26 agosto, 2023

Rusofobia: del culturicidio al historicidio — Jaime Tamayo

 





"Los liberamos del fascismo, y eso nunca nos lo perdonarán"

Profética frase de Georgy Zhukov, mariscal del Glorioso Ejército Soviético que derrotó a los nazis.




Kaja Kallas, primera ministra de Estonia, y sus lucrativos negocios con Rusia

 

Kaja Kallas en la pasada cumbre de la OTAN en Madrid


El capital los junta y ellos procuran por todos los medios multiplicarlo. La prohibición de comerciar con Rusia debido a las sanciones impuestas por la UE, no cuenta para la 'ajardinada' clase dominante europea, cuyos hipócritas y privilegiados miembros, saltándose las sanciones que ellos mismos han impuesto a Rusia, aprovechan la ausencia de competencia para realizar lucrativos negocios con dicho país. La han pillado, pero no es ni muchísimo menos la única que mantiene lazos comerciales con Rusia. ¿Y las sanciones? Pero por favor, las sanciones son cosa de pobres.


ERR News – 25/08/2023


Los editoriales publicados en los sitios web de tres de los principales diarios de Estonia han pedido que Kaja Kallas dimita como primera ministra de Estonia tras las revelaciones de que una empresa, en la que su marido participa, ha obtenido beneficios del envío de productos manufacturados a Rusia, desde el comienzo de la invasión de Ucrania.


Una empresa de logística en la que participa Arvo Hallik, marido del Primer Ministro Kaja Kallas (Reforma), obtuvo 1,1 millones de euros de ingresos por el envío de latas de aerosol y otros contenedores metálicos a la Federación Rusa el año pasado, seguido de casi 475.000 euros en lo que va de año, según el diario Eesti Päevaleht (EPL).


Esto supone alrededor de 1,5 millones de euros de ingresos desde que comenzó la guerra.


Todos los periódicos acusan a la primera ministra de hipocresía, ya que ella ha estado sistemáticamente pidiendo a las empresas en general que, si aún no lo han hecho, suspendan toda actividad relacionada con Rusia.


El editorial del Daily Postimees (todos los enlaces en estonio) se titula Kallase aeg on läbi ("El tiempo de Kallas se acabó").


Dice así: "Desafortunadamente, Kaja Kallas desaprovechó la oportunidad y no ofreció ninguna explicación aceptable a los medios. Por el contrario, en la conferencia de prensa (la conferencia de prensa habitual del gobierno el jueves – ndr.) escuchamos una saga colmada de contradicciones. "Y además, la primera ministra ha dicho que no ha hecho nada malo, no entiende de qué se le acusa y agradecería que alguien se lo explicara".


"La primera ministra, visiblemente nerviosa, se negó a responder preguntas sobre las actividades comerciales de su marido en la rueda de prensa", continúa el periódico, "por lo que no obtuvimos ninguna respuesta ni el miércoles ni el jueves, y no hay razón para creer que escucharemos cualquiera el sábado o el domingo. Por lo tanto, Postimees le aconseja amablemente a la Primera Ministra que empiece a hacer las maletas hoy mismo, para no tener que irse más avergonzada aún en el futuro", continúa el editorial.



25 agosto, 2023

Vamos, Ucrania, aprende del ejército de EEUU — Bill Astore

 


Los "expertos" estadounidenses tienen todas las respuestas para Ucrania


Information Clearing House – 24/08/2023

   Traducción del inglés: Arrezafe


Las fuerzas y el poder de fuego de Ucrania están mal situados, dicen funcionarios estadounidenses


Según los estrategas estadounidenses, las tropas ucranianas están "demasiado dispersas" y necesitan concentrarse a lo largo del frente principal de la contraofensiva en el sur.


¡Escucha al ejército estadounidense, Ucrania! ¡No seas reacia a sufrir bajas! Concentra tus fuerzas. Lleva la lucha hasta el enemigo ruso. Utiliza todas esas municiones de racimo que te hemos enviado. Compromete tu reserva blindada y haz un boquete en las líneas rusas. Ábrete paso, cuélate y dirígete a Crimea. Ya sabes... tal como lo harían los estadounidenses en tu lugar.


No se podría culpar a los ucranianos si preguntaran: ¿Cuál fue la última guerra que ustedes “expertos” ganaron? ¿Afganistán? ¿Irak? ¿Vietnam? ¿Corea? ¿Qué pasa con la situación militar actual en Siria y Somalia? Si sois tan buenos ganando guerras, ¿por qué vuestro ejército no ganó en Afganistán, Irak y Vietnam, donde tenía una abrumadora superioridad en material y potencia de fuego?


Respecto a por qué Ucrania tiene sus fuerzas "demasiado dispersas": ¿tal vez sea porque Ucrania necesita guarnecer sus líneas para poder defenderse de los contraataques rusos? Si Ucrania concentra su reserva estratégica, la utiliza en una gran contraofensiva y se estanca, ¿qué impedirá a Rusia acometer una respuesta decisiva? Pensemos en lo que supuso Kursk para la Alemania nazi en 1943. Una vez que su enorme ofensiva fracasó, agotando su reserva estratégica, el Ejército Rojo tomó la iniciativa en el frente oriental y nunca la perdió.


En Kursk, en 1943, los alemanes comprometieron sus reservas en una apuesta desesperada por arrebatarle la iniciativa a la Unión Soviética. Fracasada dicha ofensiva, el contraataque del Ejército Rojo resultó imparable.


Titulares, como el recientemente publicado en el New York Times, pretenden exculpar a Estados Unidos. Si la guerra empeora para Ucrania, los "expertos" estadounidenses podrán aferrarse a artículos como este y culpar a los ucranianos por no seguir su sabios consejos.


Si "nosotros" ganamos en Ucrania, será gracias a nuestra generosa ayuda y al tan cacareado armamento proporcionado por Estados Unidos y la OTAN; pero si los ucranianos pierden, entonces la culpa será enteramente suya por no seguir los consejos de los grandes estrategas estadounidenses. Y, obviamente, incluso si Ucrania pierde, muchos fabricantes de armas en Estados Unidos, que se están forrando, seguirán forrándose. De hecho, una victoria rusa podría ser lo que precisamente impulsara a un mayor gasto militar por parte de los países de la OTAN, así como a un monstruoso aumento del presupuesto para el Pentágono.





22 agosto, 2023

Silenciando a los corderos: Cómo funciona la propaganda — John Pilger

 



Information Clearing House – 20/08/2023

   Traducción del inglés: Arrezafe


En la década de 1970 conocí a una de las principales propagandistas de Hitler, Leni Riefenstahl, cuyas épicas películas glorificaban a los nazis. Nos alojábamos en el mismo albergue en Kenia, donde ella estaba trabajando en un proyecto fotográfico, tras haberse librado del destino sufrido por otros amigos del Führer.


Me dijo que los "mensajes patrióticos" de sus películas no dependían de "órdenes de arriba", sino de lo que ella llamaba "vacío sumiso" del público alemán.


¿Eso incluía a la burguesía liberal y educada? Le pregunté. "Sí, especialmente ellos", respondió.


Pienso en ello mientras contemplo la propaganda que hoy devora a las sociedades occidentales.


Por supuesto, somos muy diferentes de la Alemania de los años treinta. Vivimos en sociedades de la información. Somos globalistas. Nunca hemos sido más conscientes, ni hemos estado más y mejor conectados.


¿De veras? ¿O vivimos en una sociedad mediática donde el lavado de cerebro es insidioso e implacable, y nuestra percepción es filtrada de acuerdo con las necesidades y las mentiras del poder estatal y corporativo?


Estados Unidos domina los medios de comunicación del mundo occidental. Todas menos una de las diez principales empresas de medios tienen su sede en América del Norte. Internet y las redes sociales (Google, Twitter, Facebook) son en su mayoría de propiedad y control estadounidenses.


A lo largo de mi vida, Estados Unidos ha derrocado o intentado derrocar a más de 50 gobiernos, en su mayoría democracias. Ha interferido en elecciones democráticas en 30 países. Ha bombardeado a la población de 30 países, la mayoría de ellos pobres e indefensos. Ha intentado asesinar a los líderes de 50 países. Ha luchado para suprimir los movimientos de liberación en 20 países.


No se señala ni se informa sobre la magnitud ni el alcance de esta perpetua carnicería, cuyos responsables continúan dominando la vida política angloamericana.


En los años previos a su muerte, en 2008, el dramaturgo Harold Pinter pronunció dos discursos extraordinarios que rompieron tan inmoral silencio.


Harold Pinter


"La política exterior de Estados Unidos", dijo, "se define mejor de la siguiente manera: bésame el trasero o te pateo la cabeza. Es tan simple y tan crudo como eso. Lo curioso es que tal política sea tan increíblemente exitosa. Pose todos los componentes de la desinformación, el uso abyecto de la retórica, la deliberada distorsión del lenguaje, todo ello muy persuasivo, pero en realidad no son más que una sarta de mentiras. Una propaganda muy exitosa porque tienen el dinero, la tecnología y todos los medios imaginables para salirse con la suya. Y lo hacen".


Al aceptar el premio Nobel de literatura, Pinter dijo lo siguiente: "Los crímenes de los Estados Unidos han sido sistemáticos, constantes, viciosos, despiadados, pero muy pocas personas han hablado realmente de ellos. Este galardón debería otorgarse a Estados Unidos, que ejerce una manipulación hipnótica sobre el poder en todo el mundo, mientras se hace pasar por una bondadosa fuerza universal. Un exitoso, brillante e incluso ingenioso ejercicio de hipnosis".


A Pinter, amigo mío y posiblemente el último gran sabio de la disidencia política, es decir, antes de que la disidencia política se aburguesara, le pregunté si esa "hipnosis" a la que se refería era el "vacío sumiso" descrito por Leni Riefenstahl.


"Es lo mismo", respondió. "Significa que el lavado de cerebro es tan completo que estamos programados para tragarnos las mentiras a raudales. Si no somos capaces de reconocer la propaganda, la aceptaremos como algo normal y nos la creeremos. Ese es precisamente el vacío sumiso".


En nuestros sistemas de democracias corporativas, la guerra es una imperiosa necesidad económica, unión perfecta de subsidio público y ganancia privada: socialismo para los ricos, capitalismo para los pobres. El día después del 11 de septiembre, el valor de las acciones de la industria bélica se disparó. Se avecinaba más derramamiento de sangre, lo cual siempre supone una excelente noticia para los negocios.


Hoy, las guerras más rentables tienen su propia denominación. Se llaman "guerras perpetuas": Afganistán, Palestina, Irak, Libia, Yemen y ahora Ucrania. Todas ellas basadas en una criminal sarta de mentiras.


La de Irak, con sus inexistentes armas de destrucción masiva, tal vez sea la más infame. La destrucción de Libia por parte de la OTAN en 2011 se justificó alegando una masacre en Benghazi que nunca existió. La de Afganistán fue una guerra de pura conveniencia con ribetes de venganza por el 11 de septiembre, que nada tuvo que ver con el pueblo de Afganistán.


Hoy, las noticias sobre Afganistán se limitan a señalar lo malvados que son los talibanes, no informan sobre el robo de $7 mil millones de las reservas bancarias del país por parte del presidente Joe Biden, robo que esté causando un trágico y generalizado sufrimiento. Recientemente, National Public Radio, en Washington, dedicó dos horas a Afganistán... y 30 segundos a su población hambrienta.


En su cumbre de Madrid en junio, la OTAN, controlada por Estados Unidos, adoptó un documento estratégico que militariza el continente europeo y aumenta la posibilidad de una guerra con Rusia y China. Propone "combatir militarmente en diversos campos contra los competidores en posesión de armas nucleares". En otras palabras, la guerra nuclear.


Proclaman: "La ampliación de la OTAN ha sido un éxito histórico".


No podía creer lo que estaba leyendo.


Una de las medidas del "éxito histórico" alcanzado en dicha cumbre es la guerra en Ucrania, cuyas noticias en su mayoría no son noticias, sino una letanía unilateral de jingoísmo, distorsión y omisión. He informado de varias guerras y nunca he conocido propaganda tan generalizada.


En febrero, Rusia invadió Ucrania como respuesta a casi ocho años de asesinatos y destrucción criminal en Donbass, región fronteriza de habla rusa.


En 2014, Estados Unidos patrocinó un golpe de estado en Kiev que eliminó al presidente ucraniano, amigo de Rusia y democráticamente elegido, poniendo en su lugar al que los estadounidenses dejaron claro que era su hombre.


En los últimos años, se han instalado misiles "defensivos" estadounidenses en Europa del Este, Polonia, Eslovenia y la República Checa, casi con total certeza dirigidos a Rusia, acompañados de falsas garantías que se remontan a la "promesa" de James Baker a Gorbachov en febrero de 1990 de que la OTAN nunca se expandiría más allá de Alemania.


Ucrania está en primera línea. Efectivamente, la OTAN ha llegado a la frontera por la que el ejército de Hitler irrumpió en 1941, dejando más de 30 millones de muertos en la Unión Soviética.


En diciembre pasado, Rusia propuso un plan de seguridad de gran alcance para Europa. Dicho plan fue descartado, ridiculizado o simplemente silenciado por los medios occidentales. ¿Quién leyó renglón a reglón sus propuestas? El 24 de febrero, el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy amenazó con desarrollar armas nucleares a menos que Estados Unidos armara y protegiera a Ucrania. Esta fue la gota que colmó el vaso.


Ese mismo día, Rusia invadió Ucrania, según los medios occidentales, en un acto no provocado de infamia congénita. La historia, las mentiras, las propuestas de paz, los solemnes acuerdos sobre Donbass en Minsk, no contaron para nada.


El 25 de abril, el secretario de defensa de EEUU, general Lloyd Austin, voló a Kiev y confirmó que el objetivo de EEUU era destruir la Federación Rusa; la palabra que utilizó fue "debilitar". Estados Unidos había obtenido la guerra que quería, librada por un país peón, financiado y armado por EEUU, y un títere prescindible.


Casi nada de todo esto fue publicado ni explicado a la población occidental.


La invasión rusa de Ucrania es injustificada e inexcusable. Es un crimen invadir un país soberano. No hay "peros", excepto uno.


¿Cuándo comenzó la actual guerra en Ucrania y quién la inició? Según Naciones Unidas, entre 2014 y este año, unas 14.000 personas han muerto en la guerra civil emprendida por el régimen de Kiev contra el Donbass. Muchos de los ataques fueron llevados a cabo por neonazis.


Preste atención a un reportaje informativo de ITV de mayo de 2014, del veterano reportero James Mates, que es bombardeado, junto con civiles en la ciudad de Mariupol, por el batallón Azov (neonazi) de Ucrania.


En el mismo mes, decenas de personas de habla rusa fueron quemadas vivas o asfixiadas en un edificio sindical en Odessa asediado por matones fascistas seguidores del colaborador nazi y fanático antisemita Stephen Bandera. El New York Times llamó a los matones "nacionalistas".




"La misión histórica de nuestra nación en este momento crítico", dijo Andreiy Biletsky, fundador del Batallón Azov, "es liderar a las razas blancas del mundo en una cruzada final por su supervivencia, una cruzada contra los Untermenschen [infrahumanos] dirigidos por los semitas".


Desde febrero, una campaña de autodenominados "monitores de noticias" (en su mayoría financiados por estadounidenses y británicos, y vinculados a sus gobiernos) ha tratado de sostener el absurdo de que no existen neonazis en Ucrania.


El "retoque", un término que en su día se asoció con las purgas de Stalin, se ha convertido en habitual herramienta del periodismo convencional.


En menos de una década, una China "buena" ha sido retocada y reemplazada por una China "mala": de fábrica del mundo a un nuevo Satanás en ciernes.


Gran parte de esta propaganda se origina en los EEUU y se transmite a través de representantes y "grupos de expertos", como el notorio Instituto Australiano de Política Estratégica, la voz de la industria armamentística, y por entusiastas periodistas como Peter Hartcher, del Sydney Morning Herald, quen etiquetó a quienes difundían la influencia china como "ratas, moscas, mosquitos y gorriones" y pidió que estas "plagas" fueran "erradicadas".


En Occidente, las noticias sobre China se refieren casi exclusivamente a la supuesta amenaza que atribuyen a Pekín. Difuminadas están las 400 bases militares estadounidenses que rodean la mayor parte de China, un collar armado que se extiende desde Australia hasta el Pacífico y el Sudeste Asiático, Japón y Corea. La isla japonesa de Okinawa y la isla coreana de Jeju son cañones cargados que apuntan a bocajarro al corazón industrial de China. Un funcionario del Pentágono describió este belicoso despliegue como un "dogal".


La información sobre Palestina ha sido siempre, desde que tengo memoria, inexistente o sesgada. Para la BBC, se trata de un "conflicto" entre "dos narrativas". La ocupación militar ilegal más larga y brutal de los tiempos modernos no se puede mencionar.


Del bombardeado pueblo de Yemen apenas se informa, mediáticamente, su población es  inexistente. Mientras, asesorados por británicos, los sauditas  arrojan una lluvia de bombas de racimo estadounidenses, más de medio millón de niños se enfrentan al hambre.


Este lavado de cerebro por omisión tiene una larga historia. La terrible matanza de la Primera Guerra Mundial fue suprimida de sus informes por reporteros posteriormente nombrados caballeros por ello, como algunos confesaron en sus memorias. En 1917, el editor del Manchester Guardian, CP Scott, confió al primer ministro Lloyd George: "Si la gente realmente supiera [la verdad], la guerra se detendría mañana, pero ni saben ni pueden saber".


La negativa a ver personas y eventos como son vistos por otros países es un virus mediático de Occidente, tan debilitante como el covid. Es como si viéramos el mundo a través de un espejo unidireccional en el que "nosotros" somos intachables y benévolos y "ellos" no. Se trata de una visión profundamente imperialista.


La historia, que es una presencia viva en China y Rusia, rara vez se explica y casi nunca se comprende. Vladimir Putin es Adolf Hitler. Xi Jinping es Fu Man Chu. Apenas se conocen logros épicos, como la erradicación de la pobreza extrema en China. Qué perverso y sórdido es todo esto.


¿Cuándo nos permitiremos comprender? Fabricar periodistas en cadena no es la respuesta. Tampoco lo es la maravillosa herramienta digital, que no es un fin, sino un medio, como la máquina de escribir manual y la linotipia.


En los últimos años, algunos de los mejores periodistas han sido alejados de los grandes medios hegemónicos. "Defenestrados" suele ser el término utilizado. Los espacios antaño abiertos a los inconformistas, a periodistas que iban contra corriente, que decían la verdad, se han cerrado.


El caso de Julian Assange es el más sangrante. Assange (y WikiLeaks) fue celebrado mientras ganaba lectores y premios para The Guardian, The New York Times y otros presuntuosos "medios de referencia".


Cuando el estado oscuro se opuso y exigió la destrucción de los discos duros y el asesinato del personaje, Assange se convirtió en enemigo público. Luego, el vicepresidente Biden lo llamó "terrorista de alta tecnología". Hillary Clinton preguntó: "¿No podemos simplemente mandarle un dron a este tipo?"


La subsiguiente campaña de abuso y vilipendio contra Assange —que el relator de la ONU sobre la tortura denominó "mobbing"— llevó a la prensa liberal a su punto más bajo. Sabemos quiénes son. Pienso en ellos como colaboradores: como periodistas de Vichy.


¿Cuándo se alzarán los verdaderos periodistas? Ya existe un samizdat inspirador en Internet: Consortium News, fundado por el gran reportero Robert Parry, The Grayzone de Max Blumenthal y Aron Mate, Mint Press News, Media Lens, Declassified UK, Alborada, Electronic Intifada, WSWS, ZNet, ICH, CounterPunch, Independent Australia, Globetrotter, obra de Chris Hedges, Patrick Lawrence, Jonathan Cook, Diana Johnstone, Caitlin Johnstone y otros que me perdonarán por no mencionarlos aquí.


¿Y cuándo se alzarán los escritores, como lo hicieron contra el ascenso del fascismo en la década de 1930? ¿Cuándo se levantarán los cineastas, como lo hicieron contra la Guerra Fría en la década de 1940? ¿Cuándo se levantarán los satíricos, como lo hicieron hace una generación?


Habiéndonos empapado durante 82 años de la versión oficial sobre lo justa que fue la última guerra mundial, ¿no va siendo hora de que, aquellos que deberían arrojar luz sobre la realidad declaren su independencia y decodifiquen la propaganda? La urgencia es hoy mayor que nunca.



UCRANIA // HAWAI

 





HISTORIA

 


21 agosto, 2023

La encrucijada rusa — Ángeles Maestro

 



COORDINACIÓN NÚCLEOS COMUNISTAS – 21/08/2023


En Rusia es muy conocida esta frase atribuida a Pushkin: Si quieres escuchar tonterías, deja que un europeo hable sobre Rusia. Y es cierto, sobre todo en el caso de las élites políticas occidentales. Probablemente por eso han perdido una tras otra las guerras contra ella, a pesar de los gigantescos aparatos bélicos desplegados.


Para las organizaciones políticas revolucionarias – sobre todo para aquellas que han comprendido la esencia imperialista de la guerra de la OTAN contra Rusia que usa como ariete el fascismo ucraniano – es vital intentar analizar la complejidad y las contradicciones de la Rusia actual, por muchas razones que no voy a enumerar, pero sobre todo, porque está actuando en primera línea.


Sin atribuirme la capacidad de comprender en profundidad los procesos en juego en ese enorme país, si creo que es posible trazar algunas líneas de estudio tomando como referencia a analistas y escritores que además de dedicarse con clarividencia a desentrañar la realidad de su país, consideran, como la mayoría de la población rusa y bielorrusa, que el hundimiento de la URSS fue una inmensa catástrofe. Sin duda, el más lúcido de los que he podido consultar es Serguei Kurginyan, dirigente del movimiento político “Esencia del Tiempo”(1) , y a sus análisis me remito en muchas de las consideraciones que aquí transmito.


Treinta años después del hundimiento de la URSS, la guerra en Ucrania, y sobre todo las posibilidades de que se transforme en un conflicto de larga duración, están obligando a la sociedad rusa a despertar de un prolongado letargo basado en las falsas ilusiones de “entrar en occidente” o al menos, de mantener relaciones amistosas con él. Por otra parte, la rebelión militar dirigida por el líder del grupo Wagner, Yevgeni Prigozhin, el pasado mes de junio, ha puesto de manifiesto debilidades y contradicciones profundas presentes en la propia estructura del Estado que, de no resolverse positivamente, podrían poner en cuestión la victoria de Rusia en una guerra larga, más allá de Ucrania, que, con toda la razón, se considera como existencial.


Sin entrar a valorar en este artículo las causas internas y externas del colapso de la URSS, quiero destacar algunos hechos que contribuyen a explicar la situación actual: la destrucción de la estructura social se realizó en un tiempo récord, se demolieron los aparatos del estado soviéticos para sustituirlos por otros proclives a occidente, se cerraron miles de empresas y se privatizó buena parte de ellas. Las consecuencias fueron brutales para la población. Según el CIDOB: “En 1995 el índice de mortalidad creció un 70% por comparación con el año 1989, llegando a la cifra de sobremortalidad de 2,2 millones de personas al año”(2). Los suicidios, los asesinatos, las drogas, las mafias, el alcoholismo, el abandono de niños, la morbilidad por enfermedades prácticamente erradicadas, etc, reflejan el desplome total de una sociedad.


Estos hechos no sucedieron en toda la URSS. En Bielorrusa, Lukashenko, viendo el desastre, no sólo no privatizó empresas y servicios, sino que revirtió las pocas privatizaciones realizadas. La gráfica que siguei, que relaciona la mortalidad por tuberculosis entre países de las ex URSS que siguieron las políticas del FMI (todos excepto Bielorrusia) y los que no las siguieron es suficientemente explícita.


Tomado de: Stuckler, D., King, L. P. y Basu, S. (2008). International Monetary Fund Programs and Tuberculosis Outcomes in Post-Communist Countries. PLos Medicine 5 (7): e143. DOI: 10.1371/journal.pmed.0050143


Un técnico estadounidense destinado a Rusia en la época se expresaba así: “Me di cuenta rápidamente de que el plan de privatizaciones de la industria rusa se iba a llevar a cabo de la noche a la mañana, con costes muy altos para centenares de miles de personas (…) Se iban a fulminar decenas de miles de empleos. Pero además las fábricas que iban a cerrar proveían a la población de escuelas, hospitales, atención sanitaria y pensiones de la cuna a la tumba. Informé de todo esto en Washington y les dije que allí no iba a quedar red alguna de seguridad social. Comprendí claramente que se trataba precisamente de eso; querían eliminar todos los restos posibles del estado para que no volviera el Partido Comunista”3.


La desaparición de la URSS fue una hecatombe social. No sólo se destruyeron en un tiempo récord las estructuras del estado soviético – como si los dirigentes imperialistas hubieran leído “El estado y la revolución”- se demolió modo de vida y se intentó aniquilar la identidad de su pueblo.


La vivencia de todo este desastre, el imperialismo lo llamó “terapia de choque”, ocasionó en la población un trauma severo en todos los órdenes que no se ha rehabilitado. Kurginyan, que viene analizando este proceso en profundidad, lo llama “heridas en la conciencia”, y valora que “la conciencia deformada pierde su adecuación y no puede comprender normalmente lo que ocurre en el tiempo y en el espacio”4.


Sobre esa profunda herida social se erigió la Rusia postsoviética. Se construyó una sociedad amnésica y anestesiada, con un profundo vacío ideológico, que en parte ocupó la iglesia ortodoxa5 , sobre la ausencia de todo proyecto colectivo en una sociedad en la que lo comunitario – más allá de la superestructura política – estaba profundamente inscrito en la conciencia popular. A ello se sumaron las insultantes desigualdades sociales producto del robo impune de empresas socializadas y la degradación científica, cultural y educativa.


La destrucción, autodestrucción, de las fuerzas productivas rusas de alta tecnología es uno de los factores determinantes de la profunda regresión sufrida por la Rusia postsoviética. Como señala Kurginyan, ningún otro país, en ningún proceso político, ha hecho algo parecido. Quizás ahora, habría que incorporar a la UE a esas excepciones históricas de autoaniquilación productiva, exactamente bajo el mismo hegemón.


En definitiva, los aparatos del Estado de esa Rusia mutilada y desestructurada, estaban, y lo están en buena mediada, controlados por élites políticas y económicas – preparadas y dirigidas desde mucho tiempo antes por estructuras como el Club de Roma, o la soviética “Firma”6 – Estas élites fueron las que dirigieron la demolición de la URSS y las que, además de apropiarse de gran parte de los recursos del país, actuaron como valedores de las políticas del imperialismo para Rusia. Este nuevo poder, gestado desde el interior de las estructuras del Estado ruso modificó totalmente su naturaleza; el Ejército, el más sovietizado, constituye una excepción relativa. Esta oligarquía, política y económica, y el correspondiente engranaje del Estado, ha estado trabajando durante treinta años para el objetivo que se presentó como un sueño dorado: “entrar en occidente”.


Los cambios paulatinos en la política exterior de Rusia


Desde la desaparición de la URSS, EEUU – secundado de forma contradictoria por la UE hasta su subordinación absoluta actual a la OTAN y apoyado de forma cada vez menos encubierta por el Estado sionista – fue arrasando uno tras otro países cuyos gobiernos no se sometían a sus designios: Iraq (1991, 2003), Yugoslavia (1999), Afganistán (2001), Libia (2011).


Hasta el caso de Libia, en todo este sangriento proceso, la representación rusa en el Consejo de Seguridad de la ONU votó a favor de todas las resoluciones que amparaban las criminales agresiones militares del imperialismo, incluida la Resolución 1244 de 1999 que daba vía libre a los bombardeos de la OTAN sobre la nación hermana de Yugoslavia.


La destrucción completa a manos de la OTAN de Libia en 2011, el país más desarrollado de África y que sustentaba importantes proyectos de soberanía para el continente, también fue avalada por el CS de la ONU, pero esta vez China y Rusia se abstuvieron.


Este momento marca un punto de inflexión en la política exterior Rusa que alineada con China, ha vetado a partir de entonces todos los proyectos de resolución presentados por el imperialismo euro-estadounidense para avalar su intervención militar en Siria. Además, como es bien sabido, Rusia aceptó la solicitud de ayuda militar del gobierno sirio que ha contribuido decisivamente a modificar una correlación de fuerzas en la zona, que ya venía gestándose. A este respecto hay que destacar acontecimientos tan importantes en la región como la derrota de Israel en 2006 por una coalición libanesa liderada por Hezbolah y que marca el comienzo del desarrollo del Eje de la Resistencia anti-imperialista y antisionista(7).


Los intentos de los dirigentes rusos de mantener buenas relaciones con occidente, incluidas sus sorprendentes propuestas de entrada en la OTAN, fueron chocando progresivamente desde 1999, fecha en la que Polonia, Hungría y la República Checa se integran en la Alianza, con la evidencia de que el imperialismo anglosajón no perseguía otra cosa que la desintegración de Rusia previa a su dominación. Doce países de la zona de influencia de la URSS se incorporaron a la Alianza, desde que en 1991 se aprobara un documento8 suscrito por los Ministros de AA.EE. de Reino Unido, EEUU, Francia y Alemania en el que se le garantizaba a Rusia que la OTAN no se ampliaría hacia el Este.


No se trató sólo de la incorporación de nuevos países. Las sucesivas maniobras militares del OTAN fueron ratificando materialmente lo que los documentos de Seguridad Nacional de EEUU afirmaban con toda claridad: Rusia, seguida inmediatamente por China, era el enemigo principal9.


Se fue configurando así un cambio progresivo pero radical en la política de alianzas políticas, económicas, militares, culturales, deportivas, etc, que sitúa a Rusia, junto a China, como columnas vertebrales de un frente multipolar, que no hace más que ampliarse sobre la base del respeto a la soberanía y la independencia de los países, frente a un imperialismo que sólo ofrece la política de las cañoneras. Insisto, no obstante, en que todo este proceso se lleva a cabo con grandes contradicciones en el interior de unas estructuras estatales y gubernamentales rusas construidas para objetivos políticos totalmente diferentes.


El golpe fascista de febrero 2014 en Ucrania, diseñado, financiado y organizado por EEUU y la UE, incluyendo todo tipo de atrocidades como la masacre de la Casa de los Sindicatos de Odesa, la persecución y tortura de la población de cultura rusa o los bombardeos cotidianos de la población civil del Donbas, estaba claramente dirigido contra Rusia. Era una amenaza inminente de guerra, que incluía el ingreso de Ucrania en la OTAN. Aún así, un año después, en 2015, Rusia junto a Francia, Alemania y Ucrania firmó el Acuerdo de Minsk que planteaba una solución negociada al conflicto del Donbas. Ángela Merkel declaró en diciembre de 2022 que no había ninguna intención de cumplir sus condiciones y que tal Acuerdo se firmó para que Ucrania ganara tiempo para armarse10.


La firma del Acuerdo de Minsk no se produjo porque Rusia fuera engañada, como se suele decir. Fue el último acto de un Estado, construido a la medida de los intereses de occidente, que se resistía a enfrentar la evidencia: el imperialismo anglo-sajón iba a declarar la guerra a Rusia.


La Operación Militar Especial, un camino sin retorno


La decisión del gobierno ruso de intervenir militarmente en Ucrania supone un paso decisivo para en futuro de Rusia. Le conecta directamente con un sentimiento popular que, a pesar de todo, conserva marcado a fuego en su cerebro el recuerdo de los 27 millones de muertos que le costó a la URSS derrotar al fascismo, y que forma parte indeleble de la identidad nacional rusa. Ese sentimiento popular que incluye la reivindicación de la Unión Soviética sin que se haya concretado aún como objetivo político, y que va creciendo cada vez más como muestran hasta las encuestas occidentales, ha sufrido y sufre como propias las masacres de los nazis ucranianos en el Donbas y clamaba por el apoyo militar a sus milicias populares. Implica también el odio creciente a los oligarcas, los denostados “nuevos ricos”, y con él al individualismo consumista identificado con occidente.


El imperialismo juega con los oligarcas como quinta columna. Ellos, que deben a occidente sus fabulosas fortunas y que tan jugosos negocios estaban haciendo con sus bancos y multinacionales, son también los valedores de sus políticas. Por si acaso flaqueaban a la hora de ejercer sus influencias en el Estado, contra ellos se han dirigido buena parte de las sanciones. Sintiendo sus presiones y comprobando las importantes pérdidas sufridas por sus empresas, los mayores magnates como Mordashov (siderúrgica Everstal, minería de oro NordGold, banco Rossiya), Tinkov (banco digital Tinkoff), Mixail Fridman (supermercados DIA y AlfaBank) y algunos otros, han clamado contra la guerra, lamentándose amargamente por la muerte de inocentes, pronunciándose contra el gasto militar, etc.


Putin les fulminó inmediatamente, sólo con palabras, tratándolos de títeres de occidente y amenazando con que “el pueblo ruso sabría limpiar adecuadamente a los traidores, escupiéndoles como mosquitos que se meten accidentalmente en la boca”. El tratamiento pareció surtir efecto y las pocas algaradas que se convocaron “contra la guerra” quedaron en agua de borrajas.


A pesar de ello, los conflictos de fondo siguen desarrollándose, entre el reto histórico que supone la necesidad de responder a una confrontación militar a gran escala y durante largo tiempo con un enemigo muy poderoso, con unos aparatos del Estado diseñados para otros objetivos y una estructura social que, hasta ahora, no parece ser consciente de que muchas cosas deben cambiar para ser capaz de hacerle frente.


A pesar de que la supuesta contraofensiva ucraniana resulto un fiasco, no por ello dejará el imperialismo de inundar al gobierno de Kiev con todo tipo de armas “hasta el último ucraniano”. “Lo único que Occidente no quiere hacer y no hará, por ahora, es poner a su propio pueblo bajo las balas. Unos cinco millones de hombres ucranianos, que ya han sido vendidos a Occidente por cerca de un billón de dólares, están destinados a este fin. La élite ucraniana está muy satisfecha con este sangriento intercambio”, señala Kurginyan.


Además, recuerda que las palabras que señalaron desde el principio los objetivos de la intervención militar “la desnazificación y la desmilitarización de Ucrania”, no son un mantra vacío de sentido, sino que por el contrario muestran el núcleo de la cuestión11. El fascismo que se ha desarrollado en Ucrania, seguido por alrededor de un millón de personas, alimentado por el imperialismo y al que ha entregado todos los recursos del estado, es especialmente bestial y considera a los rusos como su enemigo principal. Sería un gran error subestimar esa fuerza, señala el dirigente de “Esencia del Tiempo”.


Lo que la rebelión militar de Prigozhin ha puesto de manifiesto


Los delirantes análisis de los “expertos” occidentales sobre los Wagner, que pasaron de ser para ellos de paladines de la libertad a sucios mercenarios, ponen de manifiesto que no tenían la menor idea de que la rebelión se iba a producir y que no entienden lo que sucede en Rusia. Todo ello, dice Kurginyan, no exime al pueblo ruso de valorar en profundidad lo ocurrido y, sobre todo, de extraer las consecuencias.


Para crear los Wagner el Estado invirtió ingentes cantidades de dinero, armamento y se les otorgaron grandes poderes, como por ejemplo, el reclutamiento. Se creó, señala Kurginyan, un sistema paralelo al del Ministerio de Defensa. Y, ese sistema, se creó por mandato del Presidente del Gobierno y le obedecía a él directamente. ¿A qué responde su creación? ¿Cuándo un líder, se pregunta Kurginyan, crea un sistema paralelo?. Y se responde: “En primer lugar cuando sospecha que el sistema no le es del todo leal, y en segundo lugar, cuando sospecha que no cumple con las tareas que tiene asignadas”.


La rebelión de Prigozhin ha puesto de manifiesto las graves contradicciones existentes. Su fracaso, creyó que parte sustancial del ejército iba a seguirlo, si bien ha permitido al sistema, léase el Ministerio de Defensa, confrontar directamente con el sistema paralelo creado por Putin y eliminar, por el momento, la posibilidad de alternativas, no le ha destruido.


El juego interno de fuerzas se puso en evidencia. La rebelión de los Wagner, que se encaminó a Moscú prácticamente sin oposición interna, terminó con un indulto y con Prigozhin participando en la Cumbre África – Rusia, en San Petersburgo. Además, nuevas tareas de Estado han llegado para los Wagner: Bielorrusia, tras la inteligente y oportuna mediación de Lukashenko, y la intervención en África a petición de los nuevos movimientos anticoloniales de diferentes países del Sahel.


Los grandes problemas siguen sin resolver y son en el sentido estricto de la palabra, estructurales. Una parte del Estado ruso, es decir, la representación de los oligarcas en los poderes del Estado, estaría abogando por una paz negociada con Ucrania, casi a cualquier precio, y volver a las buenas relaciones y negocios anteriores, y otra es consciente del carácter irreversible de la ruptura con occidente y de la envergadura de la confrontación que deberá asumir el pueblo ruso. “El sistema existente fue construido para ser parte de la civilización occidental y, por lo tanto, no puede estar en guerra con esta civilización, insiste Kurginyan. No puede garantizar estratégicamente que Rusia se enfrente a Occidente, que es 10 veces más poderoso que Rusia, durante mucho tiempo. Si un sistema creado para los viejos propósitos no logra hacer frente a la nueva situación, acumulará disfunción. No se trata de individuos como Shoigu, Gerasimov, Surovikin, etc., sino de la arquitectura del sistema, construida para otras tareas, para otros tipos de guerra”.


La disfunción esencial entre el “sistema”, la maquinaria del Estado y las élites económicas a las que sirve, y los objetivos – la guerra contra occidente – radicalmente diferentes a los que responde su creación y funcionamiento, puede dar lugar a que sea precisamente el “sistema” el que cambie la realidad, para adecuarla a las finalidades que le dieron origen. Y si eso se pretendiera materializar, se pregunta el dirigente de la Esencia del Tiempo, ¿quién se convierte en su principal oponente? El que le impide hacer lo de siempre: trabajar poco, robar mucho y drogarse. ¿Quién es el estorbo? Objetivamente: el líder del país.


Los grandes retos de Rusia


El país se enfrenta a una guerra de larga duración frente a un enemigo muy poderoso, que va más allá de Ucrania y que puede resurgir en Polonia, Países Bálticos, etc. Todo ello en un marco en el que EEUU se prepara para enfrentar a la gran potencia que empieza a superarles y a disputar su hegemonía, China. En este caso, plantea lúcidamente Kurginyan, “cuando EEUU se ve superado por algún país según sus propias reglas, no le dan un premio, sino que cambian las reglas del juego. La introducción de la agenda ambiental o la pandemia Covid, son buenos ejemplos de cómo cambian las reglas del juego”12 Y para enfrentarse a China, no basta desestabilizar Taiwan; no son suficientes las batallas navales. Como planteaba el geógrafo británico Mackinder, para que un imperio marítimo domine el planeta, primero tiene que controlar el “corazón continental”, el “pivote del mundo”, es decir, Rusia13.


Las previsiones del gobierno ruso de una rápida victoria militar en Ucrania, resultaron completamente erróneas, aunque afortunadamente identificó como objetivos la desnazificación y la desmilitarización del régimen de Kiev. Una vez más el “sistema” postsoviético intentaba obviar la realidad: Rusia no estaba sólo frente a un conflicto con Ucrania, se trataba de una guerra contra la OTAN. Y, claro que había que desnazificar y desmilitarizar Ucrania, pero era occidente quien había colocado a los fascistas en el poder y los armaba hasta los dientes.


Rusia se enfrenta a una guerra de larga duración contra la OTAN, una guerra de posiciones, de desgaste, que además no acabará con la guerra de Ucrania. En muchos aspectos esta guerra es todavía más terrible que la II Guerra Mundial y el pueblo ruso debe saber la verdad. Y la verdad aprendida en la Gran Guerra Patria, es que esa guerra se pudo ganar sólo porque la dictadura del proletariado, es decir, el proletariado erigido en clase dirigente, fue capaz de comprender y transmitir al conjunto de la sociedad soviética el gigantesco reto que debía asumir: la defensa de la humanidad contra el fascismo, de la humanidad contra la esclavitud, de la vida contra la muerte. Y todo ello, se resumió en una consigna bien concreta: “Todo para el Frente, Todo por la Victoria”. Y el pueblo soviético latió y actuó como un solo ser colectivo.


La enorme potencia que el pueblo soviético fue capaz de desplegar no respondía sólo a un deber patriótico. Defendía también su dictadura del proletariado, la primera revolución obrera triunfante, y por ello, tenía una dimensión internacional, no sólo antifascista, sino histórica para la clase obrera mundial.


La Rusia de hoy tiene ante sí grandes retos que superar para enfrentar a un enemigo no inferior al que enfrentó la URSS. Kurginyan identifica dos objetivos:


En primer lugar, abordar un salto científico-técnico en el complejo militar-industrial que permita superar al enemigo con todo tipo de armamento y de equipos. Después de la destrucción de las empresas y equipos más avanzados de la URSS, para ganar la guerra contra la OTAN – más allá de Ucrania – es preciso dar un salto descomunal. Las palabras de Stalin en 1931 fueron claves para la victoria en la Gran Guerra Patria: “si en diez años no recorremos el camino que costó a las potencias occidentales entre 50 y 100 años, seremos aplastados”. Rusia necesita reconstruir la poderosa industria de bienes de equipo, destruida durante el colapso de la URSS, imprescindible para poner en marcha al nivel requerido el complejo militar industrial. A su vez, esto precisa el concurso del sistema educativo para la preparación acelerada de cuadros técnicos y de capacidades humanas en alguna medida semejante al esfuerzo de la sociedad soviética en los años previos y durante la II Guerra Mundial.


La URSS lo pudo hacer gracias a la industrialización, que requería que toda la sociedad funcionara como un puño en movimiento. Y la gran duda es, ¿lo podrá hacer la Rusia actual?


En segundo lugar, es imprescindible abordar la batalla ideológica, la lucha de ideas contra el imperialismo y el fascismo. No es sólo Ucrania, el fascismo crece en toda Europa y en EEUU. Es inútil que Rusia espere que la extrema derecha la trate mejor que la actual élite occidental. ¡Es exactamente todo lo contrario!, afirma Kurginyan. Además, la moral del ejército decae si no hay un trabajo ideológico poderoso y si la sociedad no está penetrada por ese impulso espiritual. Y “si el jolgorio en la retaguardia no desaparece, si el robo no desaparece, advierte, entonces la victoria en una guerra larga es imposible”. La guerra de la información no debe llevarse a cabo en el lenguaje de las ovejas. Kurginyan aboga por un sistema de movilización, de despliegue, y un sistema de formación de nuevos cuadros que pueda convertir a las «sub-ovejas» en «perros lobo». Y no se trata de sacar banderas y de dar lecciones de patriotismo en las escuelas, sino de la movilización de un millón de personas en el bando antifascista. Pero hasta ahora, subraya, se ha hecho todo lo posible para que esto no sucediera.


El problema de fondo es cómo despertar la fuerza vital necesaria para galvanizar a una sociedad que se creyó el mito ideológico del capitalismo y que en buena medida vive ajena a lo que sucede en el frente; a una clase obrera que asiste desmoralizada e impotente al robo cotidiano de la oligarquía y que no ha rehabilitado las “heridas de la conciencia” porque eso sólo puede hacerse reanudando el hilo histórico de la lucha por su emancipación.


Kurginyan plantea activar el resorte antifascista que sin duda es muy potente en Rusia. El asunto es si la comprensión histórica colectiva e internacional de lo que entraña el fascismo, y sobre todo, la actuación consecuente para impedir que triunfe – Cueste lo que Cueste, Todo para el Frente, Todo para la Victoria – es posible abordarla sin la reconstrucción de la herramienta que concentra la fuerza obrera y popular: el partido comunista.


La lucha es internacional


La situación internacional actual guarda semejanzas con la II Guerra Mundial. La voluntad manifiesta de control del mundo por parte de la Alemania nazi está representada hoy sin tapujos por el imperialismo anglosajón, inmerso en una crisis económica terminal y cuya hegemonía en decadencia le empuja a la guerra como única opción.


Tras la derrota de la República española y en pleno auge del fascismo, Alemania fue ocupando uno tras otro los países europeos sin apenas resistencia. Hoy el sometimiento de la UE a la OTAN, dirigida con mano de hierro por EE.UU, con su territorio plagado de bases militares, es absoluto. También lo es el vasallaje de la política económica europea, autodestrucción incluida, a los intereses estadounidenses. A ello hay que añadir la colonización cultural o el control de los medios de comunicación, es un escenario político de auge del fascismo, hoy como entonces, facilitado por la socialdemocracia.


Es en este contexto en el que hay que analizar el apoyo económico y militar masivo del imperialismo a la Ucrania nazi. No se trata sólo de que use al pueblo ucraniano como carne de cañón. La alianza es mucho más íntima y más antigua. Es la propia continuidad del nazismo alemán en los aparatos políticos y militares de EE.UU y de la OTAN14, es el odio primario a todo lo ruso de los banderistas ucranianos y, sobre todo, es el fascismo con la supresión de derechos y libertades, con la represión salvaje y la militarización social, el que necesita el capitalismo en crisis irreversible y la guerra imperialista a gran escala que se está gestando.


Es el pueblo ruso, como ayer el soviético, el que ha comprendido que es su propia identidad y existencia como pueblo la que está en juego; aunque como hemos visto – si bien ha sido capaz de responder atacando a la amenaza ucronazi – su situación objetiva y subjetiva dista mucho de ser la de entonces.


Como se ha venido analizando, hoy no se vislumbra la solución a la incógnita de si el pueblo ruso será capaz o no de llevar a cabo las transformaciones revolucionarias que le permitan afrontar con éxito las tareas vitales para su futuro y para el resto de los pueblos. Lo que es cierto es que, tras treinta años de dominación ideológica, el pueblo ruso demuestra con sus actos – seguramente porque la herencia recibida es muy poderosa – que no ha sido doblegado. El apoyo popular mayoritario e incontestable a la intervención militar contra el fascismo en Ucrania es un gran ejemplo.


Lo que es una realidad incuestionable, tanto para el pueblo ruso, como para el resto de los pueblos del mundo – especialmente para los de Europa – es que nos encaminamos a una época de gran inestabilidad política caracterizada por profundos cambios destructivos en los medios de producción y en las condiciones de vida de millones de personas y por la imposición de un escenario de guerra permanente de intensidad variable contra Rusia y China.


La agudización de la lucha de clases en situaciones de profundas crisis, y sobre todo la guerra, amplían e intensifican las contradicciones internas de la burguesía, debilitan su hegemonía ideológica, y abren, como se ha demostrado históricamente, posibilidades de revolución obrera y popular. Y hoy, más que nunca, es imprescindible que la lucha que la clase obrera y los sectores populares desarrollen en cada lugar tenga dimensión internacional.


El atraso organizativo y político en la construcción de la única herramienta que ha demostrado ser capaz tanto de conducir a la victoria la revolución, como de derrotar al fascismo, el partido comunista, debe dejar de ser una justificación o un lamento. Debe convertirse en el campo de trabajo en el que los comunistas y las comunistas de hoy llevemos a cabo las tareas históricas de las que depende, no sólo la revolución socialista, sino el futuro de la humanidad.


Agosto de 2023


1 ehttps://rossaprimavera.run lengua rusa. Su caracterización política y la traducción de algunas de sus principales publicaciones al castellano pueden consultarse aquí: https://eu.eot.su/es/acerca-de/

2 https://apuntesdedemografia.com/2022/03/18/el-misterio-de-la-mortalidad-en-rusia/

3 Maestro, A. (2020) Crisis capitalista, guerra social en el cuerpo de la clase obrera. https://www.lahaine.org/b2-img10/Angeles_Maestro_ESP.pdf

4 https://rossaprimavera.ru/video/afb341fb

5 El intento de EE.UU. de colonizar Rusia con grupos evangelistas inmediatamente después del colapso de la URSS, al igual que hizo en América Latina, sin embargo, no prosperó.

6 https://tsargrad.tv/news/sekret-firmy-s-chego-nachalos-unichtozhenie-sssr_439718

7 El Eje de la Resistencia es un bloque histórico laíco, antiimperialista y antisionista que pretende superar divisiones de carácter religioso o étnico impuestas por el imperialismo, uniendo a los pueblos en un proyecto común de independencia y soberanía sobre sus recursos. Liderado por Hezbollah, agrupa a la <resistencia Palestina, Irán, Siria, Yemen y organizaciones iraquíes.

8 El documento citado se puede consultar aquí: https://espanol.almayadeen.net/news/politics/1558112/otan-prometi%C3%B3-en-1991-no-expandirse-ni-una-pulgada-hacia-el

9 https://www.nytimes.com/2016/02/03/opinion/the-pentagons-top-threat-russia.html?_r=0

10 https://www.msn.com/fr-fr/divertissement/actualite/angela-merkel-les-accords-de-minsk-ont-%C3%A9t%C3%A9-sign%C3%A9s-pour-donner-du-temps-%C3%A0-l-ukraine/vi-AA152UVJ

11 https://rossaprimavera.ru/video/c98f9bd3

12 https://rossaprimavera.ru/video/81bf7a03

13 https://archivo.kaosenlared.net/las-contradicciones-entre-el-imperialismo-estadounidense-y-el-europeo-controlar-el-pivote-del-mundo/index.html

14 https://cnc2022.wordpress.com/2023/03/07/el-imperialismo-anglosajon-la-otan-y-el-fascismo-caras-de-la-misma-moneda/