sinpermiso
- 25/09/2018
Ayer le oí decir a una
escritora amiga catalana, con sus palabras, lo mismo que le oí hace
un año a otro escritor también amigo y catalán algo que Hannah
Arendt formuló en su última entrevista: “El problema personal
radicó en lo que hicieron nuestros amigos, no nuestros enemigos”.
Se refería al silencio de unos y la complicidad de otros conocidos y
amigos cuando fueron a por los judíos alemanes. Estos amigos se
referían a escritores españoles a quienes consideraban amigos.
Claro que se trata de la ingenuidad tan propia de escritores, que de
algún modo nos consideramos personas especiales y le damos
significado profundo a las emociones comunes, rabia, odio, envidia,
deseo…
Pero se referían a lazos
rotos para siempre, el sentimiento de haber sido abandonados y
traicionados. Efectivamente, en paralelo a la política, hay una
ruptura en la conciencia y una ruptura moral. Creo con toda franqueza, con independencia de cómo evolucione el conflicto entre
Catalunya y el Estado, que España ya ha perdido a los catalanes.
Podrán obligarlos a estar pero nunca a ser. Pero es que no se van,
los echaron.
Hace un par de días TVE
emitió algunas imágenes de las cargas policiales a las personas que
querían votar allí hace un año, unas imágenes que son más
conocidas en otros países que aquí, donde le fueron ocultadas al
público. Un pequeño adelanto sobre tantos años de ocultar la
realidad y mentir pero pasará tiempo hasta que la población
española tenga acceso a las informaciones que le fueron ocultadas, a
la represión, a las actuaciones de los servicios secretos, a las
actuaciones de jueces, fiscales y policías y cuando puedan conocer
también la versión de los hechos de la otra parte podrá hacerse
una idea de la verdad de lo ocurrido en Catalunya en los últimos
años (la entrevista a Cuixart es un poco de aire).
Entonces no habrá más
remedio que decir en voz alta lo que todos sabemos sin querer saber,
este estado no tolera que un sujeto ejerza las libertades.
Una semana aflora lo
evidente, gracias a estos nuevos medios digitales, que el Ejército
mantiene la cultura franquista y que la reproduce. Y otra semana
aflora también otra evidencia, la Justicia española es en su
conjunto mayoritariamente integrista, sus órganos superiores son de
ideología manifiestamente antidemocrática y actúan como agentes
políticos de esa ideología.
Las noticias sobre el
chat judicial con sus insultos y descalificaciones políticas e
ideológicas de ciudadanos y dirigentes elegidos democráticamente y
saber de las investigaciones irregulares del juzgado número trece de
Barcelona sólo ilustran lo que todos sabemos y no queremos decir en
alto porque es descorazonador: este estado no es una verdadera
democracia y no tenemos otro a mano. Hablamos nada menos de que del
Ejército y el poder judicial, los cuerpos del estado que deberían
protegernos pero que realmente todos sabemos que no nos protegen sino
que nos vigilan y nos castigan si pretendemos ejercer la libertad.
Todos los problemas de
España como proyecto de conjunto nacen de lo mismo, no hubo una
ruptura democrática y la Transición, con lo que hubiese de mejoría,
tras la corrección tras el 23-F y la época Aznar, caminó hacia un
fracaso como proyecto basado en un entendimiento profundo y
compartido. La España fundada sobre el Régimen de Franco y luego la
Transición, ha fracasado. Fuera de España esto se sabe, aquí duele
aceptarlo.
El aire de la vida
pública está tan cargado del mismo sentimiento que mueve a gente a
abuchear a dos técnicos teatrales que recogen un premio con lazos
amarillos en el ojal. El lazo amarillo, tan peligroso que despierta
la ira, es el recordatorio de que hay políticos democráticamente
elegidos presos por defender y practicar sus ideas, como saben. Qué
sentimiento es ése que gusta de ser carcelero.
Pero los desmanes y
excesos antidemocráticos cometidos por el estado no hubieran llegado
a ese punto sin un silencio atronador que se sumó a un asentimiento
estruendoso, un gran “¡a por ellos!” . Faltó una vez más vigor
cívico en la sociedad que se enfrentase a una operación de estado
como ésa, para obligar al gobierno a dialogar en vez de reprimir.
Sí, la población catalana que se movilizó para votar, además de
castigada y agredida, se sintió y se siente abandonada y traicionada
por aquellos sectores, aquellas personas de quien esperaban que los
defendiesen de golpes y cárcel. Ofendida aunque no vencida.
Los lazos que debieran
preocupar no son los lazos amarillos sino los lazos rotos.
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