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01 septiembre, 2021

‎¿Aprendió alguien algo de la ‎catástrofe afgana?‎ — Manlio Dinucci

 



RED VOLTAIRE – 22/08/2021


No lo decimos nosotros, es el presidente Joe Biden quien acaba de ‎reconocerlo: Washington nunca buscó ayudar a los afganos y mucho menos ‎construir un Estado en Afganistán. Lo que tanto nos repitieron los medios durante ‎‎20 años era sólo propaganda.‎


En su alocución del 16 de agosto sobre Afganistán, desde la Casa Blanca, el presidente Biden hizo ‎una declaración lapidaria: ‎

«Nuestra misión en Afganistán nunca tuvo como objetivo construir una nación. ‎Nunca apuntó a ‎crear una democracia unificada y centralizada.» [1]‎


Con esas concisas palabras, el presidente de Estados Unidos enterró inesperadamente la ‎narrativa oficial que acompañó durante 20 años la «misión en Afganistán», misión a la que ‎Italia [y otros países como España, Francia, Alemania, etc.] dedicó vida humanas y miles ‎de millones de euros provenientes de sus fondos públicos.‎


«Nuestro único interés nacional en Afganistán sigue siendo hoy lo que siempre fue: impedir ‎un ‎ataque terrorista contra la patria estadounidense», agregó Biden. ‎


El Washington Post, deseoso de limpiar su propio armario de esqueletos (las hoy llamadas ‎‎fake news), lanza el oprobio sobre esas palabras de Joe Biden al señalar que:


«Los presidentes ‎de Estados Unidos y los dirigentes militares engañaron deliberadamente al publico sobre la ‎más larga guerra estadounidense, librada en Afganistán durante dos décadas.» [2]‎


El público fue «deliberadamente engañado» desde que –en octubre de 2001– Estados Unidos, ‎junto a Gran Bretaña, atacaba e invadía Afganistán para dar caza a Osama ben Laden, designado ‎como la persona que había ordenado el ataque terrorista del 11 de septiembre (cuya versión ‎oficial hacía agua por todos lados [3]).‎


Pero el objetivo real de esa guerra era concretar la ocupación del territorio afgano, de primera ‎importancia geoestratégica por tener fronteras con las tres repúblicas centroasiáticas ex soviéticas ‎‎(Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán), y con Irán, Pakistán y China (específicamente con la ‎región autónoma de Xinjiang (o Sinkiang). ‎


En aquella época, ya se veían señales claras de acercamiento entre China y Rusia. ‎Los presidentes Jiang Zemin y Vladimir Putin habían firmado el Tratado de Buena Vecindad y ‎Cooperación Amistosa, definido como «piedra angular» de las relaciones entre sus países. ‎Washington veía la naciente alianza entre China y Rusia como una amenaza para los intereses ‎estadounidenses en Asia, precisamente en momentos en que Estados Unidos trataba de ocupar ‎el vacío que el derrumbe de la URSS había dejado en Asia central. «Existe la posibilidad de que ‎surja en Asia un rival militar con una formidable base de recursos», advertía el Pentágono en un ‎informe fechado el 30 de septiembre de 2001. ‎


Lo que realmente estaba en juego quedaría demostrado por el hecho que, en agosto de 2003, ‎la OTAN –bajo las órdenes de Estados Unidos– se apoderaba del «papel de líder de la ISAF», la ‎fuerza internacional de asistencia para la seguridad que la ONU había ‎creado en Afganistán, en diciembre de 2001. A partir de aquel momento, más de 50 países, entre miembros y ‎socios de la OTAN, participaron bajo las órdenes de Estados Unidos en el conflicto desatado ‎en Afganistán. ‎


El balance político-militar de esa guerra, que hizo correr ríos de sangre y devoró enormes ‎cantidades de recursos, es catastrófico: cientos de miles de muertos entre la población civil ‎afgana, abatidos durante las operaciones bélicas, así como una cifra incalculable de «muertes ‎indirectas» provocadas por la pobreza y las enfermedades favorecidas por la guerra. ‎


Sólo Estados Unidos gastó, según el New York Times, más de 2.500 millardos de dólares ‎‎ [4]. Para entrenar y armar a los 300.000 soldados del ejército ‎gubernamental, que se derrumbó en pocos días ante el avance de los talibanes, Estados Unidos ‎desembolsó unos 90.000 millones de dólares. Por otro lado, unos 55.000 millones asignados a ‎la "reconstrucción" en gran parte se dilapidaron debido a la ineficacia y la corrupción.


Y los más de 10.000 millones de dólares dedicados a operaciones antidrogas ‎parecen haber arrojado un resultado totalmente contrario a lo esperado ya que la superficie ‎total de tierras dedicadas al cultivo de la adormidera (Papaver somniferum) –planta a partir de la cual se obtiene el opio– ‎se multiplicó por 4 y Afganistán produce actualmente el 80% de todo el opio que se fabrica ‎ilegalmente en todo el mundo. ‎


También vale la pena detenerse en la historia de Ashraf Ghani, el presidente afgano que huyó ‎hacia un exilio dorado. Educado en la Universidad Americana de Beirut, Ashraf Ghani hizo carrera ‎en las universidades estadounidenses de Columbia, Berkeley y John Hopkins… y en el ‎Banco Mundial, con sede en Washington. En 2004, ya como ministro de Finanzas de Afganistán, ‎Ashraf Ghani obtuvo de los países “donantes”, como Italia, un «paquete de asistencia» de ‎‎27.500 millones de dólares. En 2014, en un país en guerra y ocupado por las tropas de ‎Estados Unidos y la OTAN, Ghani se convirtió en presidente, oficialmente con el 55% de los ‎sufragios. En 2015, el presidente italiano Sergio Mattarella lo recibía en Roma con todos ‎los honores y en compañía de la ministro de Defensa Roberta Pinotti, quien ya se había reunido ‎con Ghani un año antes en Kabul. ‎


Esta catastrófica experiencia de Afganistán se agrega a las que Italia ya vivió antes por haber ‎participado –en violación de su propia Constitución– en las guerras de la OTAN en los Balcanes, ‎en el Medio Oriente y en el norte de África. Pero las formaciones políticas representadas en ‎el parlamento italiano no parecen haber sacado ninguna enseñanza de todo eso. ‎


Mientras en Washington el propio presidente Biden hecha abajo el edificio de mentiras sobre los ‎‎«elevados objetivos humanitarios» que supuestamente motivaron la participación de Italia en ‎la guerra de Afganistán, en Roma, como en la novela de George Orwell 1984, se sigue dando ‎la espalda a la historia.


NOTAS:

[1] «Alocución de Joe ‎Biden sobre Afganistán», por Joseph R. ‎Biden Jr., Red Voltaire, 16 de agosto de 2021.

[2] "U.S. exit ‎forces a reconsideration of global role", John Hudson y Missy Ryan, The Washington Post, 18 ‎de agosto de 2021.

[3] L’Effroyable imposture, ‎Thierry Meyssan, Demi-Lune, 2002.

[4] 1 millardo = 1.000 millones




30 septiembre, 2020

¿Quién está detrás de la jueza que ‎procesa a Assange?‎ — Manlio Dinucci

 




RED VOLTAIRE - ROMA (ITALIA) – 17/09/2020


Emma Arbuthnot es la juez principal que instruye, en Londres, el proceso de extradición de Julian Assange a Estados Unidos, donde podría ser condenado a 175 años de cárcel por ‎‎“espionaje”, o sea por haber publicado, como periodista de investigación, pruebas de los ‎crímenes de guerra estadounidenses, como los conocidos videos sobre las masacres perpetradas ‎contra civiles en Irak y Afganistán. Durante ese proceso, en manos de la jueza Vanessa Baraitser, ‎todos los pedidos de la defensa han sido rechazados. ‎


En 2018, luego de que Suecia abandonara la acusación de violencia sexual, la jueza Arbuthnot ‎se negó a anular la orden de arresto, evitando así que Assange pudiera obtener asilo en Ecuador. ‎Esta misma jueza rechazó las conclusiones del Grupo de Trabajo de la ONU sobre la detención ‎arbitraria de Assange. Tampoco quiso escuchar las conclusiones del responsable de la ONU contra ‎la tortura, quien señaló que «Assange, detenido en condiciones extremas de aislamiento ‎no justificadas, presenta síntomas típicos de una exposición prolongada a la tortura sicológica». ‎


En 2020, mientras miles de detenidos pasaban a estar bajo detención domiciliaria, como medida ‎contra el coronavirus, Assange ha sido mantenido en prisión y se ha visto expuesto al contagio en ‎condiciones de debilitamiento físico. En el tribunal, Assange no puede consultar a sus abogados, ‎se le mantiene aislado en una jaula de cristal blindado y se le amenaza de expulsión si osa abrir la ‎boca. ¿Qué hay detrás de tanto ensañamiento? ‎


La jueza Arbuthnot ostenta el título de «Lady» por ser la esposa de Lord James Arbuthnot, conocido ‎‎“halcón” del Partido Conservador y ex ministro de Defensa, notoriamente vinculado con el ‎complejo militaro-industrial y los servicios secretos británicos. Lord Arbuthnot es, además, ‎presidente del comité de consulta británico del Grupo Thales –transnacional francesa ‎especializada en sistemas militares aeroespaciales– y miembro del comité de consulta de la firma ‎Montrose Associates, que se especializa en inteligencia estratégica, dos cargos generosamente ‎retribuidos. Lord Arbuthnot es igualmente miembro de la Henry Jackson Society (HJS), influyente ‎‎think tank transatlántico vinculado al gobierno y a la inteligencia estadounidenses. ‎


En julio pasado, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, participó en una ‎mesa redonda organizada en Londres por la Henry Jackson Society. Desde su época de director ‎de la CIA, Pompeo ha venido acusando a WikiLeaks –el sitio web fundado por Assange– de ser «un servicio ‎de espionaje del enemigo». Esta campaña de Pompeo coincide con la de la Henry Jackson ‎Society, que acusa a Assange de «sembrar dudas sobre la posición moral de los gobiernos ‎democráticos occidentales, con apoyo de regímenes autocráticos». ‎


En el consejo político de la Henry Jackson Society, junto a Lord Arbuthnot, estaba hasta ‎hace poco Priti Patel, la actual ministro del Interior del Reino Unido, precisamente la persona que ‎tendrá que firmar o no la orden de extradición contra Julian Assange. A ese grupo de presión, que ‎viene haciendo campaña por la extradición de Assange –bajo la batuta de Lord Arbuthnot y de ‎otros personajes influyentes– está estrechamente ligada la jueza Arbuthnot, nombrada por la reina ‎como magistrado en jefe en septiembre de 2016, cuando WikiLeaks ya había publicado –‎en marzo– los documentos más comprometedores para Estados Unidos. ‎


Por cierto, entre esos documentos están los correos electrónicos de la entonces secretaria ‎de Estado estadounidense, Hillary Clinton, que revelan el verdadero objetivo de la guerra de ‎la OTAN contra Libia: impedir que el gobierno encabezado por Muammar el-Kadhafi utilizara sus ‎reservas en oro para crear una moneda panafricana como alternativa al dólar estadounidense y la ‎franco CFA –la moneda que Francia impuso a 14 ex colonias africanas. ‎


El verdadero “delito” cometido por Julian Assange es el de haber abierto una brecha en el muro de ‎silencio político-mediático tras el cual se esconden los verdaderos intereses de poderosas élites ‎que, desde la sombra protectora que el Estado Profundo les garantiza, recurren repetidamente a ‎la carta de la guerra. ‎


Ese es el poder oculto que acusa a Assange y lo somete a juicio, como cuando se exponía a los ‎supuestos herejes a los caprichos y la furia de la Santa Inquisición. Si se decide su extradición a ‎Estados Unidos, Assange será sometido a «medidas administrativas especiales» mucho ‎más duras que las que ya sufre en Reino Unido. Será encerrado en una pequeña celda ‎bajo condiciones de aislamiento, no podrá tener contacto con su familia –ni siquiera a través ‎de sus abogados, quienes también serían incriminados si se atreviesen a entregarle algún ‎mensaje. En otra palabras, entregarlo a Estados Unidos sería condenarlo a muerte. ‎


26 junio, 2015

La miopía de la Unión Europea ante la estrategia militar de Estados Unidos.


Los responsables de la Unión Europea están totalmente equivocados en cuanto a los atentados islamistas perpetrados en Europa y las oleadas de inmigrantes que llegan a ese continente huyendo de las guerras. Thierry Meyssan muestra que esos hechos no son secuelas fortuitas de los conflictos que agitan el Medio Oriente ampliado sino un objetivo estratégico de Estados Unidos.
El Consejo Europeo reunido el 23 de abril de 2015 guarda 
un minuto de silencio en memoria de los migrantes muertos en el Mediterráneo.

Los dirigentes de la Unión Europea están confrontando cada vez más frecuentemente situaciones inesperadas. Por un lado, atentados o intentos de atentados perpetrados o preparados por individuos que no pertenecen a grupos políticos claramente identificados. Por otro lado, una gran afluencia de migrantes a través del Mediterráneo y el hecho que miles de ellos mueren a las puertas de los países europeos. 

Por falta de análisis estratégico, ambos factores están siendo considerados a priori como hechos no relacionados entre sí y se ocupan de ellos administraciones diferentes. La policía y los servicios de inteligencia se ocupan de los atentados mientras que las aduanas y órganos vinculados al sector de la defensa lidian con el problema de los migrantes. Pero la fuente de ambos problemas es la misma: la inestabilidad política en el Levante y en África.

La Unión Europea se ha privado de los medios necesarios para comprender 

Si las academias militares de la Unión Europea hiciesen correctamente su trabajo, habrían estudiado durante los últimos 15 años la doctrina del «hermano mayor» estadounidense. Y tendrían que haber notado que, desde hace muchos años, el Pentágono ha publicado todo tipo de documentos sobre la «teoría del caos» del filósofo Leo Strauss. Hace sólo unos meses, Andrew Marshall, un funcionario que debería estar jubilado desde hace más de 25 años, aún disponía de un presupuesto de 10 millones de dólares al año para investigar sobre ese tema [1]. Pero ninguna academia militar de la Unión Europea ha estudiado seriamente esa doctrina ni sus consecuencias. No lo han hecho por dos razones: porque es una forma de guerra bárbara… y porque fue concebida por un gurú de las élites judías estadounidenses. Además, cualquier europeo “sabe” que «Estados-Unidos-que-nos-salvó-del-nazismo» no puede favorecer tales atrocidades [2].



Si los políticos de la Unión Europea hubiesen viajado un poco, no sólo a Irak, Libia, Siria, al Cuerno africano, a Nigeria y Mali, sino también a Ucrania, habrían visto con sus propios ojos la aplicación de esa doctrina estratégica. Pero se limitaron a ir a hablar en algún edificio de la “zona verde” de Bagdad, desde un estrado en Trípoli o en la plaza Maidan de Kiev. Ignoran lo que viven las poblaciones y, a pedido del «hermano mayor», a menudo cerraron sus embajadas, privándose así de ojos y oídos en el terreno. Peor aún, también a pedido del «hermano mayor», se unieron a la aplicación de embargos, para que los hombres de negocios tampoco puedan ir a ver lo que sucede en esos lugares.

Hoy se desconoce la cantidad de migrantes muertos en el Mediterráneo. 
A veces las olas depositan cuerpos en las playas de Italia o los guardacostas 
abordan embarcaciones llenas de cadáveres.

El caos no es fortuito, es el objetivo

Al contrario de lo que afirma el presidente Francois Hollande, el éxodo de libios no es consecuencia de una «falta de seguimiento» de la operación «Protector Unificado» –que condujo al derrocamiento y asesinato de Kadhafi– sino el resultado que se buscaba con aquella operación, en la que Francia hizo el papel de líder. El caos no se instaló en Libia porque los «revolucionarios libios» no hayan sabido ponerse de acuerdo entre sí después de la «caída» de Muammar el-Kadhafi sino que ese era el objetivo estratégico de Estados Unidos. Y lo alcanzaron. Nunca hubo una «revolución democrática» en Libia sino un movimiento secesionista en la región de Cirenaica. Nunca hubo aplicación del mandato de la ONU para «proteger a la población» sino una masacre perpetrada por la OTAN que costó las vidas de 160 000 libios, de los cuales el 75% eran civiles, según las cifras de la Cruz Roja Internacional.

Recuerdo que, antes de integrar el gobierno de la Yamahiriya Árabe Libia, se me solicitó servir como testigo en un encuentro organizado en Trípoli entre una delegación estadounidense y varios representantes libios. Durante aquella larga conversación, el jefe de la delegación estadounidense explicó a sus interlocutores que el Pentágono estaba dispuesto a salvarlos de una muerte segura, pero exigía que le entregaran al Guía. Y agregó que cuando mataran a Kadhafi, la sociedad tribal libia no lograría validar la autoridad de un nuevo líder antes de –como mínimo– una generación, situación que sumiría Libia en un caos nunca visto anteriormente en ese país. Desde entonces, he contado repetidamente aquel encuentro y predije muchas veces lo que hoy está ocurriendo.
Leo Strauss (1899-1973) fue un especialista de la filosofía política. 
Se rodeó de un pequeño grupo de alumnos que, en su mayoría, 
trabajaron después para el Departamento de Defensa estadounidense. 
De hecho, formaron una secta e inspiraron la estrategia del Pentágono.

La «teoría del caos»

Cuando la prensa estadounidense comenzó a mencionar –en 2003– la «teoría del caos», la Casa Blanca respondió hablando de un «caos constructor», haciendo entender con ello que se procedería a la destrucción de las estructuras opresoras para que la vida pudiese brotar sin obstáculos. Pero ni Leo Strauss, ni el Pentágono habían utilizado nunca aquella expresión. Al contrario, según ellos, el caos tenía que ser de tal magnitud que nada pudiese estructurarse fuera de la voluntad del Creador del Nuevo Orden, Estados Unidos [3].

El principio de esa doctrina estratégica puede resumirse de la siguiente manera: la manera más fácil de saquear los recursos naturales de un país por largo tiempo no es ocupar ese país sino destruir el Estado. Sin Estado, no hay ejército. Sin ejército enemigo, no hay riesgo de ser derrotado. Así que el objetivo estratégico del ejército de Estados Unidos y de la alianza que dirige –la OTAN– es única y exclusivamente la destrucción de los Estados. Y lo que suceda con las poblaciones de los países que son blanco de esa estrategia… no preocupa a Washington.

Ese proyecto resulta inconcebible para los europeos que, desde los tiempos de la guerra civil inglesa, están convencidos –desde la publicación de Leviatán, el libro de Thomas Hobbes– de que es preferible renunciar a ciertas libertades, y quizás aceptar incluso un Estado tiránico, a verse sumido en el caos.

La Unión Europea niega su complicidad con los crímenes de Estados Unidos

Las guerras de Afganistán e Irak ya han costado la vida a 4 millones de personas [4]. Esas guerras fueron presentadas al Consejo de Seguridad de la ONU como necesarias respuestas «en legítima defensa». Pero hoy todo el mundo admite que en realidad habían sido planificadas desde mucho antes de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y en un contexto mucho más amplio de «rediseño del Medio Oriente ampliado» y que las razones utilizadas para justificar dichas guerras sólo fueron inventos de la propaganda.

Usualmente se reconocen los genocidios cometidos por el colonialismo europeo, pero pocos reconocen actualmente esos 4 millones de muertos, a pesar de los estudios científicos que demuestran la realidad de ese crimen. Lo que pasa es que nuestros padres eran «malos», pero nosotros somos «buenos» y no podemos ser cómplices de esos horrores.

También es usual burlarse de aquel pobre pueblo alemán que confió hasta el último instante en sus dirigentes nazis y no tomó conciencia de los crímenes cometidos en su nombre hasta después de la derrota.

Pero los pueblos de la Unión Europea estamos actuando exactamente igual. Seguimos confiando en nuestro «hermano mayor» y nos negamos a ver los crímenes en los que está implicándonos. Es probable que nuestros hijos se burlen de nosotros…


Los errores de interpretación de la Unión Europea

 Ningún dirigente de Europa occidental, absolutamente ninguno, se ha atrevido a mencionar públicamente que los refugiados provenientes de Irak, Libia, Siria y del Cuerno de África, Nigeria y Mali pueden no estar huyendo de las dictaduras sino del caos en el que nosotros, voluntaria pero inconscientemente, hemos sumido sus países.



 Ningún dirigente de Europa occidental, absolutamente ninguno, se ha atrevido a mencionar públicamente que los atentados «islamistas» que están teniendo lugar en Europa pueden no ser la extensión de las guerras del «Medio Oriente ampliado» sino que son obra de los mismos que ya orquestaron el caos en esa región. Como europeos preferimos seguir creyendo que los «islamistas» odian a los judíos y los cristianos, y nos negamos a ver que la inmensa mayoría de las víctimas de esos islamistas no son ni judíos ni cristianos sino… musulmanes. Y tranquilamente los acusamos de promover la «guerra de civilizaciones», cuando ese concepto fue creado en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y sigue sin tener nada que ver con la cultura de los islamistas [5].



 Ningún dirigente de Europa occidental, absolutamente ninguno, se ha atrevido a mencionar públicamente que la próxima etapa será la «islamización» de las redes de las redes de distribución de drogas –como en el caso de los Contras en Nicaragua, con la venta de droga entre la comunidad negra de California, con ayuda y bajo las órdenes de la CIA [6]. Hemos decidido ignorar que la familia Karzai retiró la distribución de cocaína de las manos de la mafia kosovar para ponerla bajo el control del Emirato Islámico [7].


La subsecretaria de Estado, Victoria Nuland, y el embajador 
estadounidense en Kiev, Geoffrey R. Pyatt. 
En conversación telefónica revelada por los partidarios de la legalidad, 
la señora Nuland se refirió al putsch montado en Ucrania 
precisando delicadamente que su objetivo era 
darle por el culo a la Unión Europea” (sic).

A Estados Unidos nunca le interesó que Ucrania se integre a la Unión Europea

Si las academias militares de la Unión Europea no han estudiado la «teoría del caos» es porque les han prohibido hacerlo. Los pocos profesores y estudiosos que se arriesgaron a tratar de analizarla fueron duramente sancionados mientras que la prensa califica de «complotistas» o «conspiracionistas» a los autores civiles que se interesan en esa teoría.


Los políticos de la Unión Europea creían que los acontecimientos de la plaza Maidan eran espontáneos y que los manifestantes querían salir de la órbita autoritaria de Rusia para entrar en el paraíso de la Unión. Los invadió la estupefacción cuando se reveló el contenido de la conversación telefónica donde la subsecretaria de Estado Victoria Nuland, al mencionar el control que ejercía secretamente sobre los acontecimientos, hablaba de «darle por el culo a la Unión Europea» (sic) [8]. A partir de aquel momento ya no entendieron lo que estaba sucediendo.



Si hubiesen dejado trabajar a los investigadores, los dirigentes de los países miembros de la Unión Europea habrían comprendido que al intervenir en Ucrania y al organizar allí el «cambio de régimen», Estados Unidos estaba garantizando que la Unión Europea se mantuviera a su servicio. Lo que más angustia a Washington, desde el discurso de Vladimir Putin en la Conferencia de Seguridad de Munich de 2007 [9], es que Alemania acabe dándose cuenta de dónde se halla su propio interés… que no es del lado de Washington sino junto a Moscú.


Al destruir progresivamente el Estado ucraniano, Estados Unidos corta la principal vía de comunicación entre la Unión Europea y Rusia. Por mucho que retorzamos en todos los sentidos la sucesión de acontecimientos, es ese el único sentido de lo ocurrido en Ucrania. Washington no quiere que Ucrania se una a la Unión Europea, como lo demuestran las palabras de la señora Nuland. Su único objetivo es convertir ese territorio en un campo minado para todo el que trate de atravesarlo.



El 8 de mayo de 2007 –aniversario de la caída del régimen nazi alemán– grupúsculos nazis e islamistas crean en Ternopol (Ucrania oriental) un supuesto Frente Antiimperialista para luchar contra Rusia. Organizaciones de Lituania, Polonia, Ucrania y también de Rusia participan en ese Frente, así como los separatistas islamistas de Crimea y los de Adigueya [también llamada Adiguesia], Daguestán, Inguchetia, Kabardia-Balkaria, Karachayevo-Cherkesia, Osetia y Chechenia. Al no poder asistir al encuentro, debido a las sanciones internacionales, el jefe terrorista Doku Umarov envía una intervención que será leída a los asistentes. El presidente de ese “Frente Antiimperialista” es Dimitro Yarosh, quien hoy ocupa un puesto de consejero en el ministerio de Defensa de Kiev.


La planificación militar de Estados Unidos

Así que estamos ante 2 problemas que se desarrollan con gran rapidez: los atentados «islamistas» sólo están comenzando. En el Mediterráneo, las corrientes migratorias se han triplicado en un solo año.

Si mi análisis es correcto, durante la próxima década veremos como a los atentados «islamistas» vinculados al Medio Oriente y África se agregan atentados «nazis» vinculados a Ucrania. Se descubrirá entonces que al-Qaeda y los nazis ucranianos tienen vínculos entre sí desde que celebraron –en 2007– su congreso común en Ternopol, Ucrania. En realidad, los abuelos de todos estos individuos se conocían desde la Segunda Guerra Mundial. En aquella época los nazis se dieron a la tarea de reclutar musulmanes soviéticos para luchar contra Moscú, en el marco del programa de Gerhard von Mende en el Ostministerium [el ministerio del Este creado por el Reich]. Al finalizar la guerra, tanto los nazis como sus reclutas musulmanes acabaron bajo la protección de la CIA, conforme al programa de Frank Wisner con AmComLib, para realizar operaciones de sabotaje en los territorios de la URSS.

Las oleadas de migrantes que tratan de atravesar el Mediterráneo, que hasta ahora sólo constituyen un problema humanitario (200.000 personas en 2014), seguirán creciendo hasta convertirse en un grave problema económico. La reciente decisión de la Unión Europea de ir a hundir los barcos de los traficantes de personas en Libia no lograrán detener la oleada de migrantes y sólo servirán para justificar nuevas operaciones militares para mantener el caos en Libia, pero sin resolverlo.

Todo ello provocará importantes desórdenes en la Unión Europea, que hoy da la impresión de ser un pacífico refugio. Washington no intenciones de destruir ese mercado, que sigue siendo indispensable para Estados Unidos, sino de limitar su desarrollo y garantizar que nunca logre convertirse en un competidor.

En 1991, el presidente Bush padre encargó a un discípulo de Leo Strauss, Paul Wolfowitz –en aquel entonces un desconocido para el gran público–, la elaboración de una estrategia para la era postsoviética. La «Doctrina Wolfowitz» explicaba que la supremacía de Estados Unidos exige imponer riendas a la Unión Europea [10]. En 2008, durante la crisis financiera en Estados Unidos, la historiadora Christina Rohmer, presidenta del Consejo Económico de la Casa Blanca, explicó que la única manera de sacar a flote los bancos estadounidenses era cerrar los paraísos fiscales en los demás países y provocar después desórdenes en Europa para que los capitales fluyesen hacia Estados Unidos. Actualmente lo que Washington pretende hacer es fusionar el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, también conocido como NAFTA, por sus siglas en inglés) con la Unión Europea y el dólar con el euro, lo cual pondría a los miembros de la Unión Europea en una situación similar a la de México [11].

Por desgracia para ellos, ni los pueblos de la Unión Europea ni sus dirigentes tienen conciencia de lo que el presidente Barack Obama está preparando para ellos.

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[1] «Al cabo de 42 años, el estratega Andy Marshall deja el Pentágono», Red Voltaire, 7 de enero de 2015.


[2] “Selective Intelligence”, Seymour Hersch, The New Yorker, 12 de mayo de 2003.

[3] “Stumbling World Order and Its Impacts”, por Imad Fawzi Shueibi,Voltaire Network, 5 de abril de 2015.

[4] «4 millones de muertos en Afganistán, Pakistán e Irak desde 1990», por Nafeez Mosaddeq Ahmed, Middle East Eye(Reino Unido), Red Voltaire, 13 de abril de 2015.

[5] «La “guerra de civilizaciones”», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de diciembre de 2004.

[6] Dark Alliance, The CIA, the Contras and the crack cocaine explosion, Gary Webb, foreword by Maxime Waters, Seven Stories Press, 1999.


[8] «Conversación entre la secretaria de Estado adjunta y el embajador de Estados Unidos en Ucrania», por Andrey Fomin,Oriental Review (Rusia), Red Voltaire, 8 de febrero de 2014.

[9] «Querer regentar el mundo de manera unipolar es ilegítimo e inmoral», por Vladimir Putin, Red Voltaire, 11 de febrero de 2007.

[10] La «Doctrina Wolfowitz» sigue siendo hoy en día un documento clasificado. Pero su contenido fue revelado por Patrick E. Tyler en «US Strategy Plan Calls For Insuring No Rivals Develop», New York Times, 8 de marzo de 1992. Ese diario también publica largos fragmentos de la «Doctrina Wolfowitz» en la página 14: «Excerpts from Pentagon’s Plan: “Prevent the Re-Emergence of a New Rival”». Más informaciones sobre esa doctrina aparecen igualmente en «Keeping the US First, Pentagon Would preclude a Rival Superpower» por Barton Gellman, The Washington Post, 11 de marzo de 1992.

[11] «Ataque contra el euro y desmantelamiento de la Unión Europea», por Jean-Claude Paye, Red Voltaire, 20 de julio de 2010.