Otro Primero de Mayo y
otra jornada de reivindicación para unos y festiva y de ocio para
otros cuando nos dicen que los datos de afiliación a la Seguridad
Social mejoran,
pero el mercado laboral sigue siendo un estercolero.
Pueden subir los datos de
afiliación por rollos estacionales, porque el personal siempre
necesita trabajar y porque los empresarios necesitan trabajadores
porque la riqueza no crece silvestre, pero nunca se pueden comparar
estos datos con los de la calidad del empleo, simplemente
porque ese indicador no existe.
La realidad es una
porquería evidente que en RTVE llaman «paradoja».
La paradoja del mercado
de trabajo español: falta mano de obra con tres millones de parados
Las empresas españolas
no encuentran trabajadores para cubrir determinadas vacantes, sobre
todo en las pymes
Falta mano de obra porque
se paga una basura, se desprecian titulaciones, experiencia y otras
muchas cosas y las condiciones suelen ser más de lo mismo, así que
nadie debería sorprenderse de que haya gente dispuesta a mandar a la mierda el trabajo.
Ni siquiera las
actividades vinculadas al espejismo de un mercado supuestamente
boyante (siempre según los cuatro cancamuseros que se lo llevan
caliente o aspiran a hacerlo) y en permanente crecimiento como el de
los
streamers se salvan de las prácticas de explotación más
arcaicas y rastreras.
En esta entrevista
concedida a Canarias-semanal,
Yolanda García Henarejos, portavoz de la Asociación Las
Kellys de Benidorm explica, de forma brillante, las
razones por las que las integrantes de este combativo colectivo de
trabajadoras se sienten “defraudadas, engañadas y utilizadas”,
y expone cuál es la cruda realidad laboral a la que se enfrentan
cada día en sus puestos de trabajo.
¡Vaya!, resulta que
Amazon.com es más infame de lo que pensábais.
Así pues...
"Informes secretos de
Amazon exponen la vigilancia de la empresa a grupos laborales y
ecologistas"...
Sí... sí, sí...
"Un
tesoro de más de dos docenas de informes internos de Amazon revelan
con gran detalle el monitoreo obsesivo de la compañía a los
movimientos sindicales, organizaciones sociales y ecologistas,
particularmente durante la temporada alta de Amazon, entre el Black
Friday y Navidad".
Porque las vacaciones
sacan a relucir el atraco autoritario, ¿no es así?
¿Tú sabes quién es el
maestro primigenio de la vigilancia?: Papá Noel. Él sabe cuándo
duermes y, claro está, sabe cuándo estás despierto, ¿no es
cierto? Él sabe si tienes prima o no. Aldous Huxley lo predijo.
[Villancico satírico]
Es mejor que no tuitees,
es mejor que no hagas huelga,
es mejor que no protestes,
te diré por
qué: Jeff Bezos.
Bezos vigila tu ciudad.
"Los
documentos muestran que los analistas de Amazon monitorean de cerca
la actividad sindical de sus trabajadores en toda Europa, así como a
los ecologistas y grupos pro justicia social en Facebook e
Instagram".
"También
indican, y un portavoz de Amazon lo confirmó, que Amazon ha
contratado a detectives de Pinkerton –la notoria
agencia de espionaje conocida por sus actividades antisindicales–
para obtener y recopilar información sobre los trabajadores del
almacén".
Han contratado al
maldito Pinkerton...
¡Guauu!... Pinkerton.
¿No suena eso como el nombre de los elfos de Satán... los
Pinkerton?
"Los
documentos ofrecen una mirada sin precedentes al interior del aparato
de vigilancia y seguridad interna de una empresa que ha intentado
enérgicamente frenar las bajas y que ha sido anteriormente
sorprendida difamando
a los empleados que intentaron organizar a sus colegas".
Christian
Smalls, a quien tuvimos en el programa. Amazon pillada
tratando de difamar a uno de sus trabajadores. La empresa más
poderosa del mundo, la gente más rica difamando a un modesto
muchacho enfermo que trabaja en su almacén, tratando de arruinar su
vida y su reputación.
Christian Smalls
"El
enfoque de Amazon de tratar a su propia fuerza laboral, sindicatos,
movimientos sociales y medioambientales como una amenaza, tiene
graves implicaciones para la privacidad de sus propios trabajadores y
de la capacidad de los mismos para unirse a sindicatos y negociar
colectivamente".
"Los
analistas de información de Amazon parecen recopilar información
sobre la organización laboral y los movimientos sociales para evitar
interrupciones en las operaciones de cumplimiento de pedidos".
"En
2019, Amazon monitoreó al movimiento de los Chalecos Amarillos
(Chalecos Amarillos, en Francia, ya sabes,
estuvimos informando), un levantamiento popular por la
justicia social que se extendió por Francia, a los movimientos de
solidaridad en Viena y las protestas contra las represiones estatales
en Irán".
¡Vaya! Amazon no quiere
que las personas se reúnan en ningún lugar, en ningún momento y
para nada, que se mantengan separadas y solas, y que se tengan miedo
unas de otras.
"El
propósito declarado de uno de estos documentos es resaltar los
riesgos/peligros potenciales que pueden afectar a las operaciones de
Amazon para cumplir con las expectativas del cliente".
"La
Agencia de Detectives Pinkerton que contrataron, que data de finales
del siglo XIX y principios del XX en los Estados Unidos, proporcionó
detectives para infiltrarse en sindicatos, contrató escuadrones de
violentos matones (esto es cierto) para
intimidar a los trabajadores en huelga y para que no se involucraran
en actividades sindicales en las acerías".
A
CONFRONTATION BETWEEN STRIKING STEEL WORKERS AND THE PINKERTON AGENTS
IN HOMESTEAD, PENNSYLVANIA, JULY 6, 1892. THIS CONFRONTATION WAS OVER
UNIONIZATION AND CONTRACT NEGOTIATIONS AT THE CARNEGIE STEEL
COMPANY'S HOMESTEAD STEEL WORKS. IT LED TO 16 DEATHS AND SEVERAL
DOZEN INJURIES. (PHOTOQUEST/GETTY IMAGES)
"Hoy,
Pinkerton es una subsidiaria de la compañía de seguridad sueca
Securitas AB, y
ha proporcionado operativos para monitorear las huelgas en West
Virginia tan recientemente como en 2018".
"No
es suficiente que Amazon abuse de su poder de mercado dominante y
enfrente cargos antimonopolio por parte de la Unión Europea, ahora
están exportando tácticas antisindicales estadounidenses del siglo
XIX a Europa”, Christy Hoffman, secretaria general de UNI
Global Union, una federación global de sindicatos que representa a
más de 20 millones de trabajadores".
Que además dijo:
"Esta
es una empresa que está ignorando la ley, espiando a los
trabajadores y usando cada página del manual de estrategias
antisindicales de Estados Unidos para silenciar las voces de los
trabajadores".
"Durante
años, la gente ha comparado a los jefes de las grandes tecnologías
con los barones ladrones del siglo XIX. Y ahora, al utilizar a los
Pinkerton para hacer su trabajo sucio, el CEO de Amazon, Jeff Bezos,
está haciendo esa conexión aún más clara".
El estadounidense Lewis
Wickes Hine (1874-1940) fue docente y sociólogo antes de debutar
profesionalmente en la fotografía con el enorme trabajo realizado
durante diez años para el Comité Nacional Contra la Explotación
Infantil de su país: un registro sociofotográfico del trabajo de
niños y niñas en plantaciones, minas de carbón y fábricas.
"Las ciudades no se
construyen a sí mismas, las máquinas no pueden hacer máquinas, a
menos que tras ellas esté el cerebro y el sudor de los hombres.
Llamamos a nuestra época la era de las máquinas. Pero cuantas más
máquinas utilizamos, más necesitamos hombres de verdad para
hacerlas y dirigirlas. He trabajado en muchas fábricas y conocido a
miles de obreros. Aquí les presento algunos; muchos son unos héroes,
y todos son personas que es un privilegio conocer".
"Les llevaré al
corazón de la industria moderna, allí donde se construyen las
máquinas y los rascacielos, donde el espíritu de los hombres se
incorpora a los motores, aviones y dínamos de los que depende la
vida y la felicidad de millones de nosotros. De esta manera, cuanto
más sepan ustedes de las máquinas modernas, tanto más podrán
también respetar a los hombres que las construyen y las manejan".
Sus primeras fotos fueron
tomadas a los inmigrantes alojados en la isla de Ellis, cerca de
Manhattan, como parte del programa educativo de la Ethical Culture
School de New York en la que enseñaba.
En los primeros años del
siglo XX se desarrolló en los Estados Unidos una corriente
progresista y humanista que intentaba paliar lo que percibían como
excesos de la gran industrialización, es decir la superexplotación
de decenas de miles de trabajadores que se incorporaban a las
fábricas. Numerosas organizaciones oficiales y no gubernamentales,
realizaban actividades de contención, investigación y difusión de
la problemática social producida por el capitalismo en ascenso.
Había un mercado
incipiente para la fotografía social y Hine, que ya había dado
muestras de su capacidad como fotógrafo, decide dejar la vida
académica para dedicarse a documentar la problemática de la clase
trabajadora.
Su primer gran encargo
proviene del Comité Nacional contra la Explotación Infantil (NCLC)
para el cual realizó entre 1908 y 1918 una enorme tarea de
seguimiento y registro fotográfico del trabajo infantil en granjas y
plantaciones, fábricas textiles, minas y manufactureras de tabaco,
de lo que resultará el corazón de su obra fotográfica. Luego de
ese gran trabajo viaja dos años a Europa contratado por la Cruz Roja
para documentar la devastación luego de la primera guerra.
"Hay dos cosas que
quería hacer: quería mostrar las cosas que debían ser corregidas,
y quería mostrar las cosas que había que apreciar".
Documentando las penurias
del trabajador moderno, Hine seguramente confiaba en poder contribuir
al mejoramiento en sus condiciones de trabajo, a “corregir” los
excesos del capitalismo. Y sin dudas, según leemos en el párrafo
citado al comienzo, su interés era mostrar al mundo a esos
trabajadores hasta ese momento anónimos, a esas mujeres y hombres
que hacían que el mundo funcione.
"Los mayores
peligros a que está sometida la sociedad son la oscuridad y la
ignorancia. Se requiere ¡luz a raudales! Por consiguiente el lema
del trabajador social es "Hágase la luz". Y en la actividad por
iluminar la realidad nosotros tenemos una poderosa herramienta que
escribe con luz: la fotografía".
En la muestra exhibida en
la sala 21 del CC Borges, compuesta por más de 80 fotografías
podemos recorrer todas sus etapas: fotos de inmigrantes, de niñas y
niños trabajadores, Europa en la primera posguerra, trabajadores
ferroviarios, la construcción del Empire State. En ellas no sólo
impacta el valor documental de las imágenes, también los epígrafes
que las acompañan:
"Manuel, joven
recolector de camarones, 5 años de edad y una montaña de conchas de
ostras detrás de él. No entiende una palabra de inglés. Biloxi,
Mississippi, 1911".
"Newsies (canillitas)
comenzando su jornada a la 1 de la mañana del domingo, durante una
tormenta de nieve. Puente de Brooklyn.1908".
"Viuda con sus hijos.
Todos trabajan en un molino. Tyfton, Georgia.1908".
Hay algo importante en
las fotografías que Hine realiza sobre la explotación infantil en
Estados Unidos, algunas de las cuales podemos apreciar en esta
muestra: los niños están fotografiados a su altura, y en general
miran a cámara, con expresión seria y concentrada. No son
victimizados, el autor los muestra agotados pero les permite
enfrentar la lente en sus propios términos, los trata con dignidad y
respeto. Son las circunstancias del contexto, sus ropas y caras
sucias, sumados al contundente epígrafe, lo que convierten a cada
foto en una elocuente denuncia.
Entre los rostros de
niñas, niños y jóvenes, que muestran sus vidas duras con
responsabilidades de adulto, y la resignación ante una realidad
inevitable, se cuelan a veces las bromas o los juegos.
Sólo uno de los
retratados muestra un rostro plenamente sonriente, “Harold Walker.
5 años. Condado Comanche. Gerónimo. Oklahoma. 1916.” Vemos sus
ropas gastadas y sucias, las manos en los bolsillos y una sonrisa con
dos dientes menos: se mezclan en la foto la niñez y la adultez. El
fondo, muy desenfocado, lo aisla totalmente de su contexto, resaltando
la franca calidez de su sonrisa. El autor intenta, quizás,
protegerlo así de la dura realidad que le tocó vivir.
El cineasta, crítico y
docente argentino Raúl Beceyro hace un interesante análisis de una
de las fotos más difundidas de Lewis Hine, "Pequeña tejedora en
una hilandería de algodón en Carolina. 1909”: “De un lado
está la máquina, el trabajo; del otro un ser humano que se ve
obligado a trabajar...Él dice que la máquina quiere aplastar al ser
humano y que el ser humano se le resiste. La fotografía es la
historia de esa resistencia. El punto de cámara, ese paso al costado
que ha dado el fotógrafo, establece toda la importancia de la
máquina; pero al bajar cincuenta centímetros la altura de la cámara
y al descender al nivel de los ojos de la niña, y además al poner
en foco al personaje, en ese momento el fotógrafo se pone
decididamente de su parte...Hine no subestima el poder de la máquina
(del trabajo, del capitalismo, del dinero, del Estado) lo sabe
enorme, y a su lado puede parecer irrisoria la resistencia de la
niña. Es posible, incluso, que esa niña que trabajaba en 1909 en
una hilandería de Carolina haya sido, ella, vencida, pero sus pares,
ellos, triunfarán. Puede pensarse que esa niña oprimida, sometida,
humillada, momentáneamente vencida, es la representante de la clase
obrera, y es sobre esa clase que la foto, finalmente habla". [1]
En sus fotos de niñas y
niños recolectando fruta, de jóvenes y adolescentes vendedores de
diarios, de niños mineros, de trabajadores ferroviarios, Lewis Hine
se pone claramente de su lado. En su serie sobre la construcción del
Empire State, muestra a los operarios arriesgando su vida en la
construcción del rascacielos, a más de cien metros de altura. Allí
también se pone del lado del trabajador. Lo hace además,
literalmente a su lado, compartiendo el riesgo, empuñando su cámara
en las alturas.
La obra de Lewis Hine,
representa seguramente el comienzo de la fotografía documental de
índole social, campo en el que pocos años después se destacarán
Dorothea Lange y Walker Evans. Es seguro que además de sus
conocimientos sociológicos y su sensibilidad social y política, su
innegable talento como retratista lo ha convertido en uno de los
autores más importantes del siglo XX.
[1] Raúl Beceyro.
Ensayos sobre fotografía. Ed. Paidós, Buenos Aires. 2005
El ministerio de
Trabajo considera que pese a su labor, celadores o limpiadoras son de
“bajo riesgo” y no les dotan de las medidas necesarias: “La
única salida debe ser colectiva, de sanitarios y no sanitarios”.
Artículo de publicado originalmente en
revistalacomuna.com
Desde hace unas semanas,
estamos presenciando una situación límite sin paragón en la
historia reciente de nuestro país con la crisis del Covid-19. El
sector sanitario se ha visto hondamente afectado, llegando a su
colapso, y con él, las condiciones profesionales y laborales de los
trabajadores. El eco de la lucha de clases, es cada vez más intenso
en los pasillos hospitalarios de todo el país. Una vez más, los
profesionales de categoría inferior como son los celadores, son
objeto de múltiples ataques. Ya advertí en un artículo anterior
que los celadores, como categoría profesional, se estaban
enfrentando a una encrucijada de la que bien tendrían que salir
airosos, o no salir (1). Intenté desarrollar mínimamente el
enfrentamiento que se cierne en los centros sanitarios, y las
políticas institucionales que empujan a esta categoría profesional
al basurero de la historia. En la actualidad, la situación es más
compleja de lo que se podría prever.
Con el recorrido temporal
que tiene el Covid-19 en nuestro país, se puede observar ya con
suficiente perspectiva, que los celadores han sido uno de los grandes
perjudicados. Actualmente son considerados grupo de bajo riesgo ante
el Covid-19, al igual que el personal de limpieza. El Procedimiento
de actuación para los servicios de prevención de riesgos laborales
frente a la exposición al SARS-COV-2 realizado por el Ministerio de
Trabajo, analiza diferentes escenarios de riesgo de exposición en el
entorno laboral, especificando que la actividad laboral que no
incluya contacto estrecho con una persona sintomática es de bajo
riesgo (2). Consideran al celador de bajo riesgo porque, en su
imaginario, el celador únicamente se limita al traslado de objetos y
de pacientes sin tener contacto físico. No sospechan mínimamente
que este sea el encargado de trasladar al paciente de una camilla a
la cama, el que le ayuda a bajar de la ambulancia, le levanta, le
acuesta o le moviliza junto con la Técnica de Cuidados de Auxiliar
de Enfermería (TCAE), o cualquier otra labor donde el contacto
directo es inevitable. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los
ingresados por Covid-19 son pacientes de edad avanzada, con movilidad
reducida, por lo que es necesaria la intervención del celador.
Tampoco hay que olvidar que son los últimos que despiden a los
fallecidos, trasladándolos a los mortuorios. Me hace pensar, que las
personas que han redactado el procedimiento o bien no se han
informado de las funciones del celador, o les da tanta indiferencia y
desprecio que no pretenden proteger al profesional. La sustitución
de este personal –al igual que el de limpieza– es fácil, porque
no necesita formación específica para ejercer su labor. Pero esta
política no se verá con el personal médico ni con enfermería, ya
que esta crisis ha demandado más de los que estaban disponibles, ya
que muchos de ellos habían emigrado allende nuestras fronteras,
donde se les ofrecía mejores condiciones laborales.
Esta consideración por
parte del Ministerio de Trabajo tiene consecuencias funestas para los
celadores, en protección y en prevención. Un ejemplo lo podemos
encontrar a finales de marzo cuando el Sindicato Asambleario de
Celadores de Gestión y Servicios denunció que los celadores
recibían los Equipos de Protección Individual (EPIs) únicamente
cuando les sobraba a las categorías superiores (3). Nada más leer
la noticia me recordó a El Hoyo, film dirigido por el bilbaíno
Galder Gaztelu-Urrutia. La película se desarrolla en una prisión
construida en vertical, en la que una plataforma va transportando
alimentos por pisos. Los que están en los superiores no tienen
problema en alimentarse, pero los que están en los inferiores se
mueren por inanición. También está ocurriendo que por esta
consideración de personal de bajo riesgo, se les den a los celadores
material de más baja calidad (aún más si cabe), aunque también en
otros centros, los EPIs facilitados a los trabajadores son iguales
para todas las categorías. Los celadores también se contagian, si
el Estado publicase las estadísticas diferenciando las categorías
se podría observar que es un claro grupo de riesgo. Pero a
posteriori argumentarán que haya sido por descuido o por
desinformación, porque no hayan leído el protocolo, aunque tampoco
ha habido una formación específica para ello en la mayoría de los
casos.
Esta política se
contradice con las medidas de protección en materia de seguridad
laboral y salud garantizadas por la Ley 31/1995 de Prevención de
Riesgos Laborales y en el artículo 17.1.d Estatuto Marco del
personal estatutario de los servicios de salud (Ley 55/2003, de 16 de
diciembre), poniendo nuestra propia vida y la de nuestros familiares
en peligro. De igual forma, se niega la PCR a personal sanitario o no
sanitario con síntomas leves o asintomáticos, pudiendo trasmitir la
enfermedad a personas sanas.
Para poder solucionar
esta situación, las salidas individuales o de categoría no son
validas, así que habrá que trabajar en una salida colectiva. Todos
los trabajadores sanitarios y no sanitarios compartimos problemas
comunes para afrontar esta pandemia. Se ha comprobado que las
privatizaciones y recortes realizados desde hace más de dos décadas
que de por sí llevaban a una situación límite al sector sanitario,
ha afectado enormemente la respuesta a una pandemia de estas
características alcanzando su colapso. Privatizaciones que tienen su
origen en la Ley 15/1997, aprobada por el PP, PSOE y los partidos
nacionalistas de derechas.
Ley que fue aprovechada
por estos partidos para facilitar la entrada de capital privado en un
servicio tan esencial como es nuestra salud, haciendo negocio de ella
(4). Las consecuencias son sobradamente conocidas: han provocado el
deterioro y destrucción de lo público, además de la muerte de
cientos de ciudadanos, a favor de pingües beneficios de las empresas
privadas.
La única solución
frente a este colapso, y a la mejora de las condiciones laborales y
de prevención de los celadores y todos los profesionales, y sobre
todo que no se vuelva a producir en un futuro, son las siguientes
medidas:
–Derogación inmediata
de la Ley 15/1997, retornando todo lo privatizado a manos públicas.
–Sanidad pública a toda la ciudadanía sin exclusión de ningún
tipo.
–Nacionalización de las empresas estratégicas del sector
farmacéutico y biosanitario, además de los centros privados
sanitarios y de las residencias de ancianos.
–Prohibición total
de la participación de la empresa privada en cualquier aspecto
sanitario.
Los trabajadores de
sanidad deben de jugar un papel fundamental para afrontar esta crisis
en la que tanto nos jugamos, defendiendo una sanidad pública y
nacionalizada. Únicamente de esta forma se podrá conseguir unas
mejores condiciones laborales y de prevención.
__________________________________________
1 Fernández Rincón,
Javier, “Celadores en la encrucijada. Lucha de clases en sanidad”,
La Comuna, 13 de agosto de 2019. Disponible en:
2 “Procedimiento de
actuación para los servicios de prevención de riesgos laborales
frente a la exposición al SARS-COV-2”, 8 de abril de 2020.
Disponible en:
3 “Sindicato
Asambleario de Celadores y Personal de Gestión y Servicios denuncia
que los celadores solo reciben Equipos de Protección Individual
(EPIs) cuando sobran a médicos y enfermeros”, Publico, 27 de marzo
de 2020. Disponible en: