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05 enero, 2026

Putin: “Sadam Hussein pensó lo mismo”

 



Richard Werner, experto conocedor de los sistemas bancarios mundiales, escribe sobre lo que significa la intervención estadounidense en Venezuela para el sistema del petrodólar:


"El golpe de Estado estadounidense en Venezuela es un intento de fortalecer el sistema del petrodólar, establecido por el acuerdo de Henry Kissinger con Arabia Saudita en 1974, que exige la venta global de petróleo en dólares estadounidenses. Este acuerdo, que crea una demanda artificial de la moneda y financia la hegemonía estadounidense, se encuentra en sus últimos estertores.


Venezuela, con las mayores reservas de petróleo del mundo, desafió al dólar vendiendo petróleo en yuanes, euros y rublos, eludiendo el dólar y construyendo canales de pago alternativos con China.


Entre los precedentes históricos, tenemos el derrocamiento de Saddam Hussein en Irak, por su transición al euro, y el de Muammar Gaddafi en Libia, por proponer un dinar respaldado por oro. Ver mi informe sobre el acuerdo del petrodólar saudí en [https://rwerner.substack.com/].


La invasión intenta contrarrestar la acelerada desdolarización global liderada por Rusia, China, Irán y los países BRICS, a medida que las naciones optan por sistemas de liquidación en monedas distintas del dólar y alternativas al SWIFT. Pero este asalto a Venezuela es una señal de desesperación que podría acelerar la caída del petrodólar, ya que el Sur Global se previene ante la dependencia de Estados Unidos de la fuerza militar para mantener el dominio de su moneda".




Como pertinente conclusión, hace varios años Putin respondió a aquellos líderes mundiales que defendían que no tener armas nucleares era algo positivo frente a la hegemonía de Estados Unidos y la OTAN. Esto fue lo que sostuvo Tokayev, de Kazajistán, orgulloso de sermonear a Putin, hasta que el mandatario ruso le dio una fría y escueta lección de realidad, una que Maduro, Gadafi y muchos otros aprendieron a las malas:


Tokayev: En el mundo moderno, la posesión de armamento nuclear no supone garantía de seguridad ni de prosperidad económica. A veces es mejor no poseer armamento nuclear, sino atraer inversiones a la economía, mantener y desarrollar buenas relaciones con los estados del mundo, que es lo que Kazajistán hace en la práctica”.


Putin: Sadam Hussein pensó lo mismo.




04 enero, 2026

El fin del petrodólar: la razón del asalto a Venezuela

 


Br decode – 03/01/2026


Si enciendes la televisión hoy, verás las mismas imágenes reiteradas. Verás helicópteros. Verás fuerzas especiales. Verás el dramático secuestro de un líder latinoamericano. Los medios hegemónicos lo llaman una victoria para la democracia. Lo llaman la restauración del orden. Analizan la brillantez táctica del asalto y las declaraciones políticas en Washington. Pero, como siempre, te muestran el circo para que no mires la caja fuerte.


Lo que ocurrió hoy en Venezuela no fue una operación política. No se trató de derechos humanos. Ni siquiera se trató realmente de Nicolás Maduro. Fue una “llamada de margen”. Para entender por qué Estados Unidos simplemente asumió el riesgo extremo de emprender una operación militar en Sudamérica, no es necesario consultar las encuestas ni la Constitución. Es necesario observar un gráfico mucho más aburrido y aterrador: las reservas estratégicas de petróleo de Estados Unidos. Durante los últimos tres años, Estados Unidos ha estado vaciando dichas reservas para bajar artificialmente el precio de la gasolina. Han estado vendiendo la plata de la familia para pagar el alquiler. La reserva está ahora en su nivel más bajo desde la década de 1980. Al mismo tiempo, el petrodólar, el sistema que obliga al mundo a comprar petróleo en moneda estadounidense, se encuentra en la unidad de cuidados intensivos.


Arabia Saudita se ha negado a renovar su acuerdo exclusivo. Los países BRICS comercian energía en yuanes y monedas locales. El exorbitante privilegio del dólar se está evaporando. Y la semana pasada, comenzaron a circular rumores en las capitales financieras. Rumores de que Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, estaba a punto de firmar un acuerdo definitivo para fijar el precio de su petróleo exclusivamente en una cesta de monedas BRICS. Esa era la línea roja. Estados Unidos no puede permitirse que el mayor depósito de petróleo del mundo se desconecte del dólar. Si eso sucediera, la demanda de bonos del Tesoro estadounidense colapsará. Las tasas de interés se dispararán y toda la economía occidental, basada en la deuda, implosionará.


Así pués, Washington tenía dos opciones: aceptar la nueva realidad multipolar y negociar, o utilizar el único activo que aún posee en abundancia: la fuerza militar. Optó por las armas. Lo que estamos presenciando no es liberación, es liquidación. Estados Unidos ha embargado efectivamente un país para asegurar sus propios activos. Se ha apoderado de las garantías. Se trata del regreso de la diplomacia de las cañoneras del siglo XIX disfrazada de humanitarismo del siglo XXI.


En este análisis, ignoraremos el ruido. No hablaremos del asalto. Hablaremos del motivo. Expondremos las desesperadas matemáticas económicas que llevaron a Estados Unidos a invadir una nación soberana. Les mostraremos cómo la muerte del petrodólar ha convertido al ejército estadounidense en un recaudador de deudas global. Y explicaremos por qué esta victoria táctica en Caracas podría ser, en realidad, la derrota estratégica que destroce al dólar definitivamente.


Bienvenidos a la verdadera guerra. No se trata de votos. Se trata de barriles. Para comprender la ferocidad de esta maniobra, hay que analizar el balance contable estadounidense. Durante décadas, los medios occidentales nos han vendido un mito. Nos dijeron que la revolución del esquisto había dado a Estados Unidos la independencia energética. Nos dijeron que Estados Unidos era el mayor productor de petróleo del mundo y, por lo tanto, ya no necesitaba preocuparse por Oriente Medio ni Latinoamérica. Esto era una verdad a medias, y en geopolítica una verdad a medias es una mentira absoluta. Estados Unidos produce una cantidad enorme de petróleo, pero produce un crudo ligero y dulce. Es como el champán: burbujeante, ligero y caro. El problema es que la maquinaria industrial estadounidense, las enormes refinerías de Texas y Luisiana, se construyeron hace 50 años. Fueron diseñadas para procesar crudo pesado y agrio. Fueron construidas para funcionar con el petróleo espeso y viscoso que proviene de Oriente Medio y Venezuela. Este es el desajuste en las refinerías que los economistas convencionales ignoran. Estados Unidos produce champán, pero sus motores funcionan con diésel. Durante décadas, lo solucionaron importando petróleo pesado de Arabia Saudita. Pero esa relación está muerta.


Ya hemos hablado de esto en análisis anteriores. Arabia Saudí ya no es la gasolinera de Occidente. Riad está recortando la producción para mantener los precios altos. Se está uniendo los BRICS e ignorando las llamadas de la Casa Blanca. Así que Estados Unidos se enfrentaba a un problema matemático. Se estaban quedando sin el tipo específico de petróleo que necesitaban para mantener su economía en funcionamiento. Y peor aún, ya habían jugado su carta del triunfo. Durante los últimos dos años, en un intento desesperado por evitar que la inflación destruyera los índices de aprobación del presidente en funciones, la administración agotó la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR, siglas en inglés). La SPR esta destinada para la guerra o para emergencias nacionales, no para comprar votos. Sin embargo, abrieron los grifos. Inundaron el mercado con millones de barriles para mantener los precios de la gasolina artificialmente bajos. Ahora ha llegado la factura. La SPR está vacía. El tanque de emergencia está vacío. Y justo cuando el tanque se vació, estalló Oriente Medio, amenazando con cortar el suministro por completo. Washington miró el mapa. Buscaba crudo pesado. Canadá ya está bombeando a máxima capacidad. Rusia, sancionada y hostil. Arabia Saudita, poco cooperativa e inclinándose hacia el este. Eso solo dejaba una opción: las mayores reservas probadas del planeta: los enormes yacimientos de crudo pesado de la Faja del Orinoco, Venezuela.


Durante años, Estados Unidos intentó someter a Venezuela por hambre mediante sanciones. Intentaron crear un gobierno paralelo. Intentaron golpes de Estado suaves. Nada funcionó. El petróleo se quedó bajo tierra o, peor aún, empezó a fluir hacia China a través de petroleros de una flota a la sombra. La presión económica en Washington se volvió insoportable. Si los precios del petróleo subieran a 150 dólares por barril debido a un conflicto en Oriente Medio, la economía estadounidense, ya al borde de la recesión, colapsaría. El dólar perdería su poder adquisitivo de la noche a la mañana. No podían permitirse comprar el petróleo venezolano a precios de mercado. Y, desde luego, no podían permitirse que China lo comprara. Así que el cálculo cambió. La contención ya no era una opción. La posesión se convirtió en una necesidad.


Por eso la narrativa cambió tan rápido. Hace apenas unos meses, se hablaba de flexibilizar las sanciones. Había diplomáticos estrechándose la mano. Pero cuando la SPR alcanzó mínimos críticos, el apretón de manos se convirtió en un puño. La operación militar estadounidense no se lanzó para salvar al pueblo venezolano. Se lanzó para asegurar la Faja del Orinoco. Fue una apropiación hostil de un tenedor en dificultades. Piensen en la cronología. Esta operación ocurrió justo cuando los precios mundiales del petróleo amenazaban con dispararse. Ocurrió justo cuando Estados Unidos se dio cuenta de que no podía reabastecer las reservas en el mercado abierto sin quebrar el tesoro. Necesitaban un nuevo proveedor que no pidiera precios de mercado. Necesitaban un proveedor al que pudieran controlar. Necesitaban un vasallo. Y como el príncipe saudí se negó a tal vasallaje, decidieron establecer uno nuevo en Caracas. Es una aplicación brutal y cínica del poder. El ejército estadounidense actúa, en efecto, como la fuerza de seguridad privada del Departamento de Energía. Pero aquí está el problema: si bien esto podría resolver la escasez física de petróleo durante unos meses, acelera el desastre financiero, ya que el resto del mundo está observando.


Todos los países del sur global, desde Nigeria hasta Brasil e Indonesia, miran a Venezuela y piensan: "Si nos negamos a vender nuestros recursos en dólares, ¿vendrán a por nosotros?". Este miedo no genera lealtad, genera un éxodo. Si los tanques de petróleo vacíos fueron el arma, la guerra de divisas fue la bala. Debemos recordar la ley fundamental del mundo posterior a 1971. El dólar estadounidense no está respaldado por el oro. No está respaldado por la productividad industrial. Está respaldado por un simple acuerdo alcanzado hace 50 años con la Casa de Saud: el petróleo debe venderse en dólares. Este es el truco de magia, porque todas las naciones del mundo necesitan petróleo y dólares para poder comprarlo. Esto crea una demanda artificial permanente de la moneda estadounidense. Permite a Estados Unidos imprimir billones de dólares de la nada, exportar la inflación al resto del mundo y nunca afrontar las consecuencias. Este sistema supone un privilegio exorbitante y es la fuente de la prosperidad estadounidense.


Pero recientemente la magia comenzó a desvanecerse. Hemos visto a los BRICS desmantelar sistemáticamente este sistema. Vimos a Rusia exigir rublos por gas. Vimos a los Emiratos Árabes Unidos liquidar las operaciones petroleras en rupias indias. Vimos a Arabia Saudita negociar el petroyuan con Pekín. Pero Venezuela fue la gota que colmó el vaso. Informes de inteligencia, que los grandes medios de comunicación ignoran convenientemente, sugerían que Caracas estaba preparando una opción nuclear para los mercados financieros. Venezuela estaba a punto de integrar oficialmente su sector energético al sistema de pagos interbancarios transfronterizos chino (SIPs). Se preparaban para fijar el precio de toda su reserva, la mayor del mundo, no en dólares, sino en una canasta de divisas liderada por el yuan y respaldada por oro. Si esto hubiera sucedido, habría sido una señal para todo el hemisferio sur. Habría demostrado que se puede poseer una riqueza masiva fuera del sistema bancario estadounidense y sobrevivir. Washington lo vio como una amenaza existencial. Si el petróleo de Venezuela se comercializa en yuanes, China no necesita tener dólares estadounidenses para comprarlo. Si China se deshace de sus dólares, el valor de la moneda estadounidense se desploma. Si el dólar se desploma, el costo de vida en Estados Unidos se duplica o triplica de la noche a la mañana.


El asalto a Caracas ha sido un intento desesperado por taponar esta fuga en el dique financiero. Tomando el control del gobierno e imponiendo una nueva administración. ¿Cuál crees que será su primer acto? Puedes apostar los ahorros de toda tu vida a que declararán que Venezuela, por la estabilidad de los mercados, establecerá todos sus contratos en dólares estadounidenses. Cambiarán el bolívar por dólar e invitarán a las grandes petroleras estadounidenses, Chevron y Exxon, a regresar al país para reconstruir la infraestructura. Obligarán a que el petróleo vuelva al sistema del dólar a punta de pistola. Esto expone la aterradora fragilidad del imperio estadounidense. Una verdadera superpotencia domina mediante la economía. Ofrece los mejores acuerdos comerciales, la mejor tecnología y la moneda más estable. Lo que propicia que la gente quiera utilizar su moneda. Por el contrario, una potencia en declive no puede competir por méritos, por eso recurre a la coerción. Estados Unidos ya no es el líder del mundo libre en los mercados. Se ha convertido en el ejecutor del patrón dólar. Y esto crea un dilema carcelario para todas las demás naciones ricas en recursos.


Miren a Brasil. Miren el triángulo del litio en Sudamérica. Miren las minas de cobalto en África. El mensaje de Washington es claro: sus recursos pertenecen al sistema del dólar. Si intentan irse, iremos a por ustedes. Pero esta estrategia tiene un fallo fatal. Puedes invadir un país, tal vez puedas invadir dos, pero no puedes invadir el mundo entero. La alianza BRICS es demasiado grande. La tendencia a la desdolarización está demasiado avanzada. Al atacar a Venezuela, Estados Unidos ha demostrado exactamente por qué el mundo necesita un sistema alternativo. Han validado cada discurso de Putin y Xi Jinping sobre la agresión estadounidense. Puede que hayan ganado la batalla por Caracas, pero han perdido la guerra por la confianza.


Antes, los países usaban el dólar por conveniencia. Mañana lo abandonarán por el peligro que supone. Poseer activos estadounidenses ahora significa vulnerabilidad. Significa que tu soberanía es condicional. El petrodólar ya no es un acuerdo comercial. Es una situación de rehenes, y como demuestra la historia, las situaciones de rehenes rara vez terminan bien para el secuestrador. ¿Dónde nos deja esto? Los helicópteros eventualmente abandonarán Caracas. El nuevo ciclo seguirá adelante. La bolsa de Nueva York podría incluso repuntar durante unos días, mientras la perspectiva del petróleo barato embriaga a Wall Street. Pero el daño al alma del orden internacional es permanente. Al atacar Venezuela para apoderarse de sus recursos, Estados Unidos ha desgarrado oficialmente la máscara del orden internacional liberal. Durante 70 años, predicaron sobre la santidad de las fronteras. Sancionaron a Rusia por violarlas. Sermonearon a China sobre la no inferencia. Hoy, esos sermones son inútiles. La hipocresía está escrita con letras mayúsculas en el cielo. Estados Unidos se ha revelado no como un policía global, sino como un pirata global, un pirata que se está quedando sin suministros y está dispuesto a abordar cualquier barco para mantenerse a flote.


Este acto de desesperación no salvará al dólar. Acelerará su caída. Piensen en la reacción en Riad. El príncipe heredero de Arabia Saudita observa y ve que el líder de un país rico petrolero fue destituido porque amenazó el statu quo del petrodólar. ¿Creen que esto hará que Arabia Saudita sea más leal a Washington? No. La vuelve paranoica. La convence de que debe transferir su riqueza al oro, al yuan, a activos a los que el ejército estadounidense no pueda acceder. La convence de acelerar su entrada en el mercado de los BRICS. Piensen en la reacción en Pekín. China ahora sabe que sus líneas de suministro energético desde América no son seguras. Esto obligará a China a redoblar sus esfuerzos en sus oleoductos con Rusia e Irán. Obligará a la fortaleza euroasiática a cerrar aún más sus puertas. En su afán de obtener petróleo barato, Estados Unidos ha consolidado la alianza antiamericana. Han trazado una línea divisoria, Occidente contra el resto. Y en este nuevo mundo dividido, Occidente se ve superado en número y recursos. Se puede robar el petróleo de Venezuela durante un año, quizás dos, pero no se puede robar el futuro. El centro de gravedad económica se está desplazando hacia el este. La capacidad productiva está en el este. Y ahora, por retorcido que suene, la supremacía moral la reclama el este. La incursión en Venezuela pasará a la historia, no como un triunfo del poder estadounidense, sino como el momento en que el imperio estadounidense admitió su bancarrota. Tuvieron que romper el cristal y accionar la palanca de emergencia. El petróleo podrá fluir hacia el norte, por ahora, pero la confianza, la influencia y la legitimidad del dólar se han desvanecido para siempre. El petrodólar ha muerto. ¡Viva el imperio endeudado!



13 marzo, 2024

El déficit... de Occidente

 


WHY IS THE EUROPEAN UNION DESTROYING ITS OWN ECONOMY? - Gaius Baltar – 12/03/2024 - (Fragmento)

   Traducción del inglés: Arrezafe


"El déficit comercial de Estados Unidos en 2022 fue de casi un trillón de dólares. Esto significa que cada estadounidense recibió 3.000 dólares en bienes del mundo exterior, bienes por los que no tuvo que trabajar ni pagar. Además, el gobierno de Estados Unidos imprime billones de dólares gratis anualmente para mantener la cosa en funcionamiento, incluido su nivel de vida. Estados Unidos puede hacerlo porque el dólar es la moneda de reserva mundial y puede cambiarse por cosas reales, tal y como una mercancía. Es el resto del mundo el que mantiene el nivel de vida de Estados Unidos mediante su fuerza laboral y sus materias primas, esencialmente de forma gratuita. Esto también es aplicable a Europa, porque el euro es básicamente un mercado minorista del dólar y, por lo tanto, Europa disfruta indirectamente del exorbitante privilegio de Estados Unidos. Si Occidente se aísla, o es aislado, y el dólar pierde su privilegiado estatus de reserva global, el euro caerá con él, y es posible que se deprecie incluso antes que el dólar, porque Europa no puede imprimir dinero en la misma medida en que lo hace Estados Unidos. En otras palabras, cuando el "sur global" –BRICS mediante– logre protegerse del dólar, Occidente perderá toda capacidad de obtener bienes gratis. Para Europa, esto significará el colapso del euro y quizás una caída de su nivel de vida de un tercio (o más)".



29 julio, 2022

La diplomacia estadounidense como drama trágico — Michael Hudson

 


Michael Hudson – 28/07/2022

   Traducción del inglés: Arrezafe


Como en una tragedia griega cuyo protagonista provoca el destino que precisamente ha tratado de evitar, la confrontación de EEUU y la OTAN con Rusia en Ucrania está logrando justo lo contrario del objetivo de EEUU de evitar que China, Rusia y sus aliados actúen independientemente del control de EEUU sobre su política comercial y financiera. Designando a China como el principal adversario a largo plazo de Estados Unidos, el plan de la Administración Biden era separar a Rusia de China y luego paralizar la propia viabilidad militar y económica de China. Pero el efecto de la diplomacia estadounidense ha sido unir a Rusia y China, incorporándose Irán, India y otros aliados. Por primera vez desde la Conferencia de Bandung de Naciones No Alineadas en 1955, una masa crítica puede ser mutuamente autosuficiente para iniciar el proceso de lograr la independencia de la Diplomacia del Dólar.


Enfrentados a la prosperidad industrial de China, basada en la inversión pública autofinanciada en mercados socializados, los funcionarios estadounidenses reconocen que resolver esta contienda tomará varias décadas. Armar al régimen ucraniano vasallo es simplemente un movimiento inicial para convertir la Segunda Guerra Fría (y potencialmente/o la Tercera Guerra Mundial) en una lucha para dividir el mundo en aliados y enemigos, dependiendo de si serán los gobiernos o el sector financiero los que planificarán la economía mundial y la sociedad.


Lo que se eufemiza como democracia al estilo estadounidense es una oligarquía financiera que privatiza la infraestructura básica, la salud y la educación. La alternativa es lo que el presidente Biden llama autocracia, una etiqueta hostil asignada a los gobiernos lo suficientemente fuertes como para impedir que una oligarquía mundial rentista tome el control. Se considera a China autocrática por proporcionar las necesidades básicas a precios subsidiados en lugar de cobrar lo que el mercado decida. A hacer que su economía mixta tenga un costo menor se lo denomina “manipulación del mercado”, como si eso —algo que hicieron los Estados Unidos, Alemania y todas las demás naciones industriales durante su despegue económico en el siglo XIX y principios del XX— fuera algo malo.


Clausewitz popularizó el axioma de que la guerra es una extensión de los intereses nacionales, principalmente económicos. Estados Unidos considera que su interés económico radica en difundir su ideología neoliberal a nivel global. El objetivo evangelizador es financiarizar y privatizar las economías cambiando la planificación de los gobiernos nacionales por un cosmopolita sector financiero. En un mundo así habría poca necesidad de política. La planificación económica pasaría de las capitales políticas a los centros financieros, de Washington a Wall Street, con satélites en la City de Londres, la Bolsa de París, Frankfurt y Tokio. Las reuniones de la junta de la nueva oligarquía se llevarían a cabo en el Foro Económico Mundial de Davos. Los servicios e infraestructuras públicas serían privatizados y tendrían un coste lo suficientemente alto como para incluir las ganancias (y, de hecho, las rentas de monopolio), financiación de la deuda y comisiones de gestión en lugar de recibir subvenciones públicas. La deuda y el alquiler se convertirían en los principales gastos generales de las familias, la industria y los gobiernos.


La pugna de EEUU para conservar su poder unipolar, “Estados Unidos primero”, imponiendo políticas financieras, comerciales y militares al mundo, implica una hostilidad inherente hacia todos los países que defienden sus propios intereses nacionales. Al tener cada vez menos que ofrecer en forma de ganancias económicas mutuas, la política estadounidense amenaza con sanciones e intromisiones encubiertas en la política exterior. El sueño de Estados Unidos prevé una versión china de Boris Yeltsin que reemplace el liderazgo nacional del Partido Comunista y venda su dominio público al mejor postor, presumiblemente tras una crisis monetaria que elimine el poder adquisitivo interno, como ocurrió en la Rusia postsoviética, dejando al sector financiero internacional como compradores.


Rusia y el presidente Putin no pueden ser perdonados por haber luchado contra las “reformas” de los Harvard Boys [los chicos de Haverd]. Es por eso que los funcionarios estadounidenses planearon cómo crear la perturbación económica rusa para (esperaban) orquestar una “revolución de color” que recuperara a Rusia para el neoliberalismo global. Ese es el carácter de la "democracia" y el "mercado libre" que se yuxtaponen a la "autocracia" del crecimiento subsidiado por el estado. Como explicó el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, en una conferencia de prensa el 20 de julio de 2022 sobre el violento golpe de Estado en Ucrania en 2014, los funcionarios estadounidenses y otros occidentales definen los golpes militares como democráticos, si están patrocinados por Estados Unidos, con la esperanza de promover sus políticas neoliberales.


¿Recuerdan cómo se desarrollaron los acontecimientos tras el golpe? Los golpistas escupieron en la cara a Alemania, Francia y Polonia que eran los garantes del acuerdo con Viktor Yanukovych. El acuerdo fue pisoteado a la mañana siguiente. Conformes con ello, estos países europeos no dijeron ni pío. Hace un par de años pregunté a alemanes y franceses qué pensaban del golpe. ¿De qué se trataba si no exigían que los golpistas cumplieran los acuerdos? A lo cual respondieron: “Este es el costo del proceso democrático”. No estoy bromeando. Increíble: eran adultos que ocupaban el cargo de ministros de Relaciones Exteriores.


Este vocabulario de doble pensamiento refleja cuánto ha evolucionado la ideología dominante desde la disyuntiva planteada hace un siglo por Rosa Luxemburg sobre la elección civilizatoria: socialismo o barbarie.


Los intereses contradictorios de EEUU y Europa y las cargas de la guerra en Ucrania


Volviendo a la visión de Clausewitz sobre la guerra como una extensión de la política nacional, los intereses nacionales de EEUU divergen significativamente de los de sus satélites de la OTAN. El complejo militar-industrial de Estados Unidos, los sectores del petróleo y la agricultura se están beneficiando, mientras los intereses industriales europeos sufren. Ese es especialmente el caso de Alemania e Italia como resultado del bloqueo de sus gobiernos a las importaciones de gas North Stream 2 y otras materias primas rusas.


La interrupción de las cadenas mundiales de suministro de energía, alimentos y minerales y la inflación de precios resultante (que proporciona un paraguas a las rentas de monopolio de los proveedores no rusos) ha impuesto enormes tensiones económicas a los aliados de EEUU en Europa y el Sur Global. Sin embargo, la economía estadounidense se está beneficiando de ello, o al menos ciertos sectores concretos de la economía estadounidense. Como señaló Sergey Lavrov en su conferencia de prensa citada anteriormente: “La economía europea se ve afectada más que cualquier otra cosa. Las estadísticas muestran que el 40 por ciento del daño causado por las sanciones lo soporta la UE, mientras que el daño a los Estados Unidos es menos del 1 por ciento”.


El tipo de cambio del dólar se ha disparado frente al euro, que se ha desplomado hasta la paridad con el dólar y parece destinado a caer aún más hacia los 0,80 dólares de hace una generación. El dominio de EEUU sobre Europa se fortalece aún más debido a las sanciones comerciales impuestas al petróleo y el gas rusos. EE.UU es un exportador de GNL [gas natural licuado], las empresas estadounidenses controlan el comercio mundial de petróleo y las empresas estadounidenses son las principales comercializadoras y exportadoras de cereales del mundo ahora que Rusia está excluida de muchos mercados extranjeros.


Una reactivación del gasto militar europeo: para la agresión, no para la defensa


Los fabricantes de armas de EE.UU esperan obtener ganancias de las ventas de armas a Europa occidental, que literalmente casi se ha desarmado al enviar sus tanques y obuses, municiones y misiles a Ucrania. Los políticos estadounidenses apoyan una política exterior belicosa para promover sus fábricas de armas que emplean mano de obra en sus distritos electorales. Y los neoconservadores, que dominan el Departamento de Estado y la CIA, ven la guerra como un medio para afirmar el dominio estadounidense sobre la economía mundial, comenzando por sus propios “socios” de la OTAN.


El problema de este enfoque es que, aunque los monopolios militar-industriales, petroleros y agrícolas de Estados Unidos se están beneficiando, el resto de la economía estadounidense está siendo exprimido por las presiones inflacionarias resultantes del boicot a las exportaciones rusas de gas, cereales y otras materias primas, y el enorme el aumento del presupuesto militar se utilizará como excusa para recortar los programas y presupuestos sociales. Eso también es un problema para los miembros de la eurozona. Han prometido a la OTAN aumentar su gasto militar un 2 por ciento de su PIB, y EEUU está instando a niveles mucho más altos para actualizar su gama más reciente de armamento. Casi olvidado está el Dividendo de la Paz que se prometió en 1991, cuando la Unión Soviética disolvió el Pacto de Varsovia, esperando que la OTAN también dejara de tener razones para existir.


Rusia no tiene ningún interés económico evidente en acometer una nueva ocupación de Europa Central. Eso no ofrecería ninguna ganancia a Rusia, como comprobaron sus líderes cuando disolvieron la antigua Unión Soviética. De hecho, en el mundo actual ningún país industrial puede permitirse desplegar una ejército para ocupar a un país enemigo. Todo lo que la OTAN puede hacer es bombardear a distancia. Puede destruir, pero no ocupar. Estados Unidos lo descubrió en Serbia, Irak, Libia, Siria y Afganistán. Y así como el asesinato del archiduque Fernando en Sarajevo (ahora Bosnia-Herzegovina) desencadenó la Primera Guerra Mundial en 1914, el bombardeo de la vecina Serbia por parte de la OTAN puede contemplarse como el guante arrojado para convertir la Segunda Guerra Fría en una verdadera Tercera Guerra Mundial. Esa agresión marcó el punto en el que la OTAN se convirtió en una alianza ofensiva, no defensiva.


¿Cómo incide esto los intereses europeos? ¿Por qué debería Europa volver a armarse, si el único efecto es convertirla en blanco de represalias en caso de nuevos ataques contra Rusia? ¿Qué gana Europa convirtiéndose en el cliente más importante del complejo militar-industrial de Estados Unidos? Desviar el gasto para reconstruir un inútil ejército ofensivo, que nunca se puedrá usar sin desencadenar una respuesta atómica que acabaría con Europa, limitará el gasto social necesario para hacer frente a los problemas actuales del Covid y la recesión económica.


La única influencia duradera que una nación puede ofrecer en el mundo actual es el comercio y la transferencia de tecnología. En este sentido, Europa tiene que ofrecer que Estados Unidos. Sin embargo, la única oposición a la renovación del gasto militar proviene de los partidos de derecha y del partido alemán Linke. Los partidos socialdemócratas, socialistas y laboristas de Europa comparten la ideología neoliberal estadounidense.


Las sanciones contra el gas ruso convierten al carbón en “el combustible del futuro”


La huella de carbono de los bombardeos, la fabricación de armas y las bases militares está sorprendentemente ausente de la discusión actual sobre el calentamiento global y la necesidad de reducir las emisiones de carbono. El partido alemán que se autodenomina Verde lidera la campaña de sanciones contra la importación de petróleo y gas rusos, que las eléctricas están reemplazando con carbón polaco e incluso con lignito alemán. El carbón se está convirtiendo en el “combustible del futuro”. Su precio también se está disparando en Estados Unidos, lo que beneficia a las empresas estadounidenses de carbón.


A diferencia de los acuerdos del Club de París para reducir las emisiones de carbono, Estados Unidos no tiene la capacidad política ni la intención de unirse al esfuerzo de conservación mediambiental. La Corte Suprema dictaminó recientemente que el Poder Ejecutivo no tiene autoridad para emitir normas energéticas a nivel nacional, tan sólo los estados pueden individualmente hacerlo, a menos que el Congreso apruebe una ley nacional para reducir los combustibles fósiles.


Eso parece poco probable toda vez que convertirse en jefe de un comité demócrata del Senado y del Congreso requiere ser líder en la recaudación de contribuciones de campaña para el partido. Joe Manchin, multimillonario propietario de una compañía de carbón, lidera a todos los senadores en el apoyo a la campaña de las industrias del petróleo y el carbón, lo que le permite ganar la subasta de su partido para la presidencia del comité de Energía y Recursos Naturales del Senado y bloquear cualquier legislación ambiental seriamente restrictiva.


Junto al petróleo, la agricultura es uno de los principales contribuyentes a la balanza de pagos de Estados Unidos. El bloqueo de la importación de fertilizantes y cereales rusos amenaza con crear una crisis alimentaria en el Sur Global, así como una crisis europea, ya que no hay gas disponible para producir fertilizantes domésticos. Rusia es el mayor exportador mundial de cereales y también de fertilizantes, y sus exportaciones de estos productos están exentas de las sanciones de la OTAN. Pero el transporte marítimo ruso fue bloqueado por Ucrania que colocó minas en las rutas marítimas a través del Mar Negro para cerrar el acceso al puerto de Odessa, con la esperanza de que el mundo culpara a Rusia de la inminente crisis mundial de cereales y energía causada en realidad por las sanciones comerciales de EEUU y la OTAN impuestas a Rusia. En su conferencia de prensa del 20 de julio de 2022, Sergey Lavrov expuso la hipocresía del intento de distorsionar los hechos por parte de relaciones públicas occidentales:


Durante muchos meses nos han dicho que Rusia tenía la culpa de la crisis alimentaria porque las sanciones no cubren los alimentos y los fertilizantes. Por lo tanto, Rusia no necesita encontrar formas de evitar las sanciones, por lo que debe comerciar dado que nadie se interpone en su camino. Nos tomó mucho tiempo explicarles que, aunque los alimentos y los fertilizantes no están sujetos a sanciones, el primer y segundo paquete de restricciones occidentales afectaron los costos de flete, las primas de seguros, los permisos para que los barcos rusos que transportaban estos productos atracaran en puertos extranjeros. y los de barcos extranjeros que toman los mismos envíos en puertos rusos. Nos están mintiendo abiertamente cuando afirman que depende sólo de Rusia. Esto es juego sucio.”


El transporte de cereal por el Mar Negro ha comenzado a reanudarse, pero los países de la OTAN han bloqueado los pagos a Rusia en dólares, euros o monedas de otros países en la órbita estadounidense. Los países con déficit alimentario que no pueden permitirse pagar los altos precios de los alimentos se enfrentan a una drástica escasez, que se verá exacerbada cuando se vean obligados a pagar su deuda externa en dólares estadounidenses. La crisis alimentaria y de combustible que se avecina promete impulsar una nueva ola de inmigrantes a Europa en busca de supervivencia. Europa ya se ha visto inundada de refugiados por los bombardeos de la OTAN y su respaldo a los ataques yihadistas contra Libia y los países productores de petróleo del Cercano Oriente. La guerra por delegación de este año en Ucrania y la imposición de sanciones contra Rusia es una ilustración perfecta de la jocosa frase de Henry Kissinger: "Puede ser peligroso ser enemigo de Estados Unidos, pero ser amigo de Estados Unidos es fatal".


Rebote de los errores de cálculo de EEUU/OTAN


La diplomacia internacional de Estados Unidos tiene como objetivo dictar políticas financieras, comerciales y militares que encerrarán a otros países en una deuda en dólares y una dependencia comercial al impedirles desarrollar alternativas. Si esto falla, buscará aislar a los recalcitrantes de la esfera occidental centrada en Estados Unidos.


La diplomacia exterior de Estados Unidos ya no se basa en ofrecer beneficios mutuos. Eso podría afirmarse tras la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos estaba en condiciones de ofrecer préstamos, ayuda exterior, protección militar contra la ocupación, manufacturas para reconstruir economías devastadas por la guerra, a los gobiernos a cambio de que aceptaran políticas comerciales y monetarias favorables a los exportadores e inversores estadounidenses. Pero hoy sólo existe la diplomacia beligerante de amenazar con dañar a las naciones cuyos gobiernos socialistas rechazan el impulso neoliberal de Estados Unidos destinado a privatizar y vender sus recursos naturales e infraestructura pública.


El primer objetivo es evitar que Rusia y China se ayuden mutuamente. Esta es la vieja estrategia imperial de divide y vencerás. Minimizar la capacidad de Rusia para apoyar a China allanaría el camino para que Estados Unidos y la OTAN Europa impusieran nuevas sanciones comerciales a China y enviaran yihadistas a su región occidental de Xinjiang Uighur. El objetivo es desangrar el depósito de armamento de Rusia, matar a suficientes soldados y propiciar escasez y sufrimiento a los rusos, no sólo para debilitar su capacidad de ayudar a China, sino también para incitar a su población a apoyar un cambio de régimen, una “revolución de color” patrocinada por Estados Unidos. El sueño es promover un líder, tipo Yeltsin, amigo de la “terapia” neoliberal que desmanteló la economía de Rusia en la década de 1990.


Por sorprendente que parezca, los estrategas de EEUU no anticiparon la respuesta obvia de los países que se encuentran juntos en la mira de las amenazas económicas y militares de EEUU y la OTAN. El 19 de julio de 2022, los presidentes de Rusia e Irán se reunieron para anunciar su cooperación frente a la guerra de sanciones en su contra. Eso fue tras la reunión anterior de Rusia con el primer ministro indio Modi. En lo que se ha caracterizado como “dispararse a sí mismo en el pie”, la diplomacia estadounidense está uniendo a Rusia, China, India e Irán y, de hecho, acercándose a Argentina y otros países para que se unan al banco BRICS+ para protegerse.


El propio EEUU está poniendo fin al patrón dólar de las finanzas internacionales. La administración Trump dio un paso importante para sacar a los países de la órbita del dólar en noviembre de 2018, al confiscar casi $ 2 mil millones de las reservas estatales de oro de Venezuela depositadas en Londres. El Banco de Inglaterra puso estas reservas a disposición de Juan Guaidó, el marginal político de derecha seleccionado por Estados Unidos para reemplazar al presidente electo de Venezuela como jefe de Estado. Esta conspiración se definió como democrática, porque el cambio de régimen prometía introducir el “mercado libre” neoliberal, lo que se considera la esencia de la definición estadounidense de democracia para el mundo actual.


Este robo de oro no fue en realidad la primera confiscación de este tipo. El 14 de noviembre de 1979, la Administración Carter paralizó los depósitos bancarios de Irán en Nueva York tras el derrocamiento del Shah. Esta incautación impidió a Irán el pago programado de su deuda externa, lo que la obligó a incumplir con dicho pago. Aquella operación fue considerada como única y excepcional en lo que respecta a los demás mercados financieros, pero ahora que Estados Unidos es la autoproclamada “nación excepcional”, tales confiscaciones se están convirtiendo en norma de la diplomacia estadounidense. Nadie sabe todavía qué pasó con las reservas de oro de Libia que Muammar Gadafi pretendía utilizar para respaldar una alternativa africana al dólar. Y Washington simplemente tomó el oro y otras reservas de Afganistán como pago por el costo del respaldo a los talibanes y la “liberación” del país del control ruso. Pero cuando la Administración Biden y sus aliados de la OTAN se apoderaron de activos mucho mayores, unos 300.000 millones de dólares, de las reservas en bancos extranjeros y fondos de divisas de Rusia en marzo de 2022, se consagró una nueva y radical época de la diplomacia del dólar. Cualquier nación que siga políticas contrarias a los intereses del gobierno de los EEUU corre el riesgo de que las autoridades estadounidenses confisquen sus depósitos de reservas extranjeras en bancos o valores de los EEUU.


Esto supuso una señal de alerta que llevó a muchos países al temor de realizar su comercio, ahorros y deuda externa en dólares, y a evitar el uso de depósitos y valores bancarios en dólares o euros como medio de pago. Al incitar a otros países a pensar en cómo liberarse del sistema monetario y comercial mundial centrado en EEUU y establecido en 1945 con el FMI, el Banco Mundial y, posteriormente, la Organización Mundial del Comercio, las confiscaciones de EEUU han acelerado el fin de la moneda de referencia estándar que ha regido las finanzas mundiales desde que Estados Unidos abandonó el patrón oro en 1971.


Desde que terminó la convertibilidad del dólar en oro en agosto de 1971, la dolarización del comercio y la inversión mundiales ha propiciado la necesidad de que otros países mantengan la mayor parte de sus nuevas reservas monetarias y depósitos bancarios internacionales en valores del Tesoro de los Estados Unidos. Como ya se señaló, eso permite a los Estados Unidos confiscar depósitos y bonos de bancos extranjeros nominados en dólares estadounidenses.


Y lo que es más importante, Estados Unidos puede crear y gastar pagarés en dólares e insertarlos en la economía mundial a voluntad, sin límite. No tiene que ganar poder adquisitivo internacional mediante un superávit comercial, como tienen que hacer los demás países. El Tesoro de EEUU puede simplemente imprimir dólares electrónicamente para financiar sus gastos militares en el extranjero y las compras de recursos y empresas extranjeras, y dado que es el “país excepcional”, no tiene que pagar estas deudas, reconocidas como demasiado grandes para ser pagadas. La tenencia de dólares extranjeros son crédito gratuito de EEUU a los Estados Unidos, y no requieren más reembolso que el que se espera de los dólares de papel en nuestras billeteras (retirándolos de la circulación).


El rebote resultante del aislamiento de sus sistemas económico y monetario por parte de EEUU y la OTAN


Es difícil ver cómo sacar a los países de la órbita económica de EEUU pueda servir a los intereses nacionales de EEUU a largo plazo. Dividir el mundo en dos bloques monetarios limitará la diplomacia del dólar a sus aliados y satélites de la OTAN.


El rebote que ahora se está produciendo a causa de la diplomacia estadounidense comienza con su política anti-Rusia. Se esperaba que la imposición de sanciones comerciales y monetarias impidiera que los consumidores y las empresas rusas compraran las importaciones de EE UU/OTAN a las que se habían acostumbrado. Se suponía que la confiscación de las reservas de divisas extranjeras de Rusia colapsaría el rublo, “convirtiéndolo en escombros”, como prometió el presidente Biden. Se suponía que la imposición de sanciones contra la importación de petróleo y gas rusos a Europa privaría a Rusia de los ingresos de exportación, lo que provocaría el colapso del rublo y aumentaría los precios de importación (y, por lo tanto, los costos de vida) para la población rusa. En cambio, el bloqueo de las exportaciones rusas ha originado una inflación mundial y el alza de los precios del petróleo y el gas, lo que ha aumentado considerablemente las ganancias de las exportaciones de Rusia, que exportó menos gas, pero ganó más. Y con sus dólares y euros bloqueados, Rusia exigió el pago de sus exportaciones en rublos, lo que hizo que su tipo de cambio se disparara en lugar de colapsar, permitiendo a Rusia reducir sus tipos de interés.


Se suponía que incitar a Rusia a enviar sus tropas al este de Ucrania para defender a los rusoparlantes bajo ataque en Luhansk y Donetsk, junto con el impacto esperado de las consiguientes sanciones occidentales, haría que los votantes rusos presionaran por un cambio de régimen. Pero como casi siempre sucede cuando se ataca a un país o a una etnia, los rusos estaban consternados por el odio ucraniano hacia los hablantes de ruso y la cultura rusa, y por la rusofobia de Occidente. El efecto que los países occidentales propiciaron prohibiendo la música de compositores rusos y retirando la literatura rusa de las bibliotecas, coronado por Inglaterra, que prohibió a los tenistas rusos participar en el torneo de Wimbledon, fue hacer que los rusos se sintieran atacados simplemente por ser rusos y cerraran filas en torno al presidente Putin.


Las sanciones comerciales de la OTAN han servido de catalizador para que la agricultura y la industria rusas sean más autosuficientes al obligar a Rusia a invertir en la sustitución de importaciones. Un éxito agrícola muy publicitado fue desarrollar su propia producción de queso para reemplazar al importado de Lituania y otros proveedores europeos. Su producción automotriz y otras industrias se están viendo obligadas a alejarse de las marcas alemanas y europeas para dedicarse a sus propios fabricantes y a los chinos. El resultado es una inmensa pérdida de mercados para los exportadores occidentales.


En el ámbito de los servicios financieros, la exclusión de Rusia por parte de la OTAN del sistema de compensación bancaria, SWIFT, no logró crear el caos de pagos previsto. La amenaza había sido tan fuerte y constante, que Rusia y China tuvieron mucho tiempo para desarrollar su propio sistema de pagos. Esto les proporcionó una de las condiciones previas de cara a sus planes de separar sus economías de las de EEUU/OTAN Occidental.


Tal y como ha resultado todo, las sanciones comerciales y monetarias contra Rusia están cargando los mayores costos sobre las espaldas de Europa Occidental y es probable que se extiendan al Sur Global, haciendo que se planteen si sus intereses económicos radican en unirse a la beligerante diplomacia del dólar y a EEUU. La disrrupción se está sintiendo más seriamente en Alemania, provocando el cierre de muchas empresas como resultado de la escasez de gas y otras materias primas. La negativa de Alemania a autorizar el gasoducto North Stream 2 ha llevado su crisis energética a un punto crítico. Esto plantea la pregunta de cuánto tiempo los partidos políticos alemanes podrán permanecer subordinados a las políticas de la Guerra Fría de la OTAN a costa de que la industria y los hogares alemanes enfrenten fuertes aumentos en los costos de calefacción y electricidad.


Cuanto más se tarde en restaurar el comercio con Rusia, más sufrirán las economías europeas y su ciudadanía en general, y más caerá el tipo de cambio del euro, lo que estimulará la inflación en todos sus países miembros. Los países europeos de la OTAN están perdiendo no sólo sus mercados de exportación, sino también sus oportunidades de inversión para beneficiarse del crecimiento mucho más rápido de los países euroasiáticos, cuya planificación gubernamental y resistencia a la financiarización ha demostrado ser mucho más productiva que el modelo neoliberal de EEUU y la OTAN.


Es difícil ver cómo una estrategia diplomática puede hacer algo más que ganar tiempo. Ello implica vivir a corto plazo, no a largo plazo. El tiempo parece estar del lado de Rusia, China y las alianzas comerciales y financieras que están negociando para reemplazar el orden económico neoliberal occidental.


El principal problema de Estados Unidos es su economía posindustrial neoliberal


Los fracasos y retrocesos de la diplomacia estadounidense son el resultado de problemas que van más allá de la propia diplomacia. El problema de fondo es el compromiso de Occidente con el neoliberalismo, la financiarización y la privatización. En lugar del subsidio gubernamental de los costos de vida básicos que necesita el trabajo, toda la vida social se está convirtiendo en parte del "mercado": un mercado desregulado de los "Chicago Boys" excepcionalmente thatcheriano en el que la industria, la agricultura, la vivienda y las finanzas están desregulados y son cada vez más depredadores, mientras se subsidian fuertemente los valores y activos financieros rentistas, es decir, la riqueza del uno por ciento más rico. Los ingresos se obtienen cada vez más mediante la búsqueda de rentas financieras y monopólicas, y las fortunas se hacen mediante ganancias de "capital" apalancadas con deuda en acciones, bonos y bienes raíces.


Las empresas industriales de EEUU han apostado más a la “creación de riqueza” aumentando el precio de sus acciones mediante la inversión de más del 90 por ciento de sus ganancias en la recompra de acciones y el pago de dividendos, en lugar de invertir en modernizar sus equipos de producción y contratar más mano de obra. El resultado de una inversión menguante de capital es el desmantelamiento y canibalización financiera de la industria corporativa para producir ganancias bursátiles. Las empresas que emplean mano de obra y generan nueva producción, lo hacen en el extranjero, donde la mano de obra es más barata.


La mayoría de los trabajadores asiáticos pueden darse el lujo de trabajar por salarios más bajos porque tienen costos de vivienda mucho más bajos y no tienen que pagar la deuda educativa. La atención de la salud es un derecho público, no una transacción de mercado financiarizada, y los asalariados y los empleadores no pagan por adelantado las pensiones, sino que son públicas. El objetivo, en China en particular, es evitar que el sector rentista financiero, de los seguros y de los bienes raíces (FIRE por sus siglas en inglés) se convierta en una carga onerosa cuyos intereses económicos difieren de los de un gobierno socialista.


China trata el dinero y la banca como un servicio público, que debe crearse, gastarse y prestarse con fines que ayuden a aumentar la productividad y el nivel de vida (y cada vez más para preservar el medio ambiente). Rechaza el modelo neoliberal patrocinado por Estados Unidos e impuesto por el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.


La fractura económica mundial va mucho más allá del conflicto de la OTAN con Rusia en Ucrania. Cuando la administración Biden asumió el cargo a principios de 2021, Rusia y China ya habían estado discutiendo la necesidad de desdolarizar su comercio e inversión exterior utilizando sus propias monedas. Eso implica el salto cuántico de organizar una nueva institución de compensación de pagos. La planificación no había avanzado más allá de las líneas generales de cómo funcionaría un sistema de este tipo, pero la confiscación de las reservas extranjeras de Rusia por parte de EEUU hizo que dicha planificación adquiriera crácter de urgencia, comenzando con un banco BRICS-plus. Una alternativa euroasiática al FMI que eliminará su capacidad de imponer "condiciones" de austeridad neoliberal para obligar a los países a reducir los salarios y dar prioridad a sus acreedores extranjeros por encima del desarrollo sus propias economías. En lugar de solicitar nuevos créditos internacionales, principalmente destinados a pagar las deudas en dólares, será parte de un nuevo proceso de inversiones mutuas en infraestructura básica diseñada para acelerar el crecimiento económico y los niveles de vida. Se están perfilando otras instituciones, ya que China, Rusia, Irán, India y sus posibles aliados representan una masa crítica lo suficientemente grande como para “ir solos”, en función de sus propios recursos naturales y su propio poder de fabricación.


Básicamente, la política de EEUU ha consistido en amenazar con desestabilizar países e incluso bombardearlos hasta que acepten adoptar políticas neoliberales y privatizar su dominio público. Pero enfrentarse a Rusia, China e Irán supone un orden de magnitud mucho mayor. La OTAN se ha despojado de la capacidad de librar una guerra convencional al entregar su suministro de armamento, ciertamente en gran parte obsoleto, para ser devorado en Ucrania. En cualquier caso, ninguna democracia en el mundo puede actualmente imponer un reclutamiento militar para librar una guerra terrestre convencional contra un adversario significativamente mayor. Las protestas contra la Guerra de Vietnam a fines de la década de 1960 terminaron con el servicio militar obligatorio en EEUU, y la única forma de conquistar realmente un país es ocuparlo mediante una guerra terrestre.


Eso deja a las democracias occidentales con la capacidad limitada de un sólo tipo de guerra: la guerra atómica, o al menos, el bombardeo a distancia, como se hizo en Afganistán y el Cercano Oriente, sin necesidad de mano de obra occidental. Esto no es diplomacia en absoluto. Simplemente se está actuando asumiendo un papel destructor. Pero esa es la única táctica que queda disponible para los Estados Unidos y la OTAN-Europa. Es sorprendentemente similar a la dinámica de la tragedia griega, donde el poder conduce a una arrogancia perjudicial para los demás, antisocial y finalmente autodestructiva.


Así pues, ¿cómo puede Estados Unidos mantener su dominio mundial? Se ha desindustrializado y ha acumulado una deuda oficial externa mucho más allá de cualquier forma previsible de pago. Mientras tanto, sus bancos y tenedores de bonos exigen que el Sur Global y otros países paguen a los tenedores de bonos extranjeros en dólares frente a su propia crisis comercial como resultado del aumento vertiginoso de los precios de la energía y los alimentos, aumento causado por la beligerancia antirrusa y antichina de Estados Unidos. Este doble estándar es una contradicción interna básica que va al núcleo de la cosmovisión occidental neoliberal de hoy.



06 mayo, 2022

EL OCASO DEL DÓLAR — Francisco Domínguez

 


Intervención de Francisco Domínguez extraída del programa de George Galloway: 'Is the Dollar the key to US hegemony?'

  Transcripción del inglés: Arrezafe (04/05/2022)




China no sólo es el principal socio comercial de muchos países latinoamericanos, la excepción era México, pero López Obrador lo acaba de rectificar rápidamente porque quiere reducir la dependencia de los EEUU, dado que el 85 por ciento de las importaciones y exportaciones van y vienen desde y hacia Estados Unidos.


China es el principal socio comercial de 144 países en el mundo y esto va en constante aumento. Los latinoamericanos tenían un proyecto, propuesto por Chávez hace algún tiempo, que consistía en la creación de su propia criptomoneda, una especie de moneda común a la que él denominó Sucre, que además de ser un nombre emblemático en la historia latinoamericana, era también un acrónimo. Dicha moneda iba a estar respaldada por las aportaciones, depositadas en el Banco del Sur, de los distintos países latinoamericanos, Brasil, Argentina, etc. Desgraciadamente, la crisis mundial de 2008 y anterior lo impidió. No obstante, la idea está ahí y algunas naciones ya tratan de comerciar con criptomonedas. Venezuela tiene el Petro, basada en el petróleo, respaldada por las reservas de petróleo existentes en Venezuela. De acuerdo a dichas reservas, un Petro equivale a sesenta dólares, de modo que es algo tangible. Así pues, Venezuela está en el origen de esta propuesta, pero actualmente varios países ya se han sumado. Necesitamos ganar políticamente en Brasil, cuyas elecciones en octubre pienso que vamos a ganar, después este proceso irá adquiriendo un peso importante.


La idea de todo esto, respaldada por el presidente Maduro pero también por el presidente Chávez, era superar la dependencia del dólar y la razón por la que querían desarrollarla no era porque quisieran destruir el dólar o eliminar su supremacía, sino para evitar las sanciones, y basando tu moneda en algo tangible evitas las maniobras financieras de las que Estados Unidos dispone para atacar tu economía. Y esa es la razón por la que todos los demás ahora, no necesariamente copian, pero ciertamente saben que eso es lo que tienes que hacer si quieres defenderte. Y como Estados Unidos tiene 39 países fuertemente sancionados, muchos van ha seguir el ejemplo de Venezuela. Para finalizar, apuntar que a Venezuela le han aplicado 600 sanciones y a Rusia 6.000, lo cual da un idea de la naturaleza y escala del asunto.


Creo que la multipolaridad ya está aquí. Creo que esa es la clave y creo que el dólar está muriendo, sin duda alguna. Permitidme daros algunas cifras muy significativas. El pib de estados unidos es de 24 trillones de dólares, la deuda, la deuda pública, es de 30 trillones. La diferencia entre el total del producto interior bruto y la deuda es de seis trillones. Seis trillones es el equivalente a la suma del pib del conjunto de los países latinoamericanos, incluido Brasil. Lo cual nos da una idea de la magnitud del problema. Eso en primer lugar.


Hay un reloj [contador] de la deuda de EEUU que se puede encontrar en Internet, yo lo he visitado antes de venir al programa. Lo he observado durante cinco minutos, durante los cuales la deuda de Estados Unidos aumentó en ocho billones. Ahora, ocho billones significa que en 15 minutos has alcanzado el pib de Nicaragua y en 25 el pib de Bolivia.




Estados Unidos tiene un problema muy serio de infraestructuras, su productividad es baja y la cantidad de puentes que en Estados Unidos requieren reparación urgente, no simple reparación, sino reparación urgente, es de 65.000. El estado de las carreteras, según la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles que elabora un informe anual, revela que el estado del 42 por ciento de las carreteras es deplorable o necesitan reparación. La red eléctrica, aeropuertos y demás, todo es un completo desastre. Estados Unidos no tiene trenes de alta velocidad, no los tiene, sobra decir que hasta España los tiene. Eso nos da una idea del problema.


Y la economía de los Estados Unidos está creciendo a una tasa de entre el dos y el uno por ciento. Con todos sus problemas, la economía china está creciendo a una tasa del siete por ciento, lo que aritméticamente significa que en los próximos 10 años la economía de los EEUU será 20 más grande y la china 70 más grande. Ahora, si consideramos lo que los países han hecho con respecto a la cuestión del dólar, posiblemente la gente no lo sepa, pero China y Japón están realizando su comercio exterior en sus propias monedas. Irán está comerciando sin dólares, como Rusia, China, Irak y muchos otros países. A lo que hay que sumar la reciente decisión de Arabia Saudita de efectuar la venta de su petróleo a China en yuanes. Actualmente, China compra el 25 de la producción total de Arabia Saudita, esto es, 30 mil millones. Estados Unidos solo compra el siete por ciento. Así que, si sigues profundizando puedes comprobar que ya hay una multipolaridad de iniciativas, lo que no tenemos aún es la arquitectura internacional, financieramente hablando, que permita un sistema internacional coherente, que funcione y proporcione seguridad jurídica y confianza en las transacciones efectuadas en el seno de dicho sistema. Eso aún tiene que implementarse, pero ya está comenzando a suceder, por lo que Estados Unidos tiene un problema realmente grave e irresoluble.




Acabo de leer el presupuesto que Joe Biden ha presentado al Congreso para 2023. Es un documento muy largo que tiene tres componentes clave: el primero, la seguridad nacional. Asignará a la policía una enorme cantidad de recursos. La organización BLM, que sabe lo que sucede cuando se sobredimensiona a la policía, se opone a ello. Básicamente, Biden está tratando de obtener los votos de la derecha. En segundo lugar: la seguridad internacional. Aumentó el presupuesto militar a 773 mil millones, lo que supone 30 mil millones más que en la administración anterior. Sorprendentemente, va a aplicar un impuesto del 20% a las fortunas de más de 100 millones, lo que supondrá recaudar 360 mil millones y una reducción del déficit presupuestario de los Estados Unidos en 1 trillón de dólares... en 10 años.


De modo que, todo esto es totalmente inútil. Además, para que este presupuesto sea aceptado necesita la aprobación de la cámara del Congreso, algo que no sucederá porque hay un empate de 50/50 y Joe Manchin, diputado demócrata del ala derecha, ya ha anticipado que no lo va a apoyar. Así pues, dicho presupuesto no sólo es inútil como propuesta para recuperar la economía, sino que está muerto antes de ser siquiera aprobado, lo cual da una idea de los problemas que padecen los EEUU. Por lo que la cuestión que se plantea, desde su punto de vista estratégico, es: ¿Continuarán librando guerras contra todos los demás? ¿Contra quién podrían librar la siguiente? Su cálculo, me parece, ha sido: si podemos intimidar a Rusia, hacer que acepte nuestro condiciones y seguidamente propiciar un cambio de régimen, China quedaría aislada. El paso siguiente sería atacarla. El primero no ha funcionado y el segundo ciertamente no va a funcionar.




Así pues, Estados Unidos está desesperado porque se enfrenta a un desafío muy serio. En primer lugar porque necesita la energía y los recursos aportados por Rusia a Europa. Yen segundo lugar por la iniciativa del Cinturón y Ruta de China, que en este momento ronda los 5 trillones de dólares. Por todo ello, EEUU se enfrenta al gran y atrayente abrazo de estas dos naciones poseedoras de enormes recursos: una que aporta ingentes recursos naturales, la otra, tecnología, mercados, dinero, crédito e inversión en infraestructuras. Es muy difícil decir que no a todo eso, así que la única posibilidad, para ellos [EEUU], es guerra, guerra, guerra.