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15 octubre, 2023

¡Desde Gaza os pedimos que os levantéis contra el genocidio!

Haidar Eid - La Intifada Electrónica – 15/10/2023


Los paramédicos atienden a un niño herido en el hospital de Al Aqsa, en Deir al Balah, en el centro de la Franja de Gaza, el 15 de octubre. Omar Ashtawy Imágenes APA


Los crímenes de guerra israelíes cometidos contra nuestro pueblo en la Franja de Gaza no tienen precedentes, son una combinación de limpieza étnica y genocidio.


La gente común en Gaza espera que la comunidad internacional y el mundo árabe e islámico asuman su responsabilidad de proteger al pueblo palestino de estos crímenes atroces y poner fin de inmediato al genocidio que está teniendo lugar por parte de Israel.


Nada justifica en absoluto el salvajismo israelí, incluido el corte del suministro de agua y electricidad a 2,3 millones de personas, la mitad de ellas niños.


Tampoco llegan suministros médicos. Los niños, los enfermos y los ancianos son los primeros afectados.


Desde el sábado 7 de octubre, Israel ha arrasado barrios enteros, incluido el mío, al-Rimal.


Ha destruido puentes vitales, carreteras, estaciones de agua y electricidad, torres residenciales y villas sepultando a sus ocupantes. Decenas de familias enteras han sido aniquiladas.


Entre las últimas víctimas se encuentra el profesor Omar Firwana, decano de la facultad de medicina de la Universidad Islámica de Gaza. Fue aniquilado junto con toda su familia.


Sin comida, sin agua


El último comunicado del Ministerio de Salud informa que más de 2.300 de los nuestros han sido asesinados por los continuos bombardeos israelíes, entre ellos más de 700 niños, una tasa de exterminio de 100 niños por día.


El número de heridos supera los 9.000, pero la realidad es que las cifras probablemente sean mucho mayores, ya que los equipos de rescate mal equipados no pueden llegar a todos cuantos que se encuentran bajo los innumerables edificios destruidos y lugares de la masacre.


Hasta el sábado, unas 600.000 personas habían sido evacuadas del norte de Gaza y de la ciudad de Gaza, al sur.


Israel ordenó la evacuación de tres hospitales, incluido Al-Shifa, el más grande de Gaza, pero el equipo médico se niega a hacerlo.


Transportar a los enfermos y heridos es sencillamente imposible, con bombardeos constantes, poco combustible y ninguna instalación segura a la que puedan ser trasladados.


Y cada hora llegan cientos de heridos más. No se los puede abandonar simplemente a su suerte.


Los funcionarios de la ONU advierten que los hospitales de Gaza podrían dejar de funcionar por completo en un plazo de 48 horas, ya que el combustible para los generadores de emergencia está a punto de agotarse.


Los escasos alimentos no se pueden conservar porque no hay electricidad.


La población comienza a sufrir una deshidratación grave debido a la falta de agua.


Existe una amenaza creciente de propagación de enfermedades debido a la falta de agua.


SEGUIR LEYENDO EN EL SIGUIENTE ENLACE:

https://electronicintifada.net/content/gaza-we-ask-you-stand-against-genocide/38846




22 agosto, 2021

La guerra oculta de Israel por el agua — Ramzy Baroud

 


The Palestine Chronicle – 11/08/2021

  Traducción del inglés: Arrezafe


El asesinato del "amenazante" técnico del agua palestino. Sobre las guerras en la sombra en Cisjordania


Shadi Omar Lotfi Salim, 41 años, asesinado por el ejército israelí

Hay una guerra soterrada de Israel contra los palestinos, una guerra poco conocida y de la que rara vez se habla. Es la guerra del agua, que se ha estado gestando durante décadas.


El 26 y 27 de julio, tuvieron lugar dos incidentes, separados pero intrínsecamente relacionados, en el área de Ein al-Hilweh en el valle ocupado del Jordán y cerca de la ciudad de Beita, al sur de Nablus.


En el primer incidente, los colonos judíos del asentamiento ilegal de Maskiyot comenzaron la construcción en el manantial Ein al-Hilweh, que ha sido una fuente de agua dulce para las aldeas y cientos de familias palestinas en esa zona. La toma del manantial se ha estado desarrollando durante meses, todo bajo la atenta mirada del ejército de ocupación israelí.


Ahora, Israel se ha anexado el manantial Ein al-Hilweh, así como la mayoría de los recursos terrestres y hídricos del valle del Jordán.


Apenas 24 horas después, Shadi Omar Salim, un empleado municipal palestino, fue asesinado por soldados israelíes en la ciudad de Beita. El ejército israelí emitió rápidamente una declaración en la que, como era de esperar, culpó al palestino de su propia muerte.


Según declaró el ejército israelí, la víctima se acercó a los soldados de "manera amenazante", mientras sostenía "lo que parecía ser una barra de hierro", antes de ser abatido a tiros.


Si lo de la “barra de hierro” fuera cierto, podría explicarse por la sencilla razón de que Salim era un técnico de agua. De hecho, en el momento de ser abatido Salim se dirigía a abrir las tuberías que abastecen de agua a Beita y otras áreas adyacentes.


Beita, que ha sido testigo de mucha violencia en las últimas semanas, se enfrenta a una amenaza existencial. Se ha construido un asentamiento judío ilegal, llamado Givat Eviatar, en la cima de la montaña palestina Sabih, en árabe, Jabal Sabih. Como de costumbre, cada vez que se construye un asentamiento judío, la vida y el sustento de los palestinos se ven amenazados, de ahí las protestas palestinas que tienen lugar en la zona.


La lucha palestina en Beita es una muestra de una lucha más amplia en la que civiles desarmados se enfrentan a un estado colonial y a sus colonos que, en última instancia, desean reemplazar aldeas y ciudades palestinas por asentamientos judíos.


Hay otra faceta que se puede considerar habitual, la coomplicidad del ejército israelí y los colonos judíos, trabajando juntos para limpiar étnicamente a los palestinos: Mekorot. Esta última es una empresa de agua israelí de propiedad estatal que literalmente roba agua palestina y se la vende a los palestinos a un precio exorbitante.


Como era de esperar, Mekorot también opera cerca de Beita. Salim fue asesinado porque su trabajo, que consistía en suministrar agua a la población de Beita, suponía una amenaza directa para los planes coloniales israelíes en esta región.


Situemos esto en un contexto más amplio. Israel no solo ocupa la tierra palestina, sino que también usurpa sistemáticamente todos sus recursos, incluida el agua, en flagrante violación del derecho internacional que garantiza los derechos fundamentales de una nación ocupada.


La Cisjordania ocupada obtiene la mayor parte de su agua del Acuífero de la Montaña, que se divide en tres acuíferos más pequeños: el acuífero occidental, el acuífero oriental y el acuífero nororiental. En teoría, los palestinos tienen mucha agua, suficiente al menos para cumplir con la asignación de agua mínima requerida de 102-120 litros por habitante diarios, según lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En la práctica, sin embargo, esto no se cumple. Lamentablemente, Israel se apropia directamente de la mayor parte del agua de estos acuíferos. Algunos lo llaman "captura de agua", los palestinos lo llaman, con mayor exactitud, "robo".


Mientras que en Israel el consumo diario de agua per cápita se estima en 300 litros, los colonos judíos ilegales en Cisjordania consumen más de 800 litros por día. Esta última cifra se torna más escandalosa aún si se compara con la exigua cantidad de que la dispone un palestino: 70 litros por día.


Este problema se acentúa en la denominada "Zona C" de Cisjordania, por una razón. El "Área C" tiene casi el 60 por ciento del tamaño total de Cisjordania y, a diferencia de las "Áreas A" y "B", es la zona menos poblada. Es, en su mayor parte, tierra fértil que incluye el Valle del Jordán, conocido como el "granero de Palestina".


A pesar de que el gobierno israelí había decidido, en 2019, posponer la anexión formal de esa área, la anexión, de facto, ha estado en vigor durante años. La apropiación ilegal del manantial Ein al-Hilweh por colonos judíos ilegales es parte de una estratagema mayor que tiene como objetivo apropiarse del valle del Jordán, un dunum, un manantial y una montaña a la vez.


De los más de 150.000 palestinos que viven en la "Zona C", casi el 40 por ciento, más de 200 comunidades, sufren "una grave escasez de agua potable". Esa escasez podría remediarse si se permitiese a los palestinos perforar nuevos pozos, ampliar los actuales o utilizar tecnologías modernas para asignar otras fuentes de agua dulce, pero el ejército israelí no solo les prohíbe hacerlo, sino que incluso el agua de lluvia está prohibida para los palestinos.


"Israel controla incluso la recogida de agua de lluvia en la mayor parte de Cisjordania y las cisternas dispuestas para tal fin, pertenecientes a las comunidades palestinas a menudo son destruidas por el ejército israelí", concluyó un informe de Amnistía Internacional, publicado en 2017.


Desde entonces, la situación empeoró aún más, especialmente desde que la idea de anexar oficialmente un tercio de Cisjordania obtuvo un amplio apoyo en la Knesset y la sociedad israelíes. Ahora, cada movimiento realizado por el ejército israelí y los colonos judíos en Cisjordania está dirigido hacia ese fin, controlando la tierra y sus recursos, negando a los palestinos el acceso a sus medios de supervivencia y, en última instancia, limpiándolos étnicamente por completo.


Las protestas de Beita continúan, a pesar del alto precio que se paga. En junio pasado, un niño de 15 años, Ahmad Bani-Shamsa, fue asesinado cuando una bala del ejército israelí lo alcanzó en la cabeza. En ese momento, Defense for Children International-Palestine emitió una declaración en la que afirmaba que Bani-Shamsa no representaba ninguna amenaza para el ejército israelí.


La verdad es que Beita está bajo constante amenaza israelí, así como el Valle del Jordán, la "Zona C", Cisjordania y toda Palestina. La protesta en Beita es una protesta por los derechos a la tierra, los derechos al agua y los derechos humanos básicos. Bani-Shamsa y, más tarde, Salim, fueron asesinados a sangre fría simplemente porque sus protestas eran inconvenientes para el gran diseño del Israel colonial.


Lo irónico de todo esto es que Israel parece amar todo cuanto a Palestina se refiere, la tierra, los recursos, la comida e incluso su fascinante historia, pero no a su población indígena, los propios palestinos.


11 julio, 2021

PALESTINA: Israel continúa con el robo de tierras y la limpieza étnica.

 



El miércoles 7 de julio de 2021, alrededor de las 8:00 a.m., soldados y personal de la Administración Civil israelí llegaron a la comunidad de Khirbet Humsah, en el norte del Valle del Jordán, y declararon la zona "zona militar cerrada", negando el acceso a periodistas, activistas de derechos humanos y diplomáticos. Según los datos iniciales recogidos por B’Tselem, las fuerzas armadas israelíes desmantelaron nueve tiendas de campaña y cuatro chozas utilizadas como residencia, así como 17 estructuras agrícolas, todas pertenecientes a nueve familias con un total de 61 miembros, incluidos 34 menores. Las fuerzas armadas también destruyeron cuatro tanques de agua, conducciones de agua, cercas y equipos agrícolas. Las pertenencias de los residentes se cargaron en camiones que las transportaron a la comunidad de ‘Ein Shibli, situada al oeste de Khirbet Humsah. Los miembros de la comunidad huyeron a las montañas con sus rebaños, dejando vacíos los autobuses traídos para reubicarlos por la fuerza en "Ein Shibli".




22 junio, 2021

Reconstruyendo Gaza, una vez más: Las consecuencias del ataque de mayo de 2021 — Yara M. Asi

 


En mayo de 2021, Gaza sufrió el ataque más reciente, en el que los bombardeos aéreos israelíes mataron a 256 palestinos (incluidos 66 niños) e hirieron a casi 2.000 más

PALESTINALIBRE.org – 21/06/2021


Gaza tras el último bombardeo criminal israelí

En 2012, Naciones Unidas lanzó una advertencia alarmante: o cambia la situación ya, o la franja de Gaza podría dejar de ser "un lugar habitable" en 2020. El desempleo, la pobreza y la inseguridad alimentaria eran elevados; el acceso al agua y a la electricidad eran irregulares; todo el territorio, construido dentro de fronteras artificiales, estaba densamente poblado y carecía de servicios. Los niños y niñas constituyen la mitad de su población y casi tres cuartas partes de la misma son personas refugiadas, que se vieron obligadas a huir de sus hogares durante la Nakba de 1948. Israel lleva restringiendo los desplazamientos hacia y desde Gaza desde principios de la década de 1990, pero las elecciones de 2006, que impulsaron a Hamás al poder en el pequeño territorio, dieron lugar a la situación actual, en la que la circulación de muchos bienes y personas dentro y fuera de Gaza está esencialmente prohibida debido al bloqueo impuesto por Israel y Egipto. Desde aquel informe, Gaza ha sufrido múltiples ataques destructivos por parte de Israel, sigue viviendo bajo el bloqueo y, más recientemente, ha tenido que hacer frente a las devastadoras consecuencias de la pandemia de COVID-19.



Se han destinado miles de millones de dólares a la reconstrucción de Gaza durante décadas, pero las condiciones no han hecho más que deteriorarse. Por esta y otras muchas razones, hoy en día se identifica a Gaza como una catástrofe humanitaria: una población civil de casi 2 millones de personas atrapada entre fuerzas políticas a las que les importa poco la vida de los inocentes en el fuego cruzado.



En mayo de 2021, Gaza sufrió el ataque más reciente, en el que los bombardeos aéreos israelíes mataron a 256 palestinos (incluidos 66 niños) e hirieron a casi 2.000 más. Se destruyeron más de 1.000 viviendas y locales comerciales y otros 16.000 resultaron dañados. También resultaron dañadas casi 60 instalaciones educativas y casi 30 instalaciones sanitarias. Tan pronto como comenzaron los ataques aéreos, y especialmente una vez anunciado el alto el fuego, llegaron los compromisos de ayuda financiera de los donantes habituales. Sin embargo, las numerosas lecciones aprendidas de los ataques anteriores indicaban que estos esfuerzos de reconstrucción serían, en el mejor de los casos, estériles y no harían nada por abordar las causas fundamentales del conflicto. ¿Cuál es el futuro de la reconstrucción de Gaza –y de su población– tras esta última ofensiva?


Escuela destruida por el bombardeo

Aunque todavía se desconoce el coste final de los daños causados por la ofensiva de mayo de 2021, las estimaciones son de miles de millones de dólares. Sin embargo, muchos de los costes de esta guerra más reciente, y de las anteriores, son incalculables. Por ejemplo, Gaza estaba entrando en otra ola de COVID-19 en primavera. Sin embargo, muchos hospitales e instalaciones sanitarias resultaron dañados, incluido el principal laboratorio de análisis de COVID-19. Además, el principal médico encargado de la respuesta a la pandemia en Gaza, el Dr. Ayman Abu Alouf, fue asesinado. Las instalaciones gestionadas por Médicos Sin Fronteras también sufrieron daños. Además de limitar el acceso a los servicios sanitarios, la carga de la salud mental en Gaza es ya excesivamente alta debido a los años de guerra y bloqueo. Algunos niños y niñas, incluso de corta edad, muestran signos de estrés traumático. Cientos de miles de personas en Gaza necesitan urgentemente un apoyo a la salud mental que es difícil de proporcionar, y que es insuficiente mientras persistan las causas fundamentales de su trauma, mucho después de que hayan cesado los bombardeos.



Aunque la falta de financiación es un obstáculo importante, la escasez de fondos no es, desde luego, exclusiva de Gaza. Es difícil encontrar una crisis humanitaria que reciba todo el apoyo financiero que necesita, o incluso la totalidad del dinero comprometido por los donantes. La ayuda al desarrollo se ha estancado en los últimos años, especialmente para las poblaciones más vulnerables, mientras que el gasto militar global sigue aumentando. Sin embargo, aparte de la pobreza y la falta de recursos financieros, Gaza se enfrenta a otros retos que son casi exclusivos de este pequeño territorio.



El más importante, por supuesto, es el bloqueo, que ya se acerca a los 15 años. Considerado una clara violación del derecho internacional humanitario hace más de una década, el bloqueo ha sido una de las fuerzas más destructivas de Gaza. Las agencias de ayuda llevan tiempo advirtiendo de que el bloqueo dificulta la reconstrucción, por no hablar de la vida cotidiana; en 2016, menos del 10% de las viviendas destruidas en la guerra de 2014 habían sido reconstruidas. Israel tiene que aprobar todos los materiales de construcción que entran en Gaza, incluyendo tuberías, maquinaria como generadores (necesarios debido a los constantes cortes de electricidad), e incluso cemento. Debido a la percepción de estos recursos como de "doble uso" (definidos vagamente como cualquier artículo que pueda ser potencialmente utilizado para el terrorismo), Israel escudriña todas las solicitudes y limita la cantidad de estos materiales que pueden ser importados. Reconociendo esta realidad, nada más producirse el último alto el fuego, el director del CICR para Oriente Medio predijo: "El daño infligido en menos de dos semanas tardará años, si no décadas, en reconstruirse".



La población palestina no se beneficia de las continuas condenas, repulsa o preocupación cuando sus vidas son tratadas como algo desechable. Si se vuelven a ignorar estas injusticias fundamentales, este último episodio de ataques no será el último. Se pedirá a la comunidad internacional que aporte cientos de millones de dólares para "reconstruir" Gaza, una vez más.




"Una versión más larga de este artículo fue publicada por primera vez en inglés por Arab Center Washington DC en: http://arabcenterdc.org/policy_analyses/rebuilding-gaza-yet-again/, publicado de nuevo con permiso".


Yara M. Asi es postdoctorada en el Departamento de Gestión sanitaria e informática de la Universidad de Florida Central y becaria Fulbright para el curso 2020-2021 en Cisjordania.


Fuente: www.eldiario.es

09 junio, 2021

Colonos israelíes atacan a familias palestinas indefensas

 


El 14 de mayo de 2021, alrededor de las 5:00 p.m., unos 10 colonos israelíes, algunos de ellos enmascarados, llegaron a la casa de la familia palestina Eid. Algunos arrojaron piedras a la casa, rompiendo dos cámaras de seguridad montadas en ella. Los soldados que los escoltaban dispararon botes de gas lacrimógeno, balas reales y balas de metal recubiertas de goma contra los residentes que acudieron a defender la casa. El ataque duró hasta alrededor de las 7:00 p.m. Cinco residentes de la aldea resultaron heridos por fuego real y ocho por balas de metal recubiertas de goma.


B’Tselem documentó dos recientes ataques de colonos israelís a la casa de esta familia. El 4 de mayo de 2021, los colonos apedrearon la casa y los soldados que los escoltaban dispararon botes de gas lacrimógeno contra los residentes que acudieron a defenderla. Los soldados también lanzaron bengalas, lo que provocó un incendio en un olivar cercano. Los residentes del pueblo y los bomberos palestinos apagaron el fuego.


Aproximadamente siete meses antes, el 9 de octubre de 2020, los colonos arrojaron piedras a la casa. Los soldados que los escoltaban dispararon botes de gas lacrimógeno contra los residentes, lo que provocó que un niño perdiera el conocimiento por inhalación del gas.


Colonos israelíes golpean y matan a un palestino en Cisjordania



15 mayo, 2021

Denunciemos la complicidad con la mayor operación de limpieza étnica de la historia reciente — Tita Barahona

 


CANARIAS SEMANAL.ORG – 14/05/2021


SOLO EL BOICOT INTERNACIONAL PUEDE PARAR AL ESTADO GENOCIDA DE ISRAEL


Indignarte y de vergüenza la declaración del Ministerio de Asuntos Exteriores de ese gobierno de España que se califica "de izquierdas", sobre la nueva ofensiva militar de Israel sobre la Franja de Gaza. Al parecer, ser de "izquierdas" significa decir y hacer lo mismo que la derecha; en este caso, besarle los pies a un Estado que justifica el exterminio de un pueblo en alegadas revelaciones divinas y construye sus leyes sobre los supuestos privilegios de una sola etnia sobre las demás.


Desde hace décadas estamos siendo testigos de la aniquilación lenta, continua, sistemática y cuidadosamente planificada del pueblo de Palestina por parte del Estado sionista de Israel. Lo hace con toda impunidad porque cuenta con la complicidad de las principales potencias del capitalismo mundial disfrazadas de democracia.


El Estado sionista de Israel es el hijo predilecto de Estados Unidos, su gran baza imperialista en Oriente Medio, al que inyecta todos los años millones de dólares gran parte de ellos en armamento. Que se lo pregunten si no a la vicepresidenta "progre" de EEUU, Kamala Harris, que lo dijo bien claro en una reunión de la AIPAC (American Israel Public Affairs Committee), el mayor lobby sionista del mundo arrullado por las sectas fundamentalistas evangélicas de la potencia norteamericana.


Por mucho que la ONU –ese inútil monstruo burocrático– haya emitido repetidas condenas a Israel por su constante violación de las leyes internacionales –ese enorme tocho de papel mojado– o por su violación de los derechos humanos –esa letra muerta– del pueblo palestino, con el simple veto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad o la vergonzante abstención de Reino Unido –responsable en primer lugar de la tragedia palestina–, Israel tiene asegurado el seguir a placer con su operación de limpieza étnica y su Estado de verdadero apartheid.


El Estado sionista de Israel es una potencia militar y económica que gasta parte de su presupuesto en mantener grupos de presión en todo el mundo para que políticos y empresas mediáticas adopten y repitan su discurso falaz, mediante compra, sobornos o bajo serias amenazas si se topa con la más mínima disidencia u objeción. De ahí que hoy día cuente con un ejército de políticos y periodistas mercenarios a su completo servicio.


Este ejército de esbirros del sionismo tiene por misión hacer creer al mundo que Israel es "la única democracia" en Oriente Medio, cuando en realidad es una etnocracia, un régimen racista de apartheid; que Israel "tiene derecho a existir" cuando lo que eso significa de facto es que ese derecho se lo niega a los habitantes que estaban allí mucho antes de que Israel se constituyera como Estado en un territorio que era "protectorado" del imperio británico.


Rahad al Masri, niña de 6 años asesinada en uno de los últimos bombardeos de Israel


Ese ejército mercenario tiene la misión de hacer creer, por añadidura, que el robo de la tierra palestina, la opresión de su pueblo y el intento de su exterminio derivan del "derecho de Israel a defenderse"; y que cualquier crítica a la ideología sionista sobre la que se construye el Estado de Israel, provenga o no de la propia comunidad judía, es “antisemitismo” y por tanto “delito de odio”.


Como decía Malcolm X, los periódicos te harán amar al opresor y odiar al oprimido. De eso se trata. En este caso, los esbirros político-mediáticos del sionismo convierten al opresor en oprimido y a éste en opresor. De ahí que las organizaciones palestinas hayan pasado a engrosar la lista negra del “terrorismo”, lugar a donde van a parar todas las entidades que no se pliegan a las exigencias del Pontífice Máximo de la Casa Blanca y su lugarteniente de Tel Aviv.


Con esta calificación de "terrorista” o “promotor del terrorismo", se criminaliza toda forma de solidaridad con el pueblo oprimido de Palestina, como puede atestiguar el caso más reciente de la cooperante andaluza Juana Ruiz, encarcelada en Israel por "pertenencia a organización ilegal", como están considerados los Comités de Trabajo para la Salud que prestan ayuda sanitaria al pueblo palestino.


Por ello no puede sorprender que, ante la nueva agresión a la Franja de Gaza, esa prisión a cielo abierto donde dos millones de almas sobreviven en condiciones draconianas debido al bloqueo impuesto por Israel, una vez más haya que cavar muy hondo para encontrar una sola noticia en los grandes medios que no trate de deshumanizar al pueblo palestino.


La realidad que vive este pueblo en los territorios ilegalmente ocupados por el ente sionista puede definirse, resumidamente, en cuatro puntos:


1. La ocupación de sus tierras -reconocidas como tales en los tratados internacionales-, es ya de entrada y de por sí violencia contra Palestina.


2. Israel incrementa esta violencia mediante el desalojo forzado y la destrucción de las casas y propiedades palestinas, la tala de sus olivos, la humillación en los puestos de control, las golpizas, los apedreamientos y agresiones de las bandas de fanáticos sionistas, el asesinato arbitrario de hombres, mujeres y niños, y un largo etcétera.


3. Entonces los palestinos responden mediante manifestaciones pacíficas, que son reprimidas con fuego real, como vimos en las Marchas por el Retorno, o con cierto grado de violencia, la que le permiten sus escasos recursos.


4. En cualquiera de los casos, Israel responde con masacres.


Los medios al servicio de Israel, que es lo mismo que decir al servicio del imperialismo estadounidense, comienzan informando a partir del punto 3, lo cual no es informar, sino manipular, despistar y mentir a fuerza de equiparar la violencia del oprimido con la violencia del opresor, blanqueando de este modo la violencia estructural y sistemática que Israel ejerce sobre el pueblo palestino.




Es el guion que siguen las grandes corporaciones mediáticas, como la BBC, cadena británica totalmente comprada por el lobby sionista, la CNN y tantas otras; así como los portavoces de los gobiernos serviles a Estados Unidos, cuyo Estado número 51 es de facto –como acertadamente dijera una vez el sociólogo James Petras– Israel.


Así hemos visto también a la "izquierdista" ministra de Asuntos Exteriores del Reino de España, Arancha González Laya, repetir como un loro el guion del Amo sionista al declarar lo preocupada que está por los cohetes lanzados desde Gaza, haciendo tabla rasa del bombardeo con equipo militar de alta tecnología sobre una población indefensa, que se ha cobrado ya más de un centenar de víctimas mortales, entre ellas niños y niñas.


Y, como no podía ser menos, a través de su Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, la Unión Europea acaba de mostrar también su más firme apoyo a la matanza de palestinos que está llevando a cabo el ente israelí, con un mensaje que lleva implícita la exigencia al pueblo palestino de poner la otra mejilla y dejarse masacrar.


Ninguna condena salió de la boca de estos portavoces cuando la policía israelí asaltó la mezquita de al-Aqsa. Nadie recordó a Netanyahu que este tipo de asaltos a los lugares de culto, sean de la religión que sean, son ilegales según la Convención de La Haya de 1954. Podemos imaginar qué distinta habría sido la reacción si, por ejemplo, Irán hubiese enviado a un comando armado a irrumpir en una misa en la catedral de Notre Dame de París.


Señora González Laya y señor Borrell ¿En qué se diferencia su postura de la de cualquier representante de la derecha o la extrema derecha? Son ustedes una vergüenza y una desgracia, un insulto a la inteligencia de los millones de personas que quedamos en el mundo con capacidad de discernir y reconocer que la violencia del amo y del esclavo no se pueden equiparar, puesto que la propia relación de esclavitud es en sí la forma suprema de violencia.


Hagamos nuestra la causa palestina, defendamos con toda la fuerza moral de la razón su derecho a la existencia, la vuelta de los refugiados, la recuperación de su tierra, el fin de la ocupación.


Desenmascaremos la hipocresía de quienes hablan de derechos humanos cuando permiten bloqueos, sanciones y guerras de exterminio que violan los de millones de personas en varias partes del mundo, incluida Palestina. Sólo la solidaridad internacional activa, a través del boicot a Israel, podrá parar la mayor operación de limpieza étnica de la historia reciente.


Palestina Vencerá. Viva la resistencia del pueblo palestino.



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16 mayo, 2018

70 años de limpieza étnica en Palestina





El 15 de mayo recuerda cada año el aniversario de la limpieza étnica en Palestina: Al Nakba (catástrofe), cuando 800.000 personas palestinas fueron expulsadas de su tierra por las fuerzas sionistas siendo el origen de los hoy más de 6 millones de refugiados palestinos y palestinas, 70 años después.

Apropiarse de más y más tierra, encerrar a la población palestina en guetos urbanos inhabitables o masacrar periódicamente campos de concentración como el de Gaza, con los ilegales muros que sean necesarios, ha sido el “programa indígena” de todos los partidos sionistas en Israel.

El estado-nación colonial impuesto con armas y mitología contra las personas nativas


[ El Plan Dalet entró en vigencia a inicios de 1948 y consistió en un constante hostigamientos a las poblaciones palestinas de las zonas de Gaza y Galilea fundamentalmente. Por hostigamiento entiéndase la entrada de los ejércitos israelíes en horarios nocturnos a los poblados y las detenciones arbitrarias. Muchos árabes comenzaron a escapar a los países vecinos desde enero de ese año, lo que finalmente se recrudeció en marzo cuando varios pueblos y comunidades pequeñas fueron literalmente borrados del mapa. Los palestinos hablaran que desde mayo de 1948 sufrieron el “Nakba” o “desastre” donde miles de familias debieron abandonar sus pertenencias producto no solo de la confrontación árabe-israelí sino del hostigamiento del ejército israelí mediante los terribles lanzallamas que incendiaban muchas de sus precarias propiedades.]


El 15 de mayo recuerda cada año el aniversario de la limpieza étnica en Palestina: Al Nakba (la catástrofe), cuando 800.000 personas palestinas fueron expulsadas de su tierra por las fuerzas sionistas siendo el origen de los hoy más de 6 millones de refugiados palestinos y palestinas, 70 años después.

El proceso se inició unos meses antes, el 29 de noviembre de 1947 y se prolongó por casi dos años. Cuando la ONU propuso partir Palestina en dos pedazos sin consultar a sus habitantes, los paramilitares sionistas comenzaron un meticuloso plan de rodear y atacar los pueblos palestinos por tres lados para que la población tuviese que huir hacia la dirección deseada por los asaltantes: hacia sus futuros campos de refugiados en Cisjordania, Gaza, Líbano, Jordania o Siria.

La elección por Palestina del 15 de mayo como conmemoración de este crimen sufrido no es casual. El 14 de mayo de 1948 Israel proclamó su estado y cada año celebra su “Día de la Independencia”. Aún está por saber de qué o de quién se independizó Israel, compuesto por personas de múltiples países que acababan de llegar como extranjeras e invasoras a Palestina.

El régimen de Israel siempre ha recurrido a la existencia de un presunto ethnos o pueblo judío para justificar su estado racista religioso. Mitología al margen, ni las personas de religión judía de Etiopía, Bielorrusia o Iraq forman un pueblo, ni las católicas de Polonia, Bolivia o Filipinas forman otro pueblo. Por supuesto tampoco forman pueblos las personas que comparten otras creencias, ideologías u orientaciones sexuales. Pero Israel se aferra a la fantasía para dar sentido a uno de los productos exportados/impuestos desde occidente al resto del planeta: “el estado-nación sustentado por un pueblo”.

El cóctel ideológico del sionismo en la matriz del estado-nación


Durante 500 años en Europa se fueron construyendo los estados como artefactos políticos que derivaron en el dominio u opresión hegemónica de unos grupos sociales hacia otros. De ahí que fueran expulsadas las personas judías por los Reyes Católicos, de Portugal, Inglaterra, etc, la expulsión de las musulmanas por Felipe III o las guerras de religión y persecuciones en casi toda Europa para lograr esos objetivos de estados-naciones con identidades uniformes y homogéneas. Un paradigma impuesto en el resto del planeta y por supuesto en Oriente Medio sin tener en cuenta la riqueza de grupos sociales y religiosos.

Los sionistas llegados a Palestina, además de armas, portaban esta mezcla ideológica de raíces culturales europeas para la construcción de su estado-nación con su “pueblo etnoreligioso” como presunto sujeto. Junto a ello, el componente colonial de supremacismo occidental ante las poblaciones nativas, y el “derecho a la impunidad” (internacional y mediática) ante sus futuros actos criminales en Palestina. Un “derecho a la impunidad” obtenido por la realidad de haber sido una de las minorías religiosas históricamente perseguidas en Europa. Toda esa maquinaria puesta en funcionamiento ha sido la que ha conducido de forma incesante la praxis del sionismo de “más y más tierra para nosotros y menos y menos población indígena en el territorio”. Este vector de empuje siempre ha sido indiferente a la existencia de una supuesta izquierda sionista cuyo campo de debate ha sido qué políticas aplicar, pero exclusivamente para el grupo social dominante, muy similar a los diferentes partidos en la Sudáfrica del Apartheid. Apropiarse de más y más tierra, encerrar a la población palestina en guetos urbanos inhabitables o masacrar periódicamente campos de concentración como el de Gaza, con los ilegales muros que sean necesarios, ha sido el “programa indígena” de todos los partidos sionistas en Israel.

Ese cóctel ha quedado muy visible estas semanas. Si recordamos la imagen del francotirador de la película La lista de Schindler que aleatoriamente dispara contra prisioneros del campo de concentración, la emoción de cualquier persona es de horror y espanto. Por el contrario, si tomamos las imágenes de estas semanas de los francotiradores del ejército de Israel disparando aleatoriamente a las personas palestinas dentro de su campo de concentración de Gaza, entonces se disuelve el horror porque los medios de comunicación hablan de “choques” y “enfrentamientos” y los gobiernos occidentales hacen “un llamado a la sensatez, el diálogo y al proceso de paz”, que no es más que la pretensión de la rendición completa del pueblo palestino.

Palestina sólo exige la legalidad internacional, nada menos

Y es que, a pesar de la manipulación, la legalidad internacional que ampara a Palestina sigue esculpida en piedra. Resoluciones de la ONU, Sentencia del Tribunal de La Haya contra el muro de Cisjordania, IV Convenio de Ginebra y mucha otra legislación incumplida hacen de Israel un estado forajido fuera de la ley.

Una de las resoluciones de la ONU irrenunciables para el pueblo palestino es la 194. Esta expresa el derecho al retorno de las personas refugiadas palestinas a sus casas (muchas siguen en pie) en el territorio de lo que hoy se llama Israel, ya sea a Tel Aviv, Haifa, etc, y a ser indemnizadas. Son más de 6 millones registradas por la UNRWA, la agencia específica de la ONU que Israel y EEUU desean que desaparezca para borrar un organismo que recuerda permanentemente que los refugiados palestinos no son producto de un huracán o terremoto sino de un crimen contra la humanidad. Las personas refugiadas de Yugoslavia o Ruanda regresaron con la pacificación de sus estados. Con Palestina se aplica una eterna excepcionalidad en la aplicación de la ley.

Por eso son ellas y ellos quienes tienen que exigir sus derechos con su vulnerable cuerpo. Durante estas semanas y hasta el 15 de mayo próximo, en Palestina se está desarrollando una gran movilización llamada la Gran Marcha del Retorno, #GreatReturnMarch. Mujeres, hombres, menores y mayores palestinas acampadas junto a las vallas y muros que les encierran, realizando una manifestación cada viernes y siendo acribilladas aleatoriamente y a sangre fría con balas explosivas. Ellas y ellos, agrupados en casi 200 organizaciones de base palestinas, nos lanzaron hace 12 años una apelación a los pueblos y países del mundo: Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel tal como se realizó exitosamente a la Sudáfrica del Apartheid.

Cuando ha habido una población nativa suficiente como para plantar resistencia a su colonización, el artefacto colonial siempre ha sido derrotado, y así ocurrirá en Palestina. El tiempo pondrá fin al macabro experimento, pero las decisiones de los pueblos, de los gobiernos, de las universidades, incluso de las empresas, con los crecientes boicots académico, institucional, cultural, económico, etc. harán que llegue mucho antes el momento histórico de conseguir el regreso de las personas palestinas refugiadas a un territorio de iguales derechos para todos sus habitantes, independientemente de la religión, identidad o grupo social.

Extraído del nº 88 de la publicación anarquista madrileña Todo por Hacer