[Fragmento] Entrevista realizada (1996) por el periodista británicoAndrew Marr(BBC) aNoam Chomsky.
Noam
Chomsky – Estoy seguro que te refieres a la mayoría de los
periodistas aleccionados, que tienen metido en sus cabezas que esta
es una profesión de lucha, siempre opuesta al poder. Una visión muy
autocomplaciente.
Andrew
Marr – ¿Cómo puedes saber que yo me autocensuro?...
Noam
Chomsky – Yo no digo que te autocensures, estoy seguro de que
crees todo lo que dices, lo que yo digo es que, si creyeras algo
diferente no estarías sentado donde estás sentado.
Párrafos extraídos de El poder de los medios de comunicación, de Noam Chomsky (2004). Texto completo en pdf aquí.
[En
1937] hubo una importante huelga del sector del acero en Johnstown, al
oeste de Pensilvania. Los empresarios pusieron a prueba una nueva técnica de
destrucción de las organizaciones obreras, que resultó ser muy eficaz. Y sin
matones a sueldo que sembraran el terror entre los trabajadores, algo que ya no
resultaba muy práctico, sino por medio de instrumentos más sutiles y eficientes
de propaganda. La cuestión estribaba en la idea de que había que enfrentar a la
gente contra los huelguistas, por los medios que fuera. Se presentó a estos
como destructivos y perjudiciales para el conjunto de la sociedad, y contrarios
a los intereses comunes, que eran los nuestros, los del empresario, el
trabajador o el ama de casa, es decir, todos nosotros. Queremos estar unidos y
tener cosas como la armonía y el orgullo de ser americanos, y trabajar juntos.
Pero resulta que estos huelguistas malvados de ahí afuera son subversivos,
arman jaleo, rompen la armonía y atentan contra el orgullo de América, y hemos
de pararles los pies. El ejecutivo de una empresa y el chico que limpia los
suelos tienen los mismos intereses. Hemos de trabajar todos juntos y hacerlo
por el país y en armonía, con simpatía y cariño los unos por los otros. Este
era, en esencia, el mensaje. Y se hizo un gran esfuerzo para hacerlo público;
después de todo, estamos hablando del poder financiero y empresarial, es decir,
el que controla los medios de información y dispone de recursos a gran escala,
por lo cual funcionó, y de manera muy eficaz. Más adelante este método se conoció
como la fórmula Mohawk VaIley, aunque se le denominaba también "métodos
científicos para impedir huelgas". Se aplicó una y otra vez para romper huelgas,
y daba muy buenos resultados cuando se trataba de movilizar a la opinión
pública a favor de conceptos vacíos de contenido, como "el orgullo de ser
americano". ¿Quién puede estar en contra de esto? O la armonía. ¿Quién puede
estar en contra? O, como en la guerra del golfo Pérsico, apoyad a nuestras
tropas. ¿Quién podía estar en contra? O los lacitos amarillos. ¿Hay alguien que
esté en contra? Sólo alguien completamente necio.
De
hecho, ¿qué pasa si alguien le pregunta si da usted su apoyo a la gente de
Iowa? Se puede contestar diciendo Sí, le doy mi apoyo, o No, no la apoyo. Pero
ni siquiera es una pregunta: no significa nada. Esta es la cuestión. La clave
de los eslóganes de las relaciones públicas como “Apoyad a nuestras tropas” es
que no significan nada, o, como mucho, lo mismo que apoyar a los habitantes de
Iowa. Pero, por supuesto, había una cuestión importante que se podía haber
resuelto haciendo la pregunta: ¿Apoya usted nuestra política? Pero, claro, no
se trata de que la gente se plantee cosas como esta. Esto es lo único que
importa en la buena propaganda, crear un eslogan que no pueda
recibir ninguna oposición, bien al contrario, que todo el mundo esté a favor.
Nadie sabe lo que significa porque no significa nada, y su importancia decisiva
estriba en que distrae la atención de la gente respecto de preguntas que sí
significan algo: ¿Apoya usted nuestra política? Pero sobre esto no se puede
hablar. Así que tenemos a todo el mundo discutiendo sobre el apoyo a las
tropas: Desde luego, no dejaré de apoyarles. Por tanto, ellos han ganado. Es
como lo del orgullo americano y la armonía. Estamos todos juntos, en torno a
eslóganes vacíos, tomemos parte en ellos y asegurémonos de que no habrá gente
mala en nuestro alrededor que destruya nuestra paz social con sus discursos
acerca de la lucha de clases, los derechos civiles y todo este tipo de cosas.
Todo eso es muy eficaz y hasta hoy ha funcionado perfectamente. Desde luego, consiste en
algo concebido y elaborado con sumo cuidado: la gente que se dedica a las
relaciones públicas no está ahí para divertirse; está haciendo su trabajo, es
decir, intentando inculcar "los valores correctos". De hecho, tienen una idea de
lo que debería ser la democracia: un sistema en el que la clase especializada
está entrenada para trabajar al servicio de los amos, de los dueños de la
sociedad, mientras que al resto de la población se le priva de toda forma de
organización para evitar así los problemas que pudiera causar. La mayoría de
los individuos tendrían que sentarse frente al televisor y masticar
religiosamente el mensaje, que no es otro que el que dice que lo único que
tiene valor en la vida es poder consumir cada vez más y mejor y vivir igual que
esta familia de clase media que aparece en la pantalla y exhibir valores como
la armonía y el orgullo americano. La vida consiste en esto. Puede que usted
piense que ha de haber algo más, pero en el momento en que se da cuenta que
está solo, viendo la televisión, da por sentado que esto es todo lo que existe
ahí afuera, y que es una locura pensar en que haya otra cosa. Y desde el
momento en que está prohibido organizarse, lo que es totalmente decisivo, nunca
se está en condiciones de averiguar si realmente está uno loco o simplemente se
da todo por bueno, que es lo más lógico que se puede hacer.
Así
pues, este es el ideal, para alcanzar el cual se han desplegado grandes
esfuerzos. Y es evidente que detrás de él hay una cierta concepción: la de
democracia, tal como ya se ha dicho. El rebaño desconcertado es un problema.
Hay que evitar que brame y pisotee, y para ello habrá que distraerlo. Será
cuestión de conseguir que los sujetos que lo forman se queden en casa viendo
partidos de fútbol, culebrones o películas violentas, aunque de vez en cuando
se les saque del sopor y se les convoque a corear eslóganes sin sentido, como "Apoyad a nuestras tropas". Hay que hacer que conserven un miedo permanente,
porque a menos que estén debidamente atemorizados por todos los posibles males
que pueden destruirles, desde dentro o desde fuera, podrían empezar a pensar
por sí mismos, lo cual es muy peligroso ya que no tienen la capacidad de
hacerlo. Por ello es importante distraerles y marginarles.
Esta
es una idea de democracia. De hecho, si nos remontamos al pasado, la última
victoria legal de los trabajadores fue realmente en 1935, con la Ley Wagner.
Después tras el inicio de la Primera Guerra Mundial, los sindicatos entraron en
un declive, al igual que lo hizo una rica y fértil cultura obrera vinculada
directamente con aquellos. Todo quedó destruido y nos vimos trasladados a una
sociedad dominada de manera singular por los criterios empresariales. Era esta
la única sociedad industrial, dentro de un sistema capitalista de Estado, en la
que ni siquiera se producía el pacto social habitual que se podía dar en
latitudes comparables. Era la única sociedad industrial -aparte de Sudáfrica,
supongo- que no tenía un servicio nacional de asistencia sanitaria. No existía
ningún compromiso para elevar los estándares mínimos de supervivencia de los
segmentos de la población que no podían seguir las normas y directrices
imperantes ni conseguir nada por sí mismos en el plano individual. Por otra
parte, los sindicatos prácticamente no existían, al igual que ocurría con otras
formas de asociación en la esfera popular. No había organizaciones políticas ni
partidos: muy lejos se estaba, por tanto, del ideal, al menos en el plano
estructural. Los medios de información constituían un monopolio
corporativizado; todos expresaban los mismos puntos de vista. Los dos partidos
eran dos facciones del partido del poder financiero y empresarial. Y así la
mayor parte de la población ni tan solo se molestaba en ir a votar ya que ello
carecía totalmente de sentido, quedando, por ello, debidamente marginada. Al
menos este era el objetivo. La verdad es que el personaje más destacado de la
industria de las relaciones públicas, Edward Bernays, procedía de la ComisiónCreel. Formó parte de ella, aprendió bien la lección y se puso manos a la obra
a desarrollar lo que él mismo llamó la ingeniería del consenso, que describió
como la esencia de la democracia.
Los
individuos capaces de fabricar consenso son los que tienen los recursos y el
poder de hacerlo: la comunidad financiera y empresarial, y para ellos
trabajamos.
El mundo quedó horrorizado después del brutal ataque que sufrió la revista satírica francesa Charlie Hebdo. En las columnas del New York Times, el corresponsal Steven Erlanger, presente desde hace mucho tiempo en Europa, describió de forma sobrecogedora las repercusiones inmediatas de lo que muchos describen como el “11 septiembre” francés. Fue “una jornada durante la cual se sucedieron sirenas ruidosas con los ires y venires de los helicópteros. Una jornada de frenesí mediático, de cordones policiacos, de muchedumbres en pánico y de niños alejados de las escuelas por cuestiones de seguridad. Una jornada, como las dos que le siguieron, de sangre y de horror en París y sus suburbios”. El inmenso repudio mundial provocado por el atentado fue acompañado por una reflexión sobre las raíces profundas de esta barbaridad. “Muchos son los que ven en estos hechos un choque de civilizaciones”, anunciaba un título del New York Times.
Las reacciones de horror y de indignación respecto a estos crímenes son justificadas, al igual que la búsqueda de sus causas profundas, siempre y cuando guardemos en mente firmemente algunos principios. La reacción debería ser completamente independiente de la opinión que se puede tener de ese periódico y del material que produce. Los eslóganes omnipresentes de tipo “Yo soy Charlie”, no deberían indicar, ni siquiera insinuar, ninguna asociación con el periódico, al menos en el contexto de la defensa de la libertad de expresión. Deberían más bien expresar una defensa de la libertad de expresión a pesar de lo que se puede opinar acerca del contenido, y aunque éste sea calificado de hiriente o depravado.
Y esos eslóganes también deberían expresar la condena de la violencia y del terror. El dirigente del Partido de los Trabajadores de Israel y principal contrincante para las próximas elecciones, Isaac Herzog, tiene toda la razón cuando dice que “El terrorismo es terrorismo. No existen dos formas diferentes de considerarlo”. También acierta cuando dice “Todas la naciones que desean la paz y la libertad enfrentan un inmenso reto” respecto al mortífero terrorismo – si dejamos de lado su interpretación selectiva acerca de este reto.
Erlanger describe muy bien la horrible escena. Cita uno de los periodistas sobrevivientes: “Todo se desplomó. No había ninguna escapatoria. Había humo por todos lados. Fue terrible. La gente gritaba. Una verdadera pesadilla”. Otro periodista superviviente describió “una inmensa deflagración antes de ser sumergidos en la absoluta oscuridad”. La escena, según Erlanger, “no era más que un montón de vidrio roto, paredes caídas, maderas retorcidas, pinturas desgarradas y devastación emocional”. Por lo menos 10 personas habrían muerto a raíz de la explosión, otras 20 habían desaparecido, “probablemente enterradas bajo los escombros”.
Esas citas, como nos lo recuerda el incansable David Peterson, no son de enero del 2015. En realidad son extraídas de una nota de Erlander del 24 de abril de 1999, que solo alcanzó la sexta página del New York Times, y están muy lejos de alcanzar la relevancia del ataque de Charlie Hebdo. Erlanger en realidad describía el resultado de “un ataque con misil sobre la sede de la televisión del estado de Serbia” por parte de la OTAN (es decir los EE.UU.) que “dejó fuera del aire a la Radio Televisión Serbia”.
Hubo una justificación oficial. “La OTAN y los representantes estadounidenses defendieron el ataque”, reportó Erlanger, “como parte del esfuerzo para debilitar el régimen del Presidente de Yugoslavia Slobodan Milosevic”. El portavoz del Pentágono, Kenneth Bacon declaró durante una conferencia de prensa en Washington que “la televisión serbia formaba parte integrante de la máquina de terror de Milosevic, al mismo nivel que sus fuerzas armadas”, lo que la convertía por lo tanto en un blanco legítimo.
El gobierno de Yugoslavia declaró: “La nación entera apoya a nuestro presidente, Slobodan Milosevic”, según reporta Erlanger, quien añade que “no queda claro cómo el Gobierno sabe esto con tal precisión”.
Ningún comentario sardónico de ese tipo sería el bienvenido ahora que se puede leer en la prensa que Francia está en duelo y que el mundo está indignado ante los abominables acontecimientos. Tampoco resulta necesario interrogarse acerca de las causas profundas, ni de preguntarse quien representa a la civilización y quien a la barbarie.
Pero Isaac Herzog se equivoca cuando dice “El terrorismo es terrorismo. No existen dos formas diferentes de considerarlo”.Definitivamente sí existen dos formas de considerarlo: el terrorismo no es terrorismo cuando se trata de un ataque mucho más violento, pero perpetrado por los que son Justos en virtud su Poder. De la misma forma, la libertad de expresión no corre peligro cuando los Justos destruyen un canal de televisión que apoya a un gobierno al que están atacando.
Asimismo, se entiende fácilmente el comentario del abogado de derechos cívicos Floyd Abrams, reconocido por su defensa apasionada de la libertad de expresión, publicado en el New York Times y en el que señala que el ataque contra Charlie Hebdo “es la agresión más grave en contra del periodismo de la que se tenga memoria”. Tiene razón de precisar “de la que se tenga memoria”, lo que divide cuidadosamente a los ataques contra el periodismo y los actos de terrorismo en dos categorías: los Suyos, que son horribles; y los Nuestros, que son virtuosos y fácilmente eliminados de nuestra memoria.
Vale la pena subrayar que esto solamente es uno de los numerosos ejemplos de ataques contra la libertad de expresión realizado por los Justos. Para mencionar únicamente otro ejemplo que fue fácilmente borrado de “nuestra memoria”, el ataque llevado a cabo por las fuerzas de los EE.UU en Falluja en noviembre del 2004, uno de los peores crímenes realizados durante la invasión a Irak, que inició con la ocupación militar del Hospital General de esa ciudad. La ocupación militar de un hospital representa en sí, por supuesto, un grave crimen de guerra, independientemente de la forma en la que fue llevada a cabo. Los hechos fueron trivialmente descritos en un artículo publicado en primera plana del New York Times, junto con una fotografía ilustrando el crimen. El texto señalaba que “soldados armados sacaron de las habitaciones a los pacientes y empleados del hospital, y les ordenaron sentarse o tirarse al piso mientras que las tropas los maniataban por detrás”. Esos crímenes fueron descritos como si fuesen altamente meritorios y justificados: “La ofensiva permitió clausurar lo que oficiales describían como una herramienta de propaganda para los militantes: el Hospital General de Falluja, con su flujo de informes sobre el número de víctimas civiles”.
Evidentemente, no se le podía permitir a una agencia de propaganda de este tipo que siguiera escupiendo sus vulgares obscenidades.
"Curioso ¿no? 17 personas mueren en Francia, supuestamente por una cuestión de libertad de expresión, y lo primero que los gobiernos del mundo quieren hacer es utilizar esa tragedia para impedir la libertad de expresión en Internet. Curioso es también, que estos mismos gobiernos no expresaran indignación alguna cuando el ejército de los Estados Unidos mató a cientos de miles de civiles en Irak, Afganistán, Pakistán, Yemen y otros lugares. Al parecer no es asesinato si se utiliza un avión no tripulado o un misil guiado. Al parecer, no es terrorismo si las mujeres y los niños son asesinados por soldados y burócratas del gobierno. No, es sólo asesinato cuando los políticos y los medios de comunicación corporativos dicen que es asesinato, y, si se salen con la suya, serán capaces de acabar con cualquier sitio web, vídeo, cuenta o medio social que se atreva a contradecirlos."