FAI
– 21/04/2022
Acabada la II Guerra
Mundial y tras el descubrimiento de las horribles torturas y matanzas
infligidas por los nazis a judíos, gitanos, socialistas, comunistas,
anarquistas, homosexuales y todos los grupos que aquéllos
consideraban infra-humanos, una pregunta ha sobrevolado las
conciencias de millones de personas en el mundo: ¿Cómo fue posible
aquel horror?
Hoy la respuesta se
despliega clara ante nuestros ojos –para quienes puedan y quieran
abrirlos. Con motivo de la escalada bélica en Ucrania por la
intervención directa de Rusia, vemos cómo los gobiernos de la Unión
Europea, servidores de Washington y miembros de su organización
criminal, la OTAN, están convirtiendo al pueblo ruso –no sólo a
su gobierno– en el nuevo judío, contra el cual se están
orquestando pogromos(1) histéricos e inauditos.
Los medios a través de
los cuales hacen prender en el público el sentimiento rusófobo no
difieren en lo esencial de las técnicas de que se sirvió Joseph
Goebbles, ministro de propaganda de Hitler, para inocular el
antisemitismo y el anticomunismo en el cuerpo civil de Alemania.
Ciertamente, estamos
asistiendo a la difusión constante –por prensa, radio, TV e
Internet– del primero de los principios del famoso decálogo del
propagandista nazi: la simplificación del relato y la creación de
un "enemigo único" –Vladimir Putin–, al que en este caso se
añade un "héroe" que lo enfrenta, Volodymr Zelensky. Si las
armas bélicas tienen como objetivo vencer, las "informativas" lo
tienen de convencer.
Para que este relato
simple de héroes y villanos surta el efecto deseado, la Europa que
presume de libertades censura todas las fuentes de información
–vinculadas o no a Rusia–, de modo que el público no pueda
conocer otra versión de los hechos distinta o complementaria de la
que se dicta desde Washington y Londres, a través del gobierno de
Ucrania.
Amordazado el "enemigo",
al que se acusa de difundir "propaganda", opera a pleno
rendimiento la
que emiten los medios occidentales. Decir "medios de
comunicación" es ya más que un eufemismo. Como se sabe, hace
tiempo que las guerras no solo se dirimen en el campo de batalla,
sino también en la esfera mediática, ya sea la privada –propiedad
de corporaciones– o la pública –pagada con nuestros impuestos–,
pero siempre al servicio del mismo amo.
Así que, más que de
comunicación, es mucho más acertado hablar de medios de
manipulación de masas, porque ya contamos con pruebas suficientes
que lo avalan.
Sean medios públicos o
privados, el resultado es el mismo: parcialidad, manipulación de
imágenes y subtítulos, ocultación de información fundamental,
tergiversación intencionada de los hechos; todo ello aderezado con
la demonización del “enemigo” ("tirano", "loco", "dictador"…). Y entre medias, muchas mentiras que, como dijo
Geobbles, repetidas hasta la saciedad se convierten en verdad. No es
nada nuevo: la misma estrategia aplicaron cuando EEUU intervino
militarmente en Afganistán, Yugoslavia, Irak, Libia, Siria, por
citar los casos más recientes.

Pero esta vez, con el
tema de Ucrania, se están alcanzando cotas difícilmente superables.
Sabemos que en EE.UU. llevan años difundiendo el odio a Rusia o
rusofobia dentro del país (cualquier traspiés de los demócratas,
estos lo achacan a la «injerencia
del Kremlin»). También sabemos, aunque es uno de los hechos que
deliberadamente “nuestros medios” ocultan, que Rusia lleva tiempo
rodeada
en su frontera occidental por bases de la OTAN, con misiles que
apuntan a su territorio.
No contentos con estas
medidas de claro carácter ofensivo, los gobiernos de la Unión
Europea, siguiendo a su amo estadounidense, están poniendo en vigor
políticas de corte neo-fascista que, aparte de la censura
mediática, consisten en el señalamiento, la cancelación, la
elaboración de listas negras de periodistas y otras personas que en
las redes sociales publican información que diverge del relato
oficial. E incluso, bajo el paraguas de la persecución de los
“delitos de odio”, del espionaje o la “propaganda rusa”, se
ha puesto en marcha una suerte de Gestapo que está deteniendo a
supuestos “disidentes”. Tenemos a un periodista español
encarcelado e incomunicado en Polonia, Pablo González, del que
seguramente usted no ha oído hablar.
Que vivimos en un sistema
casi-totalitario se puede afirmar ya sin reparo.
En 2014, Ucrania fue
objeto de un golpe de Estado –el llamado Euromaidan– auspiciado
por EEUU y la OTAN contra el gobierno democráticamente elegido de
Viktor Yanukovich. Se sirvieron de los grupos neo-nazis existentes en
el país, a los que armaron, para crear el caos y que Washington
pudiera instalar en el poder a un candidato de su conveniencia (Petro
Poroshenko, asimismo de simpatías neo-nazis), mientras Joe Biden,
entonces vicepresidente con Obama, colocaba
a su hijo en el consejo de administración de la empresa
ucraniana de gas Burisma Holdings.
La relación de
EEUU-OTAN con nazis viene de lejos(2). Poco después de la derrota
de Alemania en la II Guerra Mundial, que no fue obra de EEUU, como
nos cuenta la propaganda de Hollywood, sino del ejército rojo de la
Unión Soviética, la CIA reclutaba a Mykola Lebed, líder de una
milicia nazi ucraniana, que supervisó la tortura y matanza de judíos
en Krakow. No fue el único: Wernher von Brown llegó a jefe de la
NASA con Kennedy; Walter Hallstein, a presidente de la Comisión
Europea; Adolf Heusinger, a jefe de personal de la OTAN; Kurt
Waldheim, a secretario general de la ONU; por citar algunos.
El mismo Ronald Reagan,
en 1983, dio la bienvenida en la Casa Blanca al nazi ucraniano
Jaroslav Stetsko, que estuvo implicado en la masacre de 7.000 judíos
en Lviv. A este le
dedicó las siguientes palabras: "Vuestra lucha es nuestra
lucha, vuestro sueño es nuestro sueño".
Al golpe del Euromaidan
de 2014 se resistieron las poblaciones de Crimea y la región del
Dombass (repúblicas de Lugansk y Donestk). La primera votó en
referéndum volver a Rusia. La segunda, desde entonces, ha sido
objeto de ataques repetidos por parte del ejército ucraniano,
matando a unas 14.000 personas, niños incluidos. Los acuerdos de
Minsk, entre Francia, Alemania, Rusia, Ucrania y las repúblicas del
Dombass (2014-15) fueron un intento de pacificación; pero Ucrania
los ha violado sistemáticamente.
La guerra en Ucrania no
empezó en febrero de 2022, sino en 2014; pero usted no se ha
enterado, porque, durante estos 8 años, los grandes medios han
guardado silencio. Esos ucranianos no interesaban, ni vivos ni
muertos. Y ahora, la propia cadena pública española TVE2 se atreve a decir que el Dombass está "ocupado" por "separatistas rusos". Es decir: a personas que han nacido y
residido toda su vida en esa región, el ente público español las
llama, con todo el descaro, "ocupas".
De nuevo se trata de algo
que sabemos hace tiempo: que escasean cada vez más los periodistas
honestos y profesionales, y en su lugar proliferan los simples
mercenarios (en muchos casos en nómina de servicios de
inteligencia).
El gobierno salido del
golpe de Estado en Ucrania prohibió todas las lenguas que se
hablaban en el país, especialmente el ruso; ejerció una furiosa
represión
contra los disidentes, ilegalizó al Partido Comunista –recientemente
a 11 partidos más–; ensalzó al colaboracionista nazi Stepan
Bandera, ascendido a la categoría de héroe nacional, mientras
convertía el país en un fango de corrupción
y miseria (país más pobre de Europa), provocando la emigración de
miles de ucranianos a Rusia y países europeos. Esta era y es la "democracia" ucraniana, que, según nos cuenta la propaganda
Otanista, "defiende los valores europeos".
Que nazis hay en todas
partes ya lo sabemos, pero no en todas partes están en los gobiernos
ni son prominentes en las fuerzas armadas. Batallones como Azov y
Centuria, entre otros, de clara ideología neo-nazi, que no ocultan,
son columna vertebral del ejército ucraniano, a los que la OTAN y la
CIA llevan varios años
entrenando. Son los que están cometiendo las atrocidades que
ellos mismos graban y difunden en redes sociales, como atar a postes
a civiles con plástico adhesivo que les cubre de pies a cabeza,
golpearlos, humillarlos, pintarles la cara de verde si son gitanos, y
dejar que mueran, inmovilizados, de frío e inanición.
Las hazañas de estos
nazis no se las muestran los grandes medios de propaganda bélica
Otanista. Es más, niegan
su existencia los mismos que hace unos años nos
hablaban de ellos. Y son estos nazis y su actual presidente a los
que la Unión Europea está armando hasta los dientes, invirtiendo el
dinero de nuestros impuestos, no en sanidad, educación,
investigación…, sino para que Ucrania –que es un simple peón–
le haga la guerra a Rusia de parte de EEUU-OTAN(3). Y aún el «héroe»
Zelensky le acaba de pedir a la Unión Europea que le dé 7.000
millones de dólares al mes para pagar salarios, cuando él tiene una
fortuna blindada en paraísos
fiscales. Pero en el El País se preguntan si no será «el
nuevo Moisés bíblico». El grado de ridículo supera incluso al
de manipulación.
Es más, en los países
europeos, que presumen de democracia, la intervención en esta guerra
ni siquiera ha sido votada en los parlamentos, no digamos sometida a
referéndum. Nos han metido en una guerra cuyas consecuencias
pagaremos los de siempre: las clases trabajadoras. Pero, para eso
está la propaganda: para hacernos sentir contentos de empobrecernos
para que "se fastidie Putin". Algunos mandatarios, como el
italiano Mario Draghi, han llegado a tal grado de miseria moral, que
nos pide elegir
entre «tener paz o aire acondicionado encendido».
Si bochornoso ha sido el
espectáculo del parlamento español aplaudiendo la intervención
telemática del "héroe" Zelensky, al unísono, incluida la
bancada que pasa por ser "la izquierda" (en otros parlamentos
europeos, como el Griego, queda aún algo de dignidad), más
bochornosa si cabe está siendo la actuación del jefe de la
diplomacia europea, agitando rabiosamente el odio a Rusia, diciendo
que "esta guerra se gana en el campo de batalla", cuando su labor
debería ser buscar una solución pacífica, dialogada, al conflicto.
Valiente diplomacia la que ejerce el millonario Josep Borrell,
perrillo faldero del señor Biden.
Llamamientos a donar para
ayuda del pueblo ucraniano, que sufre las "atrocidades de Putin".
Sanciones económicas a Rusia, que, en todo caso dañarán a su
población; condenas del Consejo de Seguridad de la ONU, llamamientos
a poner a Putin ante el Tribunal de la Haya por "crímenes de
guerra" por parte de una potencia, EEUU, que es responsable de
los mayores crímenes de guerra que se han cometido en el último
medio siglo y nunca han sido condenados ni juzgados; es más, EEUU
no forma parte de ese tribunal e incluso se ha atrevido a amenazar
a sus jueces para que no investiguen sus crímenes.
Ni llamamientos, ni
condenas, ni peticiones similares se han hecho en el caso de otras
invasiones militares, que han dejado mucha más muerte y destrucción:
Afganistán, Irak, Libia, Siria, Somalia, Yemen…. En Mali,
recientemente, el ejército francés bombardeó un cortejo de boda,
matando
a 19 civiles; Marruecos está machacando al pueblo saharaui, con
la vergonzosa connivencia del gobierno de España. El Estado de
Israel prosigue el genocidio del pueblo palestino, que no tiene
ejército. Mientras escribimos estas líneas, está atacando a los
fieles congregados en la mezquita de Al-Aqsa y bombardeando
los alrededores de Damasco. Solo el año pasado Israel mató a 354
palestinos, entre ellos 76 niños. Pero no fue suficiente para que lo
suspendieran del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, como han
hecho con Rusia, ni se le han impuesto sanciones. Ya sabemos: es
protegido
de EEUU.
La sanciones a Rusia no
dañan la economía rusa como EE.UU desearía; dañan la economía
europea, pero la Unión Europea está dispuesta a pegarse un tiro en
el pie, a sacrificar a su propia población trabajadora provocando el
deterioro de sus condiciones de vida y recortes en servicios
sociales, para favorecer a EE.UU, que nos venderá su gas –obtenido
de fracking– un 40% más caro que el ruso y más contaminante. Pero
ya tienen el chivo expiatorio al que echar la culpa de todas las
calamidades que nos vendrán encima, el mismo que ha estado
utilizando EEUU en los últimos años: todo será culpa del «malvado
Putin».
LA RUSOFOBIA DESATADA…
¿CANCELARÁN TAMBIÉN A TOLSTOI Y DOSTOYEVSKY?
La demonización del
presidente de la Federación Rusa se extiende a todo su pueblo. Lo
nunca visto: cancelación de todas sus manifestaciones culturales
(teatro, ballet
clásico, conciertos, literatura, ciencia, deportes,
cine…). La enorme cultura rusa tachada de un plumazo. Algunas
universidades
quieren hacer piras con los libros de Dostoyevsky, Tolstoi, Gorki…
Me pregunto si la Filmoteca Nacional eliminará también las
películas del maestro del cine, Sergei Eisenstein. La neo-Gestapo
europeo-estadounidense extorsiona a los países del mundo para que se
sumen a las sanciones a Rusia, así como a los ciudadanos rusos que
viven fuera de su país a declararse contrarios al gobierno ruso si
quieren conservar sus trabajos. En Finlandia han llegado al extremo
de negarse
a operar a un jugador de hockey ruso. A ver si esto no es un
auténtico programa de exterminio.
La rama española de esta
neo-Gestapo está cancelando las cuentas bancarias de civiles rusos
que tienen permisos de residencia y trabajo, de modo que ni siquiera
pueden pagar las facturas de sus consumos básicos. Algunos "refugiados" traídos de Ucrania ya están empezando a agredir
por la calle a personas que oyen hablar ruso, los escaparates de
comercios rusos aparecen con pintadas xenófobas, los niños rusos
son agredidos por sus compañeros en los colegios… El pogromo en
toda su virulencia, mientras se hace tabla rasa de los crímenes de
lesa humanidad cometidos por EEUU, Reino Unido, Francia y otros
países "aliados" en varias partes del mundo, en el pasado y en
el presente.

Nuevos
pogromos para los nuevos apestados. La Europa que dice combatir los "delitos de odio" está expandiendo el odio étnico y cultural,
la rusofobia, por todo el orbe de lo que llaman "el mundo
civilizado". La Unión Europea, en su servilismo al capitalismo e
imperialismo estadounidenses, se está convirtiendo en un ente
neo-fascista y esto tendrá serias consecuencias.
En este mundo del blanco
y el negro, del "si no estás conmigo, estás contra mí",
seguramente me tacharán de ser "pro-rusa". Nada más lejos de la
realidad. No siento simpatía por ningún Estado capitalista,
incluido el ruso; ni por ningún mandatario de un Estado capitalista,
incluido Vladimir Putin. Tampoco se trata de justificar una guerra
por el hecho de que haya otras; sino de llamar la atención sobre el
doble rasero aplicado por EEUU-EU-OTAN, con sus medios de
propaganda, y la deriva fascista a que nos está conduciendo. La
verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.
(Publicado en Canarias
Semanal, el 18 de abril de 2022)
Notas:
(1) Pogromo es la palabra
que se utiliza para designar el linchamiento multitudinario
–espontáneo o premeditado– de un grupo humano en particular.
Durante siglos, en los reinos de confesión cristiana, fueron los
judíos las víctimas de numerosos pogromos, alentados sobre todo por
el clero, cuya propaganda antisemita consistía principalmente en
señalarlos como los "asesinos de Cristo".
(2) Lo cuenta el
periodista de investigación Christopher Simpson en su libro
Blowback: America’s Recruitment Of Nazis And Its Effects On The
Cold War, Weidenfield & Nicolson, 1988. Véase también
https://www.voltairenet.org/article216408.html
(3) Ellos mismos lo
reconocen abiertamente. Eliot A. Cohen, que fue consejero de la
Secretaria de Estado Condoleezza Rice (2007-09) durante el mandato de
George W. Bush, ha dicho, en un artículo de la revista The Atlantic,
que la de Ucrania es una guerra indirecta entre EEUU y Rusia, que
incluye guerra económica y guerra informativa.
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