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22 enero, 2022

Al igual que la Alemania nazi, EEUU y la OTAN vuelven a amenazar a Rusia — Finian Cunningham

 

                                     

KOLOZEG.Org – 20/01/2022

   Traducción del inglés: Arrezafe


Las potencias occidentales están jugando con fuego al ignorar los urgentes llamamientos de Rusia para garantizar la seguridad en Europa. En una serie de reuniones de alto nivel, la semana pasada Estados Unidos y el bloque militar de la OTAN rechazaron las demandas de Moscú que ha exigido una amplia distensión.


Rusia quiere un tratado mediante el cual la OTAN retroceda décadas de invasión de los países el este. Para apreciar la importancia de la coyuntura actual primero se requiere una comprensión profunda de la geopolítica que las potencias occidentales han seguido contra Moscú durante más de un siglo. Ese lapso abarca la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, el crecimiento del fascismo en Europa, que condujo a la Segunda Guerra Mundial, la subsiguiente Guerra Fría de cinco décadas y la última fase del expansionismo de la OTAN en los últimos 30 años.


De hecho, a partir de las reuniones celebradas entre funcionarios de EEUU y la OTAN y sus homólogos rusos, y en los informes de los medios occidentales sobre esas discusiones, la realidad se puso patas arriba. Los socios de EEUU y la OTAN exigieron que Rusia redujera la escalada o, de lo contrario, enfrentaría una confrontación. Rusia no tiene tropas fuera de su territorio, mientras que EEUU y la OTAN establecen inexorablemente fuerzas ofensivas en las fronteras occidentales de Rusia. Evidentemente, el agresor no es Rusia, son las potencias occidentales. Son ellas las que tienen que desescalar.


Por segunda vez, Rusia contempla como una fuerza militar masiva se abalanza desde occidente sobre su territorio. En 1941, la invasión de la Alemania nazi condujo a la Guerra Patriótica en la que murieron 27 millones de ciudadanos soviéticos. Finalmente, el Ejército Rojo derrotó al Tercer Reich y liberó a Europa del fascismo.


Casi la mitad del número total de muertes en la Segunda Guerra Mundial se produjeron entre rusos y otros pueblos eslavos. Este horror sigue vivo en la memoria. No es sorprendente (si la historia se apreciara adecuadamente) que Rusia esté hoy perpleja al ver otra movilización ofensiva del poder militar en sus fronteras occidentales, esta vez bajo la égida de la alianza de la OTAN dirigida por Estados Unidos.


Este acopio militar ha estado en marcha durante los últimos 30 años desde la disolución de la Unión Soviética. A pesar de las garantías verbales dadas en sentido contrario, el bloque militar de la OTAN se ha expandido desde Alemania hasta el Báltico y el Mar Negro. Rusia está hoy rodeada por miembros de la OTAN habilitados para instalar misiles nucleares estadounidenses capaces de impactar en Moscú en cuestión de minutos. Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Alemania y otros miembros de la OTAN poseen aviones de combate, tanques y buques de guerra maniobrando constantemente a las puertas de Rusia a lo largo de un arco que se extiende desde el Báltico hasta el Mar Negro.


No solo eso, sino que los países que se unieron a la OTAN tras el supuesto fin de la Guerra Fría son vehementemente antirrusos. Polonia y los estados bálticos de Letonia, Lituania y Estonia, que limitan con Rusia, son los más estridentes: acusan a Moscú de «agresión» y piden más despliegue de fuerzas de la OTAN. Estas naciones quieren admitir a Ucrania en las filas de la OTAN a pesar de que la ex república soviética está involucrada en una guerra civil entre un régimen de extrema derecha de Kiev y las personas de habla rusa en el sureste del país.


Las facciones políticas dominantes en Polonia, los estados bálticos y Ucrania están marcadas por su asociación con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día, hay ceremonias públicas que glorifican a las figuras políticas y a los militares locales que colaboraron con el Tercer Reich.


Fue a través de estos mismos países que la maquinaria de guerra nazi se abrió camino hacia la Unión Soviética. Por lo tanto, no es de extrañar que hoy Moscú esté profundamente alarmado por una concentración similar de fuerzas militares en su frontera oeste y, especialmente, en naciones que ejercen una intensa política antirrusa y que en el pasado sirvieron de instrumentos para la Operación Barbarroja de la Alemania nazi.


Es por eso que Rusia insiste en que Estados Unidos y demás potencias de la OTAN celebren un acuerdo que limite la expansión hacia el este del bloque militar, además de la retirada de las armas de ataque estadounidenses de los territorios fronterizos y restringir los ejercicios de movilización regional. La máxima prioridad para Moscú es el compromiso de la OTAN de no admitir a Ucrania ni a otras repúblicas exsoviéticas en sus filas. Porque hacerlo supondría una amenaza existencial inaceptable para Rusia.


Lo inquietante es la aparente indiferencia de EEUU y otros líderes de la OTAN ante las propuestas de seguridad de Rusia. El resultado de las reuniones de la semana pasada en tres capitales europeas fue un rechazo arbitrario por parte de los estadounidenses y sus aliados europeos. La OTAN, dijeron, seguirá expandiéndose y rodeando a Rusia. Moscú, dijeron, no tiene poder de veto sobre cómo la OTAN decida expandirse. Esto, afirman, sé debe que la OTAN es “defensiva” y “democrática”.


Tal actitud es intencionalmente engañosa. La OTAN fue fundada al comienzo de la Guerra Fría en 1949 con el propósito de enfrentar a la Unión Soviética. La Unión Soviética ya no está, pero el bloque militar liderado por Estados Unidos la ha reemplazado como enemigo contemporáneo por la Federación Rusa. Washington y la OTAN han declarado públicamente que ven a Rusia como una amenaza “existencial” sin fundamentar de manera creíble la base de tan provocativa imputación.


Sin embargo, son los miembros de la OTAN como Polonia, los estados bálticos y otros estados de Europa del Este, así como Ucrania, los que agregan una dimensión preocupante. Las facciones políticas gobernantes en estos países son rabiosamente anti-Rusia, tienen una sensación paranoica de inseguridad, hacen afirmaciones histéricas sobre una invasión y agresión rusas y, lo que es más tóxico, tienen una oscura asociación revanchista que proviene de su complicidad con la Alemania nazi.


Rusia ha advertido a Washington y otras potencias occidentales que están jugando con fuego al envalentonar a la extrema derecha que gobierna en Europa del Este y que son miembros de la OTAN. La militarización de Polonia, los países bálticos y Ucrania por parte de la OTAN otorga a estos países una actitud aún más temeraria de confrontación con Rusia. Paradójicamente, se acusa a Rusia de agresión y planificación de una invasión, cuando en realidad es Ucrania y sus vecinos de la OTAN los que tienen más probabilidades de articular algún tipo de provocación que conduzca a la guerra con Rusia.


He ahí el reprochable ritmo de la historia. Al contrario de lo que reflejan los relatos históricos occidentales convencionales, el ascenso de la Alemania nazi durante la década de 1930 fue consecuencia de una política deliberada de las potencias occidentales. Los gobernantes estadounidenses, británicos y franceses financiaron el crecimiento del Tercer Reich como un baluarte contra la Unión Soviética y una cachiporra contra el socialismo internacional. El capitalismo occidental vio al fascismo como un arma conveniente contra una amenaza percibida contra su propio orden. A tal fin, Wall Street y el Banco de Inglaterra invirtieron masivamente en la construcción de la maquinaria de guerra nazi bajo Adolf Hitler.


Las potencias occidentales se comprometieron con el Tercer Reich para forjar esferas de influencia en las que el Imperio Británico no intervendría, mientras que Hitler tendría las manos libres para la expansión nazi hacia el este. Un objetivo principal de este pacto (revelado tácitamente por la cumbre de Munich de 1938 entre Hitler y el primer ministro británico Neville Chamberlain) era contener a la Unión Soviética. El rabioso anticomunismo del Tercer Reich (a pesar de su nombre inapropiado de «nacionalsocialismo») y sus creencias «Untermensch» sobre los subhumanos eslavos hicieron de la Alemania nazi el socio elegido por las potencias occidentales para contener a la URSS.


Cabe decir que las potencias occidentales probablemente no imaginaron cuán desastrosamente lejos llevaría la Alemania nazi sus propias ambiciones imperiales o cuál sería el horrible alcance genocida de su depravada Solución Final. Eventualmente, resultó que los establishment británico y estadounidense se verían obligados a ir a la guerra contra el régimen nazi tras contribuir a su instauración. Las potencias occidentales habían jugado con fuego al patrocinar un rabioso régimen antisoviético que terminó volviéndose contra las potencias occidentales.


Así pues, se puede decir sin lugar a dudas, que el resultado de las maquinaciones urdidas por las potencias occidentales con el propósito de contener a la Unión Soviética, fue lo que condujo a la Segunda Guerra Mundial y a la escalofriante cifra de más de 70 millones de personas muertas en todo el mundo.


Hoy, Gran Bretaña y Estados Unidos se jactan de su presunto papel en la derrota de la Alemania nazi. Sin embargo, la verdad es que ellos crearon el monstruo fascista y la monstruosa guerra que siguió, una guerra necesaria para acabar con el perro rabioso que habían desatado. La verdadera victoria de la guerra pertenece al pueblo soviético y al Ejército Rojo que enterró la maquinaria de guerra nazi en Berlín. La victoria soviética sobre la Alemania nazi fue el acontecimiento definitivo de la Segunda Guerra Mundial. Las potencias occidentales fueron actores secundarios, de hecho fueron sus imprudentes maquinaciones las fomentaron la invasión nazi contra la Unión Soviética.


En el fondo de estas maquinaciones imperialistas subyacía el objetivo, nacido del imperativo hegemónico capitalista occidental, de contener a la Unión Soviética.


Eliminada la amenaza nazi en 1945, en medio de los humeantes escombros de la Segunda Guerra Mundial, las potencias occidentales rápidamente comenzaron a ejercer su obsesión antisoviética. La configuración de la OTAN, el reclutamiento de nazis, científicos, espías y colaboradores por parte de las potencias occidentales y el despliegue de saboteadores fascistas respaldados por la CIA en Europa del Este (detrás de las líneas soviéticas), apuntaba a una reanudación de la geopolítica destinada a “contener” a Moscú.


Hoy Rusia no representa la amenaza ideológica que para el capitalismo occidental significó la Unión Soviética. No obstante, Rusia sí representa un problemático obstáculo a la supuesta o pretendida hegemonía imperialista occidental, al igual que China y otras naciones que proclaman la conveniencia de un orden internacional multipolar en oposición al dictado por Washington y sus aliados occidentales.


Por eso la OTAN sigue expandiéndose alrededor de las fronteras rusas. Es parte de la estrategia de contención basada en la intimidación y el impacto desestabilizador. Este fue el hilo geopolítico permanente durante el siglo pasado.


Washington quiere a Moscú subordinado a su poder global al igual que lo están sus aliados (vasallos) europeos de la OTAN. El cambio de régimen en Moscú es el objetivo final ideal mediante el cual el capital occidental podría explotar al país más grande del planeta y su vastos recursos naturales.


De manera similar al imprudente fomento de la Alemania nazi como baluarte contra Moscú, las potencias occidentales están fomentando los regímenes de extrema derecha en Europa del Este con el respaldo de la OTAN. La primera política condujo al cataclismo de la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién puede asegurar que el envalentonamiento y el armamentismo de los regímenes rusofóbicos en Europa del Este no termine con una agresión occidental de manera similar a la de los nazis?


La política y la dinámica de hoy son un eco amenazante de tiempos pasados, cuando las potencias occidentales empujaron al fascismo para hacer su sucio trabajo: terminar con la Unión Soviética. Fuerzas similares trabajan en el presente y Moscú tiene razón al señalar los peligros derivados del peligroso juego que las potencias occidentales están volviendo a ejercer en el tablero geopolítico.



09 junio, 2021

Colonos israelíes atacan a familias palestinas indefensas

 


El 14 de mayo de 2021, alrededor de las 5:00 p.m., unos 10 colonos israelíes, algunos de ellos enmascarados, llegaron a la casa de la familia palestina Eid. Algunos arrojaron piedras a la casa, rompiendo dos cámaras de seguridad montadas en ella. Los soldados que los escoltaban dispararon botes de gas lacrimógeno, balas reales y balas de metal recubiertas de goma contra los residentes que acudieron a defender la casa. El ataque duró hasta alrededor de las 7:00 p.m. Cinco residentes de la aldea resultaron heridos por fuego real y ocho por balas de metal recubiertas de goma.


B’Tselem documentó dos recientes ataques de colonos israelís a la casa de esta familia. El 4 de mayo de 2021, los colonos apedrearon la casa y los soldados que los escoltaban dispararon botes de gas lacrimógeno contra los residentes que acudieron a defenderla. Los soldados también lanzaron bengalas, lo que provocó un incendio en un olivar cercano. Los residentes del pueblo y los bomberos palestinos apagaron el fuego.


Aproximadamente siete meses antes, el 9 de octubre de 2020, los colonos arrojaron piedras a la casa. Los soldados que los escoltaban dispararon botes de gas lacrimógeno contra los residentes, lo que provocó que un niño perdiera el conocimiento por inhalación del gas.


Colonos israelíes golpean y matan a un palestino en Cisjordania



03 febrero, 2019

VENEZUELA. “Hay una clara sensación de desesperación en todo el asunto. El hegemón global está roto; cayó y no se puede levantar” — Dmitry Orlov






Why Must Venezuela Be Destroyed? [¿Por qué Venezuela debe ser destruída?] - Dmitry Orlov

Traducción del inglés: Arrezafe

La semana pasada, Trump, su vicepresidente Mike Pence, Mike Pompeo director del Departamento de Estado de EE. UU. y John Bolton, asesor de seguridad nacional de Trump, además de un grupo de países de Centroamérica –que son casi colonias de EE.UU. y no tienen políticas exteriores propias–, anunciaron sincronizadamente que Venezuela tiene un nuevo presidente: una no-entidad virtual llamada Juan Guaidó, que nunca fue ni siquiera candidato a ocupar ese cargo, pero que fue entrenado para este trabajito en los Estados Unidos. Guaidó apareció en un mitin, en Caracas, flanqueado por una pequeña claque de aduladores generosamente compensados. Guaidó parecía tan asustado cuando se autoproclamó presidente de Venezuela que se dispuso a cumplir con sus deberes presidenciales ocultándose inmediatamente.

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Su paradero permaneció desconocido hasta mucho más tarde, cuando apareció en una conferencia de prensa, en la que dio inadecuada respuesta a la pregunta de si había sido presionado para declararse presidente o si lo había hecho por voluntad propia. Hay mucho en esta historia, a la vez trágica y cómica, así que vamos a desglosarla pieza por pieza. Luego continuaremos con la respuesta a la pregunta de por qué Venezuela debe ser destruida (desde la perspectiva del régimen de los EE. UU.).


Lo que destaca de inmediato es la combinación de incompetencia y desesperación mostrada por todas las figuras públicas y no tan públicas mencionadas anteriormente. Pompeo, al expresar su reconocimiento a Guaidó, lo llamó "guido", que es un insulto étnico contra los italianos, mientras que Bolton lo hizo mejor y lo llamó "guiado", que en español podría ser "por control remoto". (¿Fue un mero lapsus freudiano o simplemente otro de los momentos estelares de Bolton?) Para no quedarse atrás, Pence pronunció todo un pequeño discurso sobre Venezuela –una especie de diatriba dirigida al pueblo venezolano–, un discurso trufado de un pseudoespañol verdaderamente atroz que terminó con un improcedente "¡Vaya con Dios!" directamente surgido de un western de los años cincuenta.

Espectáculo adicional el que se dió en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde el siempre temible representante ruso, Vasily Nebenzya, señaló que la situación en Venezuela no representaba una amenaza para la seguridad internacional y, por lo tanto, dicho asunto no estaba dentro del ámbito del Consejo de Seguridad. Luego se dirigió a Pompeo, quien estaba presente en la reunión, con una pregunta directa: "¿Estados Unidos planea volver a violar la Carta de las Naciones Unidas?"

Pompeo no pudo dar una respuesta. Se sentó allí como un gato que finge que no estar masticando un canario, y luego huyó rápidamente de la escena. Pero entonces Bolton, que presuntamente salía de una reunión de seguridad nacional, se dirigió a una sesión informativa de prensa de la Casa Blanca donde mostró “accidentalmente” su libreta ante las cámaras de los reporteros. En él estaban escritas las palabras "5000 soldados a Colombia" (es decir, una base militar / narco-colonia estadounidense en la frontera norte de Venezuela). ¿Fue este otro de esos momentos estelares de Bolton? En cualquier caso, la pregunta de Nebenzya parece ser respondida de manera afirmativa dado el nombramiento como enviado especial a Venezuela de Elliott Abrams, un delincuente convicto que fue cómplice en el intento de golpe de Estado venezolano fallido contra Hugo Chávez, lo que automáticamente lo convierte en persona no grata en Venezuela, también es un indicio de intención hostil.

Sería muy comprensible confundir esta operación de cambio de régimen con algún tipo de performance absurdo. Ciertamente demasiado abstracto para las complejidades reales mundiales del orden internacional. Un pobre siervo asustado es empujado frente a una cámara y se declara a sí mismo presidente de Narnia, y luego tres secuaces (Pence, Pompeo y Bolton), más Trump el Bozo, saltan y gritan "Sí, sí, sí, ¡es él seguro!" Y se saca del banco a un jubilado fracasado, se le quita el polvo y se le envía en misión a un país que no lo aceptará.

Mientras tanto, en el mundo real, el ejército, los tribunales venezolanos y una lista de países que comprenden la gran mayoría de la población mundial, incluidos China, Rusia, India, México, Turquía y Sudáfrica, respaldan al presidente electo Nicolás Maduro. África y muchos otros manifiestan su apoyo a Maduro. Incluso los países centroamericanos, controlados a distancia, saben muy bien el peligroso precedente que, de culminarse, supondría tal operación de cambio de régimen y están pensando: "¡Hoy Venezuela, mañana nosotros!"

Luis Almagro, servil secretario general de la OEA
junto a Mike Pompeo, gangster norteamericano.

Para ser precisos, veamos los argumentos que se utilizan con el fin de avanzar en esta operación de cambio de régimen. Existe la opinión de que Nicolás Maduro no es un presidente legítimo porque las elecciones del año pasado, donde recibió el apoyo del 68% de los votantes, carecieron de transparencia y fueron boicoteadas por ciertos partidos de la oposición, mientras que Juan Guaidó es 100% legítimo, a pesar de que él y su inconsecuente Asamblea Nacional se opusieron al 70% de los venezolanos de acuerdo con las propias encuestas de la oposición. También hubo algunas acusaciones infundadas de "relleno de urnas", excepto que los venezolanos no usan papeletas, mientras que, según Jimmy Carter. observador internacional de las elecciones y ex presidente de los Estados Unidos, "el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo".

Existe el argumento de que Maduro ha gestionado mal la economía de Venezuela, lo que ha conducido a una hiperinflación, un alto desempleo, escasez de bienes básicos (medicamentos especialmente) y una crisis de refugiados. Y en parte es cierto, pero también debemos tener en cuenta que, a algunos de los vecinos de Venezuela les está yendo aún peor en muchos aspectos, aun cuando Maduro no es su presidente. Además, muchas de las dificultades económicas de Venezuela han sido causadas por las sanciones impuestas en su contra por Estados Unidos. Por ejemplo, en este momento, alrededor de 8 mil millones de dólares de Venezuela están siendo confiscados y destinados a financiar un ejército mercenario que invadiría e intentaría destruir a Venezuela tal como se hizo con Siria.

Finalmente, muchas de las dificultades de Venezuela tienen que ver con la maldición del petróleo. Venezuela tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo, pero su petróleo es muy viscoso y por lo tanto es caro de producir. Durante un período de altos precios, los venezolanos se volvieron adictos a la bonanza del petróleo, con la que el gobierno rescató de la pobreza extrema a millones de personas, sacándolas de los barrios marginales y proveyéndolas de viviendas. Ahora, los bajos precios del petróleo han provocado una crisis. Si Venezuela se maneja de tal modo que logre sobrevivir este período, podrá recuperarse una vez que dichos precios se recuperen (que lo harán, una vez que el esquema de Ponzi aplicado al fracking en EE. UU. haya culminado su ciclo). Volveremos al tema del petróleo venezolano más tarde.

Como comentario adicional, muchas personas opinan que los problemas de Venezuela se deben al socialismo. Según ellos, está bien que mucha gente sufra, siempre y cuando su gobierno sea capitalista, pero si es socialista, ese es un sufrimiento incorrecto y su gobierno merece ser derrocado, incluso si todos votaron por él. Por ejemplo, el sitio ZeroHedge, que en ocasiones publica información y análisis útiles, ha estado impulsando esta línea de pensamiento hasta la nausea. Es deplorable que algunas personas imaginen estar en posesión de la verdad, cuando en el mejor de los casos son unos idiotas y en el peor unos idiotas útiles. No son quienes para decidir la política de otros países y deberían dejar de hacernos perder el tiempo con sus pamplinas.

Este descarado intento de cambio de régimen sentaría un precedente muy peligroso para los propios Estados Unidos. La doctrina del precedente legal no es de ninguna manera universal. Nos viene de las oscuras edades de la ley tribal inglesa y solo se sigue en las antiguas colonias británicas. Para el resto del mundo es una forma bárbara de injusticia porque otorga poder de arbitrio a jueces y abogados, y no se debe permitir que los tribunales escriban o modifiquen leyes, solo que las sigan.

El precedente establecido por el reconocimiento del gobierno estadounidense a Juan Guaidó permite a Nicolas Maduro declarar ilegítima la presidencia de Donald Trump, prácticamente por las mismas razones aducidas por éste para atacar Venezuela. Trump no logró ganar el voto popular, solo ganó la presidencia debido a un sistema electoral corrupto y amañado. Además, algunos candidatos de la oposición fueron injustamente tratados durante el proceso electoral. Trump también es una desgracia y un fracaso: 43 millones de personas reciben cupones de alimentos; cerca de 100 millones se encuentran entre los desempleados de larga duración (eufemísticamente denominada "fuerza no laboral"); la falta de vivienda es tremenda y hay ciudades enteras de tiendas de campaña surgiendo en muchas ciudades de Estados Unidos. Numerosas empresas estadounidenses están al borde de la bancarrota, ¡y Trump ni siquiera parece poder mantener abierto al gobierno federal! ¡Trump es un desastre para su país! Por consiguiente, Maduro, reconoce a Bernie Sanders como el presidente legítimo de los Estados Unidos.

Vladimir Putin podría luego aprovechar estos dos precedentes reconociendo también a Bernie Sanders como legítimo presidente de los Estados Unidos. En un discurso público, él podría decir lo siguiente: “Admito abiertamente que instalamos a Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, ya que era nuestro derecho, basándonos en los numerosos precedentes establecidos por los propios Estados Unidos. Desgraciadamente, Trump no funcionó como estaba planeado. Robert Mueller puede retirarse, porque este pendrive contiene todo lo necesario para anular el nombramiento de Trump. Donny, lo siento, ¡no funcionó!, tu pasaporte ruso está listo para que lo recojas en nuestra embajada, al igual que las llaves de un apartamento en Rostov, justo al lado del ex presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich, que fue violentamente depuesto mediante un golpe de estado por tu antecesor Obama".

¿Por qué la indecente prisa por destruir Venezuela? La explicación es una y simple: el petróleo. "Habrá una gran diferencia económica para los Estados Unidos si podemos hacer que las compañías petroleras estadounidenses inviertan y produzcan en Venezuela", dijo John Bolton en Fox News. Veamos. El petróleo venezolano no se puede producir de manera rentable sin los altos precios del crudo, tan altos que muchos consumidores del mismo irían a la quiebra, pero ciertamente puede producirse en cantidades mucho mayores a costa de enormes pérdidas financieras.

Efectivamente, las “enormes pérdidas financieras” no detendrían a las compañías petroleras estadounidenses, que hasta el momento han generado una pérdida de $ 300 mil millones a través del fracking, financiado por el saqueo de los ahorros destinados a la jubilación, cargando a las generaciones futuras con una deuda onerosa y otros planes infames. También hay que tener en cuenta que el mayor consumidor de petróleo del mundo es el Departamento de Defensa de los EE. UU., y si tiene que pagar un poco más por el petróleo para seguir explotando países, lo hará. O, mejor dicho, lo harás tú, contibuyente. A ellos les da igual. EE. UU. ya está más allá de la quiebra, pero sus líderes harán cualquier cosa para prolongar la fiesta lo más posible.

Aquí está el verdadero problema: la bonanza del fracking está terminando. La mayoría de los puntos dulces ya han sido explotados; los pozos más recientes se están agotando rápidamente y producen menos a la vez que cuestan más; las próximas oleadas de fracking, si es que se procucen, desperdiciarían $ 500 mil millones, luego $ 1 billón, luego $ 2 billones... La tasa de perforación ya se estaba desacelerando y comenzó a disminuir incluso cuando los precios del petróleo seguían siendo altos. Mientras tanto, el pico del petróleo convencional (no fracturado) tuvo lugar en 2005-6, solo unos pocos países aún no han alcanzado su nivel máximo. Rusia ha anunciado que comenzará a reducir la producción en solo un par de años y Arabia Saudita no tiene reservas con las que responder.

Se avecina una escasez de petróleo bastante grande que afectará específicamente a los Estados Unidos, que quema el 20% del petróleo del mundo (con solo el 5% de la población mundial). Una vez quiebre el fracking, EE. UU. pasará de tener que importar 2.5 millones de barriles por día a importar al menos 10 de un petróleo inexistente. Anteriormente, EE. UU. "resolvía" este problema invadiendo países y robando su petróleo: la destrucción de Irak y Libia hizo que el conjunto de las compañías petroleras estadounidenses se mantuvieran a flote por un tiempo, evitando así el colapso de la casa de naipes financiera. Pero el esfuerzo por destruir Siria ha fracasado, y el intento de destruir Venezuela probablemente también fracasará, porque hay que tener en cuenta que Venezuela tiene entre 7 y 9 millones de chavistas imbuidos del espíritu revolucionario bolivariano, un ejército grande y bien armado, un vecino duro de pelar.

En el pasado, Estados Unidos recurrió a varios trucos sucios para legitimar su agresión contra los países ricos en petróleo y el posterior robo de sus recursos naturales. Vimos el frasco de talco “altamente tóxico” que Colin Powell agitó ante la Asamblea General de la ONU para que se votara a favor de la destrucción Irak y el robo de su petróleo. Vimos aquella historia inventada sobre las "atrocidades humanitarias en Libia" para, así mismo, obtener los votos destinados a legitimar el establecimiento de una zona de exclusión aérea en dicho país (que resultó ser una campaña de bombardeos seguida de un derrocamiento del gobierno y un posterior magnicidio). Pero con Venezuela no hay tal hoja de higuera que tape las vergüenzas. Todo lo que tenemos son abiertas amenazas de agresión y descaradas mentiras que nadie cree, emitidas de forma incompetente por bufones, chiflados y viejos sombríos.

Si el 'Plan A' (robar el petróleo de Venezuela) falla, el 'Plan B' deberá coger todos esos desechos de papel denominados dólares estadounidenses (efectivo, acciones, bonos, escrituras, pólizas de seguro, pagarés, etc.) y quemarlos en barriles de basura, en un último esfuerzo por mantener el calor. Hay una clara sensación de desesperación en todo el asunto. El hegemón global está roto; cayó y no se puede levantar.

Artículo relacionado:
«La Creación de Juan Guaidó: Cómo el Laboratorio de Cambio de Régimen Estadounidense creó al líder del Golpe de Venezuela». La Tarcoteca