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06 agosto, 2021

La descomunal patraña del "democrático mundo libre"

 


En la prisión de alta seguridad de Belmarsh, a Julian Assange se le aplican unas condiciones de aislamiento propias de peligrosos terroristas, cuando se supone que es un periodista en prisión preventiva. Según afirma Craig Murray [hoy arrestado también], a Assange se le mantiene 23 horas diarias en soledad y tiene 45 minutos para hacer ejercicio en un patio de cemento. Cuando sale de su celda, “todos los pasillos por los que pasa son evacuados y todas las puertas de las celdas se cierran para garantizar que no tenga contacto con otros reclusos”.

Wikipedia

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Edward Snowden, (1983, Carolina del Norte, USA) actualmente exiliado en Rusia

Ingeniero de sistemas de formación, sirvió como agente de la CIA y trabajó como experto informático para la NSA. Con 21 años se alistó en el ejército. a los 24 fue reclutado por la CIA y ejerció de agente en Viena y a los 29, escandalizado por el espionaje al que esta siendo sometida la población, decidió revelar a la prensa la red de vigilancia masiva del Estado. 

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Craig Murray, 1958. funcionario, bloguero y diplomático británico. Fue embajador del Reino Unido ante Uzbekistán hasta su destitución, el 14 de octubre de 2004. Tan pronto como llegó a Uzbekistán, informó al Foreign Office del «carácter fascista» del régimen de Islom Karimov y de la práctica generalizada de la tortura.

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Cuando un títere de la CIA intenta un golpe militar respaldado por la CIA, con el apoyo de John Bolton y la oferta de los mercenarios de Blackwater, en el país con las mayores reservas de petróleo del mundo, no tengo ninguna dificultad para saber de qué lado estoy.

Juan Guaidó ha sido preparado durante 15 años como un proyecto a largo plazo de la CIA. Su intento de golpe de Estado de ayer, que hasta ahora parece haberse paralizado, fue la culminación de estos esfuerzos por devolver las reservas petroleras de Venezuela a la hegemonía estadounidense.

Es extraño cómo la implementación urgente de la democracia liberal por la fuerza se correlaciona tan a menudo con reservas de petróleo ajenas a los EE.UU., como en Libia, Irak o Venezuela, mientras que los países con reservas masivas de petróleo que permiten la dominación militar de los EE.UU. y se alinearon con Occidente e Israel pueden ser tan antidemocráticos como deseen, por ejemplo Arabia Saudita. Venezuela es una democracia imperfecta, pero es mucho, mucho más democrática que Arabia Saudita y con un historial de derechos humanos mucho mejor. La hipocresía de los medios de comunicación y los políticos occidentales es impresionante.

La hipocresía y la ironía son almas gemelas, y hay múltiples niveles de ironía al ver a los comentaristas «liberales» que vitoreaban un golpe de estado militar sin disfraz, y luego se quejan en voz alta de que la gente está siendo herida o asesinada ahora que su bando está perdiendo. Ayer el MSM no tuvo dificultad en llamar al intento de golpe lo que cualquiera con ojos y oídos podía ver claramente era, un intento de golpe militar.

Hoy, milagrosamente, la línea de los MSM no es un intento de golpe de estado, fue sólo una protesta espontánea y desarmada, y es el malvado gobierno de Venezuela el que trata de presentarla como un golpe de estado. El BBC Breakfast de esta mañana tenía como titular «El presidente Maduro ha acusado a la oposición de montar un intento de golpe de estado»… Sin embargo, no cabe duda de que, de hecho, eso es lo que ocurrió.

El MSM está hoy lleno de vídeos de cañones de agua contra «manifestantes» y de un horrible vídeo de un vehículo militar que embiste a un grupo. Pero todo ha sido cuidadosamente editado para excluir horas de grabaciones de los mismos vehículos militares que fueron lanzados y quemados con cócteles molotov, y a los que se les disparó. Fue una presentación realmente impactante.

En cualquier país civilizado, intentar montar un golpe militar llevaría a la cárcel de por vida, y eso es lo que debería ocurrirle ahora a Juan Guaidó. El intento de Occidente de proteger a su marioneta fingiendo que el fallido golpe militar nunca ocurrió, debe ser resistido, por lo menos en nombre de la honestidad intelectual.

El recurso a la violencia fuerza la elección binaria. He sido y soy un crítico de Maduro en muchos aspectos. Creo que los cambios constitucionales para eludir al Parlamento eran erróneos, y la Asamblea Constituyente elegida indirectamente no es una buena forma de democracia. Venezuela tiene un problema de corrupción desenfrenado. Las sanciones de los Estados Unidos exacerban, pero no son la causa fundamental de la mala gestión económica. Hay deficiencias en materia de derechos humanos. Pero Chávez hizo cambios revolucionarios en la educación y el empoderamiento de los pobres, y es un país mucho mejor gobernado para la masa de su población de lo que sería bajo un régimen títere de la CIA instalado por Estados Unidos. Maduro fue elegido legítimamente. El intento de violencia obliga a una elección binaria.

Sé de qué lado estoy. No es el de Guaidó ni la CIA.

Craig Murray

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Bradley [Chelsea] Manning, 1987, Crescent, Oklahoma. Reconocida años más tarde como Chelsea Elizabeth Manning.

Tras de unirse al Ejército y soportar duras intimidaciones, Manning fue enviado a Irak en 2009.

Allí tuvo acceso a información clasificada que describió como profundamente preocupante. Manning dio mucha de esta información a WikiLeaks y fue arrestada después de que sus acciones fueron reveladas al gobierno de los Estados Unidos por un confidente hacker. Tras ser encarcelada dos veces, hoy está fuera de prisión.

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Su nombre no es tan conocido como los de Julian Assange, Edward Snowden o Chelsea Manning, pero el intento de Katherine Gunn de detener la invasión de Irak está considerada una de las filtraciones de información sobre inteligencia más valientes e importantes de la historia.


Katherine Gunn era una traductora de mandarín de apenas 28 años que trabajaba para la agencia de inteligencia británica, el GCHQ.

Katherine estaba sentada frente a su escritorio en el GCHQ una fría mañana de enero de 2003 cuando recibió el correo electrónico que la alarmó enormemente. Lo firmaba Frank Koza. un miembro de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (la NSA), que solicitaba a los traductores del GCHQ su cooperación para espiar a las delegaciones de seis países que en ese momento eran miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: Angola, Camerún, Chile, México, Guinea y Pakistán.

Se trataba de intervenir los teléfonos y los correos electrónicos de sus delegados ante la ONU para obtener información con la que presionarles después para que apoyaran la ocupación de Irak. El objetivo último es que la ONU emitiera una resolución que autorizara la invasión del país, que de otro modo podía ser considerada ilegal.

Tras un fin de semana de dudas y meditaciones, Gunn volvió el lunes a su despacho, imprimió el memorando, lo guardó en el bolso y se lo llevó. Un par de días después, y con la ayuda de un conocido (nunca ha desvelado su nombre) que tenía contactos con la prensa, lo filtró. Tuvieron que pasar tres semanas hasta que el diario británico The Observer, tras comprobar la veracidad del documento, lo publicó íntegro.

Lógicamente las repercusiones fueron enormes, y tanto Reino Unido como Estados Unidos se vieron obligados a dar explicaciones ante sus aliados en Naciones Unidas. Aunque finalmente la filtración no detuvo la guerra, la información que había hecho pública Katharine resultó crucial para que el Consejo de Seguridad de la ONU no apoyara la ocupación. Finalmente en marzo de 2003, una coalición liderada por Estados Unidos y formada por países aliados como Reino Unido y España invadió Irak con la excusa de que su gobierno ocultaba armas de destrucción masiva.

Mientras, el GCHQ lanzó una investigación interna para aclarar quién había filtrado la información. Dos días después, Gun confesó que era la responsable. Fue arrestada y pasó una noche en una celda antes de que una organización a favor de los derechos humanos pagara su fianza. Ocho meses después, la Fiscalía decidió acusarla por violar la Ley de Secretos Oficiales, aunque retiró la acusación la misma mañana que comenzaba el juicio, seguramente por el temor del gobierno británico a que durante el proceso saliera a la luz más información comprometedora.

Katherine Gunn vive actualmente en Turquía.

Marina Dorado



15 junio, 2019

"Un mundo donde las administraciones de gobiernos que se dicen democráticos, cometen abusos, difunden mentiras y silencian los crímenes, especialmente los crímenes de guerra"


UNA MENTIRA TAN ENORME COMO LA QUE LANZARON BUSH, BLAIR Y AZNAR,
COSTÓ LA VIDA A MÁS DE MEDIO MILLÓN DE INOCENTES EN IRAK


LOS MÉRITOS DE WIKILEAKS
Chris Hedges (periodista)
Traducción: J.L.Miera

Pregunten a los padres iraquíes de Sabiha Hamed Salih, de 15 años, y de Ashwaq Hamed Salih, de 16, que fueron asesinados a balazos en Bagdad el 31 de julio de 2004, qué piensan de Julian Assange.

Pregúnteles a un hombre y a sus dos hijas jóvenes que vieron cómo su esposa y su madre eran masacradas a tiros por Marines de los EE. UU desde un jeep, el 22 de julio de 2005, qué piensan de Julian Assange.

Pregúnteles a los padres de Huda Haleem, una niña de 18 años y de Raghad Muhamad Haleem, un niño de 5, muertos a tiros por soldados estadounidenses el 2 de junio de 2006, en la provincia iraquí de Diyala, qué piensan de Julian Assange.

Pregunten a los padres de un niño de 15 años asesinado a tiros por infantes de marina de los Estados Unidos en Ramadi, el 10 de agosto de 2006, qué piensan de Julian Assange.

Pregunten a los familiares de Ahmed Salam Mohammad, abatido a tiros el 27 de noviembre de 2006, cuando las tropas estadounidenses dispararon a bocajarro sobre los asistentes a una boda, cerca de Mosul, qué piensan de Julian Assange.

Pregunten a las familias de cientos de personas que murieron a tiros de ametralladoras calibre 50, cuyos autores bromeaban con las tripulaciones del helicóptero Apache de los EE. UU. desde donde disparaban sobre cualquier civil.

En el este de Bagdad, en julio de 2007, todavía resuena el eco de los insultos y risas de los miembros del ejército yanquis, llamando ‘bastardos muertos‘ a los cadáveres de civiles, diciendo “¡sigue disparando, sigue disparando!”, perpetrando una masacre que incluyó a dos periodistas de Reuters, Namir Noor-Eldeen y Saeed Chmagh. Pregunten qué piensan de Julian Assange.

Pregúntenles a Sajad Mutashar, de 10 años de edad, y a su hermana Doaha, de 5, ambos heridos, cuyo padre de 43 años de edad, Saleh, murió mientras intentaba ayudar a una de las víctimas en las calles de Bagdad, lo que piensan de Julian Assange.

Ninguno de estos crímenes de guerra y miles más, cometidos por los mercenarios del ejército de los Estados Unidos, fueron jamás investigados, pero al menos se hicieron públicos gracias a Julian Assange, Chelsea Manning y WikiLeaks.

Ese es el papel de los periodistas: dar voz a aquellos que sin nosotros no la tendrían, pedir cuentas a los poderosos, reclamar justicia para los olvidados y demonizados, decir la verdad con objetividad y rigor.

Durante la última década, hemos observado que la libertad de prensa y la protección legal de quienes denuncian los abusos y las mentiras del gobierno han sido eliminados por la vigilancia general del gobierno y la criminalización de las filtraciones o con la persecución de Julian por la publicación de estos secretos.

La prensa ha sido en gran parte castrada en los Estados Unidos. El reiterado uso de la Ley de Espionaje, especialmente bajo la administración de Obama, para acusar y sentenciar a quienes denuncian estas salvajadas, busca anular nuestra capacidad para desvelar el siniestro funcionamiento interno del poder y del imperio estadounidense.

Los funcionarios gubernamentales con un gramo de conciencia, sabiendo que todas las comunicaciones están siendo monitoreadas, capturadas y almacenadas por las agencias de inteligencia, están demasiado apabulladas para informar a los periodistas.

La última línea de defensa recae en aquellos con ciertas habilidades, que les permiten escudriñar en las cloacas del ejército, del departamento de seguridad, pero con el coraje de hacer públicas esas aberraciones criminales que revelaron personas como Edward Snowden, Chelsea Manning y Jeremy Hammond, que ahora cumplen años de prisión en los Estados Unidos por piratear a la empresa de seguridad privada Strategic Forecasting Inc., o Stratfor, con sede en Texas.

El precio de la resistencia es alto, no solo para ellos, sino también para aquellos que, como Julian, se decidieron a publicar estas informaciones secretas. Como Sarah Harrison ha señalado: “Esta es nuestra información, nuestra historia. Tendremos que luchar para revelarla a todo el mundo”.

Su arresto final difumina los conceptos de estado de derecho y libertad de expresión en Gran Bretaña, como en EEUU o Ecuador.

Las ilegalidades llevadas a cabo por los gobiernos ecuatoriano, británico y estadounidense en la detención de Julian, hace ya dos meses, en la Embajada de Ecuador en Londres son siniestras.

Presagian un mundo donde las administraciones de gobiernos que se dicen democráticos, cometen abusos, difunden mentiras y silencian los crímenes, especialmente los crímenes de guerra llevados a cabo por la élite gobernante global, esperando que nunca sean de conocimiento público.

Presagian un mundo en el que aquellos con el coraje y la integridad para exponer el abuso de poder, sin importar su nacionalidad, sean perseguidos en todos los continentes y arrestados, torturados, sometidos a juicios falsos y condenados a cadena perpetua.

Presagian una distopía orwelliana donde el periodismo está prohibido y reemplazado por la propaganda, las trivialidades, el presunto entretenimiento y adoctrinamiento para que odiemos a los demonizados como si de terribles enemigos se tratara.

El arresto de Julian Assange marca el inicio oficial del totalitarismo corporativo y la constante vigilancia estatal, la destrucción del estado de derecho, que es lo que estamos presenciando, que parece dar paso y vía libre a un estado autoritario o totalitario.

Otra señal de que el nudo se está apretando, lo demuestra el hecho de que las oficinas de la Australian Broadcasting Corp., la emisora nacional del país, fueron allanadas por la policía federal la pasada semana.

La redada se llevó a cabo porque la emisora había divulgado relatos detallados de las fuerzas especiales australianas en Afganistán, que habían asesinado a decenas de personas desarmadas, incluidos niños.

Esta bestialidad, protagonizada por soldados australianos, fue revelada en parte gracias a una filtración de cientos de documentos militares clasificados. La redada y la búsqueda de estos informes por parte de la policía, requisando todo el material, miles de archivos y correos electrónicos, forma parte de una política para arrestar y encarcelar a toda aquella persona que se atreva a hacer públicas esta clase de crímenes.

Cambiamos de país. ¿Bajo qué ley el presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, anuló caprichosamente los derechos de asilo de Julian como refugiado político?

¿Bajo qué ley autorizó Moreno a la policía británica para irrumpir en la Embajada de Ecuador, territorio soberano, y arrestar a un ciudadano que ya había sido nacionalizado ecuatoriano?

¿Bajo qué ley la Primera Ministra, Theresa May, ordenó a la policía británica capturar a Julian, que no ha cometido un crimen?

¿Bajo qué ley exige Donald Trump la extradición de Julian, que no es ciudadano estadounidense y cuya plataforma de noticias no tiene su sede en los Estados Unidos?

La tortura psicológica que está padeciendo Assange, documentada por el relator especial de las Naciones Unidas sobre la tortura y los malos tratos, Nils Melzer, refleja la ruptura del disidente Winston Smith al final de la novela ‘1984’.

Se dice que la Gestapo rompía los huesos y que en el Este la policía secreta, la Stasi, rompía las almas. Hoy, el neoliberalismo ha refinado las formas más crudas de tortura de la Gestapo. Rompen almas y cuerpos. Es más efectivo.

Esta es la razón por la que Julian, cuya salud física y psicológica sufre grave deterioro, ha sido trasladado a un hospital penitenciario. Todos podemos ser llevados a la temida 'Habitación 101' de George Orwell para que seamos obedientes e inofensivos.

Estas “medidas administrativas especiales” (podemos estar seguros de que hay agentes de inteligencia estadounidenses que asisten a los británicos en la tortura psicológica de Julian), han destruido a miles de detenidos en todo el mundo.

Estas “técnicas”, incluido el confinamiento solitario prolongado, son la forma básica de control en las cárceles de máxima seguridad en los Estados Unidos, donde el estado corporativo hace la guerra a su clase más oprimida y políticamente aguda: los afroamericanos.

Ha habido una campaña de difamación coordinada contra Julian por parte de nuestra esta Policía del Pensamiento, amplificada por las mismas organizaciones de medios que publicaron el material de WikiLeaks.

La campaña se detalló en un documento filtrado por el Pentágono, preparado por la Subdivisión de Evaluación de Contrainteligencia Cibernética, con fecha 8 de marzo de 2008. El documento pedía erradicar el “sentimiento de confianza” que provocaba en la red WikiLeaks y destruir así la reputación de Julian.

Esta demonización del personaje fue defendida incluso por la dirección del Partido Demócrata de los EEUU, después de que WikiLeaks publicara 70,000 correos electrónicos pirateados, copiados de las cuentas de John Podesta, presidente de la campaña de Hillary Clinton.

Los correos electrónicos de este funcionario revelaron la donación de millones de dólares de Arabia Saudita y Qatar, dos de los principales financieros del grupo terrorista ISIS (Daesh) o Estado Islámico, a la Fundación Clinton.

Se supo que Goldman Sachs pagó a Hillary Clinton 657,000 dólares a cambio de algunas charlas; una suma tan grande que solo puede considerarse como un soborno que dejaba a la candidata como una esclava bien pagada.

Hillary se vio atrapada entre correos electrónicos, en los que decía, por ejemplo, a las élites financieras, que quería 'comercio abierto y fronteras abiertas' y que creía que los ejecutivos de Wall Street estaban mejor posicionados para administrar la economía que el propio gobierno, una declaración que contradecía sus declaraciones de campaña.

Estos mensajes revelaban los esfuerzos de la campaña de Clinton para influir en las primarias republicanas e impedir que Trump fuera el candidato republicano, expusieron a Clinton como la principal arquitecta de la guerra en Libia, una invasión que, en su opinión, fortalecería en el futuro su credibilidad como candidata del partido demócrata.

WikiLeaks ha hecho un trabajo inmenso al exponer los abusos de poder y crímenes del Imperio Americano, una labor más eficaz y valiosa que la de cualquier otra agencia de noticias de ámbito global.

Además de los registros de guerra y los correos electrónicos de Podesta, hizo públicas las herramientas de piratería utilizadas por la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional, así como la injerencia de ambas organizaciones en los comicios de decenas de naciones, incluso en las elecciones francesas.

Wikileaks divulgó la conspiración interna contra el líder del Partido Laborista británico, Jeremy Corbyn, por los miembros laboristas del Parlamento. Intervino, para salvar a Snowden de la extradición a los Estados Unidos al ayudarlo a volar desde Hong Kong a Moscú, después de hacer pública la vigilancia generalizada sobre todos los habitantes y residentes en los EEUU, por parte de aquellas agencias de inteligencia.

Las filtraciones de Snowden también revelaron que Julian estaba en la ‘lista de objetivos de caza‘ de Washington y la Casa Blanca.

Hoy, debemos construir movimientos populares para obligar al gobierno británico a detener la extradición y el linchamiento judicial de Julián.

Debemos construir movimientos populares para obligar al gobierno australiano a intervenir en defensa de Julián.
Debemos construir movimientos populares para reclamar la democracia y el estado de derecho.

Si Julian es extraditado y juzgado, creará un precedente legal que pondrá fin a la capacidad de la prensa, que debe proclamar a Trump como “enemigo de la democracia”.

Debemos continuar denunciando los crímenes de guerra y a sus financieros, la persecución de disidentes, minorías e inmigrantes, el saqueo del ecosistema y el despiadado empobrecimiento de los trabajadores/as, el creciente lucro de las corporaciones que solo buscan consolidar el control total del poder.