Mostrando entradas con la etiqueta sanidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sanidad. Mostrar todas las entradas

02 mayo, 2026

El Bloqueo como arma de guerra: así las sanciones de EEUU están matando bebés en Cuba

 

RAZONES DE CUBA – 29/04/2026


Informe CEPR: Bloqueo y lista de terrorismo causaron aumento del 148% en muerte de bebés en Cuba. 1.800 muertes evitables desde 2018.


Enfermeras cuidan recién nacidos en hospital cubano afectado por falta
 de insumos y combustible debido al bloqueo de Estados Unidos


En la última década, Cuba ha pasado de tener una de las tasas de mortalidad infantil más bajas del hemisferio occidental (incluso inferior a la de Estados Unidos) a enfrentar una catástrofe silenciosa. Según datos oficiales, la tasa de mortalidad infantil (TMI) en la isla se disparó de 4.0 por cada 1.000 nacidos vivos en 2018 a 9.9 en 2025. Esto representa un aumento del 148%. Detrás de estas cifras hay una realidad demoledora: aproximadamente 1.800 bebés han muerto que, de haberse mantenido los índices anteriores, probablemente estarían vivos.


¿La causa principal? Un reciente estudio del Center for Economic and Policy Research (CEPR) titulado «US Sanctions and the Sharp Rise in Infant Mortality in Cuba» no deja lugar a dudas: el recrudecimiento sin precedentes del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos desde 2017 es el principal responsable de esta tragedia.


El mecanismo de muerte: cómo las sanciones golpean a los más vulnerables


El informe, firmado por los expertos Alexander Main, Joe Sammut, Mark Weisbrot y Guillaume Long, documenta cómo las medidas de «máxima presión» aplicadas por los gobiernos de Trump y continuadas por Biden (y ahora endurecidas de nuevo por Trump) han creado una tormenta perfecta para el sistema de salud cubano:


1. Asfixia financiera y de divisas: Las sanciones redujeron drásticamente los ingresos del turismo (cayeron un 59% entre 2017 y 2024), las remesas (un 42%) y los servicios médicos (un 23%). Sin dólares, Cuba no puede comprar en los mercados internacionales.


2. Bloqueo de insumos médicos: La reducción del umbral de minimis (del 25% al 10%) impide la importación de cualquier producto que contenga más del 10% de componentes estadounidenses. Esto dejó al país sin jeringuillas, inhaladores, soluciones salinas, piezas para equipos de rayos X, e incluso insumos para fabricar vacunas.


3. El «efecto disuasorio» de ser Terrorista: La reinclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo (SSOT) ha hecho que ningún banco del mundo quiera financiar compras a la isla, por miedo a las multas millonarias de EE.UU. El resultado es que ni siquiera con dinero en efectivo se pueden adquirir los medicamentos.


Si la situación era grave, el artículo advierte que el nuevo bloqueo energético impuesto por Trump en los primeros meses de 2026 ha sido el tiro de gracia. Al impedir por la fuerza naval y amenazas arancelarias la llegada de petróleo (incluso el de México), se ha provocado un colapso eléctrico nacional.


El estudio cita testimonios desgarradores recogidos por The New York Times y la prensa internacional: en los hospitales de maternidad, las incubadoras se apagan, los ventiladores de los prematuros dejan de funcionar y las ambulancias (300 de ellas paradas por falta de combustible) no pueden trasladar a las embarazadas de riesgo.


Un obstetra de La Habana declaró al citado medio que en febrero de 2026 fallecieron tres neonatos en un solo mes, la cifra más alta que recuerda. «Estamos recibiendo casos mucho más graves», admitió.


Estudios globales: las sanciones matan


El CEPR no especula. Para sostener su tesis, recurre a estudios econométricos recientes. Un análisis publicado en The Lancet Global Health (agosto de 2025) estima que las sanciones unilaterales causan unas 564.000 muertes adicionales al año en el mundo, siendo los niños menores de cinco años el 51% de las víctimas.


Otro estudio del Banco de Pagos Internacionales (BIS) revela que en las recesiones económicas (provocadas por sanciones), la mortalidad infantil aumenta en 6 muertes por cada 1.000 nacimientos. El aumento en Cuba (5.9 puntos) encaja perfectamente en ese patrón de destrucción inducida.


Conclusión: un castigo colectivo que viola el Derecho Internacional


El artículo concluye con una denuncia contundente: el bloqueo de combustible constituye un «acto de agresión» bajo la Carta de la ONU y una forma de «castigo colectivo» prohibido por los Convenios de Ginebra. Al impedir la entrada de bienes de primera necesidad, incluidos los médicos, EE.UU. está utilizando la inanición y la falta de energía como armas contra la población civil.


Mientras la comunidad internacional mira mayoritariamente hacia otro lado, en Cuba los números siguen subiendo: con el bloqueo energético en vigor desde enero, los investigadores del CEPR temen que la tasa de mortalidad infantil de 9.9 sea ya un dato histórico superado por una realidad aún más cruel.


"Esto no es política exterior", sentenciaron recientemente dos congresistas estadounidenses tras visitar la isla, "es un bombardeo económico que causa daño permanente. La mayoría de los estadounidenses no querrían esta crueldad hecha en su nombre".


Referencia: Main, A., Sammut, J., Weisbrot, M., & Long, G. (2026). US Sanctions and the Sharp Rise in Infant Mortality in Cuba. Center for Economic and Policy Research (CEPR).


(Basado en el informe del CEPR «US Sanctions and the Sharp Rise in Infant Mortality in Cuba», abril de 2026)


Descargar informe


★




14 mayo, 2025

Socializar pérdidas, privatizar ganancias: robo

 



DIARIO DE OCTUBRE – 14/05/2025

Carlos Bashir (Unidad y Lucha)


Privatizar todo


Privatización acelerada, gobiernos, partidos y sindicatos al servicio del capital, roban todos los derechos sociales conquistados por la clase obrera durante décadas de lucha de clases.


Leyendo un periódico local nos encontramos con la siguiente noticia: Los hospitales universitarios de Torrecárdenas y Poniente, junto con el de la Inmaculada en Huércal-Overa, que conforman el sistema sanitario público de Andalucía en la provincia de Almería, han derivado a centros concertados un total de 9.837 procedimientos quirúrgicos y 452.749 pruebas diagnósticas en los últimos cinco años (2020-2024). El informe del Servicio Andaluz de Salud (SAS), al que ha tenido acceso este periódico, evidencia el significativo avance de los conciertos sanitarios desde el inicio de la pandemia.


El periodista, lejos de cuestionar el fenómeno, celebra con júbilo el supuesto avance en la privatización del servicio público de salud, disfrazado bajo el eufemismo de “concierto sanitario”. Millonarias tarifas son pagadas a la sanidad privada mientras se alimenta la percepción de que lo público no funciona, favoreciendo la transferencia de servicios esenciales a manos de ¨prósperos¨ y muy corruptos empresarios.


La privatización de la sanidad pública avanza a ritmo acelerado, acompañada de la mercantilización de las pensiones de jubilación, servicios de atención domiciliaria, residencias de mayores y atención a la discapacidad. El capital no está dispuesto a dejar escapar los miles de millones de euros que fluyen a través de estos servicios, y su voracidad marca el ritmo de una apropiación constante de las rentas del trabajo.


El capitalismo, basado en la propiedad privada de los medios de producción y de intercambio, aspira a monopolizar todos los sectores que generan beneficios: sanidad, transporte, educación y comunicaciones, entre otros. Dentro de este sistema, la doble propiedad—estatal y privada—se presenta como un anacronismo. En tiempos de crisis, el capital exige la socialización de sus pérdidas, y los gobiernos, siempre serviles, se apresuran a rescatar sus inversiones con generosos intereses. En contraste, cuando los beneficios abundan, la evasión fiscal y el fraude se convierten en práctica común, desmintiendo el cliché de que «Hacienda somos todos».


La consigna de la burguesía es clara: privatizar sin cesar. Los gobiernos, incluso aquellos que se autoproclaman progresistas, trabajan sin descanso para revertir décadas de conquistas obreras mediante leyes, decretos y contratos que favorecen al capital.


Los presupuestos de guerra, rescates bancarios, fondos europeos, asignaciones a la Iglesia y el sostenimiento de la monarquía nos llevan a una pregunta fundamental: ¿de dónde provienen todos esos miles de millones? La respuesta es sencilla: del trabajo de los 21 millones de asalariados en el Estado español, quienes producen toda la riqueza y a quienes se les niega.


Es esencial recuperar la lucha de clases y combatir ferozmente el pacto social y la traidora fraternidad entre clases, desenmascarando, a la traidora socialdemocracia, al eurocomunismo y al sindicalismo, traidores y oportunistas que buscan perpetuar el sistema capitalista.


Es urgente que la clase obrera, bajo la dirección del Partido Marxista Leninista, PCPE, inicie la insurrección que ponga fin al sistema capitalista. Las masas trabajadoras, organizadas, deben conquistar el poder político para construir el socialismo.


★


17 diciembre, 2020

EL ESTADO DE ALARMA, INSTRUMENTO DE CONTROL SOCIAL A LAS PUERTAS DE UN CATACLISMO — Ángeles Maestro




Red Roja - 29/11/2020


Radios, periódicos y televisiones vomitan a todas horas datos y más datos, la mayoría incomprensibles y carentes del mínimo rigor.


Tras nueve meses de pandemia, con los servicios sanitarios otra vez al borde del colapso sin que se haya tomado medida significativa alguna –que no sea el confinamiento– para enfrentar una situación absolutamente previsible, y mientas las expectativas vitales se derrumban en los barrios obreros y para decenas de miles de pequeños y medianos empresarios, tenemos el derecho de afirmar que la estrategia del gobierno central, y de todos los gobiernos autonómicos, se dirige a utilizar todo tipo de instrumentos de control social y de represión contra previsibles revueltas populares.


La respuesta a la crisis: una gigantesca destrucción de capital al servicio de la oligarquía financiera y de las multinacionales de la energía


Aún no sabemos de dónde surgió el virus, pero sí sabemos que antes de que apareciera ya estaban encendidas todas las alarmas del estallido de una gran crisis y de que la situación social era explosiva en muchos países. En el caso del reino de España, "siendo un país rico, vive en situación de pobreza generalizada" afirmaba a principios de 2020 el Relator de la ONU para la Pobreza[1].


Como en todas las crisis capitalistas, y esta es de gigantescas proporciones, la destrucción de capital sigue su curso arrasador barriendo de la escena masivamente pequeñas y medianas empresas[2]. También como ocurre en las crisis, los bancos aceleran los procesos de concentración aderezados con la compra a precio de saldo de lo poco que queda de banca pública con la complicidad directa del Gobierno, como fue el caso de Bankia y con los correspondientes despidos masivos, al tiempo que se constituyen en administradores del crédito procedente de la UE.


En un escenario de empobrecimiento masivo y de hundimiento del modelo económico del turismo y del ladrillo, cuando urge abordar la reconstrucción productiva desde posiciones de soberanía, la UE ha decidido que las prioridades son la transición energética hacia una energía más verde y la digitalización. Esas son las condiciones para acceder a los 760.000 millones de euros del fondo de recuperación europeo, es decir, para asegurar a los bancos y a las multinacionales el control de esa ingente cantidad de dinero, negando cualquier soberanía. Todo ello cuando se está destruyendo el poco tejido industrial que queda y no es la contaminación ambiental el principal problema y cuando la digitalización –en manos del capital– servirá para intensificar la destrucción de puestos de trabajo. Es decir, mientras millones de personas se enfrentan a la destrucción masiva de sus condiciones de vida los bancos y las multinacionales, sobre todo las eléctricas y las de la energía se preparan para recibir una lluvia de millones.


A nadie se le oculta que la rápida extensión de la miseria es preludio de grandes explosiones sociales. También es evidente que el Gobierno asiste impasible al desastre que se vislumbra sin adoptar las mínimas medidas para enfrentarlo.


Un cataclismo para la clase obrera y para los sectores populares frente al que no se han tomado las medidas más imprescindibles.


El estupor de los primeros meses ante las duras consecuencias de la epidemia ha dado paso a la constatación del hecho innegable –excepto para quienes se tapan no sólo la boca, sino el cerebro– de que, mientras se multiplican los informes que revelan la causalidad esencialmente social de la pandemia, ni el gobierno "progresista", ni los gobiernos autonómicos han adoptado medidas perentorias imprescindibles, aunque tenían la capacidad legal de hacerlo.

Ni me sitúo en teorías conspiratorias, ni hablo de medidas revolucionarias.

He aquí algunos datos.

1º. En el ámbito sanitario, el gobierno central y los autonómicos:

● No han intervenido recursos –personal e instalaciones– de la sanidad privada, ni de la industria farmacéutica, ni de las empresas fabricantes de material necesario como respiradores, equipo de protección individual o mascarillas para ponerlos al servicio de las necesidades más acuciantes de la población. Las requisas, intervenciones y ocupaciones de empresas privadas estaban previstas en los artículos 8 y 13 del R.D. de Estado de Alarma del mes de marzo[3] y ninguna de ellas ni se adoptó entonces, ni nadie habla de ellas ahora, cuando según ellos mismos dicen, nos encaminamos al colapso sanitario

● Cuando desde el inicio de la pandemia se hablaba de enormes carencias de personal en la sanidad, no han tomado medida alguna, ¡en 9 meses! para convocar ofertas públicas de empleo con condiciones laborales dignas. Estas convocatorias deberían servir para incentivar el regreso de las decenas de miles de profesionales sanitarios que emigraron tras encadenar años de contratos basura o para evitar, como está sucediendo, la cascada de bajas por depresión o estrés en una sanidad pública sobresaturada.

● No han extendido de facto el derecho a la atención sanitaria a las personas inmigrantes sin papeles que siguen –a pesar de acumular todos los factores de riesgo social– sin tener acceso a la tarjeta sanitaria.

● Los gobiernos autonómicos, con la complicidad del gobierno central, han hecho posible que toda la financiación adicional que se dispuso para la sanidad acabara en manos de empresas privadas (Ribera Salud, Indra, Telefónica, Pascual, etc), mediante la subcontratación de servicios diversos.


2º En el ámbito social, el gobierno central:


● Aprobó una medida estrella, el Ingreso Mínimo Vital, cuya inoperancia da idea de lo ocurrido en otros sectores. Tras superar un laberinto burocrático, tarea casi imposible para la inmensa mayoría de las personas solicitantes, más del 60% de cerca de un millón de solicitudes, han sido rechazadas [4].

● No se han paralizado los desahucios. Mas de un millón ejecutados desde 2008 [5], y en plena pandemia asiste impasible al drama humano cotidiano de dejar a las personas con menos recursos en la calle. En el Estado español se produce un suicidio cada 2,5 horas[6], buena parte de ellos por causas relacionadas con el desempleo y los desahucios[7]. Mientras, según cifras oficiales, hay 3,5 millones de viviendas vacías, con un importante porcentaje en poder de los bancos que promueven los desahucios.

● El 30 de septiembre vencía la moratoria relativa al pago de hipotecas, de alquileres y suministros de agua, luz y electricidad contemplada en anteriores decretos [8]. El nuevo decreto de Estado de Alarma de 25 de octubre no la ha renovado; es decir, los bancos y las grandes multinacionales del agua, la luz y la electricidad tienen vía libre otorgada por el gobierno que "no deja atrás a nadie" para ejecutar nuevos desahucios y para cortar los suministros de bienes indispensables para la supervivencia a quienes de ahogan en la pobreza y en la enfermedad. El pago sólo se aplazó a partir de marzo y ahora llegan los recibos de golpe.

● No ha reforzado el sistema educativo, ni para garantizar las más elementales medidas de seguridad, ni para permitir que el alumnado de los barrios obreros –afectados por cuarentenas sucesivas– pueda seguir las clases telemáticamente.

● Tras más de 27.000 muertes de personas mayores no se han incautado las residencias privadas convertidas en auténticos "morideros" por obra de una voracidad empresarial que ha actuado y sigue actuando en connivencia con la pasividad de las administraciones. El clamor popular reclamando al Gobierno una Ley que regule el sector no ha tenido resultados[9].

● Nada se ha hecho para mejorar la situación de miseria de las personas pensionistas, sobre todo de las mujeres, que además, en muchos casos, resultan ser quienes financian a sus familias. Más de seis millones de personas cobran pensiones inferiores a los 950 euros mensuales. El dato brutal es que mientras el número global de pensiones ha aumentado, desde enero a octubre de 2020 el número de pensiones mínimas ha sufrido una importantísima disminución, exactamente 49.646. Esta cifra casi multiplica por 10 el descenso sufrido por este grupo en 2019, que fue de 9.195 personas. Sin duda, este dato refleja, una vez más, que la vulnerabilidad ante la Covid no es la edad, sino la pobreza.

● No ha adoptado medida alguna que obligara a gobiernos autonómicos y municipales a la mejora del transporte público en las grandes ciudades para evitar las aglomeraciones (en Madrid la frecuencia de paso de trenes en el metro en hora punta llega a ser superior a los 10 minutos) que son, obviamente, los mejores caldos de cultivo para la transmisión del Covid 19. Las condiciones en las que se realiza el transporte desde los barrios obreros, en los que se acumulan todos los factores de riesgo, al puesto de trabajo donde reina el patrón y la seguridad se supedita al beneficio, hacen que las medidas preconizadas para evitar contagios parezcan una broma macabra.


Y mientras, los medios de comunicación dedican más del 80% de su tiempo a extender el miedo a la pandemia.


Radios, periódicos y televisiones vomitan a todas horas datos y más datos, la mayoría incomprensibles y carentes del mínimo rigor, aderezados con análisis de tertulianos y de supuestos expertos, todos en la misma dirección. El resultado es la creación de sentimientos de pánico, de miedo a tener la mínima relación social y de inseguridad ante todo lo que suponga salir de casa, que colonizan las cabezas de millones de personas. Todo ello sin que en tan largas horas dedicadas al tema se informe de la situación en Cuba, en Vietnam o en China, países en los que la pandemia está controlada y en los que la población ha vuelto a sus relaciones sociales habituales.

Dado que todos los grandes medios de comunicación son propiedad, directa o indirectamente, de las mismas multinacionales y bancos que gestionan la crisis a su mayor beneficio, caben pocas dudas acerca de que la creación de un estado de miedo generalizado y de preconización del aislamiento social es el ambiente más propicio para conjurar lo que más temen: que la clase obrera y los sectores populares den un puñetazo en el tablero.

El miedo y la creación de una psicosis de guerra –las ruedas de prensa con militares y guardias civiles servían directamente a ese objetivo– son el mejor instrumento para disciplinar a las masas y para neutralizar, mediante la criminalización, cualquier desobediencia o resistencia.

Si a ello le añadimos el discurso que desde el gobierno "progresista" se extiende a los sectores populares proclives a la movilización a través de sus alguaciles políticos y sindicales subvencionados, de que no se debe criticar al PSOE, ni a Podemos, porque peor es que venga la derecha, el control social está garantizado. Las únicas movilizaciones admisibles son aquellas dirigidas contra los gobiernos del PP.

Ese es el servicio fundamental que presta al capital, Podemos y en general la auto-proclamada izquierda institucional: controlar el estallido de la revuelta social cuando en enero los ERTEs acaben y comience la cascada de empresas en bancarrota.

Y la función ha empezado. Ante las brutales cargas policiales contra la juventud vallecana, con varias personas heridas y detenidas, que exhibía su conciencia de clase frente a la segregación impuesta a los barrios obreros gritando "menos policía y más sanidad", la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid, con fuerte presencia de Podemos e IU, envió el siguiente twit: "En Vallecas se han producido disturbios en los que las asociaciones de vecinos no tienen nada que ver".

En los últimos días las movilizaciones de jóvenes ocurridas en varias ciudades se han sancionado desde Podemos atribuyéndolas a la extrema derecha o a posiciones negacionistas, adelantando la criminalización de la protesta y, precisamente, la utilización de la alarma al servicio del control social. Todo ello en un intento de ocultar la evidencia de que en momentos en los que la miseria y la desesperación invaden a millones, es precisamente la supuesta izquierda institucional, débil y cobarde, la que alimenta el fascismo.


La lucha de clases no se confina.


Desde todas las instancias del poder, desde los aparatos represivos a los medios de comunicación, se preparan para hacer frente a rebeliones sociales que sin duda van a producirse.

Cuando el hambre y la desesperación se extienden sin que, como he argumentado, los gobiernos adopten siquiera las medidas más elementales para paliarlas, no se puede caer en el juego de quienes pretenden confinar la resistencia y la movilización social, por la vía de la criminalización.

Es preciso que desde posiciones de independencia de clase se desenmascare la complicidad del gobierno "progresista" y de sus agentes políticos y sindicales con la estrategia de la oligarquía nacional y europea, mientras deja sumirse en la miseria y la desesperación a millones de personas de la clase obrera y pequeños y medianos empresarios condenados a la ruina más absoluta.

En este momento no son suficientes críticas abstractas al capitalismo o a las clases dominantes. Dos líneas de trabajo, íntimamente conectadas, deben regir la acción dirigida a enfrentar lúcidamente el cataclismo que se avecina.

Por un lado es necesario "identificar" cuál es el elemento que más "destroza" a siniestro y hasta a diestro; cuál es el elemento sobre el que se puede acumular más fuerza en contra y que, además, sea un pivote sobre el que descansa todo el sistema; es decir, aquel elemento que, si logramos desprendernos de él, habremos dado pasos de gigante para acabar con el capitalismo. Este no es otro que el capital financiero, al que urge expropiar de nuestras vidas y contra el que hoy entran en contradicción la mayoría de sectores populares"[10].

Es de gran importancia que frente al poder de la banca, que objetivamente aniquila no sólo a la clase obrera, sino a pequeños y medianos empresarios, se pueda construir una alianza que impida que este sector alimente las filas del fascismo.

Por otro lado, es decisivo que se activen de manera unitaria espacios de organización y de movilización, creando desde la base estructuras de poder popular, de defensa intransigente de la vida en todas sus facetas y de preparación para el duro periodo de confrontación de clase que cada vez está más cerca.


NOTAS

1 https://news.un.org/es/story/2020/02/1469232

2 https://www.vozpopuli.com/economia-y-finanzas/pymes-destruccion-empleo-despidos_0_1408959747.html

3 https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2020-3692

4 https://confilegal.com/20201027-el-laberinto-del-ingreso-minimo-vital-mas-del-60-de-las-solicitudes-son-rechazadas/

5 https://afectadosporlahipoteca.com/2020/01/28/desde-2008-se-han-producido-1-002-000-desahucios/

6 https://www.mscbs.gob.es/gabinete/notasPrensa.do?id=5006

7 https://www.elsaltodiario.com/vivienda/relacion-suicidios-desahucios

8 https://elderecho.com/la-prorroga-la-moratoria-hipotecaria-alquiler-prohibicion-cortes-suministro-vence-miercoles

9 https://marearesidencias.org/

10 https://redroja.net/articulos/informe-politico-octubre-2020/

_______________________________________________________

Nines Maestro en la asamblea de Mérida (23/11/2020)



Ángeles Maestro Martín. Capitalismo y salud



26 abril, 2020

CELADORES ANTE EL COVID-19. UNA RESPUESTA DE CLASE


Javier Fernández Rincón – El Flamenco Rojo – 23/04/2020

El ministerio de Trabajo considera que pese a su labor, celadores o limpiadoras son de “bajo riesgo” y no les dotan de las medidas necesarias: “La única salida debe ser colectiva, de sanitarios y no sanitarios”. Artículo de publicado originalmente en revistalacomuna.com

Desde hace unas semanas, estamos presenciando una situación límite sin paragón en la historia reciente de nuestro país con la crisis del Covid-19. El sector sanitario se ha visto hondamente afectado, llegando a su colapso, y con él, las condiciones profesionales y laborales de los trabajadores. El eco de la lucha de clases, es cada vez más intenso en los pasillos hospitalarios de todo el país. Una vez más, los profesionales de categoría inferior como son los celadores, son objeto de múltiples ataques. Ya advertí en un artículo anterior que los celadores, como categoría profesional, se estaban enfrentando a una encrucijada de la que bien tendrían que salir airosos, o no salir (1). Intenté desarrollar mínimamente el enfrentamiento que se cierne en los centros sanitarios, y las políticas institucionales que empujan a esta categoría profesional al basurero de la historia. En la actualidad, la situación es más compleja de lo que se podría prever.

Con el recorrido temporal que tiene el Covid-19 en nuestro país, se puede observar ya con suficiente perspectiva, que los celadores han sido uno de los grandes perjudicados. Actualmente son considerados grupo de bajo riesgo ante el Covid-19, al igual que el personal de limpieza. El Procedimiento de actuación para los servicios de prevención de riesgos laborales frente a la exposición al SARS-COV-2 realizado por el Ministerio de Trabajo, analiza diferentes escenarios de riesgo de exposición en el entorno laboral, especificando que la actividad laboral que no incluya contacto estrecho con una persona sintomática es de bajo riesgo (2). Consideran al celador de bajo riesgo porque, en su imaginario, el celador únicamente se limita al traslado de objetos y de pacientes sin tener contacto físico. No sospechan mínimamente que este sea el encargado de trasladar al paciente de una camilla a la cama, el que le ayuda a bajar de la ambulancia, le levanta, le acuesta o le moviliza junto con la Técnica de Cuidados de Auxiliar de Enfermería (TCAE), o cualquier otra labor donde el contacto directo es inevitable. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los ingresados por Covid-19 son pacientes de edad avanzada, con movilidad reducida, por lo que es necesaria la intervención del celador. Tampoco hay que olvidar que son los últimos que despiden a los fallecidos, trasladándolos a los mortuorios. Me hace pensar, que las personas que han redactado el procedimiento o bien no se han informado de las funciones del celador, o les da tanta indiferencia y desprecio que no pretenden proteger al profesional. La sustitución de este personal –al igual que el de limpieza– es fácil, porque no necesita formación específica para ejercer su labor. Pero esta política no se verá con el personal médico ni con enfermería, ya que esta crisis ha demandado más de los que estaban disponibles, ya que muchos de ellos habían emigrado allende nuestras fronteras, donde se les ofrecía mejores condiciones laborales.

Esta consideración por parte del Ministerio de Trabajo tiene consecuencias funestas para los celadores, en protección y en prevención. Un ejemplo lo podemos encontrar a finales de marzo cuando el Sindicato Asambleario de Celadores de Gestión y Servicios denunció que los celadores recibían los Equipos de Protección Individual (EPIs) únicamente cuando les sobraba a las categorías superiores (3). Nada más leer la noticia me recordó a El Hoyo, film dirigido por el bilbaíno Galder Gaztelu-Urrutia. La película se desarrolla en una prisión construida en vertical, en la que una plataforma va transportando alimentos por pisos. Los que están en los superiores no tienen problema en alimentarse, pero los que están en los inferiores se mueren por inanición. También está ocurriendo que por esta consideración de personal de bajo riesgo, se les den a los celadores material de más baja calidad (aún más si cabe), aunque también en otros centros, los EPIs facilitados a los trabajadores son iguales para todas las categorías. Los celadores también se contagian, si el Estado publicase las estadísticas diferenciando las categorías se podría observar que es un claro grupo de riesgo. Pero a posteriori argumentarán que haya sido por descuido o por desinformación, porque no hayan leído el protocolo, aunque tampoco ha habido una formación específica para ello en la mayoría de los casos.

Esta política se contradice con las medidas de protección en materia de seguridad laboral y salud garantizadas por la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales y en el artículo 17.1.d Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud (Ley 55/2003, de 16 de diciembre), poniendo nuestra propia vida y la de nuestros familiares en peligro. De igual forma, se niega la PCR a personal sanitario o no sanitario con síntomas leves o asintomáticos, pudiendo trasmitir la enfermedad a personas sanas.

Para poder solucionar esta situación, las salidas individuales o de categoría no son validas, así que habrá que trabajar en una salida colectiva. Todos los trabajadores sanitarios y no sanitarios compartimos problemas comunes para afrontar esta pandemia. Se ha comprobado que las privatizaciones y recortes realizados desde hace más de dos décadas que de por sí llevaban a una situación límite al sector sanitario, ha afectado enormemente la respuesta a una pandemia de estas características alcanzando su colapso. Privatizaciones que tienen su origen en la Ley 15/1997, aprobada por el PP, PSOE y los partidos nacionalistas de derechas.

Ley que fue aprovechada por estos partidos para facilitar la entrada de capital privado en un servicio tan esencial como es nuestra salud, haciendo negocio de ella (4). Las consecuencias son sobradamente conocidas: han provocado el deterioro y destrucción de lo público, además de la muerte de cientos de ciudadanos, a favor de pingües beneficios de las empresas privadas.

La única solución frente a este colapso, y a la mejora de las condiciones laborales y de prevención de los celadores y todos los profesionales, y sobre todo que no se vuelva a producir en un futuro, son las siguientes medidas:
–Derogación inmediata de la Ley 15/1997, retornando todo lo privatizado a manos públicas.
–Sanidad pública a toda la ciudadanía sin exclusión de ningún tipo. 
–Nacionalización de las empresas estratégicas del sector farmacéutico y biosanitario, además de los centros privados sanitarios y de las residencias de ancianos. 
–Prohibición total de la participación de la empresa privada en cualquier aspecto sanitario.
Los trabajadores de sanidad deben de jugar un papel fundamental para afrontar esta crisis en la que tanto nos jugamos, defendiendo una sanidad pública y nacionalizada. Únicamente de esta forma se podrá conseguir unas mejores condiciones laborales y de prevención.
__________________________________________

1 Fernández Rincón, Javier, “Celadores en la encrucijada. Lucha de clases en sanidad”, La Comuna, 13 de agosto de 2019. Disponible en:
2 “Procedimiento de actuación para los servicios de prevención de riesgos laborales frente a la exposición al SARS-COV-2”, 8 de abril de 2020. Disponible en:

3 “Sindicato Asambleario de Celadores y Personal de Gestión y Servicios denuncia que los celadores solo reciben Equipos de Protección Individual (EPIs) cuando sobran a médicos y enfermeros”, Publico, 27 de marzo de 2020. Disponible en:

4 Maestro, Ángeles, Crisis capitalista y privatización de la sanidad. El capital y sus cómplices políticos y sociales, Madrid, Cisma, 2013.

03 abril, 2020

La Unión Europea asoló el sur de Europa con su austeridad, hoy recoge los cadáveres del austericidio — Luis Gonzalo Segura



RT – 03/04/2020

El sistema económico mundial colapsó, hace una década, víctima de su propia voracidad, de la concentración salvaje del capital y la demolición del aparato estatal. Podría haber sido un punto de inflexión, la oportunidad de levantar un nuevo edificio de las ruinas de un sistema que ya provocó la mayoría de los desastres del siglo XX. Sin embargo, la Unión Europea, como el resto de Occidente, entregado al neoliberalismo, ese virus resiliente y letal como ningún otro que se haya conocido en la historia, prefirió apostar por la austeridad pública.

La crisis

La crisis que explosionó entre 2006 y 2008 fue provocada básicamente por la avaricia: se empezaron a vender los inmuebles lo más caro posible. La idea era obtener el mayor beneficio con la mayor rapidez y sin importar nada más. A ello contribuyó que los bancos quisieran, como siempre, sacar tajada del negocio. De la estafa piramidal, porque aquello era una especulación tan bárbara que solo puede ser calificada como estafa, aunque fuera legal. Los unos vendían y compraban muy por encima del que debería ser el precio real, muchas veces para vender por más y obtener jugosos y rápidos beneficios, y los otros daban créditos a personas que realmente no podían pagarlos. Ello hizo que la economía mejorara, los salarios aumentaran y el desempleo bajara. Todo funcionó hasta que reventó: era una ficción.

La espiral no solo fue responsabilidad de los actores privados, ya que los estados podrían haber intervenido y frenado la esquizofrenia inmobiliaria e hipotecaria, pero para entonces ya solo eran títeres, sin estructuras ni medios, en manos de los grandes capitales y empresas. En manos de los intereses privados. El castillo de naipes de desplomó víctima del pánico de los mismos avaros que lo levantaron.

Occidente no aprendió nada; la Unión Europea, tampoco. Las élites mundiales, incluidas las europeas, tan partidarias de la no intervención estatal, en lugar de dejar caer a los que habían errado, hicieron todo lo contrario. Lo hicieron porque, en teoría, dejarlos caer hubiera sido un drama. Mentira. El drama estaba cerca de acontecer.

El austericidio europeo

En Estados Unidos se rescataron a los bancos con 700.000 millones de euros. Fue el principio del fin. En España el rescate a los bancos se quedó en 60.000 millones de euros y en Italia 17.000 millones solo en 2019. Ello se debió a que Europa decidió rescatar a los bancos en lugar de a los ciudadanos. O mejor dicho, a costa de los ciudadanos. Y a quien se opuso le puso un revólver en la cabeza.

Grecia fue el primero en plantarse. Por momentos pareció que lo conseguiría, pero fracasó. Su movimiento era clave para el resto de países europeos, pendiente de si aquella pequeña rebelión surtía efecto, por lo que durante semanas el Viejo Continente contuvo el aliento. Lo contuvo entre amenazas propias de mafiosos, pues la Unión Europea puso sobre la mesa la opción de asfixiar a Grecia. Dejarlos morir, literalmente, de hambre. Conmigo o muertos. Los griegos doblaron las rodillas y suplicaron a su maltratador europeo que el castigo no fuera muy severo.

Perdieron un 20% la renta por habitante solo entre 2010 y 2015, aumentaron el desempleo hasta el 27%, la pobreza llegó a niveles insoportables y la deuda pública se disparó.

En Italia se aprobó un primer ajuste presupuestario de 79.000 millones de euros en 2011 y un segundo de 30.000 millones de euros en 2013. La deuda quedó pagada, pero Italia, literalmente, contempló la escasa belleza de la ruina moderna: 40% de desempleo juvenil, tasas de crecimiento escasas y auge de la ultraderecha. que ya cabalga en la Unión Europea con serias aspiraciones a tomar las riendas.

España recortó a nivel estatal en diferentes sectores 44.448 millones de euros solo entre 2009 y 2014, incluida la sanidad pública y tras diez años de recortes, España estaba invirtiendo en Sanidad el 5,9% de su PIB, mientras que en Europa se invertía el 7,5%, lo que provocó escasez de personal sanitario, como enfermeras (5,7 por cada mil habitantes, mientras que la media europea es de 8,5 y hay países, como Noruega, que tienen 17).

El Sur de Europa vivía una de las situaciones más ruinosas de las últimas décadas, pero los bancos franceses y alemanes cobraron, que era el objetivo de la Unión Europea, las bolsas volvieron a funcionar y la prima de riesgo desapareció de la escena.

Por estas medidas, entre 2010 y 2018 solo Alemania creció en la Unión Europea por encima del 2% –Irlanda y Luxemburgo, también, pero por ser paraísos fiscales-–, el resto de países quedó estancado en niveles de crecimiento inferiores al 2%. El parón de la economía no fue la única consecuencia del austericidio, pues los niveles de desigualdad y pobreza alcanzaron niveles que ya casi ni se recordaban.

En España había en 2019 2,2 millones de niños en riesgo de pobreza, uno de cada tres; en Italia había 1,2 millones de niños, uno de cada cuatro; y en Grecia más de medio millón, uno de cada tres. La mayoría de estas cifras se obtuvieron tras los recortes provocados por la crisis entre 2008 y 2014: Grecia pasó de 104.000 a 597.000 de niños en riesgo de pobreza y España aumentó su cifra en 800.000. No es casualidad que Grecia, Italia y España ocupen en la actualidad los puestos tercero, cuarto y sexto en el poco digno ranking europeo de pobreza infantil.

Los muertos

Hasta ahora, los que sufrían los recortes eran solo los pobres o los hijos de los pobres, ese Tercer Mundo que convive en el mismo vecindario que las élites. Los que esperan para recoger bolsas de comida en centros de caridad o acuden a comedores sociales mientras los más pudientes arrojan al cubo de la basura aquello que ya ni son capaces de comer.

Sin embargo, el virus lo cambió todo. El sistema ha sido tan esquilmado que no ha sido capaz de soportar ni siquiera un virus muy contagioso, pero escasamente letal, porque el problema real no es el virus, sino la falta de medios para controlar, soportar y curar. El problema que se vive en España o Italia, casualmente dos de los países más afectados por las medidas de austeridad, no es ni siquiera el número de muertos y enfermos, sino la incapacidad para controlarlo y el número de personas que enferman y fallecen a la vez (en España han muerto más de 10.000 personas, pero durante 2019 fallecieron más de 420.000). Muchas de ellas porque no tienen medios suficientes para ser tratados.

Se levantan hospitales de campaña y se contrata personal sanitario y se intenta desesperadamente comprar material sanitario o respiradores mientras millones de personas malviven sin ayudas.

Esta situación ha provocado que España e Italia amenacen, ahora sí, con incluso romper la baraja si la Unión Europea no cede en su pretensión de no mutualizar el daño económico causado. Postura a la que se ha sumado recientemente Portugal de forma explícita cuando su primer ministro, António Costa, calificó a Holanda como "repugnante" por afirmar que el problema de los países del Sur de Europa era que no estaban suficientemente preparados y no contaban con recursos. Algo por lo que, después, el primer ministro holandés se disculpó.

Pero lo cierto es que los niveles de desigualdad económica, pobreza e infraestructuras educativas y sanitarias son muy dispares, tanto entre los estados como dentro de los estados, lo que ha sido provocado en gran parte por las medidas austericidas que perjudicaron a los países de la Europa Meridional, recortaron su gasto público y social y ayudaron al desmantelamiento del aparato estatal en favor de concierto y privatizaciones. Desmantelamiento que comenzó durante los años noventa.

Ello ha provocado que los países europeos, especialmente los rescatados, los conocidos como PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) carezcan de recursos económicos y capacidad estatal para afrontar este virus, a diferencia, por ejemplo, de Alemania, con mejores niveles sanitarios y económicos para afrontar con mayores garantías la pandemia.

Así, mientras España no llega a 5.000 camas de cuidados intensivos antes de la crisis, Alemania con menos del doble de población contaba con seis veces más camas para cuidados intensivos (28.000); y mientras España solo hacía unas decenas de miles de pruebas de detección a la semana, Alemania realizaba un millón. Debido a ello, seguramente, la letalidad del virus en uno y otro país son casi antagónicas (España, 10%; Alemania, 1%), igual que la situación de su sistema sanitario: colapsado en España, pero en situación normal en Alemania.

La Unión Europea asoló el Sur de Europa con su austeridad, hoy recoge los cadáveres del austericidio.

15 marzo, 2020

Ante una emergencia de salud pública como la del Coronavirus: Expropiar la sanidad privada y devolverla a manos públicas — Ángeles Maestro




Red Roja – 15/03/2020

Algún día sabremos si la irrupción del Coronavirus constituye o no un eslabón de la guerra comercial de EE.UU. contra China, aunque podemos tener la seguridad de que si no lo es, no es por problemas éticos al respecto. A quienes lanzaron las bombas Hiroshima y Nagasaki, perpetraron a lo largo del planeta todo tipo de golpes de Estado, guerras y asesinatos selectivos o provocaron directamente epidemias como la del Dengue Hemorrágico en Cuba no les tiembla el pulso por razones humanitarias cuando se trata de conseguir objetivos político/económicos.

Por otro lado, es evidente que el Coronavirus ha servido de desencadenante de la eclosión de una gran crisis económica que hace tiempo se viene gestando. Lo más grave, y no hace falta ser un lince para verlo venir, es que el virus coronado servirá de chivo expiatorio de los nuevos recortes y privatizaciones, incremento de impuestos indirectos y de beneficios fiscales para el capital y, sobre todo, nuevos rescates de bancos con dinero público.

Sin embargo, hoy quiero centrarme en la situación desesperada en la que se encuentra la sanidad pública madrileña –a la que seguirán otros territorios– como consecuencia de la actual epidemia.

La situación es de desbordamiento total: no hay recursos sanitarios suficientes para atender a tantas personas que los requieren al mismo tiempo. Eso quiere decir que una cantidad importante de pacientes está muriendo, y no lo haría si los recursos fueran suficientes.

Ahora, como en todas las crisis, se ponen de manifiesto situaciones escandalosas que permanecían larvadas o semi-ocultas.

Merece la pena recordar que la suma de los recortes y de la puesta en marcha de los hospitales de financiación pública y gestión, y negocio privado, supusieron para la sanidad pública madrileña el cierre de alrededor 2000 camas y la pérdida de 5.000 trabajadoras y trabajadores sanitarios. La sangría económica que ocasionan estas empresas parásitas –en su mayoría sociedades de capital/riesgo– para una sanidad pública ya enormemente deficitaria en condiciones normales es tal, que se calcula que cuando venza su contrato se habrán embolsado seis veces la inversión realizada.

Hoy sabemos que este deterioro, planificado desde las Consejerías de Sanidad, de la sanidad pública está aumentando espectacularmente las cifras de negocio de las aseguradoras privadas. Las enormes listas de espera para tratamientos y, mucho más grave, para diagnóstico, que ocasionan miles de muertes perfectamente evitables, son su particular gallina de los huevos de oro. Las cifras son asombrosas. En Madrid el 40% de la población tiene seguro privado, con un gran crecimiento en los últimos años, insisto, engendrado desde la administración sanitaria a su servicio.

Y ante una situación tan dramática como la actual, la sanidad privada tiene la desvergüenza de declarar que no se hará cargo de los casos de Coronavirus de sus asegurados. Las Consejerías y el Ministerio de Sanidad han callado miserablemente, constituyéndose en cómplices directos del crimen cotidiano. Los hospitales de financiación pública y negocio privado, que atienden áreas sanitarias, no han dicho nada hasta ahora, pero es bien sabido que antes del Coronavirus se producía en ellos de forma sistemática una selección de pacientes. A través del call center, propiedad también de una empresa privada, se hacen las derivaciones: no rentables para la pública, rentables para la privada.

Ahora cuando la angustia se extiende, es hora de preguntarse, ¿cuántas personas no hubieran muerto si la ingente cantidad de recursos económicos, de instalaciones y de personal que está al servicio del lucro privado, estuviera planificado y gestionado por una administración sanitaria encargada de responder a las necesidades sociales? ¿Es tolerable que ante una situación tan dramática como la actual se anteponga, en sentido estricto, el negocio privado a la vida de la gente?

El escarnio de la apropiación privada de los recursos públicos se manifiesta como absolutamente inaceptable cuando las necesidades perentorias del pueblo se estrellan contra los muros del capital.

Hoy ante una incuestionable emergencia de Salud Pública, que no ha hecho más que iniciarse, no cabe otra solución que exigir al Ministerio de Sanidad y a las Consejerías la incautación y expropiación de todos los recursos sanitarios que están en manos privadas, de forma que la administración cumpla con su obligación de planificar y ponerlos en su totalidad al servicio de la población.
______________________________________________

China envía suministros médicos a España e Italia - Gaceta Médica