08 mayo, 2021

Nada grita más alto que un verso prisionero




CANTO LA POESÍA DE MIS COMPAÑEROS

Soledad Bravo


Llenos de falsas palabras como andamos,

entre ofertas, eslogans y ritmos traicioneros.

Por amor a mi fe y a la vida que viene,

canto la poesía de mis compañeros.

Por amor a mi fe y a la vida que viene

canto la poesía de mis compañeros.


La verdad es más fuerte que cualquier cadena,

nada grita más alto que un verso prisionero.

Mientras la canción se cansa y el arte se desploma,

canto la poesía de mis compañeros.

Mientras la canción se cansa y el arte se desploma,

canto la poesía de mis compañeros.


La tallaron en sierras, en selvas, en montañas,

en fábricas, en campos, en jornadas de acero;

en quebradas oscuras donde brilló la muerte

y en ciudades perdidas bajo los tiroteos.


La salvaron del riesgo de morir asfixiada

en la cámara cínica del mensaje con miedo.

Porque ella ha sido escrita para alentar coraje,

canto la poesía de mis compañeros.

Porque ella ha sido escrita para alentar coraje,

canto la poesía de mis compañeros.


Viviré para verla vivir sobre la muerte

y arrasar las paredes del terror que erigieron.

Porque hoy aún libra lucha contra esas maldiciones,

canto la poesía de mis compañeros.

Porque hoy aún libra lucha contra esas maldiciones,

canto la poesía de mis compañeros.


07 mayo, 2021

«No es posible pretender hablar o actuar por la “plebe” estando a sueldo de los nuevos “patricios”»

 



Mundo Soros: Cuando el capital subcontrata a la izquierda y sus intelectuales — Hoenir Sarthou


El hombre que alquiló a la izquierda


¿Qué ocurre cuando las causas sociales comienzan a recibir fuertes aportes económicos de fundaciones creadas por personalidades "VIP" del sistema financiero y empresarial global?


No hay que especular mucho. Desde hace varias décadas, fundaciones como la Open Society (de George Soros), la Fundación Bill y Melinda Gates, y las Fundaciones Rockefeller, Ford, Kellogg, y otras, destinan cuantiosos fondos a causas habitualmente consideradas "liberales", "progresistas", e incluso "de izquierda". Y los resultados están a la vista.


Usando parte de las fortunas acumuladas por sus creadores en áreas más tradicionales, como las finanzas, el petróleo, la industria química, la agroindustria, la genética o la informática, esas Fundaciones han invertido mucho dinero en las siguientes causas: los derechos humanos, la enseñanza universitaria, el periodismo, el feminismo "de género" y los derechos de las minorías LGTB (y las políticas de discriminación positiva respecto a esas dos causas), la legalización de la marihuana, el ambientalismo, las campañas por el calentamiento global, la promoción de las "tecnologías verdes", la investigación, producción y aplicación de nuevas vacunas, la financiación de la OMS (especialidad en que se destaca Bill Gates) y el apoyo a las políticas recomendadas por la OMS respecto al coronavirus (sepan disculpar si olvido alguna causa, son tantas…).


CONSPIRANOIA


Observen que no me pregunté por qué esas fundaciones invierten en esas causas. No lo hice porque es una pregunta que no puedo contestar. ¿Cómo podría saber qué pasa en las cabezas de Soros, Gates, los Rockefeller o los directores de las otras fundaciones?


No busquen aquí referencias a logias o conspiraciones secretas, ni a los "Iluminati" o a los "reptilianos". Nada de eso encontrarán en esta nota ni en ninguna de las mías. Por un lado, porque no tengo ninguna noticia confiable sobre la existencia de esas logias. Por otro, porque, como dijo cierto filósofo refiriéndose a Dios, no hay necesidad de esas hipótesis fantásticas para dar cuenta de lo que ocurre, dado que los protagonistas actúan y ejercen su poder ante nuestra vista y paciencia.


La relación entre dinero y poder es consustancial. Quien tiene mucho dinero suele contar con relaciones privilegiadas con el poder político, salvo en las contadas excepciones en que se topa con líderes políticos incorruptibles y muy valientes, lo que lamentablemente no ocurre todos los días. Recuerden al actual Ministro de Ganadería y Agricultura diciendo, hace pocas semanas, que él era "un representante" de ciertos productores rurales. O, un poco antes, a personajes como López Mena o Salgado, erigidos en personajes de la Corte presidencial, con su correlato de concesiones abusivas. Ni hablar de UPM, que, sin importar el gobierno de turno, actúa como si fuera la dueña del País.


En lo grande ocurre lo mismo que en lo chico. Si López Mena, Salgado o ciertos empresarios obtienen un trato privilegiado en casa, ¿cómo no van a obtenerlo en el mundo personajes con el poder de incidir en la emisión de dólares, hacer tambalear al Banco de Inglaterra o cambiar el estatus político de países que operaban en la órbita de la ex URSS?


Si a eso le sumamos que varios de estos personajes son socios en muy diversos negocios, que por su actividad financiera influyen en las políticas monetarias de todo el mundo, y que, a través de la financiación y de su influencia política, tienen fuerte incidencia sobre organismos internacionales, incluida la OMS, es imposible analizar la realidad internacional, o la nacional, sin tomar en cuenta su existencia como grupo de poder. En Uruguay, el episodio Mujica-Soros-Rockefeller, respecto a la marihuana, aun siendo anecdótico, lo deja claro.


SOROS, O EL MÉTODO


No tengo idea de quién es Soros realmente. No sé si es el cerebro, el vocero, o el lobista más locuaz de ese grupo de socios. Quizá sólo haga muy ostentosamente lo que otros hicieron siempre con más discreción. Lo cierto es que maneja enormes sumas propias y, durante toda su vida, ha invertido capitales ajenos. Por añadidura es el creador y animador del Foro de Davos, en el que los más poderosos se juntan con otros no tan poderosos, no sé si para "bajarles línea" o para entretener a los "paparazzi" de la farándula financiera.


Ni siquiera puede asegurarse que el método que lo caracteriza sea invento suyo. Él mismo admite que, siendo estudiante, conoció a dos personas clave en su vida. Una fue Karl Popper, de quien tomó el concepto de "sociedad abierta"; la otra fue uno de los Rockefeller, que le transmitió un concepto esencial para su carrera: si uno puede asociar sus intereses con una buena causa, su poder no tiene límite.


Esa frase condensa el "método" que conocemos: una fundación sin fines de lucro, creada con dinero que se deduce de impuestos, respalda a una "buena causa". Para eso, transfiere dinero a ciertas ONGs, que presionan para que, en distintos lugares del mundo, se apliquen políticas afines a la "buena causa", políticas que, milagrosamente, terminan haciendo ganar fortunas a las empresas lucrativas del creador de la fundación. A veces la conexión entre la "buena causa" y la ganancia del filántropo es evidente. Otras veces no tanto. No puede descartarse que algunas de esas jugadas persigan fines mesiánicos, además o en lugar del lucro.


En ocasiones, las inversiones de Soros y de sus socios tienen éxito: la desestabilización financiera de Inglaterra en 1995, los cambios políticos en Europa del Este, o la conversión de Uruguay en experimento de marihuana legal (en sociedad con Rockefeller); en otras fracasan, al menos temporalmente, como el intento de obstruir la asunción de Trump o la apuesta secesionista en Cataluña.


IZQUIERDA "SOROS"


En la izquierda, el método Soros (uso a Soros como símbolo, ya que no es el único que lo aplica y financia) ha causado un sismo silencioso.


A lo largo de tres décadas, muchos militantes "de izquierda" dieron un giro sorprendente. Los mesiánicos profetas de la revolución proletaria se incorporaron a las ONGs y adhirieron a la financiación y a la agenda "soros" de derechos identitarios, al tiempo que desarrollaron una miopía asombrosa sobre las verdaderas relaciones de poder económico y político, en sus propias sociedades y en el resto del mundo.


Así, en Uruguay, avalaron o toleraron políticas como la bancarización obligatoria y la ley de riego, o la profundización del modelo forestal celulósico, basado en el privilegio, la entrega de bienes públicos, la explotación destructiva de recursos naturales y el sometimiento a los designios del inversor.


¿Cómo fue posible?


Basta con no ver dónde está el verdadero poder, el papel de los bancos, del capital financiero y sus fundaciones, de los organismos internacionales de crédito, de las calificadoras de riesgo, de los inversores privilegiados y leoninos. Basta con ignorar los problemas estructurales del sistema y reducir la política a una lucha entre "izquierda progresista" y "derecha conservadora". Entendiendo por "izquierda" a una agenda estandarizada de derechos identitarios, el aborto, la diversidad sexual, la marihuana libre, una difusa sensibilidad social más proclive a la caridad que a la justicia social, un ambientalismo "naif" que no cuestiona a la celulosa ni a la agroindustria, y una ciega confianza en que el mundo y los organismos internacionales avanzan por la senda de los derechos humanos hacia la inclusión social. Y entendiendo por "derecha" a una caricatura conservadora que, en el fondo, se reduce a los adversarios electorales, blancos, colorados, y ahora Cabildo Abierto.


El mundo según Soros tiene un algo de "Nunca jamás". De un lado están Peter Pan, Wendy y los niños progresistas, que son buenos, lindos, modernos, sensibles e inclusivos. Del otro lado está "la derecha", compuesta imaginariamente por hombres blancos, viejos, reaccionarios, misóginos, discriminadores y opresores, y… bueno, por mujeres alienadas, y por jóvenes poco empáticos, y por algún homosexual que no termina de salir del closet, en fin….


Tiene también un aspecto terrible. Porque, en la medida en que ese progresismo a lo Soros encarna todo lo bueno, formular dudas respecto a alguna de sus causas, ya sea la brecha salarial de género, el calentamiento global, la bondad de las tecnologías verdes o la mortalidad inaudita del coronavirus y la necesidad de paralizar al mundo y encerrarse, lo convierte a uno en "inmoral, fascista, negacionista, insensible, discriminador, invisibilizador" y (el más reciente pecado mortal) "falto de empatía".


¿IZQUIERDA?


Felipe González                                   Ronald Reagan


Esta extraña situación, por la que se declaran "de izquierda" personas y organizaciones financiadas por la cúspide del sistema financiero global, tiene una explicación: nada es más confuso, ambiguo y polivalente que el término "izquierda".


Cuando empezó a usarse, hacía referencia al lugar en que se sentaban, en la Asamblea Nacional francesa, los representantes de la burguesía radical.


Luego, quizá porque el joven Marx integró el grupo de los hegelianos de izquierda, la palabra se identificó con las luchas de las internacionales obreras y con la profecía marxista, que auguraba la dictadura del proletariado y luego la sociedad sin clases.


Más tarde, cuando el marxismo y el movimiento obrero se dividieron entre la corriente leninista y la socialdemocracia de inspiración bernsteniana, que dieron lugar respectivamente a la revolución rusa y a la socialdemocracia europea, el término ganó ambigüedad.


El asunto siguió complicándose con el psicoanálisis, la Escuela de Frankfurt, el estructuralismo, el existencialismo, la revolución china, la revolución cubana, el 68 francés, el neomarxismo, los liberales igualitaristas estadounidenses y la posmodernidad, hasta que fue casi imposible decir qué significaba exactamente ser "de izquierda".


La brillantez de Soros, Rockefeller y otros socios, o de algún intelectual contratado por ellos, es haber advertido que era posible aprovechar la sensibilidad y la capacidad militante de la izquierda para convertirlas en un poderoso instrumento de manipulación económica y política, fuerza de choque, en buena medida inocente, de proyectos económicos y políticos poco transparentes.


La financiación de aquellos aspectos de la sensibilidad "de izquierda" que no apuntan directamente contra las estructuras de propiedad del sistema parece haber sido la clave. Los derechos humanos, el feminismo, las cuestiones de género, la diversidad sexual, la lucha contra la discriminación racial, la preocupación por el medio ambiente, la sustitución del petróleo por tecnologías "verdes", las campañas contra el Sida o el coronavirus, tienen en común su capacidad de convertirse en armas políticas de desestabilización y chantaje contra los gobiernos y los Estados, sin tocar nada sustancial del sistema económico. Junto a una importante influencia sobre las agencias de noticias y los medios de comunicación, pueden encumbrar, hacer caer o complicarle la vida a cualquier gobernante, como debe saberlo hoy Donald Trump.


Eso si, nunca verán a un izquierdista "Soros" cuestionar al sistema financiero o a los organismos internacionales de crédito.


Hace más de dos mil años, en la antigua Roma, las luchas políticas enfrentaban a patricios y plebeyos. Los que tenían privilegios económicos y poder político, y quienes no los tenían. El senado, por un lado, y los tribunos de la plebe, por otro, expresaban institucionalmente esa lucha.


Esa lucha es eterna. Basta con identificar a quienes tienen realmente el poder y los privilegios, y a quienes no los tienen. Luego es cuestión de situarse de un lado o del otro.


En el mundo actual, todo poder formal está condicionado por el capital financiero, que opera directamente o a través de organismos internacionales de crédito, fundaciones, financiación de inversión corporativa y empresas calificadoras de riesgo. Los gobiernos, los partidos, la academia, la prensa, las ONGs y hasta los sindicatos compiten por esa financiación, lo que implica al menos estar dispuesto a callar lo que ese verdadero poder no quiere oír.


En términos de pensamiento crítico, no es posible seguir chiflando y mirando hacia arriba ante esa realidad. Porque quien paga la cuenta decide el menú. Es decir, decide qué se piensa, qué se investiga, qué se concluye, qué se dice, qué se hace y por qué se lucha.


No es posible pretender hablar o actuar por la "plebe" estando a sueldo de los nuevos "patricios". La autonomía respecto de esa financiación es un requisito previo de cualquier pensamiento, praxis, investigación o comunicación que se pretendan críticos.


Es así de simple y, a la vez, de espinoso.


06 mayo, 2021

A cara descubierta y sin simulaciones — 'El Lince'

 




El territorio del Lince – 05/05/2021


A cara descubierta y sin simulaciones. Lo de Colombia, lo de España y lo de Francia son lo mismo con diferentes ropajes. En Colombia se mata, en Francia se insta un golpe de Estado y en España se vota. Tres formas clásicas de actuación del capitalismo que tiene ya muy claro que el "progresismo" está amortizado (y supongo que si en la FARC entreguista queda alguien con cerebro se estará dando cuenta del error cometido) y no le importa actuar sin simulacros ni subterfugios. Solo hay un país, Alemania, donde todavía se actúa así impulsando a Los Verdes, la nueva marca del capitalismo y su pretendido "rostro humano".

La protesta popular en Colombia está siendo sofocada a sangre y fuego (sin olvidar el constante y continuo asesinato de dirigentes populares y ex guerrilleros), pero no es Venezuela. Por lo tanto no hay OEA, ni Comisión de Derechos Humanos de la ONU, ni "Grupo de Lima", ni "autoproclamados" reconocidos por Occidente, ni sanciones, ni nada de nada. Solo "preocupación". Bueno, no está mal, siempre es mejor morir dejando algo de precupación en los valedores de los sacrosantos "valores democráticos" que morir con su más absoluta indiferencia.

La votación de ayer en Madrid (capital del Estado canalla más conocido como España) supone la muerte del famoso 15-M, del "no nos representan", de "otra forma de hacer política", de "la casta" y de "romper con el régimen del 78", de "transversalidad" y de "ya no hay ni izquierdas ni derechas". Eso no duró nada más que tres o cuatro años y luego los quinceemesistas se convirtieron en lo mismo que criticaban.

El pronunciamiento militar en Francia es la explicación más clara de todo lo anterior, de cómo el fascismo ha entrado en una guerra de posiciones (en Colombia se está dispuesto a llegar a la guerra clásica) buscando sellar, a través de una constante batalla ideológica (Madrid) la alianza entre el bloque popular, la pequeña burguesía y la más reaccionaria como garante de los intereses capitalistas.

Esta fue y es, desde siempre, la estrategia del fascismo. Y el avance es imparable, favorecido por la asombrosa estupidez (y benevolencia) de los "progres" tipo 15-M que se retiraban de todas y cada una de las fortalezas clásicas (con aquello de "ya estamos en las instituciones") dejando que las ocupasen los peones fascistas.

Y de estas tres situaciones la más preocupante para mí es la de Francia. El pronunciamiento militar, de personal en activo y en la reserva (y que supera las 23.000 firmas) se hizo en un momento clave: en el 60 aniversario del intento de golpe de Estado en Argelia para impedir la independencia de ese país. Mirad el hecho: un país colonial se opone a que sus vasallos, árabes y musulmanes, se independicen. Sesenta años después repiten lo mismo hablando de "hordas de los suburbios".

Preocupante porque, siguiendo con los silencios, nadie de la OTAN ha dicho ni mú. Francia es miembro de la OTAN, sus militares firman un manifiesto fascista y racista. Y la OTAN callada. Luego quien calla, otorga. No hace falta a estas alturas descubrir el carácter faccioso de los militares de la OTAN, tan habladora contra el "comunismo chino" o contra Rusia.

El pronunciamiento militar en Francia no tiene por objetivo un golpe militar sino preparar las mentes para una recomposición política sobre los "valores" del orden y la autoridad. Podéis ver los lenguajes tanto en Colombia como en España. Iguales, con diferentes versiones pero con el mismo objetivo. Y el machaque constante desde los medios de propaganda para reforzar el discurso económico (y social) en aras de las demandas del capital.

La descomposición política e ideológica es el terreno donde se ha fraguado todo este escenario (y esta ofensiva). En Colombia con la entrega de las armas por las FARC, en España el 15-M y sus tonterías y en Francia las actuaciones dubitativas de la izquierda y los sindicatos con los "chalecos amarillos". En los tres países una parte importante de esa descomposición ha sido "el rechazo a la violencia" donde es más importante un contendor de basura quemado que el desempleo masivo, que la pobreza creciente, que la precariedad del trabajo. La responsabilidad de la pretendida "izquierda" en ello es total (y os recuerdo algo que ya publiqué al respecto).

En Francia, donde la impronta colonial está en el trasfondo de ese pronunciamiento, se acusa a la inmigración de todos los males. En España es el "separatismo", especialmente el catalán. En Colombia se habla de "terrorismo" y se terminará acusando a Venezuela. Todo simple, pero efectivo. Y las pretendidas "fuerzas de izquierda" inertes ante este discurso, plegándose al mismo y renunciando a luchar.

En Colombia se está haciendo frente, a costa de muertos, heridos y desaparecidos, pero todo se calmará si no hay una visión de lucha contra la lógica capitalista. Se ha conseguido la retirada de la reforma tributaria, pero queda mucho para que haya un nuevo equilibrio de fuerzas que rompa la estrategia del capital puesto que ya no hay un contrapoder armado (solo queda el ELN y unas FARC reconstituidas pero lejanas) que haga frente a su fuerza de choque: el ejército. Desde hace años las llamadas "fuerzas alternativas" (?) están tratando de negociar con el gobierno ciertos temas sociales que ahora sí estará dispuesto a negociar. Obligado, desde luego, pero eso le va a proporcionar aire hasta recomponer fuerzas. Y las "fuerzas alternativas" (y el capital) tan contentas. Pero a buen seguro que no se cederá en lo principal, que en estos momentos es la desmilitarización del país. Eso no solo daría aire interno a Colombia, sino externo a Venezuela.



En España se agacha la cabeza. Con las elecciones de ayer en Madrid el nacionalismo español de matriz franquista ya no va a tener freno. El "gobierno más progresista de la historia" es historia (corta); está acabado. Si antes no lo hacía, pero aparentaba algo, ahora ya no va a tomar ni una sola medida que moleste al capital. Ha tenido una ocasión histórica para cambiar el Estado y ahogar al fascismo, pero ni lo ha hecho ni, lo que es peor, lo ha querido hacer. Y no se puede echar la culpa al coronavirus.

Se acabaron las simulaciones. Todo el mundo está en su sitio: el fascismo en la vanguardia y nosotros en las catacumbas, preparándonos para enfrentar lo peor que está por venir.


COLOMBIA - 05/05/2021

 






05 mayo, 2021

Represión en Colombia: Decenas de muertos y heridos en las protestas

 



Las redes sociales son testigo de la grave situación que vive el pueblo colombiano. Videos que ocultan los grandes medios de comunicación.


La renuncia del ministro de Hacienda de Colombia, Alberto Carrasquilla, no ha aplacado las manifestaciones contra la ya retirada reforma tributaria del Gobierno. Organizaciones sociales creen que el número de víctimas es mayor que el que contabiliza la Defensoría.


La ONU denuncia disparos y agresiones por parte de la Policía contra una de sus misiones en Colombia.


Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=HRETqHb2IRE



04 mayo, 2021

Donbass no caerá como Yugoslavia

 

Republica Popular de Donetsk - Conmemoración del 1 de Mayo


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Nazis ucranianos posando ante la bandera de la OTAN y la esvástica




02 mayo, 2021

Sobre la vigencia de la lucha armada — Luis Emilio Aybar Toledo

 

Guerrilleros/as del Nuevo Ejército del Pueblo (NEP)

En el 85 aniversario de la caída en combate de Antonio Guiteras Holmes


La Tizza – 06/04/2020


El uso de las armas no es un fin en sí mismo para las organizaciones revolucionarias, sino un recurso inevitable, ante la oposición sistemática de los dominantes a cualquier intento por modificar las bases de la sociedad. La lucha armada, a su vez, no es de manera intrínseca una actividad revolucionaria, sino solo cuando es guiada por objetivos emancipatorios que le otorgan su lugar, su papel y su momento.


En mayo de 2020 se cumplen 85 años de la caída en combate de Antonio Guiteras Holmes, una personalidad clave en la historia patria, entre otras razones porque defendió la lucha armada como un método necesario para alcanzar la liberación nacional, y con ello inspiró a generaciones que, un cuarto de siglo más tarde, lograron abrir la senda de justicia social que él anhelaba para Cuba. Su pensamiento y accionar en aquel contexto de los años treinta del pasado siglo, contienen una serie de aprendizajes muy útiles para entrar a discutir un tema que ha quedado relegado en la contemporaneidad, lo que es reflejo de su profunda pertinencia.


Guiteras comprendió desde muy temprana fecha la ligazón de intereses que impedían alcanzar por la vía pacífica el derrocamiento de la tiranía de Gerardo Machado y su resultado mayor, la revolución social. Durante los años treinta, existieron varios grupos que hacían uso de las armas para alcanzar sus objetivos, en el espacio rural y el urbano; pero Guiteras y sus compañeros se planteaban liberar al país del imperialismo norteamericano, y poner la política en función de las necesidades sociales mediante cambios estructurales.


Sus acciones armadas tenían fines revolucionarios


Al calor de la lucha, sobre todo a partir de la experiencia del «Gobierno de los Cien Días»[1], Guiteras comprendió que era necesario, además, forjar una organización comprometida con un proyecto radical, cohesionada ideológicamente, con bases sólidas en el movimiento de masas, que estuviera en condiciones de hacer valer el potencial transformador de su método de lucha. Esta organización fue la Joven Cuba.


La formación de la Joven Cuba entrañaba también un enfoque acerca del acceso al poder, donde se planteaba la necesidad de organizar una insurrección armada e instaurar una dictadura popular encargada de realizar el programa revolucionario. Sin embargo, antes de este momento, Guiteras aceptó formar parte del Gobierno Provisional, donde la tendencia revolucionaria que él encarnaba, no contaba con todo el poder. Según sus propias palabras esto permitía «(…) imponer un programa mínimo que de un modo lento nos pusiese en condiciones de afrontar en un futuro no lejano la inmensa tarea de la Revolución social (…)».[2]


El Gobierno Provisional debió enfrentar una cuestión crítica: el poder del nuevo ejército bajo la dirección de Batista y su creciente articulación con los intereses del imperialismo. Guiteras era consciente de este problema, por lo que sostuvo labores conspirativas desde sus funciones como Secretario de Gobernación, Guerra y Marina, y líder de la organización político-militar Revolucionarios de Cuba. Sus dos líneas de trabajo fundamentales en este sentido fueron: por un lado, la reforma del Ejército y la Policía, con la introducción de oficiales y soldados leales; y por el otro, la creación de dos cuerpos militares sujetos a su influencia: la Marina y la Guardia Rural. La contrarrevolución, sin embargo, partía de una posición más ventajosa y actuó con premura, y logró inclinar la balanza a su favor hasta realizar el golpe de Estado en enero de 1934.


Lo dicho acerca de la táctica seguida durante el «Gobierno de los Cien Días» significa que Guiteras siempre consideró el papel de las armas, en todos los escenarios donde actuó a lo largo de la Revolución del 30. En un primer momento, cuando se articuló con los viejos caudillos nacionalistas para derrocar a Machado. Después, cuando funda su propia organización, y se prepara para tomar el poder y dar paso a un gobierno provisional que convocara a una Asamblea Constituyente. A continuación, cuando aceptó formar parte de un gobierno progresista. Por último, cuando buscó destruir de manera directa el aparato militar de la burguesía para dar paso a un Estado socialista.[3]


Hay una claridad meridiana alcanzada en el pensamiento de Guiteras: los intereses del pueblo, por un lado, y de la oligarquía criolla y el imperialismo por el otro, son antagónicos, y en ningún caso la burguesía permitirá el logro de una revolución por la vía pacífica. Su propia existencia como clase es lo que está en juego.


La pobre comprensión de este cardinal asunto fue la gran limitación de los líderes de la Unidad Popular durante el proceso revolucionario chileno en los años setenta.


Mientras no desborden el sistema, ciertas transformaciones podrán realizarse por la vía institucional. El nivel de agitación violenta de las clases dominantes de adentro y de afuera dará la medida de la profundidad alcanzada. Si todo sucede con relativa calma, como pudimos constatar en algunos gobiernos progresistas latinoamericanos en el siglo XXI, es porque, en realidad, no han sido afectadas las bases del orden vigente.


El caso bolivariano ha aportado una novedad: accedieron a una porción del poder por la vía electoral y desde el gobierno han logrado cambios impensables para la democracia burguesa venezolana. A primera vista, ello legitima la tesis de la vía pacífica defendida por Salvador Allende Gossens. Sin embargo, como demuestra el golpe de Estado de abril de 2002, las transformaciones y políticas radicales desarrolladas por el chavismo hubieran sido imposibles sin alcanzar la hegemonía sobre el Ejército, esto es: sin la posibilidad de defender la Revolución con las armas.


También es posible lograr una combinación de fuerza social y militar capaz de neutralizar la contrarrevolución interna, y vivir una paz relativa, como en Cuba, pero aun así las armas son necesarias para disuadir a nuevas fuerzas violentas, evitar la agresión extranjera y contribuir a la revolución mundial, requisito indispensable en la lucha contra el capitalismo.


La principal lección que estamos en condiciones de extraer a la altura del siglo XXI — luego de tantas experiencias históricas — es que las armas no entran a jugar de una única manera, pero son vitales para la existencia y posibilidad de todos los procesos revolucionarios.


A esta conclusión podemos llegar si superamos el imaginario —predominante en América Latina— que identifica la lucha armada con lo que en realidad constituye una de sus manifestaciones: la guerra de guerrillas.


En el caso cubano, las armas permitieron al pueblo conquistar el poder y destruir las estructuras que lo oprimían, construir un sistema social que respondiera a sus intereses, defender el camino elegido frente a agresiones internas y externas, y apoyar el avance de la revolución en otros lugares del mundo. Hoy las armas, empuñadas por los cuerpos militares del país, contribuyen a que el pueblo defienda sus conquistas. Pero mañana pudieran ser un obstáculo conservador frente a un programa de profundización del poder popular, o pudieran incluso ponerse al servicio de una transición capitalista. Es decir, no hay forma de excluir la dimensión militar del conjunto de las tareas asociadas a un proyecto socialista.


Algunos militantes de izquierda tienden a invocar los fusiles, ante una situación indignante, de una manera simplificadora. Existen situaciones donde se trata solo de empuñarlos, por ejemplo, una comunidad amenazada por el paramilitarismo y el narcotráfico. Pero lograr que aporten de forma integral a la causa emancipatoria requiere un mínimo de organización en torno a una concepción ideológica, una estrategia de lucha y un análisis del contexto. Por otro lado, si la violencia revolucionaria presupone un proyecto liberador, entonces las iniciativas armadas deben ser parte de un tejido social comprometido con tal proyecto. No pueden ser un grupo aislado y minúsculo anexado a la sociedad por tiempo indefinido. Desconocer estos requisitos ocasionó la muerte de muchos militantes, la violencia arbitraria y la desconexión social de numerosas organizaciones.


En América Latina los movimientos antisistémicos actuales han desarrollado sofisticadas tácticas para lograr avances por la vía pacífica, una amplitud de formas de acumulación en el seno de la vieja sociedad. Ello es posible por la correspondiente sofisticación de las formas de violencia y hegemonía cultural de la clase dominante, y también por el carácter embrionario y sectorial de estos movimientos. Tal escenario no niega la posibilidad de explorar formas armadas de lucha para propiciar o defender avances futuros.


Esbozaremos tres líneas de acción que pudieran aparecer o incentivarse en diferentes escenarios de la región:


1 - Estimular la resistencia armada en comunidades amenazadas por las políticas de despojo, y en territorios autónomos conquistados por sujetos diversos (indígenas, campesinos, pobladores, obreros, estudiantes). En esta dirección ya contamos con experiencias en curso.

2 - Recuperar la vieja tradición bolchevique —ya sabemos que también guiteriana— de hacer trabajo de base en el ejército, formar ahí núcleos conspirativos articulados a las fuerzas revolucionarias.

3 - Combinar acciones cívicas y militares en las grandes movilizaciones populares, desarrollando una labor de propaganda para legitimarlas frente a la sociedad.


Estas líneas de acción son bien complejas en el escenario actual. No solo por el poderío militar de los enemigos —escenario de partida de toda lucha antisistémica— sino también por el profundo trabajo cultural que han realizado para introyectarnos su «cultura de paz», que no es otra cosa que el respeto al privilegio de usar las armas contra los oprimidos.


La paz es un valor revolucionario, un valor comunista. El capitalismo nos hace la guerra todos los días, con el ruido de los fusiles y el silencio de los hambrientos. Nos obliga a librar esa «guerra sin odio» a la que convocó Martí, para alcanzar la paz verdadera.


Notas:

[1] Nombre con el cual es conocido el Gobierno Provisional Revolucionario que rigió en Cuba entre septiembre de 1933 y enero de 1934

[2] Citado en Olga Cabrera, Guiteras, la época, el hombre, Editorial de Arte y Literatura, La Habana, 1974, p. 351.

[3] Ese es el horizonte que declara en el «Manifiesto de La Joven Cuba», y el contenido de sus propuestas y valores en diversos escritos y declaraciones. Para profundizar acerca de la condición comunista de Guiteras, véase Fernando Martínez Heredia, La Revolución Cubana del 30. Ensayos, Editorial de Ciencias Sociales, la Habana, 2012.