No hace falta que
desclasifiquen y publiquen documento o archivo secreto alguno para
saber quienes son y de qué son capaces estos canallas parapetados
tras los podridos muros del poder. No hacen falta mascaradas
mediáticas de "transparencia" destinadas a convencernos de que
allá arriba hay buenos y malos, y de que cuando los buenos
releven a los malos todo estará resuelto. Las deportaciones masivas,
la despiadada explotación laboral, la hiriente injusticia social, el creciente expolio que propicia la pobreza de la mayoría y el desorbitado
enriquecimiento de unos pocos. Las atrocidades de la clase dirigente
son obscenamente evidentes, basta abrir ojos y oídos. Genocidios,
guerras, terror, asesinatos, tortura, expolio, racismo, explotación,
abuso, mentiras y propaganda. Lo que la soldadesca del imperio
perpetró en Abu Ghraib no es muy distinto de lo que se perpetra, con
mayor lujo y privacidad, en los palacios de quienes arman y comandan
a dicha soldadesca. Las atrocidades cometidas en Palestina y en
Líbano por los miembros del genocida ejército de ocupación
sionista, la descarada jactancia pública de sus crímenes y su
impunidad, son fiel reflejo de la catadura moral de quienes les
pagan, arman, ordenan y alientan al crimen. La destrucción de escuelas, hospitales, universidades, iglesias y
refugios civiles, la deliberada matanza de niños y niñas, mujeres
embarazadas, recién nacidos en incubadoras, médicos, personal
sanitario, periodistas y toda persona que no pertenezca a su
supremacista club privado, revela a las claras quienes están asaltando el mundo y cómo. La evidencia, como la sangre, se derrama ante nuestra mirada.
¿Qué más "archivos" necesitamos?
Una nación fundada por
esclavistas sobre el despiadado genocidio de los pueblos indígenas.
Una nación genocida que
ha emprendido más guerras que ninguna otra a lo largo de su corta
historia.
Una nación cuya
codiciosa oligarquía ha hecho de la guerra y la matanza un lucrativo
negocio.
Una nación que, en nombre de la democracia y la libertad,
ha violado repetidamente la soberanía de otras naciones mediante
intriga, manipulación, propaganda, sanciones, bloqueos, cruentos
golpes de estado e invasiones, llegando a asesinar a sus legítimos
dirigentes.
Una nación que ha
chantajeado, endeudado, expoliado y empobrecido a numerosos países
abusando de su privilegiada posición económica y militar.
Una nación supremacista
que se considera a sí misma modélica, excepcional y superior al
resto de las naciones, haciéndoselo creer a su propia y adoctrinada
población (1).
Una nación que no
respeta más ley que la dictada e impuesta por sus volubles intereses
imperialistas.
Una nación con una
sombría predilección por las cárceles que cuenta con la mayor
población penitenciaria del mundo, que mantiene ilegalmente abierto
el campo de concentración de Guantánamo (en territorio ilegalmente
ocupado) y que es responsable directo de la existencia de ese otro,
el más grande y poblado del mundo, llamado Franja de Gaza.
Una nación que esgrime
cuando le conviene el derecho a la libertad de expresión, pero que
silencia y encarcela a cualquier periodista (Julian Assange) que ose
exponer sus crímenes.
Una nación con más de
800 bases militares diseminadas por todo el planeta y cuyas embajadas
se asemejan más a mafiosas oficinas de extorsión que a misiones
diplomáticas.
Una nación gobernada por
los intereses privados de unas cuantas familias de oligarcas, las
únicas que pueden permitirse el lujo de costearse las
multimillonarias campañas electorales.
Una nación racista en la
que negros e hispanos colman sus cárceles y han de enrolarse en las
fuerzas armadas para poder sufragar sus estudios.
Una nación sin seguridad
social en la que, para la mayoría, caer enfermo puede suponer la
ruina e incluso la muerte.
Una nación capitalista,
imperialista, rica y armada hasta los dientes que bombardea a su
antojo a cualquier país que no se avenga a su “orden basado en
reglas”.
Una nación que tiene en
su haber el vil galardón de haber sido la única que ha arrojado
bombas atómicas sobre población civil indefensa.
Una nación que apoya y
arma al régimen nazi ucraniano y al genocida Estado apartheid
sionista.
No sé yo si a este
monstruoso engendro se le puede seguir llamando apropiadamente
nación, o si es que en realidad se trata de una inefable y "excepcional" especie de truculenta entidad.
(1) Durante la desastrosa guerra de Vietnam, se decía que el gobierno de Estados Unidos trataba al público como a una granja de hongos: lo mantenía en la oscuridad y lo alimentaba con estiércol.
Guiada por la sumisa
obediencia del siervo, la mamporrera maquinaria mediática otanista
anda de puntillas sobre una realidad imposible de ocultar o
enmascarar por más tiempo: Ucrania (la OTAN) ha perdido la guerra
por delegación ("hasta el último ucraniano") que EEUU inició
en 2014. Si no fuera por las trágicas cifras de una población
arrojada a la muerte en aras del decrépito imperio yanqui, las "noticias" sobre Ucrania y su grotesca difusión serían motivo
de hilarantes chanzas. Una risa imposible que se transforma en asco y
desprecio hacia esa caterva cómplice, ese elenco de alpistadas
cotorras que se autodenominan periodistas. ¿Libertad de expresión? No. Libertad de presión de los amos de los medios, de las clases dominantes.
Un mejillón filtra 25
litros de agua al día, una minucia si la comparamos con la ingente
cantidad de "noticias", gilipolleces, propaganda, patrañas y demás tóxica desinformación que cada minuto ha de
filtrar la población precavida para no envenenarse.
Quienes creyeron que "aún quedaba más", ahora descubren espantados que en realidad "ya queda
menos". Contrariamente al capital tramposo, ni el tiempo ni la vida se contraen o estiran a conveniencia. Lo que estamos contemplando en la cúpula no es ya
propiamente un combate, es el intento desesperado del ladrón que,
en su huida, intenta inútilmente preservar los restos de su
sangriento botín. La desbandada de Afganistán no fue sino un claro y
paradigmático vaticinio.
Algo dramáticamente
grave e inesperado (es decir, un milagro) tendría que suceder para que Rusia perdiera o no
ganara la guerra que contra ella están librando en Ucrania los
Estados Unidos y la OTAN. Evidentemente, no es esto lo que sostiene
el conjunto del rastrero aparato mediático occidental, convenientemente
convertido en el más infame y potente instrumento de propaganda de
la historia al servicio del capital estadounidense. Desde dichos
medios, se nos dice insistentemente que Ucrania (la OTAN) vencerá,
que Rusia está cada vez más débil, que sus municiones son ya
escasas, que sus tropas están desmoralizadas, que el presidente
Putin está enfermo, que existe malestar en la cúpula militar rusa y
descontento en algunos sectores gubernamentales... y un largo y
esperpéntico etc. Yo personalmente, y tengo 73 años, nunca en mi
vida he contemplado un tsunami tal de patrañas, propaganda y
desinformación tan servilmente orquestado y consensuado, tanto por
los gobiernos como por el conjunto de la denominada “prensa
democrática”. Abrupta e ilegalmente clausurados los medios de
comunicación rusos, silenciada cualquier voz contraria a la
narrativa dictada por Washington y la OTAN, sólo cabe abrirse paso
como mejor sepamos en busca de la verdad ocultada y censurada por
esta creciente oscuridad fascista.
Quienes han urdido esta
guerra, dueños o patrocinadores de los medios de comunicación
convertidos en arma de la misma, saben muy bien que Rusia no será
vencida, ni en el campo de batalla económico, mediante las nefastas
sanciones, ni mucho menos en el militar. Rusia posee no sólo el
ejército continental mejor formado y pertrechado del mundo, con una
arraigada tradición de resistencia popular y de históricas
victorias que huelga enumerar, sino que, además, dispone de un
poderosa industria de defensa, de los recursos naturales para
abastecerla y de una red de transporte amplia y eficaz. Y, lo que es
más importante, un pueblo con una casi telúrica querencia por su
país (Россия-Матушка / Madre Rusia) y por su soberanía.
¿Entonces –podría uno
preguntarse– por qué mienten los dirigentes y los medios
occidentales? ¿Por qué aseguran e insisten en la victoria de
Ucrania? Pues por el mismo adagio por el que
arrasaron Yugoslavia y han destruido el gaseoducto germano-ruso: para mantener a EEUU dentro, a Rusia fuera y a Alemania abajo. O sea, hegemonía. Algo que EEUU está perdiendo a raudales. La Unión Europea –y el Reino Unido en su estatus de
superintendente del imperio–, es una colonia del imperio
estadounidense, económicamente sometida y militarmente ocupada por
el mismo. Sólo alguien extremadamente cándido o ignorante puede
creer que las numerosas bases militares estadounidenses repartidas
por Europa están ahí para proteger a la población europea, la
democracia, la libertad y demás paparruchas burguesas destinadas a
legitimar la colonización y la explotación de las clases
subalternas por una oligarquía cuya única patria es el capital, su
capital. No, las bases están y siempre estuvieron ahí
exclusivamente para proteger los intereses del imperio estadounidense
y evitar cualquier tratado o alianza que pueda suponer competencia o
amenaza hacia los mismos. Por eso mienten.
Un imperio cuyo poder no
está en continua expansión (algo intrínseco a todo imperio)
alcanza un límite a partir del cual comienza a contraerse,
implosiona (violentamente, algo intrínseco, también, a cualquier
imperio). Entre otras cosas, porque sus "músculos" ya no son
capaces de sostener el peso del orden impuesto ni de administrar su
creciente complejidad. Probablemente sea la guerra de Ucrania el
último y desesperado intento imperial de aferrarse a su menguante
hegemonía, síntoma y clara manifestación de que el imperio
estadounidense ha rebasado el limite de su expansión y comienza a
contraerse. Zelenski, un tipo sin escrúpulos que no es ni presidente
ni soldado, aunque se disfrace de ambos, es el criado encargado de
servirle al emperador sus últimas sangrientas copas: "más armas,
más armas, más armas".
Es curioso, todos los
acólitos del moribundo imperio visitan a este icono de la corrupción
y servicial criado de la camiseta parda; lo abrazan, lo agasajan, lo
remuneran, lo animan... Y sin embargo, esa reiterada especie de
liturgia mediática tiene un ominoso cariz fúnebre, amargo, trágico
por cuantos muertos yacen asesinados bajo las alfombras sobre las que
los asesinos caminan, bajo las poltronas en las que se sientan y bajo
los atriles sobre los que farfullan, prometen... y mienten.
Al imperio sólo le queda
el terror, es lo único que reparte gratuitamente y en abundancia,
las armas que tan reiteradamente le solicita el falsario presidente
de Ucrania, esas hay que pagarlas despedazando el país y derramando
su sangre y su futuro en las putrefactas fauces del imperio. Todos
los acólitos de la OTAN participan de este macabro ritual, todos, en mayor o
menor medida, arrancan y arrojan trozos de sus países a las ávidas
garras del imperio moribundo. Todo lo que entregan para tan "noble causa" se le roba a los pueblos; cada tanque, cada avión,
cada fusil, cada bala supone, como dijo Fidel Castro, un hospital,
una escuela, una carretera, un puente menos, y el trabajo de los
muchos convertido en el lujo y el poder de unos pocos. Si estos
criminales vuelven a hablarme de democracia, de derechos humanos y de
libertad, les parto la matraca.
Tropiezo
fortuitamente con un artículo
titulado 'Von der Leyen anuncia un impulso a las herramientas
anticorrupción de la UE'. En dicho artículo, la fanática defensora
del régimen nazi ucraniano presidido por el monigote Zelensky,
anuncia que «Bruselas también presentará un paquete de defensa de
la democracia para desvelar la influencia extranjera encubierta»,
en subliminal pero clara referencia a "la maligna Rusia", como el
público en general interpretará dada la insidiosa e incesante
propaganda desplegada por la militarizada y abyecta prensa
occidental. Quedan, cómo no, exentos de la pérfida "influencia extranjera" los Estados Unidos y las criminales satrapías del Golfo, tal vez
porque su decisiva influencia sobre la UE es tan obvia que no cabe
calificarla de encubierta.
Esta delirante señora,
el belicoso Borrell y la ingente tropilla de burócratas bajo su mando
(con permiso de Washington, claro) no paran de presentar “paquetes”
de lo más pintorescos, como destacados especialistas que son en eso
de marear la perdiz mientras el general Capital dispara contra todo lo que se mueve.
Con el desparpajo propio
de quien acaba creyéndose su propio desvarío, la presidenta de ese
lujoso chiringuito oligárquico denominado Comisión Europea dijo
querer centrarse «en la corrupción, con todas sus caras. La cara de
los agentes extranjeros que intentan influir nuestro sistema
político. La cara de empresas o fundaciones dudosas que abusan del
dinero público». Por supuesto, la aristocrática burócrata no
menciona los mafiosos lobbies y gobiernos extranjeros que
inundan de armas a Europa, ni a las corporaciones que la saquean y
para las cuales la Comisión (y sus comisionados) trabaja
incondicionalmente.
Von der Leyen ha
señalado que la propuesta será presentada
«el año próximo» [no hay prisa ninguna] y que, ¡agárrate!, «elevará estándares»
para delitos como el enriquecimiento ilícito, el tráfico de
influencias y el abuso de poder, «más allá de delitos clásicos,
como el soborno». Con la sangre de su víctima y suntuosa
estilográfica, el asesino garrapatea la palabra Justicia.
Prosigue la mendaz
aristócrata (contengan la risa, que esto es serio) diciendo que, «Si
queremos ser creíbles cuando pedimos a países candidatos [al
oligárquico club] que refuercen sus democracias, también debemos
erradicar la corrupción en casa», añadiendo que «la corrupción
también se incluirá en el régimen del que dispone la Unión
Europea para sancionar violaciones de derechos humanos en terceros
países». No especifica ninguno en concreto (por ejemplo, EEUU, UK,
Arabia Saudita, Canadá o la propia UE) porque de todos es sabido que
cerrar la tapa del piano con las manos en el teclado puede ser fatal
para el pianista.
Von der Leyen señala que
«es deber de la Comisión de continuar protegiendo los valores del
Estado de Derecho y que seguirá insistiendo en la defensa de la
independencia judicial». ¿Va a exigir entonces la excarcelación
inmediata de Julian Assange, el cierre de Guantánamo, la condena y
sanción del genocida apartheid israelí, el fin del criminal, ilegal
e ilícito bloqueo de Cuba, las arbitrarias sanciones impuesta a
Venezuela, a Irán, a la República Popular de Corea, la devolución
de su territorio al pueblo saharaui, etc.? Ya ve, señora Von der
Leyen, en lo tocante al Estado de Derecho la lista es enorme, tiene
usted faena para rato.
Además, la alemana
anuncia que «Bruselas presentará un paquete de defensa de la
democracia para desvelar la influencia extranjera encubierta y la
financiación turbia que ha llegado, por ejemplo, hasta centro de
investigación independiente de la universidad de Ámsterdam, cerrado
este año tras descubrirse que estaba siendo financiada por entidades
chinas [¡cielos!] y publicando estudios que calificaban los
supuestos trabajos forzados de los uigures de meros rumores».
«Las mentiras son
tóxicas para nuestras democracias. Si hemos introducido legislación
para vigilar inversiones extranjeras directas en nuestras empresas
por motivos de seguridad, ¿no deberíamos hacer lo mismo con
nuestros valores?». Este nuevo paquetito, al que Von der Leyen no ha
puesto fecha [total, pa qué], pretende evitar «que los caballos de
Troya de las autocracias [ya tú sabes, China, Rusia, Irán...]
ataquen nuestras democracias desde dentro», concluyó la muy
hipócrita lavándose las manitas y quedándose tan pancha. De Blac
Rock, Monsanto, Loocked Martin, Boeing, BAE Systems, Raytheon,
Northrop Grumman y las infames plutocracias imperialistas, ni pío,
ni pío.
Inunda los medios una
propaganda hipócrita, exasperante, maliciosamente destinada a
excitar la lágrima fácil de un público embaucado, incauto y
extremadamente vulnerable a las trampas urdidas por la factoría mediática de la oligarquía imperialista. La relación de mentiras
vertidas a granel por la prensa occidental y el grueso calibre de las
mismas es de tal magnitud, que sería imposible abarcarlas y
analizarlas aquí. Agresivamente impuesta por las clases dominantes,
la verdad única sólo tiene una ventana, las demás han sido cegadas
o directamente destruidas. Envuelta en hechizantes oropeles "democráticos", la ley mordaza extiende su totalitaria censura
hasta los más distantes confines del imperio, tras los cuales se ha
decretado que sólo existe el terror y la infinita maldad del otro.
La democracia que nunca existió, ha muerto.
Circula en Facebook, en
el marco de la invasión a Ucrania por parte de Rusia, la imagen de
una niña llorando en el piso agarrando una muñeca y con quien
aparenta ser su madre tirada sin vida. Sin embargo, esto es falso
ya que la fotografía no tiene relación con este conflicto.
El posteo
en Facebook fue compartido más de 9,4 mil veces, según los datos
aportados por la propia red social.
Tras utilizar la
herramienta de búsqueda inversa TinEye,
se puede determinar que la primera referencia que aparece de la
imagen
corresponde al año 2010 bajo el título “Escena de La fortaleza de
Brest”, en inglés.
La Fortaleza de Brest es
una estructura ubicada en la actual Bielorrusia que en 1941 fue el
escenario de una batalla entre los nazis, que habían iniciado la
invasión de la Unión Soviética, y el Ejército Rojo.
El sitio de fact-checking
en español AFP Factual también verificó esta desinformación y
publicó el perfil de la
plataforma de producciones audiovisuales IMDB
con información sobre la película “Fortress of War” (Fortaleza
de guerra), una coproducción
de Rusia y Bielorrusia dirigida por el ruso Aleksandr
Kott.
La película “La
Fortaleza de Brest” fue estrenada en 2010 y está ambientada en esa
batalla.
Dentro del sitio web
oficial se pueden encontrar una serie de fotografías
de la película, entre las que figura la que corresponde a la imagen
viral.
En este nefando mundo
capitalista, quienes poseen más dinero, y por tanto más armas,
pueden hacer y deshacer a su antojo sin límite alguno. El resto ha
de cumplir las leyes que ellos dictan, pero de cuyo cumplimiento se
autoexcluyen. Juan Carlos I 'El Inviolable' es
una reciente y clara muestra individual, pero hay estados con similares
características. De todos ellos, Estados Unidos ('El Imperialísimo'), es el máximo exponente, con sus 800 bases militares
estrujando al mundo, incluida su propia población.
Pese a los múltiples
crímenes perpetrados por dicha nación, Estados Unidos sigue siendo,
para muchas otras, un paradigma ideológico a imitar y con
el que aliarse. No importa cuantas arbitrariedades, guerras,
extorsiones y atropellos lleve a cabo, ninguno de sus aliados, por muy democráticos y legalistas que se proclamen, tendrá la decencia de condenarlos, y menos aún de romper
relaciones con un monstruo que ha crecido en la impunidad, la prepotencia y
una fe delirante en su propia propaganda.
Es evidente que son las
élites dominantes de las llamadas democracias occidentales, las que
apoyan sin pudor este depredador sistema económico y su militar
globalización. El resto de la población, consciente o no de ello, lo sufre.
Así pues, el democrático
Estado español –el mismo que vende armamento al sátrapa Saudí–, "ya tiene decidido", sin siquiera consultar a su supuestamente soberana población,
prorrogar el vergonzoso contrato. Poco importa, al parecer, que
Marruecos se anexione impunemente El Sahara Occidental gracias a la arbitraria y determinante intervención de Estados Unidos y en contra de todas las resoluciones de la ONU [1]. Tampoco parece importar que, a la hora de
firmar el tratado de ocupación, quiero decir, de "defensa", el
asesinato de José Couso a manos del ejército "aliado" siga
todavía impune [2]. Y no está de más señalar, en estos tiempos de exacerbada propaganda fascista, que no fueron los
musulmanes, ni los comunistas, ni los chavistas, ni los anarquistas
los que asesinaron a José Couso, fueron los terroristas de Washington,
esos mismos con los que el servil Estado español se presta, raudo y veloz, a renovar
su infame alianza.
El prepotente gesto del
bravucón Donal Trump, empujando abruptamente al primer ministro de
Montenegro, Dusko Marcovic, no fue sino la indisimulada muestra de lo
que viene siendo, desde el genocidio de los pueblos nativos
norteamericanos, la agresiva política imperialista de Estados Unidos
y su podrida casta de mega-millonarios.
"Estados Unidos, a
partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, usó su poder económico,
militar y los organismos financieros nacidos del acuerdo de Bretton
Woods, –dada la debilidad de la mayoría de los países del mundo y
escudándose en el anticomunismo– para sancionar a los Estados que no
se alineaban a sus intereses económicos y estratégicos.
Las excusas más
recientes para ejercer sanciones han sido la violación a los
derechos humanos y el terrorismo, incluso, en países donde se ha
comprobado por documentos desclasificados que el mismo Gobierno de
EE.UU. ha alentado, financiado y protegido a regímenes dictatoriales
en América Latina y el Caribe, Medio Oriente, África y Asia, sin
contar las decenas de invasiones y golpes de Estados, telón perfecto
para el sometimiento y la subordinación".
En la actualidad, Estados
Unidos, apoyado por sus serviles socios, mantiene su prolongado y
criminal bloqueo a Cuba, ha impuesto sanciones y embargos a
Venezuela, a Siria, a la República Popular Democrática de Corea, a
Iran, a China, a Rusia y a Nicaragua.
Lo único bueno que cabe
esperar del imperio, sea cual sea la marioneta que lo presida, es su definitiva desaparición.
Notas:
[1]. Resoluciones
de la ASAMBLEA GENERAL de las Naciones Unidas sobre el Sahara
Occidental.
Súbitamente, todo el
mundo aplaude a quienes ayer denigraban y agredían en los
hospitales. Súbitamente, todo el mundo ama a los ancianos, olvidados
en reservas, silenciados y escarnecidos por una publicidad que tiene
como modelo una juventud idealizada según los cánones mercantiles
al uso. Súbitamente, todo el mundo ama a los animales que todos los
años abandonan al termino de las vacaciones o ahorcan tras la
temporada de caza. Súbitamente, todo el mundo ama la naturaleza que
colman de plásticos y otras innecesarias porquerías. Súbitamente,
todo el mundo ama, aplaude y canta con el vecino, al que ayer ignoraba
por completo. Qué queréis que os diga...
“...ya podrán
repicar los cascabeles de la mojigatocracia, esbozar sonrisas de
cocodrilo los politiqueros de la cultura y entonar caracoles
disfrazados de noviembre los alguaciles del retroconformismo
neoprogresista”. Antonio Saura
La película no está en
la pantalla.
La pintura no está en
los museos.
La música no está en
ninguno de los dispositivos tecnológicos que la engullen y venden
como tal.
La voz no está en
los medios.
Todas ellas fueron
secuestradas, reconducidas, etiquetadas y empaquetadas para la venta
a especuladores e ilusos por los mercachifles de la insaciable clase
dominante, que impone valores y cánones de acuerdo a sus intereses
ideológicos y económicos.
Todo ese conjunto
cultural de onerosos aspavientos embalsamados que ellos
denominan arte no es más, ni menos, que un complejo y sutil
aparato de propaganda y mercadotecnia del que liba una amplia y
servil caterva de avispados mamporreros del sistema.
Hay que liberar al perro
de las garrapatas y a su ladrido del secular bozal.
No me he planteado nunca
cómo salir de la cárcel, sino cómo destruirla, dado que eso es el
capitalismo, una cárcel de la que no se puede salir más que
destruyéndola.
En sus más justos
términos, paz significa que a nadie le falta ni le sobra nada. El
fracaso del capitalismo es evidente.
Consciente. Mi conocimiento es muy
limitado, pero en señaladas ocasiones abarca convenientemente lo
esencial.
Lástima que algunos
escritores desaparecidos no hubieran escrito más, y que otros, vivos
o desaparecidos, hayan escrito tanto.
Va brotando del silencio
el fragoroso rugir de la urbe, que no despierta: se pone en
funcionamiento.
Si la flor no se
marchita, no es una flor. Si no permanece, tampoco.
Democracia. No es el
atrezzo lo que hay que cambiar, sino el guión y los actores.
Paradoja. Ha sido la
extrema agudeza de nuestros sentidos la que ha permitido engendrar
los instrumentos capaces de confundirlos y engañarlos.
Ruido, ruido, ruido
ininterrumpido y trepidante. No hay donde guarecerse del ubicuo
fragor acústico que nos convierte en aturdidos apéndices del
disparate. Se alimenta al tímpano como a las ocas, provocando la
obesidad de su sordera, preparándolo para el banquete de la
demagogia.
Mercado. Al acecho de nuestras
debilidades para potenciarlas y así sustituir nuestras defensas
naturales por su protección artificial.
Desfilan ante vosotros y vosotras las fuerzas que os oprimen y lo celebráis vitoreándolas, saludando con admiración a sus mandos y banderas. Es como tener lepra y rendirle homenaje al bacilo de Hansen.
.
Por qué va este matón tan protegido, cuando es al mundo al que hay que proteger de él.. (Por el mar corre la liebre, por el monte la sardina) .
Desde
tiempo inmemorial, suele ser considerado merito y propiciado por las
altas jerarquías el hecho de convertirse en un montón de chatarra
amaestrada al servicio de la maquinaria del Estado.
.
“Nuestras derrotas lo único que demuestran es que somos pocos los que luchan contra la infamia. Y de los espectadores, esperamos que al menos se sientan avergonzados.” Bertold Brecht .