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31 enero, 2024

¿Por qué llevan a juicio a Cubainformación?

 




CUBAINFORMACIÓN TV – 26/01/2024

¡Ayúdanos económicamente de dos formas! Para que los gastos judiciales no conlleven el cierre de Cubainformación, puedes ayudarnos de dos formas:

1 Bien haciéndote socia/o de Cubainformación (o haciendo una aportación puntual extra si ya lo eres) mediante este módulo: https://www.cubainformacion.tv/campai...

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Cualquier duda, escribe a:

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Cubainformación. - Hoy, en nuestro espacio "El Batazo", daremos detalles sobre el juicio que se celebrará en Madrid por la querella criminal que pretende llevarnos a la cárcel (nos piden seis años) y cerrar por quiebra el medio Cubainformación, así como la asociación de amistad vasco-cubana Euskadi-Cuba, propietaria del dominio web del citado medio hasta el año 2020, ya que la persona y organización querellante, perteneciente al entramado del "anticastrismo" vinculado al Departamento de Estado de EEUU, solicita una elevada cantidad (casi 70 mil euros) entre multas e indemnización. Todo por el contenido de un trabajo periodístico, titulado "Crear una crisis sanitaria en Cuba: objetivo de la guerra contra su cooperación médica" que, sencillamente recoge verdades como puños.




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03 junio, 2021

Juana Ruiz: La “justicia” militar de Israel aplaza el juicio de la cooperante española

 


PALESTINALIBRE.org – 21/06/2021


La abogada de Juana Ruiz alega que solo pudo reunirse con su cliente por primera vez 24 horas antes de la vista


Un tribunal militar israelí en Cisjordania ha aplazado este miércoles el juicio recién iniciado de la cooperante española Juana Ruiz Sánchez, de 62 años, hasta el 7 de julio. La decisión sobre el proceso de la trabajadora humanitaria, que fue detenida el 13 de abril, se acordó después de que su abogada, la letrada israelí Gabi Lasky, impugnara un procedimiento que le ha impedido visitar por primera vez a su cliente hasta la víspera del la vista, a pesar de que la Fiscalía militar formuló la acusación de financiación de terrorismo el pasado 6 de mayo.

Después de permanecer detenida sin cargos durante cerca de un mes y de ser acusada finalmente de pertenencia a una "organización ilegal" que desvió fondos de la cooperación internacional a un grupo palestino calificado como terrorista, Juana Ruiz había visto restringido su derecho a la defensa, según advirtió su abogada, especializada en la defensa de los denominados "casos de seguridad" en los territorios palestinos. La letrada Lasky tuvo acceso al sumario instruido por la justicia militar sobre la base de investigaciones e interrogatorios efectuados por el Shin Bet (servicio de inteligencia interno), pero hasta el último momento no había podido compartir su contenido con la cooperante española.

La primera vista ante el tribunal militar de Ofer (en Cisjordania, 20 kilómetros al norte de Jerusalén) se desarrolló con brevedad ante la petición presentada por la abogada, según precisaron fuentes diplomáticas informadas de la asistencia consular española en el juicio a la trabajadora humanitaria. Una fuente diplomática europea conocedora del caso lamentó que el forzado aplazamiento vaya a prolongar la duración del proceso y la permanencia en prisión de la ciudadana española, sobre todo después de que la "justicia" militar denegara en mayo una petición para que pudiera permanecer en libertad o bajo arresto domiciliario a la espera de juicio.

Juana Ruiz está internada actualmente en una cárcel del norte de Israel, donde ya no se encuentra sometida a régimen de aislamiento en una celda, situación que se prolongó cerca de un mes en un penal próximo a Tel Aviv, y puede relacionarse con otros reclusos. Su situación ha mejorado, aseguran las fuentes diplomáticas consultadas, después de haber podido recibir pertenencias personales enviadas por su familia por vía de la asistencia consular.

La abogada de la cooperante ha señalado que los cargos que pesan en su contra guardan relación con su trabajo desde hace décadas con la ONG palestina Comités de Trabajo para la Salud (CTS), que Israel ha calificado recientemente de "organización ilegal". Fuerzas militares irrumpieron en marzo en la sede central de esta asociación sanitaria en Ramala, donde practicaron detenciones y se incautaron de archivos y registros informáticos.

Afincada en Palestina desde 1984, Juana Ruiz coordina en el seno de CTS la cooperación de asociaciones y entidades españolas en materia de salud en Cisjordania y la franja de Gaza. Está casada con un farmacéutico palestino formado en España y vive en Beit Sahur, en la provincia de Belén, donde fue arrestada en la madrugada del 13 de abril por una veintena de soldados.

Interrogatorios del Shin Bet

Como residente en Cisjordania —territorio palestino ocupado por Israel desde 1967—, ha sido sometida a la jurisdicción militar, que permite la detención hasta 75 días sin necesidad de presentar cargos. Los investigadores del Shin Bet sostienen que la trabajadora humanitaria española —citada en la prensa hebrea como Juani Rashmawi, por su apellido de casada— participó en una red para "introducir ilegalmente fondos en los territorios palestinos" que fueron desviados hacia el Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP), grupo considerado terrorista por Israel y la Unión Europea, "mediante fraude, falsificación y engaño" a los donantes de países europeos.

Observadores jurídicos y diplomáticos que han seguido de cerca su caso sostienen que no se han respetado las garantías procesales mínimas, y que Israel incumplió la Convención de Viena sobre asistencia consular, ya que la detención de Juana Ruiz no fue comunicada desde el primer momento a las autoridades españolas.

En un comunicado difundido por la campaña de solidaridad con la cooperante, organizaciones españolas que trabajan en la cooperación con Palestina han denunciado que los cargos presentados contra Juana Ruiz son "inconcebibles". "La cooperación española es extremadamente garantista", sostienen, y está sometida a sucesivas auditorías de control de gestión y presupuestarias. La Oficina del Portavoz de las Fuerzas Armadas de Israel no ha contestado a la petición de EL PAÍS para conocer su versión sobre este caso.


Fuente: El País

12 marzo, 2021

El juicio a Milošević expuso la agresión de Estados Unidos y la OTAN contra Yugoslavia — John Catalinotto

 

Belgrado, Yugoslavia, marzo de 2019. Denuncia del bombardeo de niños yugoslavos 
por parte de la OTAN. Fuente: Milošević.co
"Nunca olvidaremos que matasteis a nuestros niños"


Workers World – 11/03/2021

Traducción del inglés: Arrezafe


Pocas personas en los Estados Unidos, incluso en los movimientos que se oponen a la agresión imperialista estadounidense, recuerdan que el 11 de marzo es el 15º aniversario de la muerte del presidente yugoslavo Slobodan Milošević, injustamente encarcelado en la prisión de Scheveningen en La Haya, Países Bajos.


El reiterado intento de demonizar a Milošević debería arrojar luz sobre este nuevo esfuerzo de la clase opresora destinado a debilitar y dividir toda resistencia a su dominio. El imperialismo ha practicado campañas de demonización similares contra Muammar Gaddhaffi de Libia, Fidel Castro de Cuba, Robert Mugabe de Zimbabwe y otros. Campañas que hoy se aplican contra Nicolás Maduro de Venezuela, Bashar al-Assad de Siria y demás líderes de los países que pretenden aplastar.


Los acontecimientos contemporáneos demuestran cuán importante es la lucha por la verdad: en Serbia, las fuerzas que colaboran con el imperialismo todavía tratan de demonizar al líder yugoslavo.


En el momento de su muerte en 2006, la defensa de Milošević estaba ganando frente a los cargos que las potencias aliadas de Estados Unidos y la OTAN presentaron contra él al amparo de un tribunal patrocinado por las Naciones Unidas: el Tribunal Penal Internacional sobre la ex Yugoslavia.


Las potencias de la OTAN utilizaron la ONU para establecer el TPIY [Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia] como un instrumento político para castigar a cualquiera que en los Balcanes se resistiera a la ocupación imperialista de la región. En mayo de 1999, en medio del bombardeo de Yugoslavia por parte de Estados Unidos y la OTAN, se presentaron cargos contra Milošević, acusación obviamente destinada a presionar, de paso, a los líderes yugoslavos para que se sometieran.


La OTAN libró una guerra de 10 años contra Yugoslavia


De 1990 a 1999, las potencias de la OTAN, con el imperialismo alemán y estadounidense a la cabeza, dieron todos los pasos encaminados a debilitar y destruir Yugoslavia.


Desde el principio, el gobierno de Alemania Occidental en Berlín, que acababa de anexarse la República Democrática Alemana socialista, ayudó a las fuerzas separatistas reaccionarias en cada república de la federación socialista de Yugoslavia. Esto dio lugar a guerras en Croacia y Bosnia-Herzegovina, junto con la separación de Eslovenia y Macedonia del resto de Yugoslavia.


Dado que Alemania tenía estrecha relación con los reaccionarios croatas y bosnios, y los mayores intereses económicos de la región, esta iniciativa situó al imperialismo alemán a la cabeza como potencia más influyente en los Balcanes.


Queriendo recuperar la hegemonía sobre Berlín y las demás potencias de la OTAN, Washington empujo el conflicto hacia una guerra abierta, en la cual el Pentágono y su poder militar ocuparían un lugar preeminente. Como pretexto, Estados Unidos utilizó un combate provocado el 15 de enero de 1999 por el llamado Ejército de Liberación de Kosovo, en la ciudad de Račak, en la provincia de Kosovo de Serbia. Alegando una masacre, la administración de Bill Clinton hizo hincapié en la necesidad de una "intervención humanitaria".


Las potencias de Estados Unidos y la OTAN lograron así, con armas y dinero, dividir la República Federal Socialista de Yugoslavia en media docena de débiles miniestados, derrocando al último gobierno independiente de Europa del Este, consiguiendo incluso confundir a muchos progresistas de occidentales mediante una ofensiva de mentiras bien planificada y ejecutada que culpaba a Serbia y al propio Milošević de todos los problemas de los Balcanes.


Su ofensiva propagandística encubrió la interferencia, la subversión y las tácticas de "división y conquista" practicadas por el imperialismo alemán y estadounidense, en connivencia con agrupaciones neofascistas en las repúblicas de Croacia y Bosnia y en la provincia de Kosovo de Serbia.


La acusación fracasa


El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia fracasó estrepitosamente cuando intentó demostrar al mundo que Slobodan Milošević era culpable de cualquiera de los crímenes cometidos contra la población de los Balcanes en la década de 1990.


Milošević presentó miles de páginas de texto para responder a las 500.000 páginas de supuestas pruebas en su contra. Al no poder probar su acusación, el intento del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia habría terminado en una derrota para los imperialistas si Milošević no hubiera muerto.


10 marzo, 2021

Un juicio — Ruymán Rodríguez

 



PORTAL LIBERTARIO OACA - 05/03/2021


En unas semanas seré enjuiciado y también, indudablemente, condenado. Se me acusa de un delito de «atentado a la autoridad» (poético, para un anarquista) y se me pide un mínimo de 1 año y 6 meses de prisión y 770 pavos de multa. Todo esto por supuestamente haber dado en 2015 una patada a un guardia civil en el cuartelillo donde se me retenía y torturaba con la finalidad de intimidarme y desestabilizar el proyecto autogestionario de vivienda de la Comunidad «La Esperanza», ubicada en el municipio grancanario de Guía.


No gastaré el tiempo en clamar por mi inocencia ni chorradas similares, y menos aun cuando hay compañeras y compañeros que en estos momentos, mientras escribo, ya están en la cárcel. Además, sería inútil. Que seré condenado es tan seguro como que mañana saldrá el sol. Se intentará con ello (si quiero evitar, según parece, que se ejecute la sentencia) tenerme «tranquilo» y sin alborotar durante algunos años y, si es posible, escarmentar en mi espalda a un anarquismo canario y a un movimiento insular por el derecho a la vivienda que lleva demasiado tiempo incordiando por encima de sus posibilidades.


Y luego dicen que los anarquistas somos ingenuos… Si piensan que la convicción de los militantes y la necesidad de los desahuciados pueden sofocarse con leyes, juicios y condenas es que no han comprendido nada. Hasta los propios fundadores del Derecho Romano lo asumían: necessitas caret lege («la necesidad carece de ley»). Ningún papel ni barrote han podido aplastar nunca el instinto de supervivencia y la urgencia de conseguir comida, techo y abrigo. Mi condena tampoco lo logrará.


Dicho esto, me gustaría usar este episodio como pretexto para compartir algunas reflexiones sobre el entramado judicial y sus mecanismos.


Lo primero es el propio acto del juicio. Entrar por primera vez en una sala donde se te va a procesar es como tomar parte en una suerte de ritual sobrecogedor. La liturgia recargada, el lenguaje arcaico, la atmósfera deshumanizada, las vestimentas ridículas, todo lo necesario para fabricar un ambiente solemne que apabulle a la víctima y la haga presa de la angustia y la culpabilidad. La sensación es como la de acercarse a un altar de sacrificios donde un sumo sacerdote puede decidir, a su antojo, tu destino. Aunque todo ello esté adornado con la parafernalia burocrática de la era moderna, el evento es tremendamente similar al que podría celebrar un chamán consultando a los espíritus sobre la culpabilidad del infractor o un inquisidor exigiéndole que confiese la verdad ante Dios: gente con disfraces absurdos asume un rol de autoridad suprema y decide sobre el destino ajeno en base a una fórmula, escrita o no, que para el enjuiciado adquiere cierto carácter sobrenatural.


La experiencia o la formación política pueden ir resquebrajando el aspecto mágico del chiringuito. Ver a los protagonistas momentos después del juicio con las togas en la mano, riéndose de lo sucedido en la sala, hablando de fútbol mientras mean en los baños del juzgado o apurándose un carajillo mientras fuman en una terraza cercana, le quita un poco de rigor al asunto. Igual que pasa con las detenciones en comisaría, con el tiempo llegas a comprender que todo es un teatrillo, una farsa enorme, patética, cómica y a la vez dramática. Gente adulta, orgullosa de símbolos y uniformes, amparada en un rango, convencidos más o menos del papel que interpretan y que han convertido una ópera bufa, un trágico carnaval, en un oficio respetable del que sus hijos pueden presumir en el colegio. Si no tuvieran el poder de destrozar la vida de otros, serían dignos de lástima.


Pero todo este circo se fundamenta sobre el texto sagrado de la sociedad civil desde el Código de Hammurabi: la ley.


Si las sociedades necesitan o no un código escrito para regularse puede ser tema de debate. Que ese código sea elegido por una minoría en base a sus intereses, impuesto a la mayoría y de obligado cumplimiento a través de la compulsión o la violencia, me parece algo mucho menos debatible. Siempre que los anarquistas planteamos la ridiculez que supone que un código verticalmente impuesto rija nuestras vidas se nos pregunta que haríamos con los crímenes, la violencia, etcétera (si nos dieran un céntimo cada vez que nos interrogan sobre esta cuestión tendríamos un PIB muy superior al de cualquier Estado). La realidad es que los códigos penales llevan existiendo siglos y nunca han conseguido mitigar o suprimir la violencia humana; con suerte la han refinado.


El Código Penal español, como todos los códigos punitivos del resto del mundo, sólo se fundamenta en la defensa de dos principios elementales: proteger la propiedad privada (todos los artículos sobre robo, allanamiento, usurpación, etc., derivan de ahí[1]) y garantizar que sea el Estado, y no ningún particular, el detentador único del monopolio de la violencia (usando la expresión de Max Weber). El Estado no tiene ningún interés en suprimir la violencia; sólo pretende controlarla y asegurarse de que nadie le disputa el privilegio de su aplicación. Ese, por encima de cuestiones morales, es el fundamento del que emanan todos los artículos que penalizan el uso de la violencia entre terceros.


Aun cuando esto se admita, se nos seguirá insistiendo sobre cuál es la alternativa anarquista a leyes, cárceles, policías y judicatura. Muchas compañeras y compañeros, antes y mejor que yo, nos han legado elaboradas respuestas al respecto[2]. Yo, con menos tiempo y luces, sólo puedo decir que no conozco la solución perfecta y definitiva, porque quizás no la haya. Sólo sé que el Estado español tiene casi la mayor población penitenciaria de la UE con una de las ratios más bajas de criminalidad[3]. Sólo sé que los delitos relacionados con la violación de la propiedad privada perderían su razón de ser si tuviéramos una sociedad donde la riqueza fuera compartida por todos y no estuviera retenida en manos de un porcentaje mínimo de la población. Sólo sé que gran parte de los presos y presas de las cárceles españolas están recluidos por delitos morales que quizás mañana no lo sean, como por ejemplo los vinculados con las drogas (tal y como en su día dejó de ser punible el adulterio). Sólo sé que fenómenos humanos naturales como la migración son considerados ilegales y que encerrar con ese pretexto a miles de personas en condiciones infrahumanas, como ocurre ahora mismo en Canarias, parece ser algo perfectamente legal. Sólo sé que en el Estado español es delito blasfemar contra Dios, ultrajar a la bandera, al rey o a las comunidades autónomas, hacer comentarios de mal gusto sobre terrorismo (quedan excluidos, por supuesto, el terrorismo de extrema-derecha o el de Estado) y que hay gente procesada o encarcelada por chistes, canciones, obras de teatro, performances o por quemar símbolos. Sólo sé que los cuerpos policiales profesionales existen desde hace siglos y sólo han servido para mantener los privilegios de la clase dirigente, salvaguardar la desigualdad, perseguir la pobreza, reprimir la disidencia política e imponer una violencia vertical muy superior a cualquier violencia horizontal. Sólo sé que las cárceles evidencian un grave estado de inmadurez social, donde el Estado, convertido en padre ignorante y cruel, soluciona los problemas de su hijo, el individuo disruptivo, encerrándolo en un cuarto oscuro hasta que aprenda la lección. Sólo sé que después de milenios con todo tipo de condenas, de cadenas perpetuas o penas de muerte, la violencia no se ha reducido un ápice. Sólo sé que quizás nunca haya una cura para la violencia humana, pero que tal vez no estaría mal analizar qué porcentaje de actos atroces son un reflejo de la sociedad donde se producen; probar con otros modelos de sociedad y aprendizaje donde a lo mejor no se nos inculque a los hombres que violentar a las mujeres forma parte de nuestra naturaleza y de nuestros privilegios; experimentar, quizás, con otras fórmulas de resolución de conflictos que no pasen por sumar más violencia a la violencia o por enterrar los problemas, también cuando esos problemas son seres humanos, bajo la alfombra.


Como humanos sufrimos una disociación cognitiva que nos desgarra por dentro. Se nos ha injertado dos morales: una superficial (la que públicamente define lo que es bueno o malo) y otra profunda (la que íntimamente define lo que es bueno o malo), las mismas que nos permiten repetir que «matar es malo» mientras somos capaces de racionalizar como aceptable que un soldado o policía pueda disparar a alguien. Nos han educado para interiorizar la violencia individual como un fenómeno desconectado de la violencia social, económica y gubernamental. Nos han adoctrinado para que las guerras, el heteropatriarcado, los desahucios, los despidos, la explotación laboral, el racismo institucional, las torturas y cargas policiales, nos parezcan violencias de una naturaleza más aceptable, lógica, racional, que la violencia espontánea de los individuos. Nos han enseñado que hay leyes de sangre –como las que atañen a la propiedad y a la obediencia– de obligado cumplimiento, y leyes de papel –como las que hablan de la responsabilidad social de los Estados– que pueden ignorarse sin consecuencias. Nos han acostumbrado a que las empresas, instituciones y partidos puedan romper sus propias leyes, como pájaros que atraviesan una telaraña, mientras nosotros, simples moscas, quedamos enredados en los delitos más ridículos, tal y como decía el viejo Calicles.


A pesar de esta cierta y dura conclusión, el mundo real, sensitivo, lejos de artificios y medidas de control mental, se puede abrir paso aunque te arrojen al más infecto agujero. Lo único que necesitamos es aprender a reducir el mundo oficial a su justa dimensión, poderoso en lo relativo a la fuerza bruta, pero impostado, ficticio y penoso en su expresión más pura. Todo se limita a que un grupo de gente, creyentes en el principio de autoridad que establece que unas personas son superiores a otras, se disfraza de jueces y policías para obligarnos a hacer lo que otro grupo de gente, que se disfraza de políticos, escribe periódicamente en un libro que dictamina qué es delito y qué no, y todo ello para salvaguardar el patrimonio de otro reducido grupo de gente que lleva siglos disfrazándose de propietarios, acaparando lo que es de todos y dictando lo que hace el resto de gente disfrazada. No te puedes tomar en serio algo así, aunque desgraciadamente por esa broma pesada la gente pierda su libertad, su salud, física y mental, años de vida o incluso la vida misma.


Pero por mucho daño que nos hagan no podrán borrar nunca una evidencia cruda: sus leyes, incluso las de sangre, están escritas en papel y hay que tener la certeza de que algún día, más tarde o más temprano, lloverá.


Desde aquí, y a modo de conclusión, sólo quiero ofrecer mi agradecimiento a todas las compañeras y compañeros y a todos los colectivos que de una u otra forma se han solidarizado con mi situación personal. Nunca podré agradecerles lo suficiente. Ustedes han hecho posible que pudiera seguir activo en un frente de lucha tan desgraciada pero necesariamente público y visible como el que afrontan la Federación Anarquista de Gran Canaria y el Sindicato de Inquilinas de Gran Canaria. También a mis compañeras y compañeros de ambas organizaciones, a mis compis de fatiga diaria, por estar ahí cuando lo más fácil era no estar, por ayudarme a recoger los pedazos. Gracias a todos.


Sólo recuerden que si estos cabrones nos prohíben respirar sólo obtendrán una cosa: una desobediencia, como mínimo, de doce veces por minuto. Respiren fuerte, mis compas.

Ruymán Rodríguez

Norte de África, a finales del año 1 de la distopía pandémica

Fuente: https://anarquistasgc.noblogs.org/



Notas:

1 Incluso los delitos contra la salud pública y todos los relacionados con el tráfico de drogas no tienen otro pilar que la defensa de la propiedad privada: la ilegalización del alcohol entre 1920-1933 en EE. UU (la llamada «Ley Seca») provocó el auge del crimen organizado haciendo que un producto como el alcohol alcanzara un precio desorbitado y arrojara, por tanto, unos beneficios descomunales para los contrabandistas. Hoy, es evidente, la legalización de las drogas abarataría su precio y haría que el narcotráfico a gran escala perdiera enormes dividendos. Mientras las drogas sean ilegales su precio no bajará y el margen de beneficios de los grandes traficantes, que también tienen derecho a que se proteja su propiedad privada, se mantendrá.

2 El listado de obras convertiría esta humilde reflexión en una bibliografía académica. Baste para los interesados con el clásico de Piotr Kropotkin Las prisiones (1887).

3 Violeta Aguado, «España tiene menos delitos que la media europea pero más personas encarceladas» (elDiario.es), 21 de abril de 2016.

30 septiembre, 2020

¿Quién está detrás de la jueza que ‎procesa a Assange?‎ — Manlio Dinucci

 




RED VOLTAIRE - ROMA (ITALIA) – 17/09/2020


Emma Arbuthnot es la juez principal que instruye, en Londres, el proceso de extradición de Julian Assange a Estados Unidos, donde podría ser condenado a 175 años de cárcel por ‎‎“espionaje”, o sea por haber publicado, como periodista de investigación, pruebas de los ‎crímenes de guerra estadounidenses, como los conocidos videos sobre las masacres perpetradas ‎contra civiles en Irak y Afganistán. Durante ese proceso, en manos de la jueza Vanessa Baraitser, ‎todos los pedidos de la defensa han sido rechazados. ‎


En 2018, luego de que Suecia abandonara la acusación de violencia sexual, la jueza Arbuthnot ‎se negó a anular la orden de arresto, evitando así que Assange pudiera obtener asilo en Ecuador. ‎Esta misma jueza rechazó las conclusiones del Grupo de Trabajo de la ONU sobre la detención ‎arbitraria de Assange. Tampoco quiso escuchar las conclusiones del responsable de la ONU contra ‎la tortura, quien señaló que «Assange, detenido en condiciones extremas de aislamiento ‎no justificadas, presenta síntomas típicos de una exposición prolongada a la tortura sicológica». ‎


En 2020, mientras miles de detenidos pasaban a estar bajo detención domiciliaria, como medida ‎contra el coronavirus, Assange ha sido mantenido en prisión y se ha visto expuesto al contagio en ‎condiciones de debilitamiento físico. En el tribunal, Assange no puede consultar a sus abogados, ‎se le mantiene aislado en una jaula de cristal blindado y se le amenaza de expulsión si osa abrir la ‎boca. ¿Qué hay detrás de tanto ensañamiento? ‎


La jueza Arbuthnot ostenta el título de «Lady» por ser la esposa de Lord James Arbuthnot, conocido ‎‎“halcón” del Partido Conservador y ex ministro de Defensa, notoriamente vinculado con el ‎complejo militaro-industrial y los servicios secretos británicos. Lord Arbuthnot es, además, ‎presidente del comité de consulta británico del Grupo Thales –transnacional francesa ‎especializada en sistemas militares aeroespaciales– y miembro del comité de consulta de la firma ‎Montrose Associates, que se especializa en inteligencia estratégica, dos cargos generosamente ‎retribuidos. Lord Arbuthnot es igualmente miembro de la Henry Jackson Society (HJS), influyente ‎‎think tank transatlántico vinculado al gobierno y a la inteligencia estadounidenses. ‎


En julio pasado, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, participó en una ‎mesa redonda organizada en Londres por la Henry Jackson Society. Desde su época de director ‎de la CIA, Pompeo ha venido acusando a WikiLeaks –el sitio web fundado por Assange– de ser «un servicio ‎de espionaje del enemigo». Esta campaña de Pompeo coincide con la de la Henry Jackson ‎Society, que acusa a Assange de «sembrar dudas sobre la posición moral de los gobiernos ‎democráticos occidentales, con apoyo de regímenes autocráticos». ‎


En el consejo político de la Henry Jackson Society, junto a Lord Arbuthnot, estaba hasta ‎hace poco Priti Patel, la actual ministro del Interior del Reino Unido, precisamente la persona que ‎tendrá que firmar o no la orden de extradición contra Julian Assange. A ese grupo de presión, que ‎viene haciendo campaña por la extradición de Assange –bajo la batuta de Lord Arbuthnot y de ‎otros personajes influyentes– está estrechamente ligada la jueza Arbuthnot, nombrada por la reina ‎como magistrado en jefe en septiembre de 2016, cuando WikiLeaks ya había publicado –‎en marzo– los documentos más comprometedores para Estados Unidos. ‎


Por cierto, entre esos documentos están los correos electrónicos de la entonces secretaria ‎de Estado estadounidense, Hillary Clinton, que revelan el verdadero objetivo de la guerra de ‎la OTAN contra Libia: impedir que el gobierno encabezado por Muammar el-Kadhafi utilizara sus ‎reservas en oro para crear una moneda panafricana como alternativa al dólar estadounidense y la ‎franco CFA –la moneda que Francia impuso a 14 ex colonias africanas. ‎


El verdadero “delito” cometido por Julian Assange es el de haber abierto una brecha en el muro de ‎silencio político-mediático tras el cual se esconden los verdaderos intereses de poderosas élites ‎que, desde la sombra protectora que el Estado Profundo les garantiza, recurren repetidamente a ‎la carta de la guerra. ‎


Ese es el poder oculto que acusa a Assange y lo somete a juicio, como cuando se exponía a los ‎supuestos herejes a los caprichos y la furia de la Santa Inquisición. Si se decide su extradición a ‎Estados Unidos, Assange será sometido a «medidas administrativas especiales» mucho ‎más duras que las que ya sufre en Reino Unido. Será encerrado en una pequeña celda ‎bajo condiciones de aislamiento, no podrá tener contacto con su familia –ni siquiera a través ‎de sus abogados, quienes también serían incriminados si se atreviesen a entregarle algún ‎mensaje. En otra palabras, entregarlo a Estados Unidos sería condenarlo a muerte. ‎


02 febrero, 2018

Pablo Hasel: "A ver si, encima, voy a ser yo el culpable de que el Rey dilapide dinero público yéndose de caza por África. O de que se compre el silencio de sus amantes con dinero público".



“A ver si encima voy a ser yo el culpable de que el Rey dilapide dinero público yéndose de caza por África.  O de que se compre el silencio de sus amantes con dinero público. Yo no soy el culpable de eso, yo me limito a contarlo, como han hecho tantísimos medios. Si hay que pedir prisión para cada medio que haya contado esto, no habría suficientes cárceles”.
 "Volvemos a lo mismo. ¿Yo soy el culpable de que la policía asesine? Yo me limito, como tantísimos medios, a relatar unos hechos objetivos, independientemente de la ideología que uno tenga".  Pablo Hasel a la Fiscalía.


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29 noviembre, 2014

El juicio contra Alfon evidencia la persecución policial

25/11/201 La esperada vista en el tribunal ha dejado en evidencia la fragilidad de las estrategias criminalizadoras contra el joven que acudió a la huelga general del 14-N.



Tras el surrealista aplazamiento el pasado 18 de noviembre por incomparecencia de los policías que le acusaban –estaban “de vacaciones”–, el esperado juicio contra Alfonso Fernández Ortega, Alfon, por asistir a la huelga general del 14N (portando explosivos según la policía), finalmente ha tenido lugar esta mañana. Y ha dejado en evidencia lo endeble de las estrategias criminalizadoras contra la protesta que la Policía y este Gobierno pretenden convertir en norma con la venidera Ley Mordaza.

Al igual que en la cita aplazada, se nos convocó a las 10 de la mañana en la Audiencia Provincial de Madrid. Pero a diferencia de la malograda primera fecha, en esta ocasión se evitó el desfile de activistas, políticos y caras conocidas entre el público, pasando el juicio a la diminuta sala 3 que sólo permite 19 invitados. Por suerte se me permitió acceder como prensa, “como ciudadano e informador tienes el derecho”, me espetó un entrajado bedel.

Mientras los medios hacíamos cola para acreditarnos, los policías y bedeles plantearon una interesante discusión sobre la importancia de dejar pasar primero a Telemadrid. En efecto, las cámaras de la polémica cadena, acusada de manipulación a favor del PP, fue custodiada por un grupo de serviles bedeles y policías delante de nuestros atónitos ojos. Por suerte nosotros también pudimos acceder a la sala y, tras ser obligado a borrar una foto que saqué en el pasillo e instruido sobre el complejo procedimiento mediático (“Sólo video mudo, nada de fotos”), empezó el juicio, con la presencia de 19 invitados y muchos medios (algunos de los cuales, como los dos sentados a mi lado, sólo cubrieron a los testigos de la acusación y se fueron cuando llegó la defensa).

Se volvió a cuestionar la aparición de pruebas de última hora. Al igual que en el juicio aplazado, unos informes periciales sobre la presencia de gasolina en las botellas incautadas, que nadie parecía haber pedido, se formalizaron 2 años después de los hechos, ahora aparecía una nueva prueba en el mismo día del juicio que la defensa no había podido conocer hasta el propio juicio. El fiscal destapa su principal argumento, repetido una y otra vez, para acusar: “No se puede dudar de la imparcialidad de la Policía”. La jueza, reconocida por todos como muy “garantista”, decide aceptarla y da paso al interrogatorio de Alfon por parte del fiscal. El procurador se lanza a su juicio ideológico, porque no puede ser tachado de ninguna otra cosa, con fruición.

El fiscal centra su interrogatorio en la pertenencia de Alfon a distintos grupos antifascistas, como clara evidencia de su peligrosidad y violencia. 

Sin preámbulos, centra su interrogatorio en la pertenencia de Alfon a distintos grupos antifascistas como clara evidencia de su peligrosidad y violencia. “¿Usted es miembro de Bukaneros?”, le espeta agresivo. “Sí”, contesta tranquilo Alfon. “¿Entonces por qué dijo no serlo en las dependencias policiales cuando le arrestaron?”, contrataca virulento el fiscal. Alfon explica que la presión y amenazas que sufrió le hicieron temer declarar algo que perjudicase a sus compañeros. El fiscal mantiene la presión para adentramos en la parte más delirante del juicio: “¿Pertenece usted a las Brigadas Antifascistas o BAF?”. “No”, contesta extrañado Alfon. “¿Entonces por qué tiene una camiseta de las BAF?, ¿suele usted llevar camisetas de organizaciones con las que no se identifica?”, replica triunfal el procurador.

La sala se pierde en un aturdimiento general, rememorando las miles de camisetas con lemas en inglés compradas sin saber ni lo que quieren decir. “No comprendo”, interpone Alfon. “¿Por qué salía en una foto encontrada en su ordenador con una camiseta de las BAF? ¿Por qué tiene una camiseta así?”, proclama arrebatado el fiscal como quien ha encontrado las armas de destrucción masiva en Irak. “Porque me gusta”, contesta Alfon. Erlantz, el abogado de Alfon, zanjaría la cuestión de la camiseta preguntando a Alfon: “¿Tuvo que presentar su DNI o firmar alguna solicitud para comprar esas camisetas, ratificar su adhesión al grupo?”. A lo que Alfon contestó, lógicamente, que no. Que de hecho se la habían regalado.

Esta línea de criminalización ideológica todavía habría de durar un rato. “Ha escrito usted en la página de Facebook de Soldados ADRV?”, inquiere el fiscal. “Sí”, reitera Alfon. Tras plantear la peligrosa radicalidad antifascista de los seguidores de la Asociación del Rayo Vallecano, el agente del ministerio público acaba por asestar la que cree su estocada mortal: “¿Reconoce haber escrito en una conversación en Whatsapp con el grupo ADRV: ‘Hay que acudir a la huelga combativa. No hay que ir de legales ni cívicos. Eso les joderá más a CCOO y UGT’?”. “Supongo, no lo recuerdo exactamente”, ofrece tranquilo Alfon. “O sea que usted aboga por saltarse la ley”, interrumpe excitado el procurador. “Yo lo que quiero decir es que la huelga es una herramienta para defendernos de la opresión y hay que utilizarla en toda su extensión”.

El fiscal no parece contento con la coherencia de Alfon y pierde un buen rato en intentar hacerle afirmar que el buscaba la violencia en la huelga. Alfon no cede y explica una y otra vez su disconformidad con cierta connivencia de los sindicatos CCOO y UGT con la patronal. Entonces saltamos a la tercera pata magistral de la acusación: “Daria, exnovia de Alfon detenida ese día junto a él, llevaba el número de teléfono de su abogado escrito en el antebrazo. Aunque se explica que fue Elena Ortega, madre de Alfon, la empeñada en cumplir una tradición de los movimientos sociales con la que todos los manifestantes estamos tristemente familiarizados (Legalsol siempre publica en las redes los nombres y números de los abogados por si detienen a manifestantes; costumbre cada vez más habitual). Pero el fiscal cree ver en esta rutina una prueba del demoníaco adiestramiento violento de Alfon y Daira. “Nadie lleva el número de su abogado tatuado o escrito en la piel”, reiterará varias veces a lo largo del juicio y en su alegato final intentando imponer su moral burguesa y madura a rutinas juveniles y ciudadanas que parece desconocer.

Para terminar su ronda criminalizadora ideológica —ningún tiempo dedicado a demostrar si llevaba o no explosivos y todo a plantear sus ligazones ideológicas con la izquierda “radical”—, el fiscal le espeta a un desconcertado Alfon: “¿Sabe usted que se publicaron unas fotos con coches policiales ardiendo y el lema de las BAF para pedir su liberación?, ¿No cree que esas fotos acreditan su pertenencia a las BAF?”. “Pues pregúnteselo a quien las publicase, yo no sé nada de esas fotos, como de tantas otras”, concluye Alfon extrañado. Es Erlantz Ibarrondo el que a continuación interroga a Alfon, subrayando la persecución a la que el joven ha venido siendo sometido desde hace años por el mero hecho de ser Bukanero y su concienciación social (no se menciona en el juicio, pero la amistad de Alfon con el joven antifascista Carlos Palomino, vilmente asesinado en el metro por un grupo de fascistas, es determinante en su compromiso social, como contó en un acto en el Teatro del Barrio).

En este tramo Alfon cuenta cómo le han perseguido coches patrulla insultándole y riéndose de él por la calle o cómo en una ocasión pararon a su entonces novia para aconsejarle que le abandonase porque era muy peligroso. Luego, su madre Elena, contaría cómo en una ocasión que bajó a comprar tabaco la detuvo un grupo de policías para decirle que su hijo se relacionaba con gente muy peligrosa y que iba acabar mal. Esto el fiscal lo describió como un “generoso interés de la policía en el bienestar de su hijo que ella intenta convertir en agobio porque los policías se preocupan por su hijo”. Entramos entonces en la sección desfile de policías. En todos los formatos: ante nosotros, ocultos con un aparatoso sistema de biombos e, incluso, por videoconferencia desde la policía científica.

Destacaría que uno de los agentes acusadores (todos aseguran haber visto a Alfon llevando la bolsa con los explosivos, aunque no hay huellas digitales del joven en la bolsa… ¿telequinesia?) portaba una llamativa camiseta de un equipo de rugby de Sudáfrica con el lema “Johannesburgo DP HK” y el dorsal “22”. No creo que fuese seguidor del equipo ni jugador en el mismo. Todos nos hablan de los grupos de ideología radical que son los antifascistas (curioso que ahora sean los que combaten a los fascistas y neonazis los peligrosos). Las preguntas del fiscal se centran entonces en demostrar el seguimiento de estos grupos de Alfon en sus desplazamientos con los Bukaneros y en definir "la peligrosidad de los BAF y otros grupos de fútbol o antifascistas".

Las preguntas de Erlantz se centran en denunciar, escandalizado, el seguimiento (persecución sería el término adecuado) personalizado que se hace de Alfon entre 2009 y 2011. En un informe de 30 páginas se detalla cada viaje que hace. “Leo que hace un viaje a Zaragoza en compañía de 100 personas. Como este registro hay cientos más. ¿Se registran cuando hay incidencias?”, pregunta Erlantz indignado. “Sí”, responde un agente tras otro (ocultos tras el biombo). “¿Y si en este viaje y otros no hubo incidencia alguna por qué se ha guardado registro? El único nexo es que está Alfonso”, añade Erlantz educadamente. A continuación plantea la cuestión central: “¿Qué habilitación legal le permite seguir a un ciudadano durante dos años si no ha participado en ningún incidente?”.

Los agentes no han sabido explicar el procedimiento alegal que han seguido con Alfon.

Uno tras otro, los agentes responden que no saben, que eso se lo debería preguntar al Secretario del Estado, que él sabrá por qué pueden recoger esa información sobre un particular sin incidentes. Ante la insistencia de Erlantz de que es un seguimiento muy exhaustivo y que de dónde ha salido esta información, la última agente, mujer, con un tono desafiante contesta que no lo sabe pero que se podrá hacer si se hace. “¿A pesar de que es usted quien ha validado estos informes?”, le aclara Erlantz. Ella no puede explicar el procedimiento alegal que han seguido.

Conclusión: la Policía no tiene control legal de los seguimientos/acosos que hace de ciudadanos. También destaca Erlantz la falsedad de la afirmación de Policía y fiscal de que en un día tan significativo como la huelga general no se hizo un seguimiento especial ni dispositivo para vigilar a Alfon y otros activistas. “Todo fue casual”, afirman fiscal y agentes una y otra vez a pesar de contarnos el impresionante seguimiento de 2009 a 2011 que registran de Alfon. Pero la actuación más desmedida del fiscal llegará con el interrogatorio a Daira, exnovia de Alfon detenida ese día.

El tono agresivo e impertinente del fiscal llega a tales extremos que la jueza tiene que llamarle la atención en dos ocasiones. En una ocasión, tras interrumpirla repetidamente, acaba por espetarle con extremo cinismo “A ver si esta vez me quiere contestar a la pregunta”, ante lo cual la jueza se ve obligada a recordarle: “Por imperativo legal tiene que contestar, así que no es necesario que utilice ese tono; y en cualquier caso ya le ha contestado”. Era el intento del fiscal de que Daria dijese lo contrario de lo que quería decir: que no sabía qué había en la bolsa, que no lo vio ni se lo mostraron los agentes. Al volver por décima vez a preguntar si no vio la bolsa se desata una hilaridad contenida en la sala que obliga a la jueza a declarar que “no voy a permitir burlas y mucho menos risitas”.

La segunda llamada de atención al fiscal llegó cuando este interrumpía sin cesar a Daria espetándole que no estaba contestando. “No me parece oportuno ese tono”, le recriminó la jueza. “Y si no contesta es porque no le deja”, añadió impaciente.

Y por fin llegan los alegatos finales. El del fiscal es un ejercicio de encaje que intenta tejer conjeturas y suposiciones a descalificaciones ideológicas que pintan a los antifascistas como peligrosos criminales que nada tienen que ver con la ofensiva fascista y neonazi (en muchos casos miembros de la policía) que machaca el cinturón rojo de Madrid desde hace años. El ejercicio máximo de cinismo llega cuando el fiscal se lanza a apropiarse de la huelga general que él y sus agentes han estado criminalizando durante todo el juicio como “la fiesta de la democracia”. “A diferencia de usted que cree que hay que saltarse la ley y acudir a la violencia”, le espeta a Alfon (del que debo decir que a pesar de estar aparentemente muy tranquilo durante todo el juicio me estranguló el corazón al ver en varios momentos cómo le temblaban las manos).

Pero el prodigio aún estaba por llegar. El alegato de Erlantz Ibarrondo se convirtió en una demoledora datación de las mil incoherencias e irregularidades que han plagado este proceso. Empezando con un recuerdo a la fórmula que debe presidir todo proceso legal: in dubio pro reo, el principio jurídico de que en caso de duda, por ejemplo, por insuficiencia probatoria, se favorecerá al imputado o acusado (reo). Es uno de los pilares del Derecho penal moderno donde el fiscal o agente estatal equivalente debe probar la culpa del acusado y no este último su inocencia. Podría traducirse como "ante la duda, a favor del reo".

A continuación pasó a detallar la más flagrante vulneración en este proceso: la cadena de custodia. Uno tras otro, documenta escandalosos casos en los que las pruebas desaparecen o reaparecen años más tarde sin explicar dónde han estado todo ese tiempo y quién las ha custodiado. O cómo se dice en un informe que están en una comisaría y en otro dos años más tarde aparecen en la Unidad Central de Explosivos sin figurar quién, cómo ni cuándo las ha trasladado. O cómo el contenido de esas botellas aparece de repente en unos viales sin documento que acredite quién las ha volcado en los viales y cómo. Cero cadena de custodia. Cualquiera puede haber intervenido o cambiado las pruebas. Contradicción tras contradicción, el alegato de Erlantz es demoledor.

Acabando con una denuncia necesaria: “Algo tiene que haber fallado en esta ‘fiesta de la democracia’ para que un joven haya estado 3 meses en prisión sin haberse probado que lo que contenían las botellas era gasolina, esa prueba llegó hace un mes, y sin huellas digitales. No tan fiesta de la democracia”. Brillante, emocionante y rigurosísimo. Gracias Erlantz por hacernos sentir orgullo y devolvernos la fe en la legalidad. Ahora sólo falta que la señora jueza reconozca lo incontestable de los datos objetivos, no las especulaciones.