Pepe
Escobar
en The
Saker
– 29/10/2022
Traducción del inglés: Arrezafe
En
un amplio discurso temático, en la sesión plenaria de la 19ª reunión anual
del Club Valdai, el presidente Putin pronunció una nada menos que devastadora crítica de múltiples niveles a la unipolaridad.
De
Shakespeare al asesinato de Gen Soleimani; de reflexiones sobre
espiritualidad a la estructura de la ONU; de Eurasia como cuna de la
civilización humana a la interconexión de BRI, SCO y el INSTC; de
los peligros nucleares a esa península periférica de Eurasia
«cegada por la idea de que los europeos son mejores que los demás»,
el discurso pintó un lienzo brueghelesco del «hito histórico» al
que nos enfrentamos, en medio de «la década más peligrosa desde el
final de la Segunda Guerra Mundial».
Putin
incluso aventuró que, en palabras de los clásicos, «la situación
es, hasta cierto punto, revolucionaria», ya que «las clases altas
no pueden, y las clases bajas ya no quieren vivir así». Así que
todo está en juego, dado que «el futuro del nuevo orden mundial se
está formando ante nuestros ojos».
Mucho
más allá del consabido eslogan sobre el papel que está jugando
Occidente, "sangriento, peligroso y sucio", el discurso y
las intervenciones de Putin en la siguiente sesión de preguntas y
respuestas deben analizarse como una visión coherente del pasado,
presente y futuro. Aquí ofrecemos solo algunos de los aspectos más
destacados:
«El
mundo está presenciando la degradación de las instituciones
mundiales, la erosión del principio de seguridad colectiva, la
sustitución del derecho internacional por las “reglas”».
«Incluso
en el apogeo de la Guerra Fría, nadie negó la existencia de la
cultura y el arte del Otro. En Occidente, cualquier punto de vista
alternativo se declara subversivo».
«Los
nazis quemaron libros. Ahora los padres occidentales del
'liberalismo' proscriben a Dostoievski».
«Hay
al menos dos 'Occidente'. Uno es tradicional, con una rica cultura.
El otro es agresivo y colonial».
«Rusia
no se ha considerado ni se considera un enemigo de Occidente.
Rusia
trató de construir relaciones con Occidente y la OTAN, para convivir
juntos en paz y armonía. Su respuesta a toda cooperación fue
simplemente 'no'».
«No
necesitamos un ataque nuclear en Ucrania, no tiene sentido, ni
político ni militar».
«En
parte», la situación entre Rusia y Ucrania puede considerarse una
guerra civil: «Al crear Ucrania, los bolcheviques la dotaron de
territorios primordialmente rusos: le dieron toda la Pequeña Rusia,
toda la región del Mar Negro, todo el Donbass. Ucrania evolucionó
como un estado artificial».
«Los
ucranianos y los rusos son un solo pueblo, este es un hecho
histórico. Ucrania ha evolucionado como un estado artificial. El
único país que puede garantizar su soberanía es el país que la
creó: Rusia».
«El
mundo unipolar está llegando a su fin. Occidente es incapaz de
gobernar el mundo por sí solo. El mundo se encuentra en un hito
histórico ante la década más peligrosa e importante desde la
Segunda Guerra Mundial».
«La
humanidad tiene dos opciones: o seguimos acumulando la carga de
problemas que seguramente nos aplastarán a todos, o podemos trabajar
juntos para encontrar soluciones».
¿Qué
hacemos después de la orgía?
En
medio de una serie de absorbentes debates, el meollo del asunto en
Valdai es su informe de 2022, «Un
mundo sin superpotencias».
La
tesis central del informe, sustancialmente correcta, es que «de
hecho, Estados Unidos y sus aliados ya no disfrutan del estatus de
superpotencia dominante, pero la infraestructura global que los sirve
aún sigue en pie».
Por
supuesto, en la encrucijada actual los principales problemas
interrelacionados se precipitaron porque «Rusia se convirtió en la
primera gran potencia que, guiada por sus propias ideas de seguridad
y justicia, optó por prescindir de los beneficios de la “paz
global” concebida por la única superpotencia».
Bueno,
no exactamente “paz global”, sino más bien un ethos
impuesto por la mafia, tipo "a nuestra manera o fuera". El
informe, muy diplomáticamente, califica la congelación de las
reservas de oro y moneda extranjera de Rusia y la "limpieza"
de la propiedad de Rusia en el extranjero como "jurisdicciones
occidentales", "si es necesario", siendo "guiado
por la conveniencia política en lugar de la ley".
De
hecho, se trata de un robo total, perpetrado al amparo del “orden
internacional basado en reglas”.
El
informe, con optimismo, prevé el advenimiento de una especie de
normalizada «paz fría» como «la mejor solución disponible hoy en
día», y reconoce que, aunque lejos de estar garantizado, «no
detendrá la reconstrucción fundamental del sistema internacional
sobre nuevas bases».
De
hecho, las bases para la evolución de la multipolaridad fueron
expuestas por la asociación
estratégica Rusia-China solo tres semanas antes de que las
provocaciones del imperio obligaran a Rusia a lanzar la Operación
Militar Especial (SMO).
Paralelamente,
los lineamientos
financieros de la multipolaridad se propusieron, al menos desde
julio de 2021, en un artículo coescrito por el profesor Michael
Hudson y Radhika Desai.
El
informe Valdai reconoce debidamente el papel de las potencias
medianas del Sur Global que «ejemplifican la democratización de la
política internacional» y pueden «actuar como amortiguadores
durante períodos de agitación», en referencia directa al papel de
BRICS+ como protagonistas clave.
En
el panorama general del tablero de ajedrez, el análisis tiende a ser
más realista aún cuando considera que «el triunfo de 'la única
idea verdadera' hace que el diálogo y el acuerdo efectivos con los
partidarios de diferentes puntos de vista y valores sean imposibles
por definición».
Putin
aludió a ello varias veces en su discurso. No hay evidencia alguna
de que el Imperio y sus vasallos se desvíen de la imposición
unilateral de su carga de valores normativos.
En
cuanto a que la política mundial esté «regresando rápidamente a
un estado de anarquía propiciado por la fuerza», eso es algo
evidente: solo el Imperio del Caos quiere imponer la anarquía, dado
que se quedó sin herramientas geopolíticas y geoeconómicas para
controlar a las naciones rebeldes, aparte del tsunami provocado por
las sanciones.
Así
que, el informe es correcto al constatar que el sueño húmedo
infantil neo-hegeliano del “fin de la historia” se dio de bruces
contra el muro de la Historia: hemos vuelto al patrón de conflictos
a gran escala entre centros de poder.
Y
también es un hecho que «cambiar simplemente de 'operador', como
ocurría en siglos anteriores (como cuando Estados Unidos tomó el
relevo de Gran Bretaña) simplemente no funcionará».
China
podría albergar el deseo de convertirse en el nuevo sheriff, pero
los líderes de Beijing definitivamente no están interesados. E
incluso si eso sucediera, el Hegemón lo impediría ferozmente, ya
que «todo el sistema» permanece «bajo su control (principalmente
las finanzas y la economía)».
Por
tanto, la única salida, una vez más, es la multipolaridad, que el
informe caracteriza de forma un tanto vaga, como «un mundo sin
superpotencias», todavía necesitado de «un sistema de
autorregulación, lo que implica una mayor libertad de acción y
responsabilidad en sus cometidos».
Cosas
más extrañas han sucedido en la Historia. Dadas las circunstancias,
estamos profundamente inmersos en la vorágine del colapso total. De
hecho, Putin clavó dónde nos hayamos: al filo de una revolución.
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