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26 octubre, 2021

UN RÍO DE SANGRE

 





UN RÍO DE SANGRE – Violeta Parra

(Cantado por Soledad Bravo)


Señores y señoritas

en esta gran circunstancia

voy a dejarles constancia

de una traición infinita

que consumó la maldita

canalla del carnaval

contra la fuerza leal

y el cuerpo de cinco emblemas

que vivía los problemas

de la razón popular.


Hoy el mundo quedó en duelo

y está llorando a porfía

por Federico García

con un doliente pañuelo

no pueden hallar consuelo

las almas con tal hazaña

qué luto para la España

qué vergüenza en el planeta

haber matado un poeta

nacido de sus entrañas.


Un río de sangre corre

por los contornos del mundo

y un grito surge iracundo

de todas las altas torres

no habrá temporal que borre

la mano de la injusticia

que con crecida malicia

profanó al negro Lumumba,

su cuerpo se halla en la tumba

y su alma clama justicia.


Se oscurecieron los templos

las lunas y las centellas

cuando apagaron la estrella

más clara del firmamento

callaron los instrumentos

por la muerte de Zapata

sentencia la más ingrata

que en México se contempla

para lavar esta afrenta

no hay agua en ninguna patria.


Dejando voy peregrina

mi llanto de rosa en rosa

por Vicente Peñaloza

de la nación argentina

banderas de popelina

pa recoger tanta sangre

que ningún viento desgarre

porque han de seguir flameando

pues Chile sigue llorando

a Rodríguez y Recabarren.


Aquí les vengo a decir

que mi canto no termina

pues la canalla asesina

ha sometido al país

se desangra nuestra tierra

y peligra el continente

se incendia la cordillera

un día once de septiembre

y Chile sigue llorando

a Don Salvador Allende

y el mundo sigue llorando

a Don Salvador Allende.


                  ★



30 octubre, 2019

La verdadera muerte de un presidente — Gabriel García Márquez


Salvador Allende, Presidente de Chile


Septiembre de 2003, al cumplirse 30 años del golpe militar de 1973 en Chile.

La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa. La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.

Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.

Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.

El periodista Augusto Olivares que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública.

Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacios, logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.

Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: Traidor y lo hirió en la mano.

Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil.

La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que a la Sra. Hortencia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.

Había cumplido 64 en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible.

Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería un poco a la antigua, con esquelas perfumadas y encuentros furtivos.

Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado legítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.

El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.

16 septiembre, 2019

● El golpe de Estado en Chile: primer proyecto de neoliberalismo militarizado ● Marcos Roitman Rosenmann




LaJornada – 15/09/2019

Es necesario recordar que el neoliberalismo en América Latina, entro por la vía militar. Las fuerzas armadas fueron el instrumento para cambiar las dinámicas sociales, políticas, económicas y culturales de Chile. Su proyección en América Latina derivo en una aceptación de los marcos de un capitalismo predador y excluyente bajo el manto de una economía de mercado. En la actualidad, las fuerzas armadas, de regreso a sus cuarteles, cumplen una función de control hemisférico bajo una militarización de la sociedad. Su influencia es mucho más importante que si estuviesen en el poder político. Son el gobierno permanente. Bases militares de Estados Unidos inundan la región controlando la política de seguridad con un grado de independencia sobre el poder civil, nunca antes pensado.

La experiencia chilena abrió la puerta a pensar en una transición pacífica al socialismo. Eran tiempos de la guerra fría. Los ojos se pusieron en Chile. La redefinición del Estado, las nacionalizaciones, la reforma agraria y el enfrentamiento con el capital trasnacional fue el escenario donde el capitalismo se jugó el ser o no ser. Las clases dominantes chilenas no compartían los ideales democráticos. En cuanto fueron un obstáculo los abandonaron.

El bombardeo a La Moneda fue su respuesta a la democracia. La tiranía trasformo las estructuras sociales y de poder, desplazando a la burguesía desarrollista y su representación política. Nacía el neoliberalismo militarizado. Privatizar, desregular, flexibilizar y descentralizar bajo la bota militar. El capital trasnacional y los sectores financiero especulativos tomaban el relevo.

Los partidos de la Unidad Popular fueron declarados ilegales, sus bienes confiscados, sus militantes encarcelados y asesinados. Mientras tanto, los partidos golpistas: la Democracia Cristiana y el Partido Nacional brindaron con champagne. Su participación en las políticas económicas y las tareas del gobierno militar les delata. Ministros, subsecretarios, intendentes, etcétera, formaron parte del régimen. Entre 1973 y 1991 el país fue puesto patas arriba. Prohibición de los partidos políticos, sindicatos de clase, organizaciones populares y desaparición de opositores. Así se impuso el neoliberalismo militarizado.

Hoy parece existir consenso. Los muertos fueron necesarios para reinsertar a Chile en el mundo. El ex presidente de la Democracia Cristiana y ministro de exteriores de la Concertación con Michelle Bachelet, Alejandro Foxley, sentencio: “Pinochet realizó una transformación sobre todo en la economía chilena, la más importante que ha habido en este siglo. Tuvo el mérito de anticiparse al proceso de globalización que ocurrió una década después, al cual están tratado de encaramarse todos los países del mundo, descentralizar, desregular, etc. Esa es una contribución histórica que va a perdurar por muchas décadas en Chile y que, quienes fuimos críticos con algunos aspectos de ese proceso en su momento, hoy lo reconocemos como un proceso de importancia histórica para Chile, que ha terminado siendo aceptado prácticamente por todos los sectores. Además ha pasado el test de lo que significa hacer historia, pues terminó cambiando el modo de vida de todos los chilenos, para bien, no para mal. Eso es lo que yo creo y eso sitúa a Pinochet en la historia de Chile en un alto lugar”.

Hoy, de forma explícita o implícita, este argumento se interpreta como un punto y aparte. Fue una transición ejemplar entre civiles y militares, implicados en el golpe de Estado, y una oposición sumisa que aceptó mantener la Constitución de 1980, redactada por los golpistas, como Carta Magna.

Para esta traición histórica se construyó un consenso a derecha e izquierda, asentado en demonizar el proyecto de la Unidad Popular y presentarlo como ajeno a la idiosincrasia del pueblo chileno. Un trasplante a Chile de los planes quinquenales soviéticos y un atentado a la propiedad privada. Así todo calza. El único responsable del golpe de Estado, sería la propia Unidad Popular que llevo el país al caos. Hoy hablaríamos de una crisis humanitaria. Las fuerzas armadas debieron actuar en defensa de la libertad, los valores patrios, evitando la trasformación de Chile en un Estado totalitario, marxista leninista. Así, la candidata a presidente por el Frente Amplio, coalición que reúne a la nueva izquierda, Beatriz Sánchez, se despachó a gusto en 2017, en su entrevista a la revista Paula señalando que el gobierno de Salvador Allende intentó imponer un modelo totalitario. En pocas palabras transformar Chile en un Gulag. La experiencia chilena alerta. Estados Unidos, el capital trasnacional y las clases dominantes utilizan la técnica del golpe de Estado, en cualquiera de sus modalidades, cuando se ven amenazados por el triunfo electoral de proyectos populares, anticapitalistas, socialistas y democráticos.

Hoy, América Latina vive un punto de inflexión, el proyecto de neoliberalismo militarizado se impone en países como Argentina, Brasil, Colombia, Honduras, Perú, Chile o Paraguay. Los gobiernos están en manos de ex militares iluminados, empresarios corruptos, políticos de baja estopa o intermediarios de Estados Unidos. Es necesario, como señala el EZLN, romper el cerco. El continúo llamado a un golpe de Estado en Venezuela, el mantenimiento del bloqueo a Cuba, los ataques a Bolivia y los procesos desestabilizadores a los gobiernos progresistas dejan claro que la experiencia chilena no puede caer en el olvido, ni dejar su interpretación a sus verdugos.
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