Mostrando entradas con la etiqueta anonadamiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta anonadamiento. Mostrar todas las entradas

09 octubre, 2015

El anonadamiento como técnica de dominación - A. Fernández Vicente

Levalet

Antonio Fernández Vicente

Leo Scheer y el anonadamiento
Al hablar sobre la morfogénesis del campo de concentración nazi, el sociólogo francés Léo Scheer refiere la destructibilidad del sujeto como el mecanismo de dominación del individuo mediante su confrontación con una realidad inaceptable. El anonadamiento, la infantilización y la autosugestión se incluyen entre las estrategias de conformación de una sociedad en masa carente de amo individualizado. El anonadamiento como técnica de dominación presenta la realidad como inaceptable para el sujeto receptor, de tal modo que se le separa del mundo, se le escinde del objeto de sus pesquisas hasta conformar un aislamiento adventicio del individuo. La realidad entendida como una amenaza permanente infantiliza al sujeto, reducido a la pasiva impotencia que le deniega toda reacción ante el sistema. En consecuencia, el sujeto pierde su capacidad reactiva y se adhiere a la realidad propuesta, en un proceso de autosugestión en el que el sistema de sojuzgamiento deviene fuente de fascinación. Si Jameson cifra el estadio moderno actual según la desaparición de la agricultura tradicional, así como por la colonización y comercialización del inconsciente, es esta realidad, que corresponde al estadio tardío del capitalismo (Jameson, 2004: 21), el instrumento de anonadamiento del sujeto contemporáneo.

El anonadamiento como principio organizador de la sociedad tiene su correspondencia, conforme al pensamiento de Léo Scheer, en la televisión, de tal manera que existe una «continuidad formal entre las técnicas de seducción y las técnicas modernas de comunicación» (Scheer, 1980: 83), conducentes a la desaparición del cuerpo por la acción de las TIC [tecnologías de la información y la comunicación]. La seducción realiza en el acto la desapropiación del cuerpo y el exterminio del sujeto autónomo deseante. La sincronización alcanza en primer lugar a las imágenes y, en segundo, a los espectadores que son testigos de un pasado común que les conecta. La televisión, nos dice Scheer a principios de los años ochenta, trasluce el “tele-anonadamiento”, la autoanulación del espectador, fascinado al tiempo por la experiencia mediática, una realidad “tele-sensible” proporcionada por el entramado tecnoeconómico del capitalismo, llámese tardío, cultural o de ficción.


La colonización de las conciencias: del soft power al anonadamiento

A comienzos de la década de 1980, Yves Eudes explicaba cómo la difusión cultural a través de los mass media se articulaba en forma de estrategia en la competición por la colonización de las conciencias. La instauración de la “conciencia planetaria”, merced a la capacidad de innovación tecnológica inherente a Estados Unidos, trata de implementar una suerte de intimidad, de familiaridad respecto de la organización social de tal país, con el efecto de relativizar toda existencia respecto del sistema tardo-capitalista naturalizado como base primera sobre la que se construyen los contenidos de los medios: «La ‘cultura’ (arte o ficción) debe constituir el embalaje de una mercancía (un flete) política» (Eudes, 1984 : 129). Sin embargo, la aculturación y la propaganda política, ya sea directa o indirecta, amplía su target [objetivo] y su intensidad con el advenimiento de las TIC, que saturan de signos comunicativos binarios –que codifican y decodifican nuestra realidad en imagen-indicial, visual– el devenir de la existencia individual.

Así, las estrategias de penetración civil, la guerra por las conciencias tiene como marco de actuación una tela de araña de silicio –cuyo origen, no lo olvidemos, se debe al complejo militar-industrial estadounidense– que escapa por completo a la soberanía de las naciones. El ideal utópico/ideológico de la interdependencia, postulado por Estados Unidos como estrategia de colonización, se alza como una realidad emergente al amparo de la inmaterialidad informática. Si el contacto del hombre con su medio deviene cada vez más adscrito a los intereses de los grandes conglomerados comunicativos, la manipulación de los deseos, el soft power [poder persuasivo] que generaliza un denominador común, libidinal y naturalizado, en las conciencias se extiende al conjunto de usuarios de los terminales informáticos. De esta forma, tal y como advierte Armand Mattelart, la sociedad informacional esboza el dibujo de la «producción de los estados mentales [...] La libertad política no se puede resumir en el derecho a ejercer uno su voluntad. Reside también en el derecho a dominar el proceso de formación de la voluntad» (2001: 126).

La producción industrial de bienes simbólicos y la economía política se fusionan de tal manera que las esferas cultural y económica convergen en una única esfera. En la lógica inmaterial del nuevo paradigma tecnológico (llamado por Castells “informacional”), la composición de un estado anonadado del individuo se articula mediante la descorporeización y el relativismo mediático de éste respecto de la realidad segunda conformada por la saturación informativa. Las TIC proporcionan el sustrato simbólico que confiere identidad: los procesos de aculturación, de socialización e incluso los mecanismos distintivos de subjetivación han de enmarcarse en el contexto de la mediatización del sistema comunicativo digital, a su vez determinado por la racionalidad tecnoeconómica de las prácticas neoliberales, convergentes en la categorización de la industria cultural como elemento configurador de las conciencias, instrumento del soft power que fusiona información y entretenimiento, que infantiliza los comportamientos presentando una realidad inaceptable (por ejemplo, el riesgo permanente de un ataque terrorista).

03 marzo, 2013

La sociedad sin amo. Ensayo sobre la sociedad de masa (fragmentos) - Leo Scheer



Traducción de Luciano F. Rincón de la edición original francesa La société sans maître. Essai sur la société de masse, publicada en París, en 1978, por Editions Galilée.
Ruedo Ibérico. Biblioteca crítica Al otro lado


«El campo [de concentración] no está protegido únicamente por sus alambradas. Está a resguardo, cuando existe, detrás de la incredulidad de sus contemporáneos».

«El principio de anonadamiento consiste en hacer funcionar una realidad inaceptable para el sujeto que la recibe. En el campo nazi esta realidad es radical: indica al sujeto que no existe y que su única vocación es concretar esta inexistencia muriendo».

«Hacer pasar al detenido a mejor vida se asimila a una operación del orden de la fabricación; para aludir al exterminio se utiliza la noción industrial de “Ferting machen”, tomada de la noción de “acabado” tal como se emplea para su producto. A través de la mecánica límite del campo se perfila la imagen de la industria y del comercio».

«La serie juega un papel primordial en la operación. Antes de llegar a ser una serie de elementos materiales, el sujeto debe perder toda identidad integrándose en una gestión basada en la numeración».

«Están muy próximos el efecto de anonadamiento, que tiende a separar al sujeto de su realidad, y el de infantilización, que presenta la realidad como una amenaza permanente frente a la que el sujeto es impotente».

«Renunciaban a toda reacción y se convertían en objetos. Con ello, renunciaban a su calidad de persona».

«Por oposición al orden degradado, para el detenido, el mundo de los SS es el de “los chalés bien acondicionados, con grandes jardines y una serie de instalaciones espléndidas: zoológicos, invernaderos, parques, picaderos, círculos, etc., que formaban un cuadro extraordinariamente agradable a la vista”».

«Asombra la extraordinaria energía gastada por seres extenuados en discutir de forma apasionada sobre el porvenir del campo, las transformaciones internas, los cambios de jerarquía interna o las amenazas que pesaban sobre él».

«La primera categoría de campos tiene por objeto experimentar la ciudad como sistema de gestión de la mano de obra. Son los diferentes campos de trabajo. La idea es no solamente determinar las condiciones óptimas de organización de la mano de obra, sino realizar tests sobre el sistema social y espacial capaz de someter la mano de obra a los trabajos más diversos y sobre todo más absurdos. Se experimenta la capacidad de soportar el trabajo pese a la degradación de las condiciones de vida y la disociación entre el sentido de la producción y su realización. Se trata de saber hasta dónde se puede llegar en la disociación entre el agente de la producción y su actividad productora y sus productos. Sucede como si, en una especie de reflexión exploratoria, los nazis subrayaran el carácter cada vez más absurdo de las condiciones de la producción industrial e intentaran experimentar las condiciones de su perduración».

«El poder hace trampas. Intercambia el alejamiento de la muerte por las condiciones de su supervivencia, la protección por la sumisión».

«Cuando lo social desaparece de la sociedad, el Estado intenta desalojar la política de sus órganos.
Encontraremos en el uso de los mass-media, en la propaganda, en el principio de la constitución del Estado SS como entidad sobrehumana, las primicias de una escenificación de la disolución de lo político».

«El exterminio ha abandonado el campo de concentración; ha abandonado el terreno de su realización para invadir, en suspensión, todo lo social».

«En la historia del urbanismo se puede contemplar esta preocupación permanente por regenerar el centro. El poder político pasa el tiempo inscribiendo en él, incansablemente, sus marcas, sus signos, como otros tantos señuelos. Renovar, rehabilitar, regenerar, reactivar ese polo de la seducción, y finalmente vaciar la periferia, despojarla de intensidad. Que la vida no sea posible más que allí donde se inscribe el signo de la dominación, por el centro, para el centro, congelar el territorio».

«El punto focal del campo, su realidad anonadante, se presenta como una centralidad urbana de absorción. El espejismo del oasis se transforma en alucinación de agujero negro».

«Sabemos ahora que la barbarie no está fuera de los muros de la ciudad, que se aloja en el corazón mismo de la aglomeración; que en todo momento la trampa puede cerrarse. La angustia de la bomba cayendo sobre la metrópolis es coextensiva a la de la ciudad que se transforma en campo de concentración y se cierra sobre la masa triturándola».

«La compactación y la miniaturización cruzan el conjunto de ese campo del par medios-masa. Reproducen, en la técnica, lo que sucede a nivel social. Lo que se ventila es simple. La masa sólo puede “funcionar” en un proceso cada vez más compacto. Una vez en marcha la implosión, no podemos detenernos en el camino, es necesario densificar más y más. El microprocesador es una etapa importante en este proceso, sobre todo cuando va acompañado de la utilización de los satélites y la desmaterialización de los modos de comunicación (desaparición de cables). La miniaturización de los circuitos electrónicos permite una verdadera diseminación de los artefactos implosivos, al mismo tiempo que los progresos de la comunicación a distancia permiten la extensión del campo de la masificación».

«La electrónica tiende a encargarse de la producción, ya no es utilizada más que para disuadir lo que de explosivo tiene toda producción. Controlar la avería, evitar el accidente, resumen las nuevas tareas. El trabajador, el agente de la producción, aquel del que habla Marx, está todavía inscrito en un sistema social explosivo. La sociedad de masa produce el agente de control. Ya no se puede hablar de movilización de la fuerza de trabajo, puesto que se ha volcado hacia los automatismos del sujeto. Se trata, por el contrario, de una verdadera desmovilización de esa fuerza de trabajo en beneficio de la utilización de un imaginario captable, el del control de la producción. Quizá sea todavía fuerza de trabajo, quizá también haya existido siempre su control, pero el problema radica en la aparición del predominio de esa fuerza en una sociedad bloqueada en sus usos.
¿Es todavía posible hablar de producción? En el campo de concentración se desarrolla una forma anulada del trabajo. A menudo ni siquiera se utiliza ya por su carácter productivo, sino como medio de matar el trabajo. Esta lógica del trabajo improductivo, del trabajo por el trabajo, esta dislocación decidida entre el agente de la producción y el objeto de la producción, se realiza en el campo mediante la locura exterminadora. El propio cuerpo es transformado en mercancía».

«El sistema del campo de exterminio no puede instalarse más que mediante un proceso que anula cualquier posibilidad de réplica de los prisioneros, neutralizando su propio cuerpo, en profundidad por el anonadamiento y haciendo entrar a la masa así constituida en un proceso de asunción de su propia destrucción. La infantilización y la autogestión del exterminio que hayamos en los campos es la realización catastrófica de este final de lo político que aún vivimos. El proceso social que produce el nazismo y, más allá, el campo de exterminio, atañe a la expulsión de lo político. El jefe, la representación, el poder, son las otras tantas imágenes de la neutralización del poder social. Se traducen en la forma de organizarse, como en un juego de espejos. La sociedad transfiere al orden simbólico el cuidado de introducir en ella su sentido, su organización, su socialización».

«Lo político se hace hiperreal. Se instala en la red como una mercancía disuadida, a consumir en el simulacro de la teatralidad. Teatro de sombras, pero de sombras que reproducen enteramente la imagen que doblan. El político que aparece en la pequeña pantalla se parece rasgo a rasgo al político, pero desactivado. La Gran Voz ha vuelto a ser la Gran Voz. La masa convoca regularmente a sus jefes a la televisión para estar segura de que están ahí, en el terreno de la masa, el medio, de que sólo pueden hablar. Formidables esos discursos, nuevamente diversiones populares; bocadillos entre un anuncio publicitario y una recitación descarnada sobre los sucesos del mundo. Lo político ha hallado su lugar, el del discurso mágico para una sociedad de irrisión».

«El dispositivo instaurado para el exterminio masivo descansa menos en disposiciones disciplinarias que en la puesta en marcha de configuraciones de fascinación y anonadamiento que van a permitir la asunción del proceso por los propios exterminados. Los modos posteriores de de la concentración disuasiva prolongan, generalizando y sofisticándolas, esa formas de anonadamiento. Las volveremos a encontrar, desactivadas respecto al exterminio pero vivas respecto a la pasividad colectiva, funcionando en el seno de todos los dispositivos implosivos.

«La posición de exterminio está inscrita en la lógica demencial de un sistema que articula estrechamente industria y tecnocracia y que pretende llegar hasta el fin de su experimento con una especie de rigor científico. Si se desea conocer la capacidad de los súbditos para asumir los proyectos de un Estado, ¿cómo verificarlo mejor que pidiéndoles que asuman el proyecto de su propio exterminio?

«Una de las particularidades de la hipnosis consiste en una parálisis de la voluntad y de los movimientos, parálisis resultante de la influencia ejercida por una persona todopoderosa sobre un sujeto impotente, sin defensa, y esa particularidad nos aproxima a la hipnosis que se provoca entre los animales por el terror».

«Lo tecnocrático introduce la manipulación imaginaria en la quincalla del poder y dibuja ya el esbozo de la sociedad posdisciplinar. Su forma de proceder en ese terreno es clara: se trata de producir y de cristalizar imágenes lo suficientemente atractivas como para que la sociedad pueda conectar con ellas sin dificultad. Entre el tecnócrata y el agente de publicidad no hay más que un paso, la autonomización frente a lo político. Pero el paso ya está dado en esa actividad privilegiada que es la planificación».