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21 abril, 2022

Las palabras y los actos: sobre «izquierdosos amigos del Imperialismo»

 



ALMACUBANITA – 21/04/2022


Enciendes el intermitente que indica que tomarás el carril de la izquierda, y doblas a la derecha. El truco es viejo. Ni las luces, ni las palabras, son definitorias: lo son las acciones. Cuando quieres destruir una Revolución victoriosa porque dices que no es perfecta, cuando colaboras en ese empeño con el imperialismo y después, intentas impedir que aquella se defienda, cuando obstaculizas cualquier proceso de corte nacionalista (necesariamente antimperialista, en países neocolonizados) en contubernio con la derecha o te alías a la OTAN en sus intentos para conservar o recuperar la hegemonía imperialista, militas en la derecha.


Da igual si te autodenominas libertario o te crees trotskista. No es posible asociar el nombre del revolucionario León Trotsky, quien llegó a decir desde su exilio mexicano que, si los nazis invadían la URSS, él iría a defenderla, con estos parásitos de la doctrina. No basta con que nos declaremos contrarios al bloqueo, si nuestras acciones han sido diseñadas para justificar su recrudecimiento o incluso, para justificar una invasión armada.


Conozco a algunos de esa calaña: aprobaron las intervenciones de la OTAN (del imperialismo estadounidense) en el Medio Oriente en nombre de la democracia, y ahora firman condenas a la Revolución cubana —que los acogió, cuando sus vidas flotaban en el limbo exclusivo de las palabras—, porque, caramba, se defiende y no se deja intimidar.


En la sala de mi casa, y ante mi observación de que entonces, según su concepto, la OTAN debería intervenir en su país de origen (miembro activo de la OTAN), donde las masas indignadas ocupaban de forma indefinida el centro de la capital, uno de esos firmantes respondió sin asomo de vergüenza: no, porque mi país es una democracia. Esa y otras "democracias" análogas, apalean a los manifestantes en las calles, los balean y los enjuician duramente. En los Estados Unidos, cuyo gobierno se arroga el derecho de definir quién es y quién no es democrático, como recuerda nuestro canciller Bruno Rodríguez, "1009 personas fueron asesinadas a tiros por la policía en 2021".


También los hay en el patio: utilizan el lenguaje de la izquierda, hablan desde un centro supuestamente equidistante de todas las militancias, y actúan según el guion imperialista. Estos "izquierdistas" que se indignan con la justicia revolucionaria que responde a los actos de violencia, al intento planificado de subvertir el socialismo libremente elegido por el pueblo —algunos firmaron la primera versión de un documento que los delataba, porque no mencionaba siquiera la existencia del bloqueo, y después se unieron al que una mente más sinuosa elaborara, con las variables adecuadas: hay bloqueo, pandemia, pero la Revolución tiene la culpa—, son recibidos con entusiasmo en los palacetes de la derecha, donde anarquistas e imperialistas, socialdemócratas y neoliberales, bailan tomados dulcemente de la mano para, aseguran, construir una Cuba "inclusiva". Digámoslo como es: con sus errores, virtudes y defectos, hemos sorteado y rebasado en lo posible el bloqueo y la pandemia, gracias a que existe una Revolución.


Pero la puesta en escena distribuye papeles. Una activista contrarrevolucionaria de las artes visuales (artivista le gusta llamarse) interpreta un personaje rico en matices: se une a la declaración (es la acción que la define) y después dice no estar de acuerdo con los términos utilizados por los firmantes "de izquierda" (su tarea es hacerlos creíbles, pero son solo palabras).


Ante una acción y unas palabras, me quedo con la acción. Pero es interesante saber que para ella el bloqueo no existe, que en cualquier caso debe llamarse embargo, como le dijo que dijera el Departamento de Estado de los Estados Unidos. El truco, ya lo dije, es viejo.


"La Agencia llevaba tiempo dándole a una idea —escribe Frances Stonor Saunders en su documentado libro La CIA y la Guerra Fría Cultural—: ¿Quiénes mejor que los ex comunistas para luchar contra los comunistas? (…) Por supuesto, para la CIA, la estrategia de promover a la izquierda no comunista habría de ser el ‘fundamento teórico de las operaciones de la Agencia contra el comunismo durante las siguientes dos décadas’ ".


Pero estos izquierdosos amigos del imperialismo —los juzgo por sus actos, no por sus palabras—, no ejercen la democracia que predican. Están molestos con la emergencia de una nueva generación de jóvenes revolucionarios, audaces e inteligentes, que tiene su propio lenguaje, sus códigos de conducta, que asume la continuidad no de las formas, ni de las metas alcanzadas; sino del esfuerzo colectivo por conquistar nuevos cotos de justicia y dignidad, que son los principios básicos que sostienen la Revolución. Jóvenes que saben que sin la Revolución en el poder nada podría hacerse.


Los vi en la ciudad de Matanzas, cuando la pandemia azotó esa provincia como huracán de máxima intensidad; eran directores de hospitales y de centros de aislamiento, ingenieros ocupados en hacer más funcional y rápida la distribución de camas, estudiantes universitarios convertidos en ayudantes de limpieza y de cocina en zona roja, boteros que ofrecían sus almendrones para el traslado de los sospechosos de estar enfermos, soldados y oficiales que transportaban balones de oxígeno.


Eran también los científicos que trabajaban codo a codo con otros más veteranos en la concepción y producción de vacunas, o de respiradores artificiales hechos en casa. Todo el odio se centraba en esos muchachos que destruyen el relato de una juventud cubana apática y descreída, y vencen el bloqueo, no con palabras, sino con actos.


Uno de esos jóvenes, irónico y sagaz, que hace valer el nombre de su programa de televisión Con Filo, ha sido invitado a participar en un evento sobre Cuba organizado por la Universidad de Nottingham, en el Reino Unido. Los odiadores han escrito cartas para impedirlo. La democracia que defienden se siente amenazada ante sus verdades simples y rotundas. Algunas firmas se repiten —sin principios rectores, cualquier documento es bueno para canalizar el odio—, pero no quiero citar nombres. Un conocido escritor y cineasta fue lapidario en su comentario a la carta:


"El programa podrá ser mejor o peor, pero impedir al locutor asistir a un evento solo por eso es oscurantismo y fascismo".


No puedo dejar de sonreír, al pensar con pena en los burgueses destronados y sus viejos y nuevos ideólogos que durante seis décadas han pedido, cada 31 de diciembre, la reconquista de sus antiguos privilegios en Cuba.


Sus libros anuncian "la hora final" de Castro, sus blogs prometen que estos serán nuestros "penúltimos días", sus canciones proclaman la llegada del día final. Preparan para luego deshacer, ante cada fiasco, las maletas del regreso, así sea la invasión mercenaria de Playa Girón, la caída del Muro de Berlín, o la partida física de Fidel. Tratan de engañarnos y se autoengañan. El afiche de Ares, "Cuba postcastro", provoca en ellos la mayor de las pesadillas: el rostro de Fidel aparece multiplicado, convertido en pueblo.






¡ NO AL CRIMINAL BLOQUEO !


22 diciembre, 2021

CUBA: Silvio Rodríguez - Mi primera tarea (Documental, 2020)

 


En el año 1961, mas de 100.000 jóvenes protagonizaron la Campaña Nacional de Alfabetización, en la cual lograron, en menos de un año, declarar a Cuba territorio libre de analfabetismo. Entre los miles de adolescentes que participaron en esta epopeya, estuvo Silvio Rodríguez Domínguez, con tan solo 14 años. Aquí nos regala su testimonio, contado en primera persona, sobre la experiencia que definió su vida cuando enseñó a leer y escribir a una familia en una comunidad campesina.






El 22 de diciembre de 1961, el Gobierno cubano declaró cumplida con éxito la Campaña Nacional de Alfabetización y declaró a Cuba, en la Plaza de la Revolución José Martí, como Territorio Libre de Analfabetismo.



12 julio, 2021

EL 11 DE JULIO EN LA HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN CUBANA — Pedro Martínez Pírez

 



MONCADA – 12/07/2021


Para quienes somos ya veteranos y conocimos los últimos años de la dictadura de Fulgencio Batista y los primeros días de la Revolución Cubana, los acontecimientos de este domingo 11 de julio de 2021, no nos sorprenden.


El imperio y los anexionistas de origen cubano fomentaron los desórdenes de este domingo en varias ciudades cubanas, conociendo el agotamiento de un país que sufre sesenta años de criminal bloqueo económico, comercial y financiero, que transita por su peor momento en el enfrentamiento a la pandemia de la Covid-19 y que todavía no logra vacunar a la mayoría de la población cubana.


El momento era el oportuno para tratar de pescar en río revuelto, cuando la nación cubana, pese a sus fortalezas, es más vulnerable, y donde un gobierno, el de Estados Unidos, trata de justificar, por cálculos electoralistas, las crueles medidas adoptadas por su antecesor Donald Trump.


Cuando vi al presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez recorriendo las calles de la localidad de San Antonio de los Baños, en la provincia de Artemisa, donde posiblemente se iniciaron las protestas alentadas desde las redes sociales, recordé el 5 de agosto de 1994, cuando el Comandante Fidel Castro se enfrentó personalmente a las protestas en La Habana, también alentadas por el imperio, cuando tocó fondo la economía del país en el llamado Período Especial.


Son los desafíos que deben enfrentar los dirigentes de la Revolución Cubana a lo largo de los últimos sesenta años, pues Estados Unidos se niega a reconocer la independencia de Cuba, la cual mancilló desde hace más de un siglo.


Pero la diferencia en estos tiempos es una: la pandemia que ha venido a sumarse a las penurias de todas las naciones del mundo, en especial de aquellas que, como Cuba, han hecho de la Salud un derecho del pueblo.


De poco han valido para el nuevo gobierno de Estados Unidos los logros de Cuba en el enfrentamiento a la pandemia. Sus esfuerzos por disponer de una vacuna propia, la primera de América Latina. Su solidaridad con otras naciones del mundo mediante sus brigadas médicas internacionalistas.


Para el imperialismo ha sido más importante en estos días, luego del magnicidio en Haití, ocultar su responsabilidad, proteger al gobierno paramilitar de Colombia, y tratar de concentrar en Cuba las miradas del mundo.


Piensan que la Revolución ya no cuenta con el liderazgo de Fidel Castro --que convirtió a Cuba en un gigante político--, y que es el momento de acelerar la presión sobre los continuadores del proceso revolucionario iniciado el primero de enero de 1959.


Pero la jornada dominical demostró que más allá de las insuficiencias y de los propios errores cometidos por el gobierno, el ingeniero Díaz-Canel es un legítimo continuador del Comandante Fidel Castro, y que la mayoría de los cubanos comprenden las dificultades coyunturales de Cuba y repudian los intentos de restauración capitalista.




Once de julio de 2021, 5 de agosto de 1994, páginas de una historia de la cual el imperio y los anexionistas de origen cubano, son protagonistas. Por eso el presidente de Cuba llamó a los revolucionarios a tomar las calles y defender un proceso que devolvió a los cubanos la dignidad plena del hombre, como lo pidió José Martí.


La Habana, 12 de julio de 2021



04 enero, 2021

Cuando la Revolución cubana cambió la historia — Marcos Roitman Rosenmann

 


Correo del Alba  - 04/01/2021

Los cambios sociales no se diseñan, tampoco se ciñen a los manuales. Las revoluciones suceden, ocurren por la perseverancia, la voluntad política y la convicción de estar librando una guerra justa contra los poderes tiránicos, la opresión y, en América Latina, contra las oligarquías, el imperialismo y el colonialismo interno. Cuba es la demostración de lo imprevisible. Pocos hechos han marcado el devenir de la historia contemporánea como la Revolución cubana. Su triunfo nos hace visualizar su importancia. En este sentido, debemos mencionar su contribución a la lucha antiimperialista, al desarrollo del pensamiento crítico latinoamericano, en la gestación de alternativas anticapitalistas y el debate acerca de la transición al socialismo. Los grandes acontecimientos políticos desarrollados a nivel mundial desde el 1 de enero de 1959 pasan necesariamente por la Revolución cubana. Asimismo, la dimensión de sus dirigentes ocupan un lugar preminente, son vidas ejemplares. Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, Che Guevara, Haydée Santamaría, Vilma Espín y Asela de los Santos, entre otros y muchos.


La Revolución cubana ha bregado a contracorriente, crecido en medio de un bloqueo y la agresión imperialista de Estados Unidos y sus aliados. Lo han intentado todo. Guerra bacteriológica, una invasión frustrada, atentados terroristas, intentos de magnicidio, procesos desestabilizadores, campañas desinformativas en medios de comunicación, programas de radio, televisión, montajes cinematográficos, ediciones de libros, congresos, etcétera. No han escatimado recursos, medios, personal militar o civil para acosar, desvirtuar e intentar torcer el brazo a la revolución. Solo esta lista de acontecimientos habla de la dimensión histórica de la Revolución tanto como de sus logros.


Cuba irrita al imperialismo. Se proyecta una imagen distorsionada. Ocultan sus aportes en la investigación médica, como lo constituyen las vacunas contra el cáncer de pulmón, el tratamiento contra el vitiligo o el cáncer de hígado. Han sido cientos los médicos de todo el mundo que han cursado master en Cuba sobre salud pública, pionera en desarrollar un sistema de salud comunitaria y lanzar la propuesta de médico de familia. No menos destacado ha sido su papel en las luchas de emancipación de los países de África, su participación en la formación y desarrollo de los países no alineados, su rechazo al apartheid y su decidido apoyo a Nelson Mandela. Han abierto sus universidades y escuelas a los jóvenes de todos los países del mundo. Africanos, asiáticos, latinoamericanos o provenientes de Oceanía. En sus aulas se han graduado ingenieros, físicos, médicos, biólogos, matemáticos, pedagogos, químicos, técnicos, arquitectos. Su compromiso político le ha ganado el respeto incluso de sus enemigos. En el terreno de la salud, no hay ningún país que se le aproxime en entrega y solidaridad. La brigada de médicos Henry Reeve ha desarrollado labores humanitarias en casi todos los países de la región, desde su creación en 2005. Sus miembros han combatido las enfermedades en los lugares más insospechados, donde nunca había llegado un galeno. Barrios populares, poblaciones marginales, comunidades campesinas. Cuba se compromete y salva vidas. Eso es hacer historia. Su actuación ha sido merecedora del premio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de ser propuesta como Premio Nobel de la Paz en 2020.


Por otro lado, sus actuaciones en la esfera de las relaciones internacionales desde Naciones Unidas le han ganado el respeto y reconocimiento de la mayoría de países que la integran. De hecho, de los 193 Estados que la integran, salvo Israel y Estados Unidos, y cuatro abstenciones, en 2019, 187 países votaron contra su embargo económico, comercial y financiero.


Tras la Revolución cubana, la historia cambió de rumbo. Los movimientos populares de todo el mundo miraron hacia el Caribe. Fue la última revolución nacionalista. La lucha antiimperialista, de liberación nacional, se alzaba victoriosa reivindicando a la vez la guerra justa contra la tiranía. Un ejército rebelde había derrotado a una de las dictaduras más corruptas y represivas del continente, encabezada por Fulgencio Batista. Pero al mismo tiempo se constituyó en la primera revolución socialista triunfante en el continente. La lucha por la democracia, la independencia económica, los derechos reales de autodeterminación, la reivindicación anticolonialista, se plasmaron en la I y II Declaración de La Habana, ambas fueron respuestas a las primeras acciones desestabilizadoras iniciadas por el imperialismo estadunidense y los países de la Organización de Estados Americanos (OEA). Dichos documentos, junto con la autodefensa de Fidel Castro, La historia me absolverá, tras ser detenido por el asalto al cuartel Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953, son los documentos más reveladores del pensamiento emancipador donde se refleja el sentido y proyección internacionalista de la Revolución cubana. ¿Qué es la historia de Cuba si no la historia de América Latina? ¿Y qué es la historia de América Latina si no la historia de Asia, África y Oceanía? ¿Y qué es la historia de todos estos pueblos si no la historia de la más despiadada y cruel del imperialismo en el mundo entero?


Así, la consigna Patria o Muerte condensa todos los principios que hacen de Cuba un referente obligado en las luchas democráticas, antiimperialistas, contra la explotación de la naturaleza, en defensa de la humanidad, la vida, donde el bien común, la justicia social y la igualdad se funden con proyecto socialista. Nos referimos a los principios éticos, de entrega, dignidad, compromiso, ejemplos solidarios e internacionalistas sin los cuales la vida no vale la pena ser vivida. Hoy la Revolución no se detiene. Cuba no se rinde.




28 noviembre, 2016

"Nunca he confundido a Cuba con el paraíso" - Eduardo Galeano



7 de agosto de 2010


Nunca he confundido a Cuba con el paraíso. ¿Por qué voy a confundirla, ahora, con el infierno? Yo soy uno más entre los que creemos que se puede quererla sin mentir ni callar. Hace más de CINCUENTA años que el veto imperial se aplica de mil maneras, para impedir la realización del proyecto de la Sierra Maestra.

En Cuba, democracia y socialismo nacieron para ser dos nombres de la misma cosa; pero los mandones del mundo solo otorgan la libertad de elegir entre el capitalismo y el capitalismo. El modelo de la Europa del Este, que tan fácilmente se ha derrumbado allá, no es la Revolución Cubana. La Revolución Cubana, que no llegó desde arriba ni se impuso desde afuera ha crecido desde la gente y no contra ella ni a pesar de ella, eso ha podido desarrollar una conciencia colectiva de Patria: imprescindible auto-respeto que está en la base de la autodeterminación.

El bloqueo contra Cuba se ha multiplicado con los años. ¿Un asunto bilateral? Así dicen; pero nadie ignora que el bloqueo norteamericano implica, hoy por hoy, el bloqueo universal. A Cuba se le niega el pan y la sal y todo lo demás. Y también implica, aunque lo ignoren muchos, la negación del derecho a la autodeterminación. El cerco asfixiante tendido en torno a Cuba es una forma de intervención, la más feroz, la más eficaz, en sus asuntos internos.

¿En Cuba hay privilegios? ¿Privilegios del turismo? Sin duda. Pero el hecho es que no existe sociedad más igualitaria en América. Se reparte la pobreza: no hay leche es verdad, pero la leche no falta a niños ni a los viejos. La comida es poca. Pero en plena crisis sigue habiendo escuelas y hospitales para todos lo que no resulta fácil de imaginar en un continente donde tantísima gente no tiene otro maestro que la calle, ni más médico que la muerte.

La pobreza se reparte y se reparte. Cuba sigue siendo el país más solidario del mundo. Cuba fue el único país que abrió las puertas a los haitianos fugitivos de hambre y de la dictadura militar, que en cambio fueron expulsados de Estados Unidos.

Se juzga a Cuba como si no estuviera padeciendo desde hace más de treinta años, una continua situación de emergencia. Astuto enemigo, sin duda, que condena las consecuencias de sus propios actos. A Cuba le dictan cursos de derechos humanos quienes silban y miran para otro lado cuando la pena de muerte se aplica en otros lugares de América y se aplica de vez en cuando, sino de manera sistemática: achicharrando negros en las sillas eléctricas de Estados Unidos, masacrando indios en las sierras de Guatemala y acribillando niños en las calles de Brasil.

¿Deja de ser admirable la porfiada valentía de esta isla minúscula, condenada a la soledad, en un mundo donde el servilismo es alta virtud o prueba de talento? ¿Un mundo en el que quien no se vende, se alquila?

Fidel Castro es un símbolo de dignidad nacional. Para los latinoamericanos, que ya estamos cumpliendo cinco siglos de humillación, un símbolo entrañable.

Eduardo Galeano.