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13 junio, 2013

La canica



La canica es simple, bella y asequible para cualquiera. Suele ser de cristal o de cualquier otro material modesto, por lo que no otorga a su portador distinción social alguna. Para jugar a las canicas es necesario en primer lugar, la participación, y en segundo lugar disponer de un espacio de tierra libre de los obstáculos y amenazas que colman nuestras deshumanizadas urbes. 
La canica no necesita pilas, ni cables, ni más energía que la del jugador, solamente reclama manos ágiles y un agudo sentido del espacio. Cabe en el bolsillo y su extravío, a menos que se trate de esa tan especial e insustituible, no supone una pérdida irreparable. La canica propicia el diálogo, la danza y el dibujo común que jugadores y jugadoras han de realizar sobre la tierra. Frente a la invasión de tantos y tan costosos artilugios de pronta caducidad –a menudo mal denominados juguetes– que propician el aislamiento y la introspección, tras siglos de existencia inalterada, la democrática canica permanece plenamente vigente. Es decir: ¡resiste!
                                                                                                  Loam