Liberación
– 28/08/2023
La operación militar
especial de Rusia en Ucrania –que ya cumple dieciocho meses–,
desveló además del nazismo, la trama de biolaboratorios, armas
biológicas y experimentos perpetrados por el gobierno de Estados
Unidos, sus agencias y empresas extraterritoriales.
Si bien, aún posee
aristas desconocidas, varias de las denuncias del Ministerio de
Defensa de la Federación Rusa eran conocidas por periodistas e
investigadores, y habían sido reseñadas con escaso o prácticamente
nulo eco por diferentes medios de comunicación.
El gobierno ruso y su
inteligencia han seguido monitoreando la actividad biológico-militar,
principalmente de Estados Unidos y sus socios, en Ucrania y otras
regiones del planeta. Muchas, constituyen prácticas que violan
completamente las convenciones sobre armas biológicas y, algunas,
son perpetradas bajo estricto secreto y de forma clandestina,
ocultando sus verdaderas intenciones, incluso a los países donde
operan.
Mucho antes, en abril de
2021, Nikolái Pátrushev –secretario del Consejo de Seguridad de
Rusia–, ya advertía que los biolaboratorios estadounidenses se
instalaban "por una extraña coincidencia", cerca de las
fronteras de Rusia y China, y que se había detectado "brotes de
enfermedades no típicas de estas regiones en las áreas adyacentes".
Y agregaba: "Nos dicen que estaciones sanitarias y epidemiológicas
pacíficas operan cerca de nuestras fronteras, pero por alguna razón
recuerdan más a Fort Detrick en Maryland, donde los estadounidenses
han estado trabajando en el campo de la biología militar durante
décadas".
Ya no parece coincidencia
que los biolaboratorios que se conocen, y que precisamente son
financiados por el gobierno de Estados Unidos y/o por sus empresas de "seguridad biológica", se distribuyan en torno a Rusia, China e
Irán.
Pátrushev indicó que se
está reuniendo "la base probatoria sobre la actividad biológico
militar de Estados Unidos en Ucrania", tras lo cual "todo el
mundo civilizado acabará viendo que Estados Unidos se ha convertido
en un ‘digno’ sucesor de las tradiciones del ‘Tercer Reich’,
donde se practicaban experimentos inhumanos con personas. Ucrania y
Estados Unidos fueron los únicos países del mundo que votaron en
contra de la resolución de la Asamblea General de las Naciones
Unidas sobre la lucha contra la glorificación del nazismo y otras
iniciativas similares".
LA IMPLICACIÓN DE
EEUU
No es un misterio que
Ucrania ha servido de reservorio y conejillo de indias tanto para las
armas biológicas como para las nuevas formas de guerra ideadas por
Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte
(OTAN), y que incluirían "producir patógenos o enfermedades",
utilizando muestras de personas de las diferentes etnias de Eurasia,
muestras que dichos biolaboratorios habían ido recopilado desde
hacía varios años, sino décadas.
La implicación del
gobierno de Estados Unidos, sus agencias y compañías es evidente.
Incluso se ha reportado que en su propio territorio
significativamente aumentó el número de laboratorios con niveles de
bioseguridad BSL-3+ y BSL-4. Pareciera que una próxima guerra
biológica está en ciernes, lamentablemente.
Como bien lo expresara el
ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov:
"además de los treinta
laboratorios biológicos en Ucrania, Estados Unidos ha creado cientos
de esos laboratorios en otros países. (…) Muchos se establecieron
en varios países de la antigua Unión Soviética precisamente a lo
largo del perímetro de las fronteras de Rusia, así como en las
fronteras de China y en las de los otros países ubicados allí".
Fue el propio gobierno
estadounidense quien expresó públicamente que “dirige” unos 336
biolaboratorios en treinta países. Sin embargo, los contratos
hallados por el ejército ruso en Ucrania sugieren que firmó
contratos similares a los de Ucrania con al menos cuarenta y nueve
países.
Hoy se sabe que el
Departamento de Defensa norteamericano se puso en contacto con
autoridades ucranianas desde la disolución de la Unión Soviética,
y que entre 2005 y 2014 tomó el control de los biolaboratorios
ucranianos, construyendo otros ocho más.
A partir de 2016, Ucrania
realizó investigaciones sobre armas biológicas en los
biolaboratorios construidos por la Agencia de Reducción de
Amenazas para la Defensa (DTRA) –del Departamento de Defensa
estadounidense– y bajo el control de esa agencia. Rosemont
Seneca Technology Partners (RSTP), filial de Rosemont Capital,
fundada el 2009 por Hunter Biden –hijo del hoy presidente de
Estados Unidos Joe Biden–, y por Christopher Heinz –hijo
político del ex secretario de Estado John Kerry–, servía de
enlace entre el Departamento de Defensa de Estados Unidos y el
Ministerio de Sanidad de Ucrania.
Fue la propia
subsecretaria de Estado de Estados Unidos Victoria Nuland quien
reconoció, ante la comisión del Senado estadounidense para las
Relaciones Exteriores, la implicación de su gobierno en las
investigaciones biológicas en Ucrania, "tan peligrosas que
Washington temía que ese material biológico llegara a caer ‘en
manos de las fuerzas rusas’", señala el investigador y analista
Thierry Meyssan, fundador y director de la web Red Voltaire. "No es
un misterio que el Departamento de Defensa puso en manos de
Ucrania la tarea de realizar investigaciones prohibidas por la
Convención sobre la Prohibición de las Armas Biológicas",
agrega.
Los "experimentos" eran realizados a pedido del Centro Nacional de Inteligencia
Médica de Estados Unidos a través de la DTRA y de la compañía
de Biden y Kerry junior, RSTP. No es posible desconocer las
implicancias de la elite norteamericana en la trama de los
biolaboratorios.
Se sabe que los
“resultados de las investigaciones” se enviaban a los
biolaboratorios militares estadounidenses de Fort Detrick, "que
siempre han tenido un papel protagónico en los programas de armas
biológicas de Estados Unidos", advierte Meyssan.
Aunque las Naciones
Unidas afirman que Estados Unidos siempre ha presentado informes
sobre sus actividades biológicas, conforme a lo que establece la
Convención sobre la Prohibición de las Armas Biológicas, Ucrania
nunca lo hizo.
"Estados Unidos se
comprometió –en 2016– a poner en manos del gobierno ucraniano
armamento suficiente como para librar y ganar una guerra contra
Rusia. Con ese objetivo, el Departamento de Defensa organizó en
Ucrania un programa de investigaciones biológicas con fines
militares y además envió secretamente a Kiev cantidades enormes
de material nuclear. (…) Tres años después, el 5 de septiembre de
2019, la RAND Corporation organizaba una reunión en la Cámara de
Representantes de Estados Unidos para explicar su plan, consistente
en debilitar a Rusia obligándola a desplegarse simultáneamente
en Kazajastán, Ucrania y finalmente en Transnistria. El Estado
ucraniano inició varios programas militares secretos en 2014. El
primero y más conocido de todos es su colaboración con el
Departamento de Defensa estadounidense en más de treinta
biolaboratorios diferentes", dice Meyssan.
QUIÉNES ESTÁN DETRÁS
Nadie puede desconocer
hoy que el programa biológico militar del Pentágono en Ucrania fue
financiado por compañías y estructuras vinculadas al hijo del
actual presidente Biden –en ese entonces, vicepresidente de la
administración de Barack Obama–, lo que ha sido demostrado por los
periódicosy The New York Post The Daily Mail. En 2014, Hunter Biden
era parte del consejo de administración de la empresa energética
ucraniana Burisma Holdings. Y fue público que se denunciaron sus "escándalos de corrupción", y en 2016, Biden padre exigió la "destitución del fiscal general ucraniano Viktor Shokin", que
estaba investigando las malas prácticas de Burisma y Biden junior.
Hoy se sabe que los intereses económicos de Biden no estaban puestos
solo en el gas o el petróleo, sino también en "desarrollos
militares secretos".
The New York Post
y The Daily Mail confirmaron la acusación rusa de que Hunter
Biden estuvo involucrado en la financiación de laboratorios
biológicos estadounidenses secretos en Ucrania. Él, según correos
electrónicos y cartas obtenidas de su computadora portátil –la
autenticidad de esta fue confirmada recientemente por el New York
Times–, ayudó a la compañía médica Metabiota a concluir un
contrato multimillonario con el gobierno de Estados Unidos. Metabiota
prestó servicios a Black & Veatch, otra contratista del
Pentágono que construyó una serie de biolaboratorios en Ucrania
para "estudiar agentes infecciosos o toxinas que pueden
transmitirse por el aire y causar infecciones potencialmente
mortales’”, informó Misión Verdad, portal web de Venezuela.
Biden junior y sus socios
invirtieron US$ 500.000 en Metabiota a través de RSTP, empresa que
canalizó miles de millones de dólares. Y reunió a representantes
de Metabiota y de Burisma para "implementar un proyecto científico" que involucraba a los biolaboratorios en Ucrania.
Al menos tres
biolaboratorios extranjeros que operan en dicho país están
vinculados estrechamente al Pentágono: Metabiota Inc., Black &
Veatch y Southern Research Institute (SRI). Y lideran proyectos
federales de investigación biológica para otras agencias
gubernamentales estadounidenses como la Agencia Central de
Inteligencia (CIA). Los biolaboratorios son manejados por el programa
militar de la DTRA, y el personal civil de estas empresas privadas "puede operar en nombre del gobierno estadounidense bajo cobertura
diplomática", como lo reveló la periodista búlgara Dilyana
Gaytandzhieva.
Gaytandzhieva había
divulgado documentos que la embajada de Estados Unidos en Ucrania
eliminó de su web, y que implicaban al gobierno norteamericano en el
financiamiento de al menos once biolaboratorios en Ucrania a través
de la DTRA. Por sus reportajes, Dilyana Gaytandzhieva fue perseguida
y acusada de propagar "noticias falsas". Pero sus investigaciones
expusieron que Ucrania no poseía ningún control sobre los
biolaboratorios militares en su propio territorio. Y advertía que el
acuerdo alcanzado en 2005 entre el Departamento de Defensa y el
Ministerio de Sanidad de Ucrania prohibía al gobierno ucraniano
revelar públicamente información sensible sobre el mencionado
programa y le obligaba a transferir patógenos peligrosos para la
investigación biológica al Pentágono, ente que tuvo acceso a
secretos de Estado de Ucrania. Gaytandzhieva explicó que los
biolaboratorios militares fueron gestionados por contratistas
estadounidenses como el SRI, Black & Veatch Special Project
Corp., CH2M Hill, y Metabiota, y que poseían proyectos sobre "cólera, gripe y zika, todos ellos patógenos de importancia
militar para el Pentágono".
Dilyana Gaytandzhieva
afirma que “el Pentágono ha llevado a cabo experimentos biológicos
con un resultado potencialmente letal en 4.400 soldados en Ucrania y
otros mil en Georgia”. Y reseñó, además, casos de gripe H1N1 en
2016; hepatitis A en 2017 y 2018 –infección altamente sospechosa
que se expandió rápidamente en pocos meses por el sureste de
Ucrania, donde se encuentran la mayoría de los biolaboratorios del
Pentágono–; cólera en 2014 en Rusia con una alta similitud
genética con cepas reportadas en Ucrania desde 2011; y botulismo –en
2016 y 2017–, cuando las autoridades reportaron que la causa del
brote fue una intoxicación alimentaria sobre la que la policía
inició una investigación.
Los biolaboratorios del
Pentágono en Ucrania estaban entre los principales sospechosos, ya
que la toxina botulínica es uno de los agentes bioterroristas que ya
se han producido en una instalación de armas biológicas del
Pentágono en Estados Unidos.
En un documento de 2012,
sacado de línea, pero detallado por Gaytandzhieva en su
investigación, se afirma que la División de Ciencias de la Vida
(LSD) del Campo de Pruebas de Dugway produce y prueba bioagentes
aerosolizados en la Instalación de Pruebas de Ciencias de la Vida
Lothar Saloman (LSTF).
"Los acuerdos entre
Estados Unidos y Ucrania, y entre Estados Unidos y Georgia,
divulgados, ‘eximen de responsabilidades civiles o penales’ a los
científicos estadounidenses que participan en el desarrollo de armas
biológicas", señala Gaytandzhieva. Y agrega: "No se
responsabilizarían ni emprenderían acciones legales e indemnizarían
a Estados Unidos y a su personal, contratistas y personal de los
contratistas, por los daños a la propiedad, o por la muerte o
lesiones de cualquier persona en Georgia y Ucrania, que se produzcan
como consecuencia de las actividades realizadas en el marco de estos
Acuerdos. Si los científicos patrocinados por la DTRA causan muertes
o lesiones a la población local, no se les podrá exigir
responsabilidades".
Gaytandzhieva publicó,
además, documentos de la DTRA que confirman el financiamiento a
investigaciones biológicas en Ucrania, bajo la tutela de la empresa
estadounidense Black & Veatch. La agencia estadounidense asignó
US$ 80 millones en 2020. Por su parte, CH2M Hill se adjudicó un
contrato de US$ 22,8 millones para el equipamiento de dos nuevos
biolaboratorios en Ucrania. "El acceso a los biolaboratorios estaba
prohibido a las supervisiones de expertos independientes", dice
Gaytandzhieva, quien publicó una carta filtrada del Ministerio de
Sanidad de Ucrania cuando se les negó el acceso a los científicos
de la revista Problems of innovation and investment development.
Metabiota se exhibe como
una empresa especializada en la "identificación, seguimiento y
análisis de posibles brotes de enfermedades", y recibió entre
2012 y 2015 US$ 3,1 millones por su desempeño en Sierra Leona, uno
de los países más afectados por el ébola. Además, en 2014 firmó
un contrato federal de US$ 18,4 millones como subcontratista de Black
& Veatch, precisamente en Georgia y Ucrania. Y también estuvo
vinculada al Instituto de Virología de Wuhan, a través del proyecto
PREDICT, del programa Amenazas Pandémicas Emergentes de la USAID.
También ese mismo año, el Instituto de Virología de Wuhan publicó
junto a Metabiota y EcoHealth Alliance un estudio colaborativo sobre
la transmisión de enfermedades infecciosas de los murciélagos en
China. Y EcoHealth Alliance y Metabiota trabajaron en investigaciones
que relacionan los brotes de enfermedades infecciosas con el comercio
de animales salvajes. Además, Black & Veatch firmó un contrato
con DTRA por US$ 198,7 millones para crear y equipar biólogos
precisamente en Ucrania, pero también en Armenia, Alemania,
Azerbaiyán, Camerún, Etiopía, Tailandia, y Vietnam. Black &
Veatch es un holding especializado en minería, banca, mercados
financieros, centros de datos y ciudades inteligentes, y siempre ha
estado ligado al sector militar y a agencias de inteligencia. En
2020, Black & Veatch obtuvo ganancias por US$ 3.700 millones y se
posicionó como la séptima mayor empresa de Estados Unidos. Desde
2008, SRI es el principal subcontratista del programa ucraniano.
Fundada como organización sin ánimos de lucro en 1941, hace setenta
años trabaja en investigaciones militares, y entre 1951 y 1962 firmó
dieciséis contratos con el Programa de Armas Biológicas de Estados
Unidos. Además, en 2001, fue subcontratista del proyecto militar
sobre la investigación del ántrax.
Unos quince
biolaboratorios en Ucrania son financiados por la DTRA. "Los
laboratorios biológicos estadounidenses financiados por la DTRA en
el marco de un programa militar de US$ 2.100 millones (PDF), el
Programa de Compromiso Biológico Cooperativo (CBEP) están situados
en otro país de la antigua Unión Soviética como Georgia pero
también en Oriente Medio, Sudeste Asiático y África mediante
acuerdos bilaterales en los que es corto el alcance legal de
organismos multilaterales. En el caso ucraniano está la creación
del Centro de Ciencia y Tecnología de Ucrania (STCU), una
organización internacional financiada principalmente por Estados
Unidos a la que se ha concedido estatus diplomático y que apoya
oficialmente proyectos de científicos anteriormente implicados en el
programa soviético de armas biológicas. En los últimos veinte
años, la STCU ha invertido más de US$ 285 millones en la
financiación y gestión de unos 1.850 proyectos de científicos que
anteriormente trabajaron en el desarrollo de armas de destrucción
masiva mientras que el personal estadounidense en Ucrania trabaja
bajo cobertura diplomática y es indemnizado por las muertes y
lesiones de la población local", publicó Misión Verdad.
Se sabe que el Instituto
de Investigaciones Walter Reed, dependiente del ejército de Estados
Unidos, se encargaba de "proyectos biológico-militares" denominados «UP-1» y «UP-2», y que acopió materiales entre 2014
y 2020, en pleno apogeo de la agresión ucraniana contra el Donbáss.
Dicho instituto posee filiales "con laboratorios de alto nivel de
bioseguridad y con capacidad para trabajar con patógenos
peligrosos", advirtió el Ministerio de Defensa de la Federación
Rusa, y agrega que "una de sus filiales está en Tailandia y posee
capacidad para transportar cepas en Nepal, Camboya y Filipinas, las
que cooperan a su vez con doce países más en el sudeste de Asia".
Existe, además, una red
de "filiales" dependientes del Centro Científico Médico de las
Fuerzas Navales de Estados Unidos, y sus laboratorios "subordinados" realizan trabajos con patógenos en África, Asia y América Latina.
De acuerdo con la inteligencia rusa, estas ramificaciones le permiten "obtener el acceso a las versiones de patógenos epidémicamente
importantes, las que son agentes potenciales de armas biológicas.
Las fiebres de marburgo y ébola, la malaria y la fiebre del valle
del Rift son algunas". Pero el Pentágono y el gobierno de Estados
Unidos han debido cambiar algunas de sus tácticas organizando "trabajos de ‘doble uso’ a fin de camuflar estas actividades".
Se sabe que patrocinan estos trabajos en Sierra Leona, República
Democrática del Congo y Camerún financiados por el Departamento de
Defensa de Estados Unidos, los Centros para el Control y Prevención
de Enfermedades, y la USAID.
Según Red Voltaire,
en los años ‘80 el Instituto de Investigación Médica de
Enfermedades Infecciosas del Ejército de los Estados Unidos diseminó
en suelo estadounidense, específicamente en el estado de Georgia, el
mosquito aedes aegypti, transmisor del dengue, la chikunguña
y el virus del zika. Hoy en día la Agencia de Proyectos de
Investigación Avanzados de Defensa (DARPA) de Estados Unidos "realiza investigaciones sobre lo que denomina ‘insectos
aliados’. Oficialmente, esa agencia del Pentágono trata de
transformar insectos normales en ciborg, o sea en criaturas
que son una combinación de organismos biológicos y dispositivos
cibernéticos que modificarían genéticamente las plantas de
cultivo, supuestamente para que aumenten su rendimiento. Pero,
de manera no oficial, podría tratarse de alcanzar el objetivo
contrario, o sea esterilizar las plantaciones de los países
enemigos y provocar así hambrunas, como advirtió en 2018 la revista
especializada Science".
ADVERTENCIAS RUSAS
Tras la operación
militar especial, se descubrió que el Instituto de Medicina
Veterinaria de Járkov participaba de los proyectos
biológico-militares estadounidenses en Ucrania "UP-8" y "P-444", "estudiando las rutas de pájaros migratorios", y que, además, "se tomaban y se transferían al extranjero las cepas del virus de
la gripe aviar que tienen un alto potencial epidémico y son capaces
de superar la barrera entre especies". Actualmente, se cree que lo
que pretendían los estadounidenses y sus colaboradores era "empeorar
la situación epizootia en el territorio de la Federación Rusa".
Las autoridades rusas denuncian, además, que la muerte masiva de
pájaros en la reserva de la biósfera de Askania-Nova en la región
de Jersón, habría sido "provocada con el descuido de las normas
de bioseguridad". La posibilidad cierta de accidentes o las
deliberadas emisiones indiscriminadas de patógenos y enfermedades
inusuales al medioambiente explicarían uno de los porqués del
gobierno norteamericano para operar biolaboratorios en el extranjero.
Igor Kirilov, jefe de las
tropas de Protección Nuclear, Biológica y Química de las Fuerzas
Armadas de la Federación Rusa, detalló en una de sus tantas
intervenciones ante la prensa, la existencia de más de treinta
biolaboratorios en ex países soviéticos, "para supuesta
investigación científica e investigaciones
sanitario-epidemiológicas (…) con el pretexto de probar agentes
para el tratamiento y la prevención de la infección por
coronavirus, algunos miles de muestras de suero tomadas de las
personas infectadas que se refieren a la etnia eslava han sido
transportadas desde Ucrania al Instituto de Investigación del
Ejército Walter Reed…". Y agregó que "la actividad de los
biolaboratorios en Ucrania, específicamente, ha provocado un aumento
inmanejable de riesgos económicamente peligrosos relacionados con un
aumento de casos de rubeola, difteria, tuberculosis, sarampión,
cólera, botulismo, poliomielitis, hepatitis A y gripe".
Por su parte, Ígor
Konashénkov, portavoz del Ministerio de Defensa de Rusia, expresó
que "Estados Unidos ha venido realizando trabajos para potenciar
las propiedades patógenas de microorganismos con el uso de métodos
de biología sintética junto al gobierno ucraniano". Y corrió el
velo acerca de que muchos de esos patógenos peligrosos, "que eran
evidencias de un programa de desarrollo de armas biológicas
financiado por el Pentágono a través del Departamento de Defensa de
Estados Unidos, fueron destruidos precipitadamente en esos
laboratorios (…). Recibimos documentación de empleados de
biolaboratorios ucranianos sobre la destrucción con carácter de
emergencia –el 24 de febrero de 2022–, de patógenos
especialmente peligrosos de peste, ántrax, tularemia, cólera y
otras enfermedades mortales". Su "precipitada destrucción" y lo
que se cree, sin los debidos resguardos de bioseguridad, solo
demuestran que el gobierno estadounidense nunca quiso que se supiera
la verdad: qué estaban realmente experimentando, porqué y con qué
fin. "Para que no saliera a la luz que Washington y Kiev violan la
Convención sobre armas biológicas, el Ministerio de Sanidad de
Ucrania emitió una directiva para la eliminación con carácter de
emergencia de las reservas de patógenos peligrosos almacenados",
denunció Konashénkov.
Según Kirillov, Estados
Unidos financió biolaboratorios en Kiev, Lvov, Odessa, y Kharkov,
otorgando US$ 32 millones, con el fin de "estudiar" los patógenos
de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, la leptospirosis y los
hantavirus.
"Su uso puede
disfrazarse de brotes naturales de enfermedades. Se han identificado
seis familias de virus –incluidos los coronavirus– y tres tipos
de bacterias patógenas –agentes causantes de peste, brucelosis y
leptospirosis– que tienen características aptas para contagiar a
personas desde animales. Incluso, se realizaron investigaciones sobre
la transmisión de enfermedades a través de murciélagos. (…)
Existe una serie de documentos que confirman la transferencia de
muestras biológicas tomadas en Ucrania al territorio de terceros
países, incluidos Alemania, Gran Bretaña y Georgia. (…) La
transmisión de la influenza aviar altamente patógena por aves
silvestres se estudió en el Instituto de Medicina Veterinaria de
Kharkiv. (…) Y se confirmó el traslado de cinco mil muestras de
suero sanguíneo tomadas de residentes ucranianos al centro Richard
Lugar respaldado por el Pentágono en Tbilisi, Georgia. Se
transfirieron otros 773 ensayos al Reino Unido, mientras que se firmó
un acuerdo para transferir ‘cantidades ilimitadas’ de suministros
infecciosos al Instituto Friedrich Loeffler, el principal centro de
enfermedades animales de Alemania".
Se sabe que el Pentágono
está reubicando y transportando a otros países contenedores y
elementos restantes del programa estadounidense de investigaciones
biológicas de carácter militar que había apostado en Ucrania. Y
el Ministerio de Defensa de la Federación Rusa denunció la
realización de "experimentos biológicos sobre enfermos
mentales ucranianos", cometidos en el Hospital Psiquiátrico Nº 1,
en Strelechye, Jarkov, y que se utilizó un agente patógeno para
diseminar la tuberculosis entre los pobladores de Slavianoserbsk,
en la República Popular de Lugansk.
"Los biolaboratorios
realizaban experimentos extremadamente peligrosos para reforzar
las propiedades patógenas de la peste, el ántrax, la tuleramia, el
cólera y otras enfermedades mortales recurriendo a la biología
de síntesis. Otro proyecto desarrollado en los biolaboratorios de
Estados Unidos en Ucrania tenía que ver con el uso del murciélago
con fines militares como agente transmisor de enfermedades como la
peste, la leptospirosis, la brucelosis y la propagación de
filovirus y de coronavirus. (…) Los gobiernos occidentales parecen
ver como algo normal que ciertos Estados coleccionen agentes
patógenos para ‘estudiarlos’… sin que eso signifique que
vayan a utilizarlos para fabricar armas biológicas. (…) Ahora
nos dicen que la Organización para la Seguridad y la Cooperación
en Europa (OSCE) vigila los laboratorios ucranianos. Lo cierto es que
nada de lo que han dicho permite justificar las declaraciones de
la señora Victoria Nuland ni permite entender catástrofes como
la epidemia de fiebre porcina que costó la vida a veinte soldados
ucranianos –en enero de 2016– mientras que otros doscientos
tuvieron que ser hospitalizados. El embajador de Rusia ante el
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Vassily Nebenzia,
denunció también la realización de investigaciones sobre la
transmisión de enfermedades peligrosas para la vida humana a
través de ectoparásitos, y puso también sobre la mesa una grave
interrogante sobre las miles de muestras sanguíneas de pacientes
de origen eslavo que Ucrania envió al Instituto de Investigación
Walter Reed del ejército estadounidense. Nebenzia recordó
seguidamente el ‘Project Coast’, un programa de investigaciones
biológicas realizadas en los años ‘80 por el doctor Wouter
Basson para el régimen sudafricano del apartheid y para Israel
sobre la posibilidad de desarrollar medios químicos o biológicos
que afectaran específicamente a ciertos grupos étnicos –en
tiempos del doctor Basson se trataba liquidar poblaciones negras y
árabes", advierte Thierry Meyssan.
Tras la operación
militar especial, Rusia afirma haber destruido contenedores hallados
en veintiséis de los biolaboratorios en Ucrania. "Posteriormente
(Rusia) invitó a sus aliados de la Organización del Tratado de
Seguridad Colectiva (OTSC) a mantener bajo la más estrecha
vigilancia los acuerdos que pudieran haber concluido con Estados
Unidos ,Armenia y Kazajastán pusieron fin a esas investigaciones.
Finalmente, todos los países miembros de la OTSC han prohibido que
el personal militar extranjero tenga acceso a sus laboratorios.
(…) El director del Organismo Internacional de la Energía
Atómica (OIEA), Rafael Grossi, reveló que Ucrania dispone de
enormes cantidades de plutonio y de uranio enriquecido. Según
Grossi, Ucrania había acumulado en la central nuclear de
Zaporijia treinta toneladas de plutonio y cuarenta toneladas de
uranio enriquecido", publicó Red Voltaire. Para Thierry
Meyssan:
"el Estado Mayor ruso
atacó inicialmente a través de todas las fronteras posibles: desde
Crimea, desde Rostov, desde Belgorod, desde Kursk y desde
Bielorrusia. De esa manera, las fuerzas armadas ucranianas no
sabían dónde concentrarse. En medio de ese aparente desorden
ofensivo, las fuerzas rusas destruyeron las defensas antiaéreas
ucranianas y avanzaron rápidamente sobre la central nuclear de
Zaporijia –la más grande de Europa–, donde ocuparon las
reservas ilegales de uranio y de plutonio allí almacenadas, y
sobre varios biolaboratorios militares, donde destruyeron
contenedores de agentes patógenos y otros tipos de armas
biológicas".
Por su parte, según Ígor
Konashenkov, documentos encontrados en los biolaboratorios militares
estadounidenses en Ucrania demuestran que:
"el Departamento de
Defensa de Estados Unidos realizó allí trabajos sobre los agentes
patógenos de pájaros, murciélagos y reptiles, con una nueva
transición hacia el estudio de la posibilidad de transportar la
peste porcina africana y el ántrax. (…) También se hicieron
experimentos con muestras de coronavirus de murciélago".
No se debe olvidar que,
en 2020, tras la aparición de la "pandemia" de coronavirus, fue
el ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular de
China quien solicitó públicamente que se investigara el posible
papel del laboratorio militar estadounidense de Fort Detrick en la
epidemia de COVID-19.
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