Al Mayadeen – 27/02/2026
En este episodio de Desmitificando Irán, el profesor Mohammad Marandi explica por qué la República Islámica representa la continuidad de la civilización, reforzada por la doctrina de resiliencia del chiismo, y por qué un sistema que ha celebrado elecciones regulares durante 45 años no puede reducirse a las narrativas occidentales de supuesta inestabilidad. Seyed Marandi también explica cómo la República Islámica funciona respaldada por la legitimidad popular, demostrando que décadas de presión externa y desafíos internos no han socavado su continuidad, resiliencia ni autoridad. (Vea la emisión completa -en inglés- : The forever prophecy of Iran's imminent collapse)
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Irán es una de las civilizaciones más antiguas del mundo. Su identidad como nación y Estado precede a la era moderna en milenios. Durante más de 2000 años, Irán ha existido como una entidad cultural y religiosa diferenciada, sobreviviendo a invasiones y ocupaciones extranjeras.
Irán no es una creación artificial de las potencias coloniales. A diferencia de muchos estados de Asia Occidental, cuyas fronteras fueron trazadas por diplomáticos europeos, las fronteras de Irán son producto de la historia, la cultura y la experiencia compartida. La nación existió mucho antes de la era colonial y existirá mucho después. Esto no es historia pasada. Es la herencia viva de un pueblo que sabe que su nación ha sobrevivido a todo lo que la historia le ha deparado. La República Islámica es la máxima expresión de esa continuidad, no una desviación de ella.
Esta resistencia civilizatoria se ve reforzada por algo aún más profundo: la ideología islámica, que constituye la columna vertebral espiritual e intelectual de la nación. El chiismo, en particular, conlleva una historia de marginación y persecución, así como una doctrina de apoyo inquebrantable a los oprimidos y una extraordinaria resistencia contra la opresión. La geografía refuerza esta resistencia. Irán es el decimoséptimo país más grande del mundo en extensión territorial. Se extiende aproximadamente 1,65 millones de kilómetros cuadrados desde el mar Caspio al norte hasta el golfo Pérsico al sur, desde las montañosas fronteras con Irak y Turquía al oeste hasta las desérticas fronteras con Afganistán y Pakistán al este. No es un estado pequeño que pueda desestabilizarse fácilmente. Cualquier potencia externa que intente someterlo debe comprender que Irán nunca ha sido ocupado con éxito durante mucho tiempo y que quienes lo intentaron aprendieron lecciones costosas.
Y luego está la población. Irán alberga aproximadamente 90 millones de personas. Es el segundo país más poblado de Asia Occidental y el Norte de África, después de Egipto, y una de las naciones más pobladas del mundo musulmán. No se trata de una pequeña sociedad tribal ni de una ciudad-estado. Es una nación grande, compleja y moderna, con una población joven y educada. 90 millones de personas no pueden ser gobernadas mediante la coerción, especialmente cuando Occidente y sus aliados regionales llevan décadas intentando socavarlo. Ningún aparato de seguridad es lo suficientemente grande ni poderoso como para controlar a tantos ciudadanos si estos se oponen al sistema. El hecho de que la República Islámica haya celebrado elecciones regulares durante 47 años, que millones sigan votando, que el sistema funcione y se perpetúe, es evidencia de algo que la prensa occidental se niega sistemáticamente a reconocer. Este es un sistema altamente sofisticado y posee legitimidad popular.
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