo sustantivo, la adoptada por EEUU en la II Guerra Mundial.


Como se recordará, EEUU batalló a muerte contra Japón de 1941 a 1944 y no entró de lleno en el escenario bélico europeo hasta junio de 1944, cuando, ya vencido Japón, consideró que podía apuntarse a la guerra contra la Alemania nazi. Para 1944, el Ejército Rojo ya había demolido al ejército nazi, de forma que la participación directa de EEUU en el escenario europeo tuvo más relevancia en Hollywood que en la guerra misma.


No será posible entender la atroz agresión que sufre Venezuela y el propio secuestro del presidente Maduro y de su esposa si se le aísla del escenario mundial y de la lucha, soterrada e implacable, por el cambio sistémico en curso.


Es esa lucha lo que explica la beligerancia de Trump en favor de candidatos derechistas ‘trumpistas’ en el continente americano y en la misma Europa. EEUU no está pretendiendo devolver la región a lo que era hace un siglo. EEUU quiere gobiernos alineados y serviles en los países americanos y europeos que bailen a su compás, sin vacilación ninguna, para cuando se inicie el enfrentamiento mundial, particularmente por el dominio del océano Pacífico.


Aunque el petróleo esté de por medio, nadie en Venezuela se oponía a inversiones estadounidenses en el sector de hidrocarburos. Todo lo contrario, las cortapisas a una relación comercial mutuamente beneficiosa provenían del gobierno estadounidense. En febrero de 2024, Trump anunció que revocaría la licencia que “el corrupto Joe Biden concedió” a Venezuela, en 2022, para que la multinacional Chevron operara en el país.


El petróleo es más cortina de humo que realidad. De siempre se han hecho mejores negocios en la paz que en la guerra. Durante los veinte años que duró la invasión de Afganistán, ninguna empresa de EEUU pudo extraer beneficios del país.


Fue, todo, un desastre militar, político y, sobre todo, económico. El estudio realizado, al respecto, por la Universidad Brown, en 2019, concluyó que la guerra de Afganistán costó a EEUU la friolera de 978.000 millones de dólares. Haciendo comparaciones, el PIB de Chile, en 2025, fue de 340.000 millones de dólares. El de Suecia, de 640.000 millones.


La visión estratégica de EEUU explica, también, el aparente menosprecio de Trump hacia los países atlantistas europeos. Trump los desprecia porque, en su mayoría, se han negado a seguir las directrices dadas desde 2017, de rearmarse comprando armamento estadounidense y de multiplicar por tres el gasto militar, hasta alcanzar el 5% del PIB. Trump, contrario a lo que predican los bobos de turno, no quiere a la OTAN débil.


La quiere archi-militarizada con armamento gringo que, además de inyectar centenares de miles de millones de dólares a las arcas de EEUU -que necesita perentoriamente para financiar el rearme contra China-, conforme una amenaza militar suficiente para amedrentar a Rusia. Y quiere a Rusia amedrentada para que, en caso de guerra con China, Rusia no pueda brindar apoyo suficiente a China. Sin apoyo ruso, EEUU podría soñar con derrotar a China y, una vez derrotada China, pasarían a ocuparse de Rusia.


También explica su aparente interés en la paz entre Rusia y Ucrania. En realidad, Trump ofrece un caramelo para distraer a Rusia y así dar tiempo a que los europeos atlantistas se rearmen.


No es un esquema de paz lo que Trump está moviendo en Ucrania, sino de guerra. De la guerra sistémica que sostienen aquellos (China, Rusia, India, Irán…) que quieren instaurar un nuevo orden mundial contra los que (EEUU y sus títeres europeos) se afanan por impedirlo y prolongar cuanto puedan su hegemonía decadente. Eso aclara el apoyo o el silencio cómplice de la casta política europea hacia la operación terrorista de EEUU en Venezuela. Son zorros del mismo piñal unidos en los mismos objetivos.


No hay, en el mundo actual, conflictos aislados unos de otros. Estamos en un sistema de vasos comunicantes donde todos los grandes frentes de conflicto -Ucrania, Gaza, Irán, Asia-Pacífico, África, hoy Venezuela-, están intercomunicados y unos influyen en los otros. Lo que ha movido a EEUU contra Venezuela está relacionado con la pretensión gringa de apoderarse de Groenlandia. EEUU quiere una Groenlandia yanqui para hacer allí un símil de Taiwán y cerrar a Rusia el acceso al océano Atlántico. Y así…


Es la versión geopolítica del efecto mariposa (“un pequeño cambio ahora puede dar lugar a un cambio gigantesco e impredecible en el futuro”). Pueden ser conflictos localizados en una geografía determinada, pero que forman parte del conflicto global, cuyo escenario principal -no se engañe nadie- es el control del Pacífico.


Allí, en el ‘arco del triunfo’ que va de la península coreana a India -que referimos en Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos-, está el corazón de la economía mundial, la mitad de la población y las cuatro mayores potencias globales.


El acto criminal contra Venezuela tiene otras secuelas, las inmediatas. Una de ellas es recordarnos, de golpe, que el imperialismo depredatorio y violento no ha muerto. Está vivo y coleando, esperando únicamente que nos durmamos para asaltarnos.


También sirve para recordar que la lucha antiimperialista acabará sólo cuando los sistemas imperialistas hayan sido derrotados. No es posible saber qué derroteros seguirá la agresión contra Venezuela. Lo que debemos tener claro es que, mientras el enemigo está despierto, estamos obligados a permanecer en vigilia. Hoy es Venezuela, mañana cualquiera. De fondo, el planeta entero.


Una inédita versión global de lucha entre opresores y oprimidos. Entre oligarquías y pueblos. Entre un mundo unipolar, en manos criminales, y el mundo multipolar, que queremos en manos de la humanidad. Venezuela es el nuevo capítulo, no el último. Habrá otros. Irán, Egipto, Indonesia, África Central… Y no hay que llamarse a engaño. La acción criminal contra Venezuela acelerará el choque global. Si Trump enseña los dientes otros tendrán que apurarse con los misiles.


Sin dar espacio al desaliento, toca estar alertas y preparados. Se han perdido, se pierden y se perderán batallas pero, al final, la victoria será nuestra. Hagan números y verán que salen las cuentas.



15 enero, 2025

Estados Unidos de América: país sin nombre y sin destino — Augusto Zamora

 


Extraído del libro Política y geopolítica. Para rebeldes, irreverentes y escépticos. (2016), de Augusto Zamora.


País americano líder del llamado «mundo occidental», primera potencia militar del planeta y, hasta hace unas dos décadas, potencia económica mundial indiscutible. Posee 9 826 675 kilómetros cuadrados y 319 millones de habitantes, divididos en grupos étnicos, cuyas diferencias siguen marcando a la sociedad, como también la sociedad sigue imbuida de religiosidad y convencida del excepcionalismo estadounidense. Es, también, el único país del mundo que ha vivido —y sigue viviendo— en un constante y permanente estado de guerra. Primero, contra los británicos, luego contra los vecinos (intento de anexión de Canadá en 1812-1814 y guerra contra México en 1847, del que arrancó la mitad del territorio), continuaron contra los pueblos indígenas (la archifilmada «conquista del Oeste», que ha llegado a ser todo un género de cine), siguieron la guerra entre ellos mismos (guerra civil de 1860-1865), luego contra España (1894), para continuar contra Latinoamérica y los mares del Pacífico. Después de la Segunda Guerra Mundial, continuaron con las guerras de Corea, (1950-1953) y Vietnam, Laos y Camboya (1960-1975) en el Sudeste asiático, luego con Somalia, Afganistán, Iraq, Libia y… La lista de futuros candidatos es extensa: Ucrania (y Rusia), Iraq (por tercera ocasión), Libia (bis), Yemen, Irán, Siria y, claro, la República Popular China.


Después del suicidio de la URSS, casi todo el mundo dio por sentado que, según los datos y hechos más visibles, parecía inobjetable que EEUU, vencedor de la Guerra Fría, sería la única superpotencia mundial y el país en torno al cual giraría el mundo. Hoy, salvo sectores o individuos fanáticos, nadie piensa así. EEUU, en las últimas dos décadas, ha perdido buena parte de los atributos que hicieron del país una superpotencia, como la capacidad industrial, el control de la economía mundial y la solvencia fiscal, que le permitía gastar cantidades ingentes de dinero en guerras imperiales o de alto contenido geopolítico. Desaparecidas las condiciones intrínsecas para dominar el mundo, su hegemonía actual en el ámbito occidental es más efecto de la inercia de los hechos que derivación de un poder objetivo, como el que poseía en los años 50 o 60.


Para entender muchas de las singularidades de EEUU es preciso tener en cuentas las más que particulares circunstancias históricas que lo llevaron a ser superpotencia.


Hasta la Segunda Guerra Mundial, EEUU fue beneficiario pasivo de las guerras entre las grandes potencias europeas. País volcado hacia sí mismo y con escasa proyección exterior, capitalizó con eficacia admirable aquellos conflictos, multiplicando su riqueza, poder y territorio. Las guerras napoleónicas hicieron crecer la demanda de productos agrícolas norteamericanos, provocando un boom exportador que permitirá, en las décadas siguientes, la industrialización del país. La extensa Luisiana fue vendida por Napoleón en 1803 tras frustrar la marina británica su intento de rehacer el imperio colonial. La Florida cayó como resultado de las guerras de independencia americanas, aprovechadas por EEUU para ocupar Florida occidental en 1813 y obligar a España a venderla en 1818. El caos mexicano puso en sus manos Tejas y la mitad del territorio de ese país, tras una guerra desigual y sin gloria (1846-1847). Alaska fue adquirida por obstinación rusa, cuyo gobierno tenía abiertos múltiples flancos en Europa y Asia Central y necesitaba con agónica urgencia dinero fresco. Con Polonia insurrecta en 1863; Prusia y Austria en guerra (batalla de Sadowa, 1866) afectando su flanco europeo; Inglaterra y Francia sosteniendo al Imperio otomano y chocando Rusia con Inglaterra en la frontera con Afganistán, Alaska debía aparecer ante el zar de Rusia como un apéndice estéril, difícil de atender y menos de defender. En 1867 se efectuó la venta, por 7 200 000 dólares. Una vez más, EEUU era el beneficiario neto de las pugnas europeas. La ceguera española en Cuba, finalmente, servirá en bandeja un imperio colonial, de Filipinas a Puerto Rico, posiblemente el imperio que con menos costo haya obtenido jamás potencia alguna. Durante la Primera Guerra Mundial, EEUU comerció con los bloques en lucha y no entró en guerra hasta meses antes de su final. Su comercio con el bloque británico pasó de 824 millones de dólares en 1914 a 3215 millones en 1916. Sus ventas a las potencias centrales pasaron de 169 millones a 3214 millones en el mismo periodo. Las tropas de EEUU entraron en Francia en junio de 1918 y Alemania, agotada y sin reservas, se rindió en noviembre de ese año. EEUU combatió cuatro meses y perdió en total menos soldados que Francia o Alemania en una única batalla. De 115 000 muertos estadounidenses solo 50 000 lo fueron en combate. El resto murió por enfermedades. Europa quedó en ruinas y endeudada con EEUU, el mayor y más grande beneficiario de la guerra: su PIB pasó de 33 000 millones de dólares en 1914 a 72 000 millones en 1920. ¡Un incremento del 120% en apenas seis años!


La Segunda Guerra Mundial obligó a EEUU a un esfuerzo mayor y más temprano, pero, aun así, le dejó inmenso beneficios. Bastó que la guerra empezara para que su producción industrial aumentara un 20%. En abril de 1940 había superado el nivel existente en 1929, cuando la Gran Depresión. Al concluir el conflicto, los muertos estadounidenses sumaron un total de 404 399 soldados, menos de la mitad de las bajas soviéticas en Stalingrado. También era el único país beligerante cuyo territorio no había sufrido ningún daño. Su marina mercante significaba el 66% del tonelaje mundial y su superávit comercial era, en 1945, de 40 700 millones de dólares. Europa, en cambio, estaba destruida. La producción industrial había descendido más de un 40% y la agrícola hasta un 50%, además de despertar a la pazahogada en deudas. El Plan Marshall acrecentó esta riqueza y llevó al establecimiento de empresas estadounidenses en Europa, acta de nacimiento de las transnacionales. Y con el plan Marshall llegó la OTAN, organización que tradujo a términos militares la hegemonía política y económica estadounidense en la región. La Segunda Guerra Mundial dejaba a EEUU como amo y señor de Europa Occidental, de igual modo que la Gran Guerra lo había reconvertido en la mayor potencia industrial del mundo.


Su expansión mundial fue, hasta ese momento, un proceso que arrojaba ganancias sin cesar. En Iberoamérica, donde la guerra había dejado importantes beneficios, EEUU impuso un sistema de libre comercio que, dada la inmensa asimetría comercial e industrial, hizo que los países pasaran de unas reservas de 3340 millones de dólares a quedar endeudados con EEUU. Ahí el origen de la deuda externa que muchos siguen pagando aún hoy.


Otro factor a considerar es que EEUU nunca se ha enfrentado, solo, a adversarios de entidad equivalente. La expansión territorial —su mitificada y hollywoodizada conquista del Oeste— fue el primer genocidio planificado de la era moderna. Siguieron México, sumido en el caos, y una rezagada España, derrotada en 1898. Luego Cuba, Haití, Nicaragua, Panamá… La participación de EEUU en la Primera Guerra Mundial fue simbólica y en la Segunda, aunque con una implicación mucho mayor, participó con aliados tan poderosos como la URSS, que sola quebró el espinazo del poder nazi. Japón era un enemigo poderoso pero menor, que, además, debía combatir contra coreanos, filipinos, vietnamitas e ingleses. Pero fue la guerra con China la que resquebrajó el poder de Japón. En China tuvo que invertir la mitad de sus recursos y esa situación va a condicionar todo el curso de la guerra con EEUU. Washington se enfrentará a un enemigo demediado, que había cometido el error de expandir demasiado el campo de batalla. Esa expansión desmesurada será la causa de fondo de la derrota japonesa (bombas atómicas excluidas, claro).


No hubo guerra contra la URSS, para fortuna del mundo, aunque sí dos conflictos en los que EEUU debió combatir contra China e, indirectamente, la URSS. En Corea, en 1951, las tropas norteamericanas casi fueron expulsadas de la península por el ejército chino. La guerra quedó en tablas —destituido el general Douglas McArthur, que, desesperado, quería lanzar bombas atómicas contra China—, mostrando la impotencia de EEUU, que no había podido vencer a la recién creada República Popular. La guerra de Vietnam (1960-1975) es lo bastante conocida para comentarla. Las fotografías de los tanques norvietnamitas penetrando en la embajada norteamericana en la antigua Saigón fueron la imagen viva de la derrota estadounidense.


EEUU no ha tenido, por tanto, experiencia bélica en solitario contra poderes similares. Tampoco experiencia como país imperialista en el sentido tradicional. Grecia se enfrentó a Persia, Roma a Cartago, España a Francia y Gran Bretaña, y estos se pasaron guerreando siglos. Alemania combatió contra grandes coaliciones. La expansión de Rusia por Siberia y Asia Central le llevó 400 años. EEUU, en cambio, no solo ha carecido de tales envites, sino que ha sido el gran beneficiario de las sucesivas debacles de las potencias europeas, la última de ellas la autodestrucción de la URSS. Hasta hace pocos años, el modus operandi iniciado hace casi 200 años ha funcionado como una máquina aceitada y a punto.


Hasta hace pocos años, vale repetir. La Guerra Fría fue un gasto compartido por las potencias occidentales, de Noruega a Japón. La Primera Guerra del Golfo fue realizada por EEUU al frente de una coalición de 50 países, con fondos aportados por una decena de ellos. La agresión contra Yugoslavia fue obra de la OTAN, que corrió con el gasto. En Afganistán la situación cambió. Aunque abaratada por el apoyo ruso y europeo, fue —es, en 2015 murieron 27 soldados de la coalición y en 2016 han muerto ya otros tres— una guerra pagada por EEUU. La agresión contra Iraq resultará peor. Debió ser sufragada enteramente por EEUU, con un mínimo aporte británico. Son, claramente, guerras deficitarias que ni siquiera podrá resarcir el petróleo iraquí, habida cuenta el enorme daño sufrido por ese país (50 000 millones de dólares, dice el Banco Mundial) y la necesidad que tendrá EEUU de mantener una presencia militar en Iraq por mucho tiempo, amén de la irrupción del Estado Islámico, que ha abierto un frente complejo. Una ocupación costosa (4000 millones de dólares al mes) que se parece cada día más a la de Líbano por Israel, que terminó en desastre y en retirada humillante.


Puede decirse que EEUU ha pasado por cuatro etapas de imperialismo. La primera es un imperialismo vecinal de beneficios absolutos, que va desde su independencia hasta 1898, etapa en la que alcanzó los niveles de expansión territorial, industrialización y capitalización de beneficios que lo convertirán en gran potencia. Una segunda etapa es de un imperialismo económico de beneficios netos, que va desde 1898 hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando EEUU no parece interesado en convertirse en un poder mundial protagonista, sino en consolidar y expandir su poder económico y financiero. La Segunda Guerra Mundial abrirá una tercera etapa, que puede calificarse de imperialismo mundial deficitario, habida cuenta que, como acontecerá en la guerra de Corea y, sobre todo, en la de Vietnam, la economía de EEUU se verá afectada por la necesidad de mantener una guerra larga y ruinosa, que afectará económica, moral y psicológicamente al país.


El derrumbe soviético abrirá una cuarta y actual etapa, en la que EEUU se declaró vencedor absoluto de la Guerra Fría y única hiperpotencia planetaria. Los hechos subsiguientes, particularmente las desastrosas aventuras militares en Afganistán, Iraq y Libia, en vez de consagrarlo como la «hiperpotencia» que afirmó ser, vinieron a demostrar exactamente lo contrario. El fracaso militar y político evidenció que EEUU seguía siendo —sin duda— una gran potencia y la primera militar, pero solamente eso, una gran potencia en un mundo que, aunque quiso, no pudo manejar a su modo.


Desde Vietnam hasta el presente, EEUU ha entrado en una etapa de imperialismo militar de pérdidas netas, por cuanto, por vez primera en su historia, se ha visto obligado a consumir cantidades ingentes de recursos propios para intentar mantener su condición de potencia hegemónica. Las invasiones de Afganistán e Iraq vinieron a disparar el crónico déficit público que el país arrastra desde los años 70, convirtiéndose en el país más endeudado del mundo. EEUU ha entrado, de lleno, desde 2002, en un imperialismo militar de pérdidas netas, cuya tendencia es a aumentar de forma incesante. A tenor de lo publicado por el diario Financial Times, en diciembre de 2014, la guerra en Afganistán le habría costado un billón de dólares, equivalente, para tener una idea más clara, a diez presupuestos o casi dos presupuestos militares de EEUU (que rondan de media los 500 000 millones de dólares). El peso de la guerra afgana sobre el presupuesto del país había llegado, en 2011, a ser tan gravoso, que Joe Manchin, congresista por Virginia, afirmó, en junio de ese año: «Tenemos que elegir entre reconstruir Afganistán o Estados Unidos. A la luz del peligro fiscal de nuestra nación no podemos hacer ambas cosas». Coincidentemente con esta posición, el cineasta Michael Moore, en una carta abierta de octubre de 2011, protestaba porque «se gastan miles de millones y billones en la guerra mientras los niños estadounidenses están durmiendo en las calles y hacen cola por pan».


El 80% del gasto militar en Afganistán se dio durante la primera presidencia de Barack Obama, distinguido con el premio Nobel de la Paz (también recibido por el entonces secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, quien había promovido los más brutales bombardeos aéreos sobre Vietnam del Norte, entre 1972 y 1974. Nobeles con olor a pólvora y sangre). La razón era simple. Obama había diseñado una política dirigida a impedir una derrota militar en Afganistán. En 2009, envió 51 000 soldados más a ese país, con lo que la cifra de soldados estadounidenses en Afganistán superó, por vez primera, los 100 000 efectivos. Como afirmara un periodista del diario The Guardian, EEUU estaba, «todo el tiempo, tratando de encontrar una manera de no perder la guerra». Estos hechos hacían pensar, en esos años, que la razón de fondo estadounidense era evitar que las aventuras militares en Afganistán e Iraq terminaran de igual manera que en Vietnam. No obstante, aunque no hubo tanques talibanes en Kabul, la retirada militar norteamericana de los dos países invadidos marcaba el fin de una era: la del sueño de ser hiperpotencia.